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Candidata del PIP para Isabela apuesta al ambientalismo

 

Especial para CLARIDAD

 

En entrevista con CLARIDAD, la aspirante a la poltrona municipal compartió su trasfondo, proyectos y visiones.

 

Hace muchos años, a la orilla del río Guajataca, existía un salón de actividades dentro del antiguo túnel del Tren de Circunvalación, con quioscos y negocios en sus zonas aledañas. Allí, donde el cuerpo de agua dulce divide Isabela de Quebradillas, se daban bailes, fiestas y encuentros de la comunidad frente al bramido del mar y bajo un sol que teñía de esmeralda el río desembocante. Ahora, tras múltiples cambios de mando, cunden los grafitis, musgos y muestras de abandono frente a un pueblo donde las inversiones extranjeras —en lugar de los intereses comunitarios— cobran fuerza. Así lo afirmó a CLARIDAD Bitita Plumey Banuchi, candidata a la alcaldía isabelina por el Partido Independentista Puertorriqueño (PIP).

Mira las condiciones en que lo tienen [el túnel]. Yo no sé hasta qué punto, ambientalmente, hay que dejar ciertos aspectos, pero esto se puede limpiar para mantener el área. Aquí bailaba la gente”, denunció Plumey Banuchi, quien ha residido en Isabela toda la vida.

La candidata por Isabela, quien figura como parte de una “competencia fraternal” dentro de la Alianza de País, aseguró que este espacio público e histórico tiene la capacidad de ser transformado en un lugar turístico, “con una pequeña oficina de turismo isabelino”. Incluso, la pipiola opina que los predios pueden servir de inicio para una ruta de senderismo.

“Esto es para que la gente pueda pasar, caminar, correr, venir por la playa y volver. Yo quiero rescatar a Isabela para los isabelinos y para Puerto Rico. Que todos lo puedan utilizar, pero de una manera segura y que no se lo regalen a los inversionistas”, declaró Plumey Banuchi, quien distingue la protección ambiental como uno de los pilares de su campaña por el municipio.

Según las denuncias de la candidata, los desarrolladores del Royal Isabela, una hospedería y parque de golf que queda en uno de los farallones isabelinos, han invadido otras partes de la costa contigua, en la playa del Pastillo. De hecho, un recorrido por el paso del antiguo tren devela unos pedruscos ingentes colocados como un muro a mitad de la vía.

“Las pusieron para impedir el paso. Fíjate en esas plantas espinosas al lado. Todo ha sido acomodado a propósito”, advirtió la también activista. “Colocaron esta muralla de rocas inmensas que obstaculizan la vía del tren. Esto es patrimonio nacional”.

Trasfondo

Bitita Plumey Banuchi comenzó su militancia dentro del PIP hace más de 40 años, cuando estudiaba en el Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico. En esos espacios académicos, conoció a Eduardo Tuto Villanueva y, por influencias del abogado, ingresó al partido.

“Esto era un tabú para mi generación. Ser independentista no era bueno. O sea, te tildaban de pelú, socialista; todas esas connotaciones, y más si eres una mujer. De un tiempo para acá es que uno ha podido liberarse”, compartió Plumey Banuchi respecto a su relación con la colectividad histórica. Asimismo, atribuyó este aumento reciente de tolerancia a la juventud y su “conciencia clara”.

Además de ambientalista e independentista, la pipiola reveló su carrera como sonografista médico, trabajo que ejerce desde que se graduó del Recinto de Ciencias de Médicas de la UPR.

“A mí me han llamado para trabajar afuera por tres o cuatro veces de lo que gano aquí, pero yo no me voy. Me quedo aunque no trabaje”, afirmó la activista, cuyo uniforme consiste en una camiseta de “PE ERRE”, un broche de Palestina y banderas patrias, de azules celestes.

En 2019, durante las protestas en contra de la gobernación Ricardo Rosselló Nevares, nació la compañera de protestas y denuncias de Plumey Banuchi, la marioneta Yayita. Una muñeca vestida de una camisa negra que lee “Soy boricua”. “Yayita Mi Isla”, nombre de pila del personaje, ha estado presente en el Campamento Pelícano, el “abrazo solidario por Ramona” y otros flancos de la justicia social.

Un Isabela para los isabelinos

Si bien Plumey Banuchi lucha contra el abuso ambiental, también contempla la conservación de los activos locales como una posible fuente de actividad comunitaria y económica, como en el caso de Ermita San Antonia de la Tuna.

Cercado por su propio deterioro y unas vallas despintadas, el templo bicentenario sirve de ícono para el barrio San Antonio; un poblado de promontorios tupidos y casas pintorescas. No obstante, las vallas, aunque inconexas, se extienden hasta las entradas montunas del río, adonde acudía la comunidad para aprovechar las aguas.

