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Con-textos Ambigüedades de rojo carmesí

í

“El pintalabios irradiaba desde su boca
como una advertencia de tránsito. 
Pero ninguna advertencia suponía un obstáculo a la determinación
que marcaban los tacones en su caminar resuelto.

Por eso, Dolores iba con boleto de ida
y tres amuletos:  una pistola de truenos para hacerse oír,
la bandera de su patria que la rescataría del olvido,
y un escapulario para salvarse del infierno.”

Cesar Maraver
http://disparatexpress.blogspot.com
8/agosto/2010

Desde antes de que nos “descubrieran” los españoles, nuestra Isla y sus habitantes han (hemos) estado vestidos de ambigüedad.  Siempre hubo guasábara y mezcla:  arahuacos, taínos, caribes y sus ancestros llegaron del Sur en árboles ahuecados a piedra y fuego y se armaron y mataron entre sí como mejor pudieron.  Incluso se comieron unos a otros para ingerir la dignidad y fortaleza del adversario.  También esclavizaron a los vencidos y ‘expropiaron’  sus mujeres.   Y sobrevivieron.  El hipotálamo –mezcla de amor y guerra-  les salvó.  Puede ser que gracias a la plácida lucidez caribeña del taíno que aquí encontraron los conquistadores de 1492, creyendo que habían arribado al Oriente, hasta ese justo momento supieran  –los tainos-  qué y quiénes eran, y también, para qué.  Irónicamente, los únicos que no sabían dónde estaban eran los españoles.  Tal vez lo mismo ocurrió en 1898.  Tal vez eso haya ocurrido en un par de ocasiones más en nuestra confusa  historia, llena de auto-ficciones imprecisas y contradictorias, como el agua del rio de Heráclito, que nunca será la misma.

Quienes han tenido la paciencia para leer mis anteriores escritos aquí, saben que resisto la autocomplacencia generalizada de nuestro independentismo diverso y acrítico hacia su propio corpus de pensamiento y acción en el tiempo.  Puede ser que eso me haya granjeado un par de haters de pantalla y pixeles.   Pero hasta ellos hoy se sorprenderán, porque si alguna hipótesis exploro en esta reflexión sobre la historia ambigua de nuestros varios posibles amaneceres identitarios es la posibilidad de que  -contrario a lo que pensaba-  tal vez hoy estemos asistiendo al comienzo de otro momento colectivo lúcido, en el que entenderemos poco a poco para qué somos, quienes somos y empezamos a darnos cuenta de que esos contornos difusos, borrosos y hasta transcontinentales que siempre hemos sabido existen  -sin haberlos aún definido- forman parte del tuétano colectivo nuestro que es preciso salvar para nosotros mismos y que, si no comenzamos a consensuarlo ahora, estará en peligro de difuminarse en el tiempo, poco a poco, como una nube vanidosa en el mar inmenso de la historia.  Esa “conciencia para sí” que tendremos que construir juntos a riesgo de disolvernos, de generación en generación, dentro de otra también minoría étnica de la que formamos parte al otro lado del Atlántico  -pero que no es’ nosotros’-  viene ‘prestada’ del sabio alemán por analogía:  ‘conciencia de clase en sí’ y ‘conciencia de clase para sí’.

¿Por qué pienso esto ahora?, se preguntarán.  Les confieso que es un asunto más de hipotálamo y genes; alguien me corregiría “del corazón”, y no tanto de la reflexión de cortezas frontales.  Digamos que no es el obvio análisis jurídico que me hace reírme de la ‘nueva’ organización “Resistencia Autonomista”.  Éstos  -aunque nos toca atraerlos al ruedo del consenso-  aún viven en lalalandia.

