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Editorial-La deuda no le pertenece a nuestro pueblo 

La semana pasada, mientras se protestaba por la entrega del icónico Parque Sixto Escobar a la empresa extranjera dueña del Hotel Normandie, y se denunciaba la llamada Ley 22 como promotora de Puerto Rico como un «paraíso fiscal» para inversionistas y evasores de impuestos, la comisionada de la Oficina de  Instituciones Financieras de Puerto Rico (OCIF), Natalia Zequeira, desde un evento de la banca comercial anunció que su oficina trabaja en una propuesta legislativa para imponer límites a la Ley 273, que autoriza la creación y operación de Entidades Financieras Internacionales (EFI) y Entidades Bancarias Internacionales (EBI) en la Isla. Esto, con el propósito de fortalecer la fiscalización de dichas entidades y poner freno a la actividad ilegal de lavado de dinero en nuestro país.

Las declaraciones de la comisionada de OCIF pasaron inadvertidas aunque debieron causar revuelo. Porque las mismas revelan un patrón de falta de fiscalización, permisividad e impunidad que va a la raíz del desgobierno que padecemos en este país.

La iniciativa anunciada por la OCIF no debe sorprender a nadie tras el arresto y acusaciones hechas a la ex gobernadora Wanda Vazquez, y sus co acusados, un banquero extranjero con operaciones en Puerto Rico y un ex agente del FBI asociado con éste.

Tristemente, en Puerto Rico cada día se hacen mas visibles las señales del desgaste y la decadencia en la gestión gubernamental, y cómo la corrupción ha minado el aparato público a niveles aún insospechados.

Ya sabemos el engaño que ha sido la llamada Ley 22, un pantallazo tras el cual se escudan evasores de impuestos, especuladores y timadores extranjeros, principalmente estadounidenses, al amparo de una legislación promovida desde el gobierno de Puerto Rico, con la excusa del desarrollo económico de nuestro pais. Simultáneamente, la jefa de OCIF pone el dedo en la llaga sobre otra legislación de aquí, con suficientes defectos como para levantar la bandera roja del «lavado de dinero».

Los vientos de la colonia han traído  estas tempestades. La alternancia en la administración pública de los partidos Popular Democrático (PPD) y Nuevo Progresista (PNP) hace rato que muestra su descosido. Como siameses ante un espejo, cada uno de esos partidos es la imagen del otro. Llevan tantos años turnándose la administración del presupuesto colonial, y poniéndose de acuerdo para privilegiar, mediante la acción ejecutiva y legislativa, a los grandes intereses de Estados Unidos y del capital globalizado, que se han olvidado de que son capataces a sueldo y han empezado a creerse dueños de la gran parcela en  que han convertido a Puerto Rico.

Y aunque el.gobierno de Estados Unidos  y sus dependencias en Puerto Rico saben la que hay, y cuando les conviene a sus intereses actúan para sacar del medio a alguien que les estorba, han sido ellos los que han permitido que el deterioro de la gestión pública en Puerto Rico haya llegado hasta el extremo actual.

En este momento de nuestra historia, la combinación asfixiante de problemas fiscales, económicos y sociales que acosa a nuestro pueblo se debe en partes iguales a las maquinaciones y decisiones unilaterales sobre Puerto Rico del Imperio que nos manda, y a la pésima gestión de los sucesivos gobiernos de Puerto Rico, especialmente durante los pasados 40 años, desde que la complacencia los convirtió en castas inamovibles y corruptas para quien nuestro pueblo no es más que una excusa barata.

Amparados en la impunidad por el propio Congreso de Estados Unidos, endeudaron hasta el límite nuestras arcas públicas, a sabiendas de que nuestro país no tendría los recursos  para pagar la deuda monumental. Por 50 años se vivió del cuento del progreso y de la fantasía de un desarrollo económico artificial y prestado. Y a base de eso, se le hicieron promesas a nuestro pueblo y a los miles de empleados públicos que, por generaciones, dejaron sus vidas sosteniendo la » vitrina» que, al final, se ha hecho añicos.

