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El truco de las escuelas Chárter

 

 

Especial para CLARIDAD

 

Para que un país pueda desarrollarse necesita tener un sistema educativo excelente. No es posible que un país se mueva hacia adelante si no tiene ciudadanos educados. Después de todo los ciudadanos son los mejores recursos que tiene país. Por eso desde el 1948, las Naciones Unidas incluyó el derecho a la educación como un derecho universal en su Declaración por los Derechos Humanos. Los sistemas educativos de los países deben ser creados con todos sus ciudadanos en mente para poder desarrollar al máximo las capacidades de sus ciudadanos y por ende desarrollar su país como más le conviene. En Puerto Rico eso es totalmente imposible debido al estatus colonial que nos amarra y a eso hay que añadirle que el Secretario de Educación y la alta administración del departamento son marionetas políticas que toman decisiones a favor de su partido político y no de los estudiantes y maestros de Puerto Rico.

Cada cuatro años el gobernador de turno con su Secretario de Educación vienen con nuevas políticas para arreglar la educación pública en Puerto Rico. Cada año (por décadas) hemos vistos los mismos problemas: escuelas sin maestros, pésimo mantenimiento a las facilidades, maestros sin permanencia, salarios que no da para vivir con el alto costo de vida, no hay dinero para los libros y computadoras y por ahí sigue la lista. Ahora el gobernador Pierluisi, al igual que Ricky Roselló viene con el cuento de que las escuelas chárter son la solución para arreglar el sistema educativo de Puerto Rico. Esa es la misma narrativa que sus amos del norte llevan diciendo por décadas tratado de solucionar el sistema educativo de los Estados Unidos.

Las escuelas chárter nacen en el estado de Minnesota en el 1991, cuando se le cede un permiso (chárter) a St. Paul City Academy para ayudar a aquellos estudiantes con rezago académico. La intención era destituir la burocracia administrativa para que los maestros pudieran ayudar a los estudiantes que estaban a punto de darse de baja y proveerles las ayudas pedagógicas necesarias, consejería y servicios sociales para que los estudiantes terminaran la escuela superior y ser miembros productivos de la sociedad. Hoy día 45 estados y los territorios de Washington DC, Puerto Rico y Guam cuentan con escuelas chárter. En los últimos años los políticos demócratas y republicanos han vendido las escuelas chárter como parte del movimiento “school choice” y parte de la reforma educativa a nivel nacional. El movimiento “school choice” es una especie de mercado donde los padres tienen diferentes escuelas de dónde escoger y se les da la libertad de escoger la escuela que mejor le convenga dándole así al padre y estudiante supuestamente voz en el proceso educativo. Este proceso está derrumbando la idea de las escuelas de la comunidad en donde la escuela sirve las diferentes necesidades de cada comunidad. Para estos reformistas la educación es como ir a una tienda y comprar cualquier producto. Como los padres y estudiantes escogieron su escuela, en sus mentes los reformistas educativos piensan que resolvieron el problema educativo y se lavan las manos si hay algún problema pues los padres y estudiantes tomaron la decisión.

¿Pero cuáles son las diferencias entre la escuela pública tradicional y las escuelas chárter? Primero, las escuelas chárter tienen más autonomía en diferentes áreas porque no se rigen por los estatutos de los distritos escolares, sino por el permiso (chárter) que se les otorga. Por eso las escuelas pueden escoger su propio currículo, uniformes, que estudiantes son aceptados y denegados y su propio código de conducta mientras que la escuela pública tradicional no tiene esa opción. Quien es aceptado y quien es expulsado es algo importante porque así pueden controlar el ambiente académico y de disciplina. Los estudiantes que no son aceptados o expulsados de las escuelas chárter terminan en las escuelas tradicionales que ahora cuentan con menos recursos para atenderlos porque las escuelas chárter se llevan parte del dinero. En Puerto Rico va a pasar lo mismo y las escuelas tradicionales van a tener menos recursos para lidiar con esa población que es la más que necesita ayuda.

