Inicio Blog Página 342

CLARIDAD: Seis décadas y media después

Carmen Ortiz, Presidenta Junta Directiva CLARIDAD

 

 

CLARIDAD

Desde su fundación en 1959, el Periódico CLARIDAD irrumpió en el ambiente mediático de Puerto Rico con dos misiones claras. La primera, para servir como instrumento organizativo del Movimiento Pro Independencia (MPI) de Puerto Rico, fundado el mismo año que el semanario histórico. La segunda, para dar cauce a todo lo que adelantara la lucha por la liberación del país.

Para Carmen Ortiz Abreu, presidenta de la Junta Directiva de CLARIDAD, esas dos misiones ideológicas han sido, desde su concepción, estandartes del periódico más longevo en circulación nacional. Rasgos imprescindibles de un medio que, por las pasadas seis décadas y media, también han sido constantes en todo el quehacer del medio. Para repasar esas efemérides, Ortiz Abreu conversó con la redacción, a poco más de un mes del 50mo Festival en Apoyo a CLARIDAD.

“CLARIDAD es una publicación independentista desde el día uno, y esa naturaleza de publicación independentista ha seguido firme en todas las etapas de la nueva lucha por la independencia. Siempre con una lealtad primordial a la verdad de lo que nosotros entendemos y comprendemos que pasa en Puerto Rico”, compartió Ortiz Abreu.

Pero esa verdad que informa el periódico, aclaró Ortiz Abreu, se aleja de las “supuestas subjetividades e imparcialidades” que publican otros medios. En cambio, el semanario trabaja para divulgar “la verdad que confrontamos todos los días”, un enfoque que ha destacado a CLARIDAD a través del tiempo como un medio fiscalizador.

“Cuando en Puerto Rico no se hacía periodismo investigativo, CLARIDAD fue el primer periódico que rompió noticias, haciendo reportajes extraordinarios de periodismo investigativo. La corrupción gubernamental, los contratos ilegales. Desde los años ‘90, CLARIDAD publicó portadas de cómo los bonistas que venían a prestarnos dinero eran, en realidad, los que estaban comprando el país”, recordó Ortiz Abreu.

Carmen Ortiz Abreu, Presidenta Junta Directiva CLARIDAD. Fotos Alina Luciano/2025

Además, esa inclinación editorial del semanario, enmarcada en una época altamente represiva y censuradora, permitió que CLARIDAD fungiera como foro pionero en temas como el ambientalismo. Como si la estuviera viendo, Ortiz Abreu evocó la portada del periódico que plasmaba a un vecino de Juncos sacando, de una quebrada, termómetros llenos de mercurio. La causa: cuando la fábrica de Becton Dickinson en Juncos desechó, al agua, miles de medidores con azogue.

“Esa noticia la sacó CLARIDAD”, comentó, no sin cierto orgullo, la presidenta de la Junta Directiva.

“María Aurora Villarini fue la primera periodista ambiental de Puerto Rico, en CLARIDAD. Después siguió Carmelo Ruiz Marrero y, ahora, hemos seguido siendo consistentes. Nadie explora con tanta minuciosidad, los crímenes ambientales aquí y las propuestas para despojarnos de nuestras costas”, resaltó Ortiz Abreu.

Retos de un periodismo independiente

 No obstante, mantener un medio como CLARIDAD ha implicado resistir a mucha opresión por parte del Estado. Con censuras, persecuciones, bombardeos, tiroteos, sabotajes y hasta una criminalización generalizada hacia el independentismo, el periódico ha tenido que lidiar con ser objeto de una narrativa antiindependentista. Sobre todo, elaboró Ortiz Abreu, en el sentido económico.

“CLARIDAD ha sido, en parte, una cosa de dos vías. Nosotros no comprometemos nuestra integridad editorial con nadie. Nosotros no vamos a decir lo que no es porque nadie nos pague. Nosotros vamos a decir la verdad como la vemos, independientemente de quien nos financie. Por lo tanto, nunca hemos tenido ningún gobierno, ninguna fundación millonaria, ningún gran anunciante (como patrocinador)”, aseguró la también exintegrante del Partido Socialista Puertorriqueño (PSP).

La segunda vía de resistencia, agregó Ortiz Abreu, es la más complicada. Con posturas acérrimas que retan narrativas dominantes- engranadas en una colonia impulsada por el sensacionalismo publicitado- la situación económica de CLARIDAD siempre ha sido, según chistó Ortiz Abreu, “un milagro semanal”.

“A nosotros nos llamaban el milagro semanal, porque la gente no se explicaba cómo podíamos sacar el periódico dentro de las circunstancias en que estábamos operando. Ha sido a base de un sacrificio enorme, de cientos y cientos de hombres y mujeres a lo largo de estas seis décadas y media”, reconoció la presidenta de la Junta Directiva.

Entre las adversidades que asediaron al semanario, no faltaron los allanamientos de Agentes del Servicio Secreto (1971), detonaciones de bombas en sedes antiguas (1973) e incluso el incendio de una impresora (1973).

A pesar de todas las peripecias que ha enfrentado el semanario, reparó Ortiz Abreu, CLARIDAD siempre ha encontrado la forma de reinventarse. En un escenario pospandémico y digitalizado, eso conllevó:

  1. Sustituir la impresión semanal por la página web del semanario.
  2. Lanzar el formato ISSU (impreso digitalizado) que los suscriptores reciben semanalmente por correo electrónico.
  3. Crear la edición mensual, también para suscriptores.

En ese nuevo esquema, el rol de CLARIDAD cambió de ser un medio investigador a un mediador de noticias. Un rol que, de acuerdo con la activista independentista, es necesario dentro del sobre estímulo mediático.

“Ahora somos un mediador para explicarle a nuestro país qué hay detrás de todas esas noticias inconexas que leen en los periódicos. Ahora, cada quince minutos hay noticias nuevas y se cambian las páginas webs de los diarios. ¿Cómo tú haces sentido de ese bombardeo constante de noticias? Esa es la tarea que CLARIDAD está haciendo: nosotros explicamos la crisis y el colonialismo puro y duro que hay detrás”, acotó Ortiz Abreu.

A juicio de la colaboradora, mientras algunos noticieros compiten por obtener la primicia de un evento o ser los más inmediatos en informar, CLARIDAD ocupa un espacio de “explicador” que, frente a la amenaza de la desinformación, ofrece discernimiento.

De cara al futuro, Ortiz Abreu apuesta a que, con herramientas como pódcasts y otros métodos de comunicar,  CLARIDAD atraiga a lectores jóvenes ávidos por conocer la historia de Puerto Rico.

50 años del Festival de CLARIDAD

Primer cartel del Festival en 1978. Héctor Escalante

El Festival en Apoyo a CLARIDAD se ideó, en la década de 1970, por los fundadores del periódico. Inspirados por un festival que montaba el periódico Le Monde, de Francia, los directores de entonces se entusiasmaron con la idea de alcanzar la ciudadanía desde un espacio para compartir. El año en que nació el festival, 1973, dio paso a otras fechas neurálgicas del rotativo.

“El MPI había crecido, se había fortalecido. CLARIDAD había crecido. Se vendían periódicos por todo Puerto Rico, teníamos una ruta patriótica. Los militantes vendíamos CLARIDAD en las luces, en los centros de trabajo, hasta en las esquinas de las calles de Nueva York”, rememoró Ortiz Abreu.

En esa década fragorosa, CLARIDAD “cruzó el charco” a estados como Nueva York, Nueva Jersey, Connecticut e inclusive California. En 1972, el semanario se convirtió en un medio bilingüe, coincidiendo con el estreno de CLARIDAD como diario en 1974. Cinco años después, la edición bilingüe dejó de circular.

