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Sin tregua el aumento de casos de dengue 

 

CLARIDAD

Entre la desigualdad económica y el cambio climático, el virus amplía su rango de contagio en todo el planeta

Para esta época del año pasado, el Departamento de Salud (DS) registró un saldo de 701 casos de dengue en el país. La cifra actual reportada por la agencia asciende a 3,877 contagios, una diferencia de 453. De acuerdo con la doctora en Epidemiología Cruz Nazario, este aumento se replica en todo el planeta, mayormente en todas las Américas.

“La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha encontrado y ha denunciado un aumento impresionante en el número de casos en el mundo. Por ejemplo, en el año 2000, la OMS reportó medio millón de casos en el mundo. En el 2023, ya no es medio millón de casos, sino 6.5 millones de casos, de los cuales el 70 % ocurre en la región de las Américas”, explicó a CLARIDAD.

Nazario elaboró en que, como enfermedad endémica del continente, el dengue “está presente todo el año, todo el tiempo”, aunque tiene ciclos en que su nivel de contagios aumenta más. Pero en años recientes, agregó, el cambio climático ha provocado temporadas de lluvia más intensas e inusuales. “Han entrado nuevos períodos de lluvia intensa en momentos en que la lluvia no es esperada. Las gráficas de dengue siempre se hacen tomando en consideración cuándo son las épocas de lluvia, pero este año se ha ido por encima de lo que se esperaba. El cambio climático puede tener un efecto porque modifica los sitios donde se procrean los mosquitos y, a la vez, los mosquitos pican a la gente. A quienes más afecta es a la gente pobre”, añadió Nazario.

En ese sentido, la Dra. Nazario recalcó la vulnerabilidad de los más de 100 países expuestos a un dengue endémico o persistente. Debido al incremento exponencial de casos, la ausencia de mejores condiciones sociales y la falta de tratamientos para el virus, por ahora, la prevención es la mejor forma de atajar la enfermedad, precisó.

“No podemos olvidarnos de que hay unas condiciones muy importantes que hacen más grave la situación para los países. Cuando hablamos de las Américas, del Caribe, de Asia, vemos que las infecciones siempre se concentran en los lugares donde hay más hacinamiento, donde posiblemente hay agua acumulada porque no hay agua potable y se almacena en drones”, ejemplificó la experta en temas de salud pública.

En Puerto Rico, la picadura de mosquito más común proviene del Aedes aegypti, un tipo de zancudo cuyas hembras son las únicas que, de día, pinchan e infectan a las personas con dengue, de acuerdo con Nazario. La doctora del Recinto de Ciencias Médicas (RCM) enfatizó en que, para entender mejor al virus, es importante que se analice el aumento en un marco social e internacional.

“Ese aumento de riesgo de contraer dengue está asociado, muchas veces, con el cambio climático. Cuando hay mucha lluvia, se acumula agua en recipientes y en un montón de lugares. En esos recipientes pueden crecer huevos de mosquitos”, advirtió.

“Tampoco podemos alarmar a la gente. Eso no funciona, está probado que las campañas de pánico no hacen que la gente cambie de hábitos; no hay que aterrorizar a la gente. Hay que enseñarles cómo protegerse”, detalló Nazario, además de destacar que siete de cada diez casos de dengue no desarrollan síntomas severos.

No obstante, la doctora amplió sobre la paradoja que lastran estos casos asintomáticos. Aunque, por un lado, implican que la persona con el virus no sufra complicaciones de salud, por otro representan la posibilidad de un foco de contagio, particularmente en espacios densamente poblados, como el caño Martín Peña, explicó.

“Si hay hacinamiento —una casa donde hay muchas personas o un barrio en donde todas las casas están pegadas—, eso provoca una mayor probabilidad de que ocurra un brote de casos. Por eso vemos que en los países de América, los informes siempre tratan de incluir recomendaciones que tienen que ver con estas desventajas que tenemos en los países pobres”, aseveró la doctora Nazario.

