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Estados Unidos. El Partido Demócrata reordena su campaña presidencial

 

 

 

Especial para CLARIDAD

En apenas un mes varios hechos muy significativos han alterado de manera inusual el panorama electoral en Estados Unidos. Primero, el desastroso desempeño del presidente Joe Biden en el debate televisado con su oponente republicano el 27 de junio en Atlanta; luego, el fallido atentado contra Donald Trump del 13 de julio – que reforzó su figura como favorito para ganar las presidenciales de noviembre- y, por último, este domingo 21 de julio, el abandono tardío por Biden de sus aspiraciones para encabezar la boleta electoral demócrata y buscar su reelección, después de semanas en las que muchos demócratas y los medios dieran la alarma sobre el deterioro de su capacidad mental.

Hay interrogantes, pero no ha trascendido, si hubo algún compromiso con Biden, por parte de los factores de poder de la élite partidista, para que finalmente aceptara dar ese paso al costado.

Se señala que esas demoras pueden haber resultado perjudiciales para que el Partido Demócrata cuente con el tiempo necesario para los complejos pasos internos y las acciones que debe emprender en lo inmediato. La rapidez con que la vicepresidenta, Kamala Harris, ha iniciado sus gestiones y contactos para recabar apoyos ha estado dirigida a hacer políticamente inviable que otros se lancen a querer concursar por la nominación. No está claro si podrá lograrlo.

Se abre ahora un periodo de incertidumbre en las filas demócratas – y en la política nacional- hasta los días en que tendrá lugar la convención del partido entre el 19 y 22 de agosto en Chicago. Sin expresar respaldo a figura alguna, y distanciándose en alguna medida de las pretensiones de la vicepresidenta, el ex presidente Barack Obama dijo: “vamos a navegar por aguas desconocidas en los próximos días, pero tengo confianza extraordinaria en que los líderes de nuestro partido serán capaces de crear un proceso del que surja un candidato sobresaliente”.

El inmediato apoyo por parte de Biden a la vice presidenta Kamala Harris para que encabece la boleta presidencial parece haber concitado un respaldo, más amplio y variado que lo esperado, de una impresionante lista de figuras y funcionarios electos y donantes del partido quienes, con prontitud, le dieron su apoyo. Aun así, todavía es temprano para afirmar que tiene asegurada la nominación. Vienen semanas difíciles y complicadas para el partido.

Hay voces que no se han definido o que sugieren que deben hacerse encuestas internas o incluso lo que denominan una mini convención o mini primarias a fin de conformar la fórmula presidencial que tenga el mayor respaldo y legitimidad, y que no sea el mero resultado de los arreglos por parte de la clásica maquinaria política demócrata. El hecho de que algunas importantes figuras del partido no se hayan definido con claridad pudiera denotar la existencia de un pulseo bajo cuerdas para definir el rumbo, y que, a su vez, algunos líderes demócratas manejan otras opciones.

Hay que tener en cuenta que es considerablemente amplio el espectro político y las diferencias al interior de la coalición demócrata. Deberán transcurrir unos días o semanas para que el panorama se despeje.

Obviamente la vice presidenta, cuya figura pública y actuación en el cargo han despertado dudas, tiene ya la delantera y muchas ventajas para obtener la nominación. Aunque fue fiscal y senadora en California, se considera que no ha tenido un buen desempeño público; sin olvidar que Harris obtuvo muy pobres resultados en las primarias de 2020 cuando se lanzó a la campaña presidencial. Sus primeros años en el cargo como vicepresidenta no mejoraron su reputación. No se le reconocen muchos logros y abundan quienes no están convencidos de sus capacidades.

Otra cuestión a tener en cuenta es que ella, al formar parte de este gobierno, para bien o para mal y a diferencia de otros posibles candidatos, carga con la impedimenta de estar asociada o haber sido parte de la gestión administrativa y de los cuestionamientos a las políticas domésticas e internacionales de Biden, algunas de las cuales podrían ser blanco de los ataques del candidato republicano.

