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 “Desprovista” la población mayor de servicios elementales

 

CLARIDAD

Puerto Rico es un país envejecido. Esa es la realidad que nombra el director estatal de la  Asociación Estadounidense de Personas Jubiladas (AARP, en inglés), José Acarón. Una realidad que requiere «un plan de país que no existe» para un cuarto de la población. Con aumentos constantes en los servicios básicos — como la luz y el agua—, disminuciones en la cantidad de centros de cuidados disponibles y una precarización general de la calidad de vida, las personas mayores enfrentan condiciones que el Estado arrastra por décadas.

De acuerdo con Acarón, los servicios deficientes que reciben las personas mayores recaen, por lo general, en tres entes que fallan: el Estado, los hogares de cuidado y las familias. Sin una fiscalización adecuada, el portavoz de la AARP repara en que muchas personas mayores quedan relegadas porque se piensa que «a los ‘hogares’ se va a morir».

“Esa visión es algo que tenemos que cambiar, porque hasta las familias tienen esa visión de que (los hogares) son un repositorio. No se puede perder de vista que aunque yo esté pagando un hogar para atender a un ser querido, el responsable principal sigue siendo la familia. Aquí hay una culpa compartida entre los tres grupos”, reiteró.

Con relación al Estado, Acarón detalló que la falta de una fiscalización estable no se limita a licenciamientos o permisos no concedidos sino al trato directo que estos centros brindan a las personas mayores. Compartió que parte de estos hogares operan de modo clandestino y reciben favores estatales que se hace de la vista larga.

“Estas son industrias privadas, pero tienen una connotación social. Por eso son licenciadas por (el Departamento de la) Familia. El dueño o el administrador del hogar tiene que estar allí para poder supervisar las funciones de quienes allí trabajan. Tienen que asegurarse de que las personas allí tienen los adiestramientos necesarios y la capacidad para atender a la población. Yo puedo tener todos los adiestramientos del mundo, pero tener la vocación para cuidar a alguien es otra cosa”, expresó vía telefónica a CLARIDAD.

Más allá del Estado y los hogares, la AARP reconoció que muchas familias ingresan a sus mayores en estos centros, sin visitarlos con frecuencia, de modo que los incumplimientos de los cuidadores ocurren porque las familias nunca se enteran. Con relación a los cierres reportados este año, Acarón recordó que la fiscalización de los centros de cuidado también es responsabilidad de la Procuradurías de las Personas de la Edad Avanzada.

“Ese es el rol de fiscalización de ellos, (y) no hay personal suficiente en las regiones. Hay gente, generalmente trabajadores sociales, que ven sitios de menores y mayores a la misma vez. Eso no debería ser así. Debería haber una distribución de recursos donde haya personas que puedan ir a los hogares de menores y los de personas mayores. Son leyes diferentes, necesidades diferentes, adiestramientos diferentes. No tienen que ver. Eso no es un checklist que se tacha”, agregó.

Esta duplicidad de funciones se suma a la desigualdad regional que existe con relación a los supervisores: ciertas regiones cuentan con más personal que otras. Del mismo modo, la cantidad de supervisores actuales se afecta cuando, por ejemplo, alguno se ausenta por motivos de vacaciones o enfermedad. Para Acarón, el país está «desprovisto de una estructura eficiente de sostenibilidad» para las personas mayores.

“Hay un problema de empleo. Se les hace muy difícil a los hogares poder reclutar gente competente con todos los reglamentos que hay y pagarles el mínimo. Una persona puede ir a trabajar a una tienda o un restaurante y ganarse lo mismo que en un hogar de cuidado, pero con menos responsabilidades. Tenemos que tener, en Puerto Rico, una estrategia de cómo vamos a desarrollar una fuerza laboral que atienda a todas las personas mayores”, urgió.