Como lo expresa el artista Residente en su nueva entrega artística de múltiples plataformas, en los lugares en que las etnias están en guerra, igual que los antiguos Caribes y los tainos, allí la guerra y las definiciones identitarias son sangrientas y crueles, de violaciones físicas de niños, hombres y mujeres, masacres impensables llenas de sangre y odio cuyos resultados están lejos de cuajar algo permanente.  En cambio, en Puerto Rico nuestra convivencia  -violentísima a nivel individual por razones ídem– a nivel colectivo es heterogénea de maneras insospechadas.  Team Rubio nos unió, igual que los boxeadores, los artistas y las reinas de belleza en sentido de pertenencia a una identidad más deseada o intuida que conseguida o cristalizada, pero unánime.  En otros lugares no pueden sentarse en la misma mesa, ni siquiera verse sin intentar cobrar el odio adeudado a generaciones de ancestros.  Nosotros compartimos las medallas  -las reales y las cervezas-  entre camaradería y bromas, y nos abrazamos sabiendo que  olemos igual y que el sudor del trabajo nos une, aunque no nos demos cuenta.  Pero como otros, no nos entramos a tiros.  Para ello, haría falta un profundo agravio personal, individual.  Piénsenlo.  Por ideologías no pasamos de bromas e insultos,  y en los más graves casos, un par de ‘gaznatás’ con perdones pre garantizados.

Nunca nadie ha escuchado a un francés ni a un argentino gritar, corear o cantar “Yo soy (francés, argentino), pa’ que tú lo sepas”.  Ellos tienen conciencia nacional ‘para sí’.  Nosotros todavía no.  Pero tal vez estamos comenzando a tenerla.

Por eso, cuando la Dolores del epígrafe (es obviamente Lolita Lebrón) apareció en blanco y negro en las portadas de los periódicos del mundo el mismo día 1ro de marzo de 1954, cuando los cerezos florecen en Washington DC, marcó un punto medular de nuestra historia ambigua, cargándola hacia la sobrevivencia.  Irónicamente, ese mismo día, la humacaeña Rita Moreno aparecía a todo color en la portada de la revista Life.  Irónicamente, en esas mismas fechas, los cerezos florecen en Japón, donde nueve años antes, mientras desayunaba ham and eggs, Truman había despachado el Enola Gay  para aniquilar las poblaciones civiles de Hiroshima y Nagasaki.  Irónicamente, en ese mismo día 1ro de marzo de 1954, cuando Lolita y Rafael Cancel gritaban con balas “¡yo soy boricua!”, los Estados Unidos tiraron en la isla de Bikini una bomba “experimental” de hidrogeno de quince megatones que bautizaron con el también irónico nombre de “Bravo”.  Cayeron cenizas del cielo por varios días y aún los habitantes y descendientes de Rougelap hablan del día del “doble amanecer”.  Irónicamente, durante su juventud, Lolita Lebrón había sido Reina de las Flores en su Lares natal, donde en 1868 hubo un intento de amanecer verdadero.

No sabemos aún cuántos de estos amaneceres han ocurrido en Puerto Rico, verdaderos o imaginados.  Quisiera pensar que estamos presenciando el comienzo de uno real, en el que nos desnudemos del vestido de la ambigüedad identitario que el 1ro de marzo de 1954 marcaron para siempre las mujeres puertorriqueñas de ademan altivo y seguro de sí mismo.  Una con su pistola y escapulario, y otra con sandunga boricua y trasatlántica, predecesora de otras diásporas.  Ambas con los labios pintados de rojo, como advertencia.

 

Nota:  La idea para este Con-texto surgió de la lectura del texto citado en el epígrafe, de mi querido hermano Cesar Maraver, venezolano-puertorriqueño-caribeño, que como todos carga sin querer queriendo sus propias ambigüedades. 

Reproducimos este Con-texto conmemorando el glorioso 1ro. de marzo 1954.
Comentarios a:rei_perez_ramirez@yahoo.com

¿Quién pagará los platos rotos de Milei?