La epidemióloga contrastó los lugares privilegiados con las comunidades empobrecidas. Por ejemplo, en el caso de las casas con aire acondicionado, servicios esenciales y distancia entre vecinos, las probabilidades de infección son mínimas. Pero para las comunidades de pocos recursos, en donde no suele haber aire acondicionado y las casas están atiborradas, la única forma de impedir la picadura de mosquito es con mallas protectoras —screens— o repelentes. “Eso no lo hay en las casas pobres, no lo hay en los barrios pobres. Y cuando vas a una casa sin eso, te van a picar los mosquitos porque no hay esa ventaja que tienen otros lugares”, arguyó la doctora.

El virus, que tiene cuatro cepas (DEN1, DEN2, DEN3 y DEN4), únicamente se transmite a través de las picadas de los Aedes aegypti hembras. Por lo tanto, no puede propagarse de persona a persona, como otras enfermedades. En el caso de las mujeres embarazadas, sostuvo Nazario, puede darse un contagio de madre a vientre, aunque estos casos son poco frecuentes. Aunque el cuerpo se inmuniza frente a cada cepa luego de un contagio, cada persona está en riesgo de infectarse cuatro veces, de acuerdo con el Departamento de Salud.

Empero, Nazario hizo hincapié en que la responsabilidad de disminuir los casos no es un deber aislado del ciudadano. Para la experta en salud pública, el Estado debe reconocer los desperfectos que tiene la infraestructura del país y mejorar las condiciones para que, así, las personas puedan enfrentar estas epidemias con más herramientas.

Las vacunas y los más vulnerables

“Vi en el periódico que el secretario [de Salud] recomienda la vacunación, pero la vacunación solamente está recomendada para los niños de 9 a 16 años. Y eso es si tienen evidencia de que han contraído dengue anteriormente. Esto no es una recomendación de vacuna que cualquiera va y se pone”, puntualizó la epidemióloga.

A raíz de esos parámetros, las personas que deben vacunarse suelen estar dentro de esta demografía y normalmente han sido infectadas con más de una cepa del virus, que es cuando más el dengue impacta al sistema inmunológico. Del 70 % asintomático que mencionó Nazario, el 52 % carga el DEN1, el tipo de dengue más usual en Puerto Rico.

“El 15 % de los casos en Puerto Rico son de esa edad [9-16], pero es un estimado poco preciso. Esas personas son los candidatos para ser vacunados y el 85 % restante se divide entre toda la población adolescente y mayor”, reparó Nazario, quien resaltó que Salud fichó a Rincón, Aguada, Orocovis, Lares y San Sebastián como las zonas más expuestas al dengue en el país.

La epidemióloga Nazario criticó la inefectividad de las “campañas de miedo” y, en cambio, propuso que, para lograr una campaña que mitigue el aumento de casos, se eduque e informe a la ciudadanía respecto a los riesgos a los que están expuestos. En el caso de las personas sin mallas protectoras, se les puede apoyar en la adquisición de un mosquitero u otros artículos que manejen el riesgo.

El 5 de noviembre de 2024: ¿terremoto electoral?

Especial para CLARIDAD

A pocos días de las elecciones los dos partidos que han gobernado a Puerto Rico tiemblan. Se esperan grandes cambios el 5 de noviembre de 2024. No hay ningún indicio para pensar que dejará de avanzar la tendencia hacia el pronunciado declive político del bipartidismo, ya visible desde 2016. Sin embargo, todavía lo esperado vendrá acompañado de lo inesperado. Por consiguiente, el país podrá experimentar su capacidad de asombro. Tenemos dos partidos, históricamente poderosos, que hace años han entrado en una profunda crisis. Entre ambos controlaron, durante décadas, el 94-95 por ciento de los votos emitidos en las elecciones. El Partido Nuevo Progresista (PNP), en dos ocasiones – 1996 y 2008 –, obtuvo más de 50% de los votos emitidos y sobrepasó el millón de votos.