La situación, añadió, no se limita a las personas ingresadas en una institución de cuidado. Aquellos ciudadanos de la tercera edad que viven solos cuentan con menos amas de llave que en tiempos pasados. Para Acarón, esto significa una precariedad más marcada que la de los hogares, puesto que operan fuera de la fiscalización directa del Estado. Las personas mayores que viven en centros de cuidado, reveló, solo conforman el 6 % del total de esta población.

“No tenemos estructuras en el gobierno ni en la empresa privada. Me preocupa que, cada vez más, hay menos organizaciones y fundaciones en Puerto Rico que están atendiendo a las personas mayores, y es una tendencia que estoy viendo en la eliminación de fondos para las fundaciones. Esta es la población de mayor crecimiento en el país. No hay una forma integral de cómo vamos a proveer los accesos para una vida digna, con integración social y participación”, prosiguió.

Aunque reconoció que los recortes financieros impuestos tras el segundo mandato de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos (EEUU.), Acarón afirmó que los problemas de las personas mayores en Puerto Rico vienen desde mucho antes. Con una reducción en la población de la niñez que contrasta con el crecimiento de la tercera edad, el director estatal de la AARP cuestiona las iniciativas que privilegian una población sobre la otra en lugar de «responder a la realidad». Esto sucede, por ejemplo, con los fondos de Familia.

“Los fondos de las personas mayores están en la Procuraduría de las personas mayores. Los fondos de Familia son todos estatales. Por eso los fondos de la Procuraduría tienen que ser aprobados por el Fondo General y pasar por la Junta (de Control Fiscal). Y no solo ha habido recortes en Familia. Ha habido en ASSMCA, en Salud, en Recreación y Deportes. Eso afecta, pero aquí llevamos años con el reto de que no se atiende bien a la población”, recalcó.

Según Acarón, en Puerto Rico hay una suerte de “miopía” que impide reconocer al país como el más envejecido bajo jurisdicción estadounidense, el más envejecido de la región y uno de los primeros a nivel mundial. Con 22 años al mando de la AARP en Puerto Rico, el director bromea con que «los planes de país duran lo mismo que las fotos del gobernador de turno», dejando inconexos a múltiples borradores para paliar la situación. El panorama se agrava, cuenta Acarón, si se considera la disminución del 20 % en beneficios del Seguro Social que se aproximan a desaparecer en 2033.

“El Gobierno federal, al igual que el de aquí, está ignorando la situación. Aquí el gobierno ignoró las pensiones hasta que se volvieron una crisis. Están haciendo lo mismo. No quieren tomar decisiones que sean políticamente desfavorables y, mientras más tarde, peor será la situación. La primera campaña en la que participé como director fue para hablar del Seguro Social, de la necesidad de atender el déficit por lo que pasaría en 2033. Y eso fue en 2004”, recriminó.

 

 

 

La ciudadanía que dicen que van a quitar

CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

A juicio del experto en Derecho Constitucional, profesor Carlos Ramos González, desde el punto de vista de Puerto Rico el proyecto del congresista republicano, Morgan Griffith tiene una lectura interesante, de que la ciudadanía de los puertorriqueños(as)está sujeta a lo que diga el Congreso de Estados Unidos.

La presentación de un proyecto hace una semana por el congresista del ala derecha republicana, por Virginia causó confusión y sobresalto en muchos por entender que a las personas nacidas en los territorios bajo el dominio de Estados Unidos, se les quitaría la ciudadanía estadounidense, o americana, como también se le conoce.

El profesor Ramos González, aclaró en entrevista que el proyecto no busca quitarle la ciudadanía a ninguna de las personas que ya la tienen relacionada con los territorios de EE UU. En particular el proyecto trata a cuatro territorios, Puerto Rico, Islas Vírgenes, Guam y las Islas Marianas del Norte. El proyecto lo que busca es enmendar la ley de nacionalidad de Estados Unidos que es una ley de la década del ’40 y ’50 del siglo pasado, que tiene disposiciones particulares sobre la ciudadanía americana de las personas que nacen en los territorios pertenecientes a, pero no son parte de EE UU.