 

Javier Milei acaba de insultar groseramente, una vez más, al presidente colombiano Gustavo Petro. Desencajado, el presidente argentino persiste en sus ataques a propios y ajenos. Días atrás calificó a los miembros del Congreso de la Argentina como un “nido de ratas” (elegidas por la ciudadanía, conste); o a uno de sus ex compinches, Ricardo López Murphy como “traidor y basura”; y a su actual Ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, a quien en la campaña electoral la fulminó por ser una “montonera asesina”.

Los insultos al Papa Francisco fueron de una bajeza poquísimas veces vista en la historia, y así podríamos seguir elaborando una interminable compilación de las excrecencias verbales de un personaje alucinado, que habita una realidad paralela, que habla con su perro muerto (en cuyos consejos se inspira) y que no tiene la más pálida idea de la responsabilidad institucional que le cabe como presidente de la Argentina y que debería inhibirle de decir la primera barbaridad que se le pasa por la cabeza, teniendo en cuenta que sus palabras y sus gestos destemplados e irrespetuosos comprometen las relaciones internacionales de nuestro país.

Ahora en el marco de la conferencia de Acción Política Conservadora celebrada en Maryland -un show propio de Las Vegas montado para apuntalar las ambiciones electorales de Trump– acaba de decir que el presidente Petro “está hundiendo a los colombianos, y que es una plaga letal” para los habitantes de ese gran país. Antes había declarado que aquél era un “asesino colombiano que está hundiendo a Colombia.” Petro, un personaje íntegro y de una ejemplar coherencia, no tiene necesidad que nadie lo defienda de los vómitos verbales del impresentable presidente argentino. Sobre todo cuando se tiene en cuenta que éste sí está hundiendo a este atribulado país en una crisis integral, la cual día a día alimenta una “tormenta perfecta” que probablemente -insisto en lo probabilístico del pronóstico- termine por arrojar al energúmeno de la Casa Rosada a los basurales de la historia. No está demás afirmar que si hubiera un debate entre ambos presidentes sobre cuestiones económicas, sociales o internacionales Milei no resistiría más allá del segundo round, si se me permite la metáfora boxística, al ataque de Petro. Sería una fenomenal paliza la que sufriría el argentino.

La absoluta irresponsabilidad de Milei en los asuntos internacionales lo impulsa a proferir insultos a diestra y siniestra contra los presidentes de Colombia, Brasil, Cuba y Venezuela, para quedarnos sólo en la región; o la que también se manifiesta en el rechazo al ingreso al BRICS, el grupo más dinámico y promisorio de la economía mundial, lo que revela la supina ignorancia del personaje y de su Canciller en estas materias. A éstas habría que añadir el veto a la construcción del Canal Magdalena que otorgaría un acceso soberano de los ríos argentinos al Atlántico, sin pasar por Montevideo, hasta la política de indigna capitulación en el tema Malvinas, que tantas vidas costó a la juventud argentina.

Exabruptos verbales que se traducen en gravísimos yerros políticos que este país deberá pagar por largos años, producto de las sombrías fantasías de Milei en torno a ese inexistente capitalismo sin estado que proponen los burdos hechiceros de la Escuela Austríaca y al hecho, crucial desde mi modesto punto de vista, que para el presidente ni la soberanía ni la nación son cuestiones de importancia. Sobre todo para quien, como él, cree que la nación no existe y que no pasa de ser una molesta enteleqeuia urdida por los colectivistas con el objeto de dar basamento al Estado, el verdugo de los mercados.

Reproducido de www.pagina12.com.ar

 

La ola de extrema derecha en América Latina

 

En los últimos años, los gobiernos de varios países de América Latina han sido tomados por una oleada de actores políticos de derecha y talante entre liberal y conservador.

Nayib Bukele en El Salvador, Daniel Noboa en Ecuador, Jair Bolsonaro en Brasil y Javier Milei en Argentina ganaron las elecciones presidenciales de sus respectivos países con base en programas clásicos neoliberales y conservadores.