Hoy, nuestro pueblo está a merced de la Ley PROMESA, concebida y ejecutada por el Congreso y el Presidente de Estados Unidos, de una Junta de Control Fiscal ( JCF) impuesta y no electa, y de un Tribunal de Quiebras, también extranjero y con juezas y funcionarios  que no conocen ni entienden al pueblo puertorriqueño. El principal interés de todos ellos es pagar la deuda como sea, cantar victoria y congratularse por el «gran logro» de sacar a Puerto Rico de la quiebra. Así regresarán de nuevo al continente y a sus vidas, con una nueva nota de satisfacción en sus bitácoras profesionales, por haber resuelto la bancarrota municipal de mayor magnitud en la historia del Imperio del Norte.

Acá, en el Caribe caliente, quedará un pueblo puertorriqueño menguado, maltrecho y empobrecido, con la obligación de pagar de sus menguados sueldos y pensiones una larga condena por 50 años de una deuda que, en justicia, no les pertenece.

 

 

 

 

 

 

Lo único que funciona en este país es el deporte

 

Especial para CLARIDAD

En un país donde nada parece funcionar, nuevamente el deporte se convirtió este fin de semana en el protagonista de buenas noticias con la improbable clasificación al Mundial de Baloncesto del equipo masculino, la coronación como campeón mundial de Subriel Matías y una actuación meritoria del equipo 3×3 de baloncesto en el torneo Quest llevado a cabo en Francia en el que llegaron sub campeones.

Sin duda la noticia más sobresaliente fue la clasificación de nuestros 12 magníficos al Mundial de Baloncesto que se llevará a cabo en agosto y septiembre en Japón, Indonesia y Filipinas. La cuesta era empinada pues requería ganar en Brasil el pasado jueves algo que Puerto Rico no lograba hacía 60 años. Sin embargo, jugando un juego sumamente disciplinado, Puerto Rico logró mantenerse en juego durante los 40 minutos.  Nuestro armador encestó, sonando la chicharra, uno de esos canastos que trasciende por generaciones.  Luego, pese a enfrentar una serie de obstáculos para llegar al destino final, Colombia, donde también tenían que ganar para cualificar, los boricuas sacaron cría ganando 27 a 20 el último periodo para alzarse con el improbable pase.

Esta es una de las gestas más significativas de nuestra selección nacional en tiempos recientes.

Matías demostró su calidad y se convirtió en campeónPor su parte el pasado sábado el boricua Subriel Matías se convirtió en el tercer campeón de la actualidad en Puerto Rico al coronarse campeón de la Federación Internacional de Boxeo de las 140 libras. Matías tuvo que recuperarse de un mal primer asalto donde el argentino Jeremías Ponce fue el agresor, pero poco a poco fue implementando su estilo de pelea tirando más de 100 golpes en el 3er y 4to asalto y eventualmente enviando a la lona a Ponce quién no salió para el sexto asalto. Ahora, como campeón, una pelea con el estadounidense Regis Progais es una posibilidad real.

Empieza con el pie derecho el 3×3

El pasado lunes 20 de febrero se llevó a cabo, en la Federación de Baloncesto de Puerto Rico, una conferencia de prensa donde se anunció que cinco jugadores boricuas: Brian Vázquez, Luis Cuascut, Adrián Ocasio, Antonio Ralat y Leandro Allende darían el salto al 3x 3 de manera permanente en búsqueda de clasificarse en los mejores 16 del mundo y tener alguna posibilidad de aspirar a los Juegos Olímpicos París 2024. Para poder hacerlo, tendrán que jugar una serie de torneos llamados Quest y Challengers para obtener la puntuación suficiente para jugar en el World Tour que es la gira donde juegan los mejores equipos y de donde surge la clasificación olímpica. En su primer torneo juntos, los boricuas jugaron para marca de 4 ganados y 2 perdidos (perdieron la final por solo un punto) en el Quest que se llevó a cabo en Francia.   Lucieron muy bien venciendo a equipos de Francia, Alemania, Eslovenia y España para probar que la oportunidad de ascender a los mejores 16 del mundo es real y así darse el chance olímpico.

