Inicio Blog Página 240

Huracanes, deuda pública y coloniaje, Parte III

 

 

Especial para CLARIDAD

 

Medido por los estándares del Caribe, San Ciprián fue un huracán seco, muy falto de lluvia. A su paso por Puerto Rico, la noche del 26 de septiembre de 1932, el meteoro depositó la mitad de la lluvia que San Felipe en 1928. Lo que sí trajo fue mucho viento, con ráfagas huracanadas tan fuertes como las de San Felipe.

Lo que asombró al entonces director del Negociado del Tiempo, F. E. Hartwell, no fue ni la lluvia ni la intensidad del viento, fue la trayectoria inusual del ciclón. San Ciprián se desplazó por toda la costa norte de la isla sin remontar una sola montaña. No se enfrentó, como otros huracanes, ni a las altas laderas de Yunque ni a las de la Cordillera Central. Algunos testigos describieron su paso como el de con un vórtice que se movía en línea recta pegadito a la playa. Otros, como una serpiente tempestuosa que se movía zigzagueante entre el Océano Atlántico y las llanuras del norte de la isla. A ratos discurría por el océano abierto; a ratos, por la tierra costa adentro. Sea como sea, San Ciprián nunca llegó monte arriba, a donde nacen los grandes ríos del norte de Puerto Rico. Se desplazó durante seis horas manteniendo todo el tiempo la misma intensidad.

El resultado fue la devastación de las comunidades de pequeños campesinos y de pescadores pobres desde Fajardo a Aguadilla. Entre las comunidades destruidas que El Mundo destacó en su edición del 29 de septiembre de 1929 se encontraban Santurce y Cataño. En Santurce, su efecto destructor fue mayor que el de San Felipe. De sectores humildes como Tras Talleres, Melilla y Gandul solo quedaron “montones de escombros”. El daño en Cataño fue aun mayor. De acuerdo con los reporteros, todo era allí “ruina y desolación”. Juana Matos, una barriada de gente pobre en Cataño, desapareció por completo. Solo podían verse “legiones de hombres, mujeres y niños heridos”. Lo mismo ocurrió en la barriada El Pueblito y en el barrio Palmas.

La realidad,  es que el 29 de septiembre los reporteros de El Mundo aún no tenían idea alguna del daño que San Ciprián había hecho en los pueblos costeros y comunidades pobres alejadas de la capital, porque el meteoro derribó todos los postes de telefonía a lo largo de la costa norte del país. Sin teléfono ni telégrafo no había comunicación. También destruyó, como era de esperarse, las líneas de transmisión de electricidad. Muchos lugares alejados de la capital quedaron completamente incomunicados y a oscuras por semanas enteras. Oscar Valle, reportero de El Mundo, se trasladó a los barrios pobres entre Isabela, San Sebastián y Aguadilla para constatar de primera mano qué daño hizo San Ciprián en la región noroeste. Lo que descubrió en barrios como Aguacate, Palmar, Ceiba Alta, Ceiba Baja, Borinquen, Palma, Arenales, Montaña y Maleza lo dejó apenado: “Centenares de familias, compuestas en su mayor parte de niños menores y recién nacidos están durmiendo bajo los escombros […] Niños llenos de harapos mitigando el hambre con cocos y demás frutas que el viento echó al suelo”. Casi todos los campesinos de la zona quedaron sin hogar, según Valle.

El Gobierno federal, al igual que pasó con San Felipe, no se inmutó. Si el pueblo de Puerto Rico quería ayuda, no tenía otra opción que la de recurrir a un empréstito de una agencia público-privada: la Corporación Federal de Reconstrucción Económica, creada por el Departamento del Interior, que sería amortizado con un impuesto sobre la gasolina.

Actuando distinto a la actitud sumisa de los líderes de los partidos coloniales, José L. Pesquera, entonces comisionado residente en Washington, envió una misiva al Congreso Federal, el 12 de octubre, denunciando la “actitud despiada” del presidente Hoover ante la crisis provocada por el huracán San Ciprián. Hoover no hizo comentario alguno.

El día antes, el presidente de la Junta Nacionalista de Ponce, Claudio M. Castillo, había anunciado que en esa ciudad se celebraría el Día de la Raza y que don Pedro daría el discurso principal en la conmemoración de la efemérides.