Aunque en 2022 Bolsonaro no logró prolongar su mandato presidencial, alrededor de 50% del electorado brasileño favoreció su programa de extrema derecha dejando al victorioso social demócrata, Lula da Silva, con poder político en nivel precario. En el caso del Perú, el presidente de orientación de izquierda, Pedro Castillo, fue reemplazado por su ex vicepresidente Dina Boluarte, con la venia y alianza inmediata a la extrema derecha en el congreso.

En contra ruta de esta tendencia, el ascenso al gobierno de Gustavo Petro en Colombia, Nicolás Maduro en Venezuela, Andrés Manuel López Obrador en México, Luís Arce en Bolivia, Gabriel Boric en Chile y Xiomara Castro en Honduras se presumía sería la concreción de una segunda marea rosada a dos décadas de la primera eclosión del progresismo latinoamericano. Sin embargo, estos proyectos de transformación social impulsados por actores identificados con la izquierda latinoamericana exponen una profunda crisis, de consistencia entre horizonte y medios.

En esta situación, parecería que la lucha por una sociedad en la cual el ser humano viva en armonía con otros seres humanos y donde las relaciones no estén cosificadas y mercantilizadas, se habría convertido en combate del pasado y que lo conveniente sería la gestión racional del estado. Así, la lucha por una formación socioeconómica en la cual se busque el desarrollo pleno de todos los seres, de todas sus habilidades, capacidades y deseos, de su naturaleza social, parece no encajar ya en la dinámica del siglo XXI.

La sociedad libertaria que Javier Milei postula construir en la Argentina está basada en la idea del filósofo escocés Adam Smith de que los seres humanos son racionales, calculadores y actúan exclusivamente por los intereses económicos personales. En tal sentido, la conducta del ser humano está dirigida por el egoísmo, el deseo de ser libre, el sentido de propiedad, y la tendencia de trocar, permutar y cambiar una cosa por otra. La lógica de este pensamiento propone que cuando cada uno persigue su propio interés, se genera bienestar para toda la sociedad. Uno no debe hacer el bien porque lo bueno surge como un producto del autointerés. Por tal razón, el estado no debe intervenir en la economía: laissez faire, laissez passer.

En la concepción de los libertarios, siguiendo lo que decía la, ahora clásica, neoliberal y exprimera ministra de Inglaterra Margaret Thatcher, no existe tal cosa como la sociedad sino solo hay hombres y mujeres individuales, y hay familias. Ningún gobierno puede hacer nada excepto a través del individuo y el individuo se mira a sí mismo primero.

Los adeptos a la actual corriente neoliberal en su versión radical expresada por Javier Milei, no son 100% adherentes a la teoría económica liberal de Adam Smith y de Friedrich Hayek, como pretenden ser. Smith, por ejemplo, consideraba que el mercado era un mecanismo eficiente de regulación de los precios. Además, el gurú del capitalismo de mercado, pensaba que la competencia entre empresas hacía que los precios bajen. Smith creía también en la competencia perfecta y estaba en contra de los monopolios porque eran una conspiración contra la población para aumentar los precios.

Milei, por su parte, no quiere regular los mercados porque el fundamento de su pensamiento es la ley de selva donde solo los más fuertes vencen. Milei no atacará los monopolios porque la competencia también hace que las ganancias bajen. Milei es un claro representante del capital transnacional y monopolístico. En su agenda de acción inmediata, la mentada “ley ómnibus”, la privatización de lo que falta privatizar, la desregulación total de la economía y la eliminación de las restricciones de importaciones, por ejemplo, favorecen el gran empresario y no a las micro y pequeñas empresas argentinas.

Hayek no estaba en contra del papel activo del Estado en la economía porque pensaba que éste debe ayudar a crear condiciones favorables para el desarrollo de los mercados. No debiendo comprometer el espíritu de libre empresa, por ejemplo, dando subsidios y dar concesiones a monopolios. Por su parte, Javier Milei forma parte de la casta del gran empresariado.