Sin duda, en un país en que todo está al revés, el deporte vuelve a ser la nota positiva. En pocos días empezará el Clásico Mundial de béisbol en un evento que estoy seguro unificará al país como siempre lo hacen los eventos deportivos.

Subriel Ahmed Matías Matthew- “Estudio en la universidad de la vida #YoSoyElOrgulloDeMaternillo”

 

 

Especial para CLARIDAD

 

El pasado sábado 25 de febrero del 2023 Subriel Matías le dio a Puerto Rico otro título Mundial en el deporte del boxeo. Se une así a ese grupo de guerreros boricuas que han conquistado títulos mundiales en el boxeo profesional. Subriel es un joven que nació y se crio en Fajardo, en la comunidad de “Maternillo”.

¿Qué significa el triunfo de Subriel para nuestro País

En tiempos tan difíciles como los que estamos pasando en nuestra Nación donde el crimen, la corrupción política (a todos los niveles y esferas), el alto costo de vida, el deterioro de la sociedad, la emigración y tantas otras situaciones que afectan a Nuestro País Subriel nos representa a todos, pero en especial a los menos privilegiados.

Para entender el significado de su triunfo debemos entender de donde viene y que piensa. A continuación, los que nos señala en su página en las redes sociales.

Subriel nos dice en su página de Facebook

“El 10 de agosto del 2012, intentaron matarme donde me alcanzaron 2 balas. Dos meses más tarde para ser exacto octubre 10 del 2012 ingreso a la cárcel Federal recibiendo otro duro golpe en mi vida, en el cual me preguntaba y cuestionaba el ¿Por qué? Ignorando que Dios estaba trabajando en mi vida, fortaleciéndome de muchas maneras, pero impactando mayormente mi mente, para hacerme fuerte ante la adversidad y encontrarme conmigo mismo. Pensé que nunca mas volvería a boxear. Salgo bajo fianza en abril luego de casi 2 años sin libertad y Dios me da la oportunidad de debutar el 19 de diciembre del 2015 y gracias al Padre Celestial 7 años y 2 meses más tarde tendré la oportunidad de disputar el Título Mundial del IBF. A todo aquel que tiene sueños, nunca los abandones, los golpes son parte de la vida” (Subriel Matías)

Subriel representa a los menos privilegiados, a aquellos que día a día luchan por brindar sustento a sus familias, a los jóvenes que carecen de facilidades deportivas y educativas y tienen que utilizar “La Calle” como su primera institución educativa. A todos los niños y jóvenes que nacen, se crían, se educan y se han desarrollado en comunidades marginadas en Puerto Rico. A los convictos y ex convictos que buscan una segunda oportunidad de “hacerlo bien” y progresar. A los jóvenes que son utilizados para que otros más poderosos obtengan grandes ganancias económicas a costa de ellos ser encarcelados y procesados, o quizás, asesinados. A los afrodescendientes que han sido por siglos esclavizados y discriminados.

Además, cuando es presentado antes de sus peleas boxísticas y donde asiste a alguna actividad de índole social o benéfica pide que se le presente como: “El orgullo de Maternillo”

“Maternillo”

Maternillo no es una comunidad más. Es una pequeña aglomeración de viviendas de escasos recursos localizada al noreste de Fajardo y de Puerto Rico. Bordeada por el Océano Atlántico y el Rio Fajardo. Propensa a inundaciones, sin facilidades deportivas adecuadas, sin facilidades educativas para sus niños y jóvenes,ccomunidad de gente humilde y de escasos recursos. De pescadores que tienen que madrugar a conseguir el sustento en la pesca, arriesgando sus vidas en el mar. Localizada en la periferia del el Hotel Conquistador, Isleta Marina, el Puerto de Fajardo y otras “Villas” y espacios de yates y botes de los más privilegiados. Se rumora que sus habitantes van a ser relocalizados para establecer un complejo turístico para yates, botes y viajes a las islas vecinas.