 

El nacionalismo ante la crisis creada por el ciclón, Parte III, Por Manuel Rivera Matos

El esclavo es casi siempre un irresponsable porque no tiene conciencia de su personalidad. Cuando un pueblo no ejerce la responsabilidad de su destino o se deprava o se suicida parodiando la célebre frase de Baldorioty en las Cortes españolas. Esta condición de servidumbre política vinculada al criterio materialista que informa la vida norteamericana ha roto el orden moral de nuestra nacionalidad porque la dirección espiritual de un pueblo sometido radica siempre en el poder interventor. Es el conflicto perpetuo de la civilización de la cultura frente a la civilización de la riqueza. Ese dislocamiento de nuestro ritmo anímico se advierte con mayor relieve en el campo profesional. Las profesiones ejercidas meramente a base de negocio han sido despojadas de aquella dignidad apostólica que caracterizaba a los profesionales antaño. Por eso el hombre profesional sin un criterio trascendente de la vida será siempre un elemento peligroso para la sociedad. Cada vez que nos visita un huracán se pone al descubierto el fraude cometido en nuestras obras por manos irresponsables y la pésima calidad de los materiales. A la primera ventolera se derrumban edificios públicos o se desploman puentes con la primera embestida del río a pesar del mucho oro que han costado. Sin embargo, las centenarias construcciones españolas de nuestras ciudades desafían todos los ciclones a pesar de que fueron levantadas en aquellos tiempos de atraso y oscurantismo como afirman algunos peritos y técnicos de nuevo cuño. Los puentes y alcantarillas de la Carretera Central, construidos para resistir un tráfico de coches y carretas, permanecen intactos con el advenimiento del pesado material rodante de la actualidad. Pero entonces el obrero, el maestro de obras, el vendedor de materiales y el ingeniero ponían empeño y ciencia para que la construcción resultase una obra perfecta y un testimonio vivo de su competencia. El nacionalismo, protector de la propiedad portorriqueña, entiende que es forzoso revivir los métodos de nuestros abuelos en materia de construcciones porque si no seremos cómplices de nuestra desgracia. El nacionalismo le dice a su pueblo que cada huracán es un nuevo eslabón que se remacha en la cadena de nuestra esclavitud sí no se construye para la posteridad. Cada hogar que se destruye es un jirón de la patria que se desgaja. Si este gobierno velara por la permanencia de la propiedad ya habría creado un plan de construcciones adaptado a la naturaleza ciclónica de la isla. Por eso el Partido Nacionalista ha señalado ese problema a la Legislatura en el memorial sobre las medidas rehabilitadoras para conjurar la crisis creada por el ciclón. Dice así:

“Toda casa o almacén se construirá a prueba de terremoto y de ciclón para impedir el agotamiento económico del país con la recurrencia inevitable de los huracanes. No debemos olvidar la experiencia centenaria de nuestro pueblo en materia de construcciones: para edificios de mampostería, azoteas con pretil fuerte; para casas de madera, tejado de tejamaní, o cartón embreado. El zinc, además de ser inútil para en caso de ciclón, se convierte en proyectil para matar el vecindario”.

“Los aleros se desecharán porque constituyen un desafío inútil a una naturaleza rebelde como la que nos rodea con periodicidad inexorable”.

No adelantamos nuevos comentarios sobre estos puntos porque ya nuestro pueblo ha comprobado en los últimos dos temporales la urgencia de poner en práctica estas medidas salvadoras.

Otro hecho curioso que se advierte en horas de catástrofe es la paralización de los servicios públicos. El pueblo necesita el funcionamiento de éstos precisamente cuando es víctima de las inclemencias de la naturaleza. El teléfono se necesita a la mañana siguiente del ciclón para cercioramos si nuestros familiares están vivos o nuestros intereses han sido perjudicados. La luz se necesita la noche del ciclón para buscar refugio en caso de que se desplome la casa y el agua para evitar la propagación de epidemias. En Puerto Rico se da la anomalía de que el huracán y la suspensión de los servicios más apremiantes ocurren simultáneamente. Por eso el Partido Nacionalista ha formulado las siguientes reformas en su memorial a la Legislatura:

“Debe asegurarse a las ciudades de un servicio de agua a prueba ciclón o terremoto”.

