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La Constelación de Loíza, el pie forzado cultural

Fotos suministradas por el autor

 

Parte I

Especial para En Rojo

En la exposición de arte de la Cumbre Afro de marzo de 2022, Juan Pablo Vizcaíno exponía tres grandes cruces negras vestidas de telas negras y encabezadas por máscaras de cáscara de coco de Vejigantes (las de Loíza y las fiestas de Santiago Apóstol) también pintadas de negro. ¿Qué representaron? ¿El calvario de los Vejigantes, del pueblo loiceño, de la afro-descendencia, o tal vez, de Puerto Rico como nación y cultura particular?

Se puede contar la historia de Puerto Rico a través de la historia de Loíza –conquista, oro, genocidio, esclavitud, caña, nuevas inmigraciones europeas y esclavizadas, aislamiento cultural, emancipación, invasión americana, dependencia política y económica y burocracia colonial criolla hasta el presente. Todo lo que hace que la bandera negra y blanca pos-María represente mejor al Puerto Rico actual que la roja, azul cielo y blanca oficial. La negritud, la oscuridad y el color negro son nociones similares, pero no isométricas. No obstante, los Vejigantes esqueléticos negros de Vizcaíno capturan las tres.

En términos académicos, la afropuertorriqueñidad se pone de moda en ciclos. En esa visión estaríamos en el tercer ciclo de los últimos 50 años y este de ahora, creado en gran parte por el nuevo programa de estudios de la afro-descendencia en la UPR-Río Piedras, sus congresos anuales, currículo y proyectos relacionados parece más amplio, fuerte y duradero que los anteriores. Sin embargo, en la realidad no hay ciclos ni modas.

Por todos los intentos de esquivar, la afropuertorriqueñidad nunca pierde importancia ni deja de ser el elemento cultural más constante, inconvertible e interesante del país. Es el pie forzado de la canción-poema-historia boricua. Cómo José Luis González nos señaló en “El país de cuatro pisos” es el primer piso, la piedra angular en que todo los demás se apoyan aun cuando intentan disfrazarlo. En vez de ser copia colonial –española, latino- o norteamericana — es más original como una re-imaginación, una re-invención cultural.

Menciono la instalación de Viscaíno de hace año y medio porque nos lleva desde el Viejo San Juan a Loíza y las fiestas de Santiago Apóstol, como evento céntrico dentro de la historia cultural puertorriqueña. Nos ayuda también a entender los placeres de la constelación de actividades que este año han desfilado alrededor de las igualmente iluminadas fiestas de 2023.

¿De qué hablo? Primero del estreno del documental “Santiago de las Mujeres” dirigida por Rosamary Berrios que reseñé en estas páginas hace cuatro semanas. Es una cautivante mirada desde por dentro de vidas loiceñas, su hermosura, su fe y esperanza, a través de su relación a la imagen de Santiago de las mujeres. Ademas nos permite apreciar el Puerto Rico actual sin gríngolas partidistas ni discursos del supuesto desarrollo económico-social.

Segundo, quiero mencionar la exposición “Bombas y lienzos” curada por la dra, Maricruz Rivera Clemente en la Casa Afro de Piñones, una galería-espacio de taller de solamente tres años de existencia que forma parte del Corredor Afro y ha tenido en sala una exposición de artista locales desde el 24 de junio. El Corredor Afro, la Casa Afro y el Colectivo el Ancón de Loíza se han desarrollado como una nueva visibilidad artística afropuertorriqueña pos-María y ahora pos-COVID con exposiciones y talleres de grabado, de máscaras y de tocar y bailar bomba. Casa Afro es un espacio vivo y en crecimiento tanto en mejoras a su espacio físico como en su impacto creativo-artístico.

Tercero, la Dra. Agnes Lugo Ortiz dirige el Equipo de Trabajo sobre Cultura Visual y la Esclavitud de la Universidad de Chicago. Este año el equipo celebró su tercer coloquio internacional de estudios en Puerto Rico para corresponder con las fechas de las fiestas de Santiago Apóstol de Loíza. Sus temas fueron múltiples. Incluían una discusión sobre el proyecto “Tiznando el país” de la dra. Marielba Torres de la UPR-Río Piedras y conversaciones con jóvenes artistas afro-descendientes en nuevos espacios de encuentro en Río Piedras como el Módulo de Mejoramiento Comunitario (esquina Arzuaga y Monseñor Torres) y el Centro Cultural Cine-Teatro Paradise.

En la tarde del 26 de julio, en la Casa de los Contrafuertes en el Viejo San Juan, además de charlas sobre Loíza y las fiestas de Santiago Apóstol, proyectaron “Santiago de las Mujeres” y las artistas Helen Ceballos y Awilda Sterling crearon actos-instalaciones de performance que brillaron por su poder de re-imaginar la agencia del cuerpo femenino afro-caribeño.

