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Mirada al País Las Tribulaciones de Salinas y Guayama con Las Cenizas de la Carbonera

 

 

Especial para CLARIDAD

Desde hace semanas los medios de comunicación comercial han reseñado los reclamos de múltiples residentes de la comunidad Ranchos Guayama, en Salinas; por las condiciones de las calles de acceso en el sector. Los vecinos están afectados por la condición de deterioro de las calles producto de la acción de la lluvia y complicado por la presencia de cenizas de carbón depositadas como sustrato de esos caminos. Algunas calles, como la Luís Llorens Torres, están prácticamente intransitables por los vehículos de motor. El material superficial de asfalto y grava de estas calles ha ido erosionando por la acción de las lluvias de los huracanes María y Fiona dejando expuestas las cenizas tóxicas que se depositaron cuando se desarrolló esta comunidad y sus calles en el año 2006. Las cenizas se desplazan en el aire por la acción del viento y son transportadas por la escorrentía pluvial hacia una quebrada que discurre por el sector. Con toda seguridad los metales peligrosos contenidos en estas cenizas, diluidos por la acción de la lluvia, migran a través del suelo hacia los acuíferos del sector. Pero el problema se complica porque muchos vecinos denuncian que la presencia de las cenizas está afectando la salud respiratoria de la población. La solución al problema vecinal se ha complicado por la estrategia propuesta por el gobierno municipal de Salinas que suponía la remoción del material tóxico depositado junto al residual de asfalto y tierra para depositar estos materiales en el vertedero industrial en Peñuelas. La acción promovida por el municipio desde hace varios años contaba con la financiación de FEMA como parte de los fondos asignados de reconstrucción del desastre provocado por el huracán María en el 2017. La situación de Ranchos Guayama es demostrativa del serio problema de salud ambiental, salud pública y gestión gubernamental que plantea la deposición, sobre y bajo el terreno, de cientos de miles de toneladas de cenizas tóxicas provenientes de la operación de la carbonera termoeléctrica AES (Applied Energy Systems) desde el año 2002.

Después de 20 años la complejidad de la problemática comienza a manifestarse de forma aguda en ese espacio geográfico. En el caso de Ranchos Guayama, el municipio solicitó y recibió cerca de $3 millones, administrados por FEMA, dirigidos a remover el material depositado en las calles deterioradas, incluyendo las cenizas, y disponer de esos materiales en el vertedero industrial de Peñuelas para luego repavimentar las vías. Ni el municipio ni FEMA ponderaron el problema de toxicidad de las cenizas, y la prohibición expresa por la Ley 40 de 2017 que impide disponer esos residuos peligrosos en cualquier vertedero en Puerto Rico. El DNRA denegó la autorización para el depósito de las cenizas tóxicas en el vertedero, y, según requiere la Ley 40, esos materiales deben disponerse en una instalación adecuada en los EE.UU.. Realizar esa gestión en cumplimiento de la ley, dice el municipio que puede costar sobre $8 millones de manera que han articulado una petición a FEMA de enmiendas a la solicitud previa con la esperanza de que la agencia federal autorice esa erogación de fondos. Predeciblemente esa gestión ante FEMA tomará meses, sino años en autorizarse, y si así ocurre, podrá tomar años en la articulación del proyecto de remoción y disposición correcta de los residuos tóxicos y, eventualmente, la reconstrucción de las calles. Mientras este drama gerencial ocurre, los residentes de Ranchos Guayama seguirán expuestos al potencial contaminante de las cenizas, los cuerpos de agua superficiales y subterráneos seguirán contaminándose y la comunidad seguirá sufriendo las limitaciones de acceso vehicular.

La problemática de las cenizas tóxicas en el aire y en las aguas subterráneas ha sido documentada objetivamente en diversas iniciativas, públicas y privadas. Los requerimientos reglamentarios que se han establecido para las instalaciones termoeléctricas a base de la quema de carbón mineral, han demostrado la presencia de múltiples contaminantes asociados a las cenizas residuales en las agua subterráneas y en el aire bajo y cerca de las instalaciones de la empresa AES. La contaminación por AES continúa, puesto que en las instalaciones de la carbonera se mantiene un depósito superficial de cientos de miles de toneladas de estos residuos que no han sido removidos y transportados fuera de Puerto Rico como requiere la ley. La empresa sigue operando y, diariamente emite gran cantidad de contaminantes al aire y genera, a su vez, cientos de toneladas de cenizas. La alegada necesidad operacional de AES como suplidor de electricidad al sistema que pronto dejará de manejar la AEE (cerca de 15% de la demanda total del país) ha servido a modo de chantaje para que esta operación contaminante y ambientalmente agravante desista de forma definitiva. Mientras el gobierno central sigue posponiendo las determinaciones para transformar la producción de electricidad a fuentes renovables y limpias de energía, se nos plantea que Salinas y Guayama deben seguir tolerando esta agresión a la salud ambiental y a la salud pública. En este proceso, deliberadamente lento de la transformación del sistema energético han colaborado y colaboran los gobiernos electos en Puerto Rico durante los últimos 20 años.