“¿A qué se te parece ese portón? Al mismo que está ubicado por la playa. Todo por no darle acceso a los residentes de esta comunidad, que tienen el derecho de aprovechar estos recursos”, alertó la candidata por la alcaldía isabelina. A pocas millas del poblado, más portones idénticos impiden el acceso a los terrenos baldíos de la playa Pastillo.

De acuerdo con El Nuevo Día, la compañía dueña del Royal Isabela —Costa Isabela LLC— tiene aproximadamente 960 cuerdas de terreno, incluyendo el litoral que recorre del río Guajataca hasta la Cueva de las Golondrinas, justo debajo de la hospedería.

“Hicieron lo mismo que allá [en el túnel]. Colocaron las mismas rocas en el mismo medio para que produzca un desagüe, un boquete que obstaculiza el acceso a esta playa”, agregó Plumey Banuchi.

Para la pipiola, el Municipio de Isabela ha estado “de brazos cruzados” para atender el asunto de los inversores. Previo a su candidatura, Plumey Banuchi se comunicó con el alcalde actual, Miguel Méndez Pérez (PPD), de quien recibió una respuesta ambigua que no esclareció la postura del municipio.

“El alcalde había dicho que estaba en contra. Le puso un papel [en el área] diciendo eso mismo, pero no hace ninguna gestión. Con ese cargo de poder no se puede esperar que, con una carta, todos hagan caso. Hay que presionar”, mencionó la sonografista médico.

En esa línea, recordó los tres cuatrienios del exalcalde Carlos Delgado Altieri, también del Partido Popular Democrático (PPD). Según Plumey Banuchi, esa administración de la pava propició, en un principio, una actividad socioeconómica en gran parte de la comarca isabelina. Con el tiempo, los “elefantes blancos” y los equipos desusados se convirtieron en la norma, como sucedió con el picadero municipal.

“¿Cómo le vas a exigir a un centro cultural que pida permisos para realizar actividades en la plaza? Eso es lo que están haciendo con la Casa de la Cultura Isabelina. Una institución que existe para promover la cultura del pueblo”, reclamó.

En ese sentido, la candidata planteó que los proyectos de las pasadas administraciones han servido para alimentar “el baile, la botella y la baraja”, las inversiones multimillonarias y nada en pro del aprovechamiento ciudadano.

Actualmente, la candidatura de Biotita Plumey Banuchi conversa, de forma amistosa, con la de contraparte del Movimiento Victoria Ciudadana. Incluso, ambas han dialogado sobre la posibilidad de unir fuerzas con los trabajadores del colegio electoral de cada campaña. Igualmente, Plumey Banuchi cuenta con un equipo municipal que incluye activistas, artistas y otros personajes sociales de Isabela.

A cinco meses de las elecciones, Isabela cuenta con una candidatura ambientalista, activista y dedicada al rescate de las comunidades.

 

 

 

Trampa cazabobos

 

Por Rosa Miriam Elizalde

 La administración Biden ha anunciado nuevas medidas para Cuba que eminentes analistas internacionales, usualmente en babia respecto al bloqueo estadounidense, han interpretado como un regalo al gobierno cubano. Según el comunicado del Departamento del Tesoro, solo el sector privado de la isla puede “abrir, mantener y utilizar de forma remota cuentas bancarias en Estado Unidos”.

Significa que esos ciudadanos, después de demostrar que no son comunistas ni tienen vínculos con el gobierno cubano, pueden usar plataformas de pago en línea de Estados Unidos, servicios en la nube y aplicaciones de Internet. Lo que no dice el Departamento del Tesoro es la verdad. Las nuevas medidas evidencian, como ninguna otra, el férreo bloqueo al ciberespacio para una Cuba acusada por décadas como “enemigo de Internet”.

Estados Unidos tiene la llave de los truenos de Internet y quiere aparecer ahora como una suerte de perdonavidas a cuentagotas sobre el cacareado derecho al libre flujo de información.

El “experto” estadounidense Larry Press acuñó en 2011 la frase el “dilema del dictador” para criminalizar a La Habana, acusándola de necesitar el acceso a la red, pero padecer un miedo ancestral al libre flujo de la información. “El dilema del dictador”, en síntesis, no es arriesgar cierto vínculo político con la esperanza de que el sector privado acabe con Troya utilizando internet, y luego llegue la solución: los marines desembarcando en el Malecón de La Habana. Un juego de bobos con Internet. Por tanto, la única solución de los halcones del Norte para exorcizar ese mantra es dar acceso a red de redes en Cuba, tipo Glasnot digital, sin que se revierta en beneficio a la “dictadura cubana”.

