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El cable submarino y la vieja tentación del coloniaje energético

 


Especial para  Claridad y La Perla del Sur 

Cada cierto tiempo resurgen las mismas recetas, maquilladas de modernidad, pero ancladas en un pasado que ya conocemos muy bien. La propuesta de un cable eléctrico submarino entre Puerto Rico y la República Dominicana es una de ellas. Se presenta como solución pero es, en realidad, una forma de sumergirnos aún más en el problema.

No estamos ante un proyecto nacido del análisis técnico local, ni del sistema de permisos del país, ni de una evaluación ambiental rigurosa. La autorización emana de una discusión impulsada directamente desde la presidencia de Estados Unidos y la de República Dominicana, en favor de intereses privados foráneos, una transacción típica de la política trumpista. No es casualidad. Cuando las decisiones energéticas se toman lejos del territorio que habrá de sufrir sus consecuencias, el resultado suele ser el mismo: dependencia, vulnerabilidad y extracción de riqueza. Llámese como se quiera, esto es una imposición colonial.

Los cables no producen energía, solo la transportan. Para que ese cable funcione, habría que construir una nueva planta de gas natural, gasificando a Puerto Rico por la cocina y amarrando nuestro futuro energético a contratos fósiles de largo plazo en manos de otros. Si ya sufrimos las consecuencias de la privatización con Genera PR y los contratos onerosos de gas con New Fortress Energy en la Isla, imagínese los sinsabores que nos esperan con decisiones tomadas a nuestras espaldas desde la República Dominicana.

Durante años se nos dijo que la generación en el sur estaba demasiado lejos de los centros de consumo en el norte. Esa fue la narrativa utilizada para justificar gasoductos, líneas de transmisión y megaproyectos centralizados. Ahora, con total desfachatez, se propone llevar la generación aún más lejos, cruzando mares y fallas geológicas, en una región expuesta también a terremotos, tormentas y huracanes. Mientras más distante está la generación, mayor es la vulnerabilidad del sistema. La experiencia —y los apagones— así lo confirman.

El costo estimado ronda los $2,500 millones solo en infraestructura inicial. No incluye el gasto continuo en gas natural, ni la operación y mantenimiento, ni los contratos de suplido, ni los peajes a pagar al gobierno dominicano. Aunque se venda como inversión privada, la historia es conocida: el país terminará pagando mediante contratos de compraventa de energía, dinero que saldrá del bolsillo de todos y todas para alimentar intereses externos, mientras nos insisten en que no hay fondos para soluciones locales.

Y, sin embargo, las alternativas existen. La verdadera transición energética no pasa por cables submarinos ni por nuevas dependencias, sino por producir energía propia con recursos endógenos, limpios y renovables —como el sol— allí donde se consume: en los techos, en las comunidades, mediante redes de microrredes solares interconectadas con almacenamiento. Se trata de un modelo distribuido que reduce costos, aumenta la resiliencia y evita que una sola falla apague al país entero.

El debate no es tecnológico; es político. Los costos verdaderamente altos no son los de la energía renovable, sino los del modelo fósil con apagones constantes, pérdidas económicas, riesgos para personas electrodependientes y una infraestructura centralizada que ya es obsoleta. Persistir en ese camino no es prudencia, es una traición al país.

Si aspiramos a un país más justo, resiliente y soberano, la energía comunitaria no puede seguir siendo marginal, tiene que ser la nueva norma porque la verdadera modernidad no consiste en cables más largos, sino en pueblos más libres.

 

Cuba no esta sola

Miguel Diaz Canel. Foto reproducida de www.cubadeabte .cu

 

 

CLARIDAD
ccotto@claridadpuertorico.com

 

Ver enlace  a la conferencia completa al final.