Los índices de aprobación de Harris cayeron rápidamente y se han mantenido relativamente bajos desde entonces. Encuestas comparativas recientes, que pusieron a prueba su desempeño frente a Trump, la mostraron sólo ligeramente mejor que Biden. Su condición de mujer y negra la favorece entre algunos segmentos de la población, pero pudiera perjudicarla en otros. No tuvo buen desempeño al atender el tema migratorio, pero se le reconocen sus posiciones en defensa del derecho al aborto y los derechos de género, entre otros,

Sin embargo, no está claro cuánto dicen esas encuestas, o cuanto peso otorgarles, sobre cómo le iría a Harris en noviembre, después que la misma tenga la oportunidad de reintroducirse al público en un primer plano, a través de discursos y (tal vez) un debate con Trump, sin estar ya a la sombra de Biden y con la ayuda de un aparato de campaña completo orientado a maximizar sus fortalezas particulares.

La ventaja más obvia que tiene Harris es su capacidad para heredar el dinero y la infraestructura de la campaña Biden-Harris, que incluye todo, desde oficinas físicas en los 50 estados hasta trabajadores en nómina.

De momento, no se vislumbra ningún otro político o figura alternativa plausible que aspire a la nominación y que tenga un alto perfil o tal nivel de acceso a estrategas, agentes y recaudadores de fondos demócratas. Hay pocos que puedan decir que han desempeñado un papel en la toma de decisiones clave a nivel nacional en los últimos años, o que haya pasado tanto tiempo en el escenario mundial.

Y si las luminarias demócratas siguen respaldándola, como lo hicieron Bill y Hillary Clinton poco después del anuncio de Biden, no es muy probable que algún otro contendiente hipotético logre un apoyo comparable por parte del establishment del partido.

Luego será la Convención Demócrata donde tendrá lugar la votación, en la que están obligados a arribar con un consenso a fin de evitar una situación caótica. Se prevé que todo pueda quedar resuelvo para mostrar un frente unido y que el partido y sus principales líderes presenten una imagen de cohesión detrás del candidato que resulte nominado.

Un elemento fundamental que pesa en todo ese esfuerzo de conformar una candidatura presidencial competitiva y en las preocupaciones de la masa de funcionarios demócratas electos, es poder evitar que se produzca una debacle electoral en noviembre con la cual no pocos de ellos podrían perder sus escaños legislativos. Es algo que, ante las flaquezas que mostraba Biden, a muchos se les presentaba como una perspectiva bastante cierta.

Al bajarse Biden, los delegados han quedado libres para “votar a conciencia” o acomodar su voto según las circunstancias o las indicaciones de sus líderes regionales del partido. Serán unos 4 772 delegados y se necesita el respaldo de más del 50% para obtener la nominación.

Después de la convención restarán unas diez semanas de campana hasta la votación del 5 de noviembre. Pero, ¿cómo le iría realmente a Harris – o a otro candidato demócrata – frente a Donald Trump? Eso es algo bastante más difícil de vaticinar.

 

La maquinaria trumpista apunta contra Kamala Harris

 

El objetivo de la oposición es generar el máximo daño posible a quien termine siendo el candidato demócrata. Kamala, ya en campaña, es quien hoy lo personifica.

Por Jorge Elbaum

 

La renuncia de Joe Biden generó un tembladeral. Los grandes actores políticos de cada Estado buscan adecuar sus campañas al nuevo horizonte que se abre. Si bien pareciera que Kamala Harris logrará asumir la responsabilidad de la campaña de cara a las elecciones en noviembre, la ofensiva republicana intentará resquebrajar aún más la debilidad generada de las dubitaciones del renunciante.

El comité de los demócratas se encuentra a la defensiva tratando de resistir las peticiones de los seguidores de Donald Trump, quienes argumentan que el primer mandatario se encuentra tan incapacitado para su segundo mandato, como para seguir siendo presidente hasta enero próximo. El objetivo de la oposición es generar el máximo daño posible a quien termine siendo el candidato del oficialismo.