Maternillo es una comunidad, que al igual que Puerto Rico, lucha contra la invasión de los más privilegiados, el colonialismo y los desplazamientos poblacionales para dar paso a que dichos espacios sean ocupados por inversionistas extranjeros y grandes comerciantes locales. Comunidad de pescadores humildes que están siendo desplazados por los más privilegiados para ocupar ese espacio con grandes botes y yates de “pesca” deportiva.

Subriel los representa en su lucha por sobrevivir dichos embates de opresión y los representa para que pueda surgir un nuevo país como el “Ave Fenix”

Además, el triunfo de Subriel significa que debemos hacernos fuertes para enfrentar la adversidad. Especialmente los menos privilegiados y los de menos recursos.

Significa, no abandonar nuestros sueños y luchar (pelear fuerte) no importa quién sea el enemigo y los recursos que tenga.

Significa, que la vida de los menos privilegiados es cuesta arriba, pero la perseverancia nos ayuda a enfocarnos y poder logra nuestras metas.

Significa, que no importa de dónde provengas, eres tu quien decide tu presente y tu futuro. Subriel es ahora un ejemplo a seguir por los niños y jóvenes de las comunidades menos privilegiadas en nuestro país y fuera de él.

Subriel Matías nos representa a “TODOS”: los que luchamos contra las injusticias, el discrimen, los poderosos y contra el colonialismo.

 

 

 

Maggie, Maggie, Maggie: Tres veces María Solá

Foto tomada del FB de Néstor Colón

 

 

Especial para En Rojo

Como tantas otras cosas en nuestros días, me entero por un mensaje de correo electrónico que ha muerto María Magdalena Solá, mi querida amiga Maggie.

La noticia no me toma por sorpresa pues desde hace ya mucho sabía que no estaba bien de salud; lo sabía porque había dejado de contestar mis llamadas.  Pero la confirmación de lo que ya me sospechaba no deja de ser un duro golpe que se podría definir con versos de Vallejo.  Son esos golpes, como dice magistralmente el poeta peruano, “los heraldos negros que nos manda la Muerte”.  Duelen mucho esos “potros de bárbaros Atilas”, aunque los estuviéramos esperando.  La espera no niega la sorpresa ni aminora el dolor.  Ni tampoco destruye la imagen de la amiga que me he ido creando desde hace años y que guardo como su retrato fidedigno que me impide verla de otra forma.  La recuerdo – hasta la veo – como la vi por primera vez.

Cuando llegué a nuestra universidad ya Maggie era allí una figura que se destacaba por su porte y por su inteligencia.  Yo, mero estudiante, no me atrevía a acercármele ni a hablarle cuando la veía en el Seminario Federico de Onís, charlando alegre e inteligentemente con otros colegas.  Sobre todo, la recuerdo en diálogo con Luis de Arrigoitia, director del Seminario, y con su gran amiga Angelina Morfi.  Yo no era quien para participar en esas conversaciones que sabía importantes.  Sabía que Maggie trabajaba en una tesis doctoral sobre Pablo Neruda y que se interesaba también por la poesía de José Martí.  Alumna predilecta de Ángel Rama, el crítico uruguayo que entonces era profesor visitante en nuestra universidad, la vi – guapa, segura, brillante – participar en un simposio sobre la obra del prócer cubano.  Allí estaban figuras que en el momento consideraba casi sagradas: doña Margot, Nilita.  Ella, mi primera Maggie, se destacaba entre ellas con la seguridad que le daba su brillantez, brillantez que nunca caía, ni siquiera bordeaba en la pedantería porque era una brillantez humilde pero segura de sí misma.

