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Será Otra Cosa-Sala de espera

 

Especial para En Rojo

 

Desde pequeña, las salas de espera han sido para mí un lugar cotidiano. Me he pasado la vida en oficinas de doctores: desde la del pediatra a la de los generalistas y, ya de adulta, le añadí a la lista aquellas que visito cuando acompaño a otros a sus citas. Nunca había tenido problemas con estos espacios provocadores de empatía, solidaridad y, en muchos casos, paciencia.  No solo aprendí en ellas a escuchar con mansedumbre las diversas voces que se hacen eco de programas de farándula o de analistas políticos predecibles, sino que desarrollé la tolerancia para explicar, mientras le hablan a mi abuela como si fuera una niña de tres años, que ser adulto mayor de ochenta no implica ser tonto y que, a pesar de la costumbre, la manera adecuada de tratarle es hablándole como le hablarían a cualquier otro adulto. Aumenté mi capacidad de comprender la precariedad que nos acecha para lograr ser empática con quienes trabajan en el hospital o en las oficinas médicas con sueldos de miseria y bultos de problemas cotidianos que les impiden recordar que, en efecto, es el paciente quien ya tiene bastante sobre sus hombros, sobre su vida. También aprendí a reír con extraños dentro de esas salas. Siempre está quien, deseoso de una conversación, aprovecha para revelar los detalles más recónditos de la vida familiar de algún otro ser, sazonados –sin lugar a dudas– con frases que le sacan una que otra sonrisa a todos los que, como buen público, le celebramos la historia.

Sin embargo, desde el 2019 las salas de espera han constituido ese espacio al que me tengo que enfrentar seis horas bianuales para recibir tanto los medicamentos como los diagnósticos casi horoscopales que me hacen los demás pacientes o sus familiares. Antes del 2019 iba contenta a las salas de espera: sabía que, por lo menos, una que otra sonrisa iba a regalar y a recibir. A partir de abril de 2019 y del diagnóstico que se encargaría de recordarme la importancia de experimentar la vida más allá de vivirla, voy con el recelo de quien se sabe temerosa del futuro que otros le pinten: llegue o no llegue.  Y es que desde entonces las salas de espera se convirtieron en el lugar que me recuerda los posibles rumbos que puede tomar mi vida. Cada vez que alguien entraba por las puertas era un ejemplo más, y distinto, de lo que podía pasarle a mi cuerpo, a mi mente, a mi salud. Sentarme en una de sus sillas era estar expuesta, además, al escrutinio de los otros que pavimentando el camino con sus buenas intenciones me llevaban directito al infierno cuando me contaban lo que podía pasarme en unos años, en unos meses, en unos días, ¿en unas horas? Ir a una sala de espera, a partir del 2019, me obligó a ser un poco más parca en mis conversaciones y a recurrir a la tecnología como método de escape – porque claro, leer en una sala de espera es impensable, imposible.

No obstante, la llegada al centro de infusiones obliga a la amabilidad: un saludo cordial, una sonrisa a quienes esperan para ser atendidos y una breve conversación con la joven secretaria que atiende. En esta última vuelta al centro me recibió una cara amable que, luego me enteré, acompañaba a su esposo. Cuando me vio, habló con el hombre inmediatamente se multiplicaron las caras amables que no paraban de mirarme como quien no entiende la razón de mi presencia en ese lugar. Entramos los tres a la sala de infusiones y, ya allí, el señor no pudo evitar comenzar la conversación: “¡Bendito, tan joven y aquí! ¿Te vas a atender?”.  “¡Buenos días! Ni tan joven, no se crea.”, le contesté, y opté por sentarme en la silla más distante, como acostumbro para evitar los “ya verás lo que te espera, ¡bendito!”. Abrí la laptop y me refugié en ella.