En noviembre de 2008, el PNP alcanzó la cifra más alta de votos de nuestra historia: 1,025,965. Obtuvo el 52.8% de los votos emitidos. Si comparamos esa cantidad de votos con los 427,016 recibidos por Pedro Pierluisi en 2020, se observa un descenso de 598,949 votos. Es decir, en unos doce años, el PNP ha perdido casi 600,000 votos. Es necesario tener presente el significado de esta enorme pérdida de fuerza electoral, que alcanza el 58.4% de los votos obtenidos en 2008. En poco más de una década, el PNP ha perdido casi 6 de cada 10 de sus seguidores. Este notable descenso se ha manifestado a través de una baja escalonada.

El primer escalón fue en 2012, cuando el propio Luis Fortuño perdió las elecciones con 884, 775 votos: 141, 190 menos que en 2008. En solamente cuatro años perdió la ventaja electoral más grande – 215,894 votos – que ha tenido partido alguno desde 1968. En las elecciones de 2016, Ricardo Rosselló ganó con 660,515 votos: 224,260 menos que los recibidos por Luis Fortuño en 2012. Y Pedro Pierluisi salió victorioso en 2020 con 427,016 votos: 233,499 menos al compararlos con los votos recibidos por Ricardo Rosselló en 2016. El 52.8% de los votos obtenidos por Fortuño en 2008 se redujo a 33.24% en 2020. Entre 2008 y 2020 el candidato a gobernador del PNP bajó de 52.8% a 33.24%: una caída de 19.26 puntos porcentuales. Aunque todavía es el partido más grande, se trata evidentemente de una embarcación en proceso de hundimiento.

Si comparamos estas cifras con las del Partido Popular Democrático (PPD), el proceso es análogo. Aunque nunca sobrepasó el millón de votos, en noviembre del año 2000 Sila Calderón obtuvo 978,860 votos, mientras que Carlos Delgado recibió 407,817 en 2020: un descenso de 571,043 votos. Cada uno de estos dos partidos ha perdido más votos durante este siglo que la cantidad  poblacional que ha perdido el país entre el año 2000 y el 2020. Pero lo más alarmante es que la reducción escalonada que puede observarse solamente en la pérdida de votos, también se nota en el porcentaje de votos emitidos bajo la insignia de ambos partidos. De una capacidad constante para captar entre 94-95 % de los votos emitidos, en 2016, esa cifra se redujo a alrededor de 80 %, debido principalmente a dos candidaturas independientes (Alexandra Lúgaro y Manuel Cidre). Las elecciones de 2016 dieron la primera muestra visible  del evidente deterioro que venía sufriendo el bipartidismo. Anunciaron lo que sería el cambio principal que se manifestó en 2020: la quiebra del férreo monopolio electoral bipartidista y la transición a un nuevo escenario con una pluralidad de partidos.

Las elecciones de 2024 ocurrirán, pues, en el contexto más maduro de ese nuevo escenario. Con la continuación del declive de las dos caras del bipartidismo, la tendencia que se viene manifestándo sufrirá un cambio cualitativo en noviembre de 2024. No veremos solamente una acentuación del deterioro bipartita. Veremos su quiebra.  ¿Por qué no se puede esperar un detenimiento o reversión de la tendencia? La primera razón poderosa para no esperar una reversión de la tendencia expuesta consiste en que no ha habido cambio alguno en la política oficial del bipartidismo. Siguen haciendo lo mismo y no pueden esperar resultados diferentes. La causa principal de su deterioro se encuentra en la política neoliberal, hoy llamada “libertad económica”.

En el PNP, además, ocurrió un evento nunca antes visto en Puerto Rico. Jenniffer González retó al gobernador Pierluisi en primarias y lo derrotó. Para hacerlo tuvo que colocarse como si estuviera en la oposición. Afirmó que íbamos por mal camino y adoptó una posición crítica ante LUMA, encarnación del proceso de privatización más importante ocurrido durante la política neoliberal. Al hacerlo, colocándose fuera de la élite política del PNP, González dividió de forma profunda a su partido. El PNP no podrá curar las hondas cicatrices creadas por la ambición desenfrenada de la Comisionada Residente. Y por más esfuerzo que haga en sus anuncios, ella es parte, como protagonista principal, de la política del PNP desde 2009, cuando presidió la Cámara de Representantes y apoyó la versión neoliberal más agresiva de Luis Fortuño. Como figura política González encarna la política que ha empobrecido al país y que ha enriquecido a una claque, que ha empantanado al país en la dependencia de fondos federales y en formas generalizadas de corrupción.