“Un concepto que quiero aclarar, aunque haya bloqueo energético nosotros no renunciamos a recibir combustible en nuestro país, eso es un derecho que tenemos, y hacemos y estamos haciendo todas las gestiones para que el país pueda tener abastecimiento de combustible. Lo que quiero explicar​ es que tengan la garantía de que el partido, el gobierno, las instituciones que tienen que ver con las decisionesenergéticas ya están trabajando en función de que se afecte menos nuestro población, a nuestro país y a nuestro desarrollo económico”.

El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel ofreció una conferencia de prensa (el jueves 5 de febrero) en la cual informó sobre las gestiones que ha estado desarrollando el gobierno para enfrentar el bloqueo de Estados Unidos que ha impedido al país recibir combustible para la producción de energía.

En el recuento energético indicó que el pasado año aún cuando fue uno tan malo en materia de la situación económica, se hizo una inversión en la generación de parques fotovoltaicos, alrededor de 49 parques fotovoltaicos. Antes del 2025 indicó que la aportación de la fuente fotovoltaica al país era sólo el3% con esa inversión en un solo año se saltó a un 10%. Además se continúa contando con las termoeléctricas, mediante el uso de su llamado crudo nacional pesado.

“Hay que poner un poco de energía en la economía sabiendo que es a costa de la población, si la económica no produce nos complicamos m​ás”. El Presidente reconoció que el problema energético es el mayor déficit que ha mantenido el país mas a partir de esa inversión fotovoltaica- pero que una parte de esa energía se está dedicando a la económica, como lo son la agricultura, y grupos de entidades que generan exportaciones.

Díaz-Canel, se expresó sobre la situación energética el que desde un enfoque racional optimista, hay que tomarlo como una oportunidad y terminar de comprender que el país tiene que ser capaz de sostenerse con las fuentes de energía que posee. “Con el crudo nacional pesado, con la fuentes renovables, tenemos agua, tenemos aire, tenemos sol, biomasa podemos generar y ese concepto aplicarlo a la generación eléctrica actualizar, lo que estamos planteando en el plano energético, por supuesto no se logra rápido”.

A preguntas de la Prensa el dirigente cubano admitió que debido al bloqueo energético de parte de EE UU hay mucho miedo, hay impacto psicológico en armadores, en navieras, en países que les pueden suministrar combustible.
“Creo que es muy condenable que una potencia con la dimensión que tiene Estados Unidos asuma una política tan agresiva y tan criminal, hacia una población, no permitir que llegue ni una gota de combustible a un país, es afectar la transportación, la producción de alimento, el transporte público, el funcionamiento de los hospitales, en las instituciones de todo tipo, las escuelas, la producción de la economía, el turismo, cómo mantenemos las clases de los niños, cómo funcionan nuestros sistemas vitales, cómo distribuimos la comida, cómo sembramos la tierra, c​ómo recogemos los productos, c​ómo nos trasladamos, por lo tanto vamos a medidas que aunque no van a ser permanentes, pero que tendrán
que ver en cada momento ​la disponibilidad de combustibles tenemos”, describió.
El presidente de Cuba fue enfático al reclamar; “Si no nos sacrificamos, si no resistimos qué vamos hacer, nosotros hemos compartido que la opción de la rendición no es la opción, hay mucho que defender​.  Hay muchos cubanos y cubanas que dieron la vida por este país, por la independencia de este país en todas las épocas y los más recientes son los 32 compañeros que cayeron en Venezuela”.

En esa línea Díaz-Canel cuestionó qué derecho tiene una nación para evitar que a un país le llegue combustible y apuntó a que con ello no solo se está actuando contra Cuba y el pueblo cubano, sino que también se le está impidiendo a países a que tenga​n una relación normal de comercio, “a cuántas empresas y entidades están perjudicando, acaso no es violatorio de todo el derecho internacional, de toda la carta de las Naciones Unidas​. ​Esto no va con el capitalismo que defiende el imperio, además quiénes se cree​n que son pa​ra imponernos eso, pero alguien puede celebrar en el mundo esto, crear eso a​ un país, hay algún asomo de humanismo, de decencia, de sensibilidad, de decoro con alguien que actúa así”.