Debo decir que a estas alturas reconozco a un digno contrincante de mis prácticas antiestrés desde que entra por la puerta.  Por eso, cuando la enfermera entró para realizar la canalización no me sorprendió sentir, nuevamente, la mirada incisiva que no se conforma con una sonrisa. En mi diálogo con la enfermera se mencionó el asunto de mi Esclerosis Múltiple y descubrí en la mirada amable que el señor ya no solo quería conversación, sino que me estudiaba con más curiosidad que antes. Respiré, porque reconozco que cuando estoy allí me pongo medio impropia: es que una se cansa de oír las teorías de cómo va a terminar… todas muy tétricas, por supuesto. Y claro, ya bastante tiene una con el país en el que le ha tocado vivir, crecer e intentar salir adelante como para tener que escuchar todos los vaticinios apocalípticos que se le ocurren a la gente.

El don, que ya entendía mi estilo de novamosahablar tiró una pregunta al aire: “¿A uno se le atrofian los músculos cuando tiene esclerosis múltiple?”. Inhalé, exhalé y, reconociendo que el aire no le iba a contestar, le expliqué brevemente lo que era la enfermedad y lo que en su momento fueron mis síntomas más fuertes. Le conté sobre dejar de sentir la mano derecha, luego el brazo completo, luego la pierna y, como si fuera poco, después el otro lado: la pierna y la mano izquierdas hasta casi no poder caminar y andar por los pasillos tambaleando hasta dar, por fin, con el diagnóstico. Como era de esperarse, esa respuesta no le parecía suficiente, así que confundido me preguntó: “Wow, ¿y qué haces aquí, si te veo caminando bien y agarrando todo bien?”. “Punto delicado, mi don”, pensé, pero me limité a responderle que el medicamento funcionaba, y que, si me veía así era porque sobre todas las cosas le podía asegurar que aunque estuviera muy mal, iba a hacer lo imposible para que él no se diera cuenta. No es un asunto de esconder la enfermedad, es más bien la reafirmación de que no puedo permitirme que sea ella quien me defina. Me puse los audífonos reconociendo que había perdido la batalla, la conversación seguiría porque él no se había dado por vencido y porque, al parecer, uno tiene que ir caminando por la vida demostrándole a la gente cuán grave está para que le crean y para que los diagnósticos caseros sean un chin más benévolo.

El don siguió hablando, y yo, que después de tres palabras termino viéndole la bondad a todo lo que hace la gente aunque rabie, ya le había cogido cariño y cambié la estrategia. Le conté que después del diagnóstico había corrido un 5k, que había dado clases en cada extremo de la Isla por un semestre entero, que había tenido más de dos trabajos mientras terminaba la tesis y la defendía, sin que el mundo entero se tuviera que enterar de esas batallas con los dolores, de esas peleas conmigo misma al olvidar palabras, términos e hilos de pensamiento al escribir o al hablar y del cansancio producto del miedo de pensar que todo lo que sientes es consecuencia de la enfermedad. Y, claro, también le conté de las alegrías. De esas alegrías de saber que una va acumulando lo que considera logros, a pesar de las rabias características de la personalidad. Le hablé de esa urgencia de moverme por todos lados por si acaso algún día no podía. Y de la euforia que produce saber que, a pesar de todo eso, según los últimos MRIs, contra todo pronóstico, mi cuerpo había respondido tan bien al tratamiento que hasta una de las marcas que evidencian la enfermedad había desaparecido. Así estuve charlando, hasta casi terminar nuestras seis horas juntitos.

Al final, mi compañero de suero quedó complacido. Claro está, todavía cree que se me deben notar un chin más los pesares, que eso ayuda a la causa. Sin embargo, yo también le di una buena dosis de lata y sospecho que funcionó porque, ya entrada la tarde, en vez de irse al baño en la silla de ruedas, como había hecho desde que llegó, se paró y agarradito de su propio suero caminó sus quince sólidos pasitos hasta allí. Y yo, sentadita en mi esquina, pensaba: ¡Eso, mi don, así se hace!

