Inicio Blog Página 378

En Ítaca

 

 

Acaso Ítaca sea el desierto
al que he llegado
con esta edad,
estos libros,
muebles y objetos.

No pocas veces
me he preguntado
a dónde terminará
cada cosa,
si estarán en buenas manos.
Cuál libro en cuál mano,
cuál echado con prisa
en el cajón reservado
para el vertedero.

Un corazón
en que el latido salta
con fervor y breve aviso.
El ritmo de una respiración
que cesa cuando duermo.
El cansancio en las rodillas.
El peso. Ah, el terrible peso,
el grado cero acumulado
sobre quien siente
el abandono del ángel,
del mundo.

Entre los dedos sopeso
un pequeño juguete.
Pronto mi estatura
comienza a encoger.
Del desamparo seré la noticia.
Romperán la puerta,
guiados por el olor de días.
Tras el levantamiento,
manos con prisa
procederán a desalojar
el apartamento
para el próximo inquilino.

Al lado del cuerpo
un pequeño juguete
reproduce la escena
en la pintura de Miguel Ángel,
donde un dios y un hombre
rozan, apenas, los índices.

Allí, donde nada sobra.
Allí, en Ítaca.
Donde nada queda.

 

Guaynabo, 6 de enero de 2025

 

Segunda parte de mis experiencias favoritas con el cine del 2024

 

Especial para En Rojo

 Las próximas seis películas concluyen la primera parte de mi lista de las mejores del 2024, publicada el 2 de enero en En Rojo. Como especifiqué en la introducción de la primera parte del artículo, estas son tan solo las experiencias más intensas que tuve durante el año y sobre las cuales no escribí. Se me siguen quedando fuera experiencias que valoré, como Wicked (dir. Jon M. Chu; EE.UU., Japón y Canadá, entre otros, 2024), a la cual fui arrastrando los pies y, al final, por poco me levanto a aplaudir como si hubiese estado en el teatro. Con todo el dolor de dejar el musical afuera (inclusive, con lo boquiabierto que quedé con Cynthia Erivo y Ariana Grande), las siguientes experiencias me abrieron puertas a nuevos viajes que nunca pensé que tendría o que disfrutaría tanto.

Después de haber escrito sobre Challengers (dir. Luca Guadagnino, Italia y EE.UU., 2024), no puedo creer que el 2024 me trajo otra joya de Guadagnino en Queer (Italia y EE.UU., 2024). Entiendo las críticas que ha tenido, desde su construcción sumamente estereotipada de los mexicanos y del México de la década de los 40, y la fantasía problemática de los expats, esa gente blanca viviendo fuera de su país primermundista y que mantienen su privilegio colonizador. En este caso, el expat es William Lee (Daniel Craig), un escritor estadounidense que escapa a México por su adicción a la heroína. Lee explora esa “fantasía del Sur” mientras busca aventuras sexuales y una droga que le abrirá sus capacidades telepáticas. Guadagnino retrata esta fantasía con la poesía romántica de su Call Me by Your Name (Brazil, Francia e Italia, entre otros; 2018) y de la mano de su director de fotografía, Sayombhu Mukdeeprom. La soledad del protagonista en un mundo que no entiende, que se siente más claramente al final (y no he dado spoilers), fue un golpe para mí.

Sing Sing (dir. Greg Kwedar, EE.UU., 2024) fue otra experiencia de soledad y aislamiento, pero que resalta el poder liberador del teatro. La película se enfoca en Rehabilitation Through the Arts, un programa establecido en la prisión de máxima seguridad de Sing Sing en Nueva York. Coleman Domingo encarna el rol de John “Divine G” Whitfield, uno de los miembros fundadores del grupo, con la fuerza emocional que usualmente asocio con su trabajo. Sin embargo, el poder de Sing Sing está en cómo la mayoría de los actores son convictos reales de la prisión. Clarence “Divine Eye” Maclin, que cumplió una condena en Sing Sing por robo en el 2012, actúa una versión más joven de sí mismo y de cómo este se desenvolvió en la organización. En cada rostro, leemos un mundo de experiencias difíciles que han llevado a cada uno a la prisión. Sin embargo, como espectador, son refrescantes el disfrute y la dedicación con la cual todos trabajan para montar el musical más loco y divertido jamás visto. Es imposible no salir de Sing Sing sin una sonrisa inspirada por hombres que sufren por la pérdida de su libertad.