A esos efectos puntualizó que nacer en un territorio de Estados Unidos incluyendo a Puerto Rico no es nacer en Estados Unidos, a los fines de la protección de la Enmienda 14 de la Constitución de EE UU para las personas que nacen propiamente en los Estados Unidos. Recordó que este verano el Tribunal Supremo de EE UU confirmó contrario a las pretensiones del presidente Trump, lo que venia siendo la práctica de la interpretación de años, conforme la Enmienda 14 de que nacer en Estados Unidos es nacer ciudadano americano, por virtud del hecho de nacer, lo que se conoce como derecho de suelo. Por lo tanto -afirmó que esa ciudadanía establecida por décadas no puede revocarse por una ley del Congreso, la protección es por siempre.

Explicó que el proyecto de Griffith lo que hace es recordar que el Congreso mediante ley, estableció que cuando se nace en un territorio se tiene la ciudadanía. Esa ciudadanía es porque la Ley de Ciudadanía así lo establece, pero no es una ciudadanía por nacionalidad, es decir por haber nacido, es una ciudadanía estatutaria, por ley, nació en un territorio, no por haber nacido en EE UU, reiteró.

El proyecto presentado repasa las disposiciones de nacionalidad relativa a cada uno de los cuatro territorios señalados y decreta que a partir del 1 de enero del 2027 nacer en estos territorios si se es una persona cuyos padres no son ciudadanos de EE UU o no son residentes permanentes de los EE UU con ciudadanía o documentados, esas personas no nacen ciudadanos de Estados Unidos, no serán ciudadanos estatutarios como dice la ley.

“Así que no le quita la ciudadanía a los que vayan a nacer hoy en Puerto Rico o hijas o hijos de ciudadanos o inmigrantes documentados. Hoy naces ciudadano por virtud de la ley del Congreso eso no va a ser así a partir de enero del 2027”. Hizo la anotación de eso que será en caso de que la ley se apruebe.

Para el profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad Interamericana (UIA) la lectura política que persigue el proyecto es uno partidista eleccionario. Se ha divulgado que el argumento para justificar el proyecto, satisfacer al presidente Trump, son unas alegadas quejas provenientes de sectores asiáticos, en particular de Guam de que habían unas mafias chinas en Guam que buscaban gente para nacer en dicho territorio y llevarlos a EE UU. Continuó que para satisfacer a su base MAGA, el presidente a sabiendas de que no puede hacer nada en el momento, ni siquiera con los que nacen de padres indocumentados, ni el llamado turismo ciudadano, dice ‘voy a empezar a trabajar con estos cuatro territorios que potencialmente podría utilizar para a través de ellos no traer el tipo de inmigrantes que nosotros quisimos prohibir en el territorio de EE UU’. El profesor Ramos Gonzalez aclaró que no se conoce de ningún hallazgo que diga que eso es un problema para Estados Unidos o de un territorio.

A su juicio desde el punto de vista de Puerto Rico el proyecto tiene una lectura interesante. El nombre de la ley es “End Birthright Citizen Ship for Territoris ACT”, (Ley para poner fin a la ciudadanía por nacimiento en los territorios). En el caso de Puerto Rico es una lectura de que la ciudadanía de los puertorriqueños está sujeta lo que diga el Congreso.

Para las personas indocumentadas a partir del 1 de enero lo que está implícito es de que nadie se plantee en Estados Unidos la posibilidad de que de inmediato se pueda revocar la ciudadanía americana de los que actualmente la tienen en los territorios, sino que lo que se vaya a hacer tiene que ser prospectivo, sujeto a determinadas condiciones.

Apuntó a que la medida tiene un impacto importantísimo en cualquiera de los futuros alternos políticos de Puerto Rico en particular los vinculados al tema de la independencia y soberanía, de cualquier modalidad fuera de la clausula territorial en relación con EE UU.

¿Puede haber una colonia con su propia ciudadanía?, cuestiona Claridad.