 

Encontrado en las Redes-El “incidente” en Wounded Knee

 

 

Lluis Guix Moreno

Hace 50 años del inicio del denominado «Incidente en Wounded Knee». El 27 de febrero de 1973, unos doscientos indígenas y seguidores del Movimiento Indio Americano (AIM) ocuparon la población de Wounded Knee, lugar lleno de simbolismo en la memoria india, donde el 7º de caballería en 1890 había perpetrado una masacre. Ese 27 de febrero de 1973 la ocupación armada del pueblo venía a denunciar la corrupción consentida en la reserva y la contínua demora en el desarrollo de los tratados.

«Las «fuerzas del orden» -US Marshals y FBI- rodearon el lugar ese mismo día, ya que estaban en situación de alerta desde días atrás ante la posibilidad de que ocurriera algo. Se estableció un cordón alrededor del sitio durante diez días, pasados los cuales se levantó para facilitar el movimiento de la gente; sin embargo, ello permitió que se unieran más efectivos a los indios, pues para entonces todo el país estaba pendiente del asunto.

Aprovechando esa atención masiva, sus portavoces declararon que Wounded Knee pasaba a ser territorio oglala independiente, exigiendo negociar directamente con el secretario de Estado (el equivalente al ministro de Exteriores en EEUU). Paralelamente, una delegación viajó hasta Nueva York para solicitar el reconocimiento de la ONU, que lo denegó.

De esta forma, el cerco al pueblo se cerró de nuevo, incorporando vehículos blindados, apoyo aéreo y refuerzos de la Guardia Nacional. Como cabía esperar, hubo tiroteos entre ambos bandos que produjeron las primeras víctimas: un marshall quedó paralítico por un disparo, a lo que contestaron dos fracotiradores policiales matando a sendos activistas, un cherokee y un oglala.

Las balas perdidas también alcanzaron a otros indígenas y a un periodista, a la par que un activista por los derechos civiles desapareció en medio del lío sin dejar rastro (se apunta a que asesinado al ser considerado un infiltrado del FBI); y es que en las inmediaciones se fue asentando una multitud para apoyar las reivindicaciones indias y ayudar en su abastecimiento, porque la línea de actuación gubernamental fluctuó entre el intento de negociación -un esfuerzo que desempeñó, sobre todo, el fiscal Harlington Wood Jr- y la demostración de fuerza, plasmada en el corte de suministros a Wounded Knee (electricidad, agua, víveres y medicinas).

Como también se prohibió el acceso a la prensa, nadie tenía muy claro qué pasaba en el lugar, sólo que la situación se deterioraba por momentos con un recrudecimiento de la violencia que se plasmó en las bajas reseñadas.

El 26 de abril se registró un tercer fallecido, indio también, que decidió a los ancianos indígenas a poner fin al conflicto; los insurrectos se las arreglaron para escabullirse y así, después de setenta y un días de cerco, las fuerzas gubernamentales entraron en Wounded Knee haciéndose con su control» .

El cerco duró 71 días, y si bien ante el resto del mundo fue un gran éxito mediático, no se hizo esperar la represión. En los tres años posteriores al menos 60 activistas indios murieron en circunstancias desconocidas. Todavía hoy Leonard Peltier, acusado de estar implicado en un tiroteo, resta en cadena perpetua.

Mirada al País-La Junta de Supervisión Fiscal y el cooperativismo

MIRADA COOPERATIVISTA

 

 Especial para CLARIDAD

En días recientes el Sr.  Robert Mujica, director ejecutivo de la Junta de Supervisión Fiscal envió una comunicación al Gobernador Pedro Pierluisi Urrutia y a los presidentes de los cuerpos legislativos, José Luis Dalmau Santiago y Rafael Hernández Montañez expresando objeciones al proyecto del Senado 644. Esa medida es favorecida por el liderato cooperativista y es la respuesta del sistema cooperativo ante el desafío que representan los requerimientos impuestos por la JSF en sus planes fiscales. Ante esto el liderato cooperativista recaba establecer un diálogo con dicho funcionario para dejarle claro que sus posturas atentan contra la estabilidad y crecimiento del sistema cooperativo que tanto favorece al bienestar del pueblo puertorriqueño.