El 27 de julio el coloquio tuvo encuentros con los experimentados artistas loiceños Daniel Lind-Ramos (en el Museo de Arte Contemporáneo), Samuel Lind en su galería-taller en Loíza y Juan Pablo Vizcaíno en el Ancón de Loíza. Por la tarde los participantes quedaron en Loíza para experimentar en persona la procesión de Santiago de las mujeres. El próximo día visitaron museos (de la UPR, guiada por la Dra. Malena Rodríguez y del Museo de Arte de Puerto Rico, guiado por el maestro Antonio Martorell).

Cuarto, la exposición-programa de talleres “Antesala Fiestas de Santiago Apóstol en Loíza” estuvo disponible al público desde el 8 al 31 de julio en la Escuela Taller de Artesanía en los Outlets de Canóvanas. Además de una exposición de una gran variedad de máscaras y vestuarios de Vejigantes y grabados de Samuel Lind, el grupo Máscaras de Puerto Rico.org, que organizó el evento, ofreció talleres de máscaras de cáscara de coco, de Caballeros de malla metálica, de cabezudos de papel maché, de turbantes y de máscaras de Viejos.

Quinto, las Fiestas mismas que son la pieza angular de la cultura y las artes afro-puertorriqueñas son tres días de procesiones festejadas tanto sagradas, con las tres imágenes de Santiago Apóstol, como profanas, con sus coloridos personajes míticos del Caballero, Vejigante, Loca y Viejo. Estos personajes –que también son sagrados en sus propios términos– van por frente en las procesiones con el Carretón Alegre y su amplia variedad de música caribeña grabada. Detrás de ellos, procede el santo del día en su litera llevado por sus devotxs. Un camión sigue con la banda municipal. También hay transporte para los que no pueden seguir el camino a pie. Muchas veces toques de bomba suenan tanto en la casa de la familia Ayala en la ruta como a su final en Las Carreras.

Estas procesiones se extienden alrededor de tres millas desde la plaza del pueblo hasta el sector de Las Carreras y la base del árbol de corcho donde la leyenda dice que la imagen de Santiago de los niños se encontró hace alrededor de doscientos años. Hoy en día, ese lugar histórico es recordado por uno de los cinco mosaicos de arte público sobre Loíza y sus fiestas de Daniel Lind Ramos.

La procesión del 26 de julio de Santiago de los hombres es la menos concurrida. El Carretón Alegre usualmente no se incorpora a esta primera procesión (este año tampoco yo pude participar por ser parte del coloquio de la Universidad de Chicago en el Viejo San Juan). Pero la del 27 de julio de Santiago de las mujeres, que se comparte con Santa Ana, madre de María, cuyo día también es el 27 de julio, brillaba con nuevas máscaras y vestuarios de Caballeros y especialmente Vejigantes. Hasta incluía una Mula –combinación en un personaje de una mula muñeca y su jinete– figura casi desparecida en las fiestas. Llegó un grupo vestido de máscaras y vestuarios de Vejigantes de papel maché del Carnaval de Ponce, aparecieron dos Viejos (máscaras de cartón común) elegantes –el año pasado no hubo Viejos– y un par de Locas para completar el elenco dramático de las fiestas.

El 28 de julio –el día de Santiago de los niños– mostraba las mismas virtudes del día anterior, pero este año, tal vez por la cercanía del estreno del documental “Santiago de las Mujeres”, o tal vez por la lluvia que comenzó a caer al final de la ruta, el día de más expresión festiva y artística-creativa popular fue lo de Santiago de las mujeres/Santa Ana.

Las fiestas de 2023 también mostraron una mayor reintegración de jinetes en caballos como parte de las procesiones, la presencia de Viejos y Locas (aunque todavía reducida), una fuerte representación de Vejigantes ponceños, zanqueros de Agua, Sol y Sereno y una comparsa de Taller Salud y dos máscaras de Gorilas que acercaban a la procesión tímidamente, pero desaparecieron en la muchedumbre.

Además, para mí, hubo un descubrimiento especial, que era el itinerario del viejo Ancón en el pueblo de Loíza durante las Fiestas.  Me refiero especialmente al desfile de alrededor de 60 niños, jóvenes (y también adultos) Vejigantes (y algunos Caballeros) con Santiaguito la mañana del 28 de julio. Esta erupción de máscaras, producto de talleres con niños y jóvenes de Piñones y Loíza dirigidos por Juan Pablo Vizcaíno, fue el punto más espectacular de las fiestas de 2023.

Hace más de diez años que había presenciado otro taller de Juan Pablo en Villa Cañona en que niños vestidos principalmente de Mulas había desfilado en el Pueblo de Loíza el 25 de julio, día de Santiago Apóstol. En ese momento también participó el grupo de máscaras, muñecos y activismo creativo, Papel Machete.