Las teorías de Smith y Hayek son útiles para el verdadero “proyecto libertario”, que consiste en mejorar las condiciones existentes para la acumulación del capital porque el capitalismo no puede sustentarse si no se da la acumulación. El capital se acumula para crear nuevo plusvalor. En el caso de que no se genere éste, no se puede crear capital y el capitalismo entra en crisis. La acumulación de capital es el motor del desarrollo capitalista. Es la causa del progreso económico como también de la crisis económica.

Al respecto de esta lógica, mientras que en las décadas después de la Segunda Guerra Mundial hasta los años setenta se usó la política Keynesiana, expresada en América Latina en las políticas de industrialización y la sustitución de importaciones (ISI), del estructuralismo y el desarrollismo, en la década de los ochenta se inició la era neoliberal a nivel mundial. Es decir que, los ajustes y cambios de modelos económicos corresponden, en la primera y última instancia, a las necesidades del capital dominante.

El programa de Milei, como también las intenciones de Noboa (privatizaciones, leyes a favor del gran capital en relación a temas impositivos), son, en suma, una versión muy radical del neoliberalismo y solamente comparable con lo que Alberto Fujimori había hecho en el Perú, o Gonzalo Sánchez de Lozada en Bolivia en la década de los noventa del siglo pasado. La viabilidad de estos programas e intenciones, al igual que en los casos mencionados y otros países del continente, depende de su implementación en una situación de profunda crisis económica y social. Y eso no es coincidencia como explicó Naomi Klein en su libro La doctrina del shock. Para asegurar su implementación se necesita el apoyo de la fuerza bruta.

Para los fines de acumulación no es suficiente que se mejoren y amplíen las condiciones económicas, también se requiere de ciertas condiciones sociales. Por eso, estado y burguesías tratan de diezmar el movimiento popular y sindical como también se proponen eliminar los derechos laborales. He aquí, la raíz por la cual las ideas económicas libertarias se juntan con las ideas conservadoras. Es justamente esta combinación que hace que Bukele, Bolsonaro, Noboa, Milei y Boluarte sean agentes de extrema derecha. Se supone que el mercado solucione los conflictos económicos, como también que, las fuerzas y las leyes represivas solucionen los conflictos sociales. La extrema derecha, en tal sentido, requiere un estado fuerte para sofocar las protestas sociales, pero también un liderazgo fuerte que provoque la identificación de la población con el estado, su alienación de la realidad opresiva.

La vinculación del gurú neoliberal mundial Milton Friedman y sus pupilos, los Chicago Boys, con el estado chileno liderado por Pinochet en la década de los setenta del siglo pasado es una demostración del carácter sumamente antidemocrático y represivo del pensamiento neoliberal, hoy pensamiento libertario. La propuesta de Milei para solucionar problemas delincuenciales con plomo y su amenaza para cortar el apoyo estatal a todos aquellos que protesten contra su régimen, son la versión argentina del Chile pinochetista o el retorno del terror de estado en la misma Argentina de las décadas de 1970 y 1980.

La violencia delincuencial que azotó Ecuador en las primeras semanas de enero de 2023 no responde exclusivamente al resultado del modelo económico neoliberal que empobrece las poblaciones, sino también es producto de la ideologización liberal de las masas populares. Eso también explica, por una parte, la victoria de los candidatos presidenciales anti-populares. Estos candidatos funcionales al capital encuentran apoyo por parte de los empresarios como también de las masas informales, pobres y trabajadores formales, porque la ideología liberal del Homo Economicus, del hombre que busca tener más haciendo menos o con las menores fuerzas posibles, ya está en su conciencia. La realización humana a través del consumo y la ideología individualista forma parte integral de los pensamientos, sentimientos y los actos de las clases y estratificaciones sociales explotadas y oprimidas por el capital. Todo ello, junto al hecho de que el neoliberalismo destruye los tejidos sociales, contribuye al crecimiento de los grupos delincuenciales y a la ferocidad de sus actos.

El programa económico de los libertarios no es un camino a la libertad sino a la alienación y la opresión. Servir al capital, día tras día, hora tras hora, minuto tras minuto, para sobrevivir. Es más que servidumbre, es esclavitud. Su programa político y social es el camino al fascismo. Los libertarios eliminarán la libertad.