Mi segunda Maggie vino más tarde y el puente para llegar a ella fue su libro sobre Neruda, libro que leí con gran interés y que comenté en las páginas de esta misma revista donde ahora esbozo un retrato suyo con tres rápidos brochazos.  Pero más que su libro sobre Neruda la pincelada que mejor dibuja y define para mí esta segunda Maggie fueron los trabajos suyos que aparecían en revistas nuestras del momento.  Entonces yo me había atrevido a publicar un ensayo sobre el machismo en René Marqués; apareció en la revista Sin Nombre.  Ese texto tiene su complicada historia editorial, pero lo que me importa ahora es que un poco más tarde en la misma revista Maggie publicó un ensayo sobre el tema con el cual me daba – sin que ella lo intentara ni lo supiera – una gran lección sobre la crítica literaria.  Mientras mi texto estaba marcado por una urgencia que deformaba en parte mis argumentos, el suyo era sobrio, calmado, bien pensado.  Muchos años después pude decírselo y darle las gracias por la lección que de ella aprendí.  Y ahora de las vuelvo a dar: ¡Gracias, Maggie, por todo lo que me enseñaste sin que asumieras el papel de maestra!

Mi tercera Maggie más que triste es distanciada y difusa.  Tras su jubilación como profesora en Mayagüez y tras la muerte de su esposo, Alberto, ella se mudó a California con uno de sus hijos.  Hablábamos por teléfono casi todos los sábados por la tarde.  Charlábamos de política y de los textos que leíamos.  Su mundo familiar permanecía como un telón de fondo, pero no se hablaba sobre su día a día.  De pronto las llamadas se hicieron menos regulares hasta que ya no fueron más.  Respeté su silencio porque no sabía qué le pasaba, aunque me lo sospechaba.  Pero más que nada respeté el silencio de mi tercera Maggie porque quería fiel y fieramente conservar la imagen de mis primeras dos.

Y hoy así la recuerdo: brillante, generosa, comprometida, guapa, cariñosa, humilde pero comprometida con su mundo.  Hoy no dejo de recordar su voz tan propia y sé que me diría que agradece estas palabras porque mi Maggie era ejemplarmente humilde y porque sabría que hoy en mi casa, donde no se reza, se brindará por su memoria.  ¡Maggie, Maggie, Maggie!

 

27 de febrero de 2023

 

En Reserva-“se supone que hayan tres carros, no seis ni siete”

 

por Papiro, transcrita por Rubén Ramos

Especial para En Rojo

 

Estamos frente a la Vila Mayo ante el concierto de la noche del martes en El Boricua. Canta Tanisha. Henry Cole en la batería. Algunos drones y apenas un hilo separan a la gente de la vía.

Pues, él vino y cogió y siguió pa lante, y yo vine y me le paré al lau, dije, mire hermano, hay muchas más luces que la que tienen que haber en la orilla, se supone que hayan tres carros, no seis ni siete y hay siete y ocho carros, no sigas pa lante, porque, nos están esperando y no son los de nosotros, dale pa atrás. Y el tipo comenzó a dar pa atrás un poco, y ahí se encalló en un arenal que había, y ahí ya había salido la lancha de FURA y estaba llegando donde nosotros ya. Me cogieron. Los federales me cogieron. Me metieron preso. Me quitaron to lo que tenía, dice Papiro.

Durante muchos meses estuve viéndolo trabajar en El Bori por las noches. Delgado, la piel bronceada, pómulos altos, el ceño pronunciado sobre sus ojos. La mirada como en un nicho, contemplativa. Su voz baja pidiendo paso mientras avanza a manos llenas abriendo el mar de gente con un “permiso”.

Acho. Prácticamente me vi preso. Me vi preso en el momento ahí. Ya estoy preso. Ya me cogieron. No vua hacer na. Sabe Dios lo que venga ahora. Lo que vino no fue fácil. Me quitaron to lo que tenía. Las propiedades. Quedé prácticamente preso de una noche pa otra. Preso y sin nada. Que todo lo que tenía… Bueno, me dieron una fianza. Pero fue una fianza bien alta y no tuve el dinero para sufragar el gasto. Eran cinco a seis números. Y ya tú sabes…

 Veía siempre a Papiro moviendo bolsas de basura, cajas de cerveza, pasando escoba. Pasaba la mayor parte de su tiempo recolectando el descarte del jangueo en El Boricua donde jóvenes estudiantes y ex alumnos nos reuníamos a conversar la ganancia de nuestra educación. Mas sin embargo, ineducados en cuanto al manejo de nuestros desperdicios. Papiro rápido a la mesa de los estudiantes de derecho que al levantarse dejan sobre ella el lote de envases vacíos de su bebedera.