No obstante el dirigente cubano expresó que han recibido muestras de apoyo de otros países lo que demuestra que en el mundo hay personas que rechazan los chantajes y recabó que la comunidad internacional tiene que definir si va a permitir que un crimen que se ejerce hoy contra Cuba, el cual se puede repetir con cualquier país del mundo, es algo por lo que se tiene que pronunciar la comunidad internacional.

La cobertura de la conferencia fue vía Internet.

https://youtu.be/PLjbrLbwjfM

 

Nuestra crisis energética se recrudece

LUMA es quien está a cargo de la transmisión y distribución  de la energía y la Autoridad de Energía Eléctrica está a cargo de la generación. Foto por Alina Luciano

 

 

Si a alguien le queda duda del franco deterioro de nuestro sistema eléctrico, solo sepa que bajo las compañías LUMA Energy y Genera PR, este funciona peor que hace tres años, según las métricas que se utilizan en Estados Unidos ( SAIDI Y SAIFI) para medir la estabilidad, confiabilidad y eficiencia del servicio eléctrico de las diferentes  compañías que lo suplen.

Un análisis publicado en un medio de prensa durante esta semana muestra los datos que confirman el deterioro. Durante los últimos 3 años, las interrupciones del servicio eléctrico en Puerto Rico ( apagones) aumentaron en un 30%. Durante el año 2025 nada más, los consumidores en nuestro país experimentaron un 30 por ciento más de tiempo sin servicio eléctrico que tres años atrás, lo que significó 1,580 minutos ( 26 horas) sin luz para un cliente promedio de LUMA Energy. Esto lo informa la propia compañía al Negociado de Energía de Puerto Rico (NEPR), lo que sitúa a Puerto Rico entre las jurisdicciones de Estados Unidos con peor servicio eléctrico.

Aunque grave, no es solo el servicio directo a los clientes, el único- ni siquiera el principal- problema que confrontan estas compañías y todo el engranaje que conforma el sistema energético de Puerto Rico.

Las señales del caos, la desorganización, las luchas de poder, y los conflictos entre los distintos sectores del sistema energético se han hecho transparentes para la ciudadanía. Todos saben que ya hace rato que quedaron atrás las excusas por los efectos de huracanes y terremotos. Y que el jueguito de estarse echando culpas unos a otros es solo una distracción para ocultar la desidia, la incompetencia, el desinterés y la falta de visión y compromiso de todas las partes involucradas para encaminar soluciones reales y sostenibles a la crisis energética en Puerto Rico, que se ha convertido en un obstáculo demoledor de cualquier posibilidad de desarrollo económico y social para Puerto Rico, actualmente y en el futuro.

En esta noria sin fin, cada parte arrima su sardina a la brasa, y en ese traqueteo, Puerto Rico se quedará sin sardina y sin brasa. La situación está más incierta y volátil que nunca. La demanda judicial con la  que el gobierno de Jenniffer González alega pretender cancelar el contrato de LUMA Energy se ha chocado  de frente con un paredón: el junte opositor de la Junta de Control Fiscal(JCF) con los bonistas buitres de la AEE y la demandada LUMA Energy, para lograr que sea en un Tribunal Federal donde se dilucide el pleito, y no en el Tribunal de Puerto Rico. Cada uno tiene su sardina lista para la brasa: Jenniffer González y demás políticos hacen cálculos electorales hacia el 2028 y por eso quieren el pleito aquí. Los bonistas buitres de Estados Unidos quieren cobrarle la deuda con intereses a la AEE y por eso prefieren litigar allá. La JCF quiere proteger a su criatura LUMA Energy y preservar a PROMESA y su influencia aquí y allá. Además, intervenir en el pleito es la excusa perfecta para extender su estadía y control en Puerto Rico, y así poder mantener facturando a su comitiva de abogados, asesores y contratistas que los hacen lucir importantes,  y encima, se los paga el pueblo de Puerto Rico.