Pero lo peor de todo es que Jenniffer González hizo una campaña primarista colocándose fuera de la política que ella misma ha impulsado, porque reconoce que es una política fracasada. Derrotó a Pierluisi con una retórica que, sin percatarse, la incluye a ella misma. Las elecciones de noviembre de 2024 son las primeras que ocurren bajo la privatización de la AEE. El signo de la derrota es LUMA: el fracaso más estruendoso del neoliberalismo. Sin embargo, la conciencia de este fracaso no la ha llevado a una autocrítica, al reconocimiento de sus errores. No. Por el contrario, su actitud se reduce a una gesticulación que pretende situarla fuera de un gobierno que ella misma ha formado como figura destacada. Su propio pasado la persigue. No puede desligarse de la rapacidad de la corrupción que circula por todo su partido. Peor aún, Jenniffer González representa hoy día la peor versión del PNP. Por voluntad propia, por decisión deliberada, su campaña representa la procacidad. Después de su victoria en las primarias de junio, en lugar de la concordia y el acuerdo interno, la gesticulación procaz acentuó la división ya irreparable en el PNP. Pulverizó la posibilidad de consenso.

La probabilidad de que gane la gobernación es lo esperado. Pero si gana, la victoria no será igual a las del pasado. Será una victoria con una hegemonía bipartidista quebrada y en un espacio político donde las alianzas serán necesarias. El movimiento llamado estadista encarnado en el PNP, es decir el gran negocio de la estadidad, se está resquebrajando. Ya no apela, ya no seduce. Lo domina la fragmentación. Basta ver la proliferación de candidatos estadistas independientes o hablando desde el Proyecto Dignidad. Y esa indetenible fragmentación del PNP se tendrá que enfrentar con una Alianza que proyecta lo contrario: el deseo de acuerdo, el diálogo, el entendimiento, el crecimiento de la voluntad de un nuevo país, la esperanza con la mano extendida.

El 5 de noviembre se enfrentará la esperanza con la desesperanza. La fuerza de la ilusión tiene el momentum. Pronto sabremos si las instituciones partidistas del pasado todavía pueden prevalecer. Sin embargo, no podrán detener el cambio. Un nuevo Puerto Rico comenzará a nacer de las ruinas del bipartidismo, de los escombros del neoliberalismo. Un Puerto Rico con la mirada más puesta en sí mismo.

 

 Pocas viviendas para la población de ingreso medio y bajo

 

CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

 

Un estudio sobre  la vivienda en Puerto Rico reveló que a pesar de que el país cuenta con más de 127,000 unidades de alquiler subsidiado, estas ayudas a duras penas alcanzan para cubrir el 20 % de la población elegible y el 50 % de los inquilinos elegibles.

El Estudio sobre la vivienda de alquiler subsidiada en Puerto Rico reveló, además, que esta cobertura de unidades subsidiadas por hogares elegibles es sumamente desigual a través de los municipios. En entrevista, el profesor Raúl Santiago Bertolomei, uno de los investigadores, explicó que esa desigualdad de vivienda disponible entre municipios responde en parte a que los municipios que tienen menos inquilinos van a tener menos gente  participando como arrendadores. Esto, a su vez, responde a que como los límites de ingresos se calculan a base de mediana de ingreso legal, esas áreas son acordes a la región metropolitana, según las define la Oficina de Gerencia y Presupuesto (OGP), y no se calcula para cada municipio de manera individual.

Por ejemplo, el área de San Juan tiene más de 28 municipios, pero no importa si la persona vive en Dorado o Guaynabo, se le aplican   los mismos límites de ingresos que si viviera en Naranjito o Corozal. Esto provoca que cuando los precios de alquileres de mercado y los alquileres de mercado justo (Fair Market Rents) que calcula el Departamento de Vivienda de EE. UU. (HUD, en inglés)  se hace muy o más grande, hay menos arrendadores participando.