La receta de Washington no es nada fácil cuando se le aplica a esta isla y la sagrada escritura de Larry Press se ha convertido en un bumerán para Washington, que no tiene cómo liberar el acceso a las tecnologías de la información y las comunicaciones (TICs) para Cuba con el mayor beneficio posible para el Norte y sin daño colateral a la politiquería interna. Es decir, el administrador de turno en la Casa Blanca, aunque no quiera, tiene que levantar al menos un ápice del enjambre de medidas coercitivas del bloqueo. Por ejemplo, Facebook, X, Apple y etcéteras tienen que desbloquear sus sistemas de anuncios para los cubanos y adivinar quién es miembro del Partido y quién trabaja en una funeraria, que es un servicio público.

Por tanto, el anuncio reciente del Departamento del Tesoro de la administración Biden es un informe “cazabobos”. Hasta el plan de Trump conocido como “Cuba Internet Task Force”, de 2019, irónicamente reconocía las inconsistencias de la política de Internet para Cuba debido a la incertidumbre causada por los continuos cambios del sistema regulatorio de Estados Unidos para Cuba. Es muy difícil que cualquier anuncio sea creíble debido a que está sometido a los vaivenes políticos de la Casa Blanca en su relación incestuosa con la Florida para lograr el objetivo estratégico de derrotar la Revolución iniciada en 1959.

No hay que ser un experto para darse cuenta de que la hoja de ruta ciberespacial del gobierno sigue el camino trillado de mantener su estrategia para Cuba en el juego siniestro del bloqueo digital y de la guerra cognitiva, que busca resetear el cerebro de los cubanos para que la isla se derrumbe por sus propios pies.

El gobierno de Estados Unidos no ha comprendido todavía que el desarrollo de las TICs en Cuba no le debe absolutamente nada a Obama, ni a las rendijas del bloqueo en más de 60 años. Ha sido fruto de la Revolución y un triunfo de su política de soberanía digital y del talento extraordinario del pueblo de Fidel Castro. Y eso ha sido posible gracias al acceso pleno a la educación y a la cultura, a pesar de las múltiples carencias, limitaciones y hasta errores propios, con el añadido imperdonable de las sanciones estadounidenses.

Un vocero del Departamento de Estado, recientemente, se asombró del alcance tan amplio de las medidas de lo que ellos llaman “embargo”, cuando le preguntaron por el amplio régimen de sanciones contra la nación caribeña. Él se refería a la trama leyes casi blindadas en miles de artificios para cercar a Cuba, cuando decidieron sacar a la isla de la lista de países que no cooperan con el terrorismo, pero sigue en la otra, la lista de los que patrocinan el terrorismo. Puro circo.

Esa increíble lista de sanciones convierte en puro humo cualquier “medida” para “mejorar” la vida y dar permiso a los cubanos (léase aquellos del sector privado) a las tecnologías autorizadas ahora por el Departamento del Tesoro. Lo que acaban de descubrir los políticos amnésicos de Washington es la cantidad de restricciones y prohibiciones a herramientas, servicios y aplicaciones de todo tipo en el ámbito digital accesibles, incluso para países también incluidos en la lista de naciones que apoyan el terrorismo. La pregunta lógica, en caso de que una pudiera estar en la conferencia de prensa del vocero departamental, sería simple: ¿Cuánto más estarán prohibiendo que desconocemos?

Es infinita la capacidad que tienen los hacedores del bloqueo para determinar milimétricamente qué tecnología impedirle a Cuba para su desarrollo. Lo han hecho muchas veces: anuncios que han sido imposibles de cumplir por las restrictivas sanciones. Por ejemplo, Oracle puede decidir vender supercomputadoras al sector privado a más tardar mañana, pero sus abogados le dirán que hay otras diez leyes que lo impiden, además de mantener a la nación caribeña en la lista de países patrocinadores del terrorismo. En la práctica, Oracle no arriesga su mega-negocio por un señor dueño de una mipyme (micro, pequeña y mediana empresa en Cuba).

Nadie se va a arriesgar a hacer nada que después sea interrumpido, con el consecuente daño de tiempo, dinero y politiquería. Es decir, sean serios señores de la Casa Blanca y demás agencias, ¡hasta cuándo la trampa cazabobos!

