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Ada Rosa Rivera Negrón: La mujer del cartel 2024

 

 

 

En Rojo

La veterana grabadora destacó, en exclusiva con este semanario, los factores determinantes de su proceso creativo

Cuando entras al taller de la profesora Ada Rosa Rivera Negrón, que también es su apartamento, te recibe un espacio de prestancia grabador. En la sala, donde hay una mesa-plancha enorme rodeada por delantales, gubias, y armarios llenos de materiales para su arte, cunden primorosas piezas en honor a figuras prominentes de nuestra historia nacional. Betances, Hostos, Lola Rodríguez de Tió, Lolita Lebrón y el historiador Arturo Alfonso Schomberg son algunas de las representaciones xilográficas (madera) y de relieve (PVC) que adornan el taller. Sobre el tablero ancho de la sala, yació un solemne grabado dedicado al nonagenario patriota, don Heriberto Marín, y al cuadragésimo noveno (49no) Festival de Apoyo a Claridad, tema de conversación para esta entrevista.

“Yo nací en el seno de una familia nacionalista, independentista, que conoció a don Heriberto (Marín). Estoy bien orgullosa de que me hayan escogido para hacer este cartel porque sé del valor heroico que tiene”, mencionó la también profesora en la Universidad Interamericana en Bayamón.

Fotos por Adriana Soto

De igual forma, recordó cuando su abuelo, José Negrón, fue arrestado por colocar una pequeña bandera de Puerto Rico en su balcón durante la época de La Mordaza. Luego de su estancia en la cárcel, el abuelo Negrón, cuenta la grabadora, regresó a su casa con “una paila de pintura (de la monoestrellada) y una escopeta. A ver quién le quitaba su bandera”.

“Por eso mi inclinación (artística) por temas de la patria […] donde quiera que vaya, llevo mi bandera”, afirmó Rivera Negrón.

Su más reciente pieza, un grabado al relieve con el rostro del patriota Marín Torres, representó un proceso emocionante y especial. De acuerdo con Rivera Negrón, desde la tipografía hasta la ubicación de la estrella roja del semanario CLARIDAD, todo formó parte de una selección diligente.

Frente a la mirada- hacia adelante- de un Heriberto Marín uniformado de Nacionalista, se presenta una vorágine tempestuosa que, según Rosa Negrón, simboliza los “asedios” que empeoran la condición del país. Además, en el centro del temporal luce el archipiélago de Puerto Rico en una mirilla.   “Puerto Rico está asediado. Siempre está asediado, y los que han luchado por su libertad también. Aunque hay unos elementos que no pude olvidar (en el proceso), como la tipografía de CLARIDAD, tenía que destacar la imagen del héroe que es don Heriberto”, destacó la grabadora, cuya carrera tiene más de 20 años y un sinnúmero de exposiciones bienales en lugares como Perú, Argentina, México y Praga.

Asimismo, Rivera Negrón resaltó las etapas de creación. “Cuando me llamaron [de CLARIDAD], rápido me emocioné y empecé a buscar imágenes, referencias, a leer […] esto no sale de la nada. Hay que hacer una investigación como cuando se hace un ensayo”, detalló la veterana grabadora, quien forma parte del Ejército de las Lolitas. En esas búsquedas, cuenta Rivera Negrón, estuvo la necesidad de usar una “letra pesada” que leyera “patriota” contundentemente. Reseñó, también, las persecuciones vitalicias que cargaron estas figuras, que variaron desde arrestos hasta carpeteos.

Por su parte, los colores integrados responden a la tradición grabadora de usar tonos blancos y negros. Igualmente, la profesora Rivera Negrón mencionó la “fuerza” que estos colores le añaden valor al “hombre de todos los tiempos” que representa Marín. El rojo, como excepción, simboliza la sangre y las luchas que se han dado a través de los años.

Por otro lado, Rivera Negrón reafirmó su apoyo por CLARIDAD, la  justicia social y la importancia de relevar la historia del país. Denunció que, en Puerto Rico, no se promueve la historia y que, por eso, la ciudadanía esté desinformada sobre figuras como Hostos, Betances y de eventos como el Cerro Maravilla o la Masacre de Ponce.

Ante esa realidad, la imagen de Heriberto Marín, menciona la grabadora, es una “campanazo” que llega a la conciencia y “nos lleva a reflexionar lo que se ha hecho, lo que ellos siguen luchando, lo que hace falta. El torbellino es una manera de decir que tiene que seguir y trascender la historia”.