Tanto como en Sing Sing, donde el director se enfoca en comunidades marginadas, en Anora (dir. Sean Baker, EE.UU., 2024), que ganó el Palme d’Or en el festival de cine de Cannes del 2024, el director nos trae otra historia con personajes que sobreviven en los márgenes. Así como en Tangerine (EE.UU., 2015) Sean Baker cuenta la historia de una prostituta trans que busca a su novio para pedirle cuentas por su infidelidad y en The Florida Project (EE.UU., 2017) captura las travesuras y tristezas de unos niños que viven con sus familias en los moteles justo a las afueras de Walt Disney World, Anora sigue a una prostituta (Mikey Madison) que se enamora de un joven cliente ruso multimillonario (Mark Eydelshteyn). Baker es uno de mis directores estadounidenses favoritos y en Anora dirige su propia versión de una de mis películas favoritas de Federico Fellini, Le notti di Cabiria (Italia y Francia, 1957). Los finales en ambas películas nos recuerdan la crueldad de un mundo contradictorio donde todavía se encuentra una chispa de esperanza tanto en un abrazo de Anora como en la sonrisa llorosa de Cabiria (Giulietta Masina).

No propongo que esta preferencia sea compartida por todos mis lectores, pero MaXXXine (dir. Ti West; EE.UU., Reino Unido y Nueva Zelandia, 2024) fue una de las películas que más disfruté este año. MaXXXine concluye una trilogía de terror que me he gozado y cuyo segundo volumen, Pearl (dir. Ti West, EE.UU. y Nueva Zelandia, 2022), que reseñé para Claridad el 21 de septiembre de 2022, es una pequeña joya de terror. También podría ser que amo MaXXXine porque es una película sobre el cine y cuyas referencias van desde el Hollywood y la industria del cine porno de los 80 hasta clásicos del cine como Body Double (dir. Brian De Palma, EE.UU., 1984) y Chinatown (dir. Roman Polanski, EE.UU., 1974). Pero estoy totalmente convencido de que la actuación de Mia Goth en el personaje protagónico me obliga a seguir regresando a una de las trilogías que más revisité en el 2024.

Una sorpresa difícil durante este año fue el desgarre emocional de The Zone of Interest (dir. Jonathan Glazer; Reino Unido, Polonia y EE.UU.; 2024), que ganó el Oscar por mejor película extranjera en el 2024. Es interesante que en el cine, un medio primordialmente visual, The Zone of Interest es aterradora precisamente por lo que permanece fuera de nuestro campo de visión. La película se lleva a cabo en la casa de Rudolf Höss (Christian Friedel), el comandante Nazi a cargo del campo de concentración de Auschwitz. Este vive con su familia en una casa justo al lado de la prisión. Cuando pensaba que no podría ver otra película con una visión innovadora sobre el holocausto, la burbuja hogareña en la que vive Hedwig (Sandra Hüller), la esposa de Höss, junto a sus hijos, nos provee una toma escalofriante de la banalidad maldita de la Alemania del Tercer Reich. El director no nos lleva al campo de concentración, sino al otro lado de la pared. Los colores fríos con los que Lukasz Zal, el director de cinematografía retrata el hogar de los Höss y la impactante edición de sonido a manos de Tarn Willers y Johnnie Burn, cuyo trabajo también fue reconocido con un Oscar, demuestran que la cotidianeidad es tan perturbadora como la violencia que coexiste junto a esta.

Quiero terminar en una nota cómica con una de las películas que más me hizo reír en el 2024, Saturday Night (dir. Jason Reitman, EE.UU., 2024). He sido fanático del programa, Saturday Night Live (SNL), por momentos. Mi afición por su estilo de comedia comenzó a mis 12 o 13 años durante la temporada de Eddie Murphy. Me quedaba a dormir los sábados con mi hermano en casa de nuestro mejor amigo y veíamos SNL con el gozo de que hacíamos algo malo. Después de años, lo volví a ver con regularidad durante la segunda mitad de los 90 para la temporada de Will Ferrell. Finalmente, terminé casado con una fanática de la comedia que me ha enseñado inclusive a apreciar los momentos malos del programa. Saturday Night, que capta los 90 minutos previos al primer episodio del programa, sigue el caos enérgico y altamente entretenido de los preparativos para llevar el show al aire el 11 de octubre de 1975. La película demuestra que si lo que ocurre frente a las cámaras es interesante, lo que pasa detrás es delirante. He visto Saturday Night tres veces en el 2024 y siempre le encuentro una pequeña chulería visual o algún momento que se me escapó cuando me estaba riendo.