En escritos anteriores hemos explicado que la Junta de Supervisión Fiscal creada por la Ley para la Supervisión, Administración y Estabilidad de Puerto Rico “PROMESA” impactó a la Corporación Pública para la Supervisión y Seguro de Cooperativas de Puerto Rico.  COSSEC es una corporación pública que se nutre estrictamente de fondos que provienen del sistema financiero cooperativo (pago de primas) y tiene la función de asegurar las acciones y depósitos y a su vez regular a las cooperativas. Esa inclusión se justificó en diversos planes fiscales bajo el alegato de que era necesario por el riesgo que representa la inversión cuantiosa en bonos del gobierno del sistema cooperativo. Inversión que fue promovida por el propio gobierno. Los planes fiscales que se trabajaron a partir del 2017 y el vigente contienen requerimientos que tienen un efecto directo en el sistema cooperativo.

En su carta el Sr. Mujica expresa que, a base de una determinación judicial reciente, el gobierno de Puerto Rico no tuvo responsabilidad en las decisiones de inversión del sistema en los bonos del gobierno y por consiguiente no le corresponde pagar. Añade que el PS 644 no recoge las propuestas del Plan Fiscal y que van a ser adoptadas en el término dispuesto en el PF COSSEC 2022.  Se refiere al cambio en la gobernanza de la Junta de Directores de COSSEC, de la cual excluyen a los cooperativistas y la adopción de las reglas de contabilidad GAAP en o antes del 2025.  Recordamos que las cooperativas impulsaron antes de la Ley Promesa, hacia diciembre del 2015, las cooperativas impulsaron la legislación que le autoriza un trato contable especial que le permite amortizar las pérdidas del impago de los bonos, durante un periodo de 15 años. A pesar de que las cooperativas han administrado con mucha eficacia este beneficio, la JSF insiste en implantar el GAAP y la nueva gobernanza para el 2025.  Estos aspectos están atendidos en el PS 644 y hay espacio para el diálogo y para explicar su alcance.

 Hacemos hincapié en que el PS 644 es el proyecto que recoge las aspiraciones del sistema cooperativo aprobadas en reuniones, asambleas y congresos de amplia participación democrática donde se han propuesto medidas específicas para resolver desafíos del sistema financiero cooperativo. Entre los requerimientos constantes de la JSF está la exigencia de un 6% de capitalización a base de sus activos. El PS 644 establece fortalecer el fondo del seguro de COSSEC mediante la capitalización con fondos provenientes del gobierno, asunto viable en el ámbito legal pues así lo dispone la Ley 114 que rige a COSSEC.

El cooperativismo continúa sirviendo a nuestro país con la astucia y profesionalismo de su liderato voluntario y ejecutivo. También por la fortaleza de su ideario cooperativista y por la lealtad del pueblo en él. En su trayectoria de servicio el sistema financiero cooperativo nunca había recabado ayuda o aportación del gobierno hasta ahora. Por eso es necesario el diálogo con el Sr. Mujica y con los demás componentes de ese cuerpo porque es responsabilidad del gobierno central y de la propia JSF el desarrollo socioeconómico y futuro del país. De igual manera es reconocida la importancia y las aportaciones del sistema cooperativo en los planes fiscales. Mas importante es que la JSF dispuso en los planes de 2020, 2021 y 2022 el reconocimiento al uso de fondos gubernamentales en las reformas de los sistemas financieros de España y Estados Unidos, que es la propuesta del PS 644. Por si fuera poco, el gobierno plantea que salió de la quiebra y pagó más de 10 MM a los bonitas en marzo del pasado año. Se dice que, además, hay disponibilidad de recursos líquidos que se ven ampliados por el aumento en la asignación de Medicaid que se aprobó para Puerto Rico.  Si en mayo de 2021 se dispusieron $750 MM de fondos a LUMA como aporte de capital; si se asignaron $475 millones del superávit del presupuesto para bonificaciones a empleados públicos tiene que haber disposición al diálogo para atender al liderato cooperativista.

Deben recordar que es un sistema que sirve a más de un millón de ciudadanos con un impacto positivo en el ámbito económico y social.  El que tenga duda de esto está invitado a pasar por cualquier cooperativa o sucursal para que las vea llenas socios y socias que confían, valoran y respaldan el cooperativismo puertorriqueño.

