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La generación del Click, la más conectada, pero también la más vulnerable

Especial para En Rojo

 Por décadas, los padres se preocuparon por los peligros que sus hijos podían encontrar al salir de casa. Hoy, muchos de esos riesgos entran silenciosamente por la pantalla del teléfono celular.

La tecnología ha revolucionado la educación, la comunicación y el acceso al conocimiento. Sin embargo, la misma innovación que nos conecta también está planteando uno de los mayores retos de salud pública de nuestra generación: el bienestar emocional de niños y adolescentes.

Las señales son difíciles de ignorar. Jonathan Haidt, profesor de la Universidad de Nueva York y autor de The Anxious Generation, sostiene que desde aproximadamente 2012 coincidieron dos transformaciones históricas: la masificación de los teléfonos inteligentes y de las redes sociales basadas en algoritmos. Paralelamente comenzaron a aumentar la ansiedad, la depresión, la autolesión y el suicidio entre adolescentes, especialmente entre las niñas.

Los datos más recientes fortalecen esa preocupación. Un estudio del Pew Research Center publicado en 2025 encontró que el 45 % de los adolescentes reconoce pasar demasiado tiempo en las redes sociales, mientras que casi la mitad (48 %) considera que las redes sociales tienen un efecto mayormente negativo sobre los jóvenes de su edad, un aumento significativo respecto a 2022. Las adolescentes reportan con mayor frecuencia que las redes sociales perjudican su salud mental, su autoestima y su sueño. Al mismo tiempo, el estudio muestra que las plataformas también ofrecen beneficios, como mantener amistades y expresar la creatividad, recordándonos que el desafío no consiste en eliminar la tecnología, sino en aprender a utilizarla de forma saludable. (Pew Research Center)

La psicóloga Jean Twenge aporta otra pieza fundamental del rompecabezas. Analizando datos oficiales de Europa, Japón y Corea del Sur, documentó un aumento importante en las tasas de suicidio entre adolescentes, particularmente entre niñas, desde principios de la década de 2010, antes de la pandemia. Esto sugiere que la crisis de salud mental juvenil trasciende las fronteras de Estados Unidos y constituye un fenómeno internacional.

El entonces Surgeon General de Estados Unidos, Dr. Vivek Murthy, fue aún más contundente. En su Aviso de Salud Pública sobre Redes Sociales y Salud Mental Juvenil señaló que no existe evidencia suficiente para concluir que las redes sociales sean suficientemente seguras para niños y adolescentes. También advirtió que quienes pasan más de tres horas diarias en redes sociales presentan aproximadamente el doble de riesgo de experimentar síntomas de ansiedad y depresión, mientras que cerca de un tercio de los adolescentes reporta estar conectado «casi constantemente». (HHS.gov)

La Organización Mundial de la Salud también ha alertado sobre el deterioro de la salud mental en adolescentes, recordando que aproximadamente uno de cada siete jóvenes entre 10 y 19 años vive con un trastorno mental, y que muchos casos comienzan antes de los 14 años sin ser identificados ni tratados oportunamente. La salud mental juvenil representa hoy una prioridad mundial de salud pública. (HHS.gov)

Las investigaciones son primordiales para discernir y comprender los mecanismos detrás del problema. El neurocientífico Andrew Huberman explica que muchas aplicaciones explotan los circuitos cerebrales de recompensa mediante notificaciones, contenido infinito y recompensas variables similares a las utilizadas por las máquinas tragamonedas. Jared Cooney Horvath advierte que la sobreestimulación digital fragmenta la atención y dificulta el aprendizaje profundo. Frances Haugen, exingeniera de Facebook, reveló que las plataformas conocen que ciertos algoritmos favorecen el contenido que genera mayor permanencia, aun cuando pueda aumentar la comparación social y el malestar emocional. Por su parte, Sameer Hinduja, pionero en el estudio del ciberacoso, ha demostrado que el acoso digital incrementa significativamente el riesgo de ansiedad, depresión e ideación suicida, aunque también enfatiza que escuelas, familias y comunidades pueden reducir estos riesgos mediante educación, supervisión y el fortalecimiento de la ciudadanía digital.

Puerto Rico no está aislado de esta realidad. El crecimiento mayor en el censo de las instituciones para salud mental lo lideran féminas adolescentes. Nuestros jóvenes utilizan las mismas plataformas, reciben los mismos algoritmos y enfrentan las mismas presiones sociales que millones de adolescentes alrededor del mundo. Sin embargo, aún carecemos de suficiente investigación local que permita desarrollar políticas públicas fundamentadas en evidencia.