Para evitar este designio, la actual vicepresidenta busca apuntalar a quien todavía ejerce el Poder Ejecutivo. Este lunes 22 de julio señaló que Joe Biden es «inigualable en la historia moderna (…) En un mandato ya ha superado el legado de la mayoría de los presidentes que han cumplido dos periodos de gobierno”. Biden abandonó su candidatura a la reelección el último domingo luego de sufrir la presión de varios congresistas y gobernadores estaduales como producto de su deterioro cognitivo.

Harris ha permanecido con bajo perfil en los últimos meses para no generar rispideces con el equipo de campaña de Biden. Apenas se supo que podía convertirse en candidata, los medios adscriptos a la derecha republicana volvieron a recuperar sus antecedentes como fiscal general de California entre 2011 y 2017. Una de sus iniciativas más recordadas –y cuestionadas por los supremacistas– es haber promovido, luego de la crisis de las subprime de 2008, la autoexclusión de California del acuerdo con las grandes entidades financieras, que motorizaban los desahucios. Luego motorizó el desembolso de 12 mil millones de dólares de subsidios a tenedores de hipotecas, obtenidos gracias a su negociación con los bancos.

En 2016, poco antes de finalizar su tarea como procuradora. amenazó a Uber con acciones legales si la compañía no retiraba los coches sin conductor de las carreteras del estado. Desde ese momento el empresario Elon Musk –propietario de los automóviles eléctricos sin conducción-­ se convirtió en uno de sus enemigos más relevantes. Tanto que en las últimas horas inició una persecución de evidente carácter misógino contra Harris con la intención de ridiculizar la perspectiva de género.

La deserción de Biden es asociada a la renuncia de Lyndon B. Johnson de 1968, cuando decide no presentarse a la reelección. LBY, así se lo nominaba, había sido electo como vicepresidente de John F. Kennedy en 1961. Luego del homicidio de su compañero de fórmula, completó su mandato, se presentó y ganó en 1964, pero en marzo de 1968 –como producto de una salud muy deteriorada y una merma en su popularidad producto de la Guerra de Vietnam­– decidió resignar su lugar entre los demócratas. El sobrino de quien fuera compañero de fórmula de LBJ, Robert F. Kennedy Jr., hoy busca postularse como candidato independiente o negociar con el establishment demócrata un lugar expectante en su estructura política.

La diferencia entre Johnson y Biden es que el primero renunció en marzo y Biden lo hizo cuatro meses después, apenas un mes antes de la Convención Nacional Demócrata a realizarse el 19 de agosto próximo. Un mes después el 10 de septiembre está planificado el segundo debate presidencial, que indudablemente recordará el realizado en junio cuando Biden quedó expuesto frente a una audiencia de más de cien millones de personas.

Uno de los debates más relevantes que se llevarán a cabo en las próximas semanas será el relativo a los dineros de campaña otorgados a la fórmula Biden-Harris. Según el Comité Nacional Republicano Kamala Harris no se encuentra habilitada para usufructuar esos aportes. De acuerdo a los apoderados de la campaña de Donald Trump Harris no participó de las primarias como candidata a presidenta, razón por la cual no puede manejar esos recursos, “Si un candidato no pasa de las primarias –aducen– cualquier contribución individual superior a 3300 dólares debe ser reembolsada”.

Sin embargo, la comisionada de la Comisión Federal Electoral Dara Lindenbaum aclaró ante la prensa, en el día de ayer que Harris se encontraba inscripta en la declaración de registro del Comité de campaña de Biden-Harris, razón por la cual puede utilizar los 96 millones de dólares recaudados hasta junio, para su campaña.

En el caso de que fuese nominado otro candidato del partido Demócrata, esos casi cien millones podrían terminar en un limbo de debates leguleyos dato que no podrían ser utilizado automáticamente por otro aspirante. Es indudable que, en Estados Unidos, el dinero tiene mayor importancia que cualquier otro criterio político.