Mientras tanto, nuestra gente sigue de apagón en apagón, cada cual mal resolviendo como puede, y escuchando de las autoridades  solo más de las mismas «soluciones» recicladas que no han funcionado antes, ni tampoco lo harán ahora.

Al propuesto gasoducto de San Juan a Palo Seco, que anunció GeneraPR como una «gran medida» para suplir las plantas de gas natural, le auguramos la misma férrea oposición civil y científica que la de los dos anteriores proyectos de tubería gasífera por debajo de la tierra y aguas de Puerto Rico que otros gobiernos propusieron antes: el gasoducto del Norte y el del Sur.

Ambos «gasoductos»  cayeron bajo el peso de la prueba demostrada de su peligrosidad para la seguridad de la población y su efecto contaminante en suelo y aguas, y por eso fueron masivamente rechazados por nuestro pueblo. Por otro lado, la negociación para traer una barcaza gasífera de emergencia de la compañía Gothams Energy a la Bahía de San Juan, parece estar detenida y bajo revisión de la JCF.

Todo este cuadro de medias verdades, ofuscación y  desinformación extrema es intencional, y provocado por intereses políticos y económicos en conflicto, que quieren confundir, oscurecer y entorpecer nuestra principal opción de salida real de la crisis energética.

Esa significaría que, como pueblo, demos un vuelco masivo hacia la energía sostenible, principalmente del sol que tenemos en abundancia, cuya tecnología es limpia, avanzada, funcional e independiente de combustibles fósiles, contaminantes e importados que Puerto Rico no posee.

Nuestro pueblo parece estar comprendiendo que ese es el camino correcto. En 2025 nada más se instalaron en Puerto Rico 46,214 sistemas solares, un promedio de 3,851 mensuales. Al 31 de diciembre de 2025,  191, 929 clientes contaban con sistemas propios de generación solar en Puerto Rico. Esto, antes de que se anunciara que la administración de Donald Trump Trump – un propulsor obsesionado con la energía contaminante del carbón, el petróleo y el gas natural- suspendió el programa de incentivos del Departamento de Energía de Estados Unidos para promover la instalación de sistemas solares entre nuestra población más vulnerable.

En dirección de la energía renovable del sol, en techos residenciales, edificios comerciales y públicos y microredes comunitarias, está nuestra esperanza de alcanzar la independencia energética, mediante la creación de un sistema eléctrico sostenible, confiable, resiliente y limpio que, con un uso responsable y buen mantenimiento, servirá para todos y todas, y nos durará para siempre.

 

 

 

El secuestro de las elecciones y la ira de un pueblo acostumbrado a ser vencedor

José E. Muratti Toro

Especial para En Rojo

Donald Trump acaba de plantear que las elecciones deben ser administradas por el gobierno federal. Argumenta que en el 2020 perdió estados que «muchas personas» aseguran que ganó y por lo tanto, perdió la presidencia a Joe Biden.

¿Cuál es su verdadera intención?

En los Estados Unidos los electores no votan directamente por el presidente y el vicepresidente. Su sistema electoral combina elecciones directas para el Congreso con un mecanismo indirecto, llamado Colegio Electoral, para la elección del presidente.

La Cámara de Representantes y el Senado se eligen por voto popular directo. Los miembros de la Cámara se eligen cada dos años en distritos predeterminados, mientras que los senadores se eligen cada seis años por estado, conforme a la Decimoséptima Enmienda de la Constitución.

El gobierno federal no interviene en la administración de las elecciones. Cada estado administra su propio proceso, incluyendo variaciones en la conformación de los distritos electorales, cuyos representantes ocupan la Cámara de Representantes o el «Congreso», así llamado distintamente del Senado, y el registro de votantes y otras opciones como el voto por correo o anticipado.