En septiembre de 2021 el Colegio de Químicos de Puerto Rico hizo público unos datos altamente preocupantes sobre el impacto de las cenizas de quema de carbón mineral sobre los acuíferos del sur y sobre la salud de las comunidades en Salinas y Guayama. Esta entidad, desde su iniciativa privada, coordinó la realización de muestras de agua potable tomadas en plumas de varias residencias que demostraron analíticamente la presencia en concentraciones medibles de arsénico, cadmio, cobalto, cromo, molibdeno, plomo, selenio y vanadio. Según la metodología de análisis de este estudio, las muestras de agua se tomaron en residencias que están servidas mediante pozos donde, en su área de influencia de recarga, se depositaron miles de toneladas de cenizas tóxicas sobre y a pocos metros bajo la superficie del suelo entre los años 2004 y 2009, aproximadamente. En las muestras de agua tomadas, estos contaminantes se encontraron, a esa fecha, en concentraciones más bajas que los estándares de agua potable reglamentados por ley. Pero la presencia de todas esas sustancias en el agua que consume la población, significa dos circunstancias altamente preocupantes. Primero, se reconoce que, aunque esas sustancias están bajo el estándar de potabilidad, la presencia de múltiples elementos tóxicos en el agua que ingiere toda la población de estos acuíferos, tiene efectos sobre la salud pues plantean lo que en la ciencia se conoce como efecto sinergético. Cuando las agencias con responsabilidad y autoridad adoptan un parámetro como estándar de potabilidad, lo realizan a base del potencial efecto de esa sustancia o mineral de forma individual en la salud humana. En este tipo de análisis no se pondera el efecto combinado o la toxicidad resultante de exposición continua a múltiples sustancias peligrosas, aunque estas estén en relativa bajas concentraciones. Por otro lado, cuando se fija un estándar de agua potable, no se toma en cuenta la ingesta de ese contaminante por otros medios como el aire o los alimentos. Es decir, la toxicidad de esas sustancias se pondera con criterios de laboratorio de forma individual e independiente de los medios ambientales en los que se encuentra. Así planteado, una persona que ingiere agua con niveles de contaminantes de múltiples sustancias y a la vez respira aire con los mismos contaminantes y se le agrega que algunas de estas sustancias pueden estar presente en algunos alimentos que se ingiere, entonces el agregado de todas estas ingestas puede representar un problema de salud pública significativa. Y para complicar este cuadro, se debe reconocer que, conceptualmente, agencias como la Food and Drug Administration (FDA), OSHA (Occupational Safety and Health Administration) y la EPA establecen estos niveles de contaminantes a base de la exposición de un adulto de mediana edad, saludable y hábil para realizar funciones laborales. Hasta donde conozco profesionalmente, los estándares de niveles de contaminación de sustancias peligrosas, tanto en el agua potable, el aire ambiental como en los alimentos, no ponderan los efectos, ni individuales ni en conjunto en poblaciones de edad avanzada, niños, personas con condiciones metabólicas crónicas de salud y los inmunocomprometidos, todos los cuales en conjunto componen una parte mayoritaria de la población de cualquier grupo comunitario. En conclusión, la población en Salinas-Guayama que toma agua potable con los metales tóxicos encontrados en el estudio del Colegio de Químicos, están amenazados en su salud.

Segundo, la identificación de sustancias tóxicas en las muestras de agua potable analizadas por el Colegio de Químicos valida contundentemente la preocupación de múltiples expertos que señalaban que las cenizas tóxicas depositadas sobre y bajo la superficie de las áreas de influencia de recarga de los acuíferos, eventualmente, por disolución y migración, contaminarían las fuentes de agua subterráneas que sirven de fuente y abasto para la AAA. Los minerales encontrados en estos análisis no se producen de forma natural en lo suelos ni en la geología de los acuíferos del sur, sino que corresponden químicamente con la composición con las cenizas del carbón mineral. Es decir, tenemos un problema de contaminación en desarrollo en los acuíferos del sur que constituyen las fuentes de agua potable. Esa contaminación deriva de las cenizas tóxicas depositadas irresponsablemente en la superficie de la corteza terrestre. La disposición negligente de esas cenizas es responsabilidad de AES y de las entidades gubernamentales que autorizaron o toleraron la práctica de uso de las cenizas tóxicas como relleno en proyectos de desarrollo urbano y en fincas agrícolas de la región. Estamos ante un problema de fenomenal envergadura de salud ambiental y salud pública.