“Los hilos eléctricos, telefónicos y telegráficos deben colocarse en instalaciones subterráneas para seguridad del servicio público correspondiente y para impedir daños a la propiedad o peligros a la vida”.

“Este es el momento propicio para esa innovación, ya que todos los postes están en el suelo y hay que hacer nuevas instalaciones. Ningún ciudadano debe permitir que se levante un poste frente a su hogar, porque será el centinela de la muerte que caerá sobre su familia en la primera ráfaga ciclónica”.

“Estas reformas están en vigor en todos los países adelantados”.

“Este horroroso atraso en esas instalaciones con postes le cuestan al país una fuerte suma de dinero en cada ciclón; constituye un peligro para la vida y la propiedad y resulta un estorbo cuando más se necesita”.

“Estas reformas de los servicios públicos más necesarios son urgentes. No se pueden aducir razones de economía para eludir esta responsabilidad porque la suma que se invirtiese en esas instalaciones subterráneas estaría compensada por la inmunidad perpetua contra ciclones y terremotos que nos castigan con frecuencia inexorable”.

*El Mundo, 17 de octubre de 1932, pp. 2 & 4. Los artículos reproducidos en esta serie son de la autoría de Manuel Rivera Matos, miembro de la Secretaría General del Partido Nacionalista de Puerto Rico.

En Reserva-Cuerpos en la urna

 

 

Especial para En Rojo

La novela Ensayo sobre la lucidez (2004) de José Saramago abre con un fenómeno asombroso: más del 80% de un electorado decide ejercer su derecho al voto en blanco. Este acto, un grito mudo de protesta, se erige como el eje de una fábula político-moral, donde el gobierno se ve confrontado por un desafío que sacude sus cimientos. En la primera mitad de la obra, Saramago nos conduce por los intrincados laberintos del poder, presentando personajes anónimos, como el presidente y el primer ministro, situados en un tiempo y un espacio simbólicos que evocan sutilmente a su Portugal natal. Aquí, el autor revela cómo un gobierno, temeroso y a la defensiva, se niega a aceptar la insurrección popular, temiendo que tras esta ola de descontento se esconda una revolución anárquica. Así, el voto secreto se transforma en un elemento crucial, un velo que impide a las autoridades descifrar la identidad de quienes eligen el silencio de un voto en blanco.

Fuera del ámbito literario, el voto secreto es un mecanismo esencial que garantiza la anonimidad de los electores, protegiéndolos de la coerción y la mercantilización del sufragio. Este sistema se acompaña de diversas modalidades de votación, donde los ciudadanos utilizan papeletas de papel para expresar sus deseos. Tras marcar sus preferencias, los electores pliegan sus boletas y las depositan en cajas selladas, que luego serán abiertas para el conteo. En este proceso, el cubículo de votación se erige como un espacio sagrado, un lugar de confesión donde el carácter abstracto del ciudadano se corporeiza. Como objeto material, la urna electoral es efímera; algunas son de cartón, otras de plástico, ofreciendo la estabilidad necesaria para el cumplimiento de la obligación cívica, a menudo desde una ilusión de privacidad, en muchos casos protegida por cortinas que aseguran un rincón más íntimo en el teatro de lo público.

El carácter performativo de la urna electoral se manifiesta con particular contundencia en la instalación In the Grip of Power (2016), del estadounidense Lonnie Holley. En esta obra, el artista transforma la cabina de votación en un símbolo del sufragio como un gesto corporal. A primera vista, la urna que Holley presenta parece convencional: una estructura de plástico y aluminio destinada a preservar la intimidad del votante. Sin embargo, al inclinar la cabeza para marcar la papeleta, el participante se encuentra a la altura de la boca de una pistola, que lo amenaza desde el exterior de la caseta. Holley describe su obra como un recordatorio de las vicisitudes que muchos han atravesado buscando ejercer el derecho al voto en los Estados Unidos. La instalación no solo conmemora a aquellos que han pagado con su vida el precio del sufragio, sino que sugiere que habitar el grip of power conlleva la posibilidad de ejercer una cierta agencia, aunque siempre a merced de otros. La obra nos confronta con el carácter físico del acto de votar, que ha obligado a algunos a arriesgar sus cuerpos para ocupar su espacio como ciudadanos, un espacio que a menudo se revela abstracto y distante.