“Deberíamos conocer estos personajes desde cuarto, quinto, sexto grado. Tú vas a la República Dominicana y la gente sabe quién es Betances, quién es Hostos”, exhortó Rivera Negrón. En esa línea, resaltó la importancia de ver documentales como “En Antillano”, de Tito Román Rivera.

Cuando Rivera Negrón labra sus obras, reza durante los distintos pasos. Después de santiguarse, esparce, uniformemente, una tinta de aceite a base de soya sobre un espejo hasta que quede “como terciopelo”. Sin embargo, la veterana en obras de grabado tiene que crear la plancha- al revés- antes de entintar la pieza de PVC y remojar el papel que prensará. En el momento que tiene todo preparado, coloca la pieza en un tórculo- o prensa- para “el beso de la tinta”, cuando el grabado resulta con sus patrones embelesantes.

Además del cartel del Festival, Rivera Negrón es la artista-autora de obras como “Patria”, “Crisol cultural”, “Isla Nena” y más piezas de corte nacionalista y activista. Por igual, dirige la organización “Las Jornadas del Grabado Puertorriqueño” y colabora con el Programa de Educación del Museo de Arte de Puerto Rico, en Santurce, espacios desde los que imparte talleres y conferencias.

“Que me hayan llamado y que me hayan considerado, para mí, ha sido bien importante a nivel personal, profesional porque es una distinción hacer el cartel del Festival de Apoyo a Claridad. Donde tantos maestros han hecho carteles anteriormente, donde tantos han donado su obra para apoyar esta causa tan noble”, aseveró Rivera Negrón.

Ada Rivera Negrón es la mujer del cartel 2024

 

 

 

Será Otra Cosa-Haití, el camino de indiscutible esplendor

Deborah Hunt y Guie Beeu Guerrero Hunt, Road of Useless Splendor (en Taller Libertá, Mayagüez, marzo 2024). Foto de Suhaill Orsini

 

Especial para En Rojo

 

En el arte, una lograda alegoría hace lo aparentemente imposible: capta la situación particular de un lugar y de un momento, traduciéndola, a la vez, a todos los lugares y momentos. Por si fuera poco, también hace lo contrario: recoge aquello que llamaríamos la “condición general” y la vuelve relevante, específica, a un ámbito discreto. La pieza de teatro The Road of Useless Splendor (“El camino de esplendor inútil”), de Deborah Hunt –artista experimental de máscaras, objetos y títeres– y Guie Beeu Guerrero Hunt es un reciente y paradigmático ejemplo. En tanto prescinde del lenguaje verbal –no hay palabras en esta pieza, que nos deja sin palabras–, abocándose a la comunicación producida en el trasiego de objetos, colores, gestos y cuerpos, el “esplendor inútil” de este tipo de teatro radica en contar, a una misma vez, la historia del mundo y la de Puerto Rico, la de las islas globales y la de las caribeñas.

Las bufonas enmascaradas, sin nombre, que nos remiten a tradiciones teatrales sumergidas, consideradas “menores” en La Historia del Teatro Occidental, son cualquiera, en tanto las criaturas humanas somos siempre, en alguna medida y en diferentes momentos, víctimas y victimarias. A la vez, los personajes son la específica encarnación de todas las figuras con cuotas de poder que han tendido a la competencia, la acumulación, el comerse-por-los-rabos y, por tanto, la destrucción de lo otro y, en última e irremediable instancia, de lo propio. A lo largo de la pieza, por todo compiten, con gestos y actitudes que parecen inocentes, infantiles –“la banalidad del mal” de Arendt–, pero que, al mismo tiempo, resultan en hecatombes a gran escala que todo lo consumen, incluso a ellas mismas.

La competencia central del dúo quizá sea la que libran por El Libro, objeto que sugiere La Historia, y que no hace más que mostrar y solapar capítulos de desmedida ambición y desenlaces de inevitable cataclismo, tanto para humanos como para no humanos, todos en forma de objetos y títeres que, irónicamente, resultan más “reales,” verosímiles, que cualquier efecto 3D o de inteligencia artificial. Las hordas de ratas son cada vez más numerosas; los perros bravos son cada vez más monumentales; los cuervos acechantes son cada vez más agresivos. A medida que avanza la pieza, ellas, las bufonas, muestran cada vez menos decoro en su afán de dominio. Hasta por el dolor ante tanta muerte terminan compitiendo: si tú despliegas algunas pequeñas lágrimas, yo desplegaré un montón de enormes lagrimones. Su “road,” su camino, desenrollado en el suelo al inicio de la pieza tras una torpe coreografía de las bufonas, es una sucesión indistinta de leves elevaciones y caídas que se repiten hasta el cansancio, todas tejidas con evidente dedicación y preciosismo en un mismo color crema, casi blanco. Es la trayectoria del Occidente hegemónico: el camino del esplendor inútil.