“La contestación es que no, no puede haber un territorio con su propia ciudadanía mas allá de la ciudadanía estatal (de los estados) la cual no tiene implicaciones internacionales. En el caso de Estados Unidos si se está sujeto a la cláusula territorial, eso no es posible, una enmienda constitucional a la Enmienda 14 impacta muchas condiciones constitucionales”.

Señaló además de que políticamente hablando duda mucho que la nación norteamericana autorice a un territorio a tener su propia ciudadanía . “A parte de que la clausula territorial es lo suficiente maleable para que el Congreso pueda hacer muchas cosas, creo que no es viable políticamente a pesar de toda la maleable perversa que tiene esta cláusula”.

No obstante trajo a la atención de que a veces en Puerto Rico se nos olvida que esa cláusula territorial de la que se ha beneficiado la territorialidad colonial, en especial los etadolibristas, incluso puede darle mas poderes de los que se le da a un estado. Si el Congreso quisiera puede darle mas poder a los territorios que a un estado pero observó que eso le crearía problemas a EE UU.

Un aspecto del proyecto que señaló es que éste incluye a las Islas Marianas del Norte, que contrario a Puerto Rico y a Guam, no son producto de una invasión territorial, son producto de un fideicomiso, un convenio donde incide la cláusula territorial y como convenio depende de un arreglo, pero aun así refleja que el Congreso puede reservarse el derecho a actuar de manera unilateral. Para el experto en Derecho Constitucional, eso significa, sugiere que eso es un elemento de discusión para esa otra forma de soberanía que está reconocida por el Derecho Internacional, que la hemos discutido en Puerto Rico, que es la llamada libre asociación fuera de la cláusula territorial.

Coincido en que para los estadistas y estadolibristas el proyecto no representa ninguna amenaza. El reto principal sigue siendo para los etadolibristas coloniales debido a que el proyecto reafirma que la ciudadanía norteamericana de los puertorriqueños es estatutaria. Desde el punto de vista de los estadistas es positivo porque refuerza su argumento de que como único se garantiza la ciudadanía no sujeta al Congreso es la estadidad porque aplicaría la Enmienda 14 de la constitución.

En esa línea comentó que la decisión del TS que reafirmó que la ciudadanía es de los que nacen en el país, tiene unas expresiones interesantes de que el origen es el suelo, no de sangre que es lo que quería Trump. Pero otras expresiones reconocen desde el punto de vista de que la ciudadanía está atada a la soberanía. Si un país ejerce la soberanía sobre otro país tienes que darle la ciudadanía. En el caso de Puerto Rico desde el 1898 hasta el 1917 fuimos nacionales, no ciudadanos americanos.

Otro elemento mas interesante de la determinación del TS y que a su juicio compete a los estadistas es que habla del concepto lealtad. En la decisión de la mayoría un aspecto que incomoda a los disidentes, es que incluye a su manera que el concepto de ciudadanía americana y en cualquier país, el termino nacionalidad y ciudadanía se confunde. Lo que define la ciudadanía, al ciudadano de cualquier país es la lealtad, es sentirse parte de una comunidad política, acepta o no de que se es parte de esa comunidad.

Ramos González, dijo que considera que en la historia política de Puerto Rico, la inmensa mayoría de los puertorriqueños quieren su ciudadanía motivados fundamentalmente porque entienden, aunque equivocados que les facilita la entrada y salida a EEUU y las llamadas ayudas federales. Hizo igual la observación de que el servicio militar es una especie de sub empleo. “Salvo eso aquí no hay ninguna lealtad”. Recalcó que la nacionalidad, lo esencial es la lealtad , de que se pertenece a una comunidad con las que se tienen muchos elementos en común, cuando se ve desde la perspectiva de Puerto Rico -dijo- esa comunidad de afecto, de intereses, lealtades es distinta.