¡Señores Mujica, Pierluisi, Dalmau y Hernández, confíen ustedes en un futuro promisorio, confíen en las cooperativas!  Allanemos el camino para continuar una trayectoria exitosa de servicio e impacto socioeconómico.

 

Comentarios a: mildredkairo@gmail.com

 

 

Un nuevo sistema de salud hace falta

 

CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

 

Del 2012 al 2021 las aseguradoras de salud en Puerto Rico reclamaron la cantidad de $14.6 billones en gastos administrativos generales. Bajo un modelo nacional o universal de salud ese dinero muy bien  pudo haberse utilizado para aumentar las tarifas a los proveedores, ayudar a reducir sus deudas estudiantiles, aumentar la cobertura y los servicios de los asegurados y disminuir los copagos.

El dato está contenido en un estudio conducido por el doctor en economía Heriberto Marín Centeno, profesor de la Escuela Graduada de  Salud Pública (ESP) del Recinto de Ciencias Médicas (RCM) de la UPR. El estudio, que explora la viabilidad económica  de establecer en Puerto Rico un seguro nacional de salud, o lo que se conoce como un seguro universal de salud, se hizo como base para respaldar el proyecto de la Cámara de Representantes  PC 113, presentado en enero de 2021 por el representante del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) Dennis Márquez Lebrón.

La necesidad de un nuevo modelo de sistema de salud es un planteamiento que se viene haciendo hace décadas por  diferentes sectores de la sociedad.  Una cobertura universal de los servicios de salud, significaría  que todo el mundo tenga acceso a servicios de salud  sin tenerse que endeudar o salir a pedir para poder recibir servicios de salud. Eso es una meta de la Organización Mundial de la Salud para la próxima década.

En Puerto Rico —describió el doctor Marín Centeno— el problema es que tenemos un sistema de salud que está fragmentado en planes médicos que agrupan a diferentes grupos de la población.  Un ejemplo es el Plan  Vital (PV), que  agrupa a  las personas de bajos ingresos y se sufraga con fondos de Medicaid  y del Gobierno de Puerto Rico. Están los planes relacionados con Medicare, los planes privados  que paga el patrono o los que pagan por su cuenta las personas.

Fuera de estos grupos está el grupo de la población que no tiene plan de salud. Según los datos de la encuesta del Departamento de Salud,  para el 2011  alrededor de 9.5 % de la población no tenía seguro médico. Este número ha ido bajando y subiendo y para el 2021 era de un 4.5 %. La baja en términos  porcentuales responde al envejecimiento de la población, la emigración de los jóvenes y al aumento temporero de fondos federales para el Plan Vital.  La población sin seguro medico está en el limbo porque es gente que en términos de ingresos están por encima del límite permitido para cualificar según Medicare o el PV, pero a la misma vez no ganan lo suficiente para comprar un plan médico o su patrono no les provee un seguro de salud. Esta población se encuentra principalmente entre los  25 a 35 años de edad.

Este modelo fragmentado, indicó, es bien  parecido al que tiene Estados Unidos, el cual está clasificado entre  los 11 países más ricos del mundo con sistemas capitalistas o socialdemócratas que más gasta en salud, pero que es el de peor desempeño en términos de las dimensiones de acceso a los servicios, cubierta a toda la población y eficiencia administrativa.

Hay 11 países que le dan mucho énfasis al sistema de educación y salud, ofreciendo cobertura universal de salud.  Algunos de ellos son: Noruega, Suiza, Canadá, Alemania, Francia, los Países Bajos, Australia, Nueva Zelanda y Reino Unido. Puerto Rico, con la llamada reforma de salud del entonces gobernador Pedro Rosselló González,  pasó de un país que tenía, con sus pros y contras, un sistema de salud que era público, donde el Gobierno era el dueño del servicio, era el que pagaba por todo y le permitía acceso a toda la población. Con la Reforma de Salud, el sistema se privatizó, implantó la tarjeta y empezó a parecerse más EE. UU., con el resultado de que ahora tenemos un grupo de personas que no tiene acceso a servicios médicos.

