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Bananas amarillas por fuera y verdes por dentro

 

Especial para En Rojo

Salí antes de las ocho de la mañana al supermercado que llaman SuperMax, nombre rimbombante que es más ruido que avellanas frescas. Hoy me propongo hornear un pan de banano o de guineos maduros como decimos en Borikén, nombre originario de la isla de Puerto Rico. Los ingredientes son: tres guineos maduros, harina, huevos, aceite de oliva, almendras rebanadas, polvo de hornear y no sé qué más.

Me llevo una bolsa grande de tela del museo metropolitano de Nueva York, pequeña por fuera pero que se expande por dentro como un saco de ñames. Estoy prevenido con las bolsas porque siempre que paso por el estante de libros callejeros de la calle Loíza. Encuentro libros interesantes que la gente ya no quiere en su casa. Ya es mi costumbre llenar la bolsa de libros antes de llegar a SuperMax. Eso me pasa siempre. Es una librería libre al sol y al sereno. En ella he encontrado cuatro volúmenes de las Obras Completas de José Ortega y Gasset, La Ideología Alemana de Carlos Marx y Federico Engels, El país de cuatro pisos de José Luis González y El mercado de culpas de mi amigo Héctor Meléndez.

Esta callejería de libros me ha dado un buen arsenal de novelas de autores puertorriqueños como Enrique Laguerre, Manuel Alonso, Manuel Zeno Gandía, René Marqués, Rosarito Ferré, Marta Aponte, entre muchos otros. En la librería libre siempre hay oportunidad de encontrar el buen teatro de Luis Rafael Sánchez, Manuel Méndez Ballester y Francisco Arriví. La poesía por lo general es callejera y libre. He echado en mis bolsillos poemarios de Luis Palés Matos, José de Diego, José Luis Vega, Julia de Burgos. Ellos son algunos tesoros que he expropiado de la librería huérfana de la calle Loíza.

En Libros Libres es sorprendente la cantidad de textos en inglés que superan por mucho la colección gratuita de libros en español. Para un extranjero turista, la primera impresión, al pasar por este promontorio, es que en Puerto Rico no se lee en español. Yo he visto a turistas tirando los libros en español con desdén como si fueran los libros nativos estorbos para la colección extranera de libros en inglés. En una ocasión vi a uno de ellos tirar El Gíbaro de Manuel Alonso, igual como se tira al zafacón el papel higiénico. Le expresé mi disgusto porque me sentí ofendido. Tenemos que defender a nuestros autores a toda costa.

Yo también hago mi parte aumentando la colección de lecturas en esta biblioteca calleja donde abundan libros babilónicos de autoayuda. Y para ser recíproco, me he desprendido de muchos libros que en alguna ocasión me arrancaron el alma. Pienso que lo que me pertenece a mí es la lectura de ellos, no los libros en sí, que van y vienen.

La rutina que acostumbro hacer, desde mi regreso a la isla en noviembre del 2020, no la interrumpo por nada. Eso incluye ir de compras a SuperMax. Mi ruta está clara, hago dos paradas y camino como Dios manda con ropas de los trópicos, sombrero de panamá y zapatos de cuero inglés. Soy feliz figurando mi persona lo más elegante y caribeña posible. Me sorprende que los paisanos ya no visten con ropas ligeras tropicales. Los cuerpos en general ya no se visten con distinción. La ropa es más pesada, oscura, de invierno, de zapatillas y camisetas deportivas. Me impacta y es difícil de asimilar como los vestidos caribeños, frescos y elegantes, están en desuso en Puerto Rico.

La vestimenta urbana es casi idéntica a un tablero de ajedrez. En los estantes de ropa a la venta no hay piezas de algodón, lino, guayaberas ni sombreros de Panamá. No se ven zapatos de cuero. Aquí se ha declarado la muerte al estilo de vestir y calzar de nuestros abuelos y padres. Yo hago de museo con dos piernas cuando pienso en la Fina Estampa de mi padre como le cantó a su padre Chabuca Granda .

En cuanto a las buenas costumbres, no me olvido de darles los buenos días a los paseantes que me encuentro en mi salida ordinaria al supermercado. “Buenos días señora o señor”. Mi saludo es siempre diáfano e intenta regalar una sonrisa . armoniosa. Los vecinos del barrio Machuchal de Santurce son recíprocos con mis saludos de buenos días o buenas tardes. Pero los turistas y los trabajadores gringos de la Florida, o los trabajadores de LUMA, (Es la sigla de una compañía americana que administra el servicio eléctrico en la isla) ni se enteran cuando les doy unos buenos días en español. Les digo a veces, “Good Morning” pero de ningún modo me responden. No sé, a lo mejor carecen de afectos.