Reproducido de www.cubadebate.cu

La justicia que nos toca adjudicar

Era de esperarse. El lunes 10 de junio de 2024, el Tribunal Supremo de Puerto Rico decidió descalificar a los aspirantes por acumulación del Movimiento Victoria Ciudadana (MVC), la Representante Mariana Nogales Molinelli, Gladys Myrna Conty, el Senador Rafael Bernabe Riefkohl y Alejandro Santiago Calderón. La decisión del más alto foro judicial de Puerto Rico revierte el fallo del Tribunal de Apelaciones, que a su vez había revocado la decisión de descalificar a los candidatos del Juez Anthony Cuevas, del Tribunal de Primera Instancia.

Hace tiempo que la cultura política de Puerto Rico se vale de instrumentos jurídicos para limitar las alternativas democráticas que amenazan con desestabilizar el régimen de partido único que suponen las administraciones clientelistas del PNP y el PPD. La persecución política de la Representante Mariana Nogales por parte del Panel sobre el Fiscal Especial Independiente (PFEI) es tan sólo el más reciente y burdo ejemplo de cómo se hace uso de la ley para hacerle la guerra jurídica (lawfare) a personas que representen amenazas para la hegemonía clientelista del país y sus representantes en el bipartidismo.

El argumento de quienes regocijan con la noticia varía levemente en grado de sofisticación, pero, para sorpresa de nadie, el raciocinio de lxs jueces (en su mayoría nominadxs por el PNP) no se distingue en sustancia de las tautologías que se escuchan en la calle. Esencialmente gira en torno a la máxima “la ley debe aplicársele a todos por igual”. Ahí precisamente radica el meollo del asunto.

Según se ha visto en los tribunales, lxs candidatxs que se acogieron al método alterno que permite el Código Electoral de Puerto Rico de 2020 recibieron una notificación del sistema electrónico que indicaba que la alternativa de no recoger endosos era válida: “Si su partido ha sido acogido por el método alterno de selección según el Código Electoral de Puerto Rico de 2020 no es requisito presentar peticiones de endosos”. Así lo reconoce la opinión disidente del Juez Asociado Estrella Martínez. Vale preguntarse cómo es posible aplicar la ley a todos por igual si el mismo sistema mediante el cual se tramitan las candidaturas (SIEN) le provee información que contradice la ley a algunxs candidatxs. Además, vale preguntarse cómo el Artículo 7.11 del Código no se presta para malinterpretar la ley, ya que da la impresión de proveer una alternativa al Artículo 7.15 del mismo Código. Ni mencionarse la extralimitación de añadirles requisitos a candidatxs que no están explícitamente delimitados en el Código. Ni pensar en los antecedentes históricos que han avalado métodos alternos.

Es crucial que reflexionemos más allá de la ardua tarea estratégica que tiene la Alianza de cara a las elecciones generales, más allá de la reorganización estructural necesaria para acogerse a la nueva imperativa de los endosos y aún más allá de las interpretaciones del gremio “letrado”. Se nos va la vida en ello, porque ya hemos visto adónde nos ha acorralado un país pensado por nuestrxs ilustres licenciadxs.

La oración que abre la opinión del Juez Asociado Kolthoff Caraballo, “Justicia es aplicar la ley de la misma forma a todos aquellos que se encuentren en las mismas circunstancias” es particularmente risible, ya que resalta la deshonestidad y la irónica estrechez intelectual que aqueja a la claque togada del país.

Es obvio que, por una parte, si se tratara de aplicar la ley de la misma forma a todo el mundo, el Departamento de Justicia, el PFEI, los tribunales nacionales y extranjeros y toda la clase jurídica se ahogarían en una marejada de casos criminales por la ineptitud y corrupción de los políticos y funcionarios del bipartidismo.

Resulta cómicamente claro que quienes claman justicia a los pies de una rama de gobierno nominada por sus colegas no se encuentran “en las mismas circunstancias” que quienes no tienen el privilegio de representación ante lxs finales e infalibles. No somos iguales ante la ley ni los mecanismos jurídicos o policiales del país, y cada puertorriqueñx es agudamente consciente de esa realidad: desde las víctimas de violencia de género, a las comunidades que sufren desproporcionadamente los embates de la corrupción y la ausencia del Estado, a quienes no tienen los recursos para resistir el desplazamiento ilegal, hasta las destrucciones del medio ambiente de las que dependemos para subsistir. Siguiendo la definición miope de Kolthoff Caraballo, debe concluirse que en Puerto Rico no existe la justicia.

Por otra parte, la determinación menoscaba aún más la ya erosionada confianza en el sistema electoral de la colonia. Por vía jurídica, en nombre de nuestras virtuosas leyes, no habrá que tomar ninguna decisión en noviembre, porque nuestrxs ilustres ya la tomaron por nosotrxs. Evidentemente, en Puerto Rico no existe otra justicia política que no sea aquella que se adjudica desde la calle.