En esta reflexión sobre el carácter corporal del voto, surge casi en un susurro la pregunta sobre las implicaciones de las nuevas modalidades tecnológicas en esta experiencia. El avance de la tecnología plantea un desafío: proteger la esencia del voto secreto y la privacidad del elector. Las máquinas electrónicas, utilizadas en múltiples países, prometen un proceso más eficiente. Un ejemplo es la máquina de tabulación, que se coloca sobre la urna para escanear, adjudicar y depositar las papeletas durante el acto electoral. Cuando el elector termina de marcar sus papeletas, debe colocarlas en un cartapacio de confidencialidad y acercarse a la máquina de conteo de votos, donde espera su turno. Cada papeleta se introduce de forma individual, boca abajo, para mantener el voto secreto. Al escanear una papeleta válida, la máquina registra los votos y muestra en pantalla los mensajes “Leyendo Papeleta” y luego “Papeleta Adjudicada”. Es crucial que el elector espere hasta que cada papeleta sea adjudicada y depositada en la urna, que cae automáticamente en la urna sellada debajo de la máquina. Este proceso pone de manifiesto cómo distintas tecnologías alteran la forma en que el ciudadano ocupa, transita y participa, tanto física como simbólicamente, en el complejo espacio cívico. La corporeidad del voto se disuelve gradualmente en la virtualidad, como un eco que se desvanece en un laberinto incierto.

Sin embargo, estas tecnologías también revelan las inseguridades que rodean el sistema electoral, pues dependen de la infraestructura eléctrica de un país, lo que añade una capa de vulnerabilidad. Este dilema resuena con particular intensidad en Puerto Rico. En el pasado, hemos sido testigos de la fragilidad del sistema electoral frente a la infraestructura energética: evoquemos el apagón de las elecciones de 1980, cuando Carlos Romero Barceló resultó electo. El suceso dejó una huella indeleble en la historia electoral de Puerto Rico, donde una interrupción en el sistema sembró dudas sobre la transparencia y legitimidad del proceso. Hoy, el problema energético intensificado por LUMA añade una capa de complejidad a esta situación ya precaria. La falta de energía eléctrica puede obstaculizar el acceso a las urnas, el funcionamiento de las máquinas de votación y la comunicación. Esta situación, que afecta el ejercicio democrático, podría desincentivar la participación ciudadana, convirtiendo el acto de votar en un desafío mayor en un contexto donde la estabilidad y la confianza son fundamentales.

En este entramado, la obra de Saramago se erige, en un juego especular, como punto de contraste para examinar las dinámicas del poder y las realidades del ejercicio democrático en Puerto Rico, un territorio marcado por crisis y desafíos. El voto en blanco, en la novela, puede ser visto como una manifestación de la apatía que invade al pueblo puertorriqueño frente a un bipartidismo que, en muchos aspectos, ha fracasado en satisfacer sus necesidades y aspiraciones. A medida que se aproximan las próximas elecciones, la preocupación por el acceso y la integridad del voto se intensifica, surgiendo una pregunta fundamental: ¿hasta qué punto pueden los ciudadanos ejercer su derecho al voto cuando las condiciones materiales y simbólicas que lo sustentan se hallan en crisis? La instalación de Holley resuena con esta inquietud, recordándonos que el acto de votar es, en su esencia más profunda, un acto corporal que conlleva riesgos, esperanzas y, en última instancia, la búsqueda de una voz en medio del silencio. En un escenario donde el ejercicio del voto es a la vez crucial y vulnerable, la incertidumbre se convierte en la única certeza.

 

 

Será Otra Cosa- Palabras para Nora (en ocasión del libro caja de poemas)

 

 

Especial para En Rojo

 

  1. Presentación de la presentación

Hubiera querido estar allí. Ése era el plan. Después de una larga espera (¿dos años, Nora?) el libro, caja de poemas, haría su entrada triunfal por la misma puerta, en el mismo sitio, que aquel Viaje y viraje de 2006. Oficiaría, como en aquella ocasión, el estupendo amigo y editor, Eugenio Ballou, que con el mismo cuidado de la otra vez y la complicidad de nuestra amiga Emma Rivera Rábago, en la excelente diagramación de Sofía Sáez Matos, había convertido aquellos papeles en este hermoso libro, caja de poemas.