Hay un pordiosero que se la pasa pidiendo pesetas en el semáforo de la Calle Loíza y la Avenida de Diego. Se ve muy mal de salud. Tiene unos treinta años más o menos. Se planta en el cruce a probar la fortuna para comprar un café con pan o una coca cola. No lleva zapatos y camina muy pastoso como si hoy fuera su último día en este mundo cruel pero aún, debo decir, tiene voluntad para extender sus manos que desafían la compasión de los transeúntes. Diariamente, la palma de su mano está abierta a cualquier depósito. El mendigo super urbano es un gestor de limosnas que se planta en un espacio de cruce de calles rodeado de grafitis, se la juega contemplando murales gigantes sin sentidos. El gestor menesteroso es un protagonista consciente que se instala en la encrucijada discapacitado, equipado con celulares y potes para recolectar limosnas. Fuera más dignos que vendieran agua o bombones como hacen los pobres de la tierra. Pero, en Puerto Rico no es así, los gestores públicos de la calle son más orgullosos y detestan insertarse en la economía subterránea. De manera que son un lumpen proletariado desplazado por la cadena de producción como dirían los marxistas clásicos. Sin embargo, los gestores limosneros boricuas son muy agresivos y protestones si no le colaboras, es decir, que no están desprovistos de su conciencia de clase, que no lo han perdido todo, les queda remordimiento.

Es posible que no se sientan marginados ellos mismos y exigen su espacio social y sus benefactores. Los pordioseros de la capital conocen esa concepción de Hobbes del ser humano basada en que “el hombre es lobo del hombre”. Mientras haya cooperación y empoderamiento, los gestores de las encrucijadas serán considerados unos altruistas por investigadores salubristas y las ONG aliadas a los neoliberales salvajes. Durante el reinado de Luis Bonaparte, los bonapartistas definieron de La Boheme a la masa de lumpen, “difusa y errante”.

He tenido unos leves encuentros con el limosnero apostado en la calle Loíza. Lleva el pelo largo y su barba rubia la tiene descuidada. No sé su nombre, no tiene buen aspecto pero conserva unos rasgos físicos que me inducen a pensar que fue una persona atlética, elegante y empoderada como se dice hoy. En mis caminatas acostumbro a desearle buenos días y si tengo un peso en el bolsillo se lo doy sin miramientos. La gente y los conductores le sacan el cuerpo al desdichado boricua que ciertamente da pena. Un pensamiento de compasión surge de inmediato solo con mirar el rostro de este señor anónimo que no se esconde para pedir ni de actuar de pícaro. Pienso que fue una persona grande y feliz antes de estar desposeído de bienes. Lo he observado bien. Creo que tuvo algo importante en su vida que amó pero que ahora no tiene significado alguno para él. Pero mientras tenga vida será una persona digna. Le pasé por el lado y estaba sentado en la acera con sus pies en la calle esperando que lo atropelle un no sé qué, sin sentido. El destino le da igual bueno o malo. Con temor a equivocarme, deduzco que ya no le quedan palabras que expresen acercamientos culturales con indiscretos como yo. Solo sabe decir repetidamente “dame algo para un café” y punto.

Observo que la luz del día lo inquieta, lo ciega, lo pone de mal humor. No ve ni distingue a la gente solo se retuerce para pedir de un lado al otro de la calle. Ya no tiene ningún aplomo y hasta para extender la mano se desgarra de dolor. Ya no tiene canciones, ya no respira el aire de la belleza y la poesía. Ya ni el miedo le estremece. No sabe de la pandemia, ni lleva mascarilla y nadie se atreverá a reprenderlo. Me pregunto quién necesita a un vagabundo para convertirlo en ciudadano sano de puertas abiertas donde quiera que vaya. Se sienta en la acera a esperar una limosna sin gritos, sin prisas, sin lamentos; el tiempo no existe en sus ojos.

En estas sus circunstancias diarias, encontré al limosnero cuando salí del supermercado. Cuando me alejé unos pasos de él recordé que aunque no tenía dinero, sí que le podía ofrecerle un guineo maduro que llevaba en la bolsa para hacer el pan de guineo. Lo siguiente que hice fue acercarme a él y le dije, “Señor quieres un guineo maduro”. Él extendió su mano piadosa y de inmediato separé un guineo de los otros dos y se lo puse en sus manos vacías. No intercambiamos una sola palabra. Todo fue muy mecánico, no hubo gestos entre él y yo. Él no se levantó, yo no me detuve. Esa ofrenda de la banana fue un acto muy seco, su rostro estaba pálido, su mente estaba ausente y me quedé en el acecho esperando por un humilde agradecimiento. Pensé, en un acto reflejo, que era un extranjero mercenario perdido en la selva tropical como aquel personaje estrafalario y cínico del cuento Mr. Taylor del guatemalteco Augusto Monterroso.