El doctor Marín Centeno indicó que  crear  un seguro nacional de salud  sería una  de las piezas importantes, no la única, para transformar el sistema de salud que necesita Puerto Rico. Su estudio en colaboración con otros colegas del RCM presenta la viabilidad que tiene el país de establecer un seguro universal de salud. El dinero para sufragar un seguro universal se encuentra precisamente en los gastos administrativos que reclaman las aseguradoras, plantea.  Entre el 2012 al 2021, las aseguradoras de salud en Puerto Rico reclamaron la cantidad de $14.6 billones ($14billones 162 mil millones) en gastos administrativos. El economista observó que los contables tienen muchos márgenes para esconder las ganancias y los gastos jugosos que tienen los ejecutivos.  Ese dinero se pudo haber utilizado para aumentar las tarifas a los proveedores de salud, incentivar que estos se queden en el país, ayudarles a reducir las deudas estudiantiles, incrementar el número de asegurados y ampliar la cobertura de los servicios médicos.

Para ilustrar la magnitud del problema que representan las ganancias de las aseguradoras, expuso que en Puerto Rico hay cerca de 21 Centros 330, los cuales son financiados mayormente con fondos federales. Del 2017 al 2012, estos centros reportaron un gasto promedio de $16 millones y atendieron un promedio anual de 18,743 pacientes por cada centro. A base de los números de las aseguradoras, se pudieron haber creado 74 Centros 330 adicionales que hubieran podido servir a 1millón 300 mil personas más y a la vez fortalecer la parte de prevención. “Es obsceno  ver la cantidad de dinero que las aseguradoras reportaron. Le estamos quitando al sistema de salud. El problema es que lo que están gastando en gastos administrativo es obsceno”.

Añadió que es obvio que las aseguradoras son un negocio y lo  que quieren en última instancia es aparecer como una entidad rentable en los mercados de acciones. Precisó que cuando se mira la medida de cuánto están pagando por los servicios médicos de la prima médica vis a vis de cuán rica es la compañía, es evidente que para hacerse ricas tienen que reducir la parte que destinan a pagar los servicios médicos.

El estudio indica que del 2012 al 2021 los activos de las aseguradoras de salud e incapacidad aumentaron en 90.6 %, los pasivos en 70.8 % y el patrimonio neto aumentó en 126.5 %;  es decir, en $853 millones.

La manera en cómo las aseguradoras logran reducir los pagos por los servicios médicos van desde  bajos pagos a los proveedores (no les pagan las tarifas que merecen), cuestionan la facturación del proveedor mediantes múltiples mecanismos y, después que deciden que van a pagar, terminan pagándoles tarde; además, aplican mecanismos para desincentivar que la gente utilice los servicios, como tardanza en las autorizaciones, cuestionamientos de si ese es el servicio que necesitan y copagos altos. Todos son mecanismos para  poder reducir la parte de la prima que destinan a pagar por el servicio médico.

“No es que le están diciendo a la gente que no puede usar el servicio, sino que buscan todas las maneras de qué hacer a los proveedores y a los pacientes para ellas quedarse con ese por ciento que contribuye a aumentar el valor de sus riquezas. Esa es una industria que funciona de esa manera,  que choca con lo que son los servicios de salud”.

Su punto de vista como economista-salubrista  es que por cada $100 dólares que se dan en la prima, por lo menos $95 se deben destinar  a pagar por los servicios de salud que la gente necesita y que los otros cinco se destinen para lo administrativo. Reconoció que el problema es que  para lograr esa distribución  en el sistema actual es bien difícil, por lo que “necesitamos establecer un escenario diferente en que tú tengas una corporación;  crear una nueva entidad o corporación que sea pública, una cooperativa sin fines de lucro, para que ese seguro tenga una cubierta básica para todo el mundo”. Los servicios que no cubra la cubierta básica podrían ser comprados mediante un seguro privado por la persona que quiera, pueda o a la que su patrono le provea, y las aseguradoras serían un mercado secundario.