“Para hacerlo diario, se amplió. Se creó la sección de Deportes y se creó En Rojo. Por eso es que En Rojo cumplió ahora 50 años. En 1974 nace En Rojo, y se lanza CLARIDAD diario en noviembre de ese año”, enumeró la presidenta de la Junta Directiva. Del mismo modo, agradeció las aportaciones de personas como Gervasio Morales, primer director del En Rojo; Elliott Castro y Jaime Córdova, fundadores de la sección de Deportes.

Por igual, Ortiz Abreu narró aquel primer Festival de CLARIDAD en que Domingo Vega fue endilgado con armar el encuentro cultural. En un primer intento, el entonces administrador de la fiesta y el periódico encontró y acordó utilizar una propiedad amplia de un sindicato, en la carretera de Río Piedras a Caguas. Ya concertados los permisos, el gremio rescindió el acuerdo una semana antes de la celebración. Vega, trabajando desde la sede del periódico en Villa Capri, identificó varios solares vacíos en los predios.

“Por los festivales pasó la flor y nata del país. Gary Núñez, Sunshine Logroño, Andrés Jiménez, Roy Brown, El Topo. Lucecita Benítez abrió nuestro festival, Pellín Rodríguez cantó en el festival, Andy Montañez lleva no sé cuántos años cantando en nuestros festivales. Los festivales siempre fueron diferentes. Nosotros teníamos esas tarimas encendidas”, evocó Ortiz Abreu. Este año, el Festival en Apoyo a CLARIDAD dará fecha del 24 al 27 de abril, en los predios del Estadio Hiram Bithorn.

Como parte de un esfuerzo para difundir la historia de CLARIDAD, indicó Ortiz Abreu, el semanario ha expuesto el documental “Hasta la victoria de la idea” en lugares como Cayey, Caguas, Mayagüez, Arecibo, Ponce y, este miércoles 12 de marzo, en Naranjito. La película- un obsequio de Filmes Zapateros para CLARIDAD- recoge la trayectoria del semanario a través de sus 65 años de historia.

“Pienso que todos los festivales siempre han sido un éxito. El hecho de que todavía tengamos el respaldo de tantos artistas, es una muestra de lo que representa CLARIDAD… La gente debe suscribirse a CLARIDAD, leer CLARIDAD. Que lo apoyen. CLARIDAD tiene un punto de vista único, y para entender lo que pasa en el país, hay que leer CLARIDAD”, concluyó Ortiz Abreu.

La Orden Ejecutiva y la independencia como derecho de necesidad

 

Especial para Claridad

You don’t have the cards right now. With us, you start having cards.

Donald Trump to Volodymyr Zelensky

 

Soy de la generación que soñó con tomar el cielo por asalto. La independencia no se pide, se proclama, decíamos. Luego la realidad se encargó poco a poco de que entendiésemos que nuestra lucha, por si sola, no poseía la fuerza suficiente para imponernos sobre el más poderoso imperio que había dado la historia de la humanidad.

Fue Filiberto Ojeda Ríos quien poco antes de ser asesinado el 23 de septiembre de 2005 por esbirros del Buró Federal de Investigaciones (FBI), llamó a pasar de la mera protesta a la propuesta. El independentismo estaba entrando en una nueva coyuntura en que los retos serían fundamentalmente políticos: la construcción de una oposición radical y unida para la salvación nacional que no fuese rabiza del reformismo y que emprenda la constitución de una Asamblea Constituyente de la independencia. “La independencia de Puerto Rico -sentenció- es un derecho de necesidad”.  Además, en la actual coyuntura de reestructuración mundial de las relaciones de poder, la independencia surgía como posibilidad cada vez más concreta, puntualizó el líder Machetero.

Es en este marco que hay que entender la iniciativa de una propuesta de Orden Ejecutiva a favor de la independencia de Puerto Rico lanzada por un grupo de 12 ciudadanos y ciudadanas, todos y todas independentistas, sean de aquí o de esa otra parte de la nación nuestra en Estados Unidos. Francamente, nos inquieta sobremanera ver como nuestro país anda hoy más a la deriva que nunca, con un gobierno colonial que no gobierna ni tiene idea de como responder al cambio decisivo en la situación de Puerto Rico que representa el gobierno de Donald J. Trump y su agenda nacionalista de America First. El capital pretende hacerse abiertamente Estado y se propone desmantelar lo que queda del Estado de bienestar, así como reestructurar las relaciones económicas y políticas internacionales. Frente a esto, el silencio en Puerto Rico resulta ensordecedor, entre todas las fuerzas políticas sin excepción.

De ahí que nos atrevimos a lanzar esta propuesta, a modo de un Plan B, ya que nadie parece tener concretamente un Plan A para lidiar con los retos inmediatos que no sea una idílica y alienante “business as usual” de aquí a la próxima contienda electoral de 2028. Podrán haber cuestionamientos tácticos acerca de nuestra propuesta pero, como bien señaló recientemente Edwin Hernández Feijoó del Movimiento Ñin Negrón, no debemos permitir que estos nublen lo estratégico en este caso: adelantar la causa de la independencia.

Tal vez el proyecto de Orden Ejecutiva no llegue finalmente al escritorio de Trump pero ya nuestra propuesta ha logrado uno de sus objetivos principales: revolcar el tablero político y poner destacadamente a la independencia sobre éste como “derecho de necesidad”, tanto en Estados Unidos como en Puerto Rico. Y es que estamos en un momento en que la estadidad no cuenta con el apoyo del nuevo gobierno estadounidense y el llamado ELA ya no existe, a pesar de los fútiles intentos del Comisionado Residente actual por seguir vendiendo lo contrario. ¡Eso sí que es “fake news”!

Nuestra propuesta ha sida construida tomando en cuenta la historia más reciente en relación a los esfuerzos por afirmar nuestro derecho a la autodeterminación e independencia. Incluso, los detalles del Plan de Transición contenidos en la Orden Ejecutiva tienen como referente principal el Plan de Transición negociado por el Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) en el proceso congresional de consulta y negociación de 1989-91.

El principio del traspaso previo del poder soberano

Pero, si algo también nos ha enseñado la historia reciente es que igualmente hay que dialogar y negociar, tanto entre nosotros aquí en Puerto Rico y en lo que José Martí llamaba las “entrañas del monstruo”. En el caso de Puerto Rico, hubo por ejemplo en 1978 un diálogo y negociación con el autonomismo -algo inconcebible hasta ese momento- abierto por el encuentro entre Juan Mari Brás y Rafael Hernández Colón. Ello resultó en la presentación consensuada ante el Comité Especial de Descolonización de la ONU de la histórica Resolución de 1978. En ésta se reitera no sólo el derecho del pueblo de Puerto Rico a su autodeterminación e independencia, sino que se le solicita a Estados Unidos el traspaso inmediato de los poderes soberanos a nuestro pueblo, para poder materializar así nuestros legítimos derechos nacionales.