Segundo, la paga para los maestros en las escuelas chárter es más baja que en la escuela pública tradicional. De acuerdo con el Departamento de Educación Federal, la paga en las escuelas chárter es de 10%-15% menos comparada con un maestro de una escuela pública. El salario promedio para un maestro en a la escuela tradicional es de $53,400 mientras que en las escuelas chárter el salario es de $44,500. Entonces, ¿qué va a pasar en Puerto Rico si el salario de los maestros no es suficiente? Si el salario de los maestros en Puerto Rico empieza en $31,000 al año, ¿cuán bajo va a ser el salario para los maestros de las escuelas chárter? Y a eso hay que añadirle que la Junta de Control Fiscal le quiere quitar el aumento de $1000 que se les prometió.

Tercero, en las escuelas chárter no hay permanencia para el empleado docente y la mayoría no tiene una unión que negocie y vele por sus derechos laborales. Los maestros y los beneficios marginales están a discreción del director escolar y la junta de directores de la escuela. Como son las cosas en Puerto Rico, el maestro va a tener que ser del mismo partido político que el director escolar o conocer a alguien en la junta de directores para mantener su trabajo. Además, los maestros es las escuelas chárter no tiene que estar certificados en el área que son docentes. Después que tengan un bachillerato en cualquier materia pueden empezar a dar clases.

En resumidas cuentas, un maestro en los Estados Unidos en una escuela chárter le pagan menos, no tiene permanencia, pero tiene menos problemas de disciplina, ese es el intercambio de dar clases en una escuela chárter. Así es que estos reformistas educativos pretenden mejoran la educación. Creado escuelas en donde se controla el acceso de quien entra, quien se queda y quien se va y quitándole recursos a las escuelas tradicionales. Con tanta publicidad cualquiera pensaría que los estudiantes de las escuelas chárter salen mejor que los estudiantes de las escuelas públicas en las pruebas de aprovechamiento académico. Pero ese no es el caso. El Center for Research in Education Outcome de la Universidad de Stanford (CREDO) ha publicado tres estudios longitudinales comparando las escuelas chárter y las escuelas publicas tradicionales. En los primeros dos estudios los estudiantes de las escuelas públicas tradicionales obtuvieron mejores puntuaciones que los estudiantes de las escuelas chárter. Solo en el último estudio publicado en el 2023 los estudiantes de las escuelas chárter superaron a los estudiantes de las escuelas públicas. Pero el estudio informa que la autonomía dada a las escuelas chárter es un factor determinante para el aprovechamiento académico de los estudiantes debido a que las escuelas pueden adaptarse más rápido a las necesidades de sus estudiantes y tienen menos burocracia.

Si las investigaciones establecen que darles más autonomía a las escuelas significa que los estudiantes van a rendir mejor académicamente, ¿por qué no darle más autonomía a las escuelas tradicionales para que puedan servirle mejor a los estudiantes? ¿Por qué quitarles los recursos a las escuelas y otorgárselos a juntas de directores que administran la escuela como un negocio?  La contestación es sencilla, porque el propósito no es mejorar el sistema, el propósito es privatizar poco a poco la educación pública. Estos gobernantes ven la educación pública como un gasto y no como una inversión. Las escuelas chárter es otra forma de privatización por parte del gobierno de Estados Unidos y Puerto Rico para repartirse los fondos estatales y federales entre amigos políticos y auspiciadores de campañas electorales. El magisterio es la única profesión que crea todas las profesiones. Sin buenas escuelas no se puede educar a un país y un país sin educación puede ser manipulado fácilmente. Los grandes intereses llevan más de 125 años tratando de destruir a Puerto Rico y no lo han logrado ni lo van a lograr. Esta generación se está levantando poco a poco y va a seguir luchando por el bienestar de nuestra patria. Creando un sistema de educación pública que beneficie a los estudiantes puertorriqueños es el comienzo para crear el Puerto Rico que todos y todas deseamos.