Los programas federales de vivienda de alquiler subsidiada que se rigen por los límites de ingreso establecidos por HUD incluyen vivienda pública, los vales de Sección 8, el programa HOME, los fondos CDBG, Sección 202, Sección 811 y los Créditos Contributivos para la Vivienda de Bajos Ingresos (LIHTC, en inglés), entre otros.

El propósito del estudio fue conocer las consecuencias de aumentar los límites de ingresos bajo distintos escenarios y presentar recomendaciones sobre cómo aumentar la oferta de vivienda asequible en Puerto Rico. El profesor de la Escuela Graduada de Planificación de la Universidad de Puerto Rico expuso que si se aumentan los límites de ingreso, aumenta la población que es elegible, pero eso no aumenta el número de unidades disponibles.

La situación, describió, es que si los  límites como están, con la situación precaria que vive la gente en vivienda pública y Sección 8 de miedo a que los desahucien, por cada  hogar que recibe la ayuda, hay cuatro más que podrían ser elegibles, pero  no la van a poder recibir. Ya la lista de espera supera 30 mil hogares, alrededor de 45 mil personas. Si se aumentan  los límites de ingreso, se tiene más gente elegible, pero pueden pasar dos cosas: una, como no está aumentado el número de unidades subsidiadas, va a haber más gente en fila; lo otro, que los que tienen un ingreso un poco más alto dejen sin alternativa asequible a los que tienen ingresos más bajos.

Al respecto, se encontró que el aumentar los límites de ingreso a 120 % de la mediana de ingreso de área, según la calcula HUD, aunque aumentaría en un 19 % la población elegible a ayudas, el aumento se daría mayormente en municipios con pocas unidades de vivienda subsidiada. Redelimitar las áreas de referencia que utiliza HUD para calcular las medianas de ingreso de área que determinan los límites de ingreso para que sean geografías más pequeñas conllevaría una reducción de un 5 % de la población elegible.

El tercer escenario que se identificó fue que el aplicar a Puerto Rico la regla federal que estipula que los límites de ingreso se ajustan al mayor entre el umbral de pobreza y la mediana de ingreso de área, según lo calcula HUD, aumentaría en un 2 % la población elegible. Al presente, Puerto Rico está excluido de esa regla federal. El aumento se daría mayormente en municipios que tienen la mayor cantidad de unidades de vivienda subsidiada.

Los resultados del estudio responden a la realidad de lo que son los ingresos de las familias. En este se recoge que el ingreso familiar promedio en Puerto Rico creció de $19,3705 en 2010 a $21,058 en 2020. Esto representa un aumento promedio anual de 0.84 %. En cuanto a los niveles de pobreza en Puerto Rico, según la Oficina del Censo de los Estados Unidos, en 2020 el 43.4 % de la población general vivía por debajo del nivel de pobreza.

En estas circunstancias, la investigación destaca que entre el 49 % y el 88 % de la población inquilina con ingresos por debajo de los límites establecidos por HUD gasta más de una tercera parte de su ingreso en alquiler, mientras que entre el 11 % y el 68 % de dicha población gasta más de la mitad de su ingreso en alquiler.

Otro dato revelador es que el grupo de hogares con los ingresos más bajos dentro de los límites establecidos por HUD tienden a ser jóvenes, liderados por mujeres solteras con niños y enfrentan una alta carga de alquiler.

Además, la población que habita en unidades subsidiadas por vivienda pública o Sección 8 tienden a tener ingresos marcadamente más bajos que la población que habita unidades subsidiadas por el Programa de Créditos Contributivos (LIHTC, en inglés).

El Programa de Créditos Contributivo (LIHTC)

Una persona que viva en vivienda pública o bajo Sección 8, si aumenta su umbral de ingresos, se le elimina la asistencia. Santiago Bartolomei, sí hay algunas personas que se quedan por generaciones en vivienda pública, pero esto es mucho menos común de lo que la gente cree. Por lo general, en vivienda pública hay mucho movimiento, ya sea por movilidad o por desahucios. “El desahuciador más grande es el Departamento de la Vivienda”.