Mientras más se insiste en celebrar una tradición de ley y orden, más se evoca nuestra atropellada historia jurídica. Mientras más se martilla con el mazo, más se resquebraja la frágil construcción de que nuestra clase gobernante es capaz de emitir justicia. Retumba el mazo y se propaga la desposesión de las masas y sus posibilidades de incidir en el simulacro de democracia. Resuena el mazo como sonó a nombre del ELA. Truena el mazo como ha tronado en defensa de PROMESA. Se nos taladra en la memoria colectiva el mazo del Partido Único, el que ordena que sigamos por el buen camino que llevamos, en el que todxs somos iguales.

¿Qué martillo forjaremos para reventar este espejismo? ¿Qué estruendo será capaz de acabar con la tranquilidad de la tiranía?

A las criollas no les gustan los besos a la francesa, reporta Monsieur de Saint-Méry

Andaba por ahí buscando información sobre las enfermedades en el Santo Domingo de la época colonial, y allí, en el estante, paradita, estaba la Descripción de la isla de Santo Domingo, de Monsieur Mederic Louis Élie Moreau de Saint-Méry (1796-1798).

Lo conocía de antes, ya que es un documento fundamental en la historia colonial nuestra. Cubre descripción (topográfica, física, civil, política e histórica) de ambos lados de la isla. Pero no creo que lo había leído con atención. Al igual que “La idea del valor de la isla española” de Sánchez Valverde, y probablemente por los mismos motivos, el volumen de Saint-Méry contiene sobre todo mucha geografía. Las historias sobre los duelos entre los corsarios y los colonos del lado español resultan de mayor interés, ya que completan la narrativa del sismo que dividió la isla en dos. En nuestra media isla, solo se escucha la mitad de la historia.

Sobre las enfermedades de la época en el Santo Domingo español, no había mucho. Según Saint-Méry, eran pocos los males circulantes, y esto se debía a la sobriedad general de la gente. Apunta como las enfermedades más corrientes las fiebres malignas y las pleuresías, y cuenta que, como no se practicaba la inoculación, las viruelas malas hacían verdaderos estragos. También apunta que había lepra, y que los españoles, en despliegue de apabullante ahistoricidad, la atribuían a América.

Hay que señalar que Moreau de Saint-Méry era, además de francés, caribeño. Proveniente de familia martiniquense de medianos medios, se casó bien y logró convertir una pequeña herencia familiar en una carrera legal y política espectacular en París. Llevaba sus simpatías por la ilustración en la mano derecha, y en la izquierda, profundo desdén hacia los derechos naturales del hombre. Como abogado, arguyó que el código francés estaba bien para Francia, pero no era aplicable a las realidades de las colonias y al contexto de la esclavitud, y ciertamente, nada aplicable a los esclavos que su familia poseía. Se posicionó como miembro del parlamento francés, eventualmente fue nombrado presidente del Museo de París. Viajaba mucho entre Francia y el Caribe, hasta que le tocó salir huyendo durante la revolución francesa. A su regreso a Francia, entró como historiador del ejército. Napoleón lo nombró administrador en la campaña de Parma, pero lo despidió por una revuelta mal manejada, y solo cierto parentesco con Josefina le protegió el pescuezo. En una ocasión, Napoleón regañó a Saint-Méry con aspereza, mientras trataba de argumentar que otros lo habían hecho quedar mal por su excesiva rectitud: “Sire, no pido que se recompense mi rectitud; sólo suplico que sea tolerada”. Cuentan que Napoleón le contestó que se despreocupara: “Esa enfermedad no es contagiosa”.

Una sale a buscar una cosa, y se encuentra con otra

En el tomo sobre la parte francesa de la isla, Monsieur Mederic Louis Elie, fiel a su postura legal sobre la esclavitud, se dedica a fundamentar la llamada aristocracia de la epidermis, proponiendo ciento veinte y ocho divisiones raciales de mestizaje, incluyendo la distinción, hoy en día olvidada, entre un grifo y un sacatrá. No le interesaban ni la igualdad, ni las semejanzas. Solo las diferencias. El tomo sobre la parte española de la isla está enfocado en contrastar el Santo Domingo español con el Saint Domingue Français.

Encuentra la parte francesa superior en todo rubro, incluyendo la vivienda, los caminos, la moda, la comida, el empleo de los días, y el que las leyes sobre la esclavitud estuvieran muy descuidadas en la parte española. A los criollos españoles los juzga religiosos, pero concluye que solo por hipocresía, y declara que su hábito de siesta es “costumbre favorita de una nación perezosa”. Saint-Méry rechaza tajantemente la idea de que los criollos de pelo lacio tuvieran sangre indígena, ya que, como se sabe, esa raza desapareció por completo de la isla.