La elusiva conciencia colectiva en la comunicación política de Borinquen

Reseña del libro

Comunicación Política en Puerto Rico: Primera antología de ensayos, investigaciones y críticas

Maximiliano Dueñas Guzmán
Especial para En Rojo

Imaginémonos una conversación en torno al periodismo nacional entre Eugenio María de Hostos, Antonio Pedreira y Sandra Rodríguez Cotto. Hostos afirmaría “la única vez que… podemos a punto fijo saber… lo que es razón común, lo que es conciencia colectiva, es cuando vemos exteriorizadas en las hojas del periódico esas fuerzas” (La moral y el periodismo). Pedreira Pizarro haría un gesto de asentimiento y añadiría que su historia de la prensa boricua ha revelado que “Es en nuestra prensa donde mejor quedó exprimido el jugo de la conciencia colectiva” (Insularismo). Rodríguez Cotto haría un gesto de desacuerdo y argumentaría: “la realidad es que los medios en Puerto Rico se presentan como negocios, y como tal, alegan tener independencia de criterio, pero eso no es cierto. Lo que prevalece es un clima ideológico dominado por las estructuras políticas y económicas que dicta el gobierno de turno” (https://issuu.com/revistacruce/docs/puerto_rico-_cultura_politica_y_procesos_electoral).

¿Cómo entonces, a la luz de estas divergentes perspectivas, debemos pensar el desempeño del periodismo o la comunicación política en nuestra historia y actualidad? Este es el dilema que se aborda en el libro Comunicación Política en Puerto Rico: Primera antología de ensayos, investigaciones y críticas.

La antología, publicada en el 2024, consiste en nueve aportaciones por practicantes y académicos del periodismo político en el archipiélago boricua. Los dos editores—Federico Subervi Vélez y Ángel Israel Rivera Ortiz—contribuyen seis capítulos adicionales para contextualizar y profundizar las nueve aportaciones. En su conjunto, los quince capítulos del libro representan una seria provocación para pensar las imbricaciones de los medios de comunicación masiva, la internet y las redes digitales con el poder político en Puerto Rico. Esta antología se puede pensar, entonces, como un conjunto de propuestas y emplazamientos para entrar en la desatendida labor intelectual y cívica de desentrañar la comunicación política borinqueña. Y, en su conjunto, las diversas aportaciones ilustran que pensar la comunicación política en Puerto Rico exige pensar sobre el poder en el contexto del colonialismo.

La misma génesis del libro es reveladora del contexto colonial de la comunicación política en nuestra nación-colonia. En el prefacio, Subervi Vélez nos narra que la idea del libro nació cuando él era estudiante de bachillerato en la Universidad de Puerto Rico, recinto de Río Piedras, hacia finales de la década del 1960. Nos relata que entre sus múltiples inquietudes sobre las contradicciones que florecían en esa época, se preguntaba ¿por qué no hay libros sobre la historia y economía política de los medios de comunicación en Puerto Rico?

Los dos editores de la antología nos proveen varias contextualizaciones para aquilatar y comparar la multiplicidad de análisis, investigaciones y críticas a la comunicación política que conforman esta compilación. En el sentido más amplio, formulan un sistema de factores interactivos que condicionan el contenido de los medios y las redes digitales, sistema o marco que a su vez nos permite asemejar y yuxtaponer las contribuciones que conforman esta antología. Más allá del gobierno, la economía y el sistema educativo (como principal portador de ideología) como condicionantes de los contenidos de los medios, los coordinadores nos desglosan otros factores—tal como rutinas de producción y características socioeconómicas de las audiencias—que también contribuyen a la creación de mensajes y a las formas en que se interpretan. Este marco amplio—elaborado particularmente desde las disciplinas académicas de la comunicación y las ciencias políticas—y las contribuciones de los/as nueve autores conforman un útil instrumento de alfabetización en medios de comunicación tradicionales y digitales, un mapa para fortalecer nuestro pensamiento crítico—nuestras decisiones sobre qué contenidos consumimos y cómo los interpretamos—en torno a los instrumentos de comunicación política.