Hablando de cínicos, este hombre de la calle vive sin pudor, sin importarle el qué dirán. Le importa un comino lo que yo piense de él. Vive en contra de la cultura de consumo y de paso me sitúa como un burgués ordinario. Lo único evidente es que somos dos extraños, tal cual. Pensará para sí mismo que yo no aporto nada a su vida, sigue tu camino. Visto así, se convierte en un cínico de la calle que ha perdido toda vergüenza como los cínicos antiguos en virtud del cual unían su filosofía cínica a la vida de los perros. Los filósofos de la calle viven una auténtica autarquía, no dependen de nadie para masturbarse o hacer sus necesidades en las avenidas de la ciudad. Este señor no puede vivir de la mentira sino que vive atacando, refunfuñando y limosneando a su modo. Es diferente porque no duda de su conducta muy suya mientras que no desea rehabilitar nada, no alude a referentes, ni a valores patrióticos, ni mucho menos intenta hacer público teorías de luchas de clase y racistas. Es decir, que le vale un huevo nuestra crisis impúdica y corrupta. Sin embargo, pienso que su perfil urbano tiene méritos ocultos. Su testimonio es un muro de Berlín. Además, imagino este tipo de mercenario titulado como Tercio de Flandes. Su vena de pendenciero urbano es de ruptura diaria contra la cultura corporativa. Además, a su manera, pública su repudio a la inmoralidad de nuestra clase política estafadora.

Hay nuevos Diógenes en Santurce, en el barrio Machuchal y más allá de la ciudad amurallada que nos machacan la servidumbre al mundo neoliberal. El cínico de la calle Loíza no tiene atajos ni tiene agendas que represente su verdad ni reclama la salud que debe echar de menos. Sin duda alguna, lleva el entusiasmo de vivir sin la actitud de prolongarla como un canino sato abandonado en la ciudad capital. Su aullido de perro sarnoso, entiendo yo, es una denuncia a mi estilo de vida, mi cultura de poder y de placeres modernos. Me desprendí de un guineo burgués pero el cínico de la calle Loíza, probablemente, se ha desprendido de sus sueños, de su riqueza, de sus placeres y de su autoridad.

Como Mr. Taylor, este desarraigado puertorriqueño lleva una vida de perros. El desdeñoso de mi barrio me sirve para reflexionar por dónde anida la isla indagando la libertad, mejorando la salud mental y física, practicando la misericordia, la empatía o validando la razón. Cuando le entregué la fruta sentí que su vida hervía, sus ojos me dieron un sin sentido de rabia y de vaga esperanza. Al parecer, el desgaste humano es tal que hasta la generosidad se convierte en un cáliz maldito que lo aparta de cualquier mirada que tenga brillo, diálogo y patria. Me aparté de él. Seguí mi camino de regreso a mi casa pensando que aún se movía, que tenía boca para comer y pensé que en él se conservaba algo vivo que yo no sabía apreciar.

Y de repente como si pasaran miles años, escuché una voz desgarradora y amenazante que salía del vagabundo que me gritaba: “Hijo de la gran puta el guineo está verde”. “Hijo de la gran puta el guineo está verde”. Miré hacia atrás de soslayo cuando justo ahí, le vi arrojar el guineo contra la carretera. Aprendí hace muchos años que el hambre vence al hambre pero debo reconocer que este dicho no se aplicaba a este “puntual performance urbano». Parece que comer una fruta amarilla no es tan fácil. Yo les juro a ustedes que daba por maduro el guineo amarillo que acababa de comprar como la materia prima del pan de guineo. Bueno pues, le regalé uno al pordiosero con la buena intención de mi parte. Debe ser que, no todas las frutas amarillas están listas para ser consumidas. Asumimos hace mucho tiempo en la isla que lo amarillo es fruta apetecible y que es un color afortunado. Nada más equivocado. No todo lo que brilla es oro. Es una falacia de mercado que influyen en nosotros al consumo sin pudor alguno. El mercado nos hace creer que los frutos amarillos estan ablandados, que son fáciles degustaciones.

Desde hace siglos, sabemos que el color amarillo era una representación de enfermedades, el paludismo y las epidemias. Era el color de las brujas y de alquimistas. Había leyendas oscuras de lobos feroces con una fila de colmillos en cuyo un hocico colérico despedían abundantes espumas amarillas en el suelo. Además, contamos con historias de demonios medievales con ojos amarillos para morirse de miedo. En nuestra isla lo amarillo es chinita. Le decimos a la naranja chinas. Aquí también, el pelo amarillo en la mujer es la perdición del negro según el refranero puertorriqueño. Recuerdo de niño que en mi barriada, en las madrugadas de chubascos repentinos, aparecían unas tortas amarillas gigantescas que se adosaban como hongos a las rocas que nadie osaba tocar porque la leyenda decía que se había cagado una bruja. Es decir, que hasta la mierda desconocida se aparecia de color amarilla. también, sabemos que el amarillo es un color narcisista, aparte de representar la amistad y la belleza. Helena de Troya fue una bermeja portentosa que causó la guerra más brutal de la antigüedad descrita en La Iliada de Homero. A finales del siglo XIX, la prensa amarilla americana azotó los caballos de la Guerra Hispanoamericana en 1898 con serias implicaciones que nos llegan a nuestro país hasta hoy día.