El reclamo del traspaso previo de poderes fue objeto de una Resolución radicada en 1982 por el congresista Demócrata por California, el socialdemócrata afronorteamericano Ronald Dellums. Mari Brás, junto a Dellums y el constitucionalista estadounidense Arthur Kinoy, entendían que si Puerto Rico iba finalmente a descolonizarse había que sacar el asunto de la jurisdicción del Congreso bajo la Cláusula Territorial debido a la gran dificultad que resultaba poner de acuerdo a los 435 miembros de la Cámara y los 100 miembros del Senado. En ese sentido, con el traspaso previo de los poderes soberanos, el Congreso estaría renunciando a sus poderes plenarios sobre el territorio de Puerto Rico. Esto abría la puerta para que entonces la Rama Ejecutiva acordarse con una Asamblea Constituyente representativa del pueblo soberano de Puerto Rico un nuevo marco jurídico-político y económico para las relaciones entre ambos países. Se partía del principio de que solo un pueblo soberano puede decidir libre y democráticamente sobre su futuro.

Volviendo a la Resolución de 1978, ésta reconoció además la libre asociación como opción, si esa fuese la voluntad soberana de nuestro pueblo una vez se hubiese traspasado el poder soberano para decidir. Se excluyó expresamente la anexión como opción descolonizadora en el caso de Puerto Rico por entenderse que equivaldría a validar la ocupación militar de nuestra nación y darle permanencia a la dominación imperial impuesta unilateralmente por EEUU desde 1898.

La Resolución de 1978 acogió además en ese sentido la denuncia de Hernández Colón, Mari Brás y Ricardo Alarcón de Quesada, el embajador cubano, de que Estados Unidos había incumplido con los compromisos contraídos en la controvertible Resolución 748 de la Asamblea General de 1953 y que debía, por lo tanto, dejarse sin efecto el reconocimiento que en aquel entonces se le otorgó al llamado Estado Libre Asociado. Reclamaban que éste hacia tiempo había dejado de ser el gobierno propio que en aquel entonces se alegó que se había alcanzado.

Recordemos que en el 1976 el presidente Gerald Ford había rechazado apoyar un “nuevo pacto” que se había negociado por el Partido Popular Democrático con Washington y, en su lugar, sin encomendarse a nadie, el mandatario estadounidense radicó ante el Congreso una solicitud para en su lugar anexar a Puerto Rico. No había voluntad para un “nuevo pacto” autonómico (el eterno sueño de la culminación del ELA) pero tampoco hubo apoyo congresional para la estadidad.

Al respecto, también vale la pena añadir el rechazo del gobernador Luis Muñoz Marín a la propuesta que le hizo en 1953 el presidente Dwight Eisenhower para que el llamado ELA transitara hacia la independencia, siguiendo algo así como el modelo de descolonización en el caso de las Islas Filipinas. Muñoz Marín se atrincheró en la ilusión de que el llamado ELA pudiese ser una opción por sí misma independientemente de la independencia y la anexión.

El timoneo del gobierno permanente

Ahora bien, durante la década de los setentas del siglo pasado se produjo también un proceso de revisión crítica de las relaciones entre Estados Unidos y Puerto Rico al interior del gobierno permanente. En 1975, se produjo en el Consejo de Seguridad Nacional un importante policy paper titulado El problema del status político de Puerto Rico, cuyo autor fue C. Arthur Borg. Éste advertía que Washington no podía seguir alegando que la solución al problema del status dependía de lo que decidieran los puertorriqueños. De lo contrario EEUU podría tener que confrontar posiblemente en un breve plazo una solicitud de estadidad, aunque la anexión de Puerto Rico sería un grave error, lleno de enormes peligros para la seguridad nacional. De ahí que recomendaba que con premura Washington se encargase de timonear en otra dirección el proceso de solución del problema del status de Puerto Rico. Entendía Borg que la solución al problema colonial no está en la autodeterminación de los puertorriqueños sino en la mutua determinación de Estados Unidos y Puerto Rico.

¿Y hacia dónde debía EEUU timonear el proceso de descolonización? La respuesta la dio otro policy paper de 1979, esta vez del Departamento de Estado, cuyo título literalmente fue Puerto Rico Libre, cuyo autor fue Eric Svendsen. Se produjo así los primeros atisbos de una ruptura paradigmática en “cómo piensa y cómo nos vé el Americano”.

En esos años se hablaba ya abiertamente del fin de la “Operación Manos a la Obra” y del llamado ELA como “el progreso que se vive”, como lo definía Jaime Benítez. Fue también el fin del sueño estadolibrista. A partir del gobierno de Luis A. Ferré y sus 40 ladrones -como se le llegó a llamar en aquel entonces ya que el PNP ha sido corrupto desde sus inicios- se optó por la dependencia cada vez mayor en los fondos federales para solventar los efectos de la crisis. Eso llevó a que el proyecto de estadidad jíbara de Ferré pasó a ser “la estadidad es para los pobres” a partir de Carlos Romero Barceló. Esta dependencia creciente en los fondos federales se convirtió en el modus operandi del gobierno colonial y en el motor de la economía llamada territorial. Como bien advirtió el Informe Kreps sobre Puerto Rico (1979) bajo la administración del presidente James Carter, como resultado de esa “grave dependencia” Puerto Rico perdió su autonomía al amarrar cada vez más su economía a las transferencias federales, las que vienen acompañadas de una caterva de regulaciones administrativas. ¡Y es que el que paga la orquesta, escoge la música!

En abril de 1980, el subsecretario auxiliar de Comercio de Estados Unidos, Frederick T. Knickerbocker, advirtió, con total franqueza, ante un simposio sobre “Puerto Rico y Estados Unidos”, organizado en Washington por el Woodrow Wilson International Center for Scholars, que la posibilidad o probabilidad de éxito de las diferentes opciones en competencia para la descolonización de Puerto Rico ‐la autonomía, la independencia y la anexión‐ dependerá más en las tendencias económicas en el momento a nivel de Estados Unidos y el mundo, que en las particulares preferencias que en torno a ellas pueda expresar el pueblo puertorriqueño. En otras palabras, según Knickerbocker, lo que Puerto Rico quiere o puede hacer depende de lo que el contexto económico estadounidense e internacional permite o potencie. La contínua discusión de opciones ideales no tiene eficacia práctica alguna y sólo tiene un efecto paralizante sobre cualquier proceso dilucidador del futuro de Puerto Rico.

El proceso congresional de consulta y negociación de 1989-91

Ya bajo la presidencia de Ronald Reagan, su Task Force sobre Puerto Rico terminó recomendando en el 1981 que se promoviese el fin de esa dependencia creciente en fondos federales y el desarrollo de una economía autosustentable. Ello estuvo presente en el proceso de consulta y negociación de 1989-1991 al que convocó el presidente George H. W.  Bush al Congreso, con la participación de representantes de las tres opciones, en igualdad de condiciones.

El proceso se descarriló finalmente por la oposición Republicana a la opción de la estadidad por su alto costo y peligros para la seguridad nacional. El exgobernador Ferré admitió en un artículo suyo publicado en febrero de 1991 en El Nuevo Día que para lo único que había condiciones en el Congreso era para la independencia. La estadidad finalmente fue objeto de una dialéctica negativa muy peculiar: mientras más parece acercarse, más de facto de aleja.

En el proceso de consulta y negociación del 1989-91, el Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) fue cosechando un trabajo previo de cabildeo que había estado realizando en Washington. Fue aceptado como interlocutor en igualdad de condiciones con el PNP y el PPD. Incluso, con su participación contribuyó a que el Comité de Energía y Recursos Naturales, presidido por el senador J. Bennet Johnston, Democráta por Louisiana, incluyese en su histórico proyecto de legislación conocido como el P. del S. 712, una oferta de transición ordenada y en el balance favorable para la independencia.

El “Americano” había hablado y ahora le tocaba al Puertorriqueño, esta vez en la voz de Rubén Berríos Martínez quien sometió ante dicho Comité un Plan de Transición hacia la independencia. Hernández Colón se redujo a defender a ultranza el status quo territorial y la “estadidad hispana” del PNP resultó ser la pildora venenosa, especialmente para los Republicanos, que como ya dijimos descarriló finalmente todo el proceso.