 

 

1973, Uruguay militarizado y Kissinger con 50 años

 

Por Lilliam Oviedo

El golpe de Estado en Guatemala en 1954, como el golpe en Brasil en 1964 y la invasión a República Dominicana en 1965, son hechos que caracterizan el entorno político del golpe de Estado de 1973 en Uruguay.

En los archivos del entonces quincuagenario Henry Kissinger (hoy centenario con crímenes en su historial que es preciso contar por miles) figura el encuentro en Londres, en diciembre de 1971, entre Richard Nixon y Edward Heath, en el que Nixon recomienda seguir alentando a la dictadura militar de Brasil, que ayudó a “arreglar las elecciones uruguayas”.

Pasajes como este constituyen un desmentido a la afirmación de los medios controlados por corporaciones de que la imposición política de las grandes potencias va dirigida a preservar la democracia. Las urnas tiradas en cualquier lugar y la cantidad de votos superior al número de electores son trucos concebidos por estrategas imperialistas. Se aplicaron en Uruguay y se han aplicado en otros países (en República Dominicana, por ejemplo, en 1966 y en 1994).

Al fraude se suma un libreto de acción, la llamada Operación 30 Horas, elaboración yanqui para ser ejecutada por Brasil. La dictadura militar brasileña intervendría militarmente a Uruguay para reponer al presidente Jorge Pacheco Areco en caso de que el Frente Amplio, agrupación de la cual formaba parte el Partido Comunista, ganara las elecciones de 1971. Huelga mencionar, junto al nombre de Pacheco Areco, los de Nixon y Kissinger. La dictadura argentina no participaría en la manipulación electoral, pero apoyaría un golpe de Estado para reinstaurar a Pacheco.

Se trataba de apuntalar el atraso político y a ese proyecto dedicaron sus esfuerzos los representantes del anticomunismo en América y el resto del mundo.

Asumieron como de alto interés nacional y regional el combate a los grupos contestatarios y a las organizaciones armadas que surgieron en el ambiente de represión instaurado con la crisis generada por el agotamiento del modelo de sustitución de importaciones y el descrédito de un liderazgo desfasado, servil y criminal.

LOS SEÑORES DEL GARROTE

El presidente que el 27 de junio de 1973 disolvió el Congreso, Juan María Bordaberry, fue electo mediante la manipulación que Nixon y Kissinger reconocen en 1971, y representaba la línea directa de continuidad de Pacheco Areco. Los sufragios fueron “contados” para favorecer a la derecha representada por el Partido Nacional o Partido Blanco, que perdió por poco margen, y el Partido Colorado, que postuló a Bordaberry. Al Frente Amplio, que postuló a Líber Seregni, apenas le asignaron en el conteo el 18.3 por ciento.

El imperialismo y las dictaduras continentales actuaban en Uruguay con descaro tanto en la represión a la resistencia interna (el principal brazo armado de esa resistencia era el Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros) como en el trabajo contra los movimientos revolucionarios latinoamericanos y en la conspiración contra los gobiernos de Cuba y de Chile.

Con apoyo internacional y colaboración de la oligarquía uruguaya, Pacheco Areco había comenzado a aplicar, en junio de 1968 (hace 55 años, si de aniversarios se habla), las Medidas Prontas de Seguridad, MPS. Fueron congelados los precios (en términos oficiales, aunque no en los hechos), fueron congelados los salarios y la libertad sindical fue eliminada de facto. La tortura, las detenciones masivas y el asesinato de opositores pasaron a formar parte de lo cotidiano en Uruguay. ¿Es esto democracia?

En 1969 llegó Daniel Anthony Mitrione (Dan Mitrione), definido como experto en contrainsurgencia por sus jefes de la International Cooperation Administration. Mitrione estuvo en Santo Domingo después de la intervención de 1965 y durante años colaboró también con los cuerpos represivos de Brasil. En Uruguay, convirtió su casa en centro de entrenamiento de torturadores, a quienes orientaba sobre los niveles de dolor y las medidas de daño permanente indicadas para arrancar confesiones y dominar la voluntad del opositor prisionero antes de liberarlo, matarlo o dejarlo en algún pasillo donde le llegara la muerte tras una larga agonía.