Fotos suministradas por el autor

El desfile de este año tenía un dinamismo especial. Las máscaras de Vejigantes creadas dentro de los talleres tienen ojos más grandes que los tradicionales y por eso permiten mayor visión. Entonces, usan malla metálica para cubrir los ojos para asegurar que los cuernos de otras máscaras no pueden hacer daño a los ojos de los jóvenes performeros. El efecto es asombroso. Unirse al grupo con Vejigantes, desde cinco años hasta adolescentes y adultos, mientras rodeaba la plaza de pueblo con Santiaguito, y siguiendo las direcciones de un Vejigante bailarín mayor, fue un deleite mayor. Parece que los colores están regresando. Gracias a Juan Pablo y el Colectivo el Ancón.

En una segundo parte de este ensayo volveré a los performances de Helen Ceballo y Awilda Sterling durante el Coloquio sobre Cultura Visual y Esclavitud de la Universidad de Chicago y comentaré sobre la actuación de la Loca y otros detalles de las fiestas de afro descendencia.

Piedras

 

 

De niño tiraba piedras como quien lanza viejos dinosaurios de catorce patas. Al momento no lo sabía, pero si quien tiró la primera roca algún día da el paso o levanta la mano, sabremos que miente y qué lanzamientos de todas las formas y colores siempre han estado preñados de la misma ignorancia que hoy ensancho, en mi desesperado intento por acabarla.

Tales, Demócrito y Epicúreo también fueron niños. Picasso quiso siempre serlo y perdió en la historia por rodearse de mamás. El peñón que totalmente hueco entre sus átomos, le rajó la cabeza a Fernando en el patio de la escuela. Pues la historia de tanta galaxia da duro, aunque pase de largo como fantasma.

En Las Piedras tuve una novia que visitaba los domingos. Barrancos de barro rojo como ríos salvajes y guaguas de municipio apostando a unas alas que invivibles, casi nunca fallaban. Pensar que lo bonito del recuerdo está en el mercurocromo, y en la libertad de niño adquirida con el aprender a caminar.

Nos enseñaron a danzar los vientos y la música que nos separó del bosque nos regresa en el ritmo de las olas. Parpadean las estrellas y la gravedad que sincroniza sus cenizas nos trajo hasta aquí, pues cauces hay en todas partes. No pude verlo pero me miró, y en cada caída era lo nuevo lo que más confundía, allí donde el estar se hace inseparable de la duda, y la impostergable rendición a la calma es la unión con toda la claridad que regala, la más oscura de las noches.

 

Ricardo es un escritor puertorriqueño radicado en Filipinas.

 

Acerca de la Nueva Visita de Cancel al Laberinto

 

 

José Anazagasty Rodríguez

Especial para En Rojo

Reseña de: Cancel-Sepúlveda, Mario R. (2023). Indóciles: Nueva Visita al Laberinto. San Juan: Ediciones Laberinto.

 

El historiador Mario R. Cancel revisitó el laberinto para brindarnos su libro Indóciles: Nueva Visita al Laberinto.  Este nuevo libro, como su antecesor El Laberinto de los Indóciles, es el producto de un profundo estudio de mucho tiempo, revelando una vez más la extraordinaria dedicación de su autor con la investigación de la historia cultural de la política puertorriqueña. Es también una contribución meritoria a la historia intelectual puertorriqueña, a la historia de las ideas políticas en la colonia. Específicamente, Indóciles es una valiosa historia de la cultura política de los separatistas, nacionalistas e independentistas puertorriqueños, de sus ideas y pensamiento político y social, así como de sus memorias y prácticas mnemónicas.

Este nuevo libro de Cancel aúna cinco ensayos sobre la historia cultural de la política puertorriqueña entre las postrimerías del siglo diecinueve e inicios del siglo veinte, aunque en la discusión sobre el separatismo y el nacionalismo comenta eventos hasta los sesenta. Indóciles se concentra en la cultura política de los separatistas puertorriqueños, incluyendo a los separatistas anexionistas e independentistas del siglo diecinueve y los independentistas y nacionalistas puertorriqueños del siglo veinte.

El libro comienza con un monólogo del historiador referente a la Insurrección del Lares en 1868. Es el soliloquio de un historiador, una autorreflexión respecto a un problema específico de investigación histórica, el de la Insurrección de Lares. Para Cancel el problema es cómo animar el interés de los puertorriqueños de hoy por un evento que ocurrió hace más de dos siglos atrás; por un acontecimiento que como este advierte es “un hecho emborronado al paso del tiempo”; de un suceso que ha sido significado de diversas formas por diversos actores sociales y políticos. Si la Insurrección de Lares ha sido desacreditada, desautorizada, omitida, deformada y caricaturizada por muchos, también ha sido celebrada, idealizada, homenajeada y hasta consagrada por muchos otros. Cancel, quien ha estudiado la insurrección desde los ochenta, asumió el reto. Lo hizo primero tomando distancia de su objeto de estudio para “jugar un poco a la extrañeza” y volver con una “imagen fresca” de la insurrección.  Para hacerlo tuvo que enfrentar dos problemas teóricos: establecer los antecedentes u orígenes de la insurrección, que Cancel vincula al abolicionismo clandestino, y cotejar la identidad de los separatistas que, como demuestra, fue un grupo mucho más heterogéneo de lo que comúnmente se piensa.  Pero para Cancel todavía nos queda mucho por saber de la insurrección, la que, si se relata desde el presente, como toda historia, entonces, y como concluyó este: “Saberla una y otra vez desde cada presente es parte de la aventura” (28).