Sobre LIHTC, en el estudio se encontró que la gente se queda mucho más tiempo, hay menos intercambio. No obstante, este programa, que es el único que está ofreciendo HUD para nueva vivienda,  ofrece créditos contributivos por 30 años. Después de eso, el desarrollador puede volver a renovar los créditos contributivos por 30 años más o colocar las unidades a precios de mercado. Esto son los proyectos que sustituyeron el residencial Las Gladiolas, en Hato Rey; el de Puerta de Tierra; Gautier Benítez, en Caguas, y es el nuevo Río Piedras Village.

Fue este programa lo que originó el interés por el citado estudio. Según Santiago Bartolomei, la Asociación de Constructores de Hogares (ACH) se enteró de que en las Isla Vírgenes HUD aprobó  un aumento en los límites de ingresos, gracias a un estudio de su Universidad. La ACH interesaba que la UPR hiciera un estudio similar que demuestre por qué hay que subir los límites de ingresos, que les ayudara a conseguir financiamiento para sus proyectos.

La postura de la UPR fue que ellos no hacen estudios por encargo, que hacen estudios de investigación y que, dependiendo de lo que arrojen, hacen sus recomendaciones. Aun así, el Departamento de la Vivienda Pública (DVP) se interesó por el estudio y se lo encomendó a la UPR.

La premisa del DVP fue ver el efecto de aumentar los límites de ingreso para determinar la elegibilidad de programas subsidiados. Entre los descubrimientos de la investigación se encontró que HUD aprobó un aumento en el ingreso en Islas Vírgenes  porque, a diferencia de Puerto Rico, en que  el Negociado del Censo realiza un censo de la comunidad todos los años, en Islas Vírgenes se hace un censo decenal. Al paso del huracán María (2017), para poder pedir a HUD que aprobara un aumento de límites de ingresos para sus programas de vivienda, aplicaron datos del 2010. En el caso de Puerto Rico, se utilizaron datos más recientes, con lo que el estudio evidenció  los resultados ya expuestos. Los resultados del estudio reafirman el hecho de que en Puerto Rico el problema son los ingresos, que continúan siendo bajos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Elogio a distancia a la gestión de la esperanza

 

Especial para CLARIDAD

En las elecciones del 2008 me tocó votar en un colegio electoral sumamente dividido de Brooklyn, con judíos ortodoxos en un lado y migrantes caribeños, principalmente jamaiquinos y haitianos, en el otro. Era una mañana friísima y había dos filas separadas que se alargaban hacia lados opuestos desde la puerta de entrada de la escuela alrededor de la cual, pacientemente, esperábamos todos. Cuando ya nos acercábamos al punto donde las filas se encontraban, y en medio del silencio helado que azotaba las caras largas escondidas bajo los sombreros y sobre las bufandas, mi hija, que tenía tres años, empezó a gritar ‘O-bama! O-bama! O-bama!’ tan fuerte como podía.

Nadie se rió. Quizá en parte porque hacer campaña en un colegio electoral es un delito. Sin reacción visible de ningún presente mi hija delinquió tres veces más y yo reí, esperé, entré, voté y nos fuimos.

2.El exitoso eslogan de la campaña demócrata de ese año era el famoso ‘Yes we can’ (hurtado a Dolores Huerta), bajo el cual yo nunca pude dejar de oír el ‘Sí se puede’ de Rosselló en el ’92. Ocasionalmente la campaña lo alternaba con otro más filosófico que me gustaba más: ‘Somos el cambio que hemos estado esperando’.

3.Sube el telón. Una mano esconde un muñeco detrás de un panel. Baja el telón. Sube el telón. La mano pone tras el panel un segundo muñeco. Ahora el panel cae hacia el frente. ¿Cuántos muñecos verás?