Reproducido de ww.pagin12.com.ar

 

En Reserva-Mala leche: La Suiza Dairy y el gobierno que aparece

 

 

Ante el torbellino que ha dejado un gobierno que aparece y desaparece como por arte de magia, conviene pausar y reflexionar sobre lo que ha ocurrido. Repasemos lo reciente: El 28 de junio de 2024, tras tres semanas de huelga, la empresa Suiza Dairy anunció el cierre parcial y temporero de sus plantas de producción y el despido de 483 trabajadoras y trabajadores. Se citaron diversas razones. Se le llamó a la huelga “la gota que colmó la copa”. Como de costumbre, se demonizó a las personas más vulneradas en el proceso.

En el día número 35 de huelga, el secretario de Salud de Puerto Rico, Carlos Mellado apareció en los medios junto a oficiales de la EPA, advirtió sobre una crisis de salubridad inminente debido a la contaminación. La leche dura aproximadamente dos semanas antes de que comience a cortarse. No obstante, tuvieron que pasar cuatro semanas para que el gobierno tomara cartas directas en el asunto. En medio del pánico, el tribunal legitimó la acción represiva contra las y los huelguistas. La empresa hizo colapsar las negociaciones, que incluían la limpieza que hubiera evitado cualquier amenaza a la comunidad. En el día número 36 de huelga, la fuerza de choque de la Policía de Puerto Rico arrestó a 16 trabajadoras y trabajadores por luchar por sus derechos. Ahora conocemos que el Estado intervino por petición de Pablo Vallejo, gerente general de la empresa.

Cualquier trabajadora de a pie, cualquier ciudadano que haya perdido un día en una agencia gubernamental, no podría esconder la sorpresa. Cuando se trata de un conflicto obrero patronal, las agencias gubernamentales hacen acto de aparición, los burócratas aceleran el paso, despiertan al gigante dormido de los tribunales, se activan los medios de comunicación corporativos, se despliegan las fuerzas policíacas, se resuelve la cosa con rapidez y autoridad. De repente, el gobierno de Puerto Rico parece operar ágilmente. ¿De dónde sale esta energía? ¿Dónde estaba esta gente ayer?

Y es que es crucial preguntarse: ¿Cuándo antes hemos visto la consternación y el sentido de urgencia que Carlos Mellado y sus secuaces quieren gesticular ahora ante las cámaras?

Cuando nuestros acuíferos del sureste y las comunidades aledañas a la carbonera AES en Guayama sufren los estragos del desastre ambiental que representa el depósito de cenizas de cabrón, ¿dónde encontramos a Carlos Mellado y las agencias locales y federales de la salud? ¿Dónde estaban el PNP, el PPD, y sus legiones de cargamaletas en las agencias de gobierno cuando la misma compañía creó otro desastre ambiental al decidir desechar ilegalmente las cenizas en un vertedero en Peñuelas?

Pero no nos vayamos muy lejos, concentrémonos en lo inmediato: ¿Qué preocupación han expresado Carlos Mellado, empresarios, jefes de agencia, burócratas y figurines mediáticos del bipartidismo en torno a la crisis en la que la Suiza Dairy ha sumido a casi 500 trabajadoras y trabajadores? ¿Se han parado frente a las cámaras a poner de manifiesto la inseguridad a la que lanzan a miles de familiares, dependientes del seguro médico que pierden?

Hay que preguntarse dónde han estado metidos ante el fracaso mortal de LUMA. Tan sólo se puede especular sobre qué han estado haciendo para emplazar la apatía genocida de la Marina de los Estados Unidos y el desastre que dejaron en Vieques.

¿Dónde estaba esta gente?

Creo que ya tenemos una idea: ordeñando la teta gorda; cuajando mala leche.