El monólogo es seguido de una extraordinaria y abarcadora “ojeada” a la mutación de las concepciones políticas que los puertorriqueños tuvieron sobre sí mismos entre la segunda mitad del siglo diecinueve y las primeras décadas del siglo veinte, concepciones también presentes en el resto del Caribe. En el segundo ensayo, una obra maestra, Cancel destaca las estrategias y tácticas ideológicas y retóricas de diversos actores políticos en el campo de los separatistas, independentistas y nacionalistas, incluyendo su manejo de la memoria e historia de la Insurrección de Lares de 1868 y sus usos de los protagonistas, monumentos y fuentes de información con respecto a esta. Es la identificación de esas pericias, tácticas y usos uno de los grandes logros de Cancel en Indóciles.

Las contribuciones de este ensayo son varias. Cancel demuestra que el separatismo puertorriqueño desde sus orígenes hasta nuestros días constituye un grupo político heterogéneo, tanto en términos ideológicos como tácticos. En el Laberinto de los Indóciles Cancel estableció y comprobó los matices y gradaciones del separatismo y el integrismo en el Puerto Rico del siglo diecinueve. En Indóciles el historiador reafirma los matices del separatismo y el nacionalismo en el tránsito del siglo diecinueve al veinte y ya adentrado en este último. El reconocimiento de esa diversidad contrarresta la tendencia a homogenizar y comprimir las corrientes políticas puertorriqueñas, la propensión a ocultar su variedad o modalidades. Cancel demuestra que el separatismo no solo ha sido diverso, sino que ha cambiado mucho a través de la historia. Estos matices y cambios, como confirma él en su libro implican diversas interpretaciones, representaciones o construcciones de la Insurrección de Lares.

Otra aportación meritoria de Cancel es su atención a la dimensión espacial y geopolítica del separatismo puertorriqueño y caribeño. En el siglo diecinueve el separatismo se configuró en términos de una concepción continentalista del Caribe, que como afirma Cancel, “… fue la mirada que impuso y legitimó en el lenguaje político de la intelectualidad rebelde de las islas la noción de antillanidad” (33). Esto es cierto para las dos vertientes generales del separatismo, la anexionista y la independentista, que articularon sus respectivos proyectos confederacionistas en términos continentalistas. Por esto concluye Cancel que el origen y desarrollo del movimiento confederacionista caribeño no estaban vinculados a proyectos separatistas independentistas, ciertamente no al independentismo como lo imaginamos hoy. Para los separatistas anexionistas confederacionistas la separación o independencia de España que reclamaban, equivalía a la anexión a una potencia continental, fuese a Estados Unidos o la Gran Colombia. Por otro lado, para los separatistas independentistas confederacionistas la separación de España no tenía, demuestra Cancel, que culminar en la nación-estado soberana que hoy asociamos con la independencia. La Confederación Antillana que defendieron Betances, Hostos, Luperón y Martí pretendía la institución de una sola comunidad antillana, es decir la integración de las Antillas a una entidad espacial más amplia que disolvería las diferencias entre las partes a favor de una identidad común internacional. Esto implica para Cancel que el independentismo nacionalista, tal y como lo concebimos hoy, se encuentra en una época posterior al siglo diecinueve, después de la Guerra Hispanoamericana de 1898.

Uno de los grandes logros del segundo ensayo de Indóciles es precisamente su delineación de las transformaciones del separatismo desde finales del siglo diecinueve y durante las primeras seis décadas del siglo veinte. Por ejemplo, si en el siglo diecinueve los conflictos entre separatistas anexionistas e independentistas no impidieron su colaboración, estos ya no colaborarían después de la Guerra Hispanoamericana. Esta guerra tuvo como secuela la anexión forzada de Puerto Rico a Estados Unidos, por lo que el separatismo anexionista desaparecería y el estadoísmo que surgió después de 1898 se convertiría en la némesis del nacionalismo independentista emergente. Este último fue heterogéneo y también vivió transformaciones:

El siglo 20, el periodo posterior a la invasión y presencia estadounidense en el Caribe, forzó la revisión de los contextos ideológicos de la soberanía. No se puede hablar del “nacionalismo” como un todo singular e inequívoco. Como se ha demostrado, aquel fue un fenómeno de múltiples significados que tuvo que ajustarse a la senda, si cabe la metáfora, que la historia del proceso entre siglos le impuso. Las respuestas al problema nacional urdidas para el siglo 19, no respondieron todas las preguntas ante un poder hegemónico distinto como era Estados Unidos (80).