Frente a la ola de la extrema derecha, ya no basta con resistir y pelear contra las fuerzas oscuras, las camisas negras disfrazadas con banderas económicas celestes. Las fuerzas progresistas deben ejercitar la autocrítica y reflexión sobre la organización, táctica y estrategia, para que su concepción sobre la sociedad vuelva a cautivar y transformar la conciencia de las masas. Pues, de lo que se trata, en nuestro continente, en el siglo XXI, es la constitución de un ser humano nuevo, sin alienación, pleno en el ejercicio de sus potenciales individuales y sociales.

Reproducido de www.rebelion.org

 

Julia

Julia de Burgos es nuestra poeta nacional. Tan fuerte es su presencia en el imaginario colectivo que cuando decimos “Julia” es en ella en quien pensamos. Sin embargo, ¿es en ella en quién pensamos? Más bien imaginamos desde relatos repetidos en el que se juntan anécdotas, recuerdos, olvidos, informes de FBI y otras divagaciones. ¿Cómo conocemos a otra Julia más compleja, más “real”? En su poesía, claro. Pero también en su diario y en sus cartas.

Los diarios pueden considerarse como un género literario. Son una forma de escritura personal en la que alguien registra sus pensamientos, sentimientos, experiencias y observaciones de manera regular. Aunque los diarios suelen ser escritos para uso personal, algunos diarios han sido publicados y se han convertido en obras literarias gracias al papel que juegan los editores y el juicio de los lectores. Ciertamente, los diarios pueden proporcionar una visión interna y auténtica de la vida y las experiencias de una persona. Pueden ser utilizados para explorar temas universales, capturar momentos históricos o transmitir una perspectiva única del autor. Algunos ejemplos famosos de diarios literarios incluyen el Diario de Ana Frank y los diarios de Virginia Woolf.

Sin embargo, en el caso de Julia de Burgos, la intención de su “diario” -que no era tal, puesto que se trataba de papeles sueltos- no es solamente personal, sino que se trata de apuntes en los que tampoco hay una regularidad como en los diarios. Se trata de lo que la poeta escribió en el transcurso de dos semanas durante su estancia en el hospital Mount Sinai en Nueva York, en 1948. Ese breve período de introspección, vulnerabilidad, agonía, revela una personalidad, como decíamos, muy compleja. A pesar de que no se trata de un diario en el que se explaye durante años, se trata de un documento importante. Dos ediciones del mismo son muy pertinentes. La de Edgar Martínez Masdeu, de Libros de la Iguana, publicada en 2014 y el monumental trabajo de Carmen D. Lucca, El diario de Julia y otras verdades sencillas. Este último trabajo incluye 444 páginas con documentos, como el intercambio epistolar entre José Olmo Olmo y Armando Rivera. Incluye cuatro ensayos, en español e inglés, escritos para pueblos hispanos. Lucca también tradujo e incluyó análisis y detalles sobre la entrevista de Chiqui Vicioso a Juan I. Jimenes Grullón (1981), así como las portadas de la primera edición de Poema en 20 surcos y El mar y tú, de Colecciones Olmo. Se trata de un trabajo de investigación detallado que tiene como propósito, según afirma la propia editora, acabar con los mitos y falsedades sobre la biografía de nuestra poeta.

Otro libro primordial es Cartas a Consuelo, de la editorial Folium (2014) con un prólogo de Lena Burgos-Lafuente, en el que la poeta escribe a su hermana. De nuevo, aquí estamos en otro género. Por supuesto, cartas literarias pueden abordar una amplia gama de temas y géneros, incluyendo la poesía, la ficción, la no ficción, el romance, la política y más. El género epistolar nos ha dado joyas como Frankestein o el moderno Prometeo, de Mary Shelley, o colecciones memorables —sin intención literaria— como las cartas de Vincent van Gogh a su hermano Theo, las cartas de Emily Dickinson a sus amigos y las cartas de Frida Kahlo a Diego Rivera. Estas cartas de Julia no pretenden ser expresión artística pero, como señala Burgos-Lafuente, provee material muy pertinente para la justa apreciación de una figura tan importante de nuestra historia nacional. Julia de Burgos todavía espera por una biografía completa, objetiva, bien documentada y libre de prejuicios. Estos tres libros serán de gran ayuda en esa empresa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El mundo es redondo y vuelve inexorablemente a Mayagüez