Cuando más se les necesita, aparecen, con la condición de que puedan apuntarse una victoria contra la clase trabajadora organizada de nuestro país. Ahora tienen en mano un problema mayor: vamos despertando, los vemos por lo que son. El país conecta los puntos. Los ve dar la cara en momentos puntuales, por cierta gente. Como mismo aparecen se desvanecen, y quedamos nosotras y nosotros, y una peste que no se quita.

Rafael Acevedo y Mario Cancel hablan de “Muere Riggs”

 

La actividad sirvió de foro para discutir las particularidades del nuevo libro

 

En Rojo

Elogiada por sus aspectos literarios e historiográficos, la novela Muere Riggs, del escritor Rafael Acevedo Rodríguez, irrumpe en la literatura puertorriqueña como una nueva forma de rememorar y narrar. El libro, revisado por el historiador y catedrático Mario Cancel Sepúlveda, recuenta el magnicidio del coronel de la Policía insular Elisha Francis Riggs con un tono detectivesco y una escritura “seductora”. El texto fue presentado, el 18 de julio, en un conversatorio frente al Periódico CLARIDAD.

El conversatorio coincidió con el nonagésimo cuarto (94 to) natalicio de Rafael Cancel Miranda, exprisionero político que, al igual que los protagonistas de Muere Riggs, se enfrentó a las fuerzas del imperio estadounidense. Por ello, antes de comenzar la actividad, Alida Millán Ferrer, directora de CLARIDAD, homenajeó al patriota junto a María de los Ángeles Vázquez.

“La novela de Rafa, Muere Riggs, desde mi punto de vista, tiene un valor doble. [Primero] El valor literario; estamos hablando de una escritura verdaderamente seductora. Cuando enfrenté el manuscrito, en formato digital, leí la novela en una. Tuve que volver a leerla al otro día porque sentía el deseo; volví a leerla cuando la tuve impresa. La poética, desde la posición de Rafa, es extraordinaria”, opinó Cancel Sepúlveda.

El segundo valor “incalculable”, expuso el catedrático del Recinto Universitario de Mayagüez (RUM), es la historiografía con que Acevedo Rodríguez proyecta “una investigación densa” de los acontecimientos para “literaturizarlo”. Además, Cancel Sepúlveda loó el modo en que el autor sintetiza un período histórico comúnmente “generalizado”, la década de 1930.

En ese sentido, el catedrático explicó las complicaciones emocionales que se pueden enfrentar al trabajar el tema del nacionalismo. Para Cancel Sepúlveda, por ejemplo, el acercamiento investigativo al nacionalismo le “dolía mucho” hasta que, en 2005, decidió vencer el dolor y “mirarlo intensamente”.

“Sintetiza un período de tiempo bien intenso de tiempo, que asociamos genéricamente, a la década del 30, que alude a hechos verdaderamente trágicos, exigentes, vitales para la historia de Puerto Rico; entre 1935-1937”, detalló Cancel Sepúveda. Para el académico, estos eventos, junto al asesinato del coronel Riggs, conforman una “antesala” del juicio que enfrentó Pedro Albizu Campos.

Mario Cancel Sepúlveda, de espaldas Rafael Acevedo.
Fotos: Alina Luciano

Por lo tanto, contó Cancel, esta novela representa un acto de “anamnesis”, o la búsqueda de “un recurso para recordar algo que debe ser recordado de un modo”. En Muere Riggs, Acevedo divide el texto en cuatro capítulos episódicos que recogen múltiples perspectivas relacionadas con el magnicidio de aquel febrero de 1936. Asimismo, el historiador reconoció la manera en que Acevedo Rodríguez posiciona al lector en esas mismas perspectivas, como el inicio en que Hiram Rosado espera en la esquina del Gámbaro.

“Solo cuando un historiador lo resalta, nos damos cuenta del impacto potencial que suponemos que tuvo. Para un historiador que lee ese tipo de narrativa, definitivamente es una actitud que el novelista tiene el privilegio de adoptar. Yo no podría adoptar esa actitud si estuviera relatando el asesinato de Riggs en un libro de historia. Envidio a Rafa por eso, pero es una envidia sana”, comentó el autor de múltiples ensayos y libros de historia.