Otro aspecto importante del segundo ensayo de Indóciles es su atención a la pluralidad de las interpretaciones, representaciones o construcciones sociales de la Insurrección de Lares, de las memorias acerca de esta. Cancel demuestra que la insurrección siempre ha sido un hecho abierto a reinterpretaciones, por lo que tenemos no una sino varias memorias de la insurrección, todas configuradas en el contexto de la interacción y el conflicto entre diversos grupos con variados intereses, aun en el campo de los separatistas, nacionalistas e independentistas.  Cancel nos regala una interesantísima y hábil aproximación a la Insurrección de Lares de 1868 en la memoria colectiva de los separatistas, independentistas y nacionalistas, así como a las memorias de Betances sobre el acontecimiento y a las representaciones de este prócer en la memoria colectiva, incluyendo su imagen después del regreso de sus restos a Puerto Rico en 1920. Cancel demuestra que diversos actores políticos puertorriqueños, incluyendo, por supuesto, a los independentistas y nacionalistas, reinventaron la imagen y memoria de la insurrección y de Betances con diversos propósitos políticos. Por ejemplo, en algunas de estas memorias Betances dejó inclusive de ser una figura amenazante y era todo un admirador de los logros estadounidenses. En efecto, en los veinte Betances fue caricaturizado y la Insurrección de Lares domesticada al servicio de los proponentes y defensores de la autonomía y la estadidad.

Cancel también nos proporciona una aproximación original a las representaciones de Betances y la Insurrección de Lares en la memoria de los nacionalistas e independentistas de la década de los treinta, de cómo estos les rescataron y reinventaron. Para Cancel se trató de una (re)mitificación bien pensada y articulada. En la nueva “mitología retrospectiva” de la Insurrección, Betances y los veteranos como Vélez Alvarado y Méndez fueron celebrados como parte de un pasado memorable y glorioso, dignos de respeto, admiración, emulación y culto nacionalista. Cancel examina las proclamas nacionalistas, las que contribuyeron a la (re)mitificación de la insurrección y sus protagonistas. La de 1935 reiteró la tesis de la independencia como restauración y llamado a las armas.

Finalmente, Cancel nos provee un análisis de la memoria y retórica nacionalista de la Insurrección en su centenario en la década de los sesenta, en un periodo marcado por la represión y censura del nacionalismo, consecuencia de la insurrección nacionalista de 1950. Pero fue también la época del surgimiento de la nueva lucha por la independencia.  En esta memoria la Insurrección de Lares de 1868 marcó el origen de la progresión de la República y conmemorarla, asistir a un Lares consagrado, era deber de los patriotas, una muestra de devoción. Se trataba de un homenaje dirigido a convocar a los patriotas a la acción, de convertir sus prácticas mnemónicas en acciones políticas.

Para Cancel la historia de la pluralidad del independentismo nacionalista de las primeras décadas del siglo veinte, su cultura política y su memoria colectiva todavía está por escribirse. Cualquiera que intente escribirla debe, por supuesto, leer este ensayo de Cancel, que precisamente nos exhorta al análisis, debate y revisión profunda de esa historia, cultura y memoria.

El segundo ensayo de Indóciles es seguido de una innovadora y aguda reflexión acerca de la relación entre la escritura creativa y la sociológica en la obra de Eugenio María de Hostos Bonilla. En el 2017, como director del Centro de Investigación Social Aplicada, afiliado al Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad de Puerto Rico en Mayagüez, invité a Cancel a ofrecer una conferencia sobre Hostos, que se realizó el 4 de abril de ese año. Fue esa conferencia la que se convirtió en el ensayo “El Pensamiento Social en la Narrativa de Eugenio María de Hostos Bonilla”, incluido en Indóciles.  Se trata, como señalé antes, del análisis de la relación entre la escritura creativa y la sociológica en la obra de Eugenio María de Hostos Bonilla. Cancel, rechazando la tendencia a examinar la obra literaria y sociológica de Hostos por separado las examina en su compleja relación. Para él:

Hostos Bonilla, como se sabe, fue un escritor capaz de enfrentar una diversidad de medios y géneros de expresión literaria y científica con soltura, imprimiéndole a cada uno de ellos su poderosa, apasionada y contradictoria personalidad. En ello reside, desde mi punto de vista, una porción considerable de su originalidad y grandeza. (177)