Mitrione fue atrapado, interrogado y fusilado por los tupamaros en 1970. Algunos medios de Europa y de Estados Unidos se unieron al “llanto” de Pacheco Areco (que declaró Duelo Nacional) y otros editorializaron calificando de extremista y no caballerosa la acción de los tupamaros.

La Casa Blanca lo describió como luchador por el progreso pacífico. Nixon asistió a su funeral. ¡Habrán borrado esta nota los defensores del orden que resguarda a banqueros, terratenientes, petroleros, fabricantes de armas y actores similares!

No fue Mitrione el único agente yanqui tomado prisionero, pero su caso tuvo alta presencia mediática.

La disolución del Parlamento fue una acción tomada por Bordaberry, pero diseñada por la derecha nacional y regional y los estrategas imperialistas.

Trascienden estos hechos las fronteras de la tierra en que nació José Artigas. La injerencia imperialista auspició la alianza de las dictaduras suramericanas, que orquestaron, bajo la dirección de estrategas yanquis, europeos e israelíes, proyectos criminales como el Plan Cóndor, que cobró decenas de miles de vidas en América Latina.

La dictadura militar uruguaya (en su versión sin disfraces) se prolongó hasta 1985. Juan María Bordaberry, Alberto Demicheli, Aparicio Méndez y Gregorio Álvarez, ejercieron como gobernantes con el sello del Partido Nacional o el del Partido Colorado, pero es obligatorio incluirlos en la lista de lacayos encargados de coordinar, a nivel continental, las más repugnantes tropelías.

En el Archivo de Seguridad Nacional figura un documento en el cual se hace constar que el entonces secretario de Estado de Estados Unidos revocó el 16 de septiembre de 1976 la orden que había dado un mes antes a los embajadores yanquis en Argentina, Brasil, Chile, Paraguay, Bolivia y Uruguay de que advirtieran a los regímenes militares que se abstuvieran de cometer una «serie de asesinatos internacionales». A esta negativa atribuyen muchos analistas la consumación del asesinato del dirigente chileno Orlando Letelier.

No causa asombro que Kissinger decidiera dejar las manos sueltas a sus agentes del crimen, pero es indignante el poder de Estados Unidos para sembrar muerte en América Latina formando, entrenado y otorgando poder a esos agentes. La conquista de la soberanía es una meta irrenunciable.

Hoy, agentes de la misma estructura de poder, (Joe Biden, Donald Trump, Antony Blinken, Laura Richardson, Mike Pompeo…) se presentan en América Latina como agentes de la democracia y posan junto a presidentes (casi todos poseedores de hediondas fortunas) y a legisladores comprometidos con el robo y el saqueo, ordenando mantener a disposición de los intereses imperiales los recursos que deben ser destinados a eliminar la miseria y a superar el subdesarrollo.

Es una expresión de estafa política el coro de los progresistas que temen ser calificados como revolucionarios (en realidad no lo son). La autodeterminación de los pueblos tiene como requisito la soberanía, para cuya conquista es indispensable romper los lazos con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y combatir el proyecto imperialista. Sumarse a ese proyecto es una acción retrógrada, no importa el pretexto que se utilice.

A cincuenta años del inicio formal de la dictadura en Uruguay, que se prolongó hasta 1985, la derecha continental sigue a la orden de los sustentadores de un proyecto de saqueo que se actualiza con las nuevas necesidades, pero acentúa su definición de criminal… No es Kissinger el único mal que puede durar 100 años… El proyecto imperialista será derrumbado por la fuerza de los pueblos… Es necesario, pues, impulsar la toma de conciencia para imprimir contundencia a la lucha… Por la preservación de la vida, por la dignidad.