Puerto Rico no está aislado de esta realidad. En hallazgos preliminares de la investigación sobre tecnología y salud mental que realizo (Dr. Francisco San Miguel) en Puerto Rico, surge un dato alarmante: aproximadamente 21 % de participantes en las edades de Millennials y Generación Z reporta haber pensado hacerse daño o haber experimentado ideación suicida en los pasados 12 meses. Aunque estos datos son preliminares y requieren análisis estadístico completo, apuntan a una urgencia que no podemos ignorar.

La respuesta no es prohibir la tecnología ni generar pánico moral. Es educar. Es enseñar autorregulación digital, fortalecer la convivencia familiar, retrasar el acceso a redes sociales cuando sea apropiado, promover escuelas libres de ciberacoso y fomentar investigaciones puertorriqueñas que orienten decisiones responsables.

 

 

Los muebles de la sala de Raymundo Díaz Pacheco

Screenshot

 

 

 

 

Especial para En Rojo

Son parte de mi vida entera. Hacia ellos recurro cuando quiero pensar, cuando preciso un espacio de solaz. Hablo de mis muebles de pajilla y caoba.

Los amo. Me gustan. Me gustan sus curvas. Amo las sombras que crea el sol a medida que se mueve a través de la pajilla y la madera durante el día. Amo el sonido de la madera cuando se mueven los sillones al deseo antojado de cuantos se acercan.

Me gusta la sensualidad de sus cuerpos. Durante el día paso varias veces por la sala desde donde me observan quietos esperando mi mirada y mi cuerpo. Yo les pago con una sonrisa, con una caricia. Ellos me la devuelven burlando.

Mis muebles de caoba y pajilla tienen historias que contar. Fabricados cerca de 1937 por la compañía Margarida, antes de ser míos tuvieron otros dueños: Raymundo Diaz Pacheco, líder Nacionalista y su esposa. ¿Será que el ataque a la Fortaleza fue tramado desde esos sillones y butacas?.

¿Será posible que algunas energías de estos patriotas estén todavía vibrando en esa madera sólida y centenaria y en la pajilla frágil?

Amo los muebles de mi casa por su nobleza, su generosidad, su ternura, firmeza. Son una forma de acercarme a mi historia y mi ciudad.

 

Los cuentos a los hijos de Quiroga

 

 

En Rojo

Leo estos «cuentos infantiles» de Horacio Quiroga. Los cuentos de mis hijos. El la contraportada del libro propone la lectura a partir de los 8 años de edad. Me sonrío no sin cierta ironía. Son cuentos de una dura confrontación con la naturaleza. Humanos. Terroríficos. Tigres agazapados en la oscuridad. Selva inclemente y a veces de una ternura escondida como ese félido grande en la maleza. Pienso en lo que hemos perdido. Hoy sería imposible escribir así «para lectores infantiles». La edición es de 1970.

¿Por qué digo que hemos perdido algo? Digamos que Quiroga incorpora la naturaleza salvaje y la muerte, temas que son parte de la vida. ¿Esto puede ayudar a los niños a confrontar sus miedos de una manera controlada? Quizás.
Recuerdo haber leído a Bruno Bettelheim cuando era estudiante universitario. Bettelheim argumentaba que los cuentos de hadas y el horror tienen un papel crucial en la infancia, ya que permiten a los niños explorar sus miedos y ansiedades en un entorno seguro. Los relatos de Quiroga pueden funcionar de manera similar, ayudando a los niños a procesar y entender sus propios temores.

De algún modo eso pudo haberme ocurrido cuando leí Hansel y Gretel, ese terrible relato recogido por los hermanos Grimm a principios del siglo XIX ante el cual los de Quiroga palidecen.  Pensemos en esta premisa: Los cuentos de terror estimulan la imaginación, haciendo que los niños piensen más allá de su realidad cotidiana.
Quizás, imaginarse ensituaciones extremas, nos sirva para aprender a desarrollar empatía hacia los demás y a comprender diferentes perspectivas. No estoy convencido pero es una posibilidad.

Quiroga es para leerse -si tienes ocho años- en un contexto familiar seguro. En algunas culturas, las historias de horror son parte del folclore y se consideran adecuadas para la educación infantil. No sé si en su entorno familiar -estos son cuentos para sus hijos- los cuentos fueron ejemplarizantes y les ayudaron a lidiar con el mundo. Parece que no resultan demasiado bien en la selva.