Cancel demuestra que las narrativas creativas y los escritos sociológicos de Hostos fueron formadas por varios elementos.  Fueron primero moldeadas por la propria psicología del sociólogo mayagüezano—fuerte, apasionada, contradictoria y compleja—y por su biografía, una “atropellada vida de exiliado, viajero y activista en el marco de una praxis marcada por el valor de la indocilidad y la disposición a retar las instituciones dominantes” (177). Su formación intelectual en derecho y sociología krausopositivista y su interés en la pedagogía también formaron sus narrativas literarias y sociológicas.  Como demuestra Cancel, aunque Hostos pretendió convertirse en un novelista o escritor, su activismo político y radicalización ideológica, así como su adopción del krausopositivismo, lo llevaron a revisar sus prioridades y su relación con la narrativa creativa.  Desde entonces Hostos se orientaría hacia el rol de lo que Cancel llama el “sociólogo artista” y la “escritura comprometida,” así como hacia a una narrativa para la familia, el reforzamiento de esa institución social, aunque desde una perspectiva patriarcal.  El propósito de sus novelas y cuentos serían primordialmente morales y educativos, en ese sentido, una literatura al servicio del cambio social. Por eso concluye Cancel que: “Por otro lado, en general el lector se encontrará con una narrativa reflexiva y comprometida literariamente cuidadosa en donde lo didáctico y lo estético son capaces de convivir en el marco de los reclamos de un siglo como aquel.” (242)

Este ensayo es seguido por un apéndice que incluye dos discursos sobre Hostos y que lo complementan. El primero trata la concepción del cosmos antillano en las novelas del intelectual puertorriqueño, particularmente en La Peregrinación de Bayoán. Muchos de los elementos identificados por Cancel con respecto a la relación entre literatura y sociología en la obra de Hostos están presentes en esa novela, como expone Cancel en este primer discurso del apéndice.  Este afirma que: “Es una novela de marcada estirpe romántica en donde brillan los planteamientos del más armonioso clasicismo, el idealismo moral y el más progresista positivismo. Es la narración de un moralista que pretende sintetizar en su dilema íntimo, el destino de las Américas en particular las Antillas.” (261-262)

El último discurso destaca las transformaciones de las concepciones sobre España en el pensamiento de Hostos. España fue uno de los principales imperativos en la vida intelectual del sociólogo y literato puertorriqueño.  Aunque España fue para Hostos un país de contrastes, señalado por él por su despotismo y el colonialismo, él se sentía español, español-americano señala Cancel.  Pero Hostos, eventualmente decepcionado con España y los republicanos españoles, reafirmaría su juicio severo de España e imaginaría el futuro de la Antillas como una confederación separada de la metrópolis. El sociólogo indócil se había radicalizado.

Indóciles es un libro magnífico, producto de un erudito ingenioso y novedoso, un historiador que conoce muy bien, con maestría, las arduas pero fascinantes rutas del complejo laberinto de los indóciles puertorriqueños.  Los invito a visitarlo de la mano guía de Mario R. Cancel.  Este historiador los llevará, como concluye Mayra Rosario Urrutia en su prefacio a Indóciles, por rutas alternativas para cavilar, contrastar e inquirir el laberinto y nuestra historia, a dilucidar la maraña de nuestra cultura política.

El autor es Catedrático de Sociología  en la Universidad de Puerto Rico en Mayagüez.

 

 

Andando de la mano de yeso de Pazuzu en The Exorcist y Talk to Me 

 

 

Especial para En Rojo

 

En un principio, la orbe oscura que mancha el ambiente de gris se torna gradualmente en el sol que asocias con el calor del desierto. El cura septuagenario, aunque su actor está en los cuarenta, intuye que encontró algo poderoso. Con mirada confusa, el hombre contempla por encima del abismo la estatua de un demonio. Los gruñidos de perros rabiosos y el vendaval son la banda sonora que invaden tu sala durante la confrontación inicial entre el padre Merrin (Max von Sydow) y Pazuzu en The Exorcist (dir. William Friedkin, EEUU, 1973).

Décadas después, la cámara sigue de cerca a un joven que irrumpe en una fiesta. Aunque no estés presente, dejándote llevar por la concurrencia, sabes que el ambiente huele a alcohol y marihuana. El joven busca desesperadamente a su hermano. Cada puerta cerrada del pasillo de la casa esconde adolescentes que quizás tropiezan en sus primeras experiencias sexuales. No lo ves, pero lo intuyes. El hombre llega ante una de las puertas y arremete contra ella. Su hermano está al otro lado. ¿Se estaba haciendo daño? No lo sabes porque el joven apresuradamente empuja a su hermano hacia la salida de la casa. Antes de salir, el joven se detiene y condena a los testigos que, fascinados con la escena, graban el incidente con sus celulares. Te preguntas, ¿de qué está salvando el joven a su hermano? ¿Por qué nadie suelta su celular para ayudarlos? Pero no puedes responder porque las cuchilladas los sorprenden a todos al comienzo de Talk to Me (dirs. Danny y Michael Philippou, Australia, 2023).

Las secuencias iniciales de The Exorcist y Talk to Me revelan que el enfoque de los directores y escritores trasciende un superficial intento de asustarnos. Es claro que el género sólo funciona si inspira un horror que obliga a taparnos los ojos. Inclusive, una buena película de horror hace nefasto este impulso ya que los monstruos y el gore se hacen insoportables en nuestra imaginación. Ambas películas cuentan con escenas que te llevan a cerrar los ojos, aun sabiendo que no hay escapatoria de lo monstruoso. Estas tratan la posesión demoníaca como una metáfora de las ansiedades asociadas a la pérdida de la fe y a la experimentación adolescente con el peligro.