Es decir, la simbología del color amarillo antagoniza con la belleza y con la historia de sangre de la humanidad. El final trágico de Marilyn Monroe fue elevado a un hermoso canto poético del poeta nicaragüense Ernesto Cardenal. De modo que, es ficticio que la materia amarilla sea equivalente a maduro, que además sea equiparable al sentimiento de fraternidad, belleza y profanación. Lo amarillo ha sido enquistado a muchos temas del imaginario cotidiano. Las bananas que se importan en Puerto Rico son una falacia, son un fracaso y nos dividen. En fin, que yo las daba por maduras y hechas ya para que el pordiosero se la comiera a gusto en el badén de la acera. Estoy convencido que las falacias nos hacen vulnerables en el mercado de la oferta y demanda.

Las frutas que compré en el supermercado, las traen de países muy distantes de Puerto Rico. Estas frutas demoran meses almacenadas en las embarcaciones. De los cargueros pasan al puerto donde las cáscaras se tornan amarillas por el descongelamiento pero la pulpa permanece dura. Las bananas amarillentas son trasladadas a frigoríficos para evitar que oscurezca la cáscara. Finalmente, en los estantes de los supermercados vuelve a descongelarse quedando las bananas amarillas por fuera y verdes por dentro.

De verdad que es repugnante comerse un fruto verde vendido como maduro. Y así, sin más, son comprados por los consumidores ingenuos. Las empresas de alimentos de importación nos engañan. Nos timan con los bonitos colores amarillos y rojos de las frutas que nos vienen añejas de California, Latinoamérica y de Asia. Si expandimos esta representación, podemos decir que los puertorriqueños no están hechos, que no están maduros, sus vidas corren a medio camino, a medio hacer. Es decir, que se desconoce a qué sabe nuestra vida completa cuando nos llegan los alimentos medio hechos porque se consumen en un punto de deshielo. Nuestra vida se malogra en confianza ciega a los frutos importados con implicaciones en nuestra salud. En nuestro trópico los frutos sembrados se tiran, se ignoran. No tenemos el coraje de recogerlos y de probarlos con provecho para nuestro bienestar.

Yo quedé muy mal con cínico de la calle. Mi acto de generosidad no tuvo frutos, rebotó en mi conciencia. Él rechazo que me hizo fue justificable por muchas razones. Ya ustedes se podrán imaginar, no hay más que agregar. Lo verde y amargo no sabe bien aunque se tenga una mordida de hambre trasnochada. El indigente se sintió estafado por mí. Y de ahí fue que salió ese grito espectral: “Hijo de puta el guineo está verde”. Le salió del alma sin pelos en la lengua, me desgañitaba una blasfemia vengativa de hipócritas dádivas que ocurren en la calle. Entonces, no me quedaba otra que apresurar el paso, doblé por la calle lateral que hace esquina con el restaurante Bebo, siempre a tope de clientes que entran hambrientos y salen como barriles de tocino. Seguí alejándome hasta el punto de lograr esquivarme de los berrinches profanos del cínico más irreverente de la calle Loíza. Me interné en la calle San Jorge. Pasando por la iglesia me persigno y le ruego misericordia al patrón del barrio. A la postre, me sentí más aliviado cuando desaparecieron las furias maléficas que me condenaron a los infiernos.

 

Sábado, 4 de septiembre del 2021

 

 

De Puerto Rico al planeta: la obra poética de Magaly Quiñones

 

Carlos Esteban Cana
Especial para En Rojo

 

El momento en que uno de los funcionarios de la Academia anuncié a los periodistas y al mundo entero que la poeta Magaly Quiñones ha recibido el Premio Nobel de Literatura por una obra literaria excelsa muchos incrédulos se transformarán en devotos. No es secreto para nadie en el Archipiélago Boricua la consecuente labor que Magaly Quiñones ha desplegado a la hora de ofrecer la poesía  a manos llenas a niños, jóvenes y envejecientes; la fe inquebrantable de la poeta en el poder transformador del verso y la metáfora es prueba fehaciente de la base que sostiene su servicio a la patria que le vio nacer. Reconocido lo anterior, lo que hace trascendente la obra de la escritora es, sobre todo, su excelencia. En más de una ocasión he utilizado una palabra para describir lo que Quiñones ha desplegado en sus veinte libros y esa palabra es monumental. Página tras página, desde 1969, su poesía ha alcanzado nuevos niveles y dimensiones. Este servidor que lleva 35 años inmerso en el panorama literario como lector reconoce que así como Luis Palés Matos, Julia de Burgos o René Marqués fueron gigantes embajadores literarios en su época, del mismo modo hoy se puede decir lo mismo de la escritora Magaly Quiñones.