Los resultados de los análisis informados por el Colegio de Químicos correspondían a muestras tomadas el 1 de marzo y el 8 de agosto de 2021. A esa fecha la entidad planteaba que intentó acceder a algunos pozos de AAA para tomar muestras en los mismos pero la corporación no lo permitió. La AAA reaccionó a la información. divulgada del Colegio de Químicos planteando, entre otros asuntos, que las concentraciones determinadas estaban bajo los niveles de preocupación de la reglamentación que aplica y que los análisis que realiza la entidad confirman que el agua que suple es potable. Lo que no dijo la Autoridad es que ellos no realizan análisis para las sustancias encontradas en las muestras tomadas en el estudio de referencia. Hasta donde sabemos, no se han hecho estudios específicos sobre el potencial incremental de las concentraciones de estas sustancias tóxicas en el agua subterránea. Es predecible pensar que, con las lluvias intensas que se registraron en el área de Salinas y Guayama durante el paso del huracán Fiona en septiembre de 2022, se haya propiciado el movimiento de estos metales contaminantes hacia la zona saturada del acuífero de donde se extrae el agua para el consumo humano. Conviene recordar que la AAA sólo aplica cloro a modo de estrategia de desinfección preventiva al agua que extrae del acuífero y que suple a sus clientes bajo la premisa de que la calidad natural del agua en el acuífero satisface los estándares de potabilidad reglamentaria. Es decir, si la premisa es que el agua del acuífero no contiene sustancias contaminantes derivadas de las cenizas de carbón, entonces no se analiza la fuente para estos compuestos peligrosos. Así las cosas, si el acuífero está contaminado con los metales peligrosos resultantes de las cenizas sobre el acuífero, Acueductos no lo sabe porque no lo ha analizado.

Informalmente he tomado conocimiento que, en respuesta a los legítimos reclamos de las organizaciones comunitarias en Salinas y Guayama, La EPA ha asignado dinero y coordina con un comité interagencial, el diseño de un estudio más sistemático sobre la situación de contaminación ambiental que afecta a las comunidades de Salinas y Guayama. La información recibida indica que se llevarán a cabo análisis de muestras de agua, tanto en el sistema de acueductos como en los acuíferos. También se tomarán muestras en acuíferos de la región que se presumen no están afectados por la disposición de las cenizas tóxicas sobre su área de influencia de recarga. Estas muestras servirán de referencia y comparación para los acuíferos afectados por la contaminación. Si esta gestión de la EPA se realiza como se me ha informado, me surge la interrogante de qué surgiría si se confirma que la disposición de cenizas tóxicas ha contaminado los acuíferos y qué curso de acción, si alguno, se tomará para la remoción de todo el material tóxico presente en la superficie de buena parte de esta región y cuál responsabilidad legal y financiera se le va asignar a AES como ente productor y distribuidor de los residuos peligrosos de sus cenizas. ¿Quién responde y quién pagará por el daño ambiental y perjuicios a la salud pública de las comunidades afectadas? Levanto bandera de que la experiencia y la práctica histórica de la EPA en sus actuaciones en Puerto Rico y en EE.UU. relacionadas a identificación de entes responsables y de limpieza y saneamiento ambiental, es uno extremadamente lento y engorroso. Ordinariamente los procesos de fijar responsabilidad y de limpieza de áreas contaminadas se abruman por conflictos y determinaciones legales administrativas y judiciales que en la práctica dilatan la solución del problema de salud ambiental y salud pública. A modo de ejemplo, tenemos la limpieza de contaminantes en Vieques producidas por las operaciones del Departamento de Defensa de los EE.UU., con las áreas contaminadas por actividades industriales en Vega Alta, Dorado, Barceloneta y Maunabo, para mencionar algunas. La contaminación de Vega Alta, por ejemplo, fue determinada por la EPA en el1983, o sea, hace 40 años. Y hasta donde sé aún no se ha terminado la limpieza del acuífero en esa región.