Un Puerto Rico sin puertorriqueños

Sin embargo, fueron el gobernador Pedro Roselló, con el apoyo del presidente Bill Clinton y los Demócratas, los que luego consiguen poner nuevamente a la estadidad sobre el tablero. Pero ya no sería como reclamo anticolonial basado en los derechos nacionales del pueblo de Puerto Rico, sino como “un derecho a la igualdad de los ciudadanos estadounidenses que viven en Puerto Rico”. Esto ha culminado en lo que más recientemente se refirió la gobernadora actual Jennifer González como “the Americans that live in Puerto Rico”.

Y así llegamos a esa cuarta opción de la que tanto se ha hablado en los últimos tiempos, precisamente introducida bajo el breve gobierno de Ricardo Roselló, hijo de aquel otro Roselló. Me refiero a un “Puerto Rico sin puertorriqueños”.

El puertorriqueño se ha visto forzado a emigrar ante la falta de oportunidades de progreso social en su patria, siendo que ya el 60 por ciento de nuestro pueblo radica en Estados Unidos, casi 6 millones, quedando poco más de 3 millones aquí en el archipiélago borincano. La precarización, desposesión y el desplazamiento poblacional que se ha estado viviendo viene acompañado de ventajas legales y económicas para que capitalistas estadounidenses se hagan propietarios de todo lo que encuentran que le puede producir beneficios, incluyendo nuestras playas.

La Orden Ejecutiva

Frente a ello, la Orden Ejecutiva propone esencialmente lo siguiente para evitar el desastre anunciado, el cual se sumaría a la profunda crisis que ya se ha tornado en permanente:

  1. De conformidad con la expansión constitucional de la autoridad presidencial que se ha experimentado en los últimos tiempos en Estados Unidos, encaminándose éste recientemente hacia un sistema presidencialista y, más específicamente, su autoridad para decidir y representar la política exterior, se decide la disposición del territorio y el fin de su status territorial como botín de guerra y mera posesión colonial, según legalizado por el Tratado de Paris de 1898 y la Cláusula Territorial de la Constitución de Estados Unidos.

Detengámonos aquí un momento. Con todo respeto difiero de lo que sostienen algunos juristas y no juristas de que el Presidente no posee el poder para disponer de Puerto Rico como territorio colonial perteneciente a Estados Unidos. En primer lugar, el poder soberano de Estados Unidos sobre Puerto Rico tiene su fuente material primaria en el hecho de que es un botín de guerra. La Cláusula Territorial de la Constitución federal es en todo caso una fuente más bien formal que surge de otro ejercicio de la autoridad del Presidente: la de hacer tratados, en este caso el Tratado de París de 1898 que lo que hizo fue validar jurídicamente a posteriori un hecho de fuerza. Es ese hecho de fuerza el que al fin a la postre posee fuerza normativa. El Tratado de Paris, así como la Cláusula Territorial y la doctrina judicial de la incorporación territorial son meras criaturas de este hecho de fuerza, cuyo propósito es su juridización y fetichización para ocultar esa realidad política.

Lo que en ese sentido entendemos que hace de facto el Presidente mediante la disposición del territorio en el caso de Puerto Rico es reconocer que las condiciones bajo las cuales se adoptó el Tratado de París de 1898 han cambiado y, por ende, corresponde dar por terminado su fuerza normativa y vigencia. Sólo el presidente tiene la autoridad para hacer esa determinación (véase, por ejemplo, Goldwater v. Carter, 444 US 996, de 1976). Asimismo, se ha reconocido la discreción que tiene el Presidente, de conformidad con su autoridad constitucional, en materia tanto de relaciones internacionales como también de seguridad nacional (véase, por ejemplo, Trump v. Hawaii, 585 US 667, de 2019).

Vivimos en tiempos de supeditación creciente del Estado de derecho y los precedentes judiciales, a los hechos de fuerza. La forma jurídica padece hoy de una condición problemática producto de la indeterminación que impone este nuevo criterio de legitimidad que es la eficacia del hecho de fuerza. De eso trata el nuevo orden mundial basado en reglas empuñado por Washington desde el 2001. De eso trata también las Ordenes Ejecutivas que está emitiendo actualmente el presidente Trump: darle eficacia normativa a hechos de fuerza.

Existe así otra mirada de los Casos Insulares que la que se centra exclusivamente en la doctrina de incorporación territorial establecida por el Tribunal Supremo de Estados Unidos. En Downes v. Bidwell, 182 US 244 (1901) el Tribunal Supremo fundamenta la condición jurídico-política de Puerto Rico no solo en la autoridad plenaria que le otorga al Congreso la Cláusula Territorial para administrar dicha posesión, sino que también en el reconocimiento del poder que surge de la soberanía nacional estadounidense para adquirir colonias por medio de conquista o tratados, y para disponer de estas en el ejercicio del poder del Ejecutivo federal sobre los asuntos de política exterior.

No nos olvidemos que, según el mismo Tribunal Supremo federal, Puerto Rico “pertenece a pero no forma parte de Estados Unidos”. De ahí el reconocimiento por parte de la ONU, desde su fundación, de Puerto Rico como un sujeto del derecho internacional para ciertos fines, con derechos nacionales diferenciados de los de la potencia administradora.

  1. Se dispone el traspaso de todos los poderes soberanos al pueblo de Puerto Rico en un periodo de dos años conforme al poder de política exterior del Presidente, acompañado del poder del Congreso para ratificar cualquier tratado que se suscriba o de aprobar cualquier legislación habilitadora en apoyo a la transición.
  2. Se determina la inviabilidad de la estadidad y del status territorial actual como opciones descolonizadoras por ser contrarias a los mejores intereses de Estados Unidos.

4.Se establece que a cargo de la transición habrá una Comisión Ejecutiva de Transición como gobierno provisional, incluyendo el nombramiento de un Administrador.

  1. Se dispone para la organización de una Asamblea Constituyente para la revisión de la Constitución actual o la redacción de una nueva, la cual debe ser aprobada por el pueblo en referéndum.
  2. La Asamblea Constituyente estructurará un nuevo sistema electoral como parte del nuevo orden constitucional.
  3. Se incluye un Plan de Transición ordenado que sirva para romper con la dependencia colonial en fondos federales y encamine a Puerto Rico al desarrollo de una economía productiva y autosustentable.
  4. Se provee para la condonación de la deuda pública para facilitar la transición económica ordenada, pasando el Departamento del Tesoro federal a hacerse cargo de cualquier obligación existente o futura en relación a ésta.
  5. Se decide la terminación de la actual Junta de Control Fiscal.
  6. Se garantizan los beneficios del Seguro Social y Veteranos.
  7. Se reconoce la ciudadanía dual y se garantiza la ciudadanía estadounidense para los nacidos en Puerto Rico antes de la independencia.
  8. Se provee para el libre tránsito de ciudadanos entre ambos países.
  9. Se establece un nuevo marco de relaciones con EEUU basado en el principio de la igualdad soberana.
  10. Se dispone que se establecerá un Tratado de Libre Comercio bajo el cual se reconoce a Puerto Rico como nación más favorecida.
  11. Se determina el uso del dólar como moneda en la República.