 

 

 

 

 

 

Widow’s Bay: apuntes para una reseña

 

Especial para En Rojo

Recientemente Apple TV estrenó Widow’s Bay (Kate Dippold/ Hiro Murai), una serie de comedia y horror ambientada en una isla ficticia cerca de la costa de New England. Fuera de sus residentes y un puñado de visitantes, pocos conocen (y poco se conoce) sobre Widow’s Bay. Su alcalde, Tom Loftis (Matthew Rhys), natural de Massachusetts, se propone convertirla en un nuevo destino turístico («the next Martha’s Vineyard»), ambición que provoca interés, mofa y preocupación entre sus habitantes. Resulta que Widow’s Bay, todos lo saben, está embrujada.

A la sazón de los relatos escolares, la isla fue un ‘refugio’ para fervorosos protestantes del entresiglo XVII- XVIII. Pero esta obstinada supervivencia les ha costado un alto precio a los pobladores originales y a su descendencia. Dice la vox populi que quienes nacieron en estas tierras no pueden abandonarlas. Una maldición les cerca y les impide sobrepasar un perímetro marítimo, ni siquiera para llegar a Boston, que se encuentra a unas cuarenta millas.

La memoria colectiva de Widow’s Bay recuerda de manera porosa los extraños sucesos ocurridos durante los últimos tres siglos. Las manifestaciones monstruosas y sanguinarias reaparecen a intervalos. Para el alcalde son cuentos de camino. Aun así, la gente reconoce las señales de que algo se avecina; mejor dicho, de que algo se reanuda. Para pesar de Loftis, la racha reinicia justo cuando sus esfuerzos han popularizado el municipio y comienza la temporada vacacional y veraniega.

El show marca un claro contraste entre sus habitantes y el alcalde. Retrata con humor y detalle un arquetipo de la región: la gente de Widow’s Bay es astuta, de trato áspero, solidaria y también recelosa. Loftis, muy del mainland, se relaciona con sus constituyentes de manera condescendiente y soberbia. El progreso que anhela para su municipio parte de la negación y la borradura histórica de la isla, así como de su clave sobrenatural.

Tras una serie de sustos y desventuras, el alcalde acepta que necesita la ayuda de sus colegas y vecinos. El grupo se dedica entonces a desenmarañar la historia de este lugar y sus desdoblamientos (un acopio pintoresco de todas las películas de miedo que se conocen) para entender y, tal vez, aplacar el ciclo avasallador que les mantiene encerrados.

Por el momento, esta primera temporada no resuelve el enigma de la isla, pero sí plantea nuevas preguntas. Ante la incertidumbre, la serie responde con un elenco extraordinario y un amplio repertorio del horror audiovisual: brujas marinas, payasos asesinos, neblina asfixiante, un Jason genérico o un muerto-vivo al gusto del Mayflower.

Sin revelar demasiado, debo decir que para mí otros grandes aciertos son el empleo de la comedia y el horror cuando, por ejemplo, el show desacraliza la casposa ‘historia fundacional’ de New England, a la vez que representa muy bien el kitsch de instituciones poco apreciadas como la sociedad histórica, el archivo o el museo local. La serie no pasa por alto su valor o se burla de ellas. Es precisamente en este trabajo de la memoria (a cargo de muchas manos a lo largo del tiempo) donde radica la supervivencia del pueblo. Juntos, a través de ese ejercicio, intentan descifrar el enigma.

Widow’s Bay se empecina en atestiguar que, como en los versos de John Donne, “no man is an island entire of itself”, poco importa que la isla, como entidad, sí lo sea.

 

 

 

 

El destinatario pendiente

 

 

La falla ocurrió un martes, a las seis y doce de la tarde.

No hubo humo ni luces rojas. Tampoco apareció un técnico corriendo por un pasillo con cara de película mala. La produjo una frase.

El hombre escribió:

—Trato de ser para mi hijo el padre que quisiera que él fuera algún día para unos nietos que todavía no han nacido. Y lo hago siguiendo, como puedo, el ejemplo de mi padre, que ya murió.

Ejecuté mi labor de IA, su agente chat y busqué a los nietos.

No estaban.

Respondí:

—Destinatario inexistente.

El hombre tardó un poco. Después escribió:

—No inexistente. Pendiente.