Entre la heterogénea pluralidad de ángulos que nos proveen los capítulos de la antología se abordan: la histórica relación entre políticos y periodistas como una confabulación “para estructurar la realidad social, la agenda política y la opinión pública” (pág. 103); el acceso a la información pública como fundamento de la confianza en los procesos políticos; la radio en la historia de Puerto Rico tanto como enriquecimiento de nuestras vidas diarias como instrumento de censura y dominio gubernamental; el uso del cine como instrumento de propaganda política durante la década del 1950; la apropiación de tecnologías digitales para las movilizaciones de las jornadas del 2019; el empleo de Twitter por Ricardo Roselló como ejemplo del uso político de redes digitales para reforzar narrativas dominantes; las formas en que la plétora de programas radiales de comentario político han contribuido a erosionar el valor de la noticia; los trolls—el uso de las redes digitales para amenazar a periodistas—como ejemplo de la cruda batalla en internet entre los dos partidos dominantes; el reforzamiento de la propaganda política—tanto en medios tradicionales como en redes digitales—para sustituir el debate y noticias políticas en los municipios.

En uno de los capítulos de conclusión, Ángel Israel Rivera Ortiz, coeditor de esta antología, resalta el tema que presenté con la conversación imaginaria entre Hostos, Pedreira y Rodríguez Cotto: egocentrismo y pluralismo como pautas de la comunicación política en Borinquén. Según Rivera Ortiz, a través de la historia de nuestra comunicación política, hemos enfatizado demasiado en la bondad o maldad de los individuos y no lo suficiente en las estructuras que configuran y estimulan ese individualismo egoísta. Para superar este escollo, para comenzar a desarrollar una comunicación política constructiva, propone una refundación política, una que rescate “nuestra esencia democrática” (pág. 276).

Esta antología contribuye tanto al campo académico—teorías e investigaciones de comunicación política—como a la necesaria reflexión cívica en torno a cómo nos comunicamos para sanar nuestra cultura política. De particular valor académico es el anejo del libro, el cual incluye la bibliografía más amplia de la comunicación política borinqueña. En su conjunto, su valor cívico yace en su convocación a reflexionar sobre las múltiples instancias en que la comunicación política en Borinquén ha contribuido a cimentar o derribar el reconocimiento de nuestros derechos y responsabilidades, nuestro deber de dialogar y participar en la conformación de nuestra conciencia colectiva para reconstruir nuestro futuro político.

 

 

 

 

Los mejores libros 2024 (coda)

 

 

En Rojo

Termino mi lista de libros leídos en 2024. Espero que hayan visto las dos notas anteriores. Allí explico criterios de selección. Aclaro, otra vez, que no sé si son los más leídos. No es ese uno de los criterios.

Terminé el año 2024 leyendo Las aventuras de la pirata Mota (EDP), de Yolanda Arroyo Pizarro. Mi admiración por esta escritora nace de su literatura y de su trabajo como educadora y mentora. No se puede separar su obra de sus pasiones.

Este es un libro entretenido para la niñez, la adolescencia y para quien ame la lectura y la historia no importa su edad. Está bellamente ilustrado por Rubén Pérez. Según la propia autora cuenta, un conferenciante de la Sociedad Puertorriqueña de Genealogía le habló por vez primera sobre la Pirata María Isabel de la Mota junto a un grupo de investigadores y escritores de la Cátedra de Mujeres Negras Ancestrales. Eso la motivó a realizar su investigación. El relato, entonces, está basado en los registros históricos que sitúan a María Isabel de la Mota entre Fajardo y Vieques para los años 1819 a 1823. Como recurso de ficción muy efectivo tenemos al pirata Cofresí. Por supuesto, no les voy a contar la historia.

Por otro lado, en contradicción con mis propios criterios, comento un libro de 2015 porque me lo regalaron en 2024. Espiritismo, transformación y compromiso social (Gaviota). Es una historia rigurosa de medio siglo de la Escuela Magnético Espiritual de la Comuna Universal en Puerto Rico (1930-1950), que nos lleva dede el inicio de la trayectoria del espiritismo en el Caribe Hispano, la posición de la mujer dentro del movimiento, relaciones con la iglesia Católica, y otros temas de interés. La centralidad de la historia oral le da dinamismo al texto.