Vi la pieza hace unos días en el bienamado Taller Libertá en Mayagüez. De hecho, las funciones allí de The Road of Useless Splendor inauguraron la temporada 2024 de la gestión corporal mayagüezana, Teatro pal barrio. Entre tantos asedios globales y locales, esa noche me sentía particularmente desconsolada por la actual situación en Haití, tan escasa e injustamente cubierta por la prensa. La semana anterior, durante la Cumbre Afro en UPR-Río Piedras, había escuchado las perspectivas de algunas personas que conocen mucho mejor que yo el volátil panorama del momento. En particular, llevaba –y llevo– bajo los párpados la imagen del rostro de la gran Hilda Guerrero, luchadora desde Comuna Caribe y otras iniciativas, y a quien me precio de llamar amiga. En Río Piedras, Hilda, compartiendo su consternación, me miró a los ojos detrás de una pesada sábana de llanto contenido. Más allá de comunicar con el cuerpo el hondo impulso de acompañamiento sin palabras, y de declarar, dondequiera y como se pueda, que Haití ha sido, es y será siempre LIBRE Y SOBERANA, y que de allí brota el inacabable sueño, por lxs haitianxs realizado, de la más plena libertad antiesclavista, antirracista, anticolonialista, es casi imposible no sentirse del todo impotente.

“El Libro” de Haití –pensaba mientras veía la pieza de Hunt y Guerrero– es una cuenta inagotable, usurera. Desde el momento mismo de la declaración de independencia de Haití en 1804, tras más de una década de revolución, y hasta hoy, los grandes poderes del Norte Global y la supremacía blanca no han dejado de cobrarla.[1] Las originarias “reparaciones” a ex amos esclavistas, el régimen de la deuda y la imposición, vía invasiones militares, apoyos a sangrientas dictaduras e incontables oenegés, de estructuras de dependencia y capitalismo neoliberal, son algunos ejemplos de los “métodos de pago.” Por destacar sólo las más recientes instancias, la remoción –por “inconveniente”– del legítimo y democráticamente electo presidente Jean-Bertrand Aristide en 1991, ha venido acompañada de más invasiones foráneas, lideradas por EE. UU., Canadá y Francia, e incluyendo las ordenadas por Naciones Unidas, la última de las cuales cesó hace apenas cuatro años. Éstas no han hecho más que ahondar en muerte, hambruna, epidemias, trasiego de armas, violencia sexual, migraciones forzosas, socavamiento de estructuras democráticas y la profundización general de los abismos entre clases. Ahora, Haití enfrenta el espectro de otra invasión internacional, liderada por los poderes de siempre, planificada a puerta cerrada en el incierto “Consejo Presidencial Transicional,” cuyo proceso, desconocido públicamente, usa al CARICOM como cortina de humo.

Hay quienes señalan que la demonización como “gangas criminales” –que, dicho sea de paso, obtienen sus armas del mercado de EE. UU.– de todos los grupos en pugna principalmente en la capital, Port-au-Prince (que no en todo el país), forma parte de la antigua treta del poder que controla la prensa y la opinión pública, pues no todos los grupos tienen ese perfil. Por ejemplo, en un reciente reportaje en Democracy Now!, Kim Ivers, editor de la sección en inglés del periódico semanal Haiti Liberté, les describe como “comités barriales armados” y destaca entre ellos a los colectivos anticriminales, y especialmente al liderado por Jimmy Chérizier, apodado “Barbecue.” Según Ivers, el grupo de Chérizier lleva años combatiendo las “gangas criminales,” empoderadas desde la última invasión. Ivers también observa que la única razón de la reciente “coalición” entre grupos criminales y anticriminales responde a la necesidad de evitar el regreso al poder del ilegítimo Ariel Henry, mientras continúa lo que Ivers cataloga como un “proceso revolucionario” con el objetivo último de transformar la sociedad haitiana hacia un paradigma de justicia y equidad. Aunque, como señala la profesora e investigadora haitiano-estadounidense Jemima Pierre en el reportaje referido, sobre dicha interpretación no hay acuerdo generalizado y, sea como fuera, la violencia ha cobrado ya miles de vidas y desplazado internamente a un número aproximado de 360,000 personas, lo cierto es que, si alguna lección nos enseña Haití es a no creer las versiones manufacturadas por el Norte Global sobre lo que allí sucede. Ya conocemos a los dueños de las narrativas oficiales: bufones enmascarados de inocente apariencia y una megalómana tendencia al apocalipsis si de éste pueden obtener alguna ganancia.