Hacia la tormenta perfecta

Hay quienes critican esta propuesta como antidemocrática. Dicen favorecer que el futuro de Puerto Rico sea decidido democráticamente de manera exclusiva por el pueblo puertorriqueño. ¿En serio? Estamos hablando del mismo paìs, el de los poderes plenarios del Congreso para legislar unilateralmente para Puerto Rico, el de las regulaciones administrativas del gobierno federal que aplican también unilateralmente, el de la Junta de Control Fiscal, el del sistema electoral dominado y manipulado por el partido gobernante del PNP, el de la ley electoral restrictiva de los derechos ciudadanos, el de la Ley 60 que promueve la desposesión y el desplazamiento poblacional que se vive.

¿Se puede hablar estrictamente de democracia en una colonia en que se le niega al pueblo el derecho más básico de su autodeterminación? El colonialismo es en sí mismo un fenómeno antidemocrático. No hay como adornarlo. Demasiadas veces nos olvidamos de que fuimos invadidos sin nuestro consentimiento y que se impuso el régimen actual de subordinación colonial, unas veces a sangre y a fuego y otras a base de unos simulacros electorales que más que buscar el consentimiento nuestro fueron procesos en que estaba excluido toda posibilidad de libre determinación.

Por otra parte, hay quienes se declaran a favor de la alternativa de una Asamblea Constitucional de Status en que se decida entre la estadidad, la libre asociación y la independencia. Entre éstas opciones, la anexión constituye una pildora venenosa por la oposicion a ésta en Estados Unidos, particularmente entre los Republicanos, incluyendo el presidente Trump. Hay quienes insisten en el problema como solución: que siga la colonia, lo que constituye otra píldora venenosa. Sin fondos federales, los proyectos del anexionismo y del estadolibrismo pierden su razón de ser. Pero otro problema  que posee el mecanismo de la Asamblea Constitucional de Status es que resulta inaceptable para el anexionismo quien se niega a armonizar lo que entiende no es armonizable.

En fin, se trata de no sentarnos a esperar por procesos democráticos ideales que no existen y nunca se darán en las actuales circunstancias. El reto que tenemos ante nosotros es político, estratégico, es decir, cómo potenciar un cambio en las relaciones de poder en favor de la independencia. A algunos de nuestros críticos les preocupa la pureza de nuestsras almas por estar dispuestos a negociar con Trump. ¡Qué ridiculez! ¿Acaso no lo hizo Eugenio María de Hostos y su comisión de la Liga de los Patriotas con William McKinley, el que presidió sobre nuestra invasión y ocupación colonial? ¿China sería hoy la gran potencia que es si Mao Zedong se niega a reunirse con Nixon y Kissinger? Hasta donde yo se, nunca Estados Unidos ha sido gobernado por santos. Hasta Obama tiene su historia de crímenes de lesa humanidad, sin hablar de Biden. Y Pablo José Hernández, ¿se esconderá en su oficina de Comisionado Residente para no contaminarse con la administración de Trump y la mayoría Republicana?

Lo cierto es que al bipartidismo colonial-capitalista lo que le aterroriza en el fondo es que este independentismo intrépido de la Orden Ejecutiva contribuya, como nuevo actor político, a la formación de una tormenta perfecta con los gobernantes actuales de Estados Unidos que nos lleve a la independencia.

 

 

La independencia es posible

 

Especial para CLARIDAD

Introducción

Un grupo de economistas fuimos convocados para contestar si Puerto Rico sigue siendo un territorio estadounidense ¿Cuántos recursos necesita Puerto Rico para una transición estable a la soberanía? [1]   aceptamos el reto.

Por otro lado, para Puerto Rico no existe un plan de país, no se rinde cuentas y no se muestran resultados concretos de que la economía de Puerto Rico está encaminada a un desarrollo sostentible y sostenido. Entendemos que el estatus colonial del archipiélago de Puerto Rico es el problema, es costoso y está quebrado.  Además, las transferencias federales no han traído prosperidad a Puerto Rico. Por tanto, proponemos la independencia como alternativa. Descartamos la estadidad dado a los diversos estudios que han demostrado su inviabilidad (Caraballo, 2023; Colón et al (2016)[2] Oficina de Auditoría Gubernamental (GAO, 2014).

Puerto Rico enfrenta varios retos: la deuda y la mala gestión burocrática; su ubicación propensa a huracanes y terremotos; y la reestructuración de la Ley PROMESA de 2016 (https://aldia.microjuris.com/promesa/) y la partida de la Junta de Supervisión/Control Fiscal (https://juntasupervision.pr.gov/). Es importante destacar que la ubicación de Puerto Rico es propensa a huracanes y terremotos drena constante de miles de millones de dólares adicionales de los fondos de reserva para emergencias y desastres y la reestructuración de PROMESA que dejó $31,000 millones de dólares en deuda pendiente, y el gobierno ha demostrado ser incapaz de administrar sus finanzas adecuadamente.

Evaluando el caso colonial

La fuente central para las cifras utilizadas a continuación fueron los presupuestos y planes fiscales certificados de la Junta de Control Fiscal[3]. Ademas de los fondos que transfiere al Gobierno de Puerto Rico, el gobierno federal transfiere fondos a individuos residiendo en Puerto Rico a través de múltiples mecanismos, que pueden clasificarse en dos grandes categorías: Fondos devengados (derechos adquiridos, ya que los beneficiarios han aportado durante su vida laboral) y fondos otorgados (transferencias no basadas en contribuciones individuales, sino en la elegibilidad como ciudadanos de EE. UU.).

En un escenario de independencia donde muchas personas retienen su ciudadanía estadounidense y la traspasan a sus hijos, una parte significativa de los fondos devengados seguiría fluyendo a Puerto Rico. Por otro lado, uno de los factores clave en la proyección de transferencias federales otorgadas es la evolución demográfica de Puerto Rico. Si la tendencia de reducción poblacional continúa, los desembolsos en programas como asistencia alimentaria y vivienda disminuirían proporcionalmente. Para modelar este efecto, sería necesario incorporar varios supuestos relacionados a cambio poblacional, cuántos puertorriqueños optarían por conservar la ciudadanía estadounidense o relocalizarse a Estados Unidos, y de decisiones políticas futuras sobre la elegibilidad de ciudadanos no residentes en EE. UU. para recibir beneficios. Aunque este modelaje no sería imposible de realizar, sin duda sería algo especulativo. En lugar de especular sobre el futuro de los fondos otorgados a individuos, se estableció un Fondo de Transición suficientemente robusto para absorber cualquier impacto económico derivado de la reducción de estas transferencias otorgadas. Esta delimitación responde a la necesidad de mantener el análisis claro, preciso y políticamente viable, sin introducir variables inciertas que puedan dificultar la interpretación de los resultados.

Para asegurar que la economía de Puerto Rico pueda sostenerse tras la independencia, se diseñó un Fondo de Transición tomando como referencia el año fiscal 2021, en el que el gobierno federal asignó la mayor cantidad de fondos para el presupuesto del ELA y recuperación por desastres: $26 mil millones. A partir de este punto de referencia se estableció un piso de $30 mil millones anuales para el fondo de transición y se aplicó un crecimiento del 2% anual por inflación. Esto resultó en un promedio de cerca de $36 mil millones anuales a lo largo del período de transición. Por tanto, se recomendó un Fondo de Transición de $720 mil millones, o $36 mil millones anuales por 20 años.

Confiamos que este nivel de financiamiento proporciona un amortiguador suficiente para compensar la pérdida de fondos otorgados a individuos y estabilizar la economía durante la transición.

Para hacer el planteamiento atractivo para la administración actual en Casa Blanca, se estimaron los ahorros que podrá generar para Estados Unidos.