Me llevaron ante un magistrado federal… El magistrado Justo Arenas de la corte federal de San Juan. Conspiración con intención de introducir, este, introducir, mil ciento veinticinco libras de marihuana. ¿De marihuana?, lo detengo sorprendido. Sí, en un bote. Eso es lo que traíamos nosotros por bote, me contesta. Yo pues hacía, lo que se hace ahora en dispensarios, yo lo hacía acá, cómo se dice, por debajo el agua, underground, yo era un narcotraficante. 

Quise atreverme a conversar con él desde que comencé a notar la música con la que llegaba en la pick up: Shaba Ranks, Chaka Demus, Junior Reid, Buju Banton; un hit parade de dancehall. Papiro tiene el piquete de rasta que tenían los chamacos a principios de los noventa, lo cual me resulta extraño, porque por lo general, quienes vivieron esa época en Puerto Rico luego se movieron a otros estilos, fueron surfers, cacos, en fin. Aquel ‘rasta’ boricua de los finales de ochenta y principios de los noventa es por lo más una estética ya no popular. Mal llamados rastas porque precisamente, era dancehall lo que escuchaban en su mayoría.

No es común ver a un hombre de su edad vistiendo así, ni mucho menos escuchando esas canciones, ventanas abajo, la mano por fuera balanceando un cigarrillo, con un equipo de sonido veinte años más nuevo que el carro que lo lleva instalado. Los hombres que conocí que se le parecían, salvo uno- quien recién salió de la cárcel- ya están muchos encamados o muertos. Contemplo eso y entonces armo el rompecabezas: Papiro debió haber estado preso en algún momento. No por cómo viste, no por cómo se ve, sino porque percibo en él la misma aura de juventud detenida que en amigos y familiares que han hecho tiempo.

Yo viví muchos años en Fajardo. Ahora mismo estoy viviendo en otro lau, pero… bueno, mi crianza parte de ella fue terminada en Fajardo… mi mamá se quedó sola, sin trabajo. El viejo cogió pa otro lau con una chilla que tenía, ya tú sabes. Yo empecé a pasar máquina, a hacer patios. Me iba con una máquina de hacer grama de hacer patio, un trimmer, una extensión. Llevaba todo el equipo necesario para hacer un patio en ese momento, por las urbanizaciones, iba casa por casa. Por un patio podía cobrar 30, 35, 40 dólares, depende el tamaño del área que fuera a recortar. A veces en un día hacía, lo más 3, si eran pequeños 4, pero si no, uno por la mañana, después al mediodía uno, y ya por la tarde pa finalizar otro. Estuve en esas como desde, los 9 años hasta los 12, pero como a veces cuándo estaba lloviendo no podía trabajar, que eso eran días perdidos. Estaba en la escuela también, que eso yo lo hacía sábado y domingo to el día y en las tardes cuando salía de la escuela y hacía las tareas pues entonces me iba con la maquinita por ahí chinguín chinguín a ver qué patio caía y eso. A veces estaba hasta las 6 y 7 así, dependiendo la estación del año.

Los años y tribulaciones se enuncian dibujados en su figura: sus manos toscas, el ceño siempre fruncido, absorto, enfocado en sus tareas. Papiro tiene pocas palabras con la asistencia. Ayuda con la limpieza, es decir, recoge detrás de los niños que asisten al jazz los martes a quienes sus padres parece nunca les hicieron cargo de sus propios regueros. Detrás de ellos, como alguna vez sus madres, Papiro hace y no dice nada. Tiene el temple de quienes han pasado por peores días. Domar el desorden que se acumula sobre las mesas y aceras resulta poco ante la severidad de otras tantas experiencias. En qué momento cambió lo de cortar grama, le pregunto, ¿qué pasó?