De igual forma, Cancel Sepúlveda concluyó sus observaciones con un breve análisis de los personajes en la obra de Acevedo Rodríguez. Desde Francis Riggs, Pedro Albizu Campos y hasta la misma ciudad del Viejo San Juan, Cancel Sepúlveda resaltó el estilo con que el autor maneja estas dinámicas.

Trasfondo de la novela

El primer recuerdo que Acevedo Rodríguez guarda del magnicidio histórico está relacionado con su padre, quien vivía en la esquina del Gámbaro en que, años después, el autor de Muere Riggs colocaría a un Hiram Rosado y su cigarrillo Chesterfield.

“Mi viejo me estaba contando el magnicidio, pero baja la voz en cierto momento y me dice: eso estuvo muy mal porque ese hombre salía de la iglesia”, detalló el escritor. Para Acevedo Rodríguez, aquella “pureza” con que cargaba Riggs le añadía un aire de tragedia clásica a un suceso histórico. “Toda la estructura del magnicidio de Elisha Francis Riggs me pareció una tragedia griega, pero criolla, en San Juan, en el 1936”.

De todos los acontecimientos de la época, el escritor escogió el evento preciso del asesinato haciendo énfasis en la pobreza del momento -a pocos años de la Gran Depresión- y por la manera con que los nacionalistas se enfrentaron a las fuerzas represivas de los Estados Unidos.

En la novela, hay detalles que resultan completamente de la creatividad de Acevedo, como la relación entre los pugilistas Joe Malinsky y Germán Nacovich. El posicionamiento de algunos personajes, como Carmen Losada, funcionan con lo que el autor piensa que pudo haber ocurrido. En el caso de Losada, es un personaje “de ficción”, pero necesario para integrar la figura de las mujeres en la lucha nacionalista.

“A mí lo que me interesa como novelista, más que todo, es lo que pudo haber ocurrido o, en efecto, lo que a mí me hubiese gustado que ocurriera. Eso a partir de unos eventos que fueron históricos, comprobables”, reveló Acevedo Rodríguez.

Elisha Francis Riggs fue una figura importante enlas redes de espionaje e interigencia en las primeras décadas del siglo pasado. Participó- directa e indirectamente- en la Revolución Rusa y en la firma del tratado de paz después de la Primera Guerra Mundial Además, como colaborador de inteligencia en el asesinato de Augusto César Sandino en Nicaragua.

“En la novela, hay un intento de apropiarse de datos que se sustentan sobre documentos, y algunos otros datos que, por esas mismas aporías, por esos mismos vacíos en los documentos, los relleno con ficción”, compartió Acevedo Rodríguez.

Con esas aporías, el autor trastocó el hecho de que el entonces gobernador , Blanton Winship, gestionó la llegada de Riggs a Puerto Rico. El coronel había trabajado en la región antes del mandatario colonial haber comenzado a gobernar, un detalle que se suma a la entretejida narrativa de Acevedo, que fluctúa entre la historia contada y la que pudo contarse.

 

Cómo llegué a Archivo rural, de Vanessa Vilches. Y cómo regresé de allí.

 

 

En Rojo

1.Hace algunos meses -quizás par de años- se publicó el libro más reciente de Vanessa Vilches, Archivo Rural. Mi noción del tiempo es extraña. Conozco a la escritora desde finales del siglo pasado. Es mi colega en la Universidad de Puerto Rico y, además, fue colaboradora importante del En Rojo durante más de una década.

Revisando algunas de sus columnas en el semanario cultural leo esto:

 Últimamente me arrimo a la escritura con la obsesión de la archivista. Invadida por la sensación de habitar un archipiélago con un gigantesco cartel de SE VENDE y aterrada por la continua pérdida del patrimonio natural y cultural, estimo que mucha de la experiencia clasificada como“Puerto Rico”debe preservarse, reescribirse, reproducirse. Y esa aparente cualidad de permanencia que puede tener la palabra escrita, aunada a la voluntad de recuperación de la archivista, consuela.