Ése era el plan, pero entonces se interpusieron los calendarios y debía estar en Mayagüez, cumpliendo un compromiso.

Nora me había pedido que improvisara, no quería una presentación de libros al uso, solemne y ceremoniosa, y en sustitución de lo que yo hubiera escrito (que no es esto) se le ocurrió la lectura de poemas que se celebró en Casa Aboy el jueves 17 de octubre. Manoseando el libro nos dimos cuenta de que por ningún lado – ni en la solapa ni la contraportada, ni en el blurb que yo misma escribí, ni entre sus páginas, nos presentaban a Nora, así que propuse preparar unas notas para acompañar la lectura, y esto fue lo que escribí.

  1. Esto no es una presentación

A manera de «presentación», en lugar de una nota sobre la autora, la solapa tiene tres breves poemas que, a mi juicio, funcionan realmente como prólogo: nos dicen (realmente nos sugieren) qué libro es éste, porqué se escribe y cómo hay que leerlo.

Son tres los textos: alerta roja – firmada por nora dávila, así, en minúsculas; advertencia amarilla – firmada por ida montes, también en minúsculas; y finalmente un cadáver exquisito firmado por ambas, ida y nora.

La alerta roja (¡deténgase!) nos habla del asombro de la labor completada y de la amplitud de su contenido: no sé cómo lo hicieron para caber aquí / contorsionistas del tiempo / perdido / robado / fuego cuadrado.

Hay mucho más de lo que parece en estas cajas.

La advertencia amarilla (¡precaución!) nos aconseja ser audaces, pero también perspicaces: use navajas / cuchillas o tijeras para abrir esta caja / yo tomé una llave.

Esa que firma, ida montes, la de la llave, es ella misma una clave en todo este asunto, y es la que firma con Nora el tercer poema. Se funden ambas (Nora e Ida) en la voz durmiente del impreso, la que sólo revive en la lectura, la que consolida la exquisitez de ese cadáver y se vuelve en más misterio: de noche todas las cajas son pardas, y en esa perplejidad nos deja para que entremos al libro.

Ésa es, pues, la autora de estos poemas. No sé si se dio cuenta, pero de esta forma asume ella la misma carnalidad que su Ida Montes, ese personaje especular que ya aparecía en Viaje y viraje (Fragmento imán, 2006) y la ha acompañado en esta vuelta. 

  1. No hace falta decir quién es Nora

Todos los presentes sabrían quién era Nora. Por eso irían, la conocen, la quieren, la leemos. No hace falta decir que estudió en el recinto de Río Piedras de la UPR, que luego se fue a vivir a Boston, que estudió en UMass Amherst, que allí coincidió con nosotros (con Carlos Alberty y yo), y publicamos juntos el Aguinaldo de 1984 y el Álbum de 1996; que eran tiempos difíciles para la edición impresa, y también fueron difíciles para ella, pues se hizo madre muy joven, y pese a ello nunca dejó de escribir poesía; que sus poemas salieron publicados como parte de una nueva «sospecha» en la selección de poesía puertorriqueña que hizo Joserramón Melendes para Casa Las Américas en 1990; que ha publicado desde entonces en otras revistas, las últimas ocasiones en el Puerto Rico Review y el En Rojo de Claridad. Sabrán que regresó a Puerto Rico, pero se volvió pronto una vez más a Estados Unidos, donde trabajó como maestra por dieciocho años y siguió escribiendo, hasta que decidió establecerse acá para siempre, y siguió escribiendo.

*  *  *

Se supone que improvisara, que no escribiera una presentación, pero les dejé mis notas sobre la noche en la que Nora me presentó el libro, mis impresiones después de leerlo muchas veces, y el blurb que terminé escribiendo para la edición del libro, para lo que pudiera servir.

 La noche en la que Nora me presentó el libro

Nora sacó las cajas y las miró una vez más. Volvió a mirarlas como si fueran viejas conocidas y recordó la mudanza más violenta de todas: la que no necesitaba cajas: la mudanza propia de la propia palabra y el propio cuerpo, la que no cesa. No hay pirueta metafórica que la represente a cabalidad, por eso lo han intentado tantos. Tampoco cesa esa insistencia de la poesía.