No es la primera vez que un movimiento de respaldo a la candidatura al Premio Nobel de Literatura se da en Puerto Rico. En los 80 y 90 vimos este tipo de gestión en Puerto Rico con dos escritores de prolífica y valiosa producción: Francisco Matos Paoli y Enrique Laguerre. Hoy es el turno de Magaly Quiñones. Desde Chile y Argentina hasta España y Canadá las expresiones de respaldo a nivel internacional se han dejado sentir.

Asociaciones educativas, escritores, lectores y académicos se han unido a este movimiento que ha ido creciendo a través del tiempo. En esa dirección, la expresión de respaldo más reciente se dio durante XV Encuentro Internacional de Mujeres Escritoras en Arica, Chile en octubre del 2023. Como parte del evento la periodista venezolana Alessandra Hernández,  vía Zoom desde Buenos Aires, ofreció la conferencia “Un claro batir de alas: Mujer/Caribe. Identidad y género en la obra de Magaly Quiñones”.

Regresando a Puerto Rico es notable destacar que este movimiento de respaldo a la candidatura de Magaly Quiñones al Premio Nobel de Literatura se ha expresado a través de voces diversas. Lectores de distintas profesiones, educadores y artistas han formado una polifonía solidaria que sigue floreciendo. De una u otra manera, el merecido reconocimiento a esta escritora ponceña con 55 años de excelso servicio poético se ha manifestado durante décadas. He aquí, como recordatorio, una recapitulación incompleta de sus logros: en 1986 su libro Nombrar recibe el Premio Nacional de Poesía otorgado por el Pen Club; en 1987 se le concede la Medalla del Instituto de Cultura; en 1995 recibe el Diploma de Maestro de Poesía, otorgado en Valparaíso, Chile; su libro Sueños de papel (publicado por la Editorial de la Universidad de Puerto Rico en 1996) recibió Mención de Honor del Instituto de Literatura de Puerto Rico; en el 2014 recibe la Medalla Julia de Burgos; en el 2018 bajo el sello de Publicaciones Gaviota presenta su libro Antología de poemas escogidos, una selección de su poesía traducida al inglés; el 26 de enero de 2021 el Semanario Claridad dedica su crucigrama en el suplemento cultural En Rojo a su obra y trayectoria. También el 23 de mayo de ese año el periodista Wilkins Román Samot publica en la revista cibernética Letralia el reportaje-entrevista Magaly Quiñones: “Hoy vivo en la poesía y para la poesía”; y el 4 de noviembre de 2023 fue la invitada especial en la bohemia Laro y sus amigos en el Poet’s Passage del Viejo San Juan.

Mencionado todo lo anterior, con estas reflexiones quiero invitar a los lectores a que se acerquen al universo poético-boricua-caribeño de Magaly Quiñones; libros que están disponibles en las librerías del País, especialmente en las que ubican en el centro urbano Río Piedras. Que nadie les cuente, que cada lector tenga esa experiencia por sí mismo. Y si hay algo más que hablar, lo hagamos durante la sobremesa, compartiendo y declamando la buena poesía de una de las escritoras más importantes de Puerto Rico.

 

Gangsterización e intervención imperialista en Haití

 

Simón Rodríguez*

A inicios de marzo, mientras el gobernante de facto Ariel Henry se encontraba en Kenia negociando un acuerdo para el envío de tropas a una misión de ocupación de Haití, las bandas armadas que controlan Puerto Príncipe lanzaron una ofensiva: sitiaron el aeropuerto y el puerto de la ciudad, liberaron más de cuatro mil presos de las principales cárceles y exigieron la renuncia de Henry. Al no lograr retornar al país, Henry finalmente perdió el apoyo de sus jefes estadounidenses. El 11 de marzo aceptó renunciar y dar paso a la conformación de un Consejo Presidencial, un gobierno interino designado por EEUU, Francia y la Comunidad del Caribe, con la misión de organizar unas elecciones, algo que Henry no logró en tres años. Pero todavía el 28 de marzo los miembros de este Consejo no habían logrado su instalación.

El propio Henry había sido impuesto a la cabeza del Estado haitiano por el Core Group en 2021, una especie de consejo colonial encabezado por EEUU, Francia, el Estado español, Alemania, Brasil y Canadá, luego del asesinato del presidente Jovenel Moïse. La crisis refleja tanto la lumpenización de la burguesía haitiana como el fracaso de décadas de intervención militar y política imperialista en el primer país independiente del Caribe, emblema de la revolución antiesclavista. Estos elementos han conducido a un virtual colapso del Estado haitiano y el vacío lo han llenado decenas de grupos armados del crimen organizado.