Aun cuando se le retiren a las aseguradoras $300 millones de los gastos administrativos, todavía seguirían teniendo $1 billón en ganancias Actualmente, podríamos darle un seguro médico básico razonable a las 179,000 personas que el 2021no tenían seguro médico con alrededor de $352 millones que se podrían sacar del bolsillo de las aseguradoras. Aun así, las aseguradoras se quedarían con más de $1.2 billones para gastos administrativos y ganancias. Añadió que con un  seguro nacional se logra una mayor eficiencia en el uso de los fondos. Al ser mancomunados, el gasto administrativo debería ser un máximo de 5 %,  unos  $619 millones. Por ser fondos  mancomunados, el riesgo financiero es disperso, con lo que se logra que la estabilidad financiera del fondo sea mejor.

Apuntó al hecho de que tanto en Puerto Rico como en EE. UU. el mercado de salud no funcionaría si no fuera por los fondos de Medicaid y Medicare. Una de las  cosas que reduciría un programa nacional sería los costos de elegibilidad.  La idea, planteó,  es que en el momento que la persona nazca, se le asigne el número de plan médico, el cual  va a tener toda la vida y no va a cambiar respecto a sus circunstancias. Por lo tanto, los usos administrativos para cualificar a las personas se eliminarían.

El doctor Marín Centeno reconoce que para adoptar un modelo universal se requiere voluntad política para negociar con el Gobierno de EE. UU. la manera en que se usan los fondos federales.  Además, por ser un cambio radical, la financiación de los servicios debe ser por etapas. Una de las primeras cosas que hay que hacer es definir cuál va a ser la cubierta básica y lo copagos. Para ello habría que hacer unos estudios actuariales financieros con un equipo de expertos clínicos para saber cuáles son los servicios esenciales. Eso implica un trabajo que probablemente  tome el primer año antes de establecer el seguro. Luego hay que determinar cómo es que se va a obtener el dinero, cómo se van a allegar los fondos.

Algo preocupante que está ocurriendo con el actual modelo es que, además de fragmentar a la población en términos de cuál plan médico tiene, ahora también muchas aseguradoras en su afán de controlar y maximizar sus ganancias han comenzado a montar sus propios centros de salud primaria , que para colmo solo sirven a sus asegurados. Eso provoca que el sistema sea uno más desigual y convierte a los proveedores en empleados, perdiendo su autonomía.

Por último, el doctor Marín Centeno aclaró que al implantar un seguro nacional de salud no se está socializando la prestación de servicios de la salud, ya que la misma podría continuar siendo privada (con y sin fines de lucro) o pública.

Lo que hace el seguro nacional o universal es socializar el riesgo de pérdida financiera relacionado con la utilización de servicios de salud, para que así nadie tenga que vender su casa ni irse a la quiebra por tener que pagar por los servicios de salud que necesita.

 

 

Partidos “principales”, partidos decadentes

 

 

CLARIDAD

Cuando un partido político, de esos a los que la prensa oficial sigue llamando “principal”, proclama como un gran logro haber reunido dos mil personas en una asamblea nacional, se confirma la hipótesis de que la realidad política puertorriqueña cambió, tal vez para siempre. El partido en cuestión es el Popular Democrático (PPD) que, ayudado por mucha promoción periodística, celebró el pasado 26 de febrero el cónclave donde debía elegir una nueva directiva. La cifra de dos mil asistentes la dio fuera del récord uno de los organizadores porque de manera oficial no se informó el dato de asistencia. Los números que trascendieron le asignaban 1,164 votos al candidato más votado para integrar el grupo de dirección, por lo que es probable que hasta la cifra extraoficial esté exagerada.

Obviamente el PPD tiene más gente que lo que proyectan esos números escuálidos. Ahora mismo sigue controlando las alcaldías en la mayoría de los 78 municipios del país y la dirección de ambas cámaras legislativas, pero no hay duda que desde las pasadas elecciones ha estado en franco declive. Su actual liderato esperaba con desesperación que la asamblea de febrero representara un cambio en la tendencia, pero solo sirvió para confirmar la caída.