Reproducido de www.rebelion.org

 

Declaración de la Red Continental Latinoamericana y Caribeña

Declaración de la Red Continental Latinoamericana y Caribeña de

Solidaridad con Cuba y las Causas Justas en apoyo a Puerto Rico

Cuatro siglos de dominación española y más de un siglo de dominación estadounidense pesan sobre la historia de Puerto Rico; pero, contrario a lo que se ha pretendido hacer creer, se trata de una larga historia de lucha y resistencia.

La Guerra Hispano-Cubano-Americana de 1898 se extendió a Puerto Rico con un bloqueo naval a la Isla desde el 10 de mayo, seguido de un ataque a la ciudad de San Juan el 12 de mayo y la posterior invasión militar por Guánica el 25 de julio, no sin resistencia por parte de muchos isleños. En diciembre de ese mismo año, con la firma del Tratado de París, en la que Puerto Rico no tuvo participación alguna, España cedió a Estados Unidos la Isla como botín de guerra. El Tratado disponía, en su Artículo 9no,que los derechos civiles y la condición política del territorio quedarían en manos del Congreso estadounidense.

Durante la primera mitad del siglo XX se fundaron varios partidos políticos pro independencia y, a partir de 1950, se crearon otras organizaciones y movimientos patrióticos. Frente a una fiera represión – persecución, asesinatos políticos, masacres, imposición de la ley de la mordaza, fabricación de casos, cárcel, e intentos de despojar al pueblo puertorriqueño de su cultura, su idioma y su identidad nacional-, el independentismo ha resistido, respondiendo con acciones que van desde manifestaciones pacíficas hasta la lucha armada.

En 1952, se estableció la farsa de lo que llamaron Estado Libre Asociado de Puerto Rico, con el fin crear y presentar ante el mundo una fraudulenta imagen de gobierno propio y prosperidad para remover a la Isla de la lista de territorios no autónomos y evitar, así, rendir informes ante la Organización de Naciones Unidas (ONU).

Hoy, la colonia ha quedado al desnudo, y el propio gobierno estadounidense ha tenido que aceptar que todo no fue más que un engaño. De hecho, la expresión más burda del colonialismo en la Isla ha sido, en tiempos recientes, la imposición de una Junta de Control Fiscal que, con la aplicación de medidas de austeridad extremadamente severas, y la privatización y entrega de los haberes y recursos del pueblo a entidades extranjeras para satisfacer el pago de una deuda inaceptable, por ser ilegal, pretenden empobrecer aún más y desplazar a los puertorriqueños. Las decisiones fundamentales que afectan el presente y el futuro del pueblo de Puerto Rico siguen estando en manos del Congreso estadounidense. El colonialismo no ha hecho otra cosa, que sumir a la Isla en una profunda crisis económica y social.

Desde la década de 1940, patriotas puertorriqueños han cabildeado, incesantemente, ante organismos internacionales -Sociedad de las Naciones, ONU (desde su fundación), Movimiento de los Países No Alineados, Internacional Socialista, Foro de Sao Paulo-, en busca de solidaridad para la isla caribeña y para exigirle al gobierno estadounidense que respete los principios del derecho internacional.

Tras innumerables esfuerzos, en 1972, el Comité Especial de Descolonización de la ONU reconoció el derecho inalienable de Puerto Rico a la libre determinación e independencia en virtud de la Resolución 1514 (XV) de 1960, y así lo ha reiterado en múltiples informes posteriores, aprobados por la Asamblea General, habiendo jugado Cuba un papel sumamente importante en esta batalla, desde sus inicios.

El jueves, 22 de junio de 2023, se vio, nuevamente, el caso de Puerto Rico ante el Comité Especial de Descolonización de la ONU. La lucha sigue…

Por todo lo anteriormente enunciado, la Red Continental Latinoamericana y Caribeña de Solidaridad con Cuba y las Causas Justas expresa su apoyo y solidaridad con Puerto Rico y su lucha por la independencia.

¡Erradiquemos el colonialismo y el neocolonialismo de nuestra región y del mundo!

¡Viva Puerto Rico libre!