Y Nora trata.

Las cajas de la madre, del padre, de la muerte de la sobrina que había regresado en una caja, todas vibraban en su cabeza, así que volvió a encerrar ese dolor en otra caja, en los poemas que le iban saliendo uno a uno como si fuera de una caja nueva.

Una isla, un libro, un cuerpo, un límite, y el contenido

encerrado
guardado
protegido
custodiado
delimitado.

Y entonces vino a este apartamento que también era una cajita nueva, pero cerca de mí que también vivía en una caja, una caja de aire con ventanas abiertas al mar por un lado y a la montaña por otro, y le pedí que viniera ese día a mi caja a visitarme, y me trajo sus poemas, y uno por uno los fue leyendo, fue sacando de cada cuadrado de papel un dolor nuevo, una emoción, una memoria, una ironía del mundo; fue sacando aquellos papeles como criaturas fantásticas, simples tiernos alebrijes que se posaban en mi sala, dentro de mi caja, y hasta llegó a asustar a mi gata que nos hacía la corte tratando de llegar a las aceitunas, pasando entre nosotras, celebrando que todo estaba fuera de sitio como cuando se acomoda una mudanza.

Y escribí esto aquella madrugada.

Lo puse en esta otra cajita que llevo ahora conmigo a todas partes.

Lo escribí para que no se me olvidara y ahora voy a guardarlo aquí encima de la mesa de noche, y me tiro en mi cama angulosa y pienso: Nora esto también es una caja, mira.

 

  1. Después de leer

He leído el libro de Nora por enésima vez. Mi amiga Nora, compañera de poemas y de vida, buen corazón, amiga muchas veces, poeta. Sus cajas, digo, sus poemas, han estado en cajas con otras cosas, como está la poesía generalmente, o como sé que ha estado la poesía, ahora puedo decirlo, en la vida de Nora, siempre. Hay cierta tristeza en su libro, que es la misma que la mía, que es la de la pérdida, emoción contradictoria porque es confirmación de una felicidad anterior: quien no arriesga no gana, nosotras, las felices, siempre tenemos algo que perder. En esta isla, en este momento en el que hemos perdido y perdemos tanto, y todo lo debemos, el libro, este libro, salda una deuda personal, para seguir con el juego de palabras, que hemos tenido con nosotras mismas: la de la palabra exacta (o intelijencia, danos su nombre exacto a nosotras también). Esa tristeza tiene además una veta de alegría (ya dije que era paradójica) porque nos confirma que la belleza no sólo es consuelo travieso, es también promesa (de la buena, la verdadera, la esperanzadora) de redención, de más allá, de más belleza: descubrimiento, sorpresa, maravilla. No es una caja, acaso es una jaula abierta de la que escapan los pájaros, como poemas, para decirlo casi en sus mismas palabras.

 Tres poemas de ese libro

a Cliff Sanders

1945-2016

gone fishing

 te gustaban las plantas  pasear por los pulgueros  me gustaba verte observar cada cosa  darles la vuelta en tu mano  como a los discos de vinil que guardabas en cajas donde dejabas tu alma

recordar es mirar sin mirar el lago  sacar de tu caja de pescar carnada  plomo  señuelo  anzuelo mientras yo leía sumergida  distanciada     eras un pirata jubilado disfrutando el aire libre

traje del pulguero una caja donde guardaban sus letras las imprentas     deletreamos nuestros nombres     me regalaste una suculenta en un pomo de cristal y un pequeño cofre de tesoros hecho en madera

lo colmé de recuerdos: tarjetas  taquillas  errores  pormenores que compartimos     no sabías que yo mantenía ese botín escondido entre mis libros

 

escogí de esa caja los detalles     te dejé lo pesado

 

* * *

 

conversamos como nunca admitimos que en un momento nos perdimos      que el mapa del tesoro se encontraba en ese pequeño cofre

 

donde

al morir

pusieron tus cenizas y te echaron al lago

espacio después             sin querer

cuando

al vivir       de vuelta en casa

buscando entre mis poco atentas cosas

recuperé una astilla de ese cofre

 

que guardo junto a tu caña de pescar

en la ventana

por si muerdes

 