Aún así, los recomiendo porque ser valorados como adecuados para niños si se consideran los aspectos psicológicos y culturales que influyen en su comprensión del horror. Mencioné a Bettelheim porque aunque su libro -Psicoanálisis del cuento de hadas- reflexiona sobre otro género, se rhace énfasis en la idea de que las historias que causan miedo pueden ser herramientas valiosas en el desarrollo emocional de los niños, siempre que se manejen con sensibilidad y un contexto seguro.

Yo no leí estos relatos en 1970. Leí fábulas clásicas de la Enciclopedia Jackson.
Excelentes, sin duda. Pero hubiera querido leer estos relatos de Quiroga cuando tenía 10 años.

 

El Polvo del Sahara no es solo «arena»: Una llamada a la acción por nuestra salud respiratoria

 

Especial para En Rojo

Cada verano, el cielo de Puerto Rico se tiñe de un gris blanquecino y el horizonte se desdibuja. Las noticias nos advierten, una vez más, sobre la llegada de la «nube de polvo del Sahara». La recomendación oficial suele ser la misma: «quédense en casa» o «usen mascarilla si tiene condiciones de salud». Pero este discurso se queda corto ante la realidad que enfrentan miles de familias puertorriqueñas.

Es hora de dejar de llamar a este fenómeno simplemente «arena». Lo que cruza el Atlántico no es solo un depósito de sílice; es un transporte masivo de partículas microscópicas que incluyen virus, bacterias, hongos y, en ocasiones, metales pesados. En un entorno tropical como el nuestro, donde la humedad y el calor actúan como un caldo de cultivo perfecto, estos agentes no se quedan fuera de casa; se filtran en nuestros hogares, contaminan nuestros alimentos y se alojan en nuestros pulmones.

El problema es que la estrategia de prevención actual es insuficiente. Las mascarillas convencionales —tan presentes en nuestra cultura post-pandemia— actúan como un colador cuando se enfrentan a microorganismos de tamaño submicrónico. Están diseñadas para partículas de otro calibre, no para el «inválido» biológico que viaja adherido a este polvo.

Las estadísticas son reveladoras: apenas un 12% de nuestra población está tomando medidas de protección reales y efectivas. ¿Qué está haciendo ese grupo? Han entendido que, ante una amenaza invisible, la defensa también debe ser tecnológica.

Mientras el sistema pulmonar humano puede, en condiciones normales, gestionar partículas inertes de mayor tamaño, los microorganismos que viajan con el Sahara tienen la capacidad de asentarse profundamente en los alvéolos. Allí, donde el sistema de defensa natural tiene dificultades para llegar, es donde se gestan las crisis asmáticas, las bronquitis recurrentes y otras complicaciones respiratorias que saturan nuestras salas de emergencia cada año.

La solución no es el miedo, es la mitigación informada. La tecnología de filtración de aire moderna —específicamente los sistemas con certificación HEPA combinados con esterilización avanzada— no es un lujo; es una herramienta de salud pública necesaria para nuestro clima. Necesitamos evolucionar nuestra infraestructura doméstica para proteger lo más básico: el aire que respiramos.

Hacemos un llamado a la ciudadanía a no conformarse con el discurso de siempre. La salud respiratoria en Puerto Rico requiere una estrategia más rigurosa, basada en la calidad del aire interior y en la tecnología que realmente puede detener lo que el ojo humano no ve.

No esperemos a la próxima nube para tomar medidas. La protección de nuestros pulmones comienza por la información correcta y la acción técnica.

Para dudas, orientación sobre tecnologías de mitigación y gestión de la calidad del aire, puede escribir a: speerbluegreenred@gmail.com

 

Las conexiones a lo maravilloso en Disclosure Day

 