2.Hago el recuento de los libros que conozco de la autora. Tengo el privilegio de haber leído su primer libro de crítica literaria aún antes de ser publicado: De(s)madres o el rastro materno en las escrituras del Yo. (A propósito de Jacques Derrida, Jamaica Kincaid, Esmeralda Santiago y Carmen Boullosa)(2003). Supe, al leer sus ensayos, que era narradora. Me lo confirmó ella, enviándome algunos cuentos. Cuatro años después se publicaba Crímenes domésticos (2007)

 Ese texto de Vilches, Crímenes domésticos, deconstruye en clave siniestra la maternidad. Digamos, más bien, que el concepto adquiere otras connotaciones con una serie de personajes desde donde se narran múltiples “madres”. De la lactante en el cuento Tortita de manteca a la asesina de Monstruosa sororidad, por dar dos ejemplos.

Luego, Espacios de color cerrado (2012) y Geografías de lo perdido (2018) confirmaban la apreciación de aquel primer libro: dominio de la escritura, oficio de escritora. Lo ominoso, lo extraño familiar, las fisuras en la arquitectura de lo doméstico están otra vez ahí.

3.Entonces, Archivo rural (2022), un formidable conjunto textual que navega entre la crónica y el relato. No me complico. Son cuentos. Son brújulas. Apuntan a una función que garantiza que la voz de la sujeto exista o no se pierda. No se pierda porque deja señales, pequeños relatos que -y aquí faltaría enumerar un montoncito de simbolizaciones- que no voy a escribir ahora porque esto es solo un homenaje a la belleza.

Ahora es el Padre. Las crónicas comienzan poderosamente con el padre  conocido en la muerte, poniendo a funcionar el ‘relato”  del padre simbólico que aumenta su sentido cuando el padre real, biológico, deja de producir su propio relato. Hay, me parece, una revelación: el padre muerto es la función paterna, pero pudo haber sido otro, pudo no haber sido el real. Entonces no sé si estoy haciendo una “sobrelectura” pero ¡que manera de empezar un libro de crónicas!

Pienso que es un libro demasiado hermoso para ser una recopilación de episodios verídicos, comprobables. Lo verídico que acabo de leer -otra vez- es la búsqueda de certificados (de matrimonio, de defunción) que sirven de apoyo al recuerdo. Vuelvo. ¿Son crónicas? ¿Un diario íntimo? Sí, es un tejido de intimidades, de la intimidación que produce la posibilidad de olvidar y que obliga una y otra vez a repetir, pero cada repetición incluye o excluye detalles. Es una crónica porque sujeta la voz a algo muy interior que parecería existir solo en el recuerdo -poca evidencia dura, esa-.

4.No sé, Archivo rural tiene un ritmo muy particular -los sucesos acontecen brevemente en espacios que cobran una importancia enorme -como una geografía sin límites-. Comerío no es una coordenada espacial sino temporal. Pero el tiempo aparece aquí trastocado, el pasado está adelante y el futuro a espaldas de la voz cronista. El pasado ante los ojos se sucede -seduce-, se suscita, se sujeta muy ligeramente y se suelta por la belleza del texto. Las carreteras, la station wagon en la que viaja una familia que incluye siete hermanas, todo es tan real y tan literario. Tan comprobable y ficcional.

Estas breves notas las escribí después de leer rápidamente como quien se toma una bebida porque tiene sed y a la vez, quiere probar un buen trago. Me parece un hermoso libro.

5.Yo soy un lector muy malo. Me detengo en la belleza. Me dejo escribir por la escritura. Ahora mismo no tengo juicio crítico sino juicio esté La belleza arde. Eso es lo que digo. Si tengo tiempo podría decir algo más académico. Pero eso suena a un tiempo lejano en otra galaxia. Ahora digo esto.

A Vanessa: Te abrazo, te felicito, te agradezco este libro.