….bueno, conocí un amigo mío en la escuela y, esa era en Río Grande, eran unos cursos sabatinos porque yo me había salío e la escuela, por trabajar- y en eso de… (un camión pasa y divide la conversación). Pues me salí de la escuela, no la terminé y empecé los cursos sabatinos y gané dos años escolares. Pa ese entonces yo tenía los 13 años, estaba trabajando en landscaping. Yo chamaquito, casa por casa por las urbanizaciones, tan, y conocí un pana mío en la escuela superior sabatina que resultó ser el hijo de una persona que era narcotraficante grande de los de antes. Que pasa, yo inmediatamente… el hijo de él y yo hicimos una amistad bien close… y me mudé pa la casa del pana mío, a la casa del papá del pana mío. Dormíamos en el mismo cuarto y ya tú sabes, nos íbamos a la escuela juntos y estábamos to el día. Los hermanitos. Ya tú sabes, bien close. Como si fuera mi hermano. Que pasa, que al pasar de los años nos dimos de cuenta de lo que hacía el viejo y pam, empezamos a cogerle cosas de una casita que había en la parte de atrás que era donde él guardaba las cosas, y ya tú sabes, sabíamos cómo buscarnos dinero de mala manera, como no se debe. Él no se imaginaba que le estábamos cogiendo nada hasta un día que tuvo que pesar que hacer un inventario y pesar todo lo que había y… prácticamente él se dió de cuenta que le estaban robando, que alguien le estaba robando.

 Inmediatamente pues nos confrontó y pues le tuvimos que decir que sí, mira sí nosotros lo cogimos- porque de verdad lo habíamos cogido- no podíamos decirle que no. Él tampoco era un bobo. Pan, y de ahí vinimos, mi hermano y yo montamos un punto en Fajardo y se llamaba el Morro en Montebrisas, en la urbanización. Empezó una cosa como si fuera un relajo, vendiendo así una bolsita que otra, dos tres, to los días, después seis, siguió subiendo la, la, venta, siguió subiendo la venta y siguió subiendo la necesidad de comprar material porque ya ese nosotros no lo habíamos consumido pero lo habíamos gastado, ya nos habíamos comprado carros, yo había comprau, mi hermano se compró un apartamento, yo me compré una casa en Montebrisas, en la tercera sección. (aire) pues, esas cosas malas que hacíamos porque…

 El set de Tanicha termina. Papiro me ofrece un whisky que tiene en la guagua. Va a la barra, busca dos vasos con hielo. Vuelve a servir.  Me recuesto de la pick up mientras conversamos y mientras sirve, le cuestiono sobre cómo esas cosas que él mismo llama malas le estaban dando una prosperidad. ¿Podías dormir bien?, le pregunto mientras extiende el palo de whisky hacía mí.

 Más que tranquilo, porque, digo, cuando vivía en casa del viejo pues fue un poco estrésico al principio, pero después me acostumbré y después cuando compré la casa me fui pa mi casa solo. Tenía 18 años. Se detiene, Solo no, me fui con una jeva. Cuándo compré la casa me llevé a la jeva que tenía. La metí en la casa, amueblé la casa. Pam. Tenía 9 o 10 carros. Dos lanchas. Tenía jetski. Tenía todo, todos los juguetes que hay por ahí.

Tenía un Iroc Z, tenía un BM M6, un Porche 930 turbo, un Mercedes 500… Tenía un volky convertible del 74, una guagua para cargar ganau, porque nosotros bregamos con vacas, también bregamos con vacas. Bregábamos con vaca y con vaquitas, suelta una pequeña carcajada, con vaca y con vaquitas. Pero mere, pues llegó el momento en que me pillaron y se acabó todo.

 Duró 7 años la prosperidad de Papiro.