* * *

con mis propias manos
desataría
uno por uno los papeles
los rastros de papeles

los quemaría
los guardaría en una caja fuerte
los lanzaría al mar
al río
al lago
donde sé que tú estás
entre peces amados
ángeles escamosos

parecen letras
muecas mudas
besos burbujas
plumas señuelos
papelillos carnadas
carnosas recriminaciones

no pongas palabras en mi boca
bien mordería ese anzuelo
me atragantaría

caja de poemas
nora dávila
Folium, 2024

Hacia dónde va el mundo

 

 

Especial para En Rojo

 

Hoy en día, en todos los continentes, esta cuestión está adquiriendo más importancia que nunca. Estamos sintiendo los efectos del calentamiento global en forma de un calor sin precedentes. Casi todo Brasil ha pasado de estar intoxicado por el humo de los incendios a sufrir lluvias que se vuelven torrenciales y provocan ciclones, para los cuales nuestras ciudades no están preparadas. Las previsiones pesimistas que antes se auguraban para dentro de 30 años se han hecho realidad ahora. Estamos empezando a pagar muy caros los efectos de una sociedad dominada por la ambición humana y la falta de respeto à la humanidad en su conjunto y al sistema de Vida del planeta Tierra.

No se trata sólo de desequilibrios ecológicos. La realidad demuestra que la ecología medioambiental sin abordar justicia social y política se convierte en un mero ejercicio de jardinería. El próximo año, en Belém, PA, Brasil acogerá la conferencia sobre el cambio climático (COP 30). Sin embargo, al mismo tiempo que las autoridades gubernamentales se preparan para este evento diplomático, estamos sufriendo incendios y la destrucción de nuestros biomas en una medida que no vimos ni siquiera en los días del gobierno ya pasado, que hizo del odio à la humanidad y a la Madre Tierra su principal política.

La realidad se hace siempre más difícil. En diversos continentes, industrias armamentísticas y el imperio de las naciones ricas mantienen más de 50 guerras y conflictos, principalmente, en países pobres. Las poblaciones más pobres se matan unas a otras para favorecer a intereses del gobierno de los EE.UU. y de los países ricos de Europa y China por las riquezas petrolíferas y minerales que estos territorios pueden proporcionarles. En Brasil no tenemos guerra declarada. Sin embargo, aún se discuten los legítimos derechos de los pueblos indígenas. Cada día aumenta la masacre de comunidades indígenas, negras y periféricas. Todo esto demuestra que la colonización y la esclavitud siguen siendo fuertes y dominantes.

Hacia dónde se dirige el mundo dependerá mucho de nuestras opciones sociales y políticas, así como del estilo de vida que asumimos. Hace más de 20 años, la UNESCO promulgaba la Carta de la Tierra, en la cual  afirmaba claramente: «La elección es nuestra: formar una alianza mundial para cuidar de la Tierra y de los demás, o arriesgarnos à destrucción nuestra y a de la diversidad de la vida. Se necesitan cambios fundamentales en nuestros valores, instituciones y formas de vida (…) La emergencia de una sociedad civil global está creando nuevas oportunidades para construir un mundo democrático y humano. Nuestros retos medioambientales, económicos, políticos, sociales y espirituales están interconectados, y juntos podemos forjar soluciones integradoras».

Desde finales de los años 60, en América Latina y en otros continentes, cada vez más personas se han dado cuenta de las limitaciones del modelo de desarrollo aún vigente y han dicho: Si algo se desarrolla injustamente, cuanto más se desarrolla, peor. Por eso proponen la Liberación Integral. El Consejo Mundial de Iglesias, que reúne a 350 iglesias cristianas, ha propuesto la Paz, la Justicia y el Cuidado de la Madre Tierra y de la naturaleza. Gracias a Dios, las más diversas religiones y caminos espirituales se dan cuenta cada vez más de que, de una forma u de otra, todas tienen la vocación de ayudar a la humanidad a cumplir su vocación de guardianes de la Vida en el planeta Tierra y de dar testimonio del Amor Divino que nos hace hermanas y hermanos en la comunidad de todos los seres vivos.