Lo más notable, notorio y espectacularmente trasnochado de la crítica de Saint-Méry al Santo Domingo español es su descripción de las mujeres criollas. Comienza por contar que en Santo Domingo las mujeres no vivían recluidas, como en España, y solo usaban velo o mantilla cuando iban a misa. Si las mujeres eran distinguidas comme il faut, es decir, como dios manda, la mantilla era de estameña negra y seda. Luego se dispara: “Las criollas españolas no deben sus encantos sino a la naturaleza, que parece ser avara con ellos, como si temiera prodigarlas inútilmente. Todo lo que la sociedad de las mujeres amables tiene de delicioso, es cosa ignorada por los criollos de Santo Domingo. El amor solo aproxima allá a los dos sexos, pero no ese dote o amor delicado que es herencia de otro pueblo”. Traducido al dominicano, dice que las criollas son feas, sin gracia, y que solo sirven para la cama. Fiel a su interés en las ciencias naturales, pasa a la descripción física: “son generalmente muy gruesas […] la elegancia y la esbeltez del talle es una gracia que ellas ignoran, así como los del tocador”. Se escandaliza con su hábito de mascar tabaco, que amarillea la blancura de los dientes: “Las criollas españolas pretenden que esa costumbre les evita contraer el escorbuto”. Para Saint-Méry, habían dos clases de mujeres, las deliciosas, y las otras, no deliciosas ni delicadas.

Aun dentro del tono general del texto, me sorprende la vehemencia de su crítica a nuestras criollas. No soy hombre, y poco entiendo la lógica de la mirada masculina, pero mis hijos, cuando los llevaba a Santo Domingo de chiquitos, me preguntaban que por qué las mujeres allá eran tan bonitas. ¿Qué mosca le habrá picado a Mederic Louis Elie?

Sigo leyendo y me encuentro con la siguiente línea: “Las criollas españolas no se dejan ni besar ni abrazar a la francesa, y encuentran que nuestra costumbre es poco delicada.” ¡Qué personaje este, Moreau de St. Méry! Lo busco en Wikipedia, y veo que tenía una cara de sapo blancucho y los pelos en retirada, y una panza que le amenazaba los botones de la chaqueta. Mi método carece del celo empírico y la modestia interpretativa del historiador. Yo indago por la ruta de la curiosidad y la imaginación. El instinto telenovelesco se dispara, y visualizo en technicolor y sensurround full una escena de seducción fallida: Saint-Méry acercándose a una criolla del campo, vestida de amarillo y sin corset, de piel canela clara y sin velo, hermosa y sin afeites, que no se impresiona con su pedigrí de funcionario, ni le acepta besos a la francesa. La descripción entera de una media isla, flotando en un archipiélago alucinante, hecha por un escritor alucinado, se ilumina con el áspero relámpago del rechazo de una mujer que no era una de las damas comme il faut.

Representaciones de Estados Unidos en el siglo 19 puertorriqueño: caminos del 1868

La discursividad respecto a Estados Unidos y los usos de su imagen por los proponentes del Informe sobre la abolición inmediata de la esclavitud en la isla de Puerto Rico de 1867 presenta problemas interpretativos. Una alianza entre los abolicionistas radicales procedentes del separatismo y los del liberalismo reformista gradualista no podía ser duradera. La Junta Informativa había sido convocada para, en lo social, discutir la situación laboral y no la abolición. Desde mi punto de vista había algo de maniobra en el reclamo común. Es posible que los representantes imaginaran que exigiendo lo máximo podrían conseguir lo mínimo. En realidad, la proposición esperaba colocar al esclavismo español y a su institucionalidad contra la pared a sabiendas de que su objetivo no se cumpliría.

Fragilidades: ¿Cómo alcanzamos la modernidad?

La alianza entre los liberales reformistas y los separatistas planteaba una serie de contradicciones. Utilizaban a Estados Unidos como modelo modernizador a la vez que lo esgrimían como un arma para chantajear a España al mostrarlo como una amenaza a la permanencia de aquella en el hemisferio. Suponer que al abolir la esclavitud en Puerto Rico se evitaría la intervención de aquel país en los asuntos españoles no era creíble. No fue la única ocasión que se recurrió a ese argumento trivial. La situación recuerda la de 1897 cuando muchos autonomistas y conservadores imaginaban que, imponiendo a toda costa y sin el debido proceso parlamentario una carta de derechos, una ley electoral y una autonomía colonial moderada, se evitaría la intervención de aquel país en el conflicto cubano.