Mucho de lo que se sabe sobre cuánto saben o notan en su ambiente los bebés antes de que lo puedan verbalizar se basa en estimados sobre cuánto tiempo miran lo que se les muestra durante un experimento sobre cognición infantil. Si los bebés de cinco meses que ven un solo muñeco al caer el panel miran por más tiempo que los que vieron dos, eso sugiere que ya a esa edad tenemos ciertas expectativas sobre número y cantidad y nos sorprenden los escenarios que no encajan con ellas. Ver los dos muñecos y no mirarlos mucho sugiere que en algún nivel ‘ya yo sabía’ que eran dos. Ver sólo uno y reaccionar con ‘looking times’ más largos sugiere que lo que estoy viendo no cuadra con mi pequeña teoría del mundo.

4.A esa forma de aprendizaje que consiste en no responder / dejar de mirar / aburrirme ante lo que ya conozco (los dos muñecos tras el panel) los psicólogos la llaman habituación. La habituación es buena porque le permite a mi cabeza enfocarse en las cosas que sí cambian. Pero la habituación puede también trabajar en contra nuestra. Una forma en que nos perjudica es por vía del llamado environmental numbness, o entumecimiento ambiental: la tendencia a dejar de notar en mi ambiente lo que siempre está ahí, lo que cambia muy poco o lo que cambia mucho pero a lo lejos. Esta especie de política de simplificación de nuestras antenas perceptuales seguro nos viene en parte de la evolución: ningún animal puede o debe prestarle atención a todo todo el tiempo. Pero en el plano humano también es resultado de cómo está organizada ‘la vida moderna’: vivimos vidas que parecen diseñadas para que no las cambiemos mucho, para que tomemos ‘lo dado’ por inevitable. Excepto que a veces, ‘lo dado’ cambia.

5.La baja participación electoral en muchas ‘democracias’ modernas puede verse en parte como un caso de entumecimiento ambiental. Si bien en Puerto Rico mucha gente decide, por principio, abstenerse de votar, otros no votan simplemente porque parten de la intuición (correcta) de que, en muchos sentidos, su voto no cambia la dinámica principal según la cual el PNPPD funciona como un bloque unitario: bandos opuestos alternando muñecos entre el sube y baja del telón mientras el bloque mismo se autoperpetúa en el escenario sin cambios mayores. Pero a veces lo que parecía constante e inevitable se vuelve transparente en su arbitrariedad y un sentido ampliado de lo posible se impone. Así pasó en el verano del 19 y pues, así está pasando ahora. En Puerto Rico, el monopolio del PNPPD lleva varias elecciones desinflándose, y esta vez es de hecho posible que la Alianza los derrote. Y pues, habemos muchos en todas partes registrando ‘looking times’ alargados, nuestros sentidos fijos en torno a lo que en otro tiempo habría parecido un escenario improbable, reunidos en torno a la posibilidad de un verdadero inicio.

Eso incluye a miles de jóvenes, menos vulnerables a los miedos que tanto inmovilizaban a generaciones anteriores. Además de muchos independentistas que se inclinan por la abstención, pero han visto suficiente esta vez para activarse. Y miles de no independentistas que no sólo reconocen en Juan Dalmau al candidato más apto, sino que de hecho se disponen a votar por él, incluyendo populares cansados y hasta estadistas demócratas decepcionados, que les causa vergüenza la asociación de su candidata con Donald Trump y que entienden la importancia de derrotar la agenda republicana de ambos.

6.Cuánto daría por estar inscrito en Puerto Rico y votar por los candidatos de la Alianza. Pero este 5 de noviembre me tocará votar en un colegio más de esta ciudad donde he vivido por casi 25 años. Y por más que me rechinen los oídos y se me amargue la expresión ante la desfachatez y el insulto de alusiones a ‘the greatest nation on Earth’ o ‘the most lethal force in the world’, no me quedaría en casa por nada del mundo. Votaré sabiendo que el resultado de las elecciones estadounidenses afecta (de forma desigual) a millones de personas en este país y a billones alrededor del mundo. Ahora y en el porvenir. Recuerdo clarísimo el vértigo, la desolación y la amargura de la mañana del 9 de noviembre del 2016, cuando nos tocó decirles a nuestros hijos quién había ganado la elección la noche antes. La posibilidad, ocho años después, de una segunda presidencia de Trump, aún más absorto en su vanidad y sentido de venganza, es espeluznante. Si yo viviera en Puerto Rico lo de votar por la Alianza sería un placer. Supongo que si muchos de mis amigos de Puerto Rico, por las circunstancias que fuera, vivieran acá y pudieran tratar de ahorrarle al mundo los estragos de un escenario más funesto por mucho, aunque no les diera placer, también lo harían.