El autor es monje benedictino, vive en Brasil y ha escrito más de 40 libros.

Entre el grito y la celda: Una historia sobre Lolita Lebrón: voz e imagen

En Rojo

 

La semana pasada tuve la oportunidad de ver, durante mi breve estadía en Puerto Rico, Entre el grito y la celda: Una historia sobre Lolita Lebrón. Quedé fascinada, 1ero porque nunca había tenido la oportunidad de ver la obra teatral en la que se basa y, 2ndo porque considero que es la única manera de llevar al cine la historia de esta formidable e incansable mujer. Para hacer una biografía, para abarcar etapas de la vida de alguien destacadx, para incorporar el sentir de una época es casi imposible seguir las directrices de filmes anteriores que pueden haberse acercado a este complejo quehacer fílmico. Es precisamente el estilo que escogen su director Efraín Rosa y su guionista, productora y protagonista Viviana Torres-Mestey (de un libreto original de Waldo Torres-Vázquez) lo que hace que este breve largometraje (70 minutos) nos revele a un ser tan enigmático como Lolita Lebrón. Por medio de imágenes entrecortadas y una voz imponente no importa las circunstancias, nos adentramos en la intimidad de su mente y cuerpo, ese que estuvo preparada a sacrificar por un ideal del que nunca titubeó.

Viviana Torres-Mestey ha indicado en sus entrevistas que su propuesta de cine “hace una fusión artística entre el teatro y la poesía para entrelazar los aspectos más significativos de la vida de Lolita Lebrón, específicamente antes y después de los actos de 1954.” El recorrido teatral de la obra comenzó en 2013 como “Lolita: un monólogo sobre la vida de Lolita Lebrón” con el auspicio del Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP) y después de múltiples presentaciones en Puerto Rico y el exterior, nos llega su versión cinematográfica. Y, de nuevo, afirmo que el resultado es la única manera de poder tener un acercamiento personal, lejano, público y privado de una mujer que brilló en vida desde antes de los actos de 1954, durante su encarcelamiento y luego en la libre comunidad y todavía hoy nos asombra su valentía y compromiso.

El filme utiliza dos fotos para de ahí partir a contar fragmentos de su historia sin facilitar una cronología: 1) un closeup de su cara envuelta en seriedad y acentuada por el color rojo de sus labios, 2) nuevamente su seriedad, con vestido formal y su grito de “Viva Puerto Rico libre” mientras apunta su pistola al hemiciclo de la Cámara de Representantes. Esa misma formalidad y seriedad se repetirá, junto a Rafael Cancel Miranda, Andrés Figueroa e Irvin Flores, al contestar a toda pregunta: “Vine a Washington a morir, no a matar”. La otra imagen que se repite es la de Lolita en su celda asignada en la prisión de Alderson en West Virginia, pero siempre contrapuesta con las imágenes de Lolita la trabajadora en las fábricas de textiles de New York, las preparaciones personales para el día del ataque al Congreso, los recuerdos de los campos de Puerto Rico, un hijo que desparece en el mar, todo enmarcado frente a las rejas que pretenden callarla y castigarla apartándola de todo lo conocido y querido.

Se establece un balance perfecto entre las imágenes y la voz de Lolita cuando el director y e/la montador/a integran con diferentes ángulos y velocidades el pietaje de época tanto de Puerto Rico como New York y Washington, D.C. Esto da un sentido de la época vivida sin permitir que la narrativa se congele. Lograr esto, en una imagen repetida que a la misma vez hace narrar el pasar del tiempo y los espacios, es un logro fílmico en sí. No es necesario crear un discurso nuevo para Lolita porque el filme utiliza sus propias palabras pronunciadas para el mundo oír e integra sus poemas escritos en la cárcel y recogidos años después: Sándalo en la celda y Grito Primoroso. Esas palabras escritas tienen la misma fuerza que sus declaraciones públicas a través de los años después de su indulto.

La Lolita que se nos presenta en el filme—la mujer enraizada en sus convicciones que nada ni nadie podía hacer titubear—es el recuerdo firme de lxs que la conocimos marchando junto a ella en cada manifestación para sacar la Marina de Vieques. Su vida se presenta a paso acelerado como a veces se siente la vida y los recuerdos imborrables de las experiencias vividas.