En The Exorcist, Chris McNeil (Ellen Burstyn) es una actriz de Hollywood que sufre por encontrar una explicación a los cambios espantosos de su hija preadolescente, Regan (Linda Blair). Es evidente que la madre ha provisto a Regan con todo lo necesario para una infancia feliz. No obstante, la adolescencia invade el cuerpo de Regan en la forma de una posesión demoníaca. Con la misma carga aterradora con la que Carrie (Sissy Spacek) recibe la regla rodeada de las burlas de sus crueles compañeras de clase en Carrie (dir. Brian De Palma, EEUU, 1976), el cambio de Regan se hace real cuando ella se penetra violentamente con un crucifijo y cuando asesina a un hombre empujándolo por la ventana de su cuarto. De Palma y William Peter Blatty, que es el libretista y autor de la novela, capturan el terror que sienten los adultos ante el posible despertar sexual de una niña. Por esto, el horror está en cómo el demonio, que interpretamos como masculino, pervierte el cuerpo y mente de la inocente.

The Exorcist no solo refleja las tensiones de una madre ante la experiencia de su hija, sino que también adentra en la pérdida de la fe de un cura. Después de haber visitado a un sinnúmero de doctores para identificar el mal que afecta a Regan, Chris busca el consejo del padre Karras (Jason Miller), que también es siquiatra y que se ha dedicado a la educación. Karras sufrió la pérdida de su madre y el trauma lo ha llevado a cuestionar su fe. Aunque en su interacción inicial, Karras le afirma a Chris que él no cree ni en la posesión ni en los exorcismos, su primera visita a la casa de Regan lo hace repensar sus dudas y creencias.

Talk to Me también trata el tema de la posesión. En este caso, no es la posesión de un demonio, sino de los espíritus que han sufrido muertes traumáticas. En vez de Pazuzu, los espíritus malignos de Talk to Me ansían encarnar un cuerpo joven para quizás regresar a la vida o para posiblemente torturarlo hasta la muerte. La protagonista, Mia (Sophie Wilde), que perdió a su madre hace unos años, entra en este mundo de posesiones cuando va a una fiesta con su mejor amiga, Jade (Alexandra Jensen). El evento principal de la noche es una mano de yeso cubierta en firmas y fechas, posiblemente de fiestas anteriores, que descansa en una mesa de centro. Los jóvenes se arremolinan alrededor de esta y se preparan para el primer voluntario que tomará la mano. Hayley (Zoe Terakes) y Joss (Chris Alosio), que han convocado la reunión, explican que bajo el yeso hay una mano de un médium o un satanista (no están claros de cual), que es la fuente de su poder. Para experimentar la posesión, el voluntario debe tomar de la mano y decir “talk to me.” Luego, delante del espíritu desencarnado, el voluntario debe afirmar: “I let you in.” Es entonces cuando el poseído siente una excitación inexplicable que se asemeja al éxtasis de una droga.

Talk to Me también refleja las ansiedades que sentimos los adultos ante los riesgos que toman los adolescentes. La madre de Jade, Sue (Miranda Otto), es una madre divorciada que tiene una relación amistosa con sus hijos. Aunque Sue bromea advirtiéndoles lo que les espera si hacen una fiesta, sus chistes demuestran su preocupación sobre lo que pueden ser capaces los adolescentes. Su hijo menor, Riley (Joe Bird), está en su adolescencia temprana. La inocencia infantil de Riley recuerda la de Regan en The Exorcist, convirtiéndolo en presa fácil para los espíritus que los observan a través de la mano de yeso. Todo se complica cuando Mia se obsesiona con ser poseída en la búsqueda por su madre muerta. Esta obsesión impacta a la familia de Sue y es una metáfora de la adicción ya que Mia se deshace física y emocionalmente ante el gozo de la posesión. Tanto como el padre Karras, Mia busca una explicación a su tragedia, pero ella busca a su madre a través de la mano de yeso.

The Exorcist refleja una serie de búsquedas que giran en torno a la fe. Para Karras, la culpabilidad que siente por no haber hecho lo suficiente por su madre y el desamparo que soportó ante un dios ausente en el momento más difícil de su vida, lo llevan a cuestionar sus creencias. El viaje de la madre de Regan es opuesto al de Karras ya que Chris pone en duda todas sus creencias en la ciencia por la desgracia de su hija. Esa imagen inicial de Merrin y la estatua de Pazuzu, que presagia el choque final entre el cura y el demonio, demuestra que el enfrentamiento a lo sobrenatural es un viaje individual. Cada personaje reacciona de maneras muy particulares en su búsqueda por una explicación. Por otro lado, Talk to Me constantemente resalta la necesidad de los adolescentes en la película de encontrar el apoyo de una comunidad. Estas comunidades pueden ser tan desensibilizadas como los jóvenes de la secuencia inicial que se limitan a grabar con sus celulares la tragedia de sus amigos. En el caso de Mia, ella no solo busca escuchar la voz de su madre de nuevo, sino también encontrar un apoyo en sus amigos por el terror de lo que está pasando.