 

 

En Reserva-Escuchar la voz

 

Especial para En Rojo

Tan identitaria como la propia personalidad es el gesto sonoro, hilo cuasi espiritual al que llamamos voz. En muchos casos la voz precede a nuestra presencia y por lo general es aceptado que nos «define» desde una expresión muy íntima. Qué es lo que pensamos o bajo cuáles preceptos lo proyectamos se encuadran bajo el carácter intangible de nuestras palabras, transformadas en voz. La voz es simultáneamente nuestra equivalencia pasada por la conciencia asociativa, en tanto respondemos con efectividad a algo –esto no significa que lo hagamos de modo asertivo en todas las ocasiones ni mucho menos ideal– y por lo general como respuesta a las demandas de otros. Entrañamos, pues, un soplo concatenado a un logo o recurso discursivo que se emplea para idear conceptos y cosas. Es un intercambio sonoro efectivo que nos permite transigir con los demás. Sin este enigmático instrumento nuestros vínculos tendrían otra configuración.

Hago una pausa esencial para reconocer la absoluta capacidad comunicativa de la comunidad sorda y/o con dificultades graves para hablar mediante la voz, al tiempo que subrayo que mi interés con estas líneas está más conectado a la cualidad aural que nos embarga cotidianamente y de modo natural. Aunque no descarto que las personas introvertidas (como me autodescribo) puedan argumentar que aún sin la sonoridad de la voz los resultados interhumanos puedan sostenerse. Queda admitido. Pero, cuando me refiero a la impresión que causa una voz, deseo que conste igualmente su activa contraparte, la escucha. En la vida, admiro cómo las palabras suelen ser actos en sí mismo sin que la mera aseveración parezca paradójica. De hecho, a menudo nos servimos del entendido típico que nos demanda poner acciones allí donde emitimos palabras. Pero considero que emplear nuestra voz representa una elección que nos posiciona como actores con autonomía incuestionable.

La voz como figura acústica es parte intrínseca de nuestra experiencia y del propio ser. Bien lo expresa el teórico británico Steven Connor: “Nada me define más íntimamente que mi propia voz, precisamente porque no hay otra característica de mi persona cuya naturaleza tenga como fin trasladarse de mí hacia el mundo, de moverme a mí hacia él. Si mi voz es mía porque viene de mí, entonces también se debe reconocer que es mía porque sale de mí. Mi voz es literalmente la forma de transportarme a través de mis sentidos. Lo que yo digo, va”. La voz resignifica el modo en el cual somos recibidos en el lazo social. No se recibe igual la voz/escucha de quien educa que de quien declama. Aunque estaríamos de acuerdo con aceptar que la voz/escucha se nos presenta también como una determinación general para trazarnos pasos, destino, como una posibilidad sincronizada con la presencia individual que nos convoca a una empresa de trascendencia. Traigo, si se me permite, mi convicción de antaño que me sugería «dar voz a los sin voz» desde el lastimado oficio del periodismo. Una vocación que desde la estética que posteriormente asumí cuestionó mi supuesto papel de intermediaria y retó los modos colaborativos desde una ética más compleja, pero también más a tono con la interioridad subjetiva desde la cual me expreso.

Un espacio otro

En el transcurso de una experiencia psicoanalítica, en la que el sujeto del inconsciente accede hablar en la ausencia, es posible hallar una escucha plena para esa palabra franca recibida por el analista, sin la carga de un juicio y sin interés por otorgarle uno. La voz, la nuestra, encuentra en esta escucha un dispositivo para eso que nos evoca y que está fuera del lenguaje: una búsqueda individual –el Subject of the quest que magistralmente elabora el antropólogo, filósofo y psicoanalista haitiano Willy Apollon–. Digo fuera del lenguaje porque al apalabrarlo damos cuenta paulatinamente que pertenece a otra escena, al vuelo re-creativo que deja a un lado ese yo egoico tan connivente con la sociedad y que, como referí al principio, acompaña nuestra presencia social y la refuerza.