Las comunidades de Salina y Guayama requieren pronta acción y gestión gubernamental para solucionar el problema de su exposición a la grave contaminación ambiental que los abruma. El País, por otro lado, requiere una acción integrada para la solución del problema de la contaminación de las cenizas de la carbonera AES. El gravamen ambiental, social y económico que plantea la negligente disposición de las cenizas tóxicas no se puede transferir a una próxima generación de puertorriqueños. Las circunstancias exigen compromiso y respuesta decisiva de los actores gubernamentales responsables y con autoridad para resolver este problema. Algunos de estos actores sociales, particularmente los que son políticamente electos, deberán ser evaluados en la próxima consulta electoral a la que está convocado el País en el 2024. Como Pueblo debemos ser cuidadosos y escrupulosos en quién delegamos la autoridad de proteger la salud ambiental y la salud pública de Salinas-Guayama y del País.

 

 

Guatemala. Amenazas al proceso electoral

 

Por Isela Espinoza

La no participación de candidatos opositores, el financiamiento electoral ilícito y medidas que generen condiciones desiguales son algunas de las principales amenazas que visualiza Juan Pappier, subdirector en funciones para las Américas de Human Rights Watch.

Durante una entrevista con el diario Voz de América, Pappier comentó que el actual proceso electoral de Guatemala se desarrolla en un contexto de deterioro del Estado de derecho en donde las principales instituciones encargadas de verificar y observar “carecen de independencia y credibilidad para muchos guatemaltecos”, comentó.

Sus declaraciones son reafirmadas en el informe presentado por Human Righst Watch y la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA) que señala que el escrutinio internacional es esencial para asegurar los derechos humanos durante el proceso electoral del país.

Pappier resaltó la importancia de realizar un examen “exhaustivo” de las condiciones electorales. Sobre todo de las instituciones encargadas de “garantizar y proteger la legitimidad” de los comicios entre ellas: el Tribunal Supremo Electoral (TSE), la Corte Suprema de Justicia (CSJ), la Corte de Constitucionalidad (CC), la Contraloría General de Cuentas y el Ministerio Público.

En el informe presentado a finales de enero, WOLA y Human Rights Watch resaltaron su preocupación debido a que una parte de las autoridades de las instituciones involucradas en el proceso electoral han sido nombradas mediante procesos que no fueron transparentes ni independientes.

“En los últimos años, las autoridades en Guatemala han debilitado la separación de poderes y las garantías de derechos humanos con el propósito de asegurar la impunidad de la corrupción generalizada en las altas esferas del poder. El Ministerio Público ha impulsado cargos penales espurios contra periodistas independientes, fiscales y jueces que investigaron o revelaron hechos de corrupción, violaciones de derechos humanos e instancias de abuso de poder”, agrega el documento.

 

Reproducido de resumenlaitonoamericano.org

Será Otra Cosa Plan de escritura 

 

Especial para En Rojo

Revoloteo mucho entre decenas de notas escritas en trances de prisa, y archivadas en un celular bajo la etiqueta de #Ideas. A veces estas notas son casi incomprensibles, otras veces casi incoherentes, pero un día las pongo todas sobre la mesa y las observo como buscando un inicio, un preludio, algo que me lleve a una historia. Y ahí me doy cuenta de que hay algo que puedo deducir de estas piezas aparentemente inconexas, desentendidas, y es que quisiera escribir una serie de mapas. Mapas de los olores y sonidos y sensaciones de lugares que son mi eterno regreso: Santurce, Mayagüez, Guayama por Carite, Adjuntas, Fajardo, Cabo Rojo, La Habana, Nueva York. Quiero escribir tramos completos de esos lugares que me sirvan de referentes si un día mi memoria languidece. Me debato. Ahora pienso que tengo que seguir escribiendo los arquetipos de ciertas personas sin quienes la vida es y sería extremadamente luctuosa por no decir que habría sido inviable, imposible.