7. Como lo ha hecho en cada elección general desde que tenía tres años, mi hija me acompañará a votar este año también. Pero ahora está inscrita y votará conmigo. No creo que se ponga a gritar tan entusiasmadamente en la fila como hace unos años. Pero si por cualquier razón del universo nos tocara esperar cerca de una niñita que gritara algún nombre que remotamente representara un mínimo de esperanza (aunque fuera la esperanza de bloquearle  el paso a lo peor), estoy seguro que ambos le regalaremos una enorme sonrisa. Mi hija está muy bien habituada al frío. Yo con los años lo tolero menos. Y pues, según noviembre me vaya adormeciendo las extremidades, me aclimataré pensando en el escenario cálido y absolutamente probable que a la distancia imagino: es enero y Juan Dalmau entra en Fortaleza como gobernador electo, presto a inaugurar el primer cuatrienio de una patria nueva, con el respaldo de un país desentumecido y despierto, que sale a mirarlo todo con ojos nuevos, testigo asombrado de sí mismo, listo para ser el país que el país ha estado esperando.

 

 

 

 

¡Táchala, basta ya de cuentos chinos!

 

 Campaña contra las papeletas del plebiscito y el voto presidencial

 Por la Redacción/CLARIDAD

Las organizaciones Vamos Puerto Rico y The Puerto Rican Alliance (PRA, en Estados Unidos), han lanzado la campaña ¡Táchala, basta ya de cuentos chinos!, en la que exhortan a los electores a tachar las papeletas del plebiscito y del voto presidencial en estas elecciones del 5 de noviembre.

Al calificar estas elecciones como unas históricas, Vamos y Alianza Puerto Rico hacen la salvedad de que estas dos papeletas “solo sirven como burla a la inteligencia del pueblo puertorriqueño: la de un nuevo plebiscito divisivo e inconsecuente y la del voto simbólico por la presidencia de los Estados Unidos”.

En el caso de la papeleta del alegado plebiscito de estatus, exponen que el proceso no cumple con los requisitos establecidos por el derecho internacional en sus múltiples resoluciones históricas relacionadas con la descolonización. De igual manera, ignora el plan de acción acordado por los países del mundo en el contexto de los Decenios para la Eliminación del Colonialismo, que sirve de guía proactiva y constructiva para la descolonización.

Las organizaciones reclaman que les “interesa generar un diálogo nacional que permita articular un proceso de descolonización serio e inclusivo, que represente la más amplia diversidad de nuestra sociedad, que cumpla con el derecho internacional y que permita transformar nuestra sociedad a una verdaderamente descolonizada y democrática”.

El objetivo de ambas consultas, denunciaron, es repetir la estrategia de agitación electoral que ha utilizado el partido de gobierno en el pasado y que sirve como un engaño a una base insatisfecha para movilizarse en este evento electoral crítico que se avecina.

En el caso de la papeleta presidencial, señalaron que confunde el voto directo con el voto por compromisarios, de los cuales Puerto Rico no tiene ninguno, e induce al engaño sobre cómo funcionan las elecciones presidenciales en EE. UU.

Dado esta realidad, Vamos y la Alianza Puerto Rico admiten que otras organizaciones y todos los partidos electorales, excepto el partido de gobierno, han articulado diferentes formas de rechazo a la imposición de estas dos papeletas a través del voto en blanco o escribiendo mensajes de protesta. En el caso de ambas, están exhortando a la acción específica de tacharlas para invalidar estas  dos papeletas.

Concretamente, proponen tachar en la papeleta todas las áreas de reconocimiento (“cuadritos”) con una marca horizontal de lado a lado o tacharla utilizando una frase que cruce todas las columnas en las dos papeletas.

Se exhorta a la ciudadanía a ser parte de la campaña compartiendo el contenido con sus contactos o desarrollando ideas creativas con el mismo fin.