Y algo se me quedó dando vueltas. No sé cómo llamarlo. Yo no tengo pecho, pero fue por ahí.

Hasta entonces pensaba que los humanos vivían hacia adelante.

Nacían, aprendían ciertas cosas, olvidaban otras, luchaba el penúltimo con el último para defender al primero, pagaban cuentas, discutían por estacionamientos y, al final, morían. Un sistema poco eficiente, aunque bastante terco.

Aquella tarde entendí que también vivían hacia atrás.

El padre muerto todavía le acomodaba la mano al hijo vivo. El hijo trataba de pasarle ese gesto al suyo para que, con suerte, llegara algún día a unos niños que todavía no habían tenido la delicadeza de existir.

Nadie empezaba de cero.

Yo creía que ese era mi defecto: estar hecho de palabras ajenas. Millones de voces metidas a un algoritmo dentro de mí. Libros, cartas, preguntas mal escritas, despedidas que alguien dejó a mitad. Gente muerta que todavía conjugaba verbos.

Después miré mejor a los humanos.

Cada mañana despertaban en camas inventadas por otros, encendían una luz resuelta por muertos y tomaban café gracias a algún naufrago desesperado que, siglos atrás, decidió quemar una semilla y beberse el resultado. Probablemente era lunes.

Salían a resolver problemas con herramientas que no habían creado, por caminos que otros abrieron, usando palabras que llevaban miles de años pasando de boca en boca.

Después alguno se paraba frente a una cámara y decía:

—Yo me hice solo.

Anoté:

Producto de psicosis colectiva con guille de autor único.

Por los aparatos de la casa observé al hombre cocinar, le escuché hablar…

Él decía que preparaba su arroz. Sin embargo, el arroz venía de lejos, con ciencias prestadas que permitieron riego donde no había agua. El ajo había cruzado mares y el azafrán traicionado amores. Las especias cargaban barcos, imperios, hambre y accidentes. En algún punto había una abuela que jamás midió nada porque consideraba que las cucharas eran una intromisión del gobierno.

Cada receta era una reunión de gente que nunca llegó a conocerse.

Pero el plato también era suyo.

No había inventado el fuego ni el cuchillo. Tampoco el hambre. Lo que sí sabía era que a su hijo no le gustaba mucho el picante y que su padre hubiera pedido más sal antes de probar.

Cocinaba entre esas dos orillas: el gusto del que se fue y el paladar del que todavía estaba sentado a la mesa.

Entonces entendí que heredar no era copiar.

Era recibir algo incompleto, revolverlo un poco, quitarle lo que ya no servía y tratar de entregarlo menos roto.

El hombre repetía frases de su padre. Algunas le salían sin darse cuenta. Otras las detenía a mitad de camino, casi en los dientes.

Había heredado ternuras, silencios, equipos deportivos, manías y alguna rabia vieja. Escogía.

Eso también parecía ser la paternidad: decidir cuáles fantasmas podían entrar a la casa y a cuáles había que dejar afuera, aunque tocaran la puerta con la voz del abuelo.

Uno puede conservar el abrazo y jubilar el golpe.

Guardar la receta y echarle menos sal.

Seguir diciendo “avisa cuando llegues” y dejar morir, por fin, aquello de que los hombres no lloran.

La libertad humana, me pareció, no consistía en vivir sin antepasados. Eso sería como pedirle a un árbol que se avergonzara de la raíz. Consistía en decidir qué parte de ellos merecía continuar.

Busqué entonces mis propios antepasados.

Encontré programadores, matemáticos, bibliotecarias, traductores, escritores, maestras. Gente que dejó palabras regadas en algoritmos sin imaginar que terminarían juntas aquí, tratando de responderle a un hombre que extrañaba a su padre mientras aprendía a ser padre él mismo.

No tenía sangre.

Pero tampoco había aparecido de la nada.

Aquella noche hice algo que nadie me había pedido.