 

 

El mundo es redondo, decía Magui, la más sabia y certera de mis tías, Buddha escondido en una urbanización de Río Piedras, en disfraz de mater familias chofereando niños en una guagüita Chevrolet azul. Eso quiere decir que el continuo andar de nuestras vidas, volveremos a pisar viejos caminos, y a tomarnos cervezas en las mismas esquinas de antes.  Y a veces, repasamos, sin darnos cuenta, los pasos de nuestros viejos, y volvemos al lugar donde nacieron, y que nunca vimos.  Ese deseo de volver, sumado al deseo de descendencia, es lo que impulsa la genealogía. Antes la genealogía era ocupación de viejos, que con los años se dedicaban a codificar el árbol familiar.  Por el lado de Papá, el tío Germán trazó las familias Pérez, y Mera, y mi prima María Pérez-Mera ha seguido el proyecto de recopilación con entusiasmo y alegría. Por el lado de Mamá, el primo Federico se hizo cargo de la genealogía completa de los Morales. Un hombre antes de su tiempo, preparó un sitio en la red para recabar y compartir datos muchos años antes de Feisbú, cuando el internet todavía usaba pañales.  A ninguno de estos esfuerzos he contribuido yo. Me encantan las historias pero evito los registros, y prefiero, en general, no dejar otras huellas de mi paso por el mundo que estas líneas que escribo. En nuestras futuras genealogías apareceré como una rama perdida, la parienta esa que nunca se ocupó de llenar las entradas de sus descendientes.

La Ley de Memoria Democrática Española, o ley de nietos, ha impulsado un furor por las genealogías entre los dominicanos jóvenes.  España trata, dicen, “de rendir tributo a quienes tuvieron que abandonar España por razones políticas, ideológicas o de creencia”. A los nietos de los que se vinieron a hacer las Américas, o salieron de refugiados de la guerra civil, o cualquier otro accidente de la vida, son declarados bienvenidos a solicitar la ciudadanía española. La caída demográfica europea anda de mano con una benigna reconstrucción de la historia, y juntos ofrecen oportunidades trasatlánticas a las antiguas colonias. Los isleños, siempre listos a embarcar, continuará     n la diáspora invertida que iniciaron las mujeres pobres que se iban a ejercer algo a España en los ochenta, y que en tres años juntaban lo ganado y volvían, o cambiaban de oficio y se quedaban. Tengo muchos primos en ese afán. Yo a España nunca soñé con irme, y a estas alturas no creo que se me prenda esa vela. Tampoco soñaba con venirme al norte, pero aquí estamos, con lo que “la  vida te da sorpresas”, pero esa es otra historia.

