Lengua, identidad y política lingüística en Puerto Rico: siglo XXI

 

Especial para En Rojo

 

¿Qué circunstancias vive el idioma español en la Isla de Puerto Rico, espacio caribeño sometido al colonialismo en pleno capitalismo salvaje en el siglo XXI? ¿Qué políticas lingüísticas existen en el resto del Caribe hispano: Cuba y República Dominicana? ¿Qué repercusión tiene para la formulación de la identidad nacional el hecho de que más de cinco millones de puertorriqueños residan en los Estados Unidos? ¿Qué impacto tienen las diásporas antillanas que residen en Puerto Rico, la cubana, la dominicana, además de otras como la mexicana,  la china y la árabe, así como la baja en la población debido al huracán María del 2017, los terremotos del 2019,  los años pandémicos? ¿Sigue siendo el país un pueblo monolingüe?  ¿Qué entidad se preocupa por el estado del español en Puerto Rico en este archipiélago diáspórico de la guagua aérea, de temblores y huracanes, del crecimiento de la cultura digital y sus medios de comunicación, además de pertenecer al reino de este mundo y al de Google?

La visión de la lengua como ente conformador de la identidad se desarrolla en Europa durante el Renacimiento.  La invención de la imprenta en el siglo XVI, señala Benedict Anderson en su clásico libro Imagined Communities, fomentó el crecimiento de las lenguas vernáculas ahora validadas,  apoyadas en la palabra escrita y el nuevo artefacto de divulgación. (Ahora el Internet es el artefacto.) Los idiomas nativos se convirtieron de este modo en elementos aglutinadores que homogeneizaron las naciones, en conjunto con la religión, la cultura común, la etnicidad y el territorio, configurando así a la nación moderna.  El carácter antropológico de la nación precede al del estado, como asevera Anthony Smith en National Identity. La nación en el sentido moderno se desarrolla entre los siglos XVIII al XX y a su surgimiento le acompaña la estandarización de las lenguas y de sus sistemas educativos. Estos últimos jugaron un importante papel en el establecimiento y divulgación de lo nacional, como expresa el destacado historiador Eric Hobswan en su texto Inventing tradition.

En  Puerto Rico la formación de la nación que se produce a la vez que la cultura criolla se cimenta en una sola lengua como elemento identitario y vehículo de comunicación. Las primeras letras nacen de gestiones escriturales en el periodismo. En la escritura de libros intervinieron puertorriqueños y puertorriqueñas que se encontraban estudiando mayormente en España junto a los de la Isla y sus discursos literarios fueron redactados en español. Primeramente circularon en la prensa y luego en antologías: el Aguinaldo Puertorriqueño, publicado en el 1843,  y el Album Puertorriqueño del 1844.  La cultura letrada de todo el siglo XIX se llevaría a cabo en lengua española, con algunas excepciones, entre otras posibles, como la  de Ramón Emeterio Betances, quien vivía en Francia a causa de su destierro. Un factor había contribuido a la conservación de la homogeneidad idiomática de la Isla. Manuel Álvarez Nazario en su Historia de la lengua española en Puerto Rico explica que  el elemento afrodescendiente sería absorvido lingüísticamente durante la colonización y que la declinación numérica de la raza india favorecería la pérdida del arahuaco. Existen grupos que, por razones religiosas fundamentalmente, utilizan lenguas africanas en sus cultos y cánticos. Tal el caso de las prácticas santeras en Cuba y Puerto Rico y del gagá y el vodú en República Dominicana. Además, Cuba ha contado con una comunidad de haitianos que habla creole. En Puerto Rico hay que investigar las lenguas que se usan en la santería en sus ritos religiosos.  Lo cierto es que las tropas que invaden a la Puerto Rico y Cuba en el 1898 con motivo de la Guerra Hispanoamericana se enfrentan a territorios mayormente homogéneos desde el punto de vista lingüístico, cosa poco común en la cartografía lingüística mundial y muy a pesar de que el Caribe sea un espacio plurilingüe. Este momento responde a la modernidad, específicamente a aquel en que las culturas letradas, de acuerdo con el teórico decolonialista Walter Mignolo, se generaban desde Francia, Gran Bretaña, Italia, Alemania y Estados Unidos durante los años de 1850 a 1914. Una de las acciones coloniales inmediatas de los norteamericanos en Puerto Rico fue la de decretar la enseñanza en inglés en todos los grados como medio de control de la población. En el Acta Orgánica de 1902 se comenzó a reglamentar el uso del inglés como instrumento de educación y de americanización de las escuelas. Un proceso similar vivieron los habitantes de la India y de algunos sectores de África que se encontraban en manos de los ingleses a comienzos del siglo XX.

 

Identidad

El advenimiento de una cultura foránea en Puerto Rico significaría un reto para sus habitantes, mayoritariamente hispanohablantes que entendían al español como elemento intrínseco de su identidad, aunque en ese entonces esta última se definía predominantemente en función de la cultura blanca y de una élite social y religiosa.

Desde el campo de la cultura letrada académica , las llamadas  generaciones del treinta y la del cuarenta a la que pertenecían figuras como Antonio S. Pedreira, Margot Arce de Vázquez, Enrique Laguerre, Nilita Vientós Gastón, Abelardo Díaz Alfaro, entre otros, asumían una visión en la que imperaba una ausencia de afrodescendientes con pocas excepciones como la de Pedreira que escribió un libro sobre Celso Barbosa, a pesar de las expresiones positivistas sobre lo racial que hiciera en Insularismo. Esta generación contribuiría de forma eficaz a la invención de lo nacional y de la raza, concepto ambiguo,  entendida ésta según los cánones que habían defendido personalidades como el mexicano José Vasconcelos. Para algunos estudiosos de la cultura puertorriqueña estos intelectuales se insertaban en una visión eurocentrista de la cultura, pues contenía criterios clasistas, racistas e hispanófilos (dicha la palabra en sentido peyorativo).