En esta otra escena donde el HablanteSer (Parlêtre decía Freud) se permite su singular búsqueda, se transfiere la voz, junto a otros sentidos, a una alternativa emergente, que irrumpe y señala otra mirada. Ya no sé es la misma voz que al inicio, y en esta primera instancia del proceso analítico, el acto contencioso estallará para desarticular los límites (los familiares, afectivos o socioculturales). En cambio, esta conexión encausará señas o sensaciones, memorias, sentimientos, sueños y titubeos que activan una significación personal muy exclusiva; si se quiere, incluso, reservada de los demás. En esta dimensión asertiva emerge el Deseo – uno cuya cualidad es la separación entre necesidad y demanda–, algo indelegable desde la onda momentánea de la voz, y que se asume desde un nuevo horizonte.

Será precisamente esa reverberación íntima la que conducirá a experiencias radicales que acerquen, desde el abismo –como suele decirse– a una nueva dimensión de nuestro ser. Asimismo, y sin desmedrar la realidad, la experiencia traerá consigo un encuentro con la soledad profunda. Una travesía por el umbral de la indelegable responsabilidad propia y de la estética particular de sentirse vivo y comprometido con ese deseo.

 

 

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Dalila Rodríguez Saavedra

 

 

Simplemente telenovelas

 

 

Especial para En Rojo

 

De ahora en adelante, quien quiera estudiar el fenómeno de las telenovelas en Puerto Rico tendrá que contar con este nuevo libro de Víctor Federico Torres, Yo lo que quiero es amor: Historia documental de las telenovelas de Puerto Rico, 1955-1975 (San Juan, Ediciones Gaviota, 2023). La labor de Torres para este proyecto es un ejemplo de la dedicación y el rigor de un tenaz investigador. El libro ofrece un caudal de información sobre el género en Puerto Rico durante las dos décadas que nuestros canales de televisión las produjeron. Para recopilar estos datos, Torres tuvo que desempolvar archivos, rebuscar en revistas populares y rastrear a unos cuantos de los participantes en la producción de esas telenovelas que aún viven. Hay que reconocer la inmensa labor hecha por Torres quien, tras publicar textos sobre temas académicos y tras una larga carrera como bibliotecario, ha publicado tres libros sobre personalidades de la cultura popular puertorriqueña: Marta Romero, Bobby Capó y Johnny Rodríguez.

No cabe duda que las telenovelas han sido y siguen siendo un producto cultural de importancia por el inmenso impacto que tienen sobre su público. Por ello son tema que hay que explorar y Torres, por su formación como bibliotecario e investigador y, sobre todo, por su interés en la cultura popular, es candidato idóneo para tal labor. El resultado de su trabajo, este nuevo libro, así lo confirma.

Yo lo que quiero es amor… es un libro dominado por los datos que su autor fue hallando. Sus primeras cuatro secciones, casi las tres cuartas partes del libro, son inventarios de las telenovelas producidas por cuatro canales boricuas: Canal 2 (WKAQ-TV), Canal 4 (WAPA-TV), Canal 11 (WKBM) y Canal 7 (WRIK). En los primeros dos casos, los canales que más telenovelas produjeron, hay subdivisiones determinadas por el horario en que estas se presentaban. Cada entrada de las telenovelas incluidas recogen la información esencial sobre la misma: título; momento en que se presentó; autor; director; reparto. En algunos no toda esa información se nos ofrece porque no se conservó en los archivos ni se comentó en la prensa. En algunos casos, cuando tiene más información, Torres nos ofrece una sinopsis de la trama y algún comentario suyo o de alguna publicación del momento. Este formato que se sigue fielmente tiene mucho que ver con las fichas bibliográficas que Torres, como bibliotecario produjo por años.

Dada la rigurosa estructura que Torres adopta para darnos esta información la lectura de estas secciones del libro es predecible y hasta puede ser monótona. Por ello creo que hubiera sido preferible no comenzar el libro con esta sección bibliográfica sino incluirla al final como apéndice. Pero no cabe duda de que estas páginas serán de inmensa utilidad para futuros investigadores ya que Torres ha adelantado mucho de su trabajo.