  1. Fondos federales (miles de millones de dólares) (FUENTE: JSF o FOMB) $1,388,653,501,528.72
  2. Ayuda en caso de desastre (FUENTE: JSF)

$111,000,000,000.00

  1. Obligaciones posteriores al plan (FUENTE: JSF)

$31,000,000,000.00

  1. Gasto federal total

$1,368,819,501,528.72

  1. Fondo de Transición hipotético de 30 mil millones de dólares por año aumentado por una inflación del 2 %

$728,921,093,967.53  o $720,000,000,000.00

A 20 años $36,446,054,698.38 por año

Se utilizó como base el monto de fondos federales asignados en el Año Fiscal 2025 para formar parte del presupuesto consolidado del ELA.  Se asumió que permanecerá a su nivel actual y un ajuste del 2% anual por inflación a través de 50 años. Luego, a esa suma, se le incorporó el estimado de la Junta de Supervisión Fiscal sobre los fondos de recuperación de desastres que aún se esperan en la próxima década, lo que resulta en un total de $1,368,819,501,528.72. (A)

Luego procedimos a restar el costo del Fondo de Transición a 20 Años. El Fondo de Transición reconoce el Derecho a la Reparación que compensa los años de colonialismo que han privado a Puerto Rico de ejercer libremente su derecho inalienable a la autodeterminación e independencia[4] . 

Finalmente procedimos a calcular el ahorro para EE. UU. Se comparó el gasto federal proyectado a 50 años ($1.37 billones (trillones en inglés) (G) con el costo total del Fondo de Transición a 20 años ($720 mil millones) (E).

Además, se restaron las obligaciones pendientes tras la reestructuración de la deuda ($31 mil millones (C)), ya que en la propuesta se establece que el gobierno federal liquidaría esa deuda como parte de la transición.

La diferencia entre estos valores representó el ahorro estimado para EE. UU., que ascendió a $617,819,501,528.72

Ahorro = ($1,368,819,501,528.72 – 31,000,000,000) – $720,000,000,000.00 = $617,819,501,528.72

Conclusión

La independencia de Puerto Rico es una opción viable y económicamente sensata. Con un Fondo de Transición o de reparación[5] adecuado, garantizado por una proyección fiscal sólida y realista, Puerto Rico puede pasar a ser un estado soberano con una base económica estable. Es hora de considerar alternativas y caminar hacia una Puerto Rico independiente, libre de los grilletes de la dependencia colonial. La independencia es posible, y debemos actuar para hacerla realidad.

Grupo consultor económico

 

[1] Este grupo lleva trabajando con el escritor Javier Hernández en la redacción de sus libros.
[2] Caraballo (2023) en chrome-extension://efaidnbmnnnibpcajpcglclefindmkaj/https://camarapr.org/wp-content/uploads/Estudio-Caraballo-Cueto-compressed.pdf, GAO (2014) en https://www.gao.gov/products/gao-14-30, Colón, Ruiz, Segarra, Rodríguez, Lara y Luciano (2016 ) Efectos sobre la competitividad de Puerto Rico de posibles cambios en la Ley 600 en https://search.worldcat.org/es/title/Efectos-sobre-la-competitividad-de-Puerto-Rico-de-posibles-cambios-en-la-Ley-600-:-30-de-abril-de-2014/oclc/972508335 y chrome-extension://efaidnbmnnnibpcajpcglclefindmkaj/https://mail.economia.uprrp.edu/old/INFORMEFinalEstudioLey%20600.pdf
[3] En https://juntasupervision.pr.gov/planes-fiscales/, https://juntasupervision.pr.gov/presupuesto/, https://juntasupervision.pr.gov/deuda/
[4] Wilma Reverón (2014) El Derecho a reparación por el colonialismo en https://rebelion.org/el-derecho-a-reparacion-por-el-colonialismo/, https://redbetances.com/columnas/wilma-e-reveron-collazo/1923-wilma-e-reveron-collazo–copresidenta-del-minh.html.  “… la transición económica, en compensación por los 114 años de colonialismo que han privado a Puerto Rico de ejercer libremente su derecho inalienable a la autodeterminación e independencia.” Y en https://wilmaestherreveron.wordpress.com/2016/06/01/ponencia-de-lcda-wilma-e-reveron-collazo-ante-el-seminario-regional-del-pacifico-del-comite-especial-de-descolonizacion-de-la-organizacion-de-las-naciones-unidas-managua-nicaragua-31-de-mayo-2-de/
Las indemnizaciones por abusos coloniales protagonizan la cumbre de la Unión Africana (2025)
https://www.swissinfo.ch/spa/las-indemnizaciones-por-abusos-coloniales-protagonizan-la-cumbre-de-la-uni%C3%B3n-africana/88881090
[5] Pedro Malavet (2002), Reparations Theory and Postcolonial Puerto Rico: Some Preliminary Thoughts, 13 BERKELEY LA RAZA L. J., 387. 388, 390 (2002). Reverón (2014). Ricardo Torres Febre (2023) Dos siglos un mismo crimen humanitario: la ocupación estadounidense de Puerto Rico en https://derecho.uprrp.edu/inrev/2023/04/27/dos-siglos-un-mismo-crimen-humanitario-la-ocupacion-estadounidense-de-puerto-rico/

Una visita sin rumbo: la gobernadora Jennifer González y su delegación en Washington, DC

 

 

Especial para CLARIDAD

Puedo afirmar, con la serena certeza, como si estuviera contemplando el horizonte al amanecer, que los medios noticiosos norteamericanos silenciaron la visita de la delegación puertorriqueña pro-estadidad que desembarcó en Washington DC, como una inesperada tormenta tropical en medio del invierno.

Los delegados estadistas, incluyendo puertorriqueños demócratas de diversos escondrijos de la metrópolis, se reunieron llenos de esperanza y fervor, para participar en la Cumbre a favor de la estadidad en la capital de la nación estadounidense. Entre el bullicioso cabildeo en los pasillos del Congreso y las fiestas de cócteles y bocadillos que destilaban un aire de complicidad, algunos encontraron en esos momentos de camaradería el refugio necesario para sus sueños de progreso.

Sin embargo, como un rayo de sol que se desvanece al atardecer, el tema de la estadidad para Puerto Rico desapareció del mensaje a la nación que el presidente Donald Trump pronunció el pasado martes ante los miembros del Congreso.

La estrategia inicial de la Gobernadora era que su presencia en Washington y la celebración de la Cumbre llamarían la atención del presidente y de sus asesores, quien se esperaría que pronunciara palabras de aliento sobre la estadidad.

Pero los asesores del Presidente, en un alarde de imaginación desaforada, solo vislumbraron en su discurso la oportunidad de convertir a Groenlandia en el próximo estado 51 de la nación norteamericana. Sus vastos suelos de recursos naturales y la escasa población que habita en ese rincón del mundo parecieron hechizar sus pensamientos, desviando la mirada al Caribe hacia los gélidos paisajes del Ártico.

En un giro inesperado, como una novela de realismo mágico, la Gobernadora decidió cambiar de rumbo a mitad de camino y abandonó su estrategia inicial de exigir un proyecto de ley favorable a la estadidad, como lo había conseguido cuando los demócratas estaban en el poder. En lugar de enfrentar esta adversidad con una estrategia clara y coherente, la Gobernadora se conformó con presentar los resultados del plebiscito no vinculante del pasado noviembre de 2024. Esta decisión fue vista como un intento desesperado por evitar un rechazo desde el podio presidencial.