Juan Flores afirmó en su destacada obra Insularismo e ideología burguesa   que la mitología construida en torno a esta exégesis de lo nacional concedía carácter religioso y sagrado a los elementos que desde esta perspectiva componían la identidad nacional (lengua, raza, religión, territorio) y que, por lo tanto, se presentaban como inmutables desde una postura esencialista. Este análisis debe ser matizado a la luz de la nueva historiografía española que ha develado la narración castellanófila de la historia como arma ideológica, que  a partir de Américo Castro cambiaría radicalmente. La castellanofilia afectaba a todos los sectores sociales e ideológicos y el retrato de las hazañas de Colón era asumido por intelectuales diversos de España,  así como a dirigentes independentistas como Pedro Albizu Campos y Juan Antonio Corretjer. Los nacionalistas no impugnaron la importancia de la lengua como eje central de nuestro imaginario identitario, pues todavía no existían las grandes migraciones que caracterizarían a la era global. Las generaciones del treinta y del cuarenta, aunque con heterogéneos integrantes, constituyó una especie de muro que detenía la asimilación a la cultura estadounidense por medio de la defensa de la lengua. Cuando reflexionamos sobre  este tema no hablamos de algo abstracto sino de un elemento fundamental de nuestro sistema cognitivo.

Ciertamente la situación lingüística de Puerto Rico resulta sorprendente a la luz de su historia colonial.  La invasión norteamericana a la Isla con motivo de la Guerra Hispanoamericana fue acompañada de políticas represivas en el plano de la educación que impusieron la enseñanza en inglés en todas las escuelas en absolutamente todas las materias. Desde muy temprano en el siglo XX comienzan entonces las pugnas por los derechos lingüísticos de los puertorriqueños quienes por medio de entidades como la Asociación de Maestros lucharon por su lengua materna. En el 1949, tras varias décadas de batalla,  se declara al fin al español como lengua oficial de enseñanza en el sistema de educación pública. En la década del sesenta el pueblo de Puerto Rico obtuvo un triunfo judicial mediante lo que se conoce como el Pleito de la Lengua. En el 1965 la abogada Nilita Vientós Gastón ganaría en corte que todos los juicios se llevaran a cabo en Puerto Rico en lengua española. Carmelo Delgado Cintrón ha resaltado sus saberes jurídicos

Algunos factores resultaron vitales para el mantenimiento del español del país durante varias décadas y propiciaron que se pudiera dar una batalla legal a su favor. Entre ellos, la situación del español como lengua culta e imperial, primera además en ser lengua de la primera gran globalización del mundo que fue la colonización, como ha dicho Néstor García Canclini; la separación geográfica de los Estados Unidos por su carácter de isla y su inserción en el contexto del Caribe hispánico; la potenciación del uso del idioma en todo el sistema de instrucción pública; el hecho de que los medios de comunicación -radio, prensa y televisión- utilicen al español como su lengua; el influjo del cine latinoamericano que se exhibió en la Isla hasta la década del sesenta; el desarrollo de una literatura puertorriqueña y de un sector letrado que ha sostenido relaciones con España e intelectuales de América Latina hasta nuestros días y la existencia del prestigioso  Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras que contribuyó a la formación de numerosos investigadores del idioma y artistas de la palabra en todos los recintos de la UPR.

 

Ilustración suministrada por la autora

De los 70 al siglo XXI: el retorno de la carreta

Es a partir de los años setenta cuando se comienza a cuestionar la identidad y la homogeneidad idiomática de los puertorriqueños al generarse una emigración de retorno a la Isla a la vez que un crecimiento de la producción de la literatura de la diáspora. Es decir, emerge una producción híbrida que,  a pesar de que  en muchas ocasiones es escrita en inglés, posee un contenido cultural puertorriqueño. Juan Flores sintetiza en el título en inglés de su trabajo La carreta made a U turn[1] lo que significó el regreso de miles de boricuas al suelo de Puerto Rico luego de largas estadías en los Estados Unidos. A partir de la década del setenta la emigración puertorriqueña crece a la vez que una población significativamente mayor regresa a la Isla. Cuál es en realidad el impacto de la misma, específicamente sobre la lengua, es algo que todavía no  ha sido estudiado. El Censo de 2020 reveló que un  4.6 por ciento hablaba el inglés como su primera lengua debido al retorno de muchos integrantes de la diáspora. A partir de esta emigración de retorno que ha incrementado en la última década se debe generar una nueva discusión sobre la lengua en el país, sobre todo en medio de las escuelas charter, de la descentralización del Departamento de Educación y de la existencia de una población estudiantil que tiene al inglés como su primer idioma por haber vivido en los Estados Unidos. Me parece necesaria la planificación lingüística que ha apoyado la lingüista Alicia Pousada y que, por lo tanto, se atiendan las necesidades educativas de los niños y jóvenes que tienen el inglés como primer idioma. No se pueden quedar fuera de nuestro currículo obras como las de Pedro Pietri ni tampoco las del escritor Luis Negrón.

La autora es profesora en la Universidad de PuerTo Rico en Bayamón.

 

 

 

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