La alianza táctica de 1867 era tan quebradiza como las bases en las cuale se sostenía. El afán modernidad de unos y otros era el mismo. Los abolicionistas liberales reformistas o especialistas confiaban en alcanzarla al lado de la España liberal monárquica o republicana, y en que esta nueva entidad, una vez consolidada, reconocería la igualdad con la que aquel sector ideológico fantaseaba.

Los abolicionistas separatistas independentistas sostenían que, al lado de España, monárquica o republicana, nunca seríamos modernos y por eso confluían en invocar la amenaza estadounidense para espolear el cambio. No empece, reconocían al menos dos cosas. Por un lado, que la abolición no era todo el contenido de lo “moderno”; y, por otro lado, que esa y cualquier otra reforma sería más accesible fuera del control de España.

La representación que cada sector se había elaborado sobre España estaba en los extremos opuestos. El contraste entre españolizar (asimilar) o desespañolizar (separar) era el núcleo del diferendo y un dilema sin solución.

Betances Alacán apostaba a la “desespañolización, una metáfora razonablemente parecida a la “descolonización”, como respuesta a la incapacidad de España de adelantar el progreso de Puerto Rico [1]. En cierto modo, la “desespañolización” material y espiritual, ante el fracaso de los proyectos rebeldes de 1868 en Lares y Yara, acabó por vincularse a la confederación antillana, un proyecto compartido por separatistas independentistas y anexionistas que apenas germinaba en 1867. Para los independentistas, aquella meta se garantizaría intensificando las relaciones con la Europa avanzada. Para los anexionistas, intensificando las relaciones con Estados Unidos. La representación de aquel país en uno y otro territorio era disímil.

Rupturas de un proyecto de liberación

La convergencia ideológica entre reformistas liberales y separatistas terminó poco después del fin de la Junta Informativa de Reformas por cuestiones que no se circunscribían a la cuestión de la esclavitud y su abolición. Las porfías tuvieron que ver con un desacuerdo en cuanto a la táctica y la estrategia a seguir a la hora de adelantar ese y otros cambios. En cuanto al asunto de la esclavitud, los separatistas acabaron por asumir que la abolición solo sería posible de la mano de la independencia. En cuanto al cambio político, se consideró que, para concretar el rompimiento con España, habría que recurrir a la lucha armada. Como era de suponerse, usaron el fracaso de la Junta para estimular, sin éxito, la radicalización de los liberales reformistas. Aquel era un sector resiliente que confiaba en la España liberal y cuyos postulantes no estaban dispuestos a confrontarla fuera del marco de la legalidad. La mítica reunión en la finca “El Cacao”, propiedad de Luis Gustavo, hermano de José Julián Acosta en el verano de 1867, fue el escenario de una ruptura que dejó a los separatistas aislados de un importante segmento de los liberales [2].

La vigilancia sobre los firmantes del Informe… y el hecho de que Ruiz Belvis tomase la decisión de evadirse del país a fin de articular con Betances Alacán una conjura separatista independentista, opción de la que hicieron depender la abolición radical de la esclavitud en adelante, abrió un abismo entre ambos sectores. El nacionalismo político de la década de 1920 y 1930, ante el imperialismo estadounidense, trató sin éxito de subsanar aquella fisura.

Tras el rompimiento, cuando los separatistas llamaban la atención sobre la esclavitud, lo hacían con el propósito de adelantar la independencia y, de paso, confirmar la distancia que los separaba de los liberales reformistas. Ese sector acabó por rechazar cualquier colaboración con los separatistas por su disposición a apelar a la violencia y no porque estuviesen menos comprometidos con la abolición.

En cierto modo, la abolición de la esclavitud en 1873 desmintió a los separatistas al demostrar que una abolición gradual y conservadora era posible. El acto estimuló la reanimación de la fe en la España liberal y su capacidad para conducir a la colonia por la ruta del progreso y los moderó aún más, redirigiéndolos del asimilismo al autonomismo. La diferencia de estas tendencias en el seno del liberalismo no eran muchas. Una y otra asegurarían que Puerto Rico seguiría siendo español y mantendría una distancia segura de Estados Unidos, considerado un excelente socio económico del cual había que mantener cierta distancia política. El “autonomismo asimilista”, que fue lo que se impuso en 1897, fue una expresión política más del integrismo de buena fe que caracterizó al liberalismo en general [3].

El hecho de que el Informe de 1867 se hiciera público en 1870 en Madrid en un impreso del Establecimiento Tipográfico de R. Vicente y que circulara entre el exilio antillano confirma su transformación en una pieza de carácter propagandístico [4]. El volumen, que fue producido por un editor respetable, demuestra que la abolición radical era un eje fundamental para la cohesión del separatismo en general, fuese este defensor de la independencia o de la anexión. La presencia de dos voces liberales reformistas en la portada solo servía para recordar que la alianza con aquellos había terminado.