Desde 2021, el imperialismo estadounidense intenta impulsar una nueva ocupación militar, pero sin emplear sus propias tropas. No pudo convencer a Canadá o a Brasil de encabezar la ocupación, emulando a la MINUSTAH, misión de la ONU encabezada por Lula en 2004 y que se extendió hasta 2017. Finalmente, en octubre de 2023, EEUU logró la aprobación de una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, con la abstención cómplice de China y Rusia, para avalar el despliegue de tropas en Haití. Sobornó con financiamientos a gobiernos africanos y caribeños para proveer las tropas, con Kenia a la cabeza. Sin embargo hay indecisión y contradicciones en el régimen keniano, lo que obligó a Henry a viajar en marzo y tratar de amarrar el acuerdo. Al caer Henry, el gobierno keniano supeditó el envío de las tropas a la conformación del Consejo Presidencial. EEUU, por su parte, estableció como requisito para los aspirantes a integrar ese gobierno provisional la aceptación de la intervención militar.

La ONU admite en informes recientes que las bandas gangsteriles controlan el 80% de Puerto Príncipe, incluyendo la mayor parte del sistema de suministro de agua, las principales carreteras y en distintos momentos edificaciones estatales, terminales de suministro de combustible y zonas de producción agrícola. Son alrededor de doscientas pandillas, algunas con un origen vinculado a funciones paramilitares al servicio de sectores empresariales y políticos a cambio de impunidad, armas y dinero. Aunque distintas coaliciones pugnan por el control territorial, todas tienen en común su carácter económico parasitario, financiándose mediante el narcotráfico, la extorsión, el secuestro y la piratería, cobrando peajes e impuestos informales en los territorios bajo su control. Utilizan métodos terroristas contra la clase trabajadora y los sectores populares, perpetrando masacres y saqueos, desplazando a más de 300 mil personas en la capital.

Se constata un círculo vicioso. La ruina del campo tiene causas estructurales en políticas aplicadas por EEUU y sus gobiernos títeres en Haití, como la importación masiva de arroz estadounidense subsidiado. La ruina rural a su vez es una de las causas de una emigración hacia la capital y el exterior, en los últimos cuarenta años, y genera condiciones en las cuales ha prosperado el crimen organizado en los barrios urbanos. La extorsión de las bandas al campesinado obstaculiza la producción agrícola, agravando el hambre y la pobreza.

También existe una relación histórica entre gobiernos y bandas armadas: éstas son un síntoma de la debilidad del régimen político. La dictadura duvalierista tuvo un aparato represivo paramilitar durante casi tres décadas, hasta su caída en 1986. En la década del 90, al ser restituido en el poder por EEUU luego de haber sufrido un golpe de Estado, el presidente Aristide desmanteló el ejército, pero también desarrolló una relación clientelar con bandas armadas. En 2004, Aristide sufrió un nuevo golpe de Estado apoyado por EEUU, que fue complementado con la intervención de la MINUSTAH. Esa ocupación dejó una estela de crímenes represivos y un legado político de elecciones fraudulentas, de las que surgieron los gobiernos neoduvalieristas del PHTK. Michel Martelly y Jovenel Moïse, además de sus vínculos con el narcotráfico y con EEUU, se beneficiaron ampliamente con el festín de la corrupción de Petrocaribe, el esquema de financiamiento petrolero venezolano que desembocó en uno de los mayores desfalcos de la historia de Haití.

Moïse tuvo que lidiar con la salida de las tropas de la MINUSTAH y el fin de los subsidios venezolanos. El FMI presionaba por un aumento drástico de los precios de los combustibles, pero el primer intento en julio de 2018 fue derrotado por las protestas masivas. Acorralado por el auge de las protestas, con una base social cada vez más precaria, Moïse optó por métodos desesperados. En 2019 contrató a mercenarios estadounidenses y serbios para asaltar el Banco Central y hacerse con 80 millones de dólares del fondo de Petrocaribe. Fracasó, los mercenarios fueron detenidos y expulsados a EEUU. Aumentaba la violencia mafiosa, los secuestros y las huelgas policiales. Entonces Moïse se alió a un ex policía que dirigía una pandilla en el barrio de Delmas, Jimmy Cherizier, señalado por su responsabilidad en las masacres de Grand Ravine en 2017 y La Saline en 2018, mejor conocido como Barbecue.

En 2020 Barbecue anunció la creación de una federación de pandillas denominada G9. La representante de la oficina de la ONU para Haití (BINUH), la diplomática estadounidense Helen La Lime, llegó a celebrar y atribuir una reducción coyuntural de los homicidios a la creación de esta federación. La pax mafiosa duró poco. La guerra por territorios se intensificó. Moïse, ya sin el apoyo de los principales burgueses ni de Martelly, intentó huir hacia adelante, disolviendo el parlamento. Maniobró para imponer un cambio de la constitución, la creación de un organismo de inteligencia bajo su control directo y unas elecciones tuteladas por las pandillas aliadas a él. Antes de que pudiera llevar a cabo estos proyectos, fue liquidado por mercenarios colombianos y agentes de la DEA, en un golpe palaciego propinado por sus ex aliados. Pocos días antes de su asesinato, incluso Barbecue había roto públicamente con Moïse. Con Henry, la situación económica y social llegó a su punto más bajo y las pandillas continuaron copando los vacíos dejados por el Estado.