Especial para En Rojo

 En su maravilla semibiográfica, The Fabelmans (EE.UU. e India, 2022), que María Cristina y yo reseñamos juntos para Claridad el 7 de diciembre de 2022, Steven Spielberg reconstruye la filmación de una película que hizo a sus trece años, Escape to Nowhere (1961). En esta, un pelotón estadounidense pelea a muerte contra un grupo de soldados Nazis durante la Segunda Guerra Mundial. En la escena, Sammy Fabelman (Gabriel LaBelle), el joven director y protagonista de The Fabelmans, le explica a un actor la emoción que debe reflejar al encontrar a todos sus compañeros muertos después de la batalla final. Ambos son adolescentes imaginando cómo deben actuar una experiencia que ellos nunca han padecido. Sin embargo, las palabras de Sammy son suficientes. El actor se posiciona y comienza la escena. Mientras el soldado, el único sobreviviente de la batalla, camina llorando entre los cadáveres, Sammy lo observa detrás de las cámaras y no encuentra la manera de cortar la escena. Sammy está cautivado por la marcha del soldado hacia la lejanía, que recrea la tristeza de Ethan Edwards (John Wayne) alejándose de su familia al final de The Searchers (dir. John Ford, EE.UU., 1956). ¿Hacia dónde va Edwards, un personaje altamente problemático que acaba de sacrificarse en una hazaña heroica? ¿Hacia dónde va el soldado de Road to Nowhere? Esta fascinación de Fabelman con el triste caminar de su personaje hacia lo desconocido se traduce en una curiosidad que empuja a los personajes de Spielberg a luchar hasta un final cuyas consecuencias nunca podremos ver como espectadores. Es la pregunta que persiste en mí al final de Close Encounters of the Third Kind (EE.UU., 1977): ¿qué prodigios se encontrará Roy Neary (Richard Dreyfuss) cuando entre a la nave alienígena? Pero nunca tendremos esta respuesta porque, tanto como en Disclosure Day (EE.UU., Canadá y Nueva Zelandia, entre otros; 2026) el punto no son las consecuencias después del encuentro con lo maravilloso sino las posibilidades infinitas que se abren ante esos primeros pasos hacia lo imposible.

En Disclosure Day, Daniel Kellner (Josh O’Connor) es un experto en seguridad cibernética que trabajaba para una agencia secreta. Pero al descubrir que la agencia tiene información que comprueba sin lugar a duda la existencia de vida extraterrestre, Daniel decide robar la prueba para revelar la realidad al mundo. Pero esto no es tan fácil porque Noah Scanlon (Colin Firth), el misterioso jefe al mando de la agencia, lo busca con la ayuda de una poderosa tecnología alienígena que él mismo no entiende del todo. Por otro lado, Margaret Fairchild (Emily Blunt), una reportera que da el informe del tiempo en las noticias locales, entra en un trance frente a las cámaras de televisión donde habla en una lengua que nadie entiende. Margaret también ha desarrollado un vínculo psíquico con Daniel, al que ella busca por un empuje psíquico que ella misma no entiende. Disclosure Day es una película de persecución donde la acción nunca se detiene. De hecho, la película empieza in medias res dejándonos ver sin preámbulos quiénes son los malos, quiénes son los buenos, y, aunque no está del todo claro al principio, la tecnología por la que Daniel huye de Scanlon y sus hombres. Disclosure Day es una excelente película de acción que recuerda el ritmo vertiginoso de Minority Report (EE.UU., 2002) y War of the Worlds (EE.UU., 2005). Spielberg monta unas complejas secuencias de acción con un dominio del suspenso impresionante. Janusz Kaminski, el director de fotografía que ha trabajado con Spielberg desde Schindler’s List (EE.UU., 1994), juega muy bien con los elementos visuales que definen mucho del trabajo de Spielberg: las conversaciones entre dos personajes en lugares oscuros con una iluminación intensa que enfatiza la intimidad entre ambos y las sombras que los rodean, el contraste entre los grises en los días que Daniel huye y la claridad de la luz del sol cuando Margaret nota algo raro por primera vez. Además, la edición de Sarah Broshar añade al dinamismo y al suspenso de excelentes escenas de acción, como cuando dos personajes huyen de un asesino sobre un tren en movimiento.

Es interesante ver cómo Spielberg va de una película tan personal como The Fabelmans a una aventura motivada por una presencia alienígena en Disclosure Day. De hecho, me parece que Spielberg vuelve a un estilo que asocio con dos de sus películas sobre extraterrestres, Close Encounters of the Third Kind e E.T. the Extra-Terrestrial (1982). En estas, los protagonistas se mueven por un impulso psíquico hacia criaturas o circunstancias que no entienden. Roy en Close Encounters y Elliott (Henry Thomas) en E.T. tanto como Margaret y Daniel en Disclosure Day no solo luchan en contra de misteriosos agentes secretos que los persiguen sino también por entender la compulsión psíquica que los dirige hacia lo desconocido. Disclosure Day no ofrece una solución idealizada a los problemas de la humanidad durante una época cuando el cinismo se ha tornado en la ley del día. Pero Spielberg combate la pérdida de la fe en la humanidad con la curiosidad ante lo desconocido y la conexión que existe entre todos nosotros. No se pierdan Disclosure Day, otra sólida aventura de Spielberg.