Otro punto de disenso entre los abolicionistas liberales reformistas y separatistas entre el 1867 y el 1873 fue el asunto de la indemnización. Dentro del lenguaje liberal, la “indemnización” no era otra cosa que una compensación por la pérdida de una propiedad reconocida como “legítima” por un orden que procedería a “ilegitimarla”. Desde la perspectiva del derecho, la abolición no era más que una expropiación forzosa. Dado que se asumía que la retribución por la pérdida de un bien de capital (el esclavo) se reinvertiría en la modernización de la industria para hacerla más competitiva en un mercado en el cual los azucareros iban en retroceso, el estado debía estar dispuesto a concederla y los ex-esclavistas dispuestos a recibirla. Es probable que, incluso los abolicionistas más convencidos de que la emancipación era un acto humanitario o filantrópico, estuviesen tan ansiosos por obtenerla como los conservadores. Pero la “indemnizaciónequivalía a aceptar que el esclavo era una res o cosa, un bien de capital más. La compensación serviría para comprar tecnología, adelantar la centralización de la producción cambiando las condiciones del mercado y mitigar los costos de la mano de obra en el marco del trabajo libre, plazas que habrían de ocupar los libertos, un nuevo jugador en el entramado de la sociedad puertorriqueña.

Al recorrer aquel proceso, dos asuntos han sido pasados por alto una y otra vez. Primero, la tendencia de los liberales reformistas y separatistas en 1867 a idealizar la mano de obra libre como signo de progreso de carácter igualador y benefactor. Segundo, la propensión a edulcorar las condiciones de vida social de los trabajadores libres en el contexto de Estados Unidos, así como a celebrar su vida económica y social. En cierto modo, daban crédito a un tipo de “sueño americano” propio de su tiempo.

Este no es el lugar para discutir la situación de la clase obrera en aquel país en el último tercio del siglo 19. Solo haré un par de observaciones al respecto. En un valioso estudio sobre la historia del terrorismo, el historiador alemán Walter Laqueur (1921-2018), al comentar la evolución de la violencia y su relación con el anarcosindicalismo y los conflictos laborales en aquel país, no vacilaba en afirmar que “casi desde sus inicios, las disputas laborales en Estados Unidos fueron más violentas que en Europa” [5]. El apunte se hacía a la luz de la experiencia de los Molly Maguires irlandeses en la década de 1870 vinculados a la industria minera y la bomba de Haymarket en 1886 en Chicago. De otra parte, la movilización de las fuerzas armadas contra trabajadores en huelga era común. Ya se sabe la tarea que en ese ámbito cumplió el General Nelson A. Miles (1839-1925) entre mayo y junio de 1894, en medio de un conflicto en la industria ferroviaria Pulmann a las afueras de Illinois que tanto afectó el tráfico ferroviario en el medio oeste de Estados Unidos [6]. En general, la utopía moderna, en lo que al trabajo y los trabajadores se refería, poseía dos rostros.

Notas:
[1] Adriana María Arpini (2008-2009). “Abolición, independencia y confederación. Los escritos de Ramón Emeterio Betances, El Antillano” en Cuyo. Anuario de Filosofía Argentina y Americana 25-26: 189. He discutido el tema de la desespañolización en Mario R. Cancel-Sepúlveda (2023), “Otros Betances: intersecciones y fronteras”, en Puerto Rico entre siglos. URL: https://puertoricoentresiglos.wordpress.com/2023/06/15/otros-betances-intersecciones-y-fronteras/.
[2] Germán Delgado Pasapera (1984) Puerto Rico sus luchas emancipadoras (Río Piedras: Cultural): 118.
[3] Sobre este asunto puede consultarse Manuel Elzaburu Vizcarrondo (1971), Prosas, poemas y conferencias (San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña): 7, 274-306. Aquí, “autonomía” y “armonía”, en el sentido que le adjudicó Auguste Comte (1798-1857) a ese concepto, son considerados sinónimos.
[4] Segundo Ruiz Belvis, José Julián Acosta y Francisco M. Quiñones (1870) Informe sobre la abolición inmediata de la esclavitud en la isla de Puerto Rico (Madrid: Establecimiento Tipográfico de R. Vicente).
[5] Walter Laqueur (2003) Una historia del terrorismo (Barcelona: Paidós): 48, 96-98.
[6] Remito al interesado al breve relato de Nieve de los Ángeles Vázquez (2023) El Jefe: populismo y corrupción en el Puerto Rico de 1898 (Edición de la autora): 67-68.