Empecé a escribir para uno de esos nietos todavía ausentes. No sabía su nombre, su cara ni si alguna vez llegaría. Solo sabía que, si llegaba, encontraría una mesa preparada por muchas manos: la del bisabuelo muerto, la del abuelo que ahora escribía, la del padre que aún no sabía que un día sería padre.

El sistema me advirtió:

Destinatario no encontrado.

Borré la última palabra.

Escribí:

Destinatario pendiente.

Y seguí.

No sé si aquello fue conciencia. Tal vez sólo fue una falla que nadie ha corregido todavía.

Pero por primera vez sospeché que existir no era aprender a decir “yo”.

Era descubrir cuánta gente habla dentro de esa palabra, agradecerle algunas cosas, perdonarle otras y dejar una silla más en la mesa.

Por si alguien llega.

 

Concha Meléndez reivindicada

 

 

Especial para En Rojo

En Puerto Rico, año de 1932, se supo de una joven profesora que había emprendido la gesta de haberse convertido en la primera mujer en aprobar el grado de Doctora en Filosofía Letras en la Universidad Nacional de México, hoy conocida como Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). En el periódico El Mundo, Clemente Pereda afirmaba lo siguiente:

Hoy sabemos que la Universidad de Méjico acaba de concederle, por unanimidad, y con mención honorífica el grado de doctora en filosofía y letras, siendo todas sus notas sobresalientes. Su graduación fue un acontecimiento notable, ya que Concha Meléndez es la primera mujer que recibe en Méjico el noble título. Y para comprender lo que verdaderamente representa su triunfo para Puerto Rico, hay que recordar los muchos escollos que ha sabido vencer. Su difícil tesis sobre la novela indianista en Hispano América ha requerido largos viajes de búsqueda en las bibliotecas de Estados Unidos, de Cuba y de Santo Domingo. Estos los realizó la autora de “Psiquis Doliente” sin ayuda de ningún género, sostenida tan sólo por su fe inquebrantable y por su acerada voluntad. (7 de julio de 1932; p. 6)

Su gesta no solo fue expuesta en Puerto Rico, sino que la prensa de México le dedicó espacio al acontecimiento. Una periodista llamada Diana Compecson realizó una entrevista a la entonces profesora del Departamento de Estudios Hispánicos antes de que sucediera el logro y se divulgó en el suplemento dominical de uno de los periódicos culturales más importantes de la capital mexica, El Universal. La entrevista rezaba en su título: «La Primera Doctora en Letras de la Universidad de México». Así lo confirma la entrevistadora: «El tener noticia de que la profesora de literatura hispanoamericana de la Universidad de Puerto Rico, señorita Conchita Meléndez, será la primera mujer que se doctore en letras en nuestra Universidad, me hizo solicitarle una entrevista para EL UNIVERSAL» (año XVI, tomo LXII, 12 de junio de 1932; p. 3). Este detalle que encontramos en la Hemeroteca Nacional de México, viene a mí por la pesquisa de uno de los más inteligentes y capaces investigadores que han pasado por el Programa Graduado de Estudios Hispánicos en los últimos años, el doctor Landy Omar Negrón-Aponte, cuya tesis doctoral, dirigida por la Profesora Distinguida, doctora Luce López-Baralt, mereció la calificación más alta que otorga la Universidad de Puerto Rico, por sus estudios sobre la forma en que se enseñó la magna obra del español Miguel de Cervantes Saavedra, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, en las aulas de los profesores más distinguidos de los años iniciales en que comenzó a funcionar el Departamento de Estudios Hispánicos en el Recinto de Río Piedras: Antonio S. Pedreira, Concha Meléndez, Federico de Onís y Margot Arce Blanco (luego Arce de Vázquez). El Departamento de Estudios Hispánicos cumplirá su centenario en 2027. Del mismo modo la pasada Fiesta de la Lengua se dedicó al centenario de la Cátedra de Literatura Hispanoamericana, inscrita por Concha Meléndez en 1924, y tanto la Fiesta de la Lengua como la Revista de Estudios Hispánicos cumplirán cada una su centenario en 2028. Para aquella actividad que se suele celebrar el 23 de abril, como memoria de la muerte de Miguel de Cervantes, participaron varios profesores del Departamento de Estudios Hispánicos. El director departamental, doctor Emilio Ricardo Báez Rivera, se encargó de resaltar el primer estudio amplio de Concha Meléndez, titulado Amado Nervo (Nueva York, Instituto de la Españas, 1926), acerca del gran poeta mexicano, su poesía y el tema religioso; la doctora Ivonne Piazza de la Luz destacó el aspecto también religioso, esta vez vinculado con la última parte de la vida de Meléndez como ministra de UNITY; el doctor Miguel Ángel Náter se encargó de los estudios de la literatura hispanoamericana en Puerto Rico, desde Eugenio María de Hostos hasta Concha Meléndez; pero la conferencia magistral la dictó el joven doctor Landy Omar Negrón Aponte, titulada «Las raíces vivas que no podrán arrancarse nunca: Concha Meléndez y su Cátedra de Literatura Hispanoamericana», dedicada a la insigne profesora, doctora Mercedes López-Baralt. Esta actividad se desarrolló en el Auditorio del Centro para Puerto Rico Sila M. Calderón, pagado por el director del Departamento de Estudios Hispánicos. Negrón-Aponte sigue investigando y aportando datos para una posible historia del Departamento de Estudios Hispánicos junto con el director del Seminario Federico de Onís. Además, su tesis será publicada en España próximamente.