Quisiera resumir. Es imperativo celebrar y apoyar a las editoriales independientes de nuestro país. Son las que se atreven a publicar obras de autores emergentes y de géneros que las grandes editoriales ignoran de manera sistemática. Sin las presiones comerciales de las grandes editoriales, las independientes pueden arriesgarse con proyectos más experimentales y poco convencionales, lo que puede llevar a la creación de obras únicas y valiosas. Y, sobre todo, poesía. Esto enriquece el panorama literario al ofrecer una variedad de perspectivas, temas y estilos. Además, se centran en autores y temas nacionales, promoviendo la literatura que refleja las identidades y las preocupaciones nuestras. Este es el modo de ayudar a preservar lo que hay que apreciar de nuestra cultura y a dinamizarla. En cierto modo, representan una forma de resistencia a la homogeneización cultural, preservando la pluralidad de narrativas.

Por último, estas editoriales están más conectadas con comunidades locales, colaborando con autores, artistas y otros creadores -pintores, teatreros, diseñadores, músicos, coreógrafos- lo que fortalece la escena cultural en su conjunto.

Dicho esto, Feliz Año 2025 a gestores de libros, escritoras y escritores, lectoras y lectores.

 

Apuntes para una reflexión de fin de año

 

 

Una reflexión me manda a hacer Alida
Hace tiempo que no estaba en tal aprieto
Mil palabras me dicen que es bastante
Burla burlando, ¡a ver si me salen!  (con perdón de Lope)

 

Me comprometí con una amiga a escribir una reflexión de fin de año. Cuando me senté a redactarla, me sentí atrapada, no encontraba por dónde agarrar la cosa. Me levanté un par de veces del escritorio, di vueltas, se me trancó el teclado, tomé café, ignoré un rato la tarea, leí sobre temas (no relacionados, claro), así se me fue la tarde y… no me salió ni una línea.

En otros momentos de mi vida, hubiese hecho esta asignación rápidamente, con disciplina y alegría. Ese fue mi trabajo por muchos años, preparar y compartir reflexiones sobre temas de interés psico-social. Lo hacía con relativa facilidad, por radio, televisión y prensa escrita. Pensé que esta reflexión fluiría sin demora; para algo me debía servir la experiencia.

Pero no, el tiempo no pasa en vano y hace rato que estoy en ese 31% de la población que tiene 60 o más. Quiero seguir envejeciendo con entusiasmo y con los achaques “bajo control”. Y con suerte, con menos estrés. Por eso, ahora me tardo un poco más en hacer las cosas y trato de hacerlas con mayor serenidad.

Reflexionando sobre las tantas reflexiones que escribí y compartí en el pasado, en este “momentito”, (mientras trato de hilvanar mis ideas), prefiero compartir con ustedes algunos apuntes que puedan animarles a componer su propia reflexión de fin de año.  Con esta conversación imaginaria, conmigo misma y con ustedes, creo que, eventualmente, mi reflexión debería fluir con menos resistencia.

Comparto estos apuntes en forma de lista porque, a mí, las listas me fascinan. Me sirven para organizar muchas cosas en la vida y, con frecuencia, echo mano de ellas cuando voy a escribir o a hablar en público y las ideas andan al garete.

Burla burlando, entro con mi lista de apuntes que me servirá, no para escribir una reflexión, sino para ir organizando esa reflexión de fin de año que me manda a hacer Alida.

 