En las últimas elecciones, las de 2020, ninguno de los dos partidos que dominaron el escenario político puertorriqueño durante los últimos cincuenta años logró una tercera parte de los votos. De haber estado rozando o pasando del cincuenta por ciento de apoyo electoral durante décadas, en esa elección apenas superaron el treinta. No obstante, dada la particularidad del sistema político nuestro en el que no hay segunda vuelta, esos dos partidos minoritarios se repartieron todo el poder político que el colonizador le deja a los boricuas.  El PNP volvió a dominar el Ejecutivo, controlando otra vez el presupuesto y la ejecución de la política pública, y el PPD ganó el control de las dos cámaras legislativas. Las 78 alcaldías también siguieron en manos de los dos partidos. Como vemos, a pesar del obvio rechazo en las urnas y del hartazgo de una porción significativa del pueblo con las prácticas corruptas del PNPPD, todo siguió igual en la colonia.

Tras el varapalo electoral de noviembre de 2020, que los llevó a perder más de una tercera parte de su electorado, ni el PNP ni el PPD parece haber hecho el más mínimo esfuerzo para tratar de reformar sus prácticas de gobierno, más bien lo contrario. Desde que comenzó el nuevo cuatrienio en enero de 2021 solo se ha visto el mismo comportamiento de siempre. La corrupción sigue campeando como lo atestigua la docena de alcaldes arrestados, divididos equitativamente entre los dos partidos, y las múltiples denuncias sobre la manipulación de contratos y la utilización del aparato gubernamental para beneficiar a los empresarios que financiaron sus campañas. En la Legislatura, el nuevo control por parte del PPD no la ha hecho diferente a cuando la regentearon Thomas Rivera Schatz y Johnny Méndez a nombre del PNP.

El liderato Popular que organizó la reciente asamblea, y que con tanto afán buscaba demostrar pujanza, es el mismo que, de forma reiterada, insiste en ubicar su partido a la derecha de espectro político, a veces hasta más a la derecha que el PNP. La política de boca callada ante la avalancha de casos de corrupción municipal es uno de esos ejemplos. Cuando algunos de sus alcaldes, como los de Trujillo Alto y Guayama, andaban “desaparecidos”, en medio de intensos rumores de un inminente arresto por corrupción, el liderato nacional se negó a solicitar su renuncia. Sólo tras el arresto hubo algún comentario y bastante tímido. En el caso de Mayagüez, donde el alcalde está destituido, sujeto a investigación, y varios de sus allegados ya han sido condenados, todavía estamos a la espera de alguna acción por parte del PPD. Los amigos del alcalde siguen regenteando la alcaldía sin que el liderato nacional del partido actúe.

No solo en la respuesta ante la corrupción, el PNP y el PPD se hermanan. También compiten en el coqueteo con el fundamentalismo religioso y las posturas discriminatorias ante los derechos de la mujer y la comunidad LBGT. En el primer caso destaca la postura del presidente del Senado y del PPD, José Luis Dalmau, que comparó el aborto con el asesinato y luego se alió al Partido Dignidad y al PNP para promover legislación restrictiva. Otro caso más reciente es el del municipio de Ponce donde la esposa del alcalde, activista fundamentaista, interviene abiertamente en la actividad de la alcaldía promoviendo el discrimen y hasta lo proclama públicamente. Esa práctica ya provocó el rechazo de múltiples sectores y hasta editoriales en algunos medios de prensa, pero el liderato nacional del partido se calla y de esa manera lo condona.

Ante ese cuadro, nadie debe sorprenderse que el PPD, tras ver reducido su apoyo al 30% de electorado en noviembre de 2020, haya seguido cuesta abajo. Sectores de la prensa, como ocurrió con la reciente encuesta de El Nuevo Día, siguen llamándolo “partido principal”, pero hace tiempo que, igual que el PNP, dejó de serlo.  En ambos casos se trata de movimientos políticos decadentes que las nuevas generaciones irán desechando.