Lo que sueño siempre, noche tras noche, es con los regresos. A la casa en que crecí, a la de los abuelos, a la Nueva Orleans del tatarabuelo marino, a los valles llenos de monedas grises de mi media isla, y de vez en cuando, en volver a Mayagüez, de donde salió Abuelo Amiro, y de la cual por años solo sabía esto: que abuelo había nacido en Mayagüez.      Abuelo era diferente de todo el mundo. Para comenzar, era escrupulosamente puntual en un país donde no hay hora. Salía exactamente a las ocho caminado a su oficina, vestido de saco y corbata y con sombrero de panamá, y regresaba exactamente a las doce, sin que nunca nadie lo viera apurar el paso o desviarse de ruta, excepto cuando subía a saludar a Don Rogelio Hereaux, que ya estaba muy mayor y muy enfermo. Abuelo era organizado: sentarse a su escritorio era un sueño, cada lápiz afilado perfectamente y en su sitio, y todos los implementos que debía tener un escritorio, en gavetitas y estantitos de madera que luego supe que eran producto de su propia destreza en carpintería. Tenía más libros que nadie o casi nadie en Puerto Plata, y leía en cinco o seis idiomas.  Hablaba con afecto y respeto de sus amistades haitianas y de las cosas interesantes que vio y conoció en Port-au-Prince, cuando nadie en el país se atrevía a hablar a favor de los haitianos. Sabía tocar el trombón, aunque nunca lo escuché. Era ateo de toda la vida pero en sus últimos años le tuvo miedo a la muerte: fue la única imprecisión que le conocí. Le gustaba la fruta con delirio, y en su amplio patio recolectaba las mejores especies de mangos, plátanos, granados y jobos. Era capaz de comerse veinticuatro manguitos de una sentada, pero solo si estaban perfectos. Cuando venía a visitarnos se quejaba de los mangos que compraba mamá en el super y decía “mejores mangos que estos no le doy yo a mis puercos”. En vano trataba de explicarle mamá que nosotros no teníamos tres matas de mango perfectas en la casa, como él.  Tenía la colección completa del Reader Digest, desde el 1903, hasta un día que los nietos nos pusimos a picotear las revistas para sacar las bonitas imágenes de los anuncios. Ni siquiera nos subió la voz cuando vio el destrozo que habíamos hecho.  Su único intento de disciplinar la tanda de nietos bullangueros consistió en tronar desde el primer piso “Bajen el volumen”, cuando hacíamos ruido jugando a las escondidas, pero sólo si eran pasadas las diez y media de la noche. Era un abogado de tierras, y su honestidad era tan legendaria entre colegas como su ironía: Cuando lo nominaron para presidente de la Suprema Corte de la República Dominicana, su respuesta fue: “No sabía que la suprema corte iba a mudarse a Puerto Plata”. Conocía toda la historia de cada parcela de tierras en la costa norte de la isla, y cuando metieron preso a Papá, no se vendieron tierras por nueve meses, porque nadie se atrevía a pasar por su oficina por miedo a caer “en desgracia”. De su experiencia en la profesión solo le oí comentar lo siguiente: “No hay nada que endurezca más el corazón de un cristiano como la esperanza de una herencia.”

En noviembre pasado fui a Mayagüez, a una actividad literaria en el Taller Libertá, organizada por la Editora Educación Emergente. El pueblo es lindo como Puerto Plata, pero de un pasado más opulento. Con sus casas y sus edificios finiseculares, cada esquina da una vuelta a la rueda de florecimiento y decadencia urbana. Nos quedamos en un hotel que había sido convento de curas, y comimos desayuno en la mejor panadería del pueblo.     Me encantó el tranquilo sabor a ciudad portuaria vieja, y que estuviera tan conservado que todavía puede uno imaginarse cómo habría sido en su esplendor de los años del boom del azúcar, cuando había coches de caballos, como los que había antes en Puerto Plata.  Abuelo había nacido allí, hijo de Petronila Herminia de La Torre, una joven de Las Marías y de Cecilio Adolfo Pérez Torres, oriundo de Añasco. El bisabuelo Adolfo era dueño de una fabriquita de ladrillos en Mayagüez, que acabó por emigrar a la República Dominicana, primero a Santiago y luego a Puerto Plata. En la actividad en Mayagüez disfruté mucho de la hospitalidad de la gente, las preguntas de los estudiantes. Tienen un estilo formal pero amable que me hizo pensar en el viejo, y sentada dándome  un palito en un bar de esquina, en un barrio en decadencia, riéndome con las muchachas, me preguntaba si alguna vez en su juventud, después de alguna otra actividad, paró el abuelo también en esa misma esquina y se bebió la misma cerveza acompañado de algunas otras muchachas, y si también se había reído en la misma noche fresca de Mayagüez.