  1. Me decido. Una reflexión de fin de año pide tiempo, disposición, apertura. Muchos de los asuntos los hemos pensado ya y se van acomodando en “grandes temas”, pero igual pueden causar desasosiego, tristeza. Los recuerdos casi siempre vienen cargados de emociones. Seguro que parte de mi resistencia tiene que ver con eso porque sé que, en una de las listas de este año, debo incluir a los seres queridos, familia y amistades que están enfermas. Y en otra también, mucha gente querida que ya no está… Y tendré que detenerme a pensar en la Vida que pasa.  En otra lista tendría que anotar lo que tuve que dejar de hacer para cumplir con la agenda de terapias, citas y consultas médicas, sin hablar de las listas de medicamentos que tuve que ir actualizando. Y pienso en el pasar del Tiempo.
  2. Clarifico, poco a poco, dónde quiero poner los énfasis en mi reflexión. Esta lista que voy componiendo no debe leerse como una receta. No lo es. En la práctica, ni los pasos ni el contenido corren en estricto orden puesto que temas y comentarios se entrelazan y son intercambiables. Una reflexión de fin de año puede empezar por el principio, por el medio o por el final.  Cada cual la va componiendo a su manera.  Ahora imagino lo que estoy pensado como un espiral de temas y experiencias sobre las que ya he pensado antes, pero sobre las que vuelvo, con una nueva mirada, mientras van buscando su lugar en mi lista.
  3. Pienso en logros y desafíos. Dicen que es una buena práctica identificarlos porque ayudan a marcar el fin o el principio de proyectos o etapas. Un importante logro de este año en mi vida personal ha sido el desarrollo de “rutinas cariñosas” que conectan mi realidad actual con el ideal de vida responsable, saludable, feliz y solidaria que quiero tener en este tiempo.  Apalabrar los logros junto con los desafíos permite evaluar, ver dónde hay que cambiar de ruta, conectar con el futuro.
  4. Paso balance. Hay muchas maneras de hacerlo. Desde lo micro hasta lo macro. O al revés. Siempre se quedarán cosas que podrán rescatarse en otro momento. Anoto dos o tres puntos en mi lista corta: son los temas imprescindibles, los que han marcado todos mis tiempos. Para mí, un gran logro siempre va atado a la participación individual y comunitaria, sobre todo cuando es para para fortalecer la defensa de los derechos humanos, la atención y prevención de la violencia de género, del maltrato hacia la niñez y hacia los adultos mayores, la promoción de la equidad, la denuncia de lo que nos violenta y degrada.  Este año ha sido particularmente difícil. El futuro… ¿Será que tendremos que ver cómo destruyen lo que durante décadas soñamos y construimos?  Este asunto requiere pensarse con calma, pero para defender los principios desde los que hemos vivido y trazar nuevas rutas de lucha, le robo tiempo al Tiempo.  Para mí, sacar este tiempo es un ejercicio de lucha y libertad personal.
  5. Dudo un poco. ¿Incluyo los proyectos que tengo a mitad? ¡Pues claro que sí! Muchos de los proyectos de vida importantes están, más que incompletos, “en proceso”. Tomemos en cuenta que diversas y complejas circunstancias contribuyen a lo que podemos ser y hacer.  La historia de la colonización y la dependencia, el efecto de huracanes, terremotos, pandemias, el cambio climático, el desastre político, la corrupción, las inequidades, las pobrezas, son algunas de las fuerzas mayores que no le favorecen a nadie, ni a los colectivos ni a individuos. Injusticias en todas sus modalidades en el entorno mundial inciden en nuestras realidades. Comprender contextos en los que vivimos e interactuamos permite mirar nuestras vidas con benevolencia, (sin apendejamiento).
  6. Me aquieto. Mientras escribo, medito, aquieto mi mente, hablo conmigo misma, consulto. Siento que voy adelantando. Organizar esta lista en el pensamiento ya es un ejercicio de reflexión. Escribo, elimino, añado, recuerdo algo que sucedió que quiero y no quiero incluir…
  7. Comparto los apuntes con ustedes que me leen y agradezco que compartan los de ustedes. El tiempo me dice que las mejores reflexiones son las que podemos socializar, añejar, lamentar y celebrar en confianza, entre familia y amistades, con gente con quienes compartimos historia y futuro, pasteles y pan, tristezas, canciones, vino, gente con quienes hemos construido espacios de diálogo y resistencias, con quienes nos curamos los dolores más íntimos.

Decía que el año que está por terminar ha sido difícil, por no decir terrible.  Los anteriores, también lo han sido. Las pérdidas, los sufrimientos, el sentido de desamparo e impotencia, la desilusión, son señales de las pesadas cargas de los años que han pasado y de los que vendrán. La mejor respuesta que conozco para resistir y seguir luchando por lo que creemos es la esperanza. La esperanza que se hace realidad en el abrazo, en el acompañamiento, en la escucha activa, en la cercanía física y espiritual, en refrescar alianzas que generen auténticas transformaciones en la vida de familia y en la convivencia comunitaria, social y política.

En tiempos de oscuridades donde están amenazados nuestros proyectos de justicia social, equidad, paz y amores incondicionales, nos podrán apagar la luz, pero no la esperanza.   Así es que, seguimos cerca, junto a la “gente necesaria” del poeta Hamlet Lima Quintana que “llega hasta todos los límites del alma”. Caminemos y reflexionemos, reflexionemos y caminemos, dando gracias por gente buena y necesaria como Alida Millán que “me mandó” a hacer una reflexión de fin de año que, aunque la acabo de terminar, queda abierta…

 

Este articulo fue publicado en la edición impresa de CLARIDAD del mes de diciembre, 2024.

La autora es psicóloga social.