“Abrir un pomo de algo, por ejemplo”, escribí hace muchos años ya acerca de mi padre, un día que temí olvidar ciertos rasgos y trasuntos suyos. “Para él, eso suponía actuar en un ámbito del mundo que apenas conocía; ubicarse en una tarea que lo dejaba al descubierto. Abría entonces el pomo bruscamente para culminar la misión con rapidez y evitar poner en evidencia esa pequeña y fútil incapacidad. Esto, sumado al temblor que siempre tuvo en las manos, culminaba muchas veces en contenidos de salsa completamente desparramados, en platos de comida con formas irreconocibles, en corchos rotos, en cristales despedazados en el piso. Así mismo, si tenía que cruzar un charco, como no estaba muy seguro sobre su capacidad para brincarle por encima, o más bien le tenía una especie de fobia a hacer el ridículo, llamar la atención por la causa equivocada, avanzaba a cruzarlo tal cual, sin preámbulos ni análisis, por el mismo medio y pisando con la misma firmeza con que se pisa el suelo seco. Y, por supuesto, se llenaba de fango. Y luego asumía una actitud de total indiferencia a lo acontecido, restándole así todo el peso del absurdo, toda la importancia. Yo, que me arranco los pellejos de las uñas hasta verme la sangre, creo que en esos actos de ligera desesperación radicaba tal vez la única expresión de su ansiedad”.

II.

Tendría que escribir el mapa de mi gran amor. Lo empecé hace muchos años pero debo añadir una serie de recorridos (internos y ultramarinos), de perplejidades e incertidumbres; de pasiones, impaciencias, los reencuentros de los últimos tiempos y el prototipo de los que nos esperan. Su cuello hirviente es parte de nuestra radiografía linfática, su cuerpo y su resistencia mental son una barricada, el bastión contra el que tropiezan los restos del espanto (el mundo a veces trata de descomponerse).

De tanta hipérbole (poética, planetaria) me he visto obligada a estudiar el Universo desde que esta especie de sol llegó para quemarme. Así he descubierto que, como no podía ser de otra manera, el destino del Sol, está escrito. Dicen los científicos que, dentro de unos 5.000 millones de años, nuestra estrella “agotará su combustible y se transformará en un anillo brillante de gas y de polvo interestelar, lo que se conoce como una nebulosa planetaria, uno de los objetos más bellos del Universo”. ​​Para entonces, ya no quedará nadie en la Tierra para ver este gran final. Todo esto de la muerte del sol lo explican unos científicos en un estudio publicado en la revista Nature Astronomy. Mi amor, sin embargo, insiste en que todo esto no es absolutamente cierto. Hace años me dice que ciertas formas de vida microscópica sí continuarán existiendo. Microbios que producen su propio alimento por quimiosíntesis, y no dependen de la luz solar, por lo que su capacidad de vivir es independiente de nuestra estrella, el astro más grande del sistema solar. Tengo iniciado un mapa del sol y quiero añadir a esta lista un mapa del corazón, el que bombea. Anotado.

 

III.

Tendría que hacer un mapa de la casa. No creo que exista un lugar en el mundo que se sienta más casa que Santurce, cada sábado en la mañana. La luz es siempre radiante. Ir en el auto y volver a una sensación de ser, de pertenecer; a una evocación de la calidez de hace cuarenta años, en aquel tiempo en que no tenía idea de cuánto tiempo podía tomar formarse un cuerpo y una vida como la de aquel nervio de la naturaleza que decía ser mi madre. “Treintinueve”, recuerdo que me dijo, y siguió con sus asuntos. Aquello era suave y era cálido y entrañable. Mi mapa de vida, en construcción.

 

En Reserva El periodismo no es un cuento de hadas

 

Especial para En ROJO

Detienen la programación. Las noticias reportan el caso de una mujer que buscan en una finca del noreste de Puerto Rico. La joven lleva casi 48 horas desaparecida. Se activan protocolos y planes. Llegan todos: Policía, Manejo de Emergencias, personal municipal, expertos en búsqueda y rescate. Se nos dice que la desaparecida padece de una condición de salud mental. Todos están alertas: ciudadanos, medios, familiares, amigos.

La cámara del noticiario se enfoca en la madre de la joven, que grita sin consuelo. La mujer le dice a la prensa que se vaya, que no tienen nada que reportar. La prensa no hace caso; se queda.

Llegan más periodistas. Uno detrás de otro. Una de las reporteras le coloca el micrófono a la señora casi en la barbilla; el otro, la cámara. La mujer grita, se aleja, llora. Una empleada de manejo de emergencias abraza a la desconsolada señora.

Otra escena. Llegan más periodistas: de prensa escrita, televisión, radio… Llevan celulares, cámaras, micrófonos, luces…. La joven mujer aparece. Se enteran todos. “Ahí está, en el carro, con los ojos cerrados. ¡Grábala! ¿La grabaste?, le reclama una periodista al camarógrafo. Los policías exigen espacio: “Necesitamos que se alejen. No pueden estar aquí. Respeto, por favor”.