El resultado de la visita ha dejado un sabor amargo. A pesar de los esfuerzos por presentar la visita como un paso significativo hacia la estadidad, la realidad es que el ambiente político en la capital estadounidense es adverso a las aspiraciones de la gobernadora y sus séquitos. Desde el inicio, la visita estuvo marcada por una serie de eventos que parecían más enfocados en la autopromoción de los delegados que en lograr avances concretos para Puerto Rico.

Este enfoque en la autopromoción no solo generó críticas en las redes sociales, sino que también planteó dudas sobre la seriedad y la preparación de la delegación para abordar los temas críticos que afectan a Puerto Rico. Mientras las imágenes y los gestos simbólicos dominaban la narrativa, muchos se preguntaban si se estaban aprovechando realmente las oportunidades para entablar diálogos significativos con los legisladores clave.

Además, la percepción de incomodidad por parte de algunos congresistas en las fotografías no pasó desapercibida, lo que llevó a especulaciones sobre si estas interacciones eran genuinas o simplemente forzadas para cumplir con una agenda mediática. Este tipo de estrategias, aunque puede generar visibilidad a corto plazo, claramente desvió la atención de los problemas estructurales del país que requieren soluciones urgentes y colaborativas con los Estados Unidos, como lo exige la base del partido estadista, y la oposición política del país.

Todo ese andamiaje elaborado por la Gobernadora y su delegación estadista, se vio como un intento de consolidar una base política en Puerto Rico en lugar de un esfuerzo real por avanzar en el tema de la estadidad que se encuentra muy mal parada en Washington. Esto dejó a muchos ciudadanos preguntándose si las prioridades de la delegación estaban alineadas con las necesidades del país.

Los observadores tanto en Puerto Rico como en Estados Unidos no tardaron en señalar la falta de resultados tangibles de la visita.  Además, la resistencia del Partido Republicano a la estadidad para Puerto Rico es evidente. Los líderes republicanos en los comités del Senado y la Cámara de Representantes, que tienen jurisdicción sobre el futuro político de la isla, no tienen en agenda el tema de la estadidad. Esta realidad política hace que los esfuerzos de la gobernadora y su delegación parezcan aún más desconectados de la realidad.

En resumen, es hora de que la Gobernadora y su equipo reconsideren su enfoque y busquen estrategias más efectivas para lograr objetivos concretos que mejoren la situación de Puerto Rico.

La incapacidad de la Gobernadora para asegurar la visita de algún miembro del gabinete del presidente Trump a Puerto Rico es obvia. Esta falta de atención directa por parte de altos funcionarios federales ha colocado a un lado la crisis energética y la necesidad de un plan integral para la sustentabilidad alimenticia. La implementación de un programa de desarrollo agrícola sostenible podría no solo fortalecer la economía local, sino también reducir la dependencia de importaciones, un aspecto vital para la resiliencia de Puerto Rico frente a futuras crisis. Sin embargo, la ausencia de un diálogo efectivo con el gobierno federal ha limitado el progreso en estas áreas esenciales.

Por ejemplo, en su reciente gira por América Latina y el Caribe, el Secretario de Estado, Marco Rubio, evitó incluir a Puerto Rico en su itinerario, a pesar de ser considerado un aliado cercano de la Gobernadora. Desde la República Dominicana, Rubio propuso la instalación de un cable submarino como solución para mitigar la crisis energética de la isla, una idea que, aunque presentada como un avance, ha sido percibida por muchos como insuficiente y simbólica.

Esta propuesta de Rubio evoca imágenes de tiempos pasados, cuando los arrimados dependían de la generosidad del hacendado para acceder a servicios básicos. Para algunos, este gesto refleja el limitado compromiso que la gobernadora ha logrado negociar con Estados Unidos, dejando en evidencia la falta de soluciones estructurales y sostenibles para los problemas críticos de Puerto Rico.

El autor es abogado de Washington, DC

 

No hay Dios en el infierno

Corresponsal de Claridad

No sé si existe un Dios, pero puedo asegurar que existe el Infierno porque he vivido un mes en Israel.

No hay en el mundo personas más mal educadas y rudas que en la realidad distópica de ese país artificial y cancerígeno que prefiero llamar Israhell. Los enamorados pasean de la mano armados con metralletas y los ultraortodoxos te escupen a los pies, cada noche violan a sus mujeres porque libros mágicos se lo dicen y adornan la ciudad como engendros orejudos, narizudos, blanquecinos enfermizos y anormales endogámicos vestidos de negro, con teléfonos analógicos y nidos de cigüeña en la cabeza los sábados.

Hacer cola es una desagradable lotería en Israhell, porque nunca sabes cuando cualquiera que se dé cuenta que no hablas hebreo se va a sentir autorizado a saltarse tu turno y colarse. Me han gritado y empujado en ciudades supuestamente civilizadas como Jerusalén y Tel Aviv por no hablar hebreo. He visto a estos subnormales cagando entre los arbustos junto a mi hotel en Jerusalén Este, Palestina ocupada, te tosen en la cara y encontrarte a una persona amable es difícil, aunque las hay, claro que las hay, hasta buenos judíos israelíes existen que se juegan la vida cada día por protestar, cuestionar y criticar al gobierno genocida que padecen, pero son una minoría invisibilizada por los miles de millones de dólares que el demonio envía desde Washington regularmente con tus US taxes dollars. Y luego fuera del infierno tenemos estalinistas que patalean porque uno escribe que también hay gringos buenos.

A mí me caían simpáticos los ultraortodoxos, esos fanáticos, que dedican sus horas a leer los libros del demonio, porque queman banderas de Israel y exhiben la palestina. Pero estos tipos salidos de películas de ciencia ficción no tienen la mínima empatia por los palestinos. Solo defienden que Israel no puede ser un estado hasta que llegue su mesías. No critican el genocidio. No defienden la paz. Solo les jode ser un estado antes de que les aparezca su payasito.

Necesito terapia. Necesito ayuda porque creo que estoy padeciendo Síndrome de Estrés Postraumático, «secundario», me dijo una amiga, por ver lo que he visto. Creo que lo tengo primario, qué cojones. Ya veré qué hago cuando llegue a Boston y tenga que pagar las tarjetas de crédito desde un centro de rehabilitación para tratar también con mi alcoholismo, pero todo bien.

Impresionante fue llegar a Hebrón, donde el taxista del colectivo de siete plazas nos hizo bajar antes de alcanzar la parada. Estábamos llegando a una glorieta y en una esquina en la que se apostaban una docena de soldados con uniforme verde, israhellíes, y en frente, en otra esquina, otra docena de soldados, vestidos de negro, palestinos. Guapísimos los palestinos.

No es fácil ver a esas dos fuerzas tan cerca. La «Directriz 00» ordena a los funcionarios y militares de la Autoridad Palestina a acuartelarse si aparecen los soldados sionistas en Palestina. No hay autoridad palestina en Palestina, solo nazis con metralletas. Porque son los putos amos esos pervertidos de todo el mundo que acaban en Israhell para vivir una macabra orgía de metralletas y prepucios descapullados. La Autoridad Palestina no tiene ningún poder. Ya el corrupto político y criminal de guerra genocida Bibi Netanyahu se encargó de crear y financiar a Hamás para que la Autoridad Palestina acabara siendo una institución pelele. Ahora usan a Hamas como excusa para exterminar a dos millones de personas en Gaza. A parte de ser la resistencia de un pueblo sufriendo el exterminio, los heroicos soldados de Hamás son más guapos, insisto, además de que tienen corazón.