Todas nuestras luchas por un Puerto Rico, un Caribe, una Latinoamérica más justas, inclusivas y diversas resultan de la milenaria tenacidad de Haití en pos de otro mundo. Ese es el otro Libro de Haití, su camino de indiscutible esplendor. Ese Haití todo nos ha dado. Nada debe. A ese Haití, más bien, nos debemos.

[1] “Haiti as Empire’s Laboratory,” la reciente columna de Jemima Pierre en NACLA, lo resume muy atinadamente. Investigaciones y libros imprescindibles para estudiar más ampliamente la historia de Haití son: Una historia decolonial de la historia de los haitianos, de Jean Casimir; Tropics of Haiti: Race and the Literary History of the Haitian Revolution in the Atlantic World, 1789–1865 y Awakening the Ashes: An Intellectual History of the Haitian Revolution, de Marlene Daut; Haiti: Aftershocks of History y Avengers of the New World de Laurent DuBois; y el clásico, Los jacobinos negros: Toussaint L’Ouverture y la Revolución de Haití de CLR James.

Garvin Sierra enfrenta censura y limitaciones con obra reciente

 

En Rojo

Además, el artista destacó cómo las relaciones con la Poli/Gráfica se complicaron

La reciente obra del artista Garvin Sierra, Retratos de una deuda, ilustra rostros e imágenes de distintos gobernantes, emblemas y momentos históricos para la liberación de Puerto Rico. Hecha con recibos de papel termal, la obra enfrentó problemas para su exposición durante el diálogo entre Sierra y Lisa Ladner, excuradora de la Poli/Gráfica 2024 contratada por el Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP) y, también, cónsul de Suiza en Puerto Rico.

“Yo recibí un correo de la curadora Ladner, en el que me pidió información de tres de mis piezas, incluido Retratos de una deuda. En el tercer email que me envía, ella dice que la pieza de Retratos de una deuda, aunque le encantaría exponerla, no puede hacerlo, no por oponerse políticamente, sino por ser una exposición financiada por fondos estatales y federales”, declaró Garvin Sierra con En Rojo.

Con esa comunicación, Sierra narra haber retirado su participación de la Poli/Gráfica, además de escribirle un correo directamente al director del ICP, Carlos Ruiz Cortés. En la misiva, que envió el 15 de agosto de 2023, detalló cómo Ladner, en una llamada telefónica, fijó unos parámetros en los que Retratos de una deuda debía ser presentado en el consulado de Suiza en Nueva York para evitar “problemas diplomáticos entre Estados Unidos y Puerto Rico”. “Yo no me iba a prestar para manipulación o cualquier tipo de censura”, reiteró Sierra.

Por su parte, la excuradora de la Poli/Gráfica, Lisa Ladner- luego de la controversia, fue relevada de su cargo- asegura que no se trata de una censura, sino que Sierra “retiró” la pieza. En un principio, Ladner coincide en la comunicación inicial de su parte que solicitó las obras de Sierra.

“Cuando veo las especificaciones de la obra, la dimensión que había que conseguir un cuarto entero, e incluso una parte auditiva que no era parte de la pieza original, pues yo empiezo a ver problemas de dimensión”, sostuvo, por su parte, Ladner. Por esas razones, cuenta la cónsul de Suiza en Puerto Rico, le pidió a Sierra integrar una “parte” de la obra en la Poli/Gráfica, y que consiguiera a otra galería para mostrarla completa.

El artista admitió que, después de la carta enviada al director ejecutivo del ICP, Ladner intentó comunicarse con el autor de Retratos de una deuda, pero Sierra no le contestó por entender que debía recibir respuesta de quien contactó, Ruiz Cortés.

Ladner, quien se responsabilizó de haber querido “revisar” la obra junto a su compañero curador, Elvis Fuentes, justificó el rigor con publicar la pieza por “asegurarse” de que, tanto su colega como supervisores, estuvieran al tanto de lo que se expondría.

“Si él lo entendió como censura es porque no sabe nada de ser un cónsul honorario y por qué yo tengo que hablar con mis jefes para contar la verdad de la situación[…] prefiero consultar con gente para no meterme en líos”, explicó Ladner.