Siendo la elección presidencial indirecta, al votar los ciudadanos eligen una lista de electores comprometidos con los candidatos de cada partido. Cada estado y el Distrito de Columbia cuentan con un número de electores equivalente a su representación total en el Congreso, que suma un total de 538 votos electorales. El candidato que obtiene 270 votos electorales o más, gana la presidencia.

La mayoría de los estados utiliza el sistema de «el ganador se lo lleva todo» (winner-take-all), a excepción de Maine y Nebraska, que reparten algunos votos según los resultados por distrito congresional.

En caso de que ningún candidato logre la mayoría en el Colegio Electoral, la Cámara de Representantes elige al presidente y el Senado al vicepresidente, bajo sus respectivas reglas internas.

Al decir que las elecciones deben ser administradas por el gobierno federal, Trump propone poner las elecciones en manos de su propio gobierno controlado por su propio partido, o sea, por él, personalmente.

Esta «estrategia», que comienza a tomar forma con la incautación por el FBI de las listas electorales del condado de Fulton, en Atlanta (supervisados por la Directora de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard), el pasado viernes, tiene dos propósitos:

Primero – cancelar el desafío de su propio partido en Georgia cuyo secretario de estado, Brad Raffensperger, se negó a «encontrar» 11,780 votos que le hubiesen concedido la victoria en el estado, lo cual le valió un residenciamiento; y

Segundo – «legitimar» la idea de que no se puede confiar en que los estados van a defender los votos por la presidencia en los colegios electorales y van a producir votos fraudulentos.

Curiosamente, o no tanto, precisamente esta estrategia se utilizó en enero de 2021 cuando siete estados controlados por estados Republicanos, sometieron resultados fraudulentos de colegios electorales que concedían falsamente la victoria a Trump.

Dichos resultados fueron rechazados por los tribunales y muchos de los oficiales que juramentaron las listas electorales falsas fueron acusados por fraude. Setentisiete oficiales de siete estados (Arizona, Georgia, Michigan, Nevada, Nuevo Mexico, Pensilvania y Wisconsin) y otros operativos de Trump como Rudy Giuliani, Mark Meadows y Sidney Powell, fueron indultados por Trump en noviembre de 2025, por endosar las listas electorales fraudulentas.

Todas las encuestas y elecciones especiales para sustituir congresistas o elegir jueces y otros oficiales estatales apuntan a una victoria Demócrata el próximo noviembre. A diferencia de noviembre del 2020, Trump se propone impedir una derrota de su Partido.

Ya se ha dicho públicamente, y él lo ha comentado, si los Demócratas ganan la Cámara procederán a residenciarlo, por tercera vez, y Trump no está seguro de que el Senado, que funge de juez en un juicio por residenciamiento, lo absolvería.

Un triunfo Demócrata en noviembre representaría el fin de la presidencia de Donald Trump, ya sea por destitución, o por una derrota aún mayor en 2028.

Así que ha comenzado varias estrategias simultáneas:

1) Provocar una confrontación con la sociedad civil en un estado Demócrata, en este caso Minnesota, para enviar tropas federales y declarar un estado de sitio en los estados Demócratas que protesten para, a su vez, amedrentar los votantes en noviembre;

2) Comenzar una guerra en Irán, y posiblemente una invasión a Cuba, para provocar un fervor patriótico, sobre todo cuando ocurran bajas de soldados estadounidenses, que «obliguen» a los votantes a cerrar filas a favor del presidente;

3) Provocar que el estado de sitio resultado de confrontaciones con guardias nacionales y milicias de estados Demócratas, le permitan argumentar que el país enfrenta una guerra civil y cancelar las elecciones en noviembre, como alabó que hiciese Zelenskii en Ucrania.