Dos décadas después del inicio de la ocupación por parte de la MINUSTAH, de una persistente intromisión del Core Group y de la BINUH, el resultado es un aumento de la pobreza y del control gangsteril. Una burguesía haitiana descompuesta se encuentra en un callejón sin salida político. Como consecuencia del tutelaje imperialista, Haití es uno de los pocos países del mundo con un PIB per cápita similar al de hace seis décadas.

Es urgente una campaña internacional de solidaridad con el pueblo trabajador haitiano, por el reconocimiento de su derecho a la autodeterminación, por la anulación de la deuda externa y el pago de reparaciones por parte de EEUU, Francia y la ONU. Un nuevo gobierno de facto impuesto por EEUU quizás será inevitable en las actuales circunstancias, pero no tiene ninguna legitimidad y no solucionará ninguno de los problemas fundamentales del país. La derrota de los gángsters y de la injerencia imperialista son dos aspectos de una misma tarea democrática y revolucionaria que tiene ante sí el pueblo haitiano, para la cual debe contar con la solidaridad de la diáspora y de la izquierda y la clase trabajadora caribeña y latinoamericana.

*Miembro de la dirección del Partido Socialismo y Libertad (PSL) de Venezuela y de la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores – Cuarta Internacional (UIT-CI). Tomado de Lucha Internacionalista– Prensa.

 

Barrio Obrero se reinventa

 

La Junta Comunitaria de Barrio Obrero Oeste Se Reinventa, Inc y el Comité Coordinador del Festival de la Fundación de Barrio Obrero llevarán a cabo el 2do Festival de la Fundación del Barrio Obrero el domingo, 7 de abril de 2024 desde la 1:00 a 8:00 PM en la emblemática Plaza Antonio R. Barceló (Ave. Borinquén), en el cual se reconocerá la música, arte y cultura de la historia del barrio.

La actividad tiene como objetivo fortalecer la integración cultural, crear un espacio de intercambio y disfrute familiar para nuestras comunidades, sectores adyacentes, barrio obrerenses ausentes y la diáspora. Con la participación de organizaciones comunitarias del sector, escuelas públicas, universidades, negocios, empresas locales y sectores adyacentes, entre otros

Entre las organizaciones colaboradoras se encuentran el Fideicomiso de la Tierra del Caño Martín Peña, G-8, Municipio de San Juan, Instituto de Cultura Puertorriqueña, Nuestro Barrio de la Universidad del Sagrado Corazón, Museo de Arte Contemporáneo (MAC), Taller Comunitario La Goyco, La Casa de la Plena Tito Matos, grupos culturales, educativos y organizaciones comunitarias de San Juan.

La actividad contará con presentaciones para toda la familia y público en general, incluyendo talleres para la niñez, la juventud, mesas informativas, exhibiciones fotográficas, artesanías y la participación de grupos musicales y teatrales para todas las edades.

Entre los artistas que subirán a la tarima se encuentran Candela Taller Tito Matos, Tamboricua, Banda de la Policía Municipal de San Juan, Camínalo Tributo al Caballero de la Salsa, Julio Del Hoyo y Las Quenepas, Bomba con Trovadores Taller Palenque, Proyecto Educativo CMP, Tuna UPR, Batucada de la Esc. de Libre de Música, Proyecto Itinerante de la Universidad del Sagrado Corazón.

La Coordinadora de la actividad, Awilda Camacho Llanos informó que durante el Festival habrá un reconocimiento a personas destacadas en el arte, la música y la cultura del barrio. Se encuentran entre estas la pintora, coreógrafa y bailarina experimental Awilda Sterling Duprey, la periodista, escritora y poeta Ana Castillo Muñoz, el productor musical y arreglista Carlos “Cuto” Soto y el compositor del pueblo Peter Velázquez. También se le rendirá un reconocimiento póstumo al músico percusionista, Ángel «Cachete» Maldonado.

 

 

Encantar la política con la espiritualidad

 

 

Marcelo Barros1

Especial para En Rojo

 

«Encantar la Política con arte, cultura y democracia» es el tema que, en estos días, en Brasil, reúne a miles de personas de diferentes iglesias cristianas y otras expresiones de fe. Es el 12º Encuentro Nacional del Movimiento Fe y Política, que se celebra en Belo Horizonte – MG, del viernes 5 al domingo 7 de abril. Este tema recuerda la vocación de todas las personas que se sienten atraídas por la política desde la motivación de su fe o espiritualidad. Ese tema supone el impulso de transformarnos interiormente y de luchar juntos por la transformación de la sociedad y del mundo. No es sólo un programa o cuestión de metodología. Es camino de espiritualidad.