 Pues hice tiempo y cuando salí tenía un poco de dinero guardau y… pero ya en la cárcel me puse bruto y me rompí el cable metiéndome porquería. Tuve mitad de la sentencia aquí y mitad en Estados Unidos. Wisconsin, Oklahoma City, Reno… era el sistema federal. Reno, MCC New York, MCC Miami, FDC Miami, Norfolk Virginia y unas cuantas más en el área este de la nación americana. Eso fue hace treinta años, y pues, mucho ha cambiado, hay muchos que han muerto también, que ya no están con nosotros.

 Como a los dos días (fue) que me dejaron llamar. Llamé a mi hermana. Le expliqué: me pararon los guardias entrando por el muelle de Fajardo. Estoy arrestau, no sé, creo que me van a someter los cargos de narcotráfico, me cogieron esto y esto y esto, y no tenía el equipamiento de montarme en la embarcación completo, me metieron un montón de multas.

 Ellos se encargaron de que el caso fuera productivo para ellos. Me defendió el estado junto con Marcos Torres Rivera, el abogado que brega casos de racismo de aquí en Carolina. Los dos bregaron bien, los dos bregaron bien dice inclinando el palo. No me sacaron pa la calle porque obviamente es una cantidad bien grande de sustancia, entiendes, pero trataron de conseguir la, mucho menor, de la menor de la sentencia que me tocaba y pues le hice los diez años, le hice tres afuera, terminé jukiau, jodío.

 Estuve un par de años después de ahí inestable, económicamente, del trabajo, conseguía trabajo y como era chamaquito, todavía era chamaco, este, ya a los 25, 26 ya era rabiascoso, quería mandar pal carajo a los jefes y me iba de los trabajos. Mucho vaivén. (Pero) tenía que pagar renta porque mi mamá tiene una casa verdad, pero eso era de mi mamá, yo no puedo ir allí después de grande ya a meterme con una mujer a casa e mi mai, jamás y nunca, ni a menos que sea una emergencia, pero, de lo contrario a vivir no.

 Le pregunto qué haría si tuviera que volver a pasar por ese proceso, si estaría dispuesto a vivir todo eso, o si sentía que sabiendo el desenlace, evitaría iniciarse en esto o si lo haría igual.

 Eso es algo bien difícil de explicar, porque ya uno probó, como uno dice, lo que es tener comodidades y sabe al no tener las mismas de antes que estás atrás y eso te deprime. Empieza la depresión. A mi me dio… me dio una depresión bien cabrona que no salí casi en tres semanas de mi casa cuándo salí de la cárcel. No quería salir ni de mi casa cuando salí de la cárcel. Pa ningún lau. Si acaso alguna cita médica de lo que me estaba chequeando en aquellos momentos, pero pa jangueo de nada.

 Me acabo el trago absorto por lo que siento es una aceptación improcesable y le cuestiono si para él todavía valdría la pena jugarse su libertad para volver a tratarlo y sin flaquear ni dejarme terminar me dice,

 Claro que sí, si tuviera la oportunidad de hacerlo sí, porque sé hacerlo. Aún consciente de las consecuencias. Lo hago sí, claro que sí. Si es un cantazo que puedo buscarme una buena purruchá pa seguir viviendo el resto e mi vida… por lo menos una casita, un carrito, una guagua, uno tiene que estar conforme a lo que está viviendo porque si no eres conforme a lo que estás viviendo no vas a ser felíz nunca en la vida. De verdad. No vas a tener prosperidad en la vida porque todo se te va a echar atrás, todo, todo, también, he pasado esas experiencias como ser humano.

 Asiento a lo que dice y chocamos las manos tan duro que me saca del whisky y la conversación. Desde la ventana de la barra, El Cano le hace señas que lo necesitan. Papiro asiente y va a donde él. Sobre la tarima un grupo nuevo de músicos va afinando sus instrumentos para iniciar el jam que corresponde el segundo set. “Gracias, pa”, le lanzo en despedida. “Tú sabes como es pai,” me contesta Papiro, mientras avanza por la puerta a la derecha de Betances.

“…Luego te cuento más cosas”, dice mientras la música se levanta devolviéndonos al jazz.