Pero sigo. Me pasé casi una semana en Hebrón tratando de llegar a Masafer Yatta. Les dieron este año el Oscar y todo al palestino y al judío que con otro colectivo crearon el documental «No Other Land». Masafer Yatta es una zona en la que existen 18 villas palestinas que sufren desde hace décadas el acoso, los disparos, los incendios y las bombas de los demonios sionistas. Fue una sensación extraña estar allí cerca cuando les dieron el Oscar. No ha servido para nada ni el Oscar ni estar yo allí.

Lejos de ayudar, el exitoso documental ha conseguido que la bestializada presión colonizadora aumente, que los palestinos estén peor y que sea mucho más difícil llegar para los periodistas que queremos denunciar la situación.

Llevaba tres días quedándome en el «hostel» más barato de Hebrón, compartiendo frío y necesidades con activistas palestinos y de Canadá y Estados Unidos cuando apareció el Activista Perfecto. Holandés de padre afgano. Nombre y apellidos árabes. Se conocía la historia de la región al detalle y daba gusto escucharlo hablar.

Pero era demasiado perfecto. Para cada uno de nosotros tenía algo que decir. Algo demasiado específico y profundo para empatizar. A mí me vino con que era un escritor frustrado que estaba tardando demasiado en terminar su carrera. Para mí fue como si leyera mis sueños. Por fin aquel día, el cuarto día del ramadán de 2025, teníamos para el día siguiente tres opciones de llegar a Masafer Yatta. Nos esperaban allí, en las cuevas y camiones que usan para dormir porque en sus propias casas los palestinos se arriesgan a morir cada noche.

El activista perfecto me pidió mi computadora portátil para para subir a la nube un disco duro con fotos de asentamientos palestinos. Se la dejé sin dudar, pero rápidamente me entró la paranoia. ¿Dejará en mi computadora alguna imagen o info que me pueda comprometer?

El cabrón era demasiado perfecto. Hablaba demasiado bien inglés. Sabía demasiado. Lo sabía todo. De repente, mi cabeza lo catalogó como perfecto espía del Mossad. La agencia de espionaje mejor financiada en la historia de la humanidad, ya quisieran las SS contar con ese presupuesto y esos fascistas. Tenía todos las papeletas. Entré en pánico cuando el compañero que estaba planificando la visita del día siguiente a Masafer Yatta me dijo que allí habían dicho que el activista perfecto no era bienvenido. Todos los contactos en Masafer Yatta dejaron de contestar. Silencio absoluto. Estaba claro que algo apestaba con el activista perfecto.

Me pasé la noche pensando si tirar mi computadora a la basura. Escribí a muchos amigos preguntando por expertos y hackers que pudieran entrar en mi computadora a ver si me la habían jugado. A las siete de la mañana dejé el «hostel» sin despedirme. Memoricé el camino hasta la estación de autobuses para tomar un bus a Jerusalén y apagué la computadora y los teléfonos celulares.

En cuanto salí a la calle me olvidé del camino. Prendí mi teléfono libanés, que apenas había usado y me dio menos miedo utilizar. En el teléfono puertorriqueño me salían muchas cosas raras en hebreo. Debería haber cogido un taxi que me llevara a la parada del 231 a Jerusalén, pero mi tendencia a tomar malas decisiones a menudo me regala experiencias extraordinarias.

Caminando por las colinas de Hebrón me acabé dando cuenta de que la 231 es la guagua palestina y que el 381 es un puto autobús israelí.

Agotado, de repente me encontré rodeado de asentamientos ilegales sionistas. Había pasado más de una hora caminando, saludando y riendo emocionado a niños palestinos de camino a sus escuelas.

Pero ahora estaba en medio de ninguna parte. A la izquierda, a la derecha y al frente tenía controles de acceso a asentamientos ilegales. Para regresar debía escalar una montaña para lo que no me sentía con fuerzas.

Pasó a mi lado una tanqueta sionista que paró en la esquina cercana. Tras ella, una patrulla policial. El Policía me preguntó, debo reconocer que con amabilidad, ¿qué haces aquí?¿A dónde vas? Le puse cara de perdido y le dije usando las menos palabras posibles: bus, Jerusalem.

El policía me explicó, con señas y gestos, porque la mayoría de los israelíes que viven en Israhell no saben inglés, no son tan educados como los palestinos, que debía pasar un control de acceso militar.

Le hice caso. Seguí por donde me dijo. En el control de acceso, el soldado subnormal ni siquiera me pidió identificación: soy blanco, rubio y pongo cara de turista perdido.

De repente, después de haberme pasado tres semanas en Jerusalén y una en Hebrón haciendo gestiones para llegar a Masafer Yatta (acercarse a Gaza está prohibidísimo), me encontraba dentro de un asentamiento ilegal.

Las calles muy limpias, los edificios muy nuevos, las personas extraterrestes, por no decir subnormales, palabra que siempre he evitado utilizar pero que me parece apropiada para referirme a estos fascistas. Me acordé de la película “El show the Truman”.

Recordé que solo tenía billetes de 100 shekels y que debería cambiar para tener menudo para pagar el autobús. Pedí cambio en una cafetería a un infrahumano que trabajaba allí usando el Google translate en hebreo porque repito, los israelíes que quedan en Israhell solo saben hebreo y quizás algún otro lenguaje de donde sea que sus putas madres los hayan parido.

Muy desagradable, el tipo me dijo que no tenía cambio. Descubrí que tenía una nevera con cervezas y le compré dos. Por la venta fue al vecino a pedir el cambio. Me bebí las dos cervezas de dos tragos, a las nueve de la mañana, un día soleado. Una como para demostrar que no soy musulmán y otra para insistir porque estábamos en ramadán. Y allí yo, volando entre nazis. Me fui caminando a buscar la parada del 381, un jodío autobús de colonos con el alma de Leopoldo II alimentando la putrefacción de sus corazones.

Cuando llegó la guagua, todo el mundo pagaba con tarjetas del club social del asentamiento genocida. Yo le enseñé un billete de 20 shekels al conductor. Me dijo algo en hebreo y pasé, me senté y no me lo podía creer cuando llegué a Jerusalén sin pagar el autobús, rodeado de imbéciles con metralletas, pasando controles militares sin frenar, circulando por carreteras del lado perverso de los muros.

Todavía me quedaba lo peor, que resumiré porque estoy cansando sobrevolando el Atlántico en un avión de Air Canada con destino Montreal, donde hago escala para seguir a Boston.

En el aeropuerto de Ben Gurión me interrogaron tres personas durante dos horas. Una asiática, un ruso y un polaco, o algo así. Todos dándoselas de muy profesionales pero niñatos violándome. Otra película que me viene a la cabeza cuando pienso en esos momentos es “La naranja mecánica”. Israhell es un país inexistente con un gobierno genocida dirigido por los protagopnistas de “La naranja mecánica” ultra financiados para crear supuestas realidades como en el “Show de Truman” en Tierra Santa robada.

Me facturaron las maletas sin mi consentimiento y me llegaron a desnudar en una cabina mientras gente mirando a través de las cámaras de seguridad daban indicaciones a los niñatos inquisidores. Me pasaron detectores de yo qué sé por los huevos y por el culo.

Me gustaría escribir esto mejor, pero necesitaba soltarlo de cualquier manera. No sé si volveré a escribir. No sé si merece la pena nada.

No sé si el activista perfecto era un topo del Mossad, pero la razón por la que no quisieron que fuera a Masafer Yatta, y yo no decidí regresar a Jerusalén, fue que al parecer es un abusador sexual que se exhibió desnudo en un par de ocasiones delante de otras activistas.

Todo esto me ha superado. Rezo, pero no hay Dios.