Simultáneamente, continuará impulsando que los medios de comunicación tradicionales, ABC, CBS, NBC y CNN caigan aún más en manos de billonarios que lo apoyan para que la cobertura mediática le sea favorable, amén de los aproximadamente diez a doce que son incondicionales suyos. Ejemplo: el Washington Post, propiedad de Jeff Bezos, patrocinador del documental «Melania», está despidiendo parte de la plana mayor editorial para sustituirla por Inteligencia Artificial.

A medida que continúen publicándose referencias a las fechorías que protagonizó junto a Jeffrey Epstein, incluso su base, que será vapuleada por una inflación aún mayor que la del 2025, continuará erosionando su respaldo y ni las tácticas represivas de ICE, ni la guerra en el Medio Oriente, ni el intento de controlar las elecciones en los estados, impedirán una crisis económica, civil e institucional que desembocará en una guerra civil pacífica de resistencia multitudinaria, o una guerra civil violenta en que morirán muchas más Renée Good y Alex Pretti.

Una masa multiracial, junto a blancos, pobres e indignados, porque el «sueño americano» les ha sido negado para enriquecer aún más a los Musks, Bezos y Zuckerbergs, y a la familia Trump-Kushner, desafiarán la barbarie que Trump desate desde adentro.

Puede que Melania no diga «que coman bizcocho», pero al «would be king» le espera la ira de un pueblo acostumbrado a ser vencedor y no vencido.

 

Hielo

 

Especial para En Rojo

Tengo unos amigos latinoamericanos muy jóvenes, indocumentados en España. Hace unos años, una tarde, cocinamos para ellos.

Dos hermanos que llegaron juntos al país, dejando atrás hijos y sobrinos, trayendo consigo un talento intacto en las manos.

Una chica trans que llegó sola, huyendo de la persecución que la amenazaba en su pueblo.

Un fotógrafo triste que, al quedar huérfano de madre, se echó a andar y terminó llegando a Madrid.

Y nosotros: dos turistas puertorriqueños pasando otro verano allí, un italiano -ciudadano europeo- y un español.
Celebrábamos el reencuentro.

Pusieron su música en mi computadora: Merengue, bachata, salsa, pop.

«Sobreviviré» – Mónica Naranjo
«Born This Way» – Lady Gaga
«Nuestra canción» – Elvis Crespo
«Qué hay de malo» – Jerry Rivera
«Corazón sin cara» – Prince Royce
«El Doctorado» – Tony Dize

Bailamos con ellos en el pequeño patio interior, contagiados de su alegría.
Recordaban cómo pasaban los días escuchando esas canciones en casa; adolescentes entonces, en su país, buscándoselas para sobrevivir.

Ayudando a la madre a barrer el piso de tierra, cambiando pañales, haciendo mandados, cosiendo en la fábrica, sacudiendo el colchón de un cuarto para seis.
Tomando el autobús de media tarde para volver a casa ya muy entrada la noche, o tirados en la cama, recuperándose de una golpiza y soñando despiertos con el día en que todo pudiera ser diferente.

Hubo lágrimas disimuladas mientras sonaba la canción de Elvis Crespo.
La herida de la despedida seguía abierta.
Sangraba con el mínimo roce del recuerdo, con todo lo que había quedado atrás.

Qué distintos eran los míos, mis recuerdos; qué diferentes las condiciones de mi estancia allí.

Enredados entre vueltas y tropiezos que nos sacaban de compás, las risas rellenaban los huecos de la torpeza.
Manos tomadas, abrazos que nos devolvían el ritmo.
Gestos como de un acuerdo silencioso, de complicidad que aliviaba y alentaba a seguir.

La policía tocó a la puerta.

El baile se detuvo, aunque la música siguió sonando, convertida ya en música de fondo.
Mis amigos corrieron, dispersándose para esconderse.

El español me detuvo, sujetándome por los hombros:
— Tranquila. Sin una orden, no entran. Abre la puerta.

Un joven uniformado saludó y asomó discretamente la cabeza.
—Han alertado por una fiesta.

En el patio, sentados, el puertorriqueño, el italiano, y el español fumaban.