The Exorcist es una de las obras maestras del cine. La combinación de la música de Mike Oldfield, los efectos especiales de Marcel Vercoutere, el maquillaje de Dick Smith y la cinematografía de Owen Roizman nos alteran con imágenes que dejan huellas profundas en la siquis de todo espectador. Talk to Me es la ópera prima de los hermanos Philippou, mejor conocidos por sus videos jocosos de YouTube. En su debut, los Philippou demuestran su control del medio. Ambos crearon una joya de cine de horror independiente manteniendo las maravillosas aportaciones de un cast predominantemente compuesto por actores jóvenes desconocidos. Estas películas no abaratan sus historias con jump scares (escenas que hacen brincar de un susto), sino que su horror conecta con las necesidades y cuestionamientos más profundos de la humanidad. (Pueden alquilar The Exorcist en cualquier plataforma de streaming)

Crucigrama – Ernesto Cordero

Especial para En Rojo

Horizontales

2. Ernesto Cordero _____; guitarrista y compositor clásico puertorriqueño. Catedrático en Composición y Guitarra en la UPR. Autor de «Concierto de Bayoán», «Mi silencio», «Tres cantigas negras» y «Concierto antillano», entre muchas otras composiciones.
5. Detrás.
8. Parte de la taza.
10. _____ y mandinga; obra de Cordero. Concierto para guitarra, flauta, violonchelo y bongós.
12. En el taoísmo, fuerza femenina que, en síntesis con el yang, constituye el principio del orden universal.
14. 9 de _____ de 1946; nacimiento de Cordero.
18. Del verbo ser.
22. Embriagué ligeramente.
23. _____ piezas afroantillanas; obra de Cordero de grabada en 1985.
26. Interés excesivo en un préstamo.
27. Altar.
28. De poca fuerza.
29. Distraído.
30. Persia.
32. Arrojé.
33. _____ Cordero Ortiz; fundador del Festival Internacional de Guitarra de Puerto Rico. Autor de «La garita del diablo», «Mariandá», «Danzas para guitarra», «Concertino tropical para violín y orquesta» y «Estampas criollas para coro y orquesta de cuerdas».
34. Música y baile populares de origen cubano.
36. Despedida.
38. Concierto _____; obra de Cordero para guitarra y orquesta. Rusia y Francia están entre los países donde se ha presentado esta obra.
42. Tipo de sangre.
43. Señor, abrev.
44. San _____; capital de Puerto Rico.
45. Concertino tropical para violín _____ orquesta; obra de Cordero.46. Puerto _____; pieza coral de Cordero de 2016.

Verticales

1. Adornase.2. Atrevido.
3. Edwin Colón _____; músico puertorriqueño intérprete de la música de Cordero al igual que Guillermo Figueroa, Iván Rijos, Leonardo Egúrbida, Juan Sorroche, Henry Hutchinson y otros.
4. _____ para guitarra; disco de música de Cordero con Leonardo Egúrbida y el autor.
5. Prefijo que indica dirección, tendencia.
6. Forma de pronombre personal.
7. Símbolo químico de la plata.
9. Séptima nota musical.
11. Real Conservatorio Superior de Música _____ Madrid; Cordero se graduó de esa institución. Luego continuó estudios en Roma.
13. Ernesto _____ Ortiz; se le rindió homenaje por su trayectoria por la Fundación Nacional para la Cultura Popular que lo nombró Primer Abanderado el 21 de diciembre de 2008, en la celebración del Día de la Bandera Puertorriqueña.
14. Quiere.
15. La _____ del diablo; cantata para bajo, guitarra, narrador, coro y orquesta compuesta por Cordero.
16. Rezar.
17. Tisana.
19. Símbolo químico del europio.
20. Ordeñar.
21. Sabana.
23. Estampas criollas para coro y orquesta _____ cuerdas; obra de Cordero.
24. Suite concertante. Tres bocetos criollos para _____ y orquesta; (2015) composición de Cordero.
25. Afirmación.
31. Gas presente en el aire atmosférico que se usa en los tubos fluorescentes.
32. Atoan.
35. Concierto de _____; concierto de Cordero para guitarra y orquesta.
37. Persona que ha recibido el más alto grado académico universitario.
39. Escuela _____ de Música; Cordero estudió en la institución y en el Conservatorio de Música de Puerto Rico.
40. _____ silencio; (2006) composición de Cordero para voz y guitarra.
41. _____ hija del viejo Pancho (1974) composición de Cordero para voz y orquesta.|
42. Carta de la baraja.