El 14 de abril, el ICP publicó un comunicado en el que se disculpó por el “malentendido” causado por la controversia entre la Poli/Gráfica y Sierra. Para intentar separarse del escándalo, la agencia cultural retiró a Lisa Ladner como curadora del evento, que reune una variedad de piezas y obras de la región.

Por su parte, Elvis Fuentes aclaró a este medio por qué no opina sobre la situación: “En realidad no tengo mucho conocimiento de la obra de Garvin, pues no la he visto. Espero verla cuando abra su exposición, pero debe ser excelente como todo lo que hace […] él declinó participar en la Poli/Gráfica por una controversia con una curadora que ya no está en el proyecto”, lee el mensaje a En Rojo.

Tras la divulgación del blog de Sandra Rodríguez Cotto, donde primero se reportó de la censura en cuestión, múltiples figuras artísticas rechazaron participar del foro, como Antonio Martorell y Marta Pérez García, en apoyo a Sierra.

“Para mí, esto [la pieza] es un logro porque nos deja saber dónde está parado el país y dónde estamos parados como artistas. Tengo el apoyo de gente que me ayudó a montar la propuesta y a presentarla […] Cuando uno hace una obra, uno la hace en su totalidad, no hace un pedazo o extracto.¿Qué vamos a hacer? ¿Presentar lo que ella quiere- sutil- para no ofender a la Junta o al gobernador? Se sigue censurando, y es una falta de respeto a los artistas”, concluyó Sierra.

Retratos de una deuda será presentada en su totalidad, en la exposición Ante la censura, saluda, en el espacio de Pública en Santurce desde este miércoles 17 de abril.

 

Abrazo a Félix Jiménez

Félix Jiménez

En Rojo

Mucha gente quiso a Félix. Admirábamos su capacidad de trabajo. Escribía artículos, libros, y nos invitaba a participar de sus proyectos contagiándonos con su entusiasmo. Lo conocí cuando recibía el premio de ensayo del Pen Club de Puerto Rico por su libro Vieques y la prensa: el idilio fragmentado. Desde entonces aprendí muchas cosas mientras tomábamos café y él fumaba un cigarrillo tras otro.

Hay cosas que trascienden el saber académico. Félix Jiménez desbordaba ese espacio. Fue profesor de estudios culturales en la Universidad del Sagrado Corazón y profesor visitante en la Universidad de Columbia. Fue productor en CNN en español, escribió para The Village Voice, The Washington Post, The Nation, y en Puerto Rico para la revista 80 Grados y El Nuevo Día.

Como profesor, como ensayista, como periodista el querido amigo y colega tenía una virtud que pocos tienen: generosidad. Félix tenía la disposición y la voluntad de dar y compartir con los demás, ya sea en términos de tiempo, recursos o afecto. La cantidad de escritores, periodistas y estudiantes a quienes él animó a seguir produciendo saberes y reflexiones -con desinterés y altruismo- es enorme. No voy a hacer una lista. La reacción de tantos al conocer la triste noticia es un homenaje. Coincidimos en que el legado de Félix es intelectual, pues nos dejó libros pertinentes a la discusión de aspectos de nuestra cultura, y también amoroso. Resulta que su solidaridad con el trabajo de otros fue -es- un acto de amor imperecedero.

Justamente hace doce años, Félix me confió sus poemas. Había armado un libro, Serenos semejantes, que sorprendió a los que no conocían que hacia los años 80, había sido co-editor, de Aldebarán, revista literaria que repartía por los pasillos de la universidad junto a su siempre querido José Quiroga -que también se nos fue antes de tiempo apenas unas semanas atrás. De aquel poemario, José escribió lo siguiente:

Serenos Semejantes aparece como una huella en la almohada, el rastro de alguien que dormía en una casa antes de haberse fugado. Es un libro de tránsito, de movimiento, de fugas y texturas. Por él nos damos cuenta, de nuevo, de que Félix Jiménez – uno de los ensayistas más lúcidos que se conocen, siempre ha sido, ante todo, poeta. Sus dos secciones, como un binomio (piedra negra sobre piedra blanca) la arquitectura de un amor que no tiene porqué atreverse a decir su nombre, si se supo desde siempre, y si no fue uno si no varios. Desde «canción de ruidos y autarquías» hasta la «( s. )» final del libro, Serenos Semejantes compone un plural necesario, para una obra que todavía está por conocerse”.

Lo mucho que le debemos a Félix todavía está por conocerse. Poco a poco lo iremos entendiendo. Solo me resta, junto a tantos que mucho lo quisimos, darle un abrazo emocionado a este poeta, que como dijo aquel otro bardo siempre fue compañero del alma, compañero.