La computadora, encendida sobre la mesa, aún transmitía música.

Me aclaré la voz, enseñé el pasaporte y señalé al patio:

—No hay fiesta, solo es la sobremesa. Estamos viendo videos por YouTube.

—Sí, sí, vale. No pasa nada. Ya hemos visto. Ha sido un vecino que siempre llama por todo.

Me devolvieron el documento, dieron las buenas tardes y se fueron.
Esperé con la puerta abierta hasta que tomaron el ascensor.
Me di la vuelta.

Respiré.

Nuestros amigos seguían escondidos, callados, esperando.

Como siempre.

Los fui a buscar. A ellas primero. Se habían metido las dos al baño del segundo piso.

De regreso, ya todos en el patio, se rieron a carcajadas, recordando las caras de susto, la mala elección de escondites, los traspiés al subir a toda prisa las escaleras.

Reímos con ellos.
Son muy graciosos mis amigos.
Y muy trabajadores.
Los quiero.

Pero esa noche ya no volvió a ser igual.

Tras la risa, apareció la inquietud, la preocupación, el miedo.
La música se calló.

Aquel instante cayó como advertencia: no hay que hacer ruido.

Hoy, viendo las noticias, pienso en ellos.
En ese día corriendo, asustados, por aquel apartamento de Madrid.
Riendo después.

Pienso en lo impensable de esa risa hoy, a este lado del Atlántico.

Acá: puertas forzadas, gritos, jalones.

Rodillas, caras, cuerpos contra el piso.

Manos atrás.

Basta pasar por el lugar equivocado.
El vecino que mira y señala.
El vecino que graba y acusa.
El vecino que insulta y que llama.

Y le llama ley.
Le llama orden.
Le llama seguridad.

Se normaliza.
Se justifica.
Se aplaude.

Y a mí me da asco.

En España, mientras tanto, desde hace unos días se habla de regularizar.
De conceder estatus legal a cientos de miles de personas que llevan años viviendo y trabajando allí sin permiso formal, aunque el Estado haya tardado demasiado en reconocerlo.

Esto les daría acceso a atención sanitaria y servicios básicos con mayor seguridad jurídica. A ellos y a sus familias.

No es generosidad.
Es inteligencia política.
Es justicia mínima.

Regularizar no es regalar nada.

Es reconocer, de una vez, que la economía ya depende de ellos: que cuidan ancianos y niños, cocinan, cosen, limpian, levantan ciudades, dignifican su sociedad.

No borra el racismo.
Pero deja de convertir la vida cotidiana en una emboscada.
Podría significar que el Estado deje de cazarlos.

Porque nadie cruza océanos y fronteras para vivir perseguido,como si migrar fuese un crimen y no un derecho.

En Estados Unidos, un Estado que proclama libertad persigue a quienes solo intentan sobrevivir.

La diferencia con España no es solo legal: es temporal.

Regularizar abre un futuro.

Las redadas suspenden el tiempo.

Obligan a vivir en un presente de amenaza constante.

No administran solo fronteras: administran el tiempo de la vida.

Deciden quién puede vivir con continuidad

-hacer planes, firmar un contrato, enfermar, envejecer-

y quién debe organizar su existencia en función de la huida.

Aquella noche en Madrid,

me quedó claro lo menos evidente.

El privilegio es no tener que interrumpir la vida.

Nosotros podíamos permitirnos bailar.

Ellos bailaban para persistir.

Nosotros nos quedábamos en el patio.

Ellos corrían.

No porque hubieran hecho algo,

sino porque su sola presencia

era una infracción latente.

No fue una excepción.

Así se administran los cuerpos, el movimiento, y el tiempo -siempre en suspenso-
de los sin papeles.

Que no se ofusquen

quienes aplauden al Estado cuando llama orden a las redadas,
ley a la persecución, y seguridad a la negación de derechos.

En el país del Hielo,

ahora mismo nadie es libre.