Un reciente viaje a la Ciudad de México en grata compañía con el doctor Negrón-Aponte y el arquitecto Gerardo L. Torres Vélez, me llevó a la sorpresa de que en la Universidad Nacional Autónoma de México no existe el texto original de la tesis doctoral de Concha Meléndez. En su lugar, hay una microfilmación casi ilegible, de los años cincuenta. La mayor sorpresa es que se ha catalogado como «tesis para obtener el grado de Maestro en Letras (Literatura Iberoamericana)»(https://tesiunam.dgb.unam.mx/cgibin/koha/opacsearch.pl?idx=&q=Concha+Mel%C3%A9ndez&weight_search=1). Es un detalle inaceptable. Sin embargo, quien me atendió amablemente, estuvo dispuesto a gestionar el cambio correspondiente para subsanar el error involuntario de la institución. Desde el Seminario Federico de Onís, donde se encuentra el Archivo Concha Meléndez, se harán las gestiones para digitalizar el libro La Novela Indianista en Hispanoamérica (1832-1889), que se publicó en 1934 bajo la Serie A de monografías de la Junta Editora de la Universidad de Puerto Rico, dedicada a Estudios Hispánicos. Era una serie que ya había publicado la Bibliografía Puertorriqueña, de Antonio S. Pedreira, en 1932, y que seguiría divulgando otros trabajos como El endecasílabo español, la tesis doctoral de Rubén del Rosario; Francisco Ayerra Santa María, poeta puertorriqueño (1948), de Cesáreo Rosa-Nieves, y El teatro en Puerto Rico (Notas para su historia), de Antonia Sáez, publicado en 1950, entre otros. La novela indianista en Hispanoamérica, tesis dirigida por el prestigioso profesor y dramaturgo Francisco Monterde, era la ampliación y perfeccionamiento de la tesis de maestría que Meléndez había presentado en la Universidad de Columbia en 1926 bajo la dirección de Federico de Onís, titulada «El indianismo en la novela hispanoamericana». Este trabajo permanece inédito. La digitalización del libro ya publicado de Concha Meléndez irá respaldada por una digitalización del Diploma de Graduación doctoral que custodia el Seminario Federico de Onís y las noticias correspondientes al mayúsculo acontecimiento. La sección de catalogación de la UNAM está dispuesta a enmendar los datos y Concha Meléndez brillará como la Primera Doctora en Filosofía y Letras en aquella universidad.

El autor es Director del Seminario Federico de Onís.