Hay que apuntar también que de cuando en vez Torres puede darnos una sinopsis de la trama de la telenovela y así se rompe con la monotonía de las fichas bibliográficas y nos da una pequeña muestra del melodrama que dominan esas telenovelas. A veces la lectura de esos resúmenes de la trama nos lleva a las carcajadas. No puedo dejar de citar, al menos en parte, el de Retorno al pasado (1958): “ Una mujer de familia aristocrática llega a un circo. Su padre la echó de la casa porque estaba embarazada. En el circo hace amistad con otra mujer que tiene una pequeña hija. Muere en el parto, pero antes de fallecer le pide a la amiga que cuide de la niña como suya y que nunca le hable de su pasado.” Y podemos continuar porque la trama es predecible y ya la conocemos, a pesar de que en esta hay castillos, venenos y puñales, todos nada creíbles y hasta extravagantes. Y por ello mismo resultan absurdamente cómicos.

En otras partes del libro, que me parece deberían haber venido primero, Torres presenta temas recurrentes en las telenovelas: la rivalidad entre hermanos, los triángulos amorosos, la joven desvalida que triunfa al final, la madre soltera, las familias disfuncionales. Me parece que se debía ampliar esta sección. La estructura narrativa y la caracterización de los personajes de las telenovelas son tan predecibles que, sin llegar a crear fórmulas como las que ofrece Vladimir Propp para los cuentos de hadas, podría presentarse los patrones de acción y de personificación que caracterizan el género.

También Torres comienza a apuntar ciertos problemas sociales e históricos que afectaron la producción de las telenovelas en Puerto Rico. Por ejemplo, menciona cómo el cambio de horarios de la tarde a la noche se debe al cambio en la situación laboral de las mujeres, quienes muchos ven como el público mayoritario si no exclusivo de las telenovelas. Pero dedica más atención a otro hecho problemático: el dominio de los exiliados cubanos en la producción y actuación de las telenovelas. No cabe duda que en Cuba antes de la Revolución se había desarrollado el género del melodrama radial y televisivo mucho más que en otros países latinoamericanos. (Recordemos a Félix B. Caignet y su inmortal El derecho de nacer.) La influencia de las compañías de publicidad estadounidense que controlaban el mercado cubano antes de 1959 fomentó ese desarrollo. Tras la Revolución llegaron a Puerto Rico productores y actores cubanos que lograron dominar la producción de telenovelas en la Isla. También habían llegado argentinos y españoles, pero, como confirma Torres, el impacto de los cubanos fue determinante y repercutió no sólo en los mecanismos de producción de las telenovelas sino en cuestiones ideológicas que se sintieron aún más allá de la televisión. Este tema no se recoge en una sección aparte del libro sino que está disperso por todo el texto.

Para 1975 las telenovelas boricuas desaparecen y llegan las mexicanas y las venezolanas y las colombianas y las turcas. ¿Por qué mueren nuestras telenovelas? Torres apunta a factores económicos en la producción de las mismas, pero también hay que recalcar el cansancio del público ante tramas predecibles y ante caras ya demasiado conocidas. Las telenovelas de nuestros días parecen romper con la carácter melodramático que la define. Por ello, aunque al final Betty termina con don Armando, las nuevas telenovelas rompen un tanto con su patrón básico, introduce humor y refleja tímidamente las circunstancias sociales. Además desarrollan acciones secundarias que nos sacan de la trama principal. Las nuevas telenovelas juegan, un poco al menos, con el gran patrón del melodrama que siempre reina. En cambio nuestras telenovelas no rompieron con ese patrón y eso también ayudó a su desaparición.

Todavía hay mucho que explorar sobre este fascinante campo. Pero no me cabe duda de que quienes sigan por este camino simplemente tendrán que contar con este libro de Víctor Torres.