Actualmente, en el mundo hay quien confunde espiritualidad y espiritualismo. En realidad, el espiritualismo separa lo material y lo espiritual. Divide lo sagrado y lo profano. Se limita al individualismo íntimo y no va más allá de las devociones rituales. Muy al contrario, la espiritualidad es energía interior de amor y comunión que existe en todo ser humano y que se experimenta socialmente. Las religiones y tradiciones espirituales reconocen que esta energía es don divino y diviniza a todo ser humano. Lo que diviniza al ser humano y a la sociedad es el amor social.

El cristianismo cree que esta dimensión amorosa presente en la vida de cada persona y de las comunidades es la presencia misma del Espíritu Santo en nosotros. Por eso, el apóstol Pablo habla de una «vida guiada por el Espíritu». Este es el Espíritu de Vida, que en cada tradición espiritual tiene un nombre, pero siempre se distingue por ser la energía de la vida. Por tanto, todo lo que favorece la vida (personal y colectiva) es espiritual. Lo que no conduce a la vida y no expresa amor por la vida no es espiritual. Por eso, toda espiritualidad es ligada a la vida concreta, es decir, a lo que los pueblos indígenas llaman buen vivir, o bien vivir. El Evangelio explica este camino como «vida en abundancia» o «la intensidad de una vida feliz» (Jn 10,10).

Cuanto más nos humanicemos, más nos abriremos al soplo del viento divino que llena de encanto nuestra vida personal, nuestras relaciones afectivas y nuestro trabajo personal y comunitario para transformar la sociedad y el mundo.

El antropólogo Eduardo Viveiro de Castro afirma: «Los indios pueden enseñarnos a vivir mejor en un mundo peor». Dice que esto se consigue mediante un «retorno progresivo y creativo (por tanto, no sólo nostálgico) a las antiguas cosmologías«2. El chamán Davi Kopenawa afirma que las danzas de los xapiris (espíritus del bosque) en las noches de luna restablecen el equilibrio de la naturaleza (ecosistema) y ayudan a los Yanomami a recuperar su alegría de vivir 3.

Podemos descubrir la misma energía de vida en las espiritualidades afrodescendientes. En ellas, la danza es un instrumento para recomponer la armonía de la vida. El cultivo del Axé como energía vital es esencial en todas las corrientes del Candomblé. Un sacerdote de la religión negra explica: «El Candomblé o Santería refuerza la armonía entre los humanos y los Orixás. Los Axés se intercambian y se garantiza la dinámica de la Vida y la Alegría»4.

En enero de 2006, en el Foro Social Mundial de Caracas, el Presidente Hugo Chávez declaró: «La política sólo se puede hacer con amor. Si no se hace con amor, la política se degrada y se convierte en mera politiquería». La Política con P mayúscula, como la llamó Oscar Romero, tiene como eje central el ejercicio del bien común y el objetivo de humanizar la economía y las estructuras fundamentales de la convivencia humana en la Tierra

Así como todo árbol está sano si su raíz está sana, lo que el Papa Francisco llama «la mejor Política» (Cf. Fratelli Tutti, cap. VII) tiene como fundamento la espiritualidad liberadora.

Hoy en día, se están extendiendo por el mundo muchos fundamentalismos religiosos basados en el fanatismo y que expresan odio y prejuicios. Necesitamos vacunarnos y ayudar a las comunidades a vacunarse contra esa epidemia de crueldad religiosa que siempre ha perseguido a los profetas del Amor Divino en las más diversas religiones y que mató a Jesucristo.

Necesitamos unir fe y política para que las religiones puedan ejercer el papel profético que corresponde a la fe, como proyecto divino de transformación del mundo. De este modo, siempre podrán desarrollar una espiritualidad liberadora como fuerza de resistencia para construir una sociedad de paz, justicia y comunión con la Madre Tierra y la naturaleza.

Para quienes son activistas en este camino de fe, el primer desafío es unir lo que podemos llamar la micropolítica con la macropolítica. Esto significa luchar para que nuestras vidas personales, nuestras relaciones humanas en casa y en nuestro barrio, puedan, de hecho, reflejar lo que creemos y decimos que queremos en la gran política de la ciudad, el estado, el país o el mundo. A menudo seguimos encontrando en nuestros grupos personas que defienden una nueva Política en términos de un mundo futuro, pero en la vida cotidiana son autoritarias y prejuiciadas.

Mahatma Gandhi propuso la regla fundamental de toda espiritualidad liberadora: «Empieza por ti mismo, el cambio que quieres para el mundo».

 

1– Marcelo Barros es monje benedictino, teólogo y asesor de Comunidades Eclesiales de Base, Pastorales Sociales y movimentos populares como el MST.

2– VIVEIRO DE CASTRO, Eduardo, no Prefácio ao livro: KOPENAWA, Davi e ALBERT, Bruce, A Queda do Céu, Palavras de um Xamã Yanomami, São Paulo, Ed. Companhia das Letras, 2015, p. 35.

3– idem, p. 328- 329.

4– CAMARGO, Odagil Nogueira, Experiência religiosa no Candomblé, São Paulo, Ed. Méritos, 2013, p. 15.