Nadie se va. Todos se acercan. La prensa se escabulle. Levantan la cinta amarilla que ha puesto la Policía. La mujer se desvanece; se desmaya. La transportan en ambulancia. La joven, repito, padece de una condición de salud mental; que no se nos olvide.

Cambia la escena. La prensa corre a entrevistar a otros familiares. Se acomodan alrededor del padre y de alguien a quien no identifican. Les cuestionan acerca de señales que hayan llevado a esta mujer a escapar. “¿No se dieron cuenta de que algo le pasaba?”, les reclama la prensa. Los familiares contestan hasta donde pueden, lloran… Otro familiar se cansa y responde: “No vamos a contestar esas preguntas. Lo siento”.

Interior de un estudio televisión. Un periodista entrevista a una psicóloga. Primera pregunta que escucho, refraseo: “¿Qué podemos hacer ante situaciones como estas, en que la familia cree, como en este caso, que la depresión son changuerías?”. Apago el televisor. No aguanto más.

En otro lugar, muy posiblemente, en la Universidad del Sagrado Corazón en Santurce o en la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras, hay una sala de estudiantes de periodismo llena. Alumnos capaces y responsables estudian la profesión con vocación. Discuten el código ético del oficio. Llegan a la clase indignados, luego de la cobertura que acaban de ver en televisión. Reclaman que lo medios no abordan, con empatía ni profesionalismo, a los familiares de las víctimas en circunstancias dolorosas.

Los estudiantes comienzan una discusión con sus compañeros sobre la relación de la línea editorial de un medio y la ética, a base de sus propios criterios entre lo que es correcto y lo que no lo es. Se cuestionan acerca de los intereses detrás de las coberturas y dudan de si serán capaces de dedicarse a una profesión tan delicada, en que abunda la insensibilidad y, a la vez, tan expuesta. Se preguntan de qué les sirve aprender sobre utopías éticas frente a lo que pasa diariamente en la calle. “¿Qué alternativas tenemos?”, insisten. El profesor no puede responder, al menos como ellos quisieran. Él sabe lo que debería contestar, pero no lo hace, al menos como los estudiantes esperarían: con honestidad.

En el salón el profesor trata de justificar cada acción; conoce bien el medio. Está seguro de que hoy a estos periodistas sus jefes los felicitarán. Cada uno  de los reporteros llegará a la sala de redacción de su lugar de trabajo, satisfecho, feliz… Sus colegas los recibirán con elogios por esa cobertura “tan completa”. En unos días, veremos su reportaje grabado en un anuncio de promoción del canal, en el que destacarán la forma tan “profesional” en que “ayudaron a la gente” y de “cómo debemos sentirnos orgullosos de cómo mantuvieron al pueblo informados”. ¿Qué se les dice a los futuros profesionales? Pregunto yo ahora, con seriedad.

¿Quién les dice a estos estudiantes que será cuestarriba competir contra la insensibilidad de la noticia? ¿Cómo se les dice que cada día se les asignará realizar una labor que podría fomentar la deshumanización y los prejuicios? ¿Cómo deben reaccionar ante esta realidad?

No hace falta decirles. Ellos saben, con conocimiento de causa, la realidad a la que se enfrentan; la audiencia también. No son ingenuos. Cada uno reconoce que existe un negocio y un fin ulterior detrás de cada cobertura mediática. Los noticiarios son un espectáculo y cada uno satisface esa función. Los estudiantes entienden que se viven dos mundos muy distintos entre la práctica y la teoría. La pregunta entonces sería: ante esa realidad, ¿qué se hace? Le siguen otras, quizá, más fáciles de responder: ¿Debe un fotoperiodista grabar a quienquiera sin importar quién sea o por lo que esté pasando? Si la persona afectada fuera un familiar de alguien conocido, ¿lo reportarían igual? Si fuera el periodista la persona afectada, ¿aceptaría que la prensa se comportara con total intromisión e insensibilidad? ¿A quiénes verdaderamente afecta cada historia que reportamos? ¿A quiénes beneficia? ¿Qué consecuencias tienen estos actos insensibles y antiéticos? ¿Qué alternativas tiene cada periodista para minimizar el daño que la profesión puede causar?

Como bien dijo una vez la periodista Milagros Acevedo Cruz, tomar buenas decisiones éticas no es analizar una acción luego de realizada. Se trata de evitar cometer esa falta ética, en primer lugar. El deber de informar jamás debe estar supeditado a la falta de sensibilidad o humanidad. Lo correcto es informar, claramente, pero desde la compasión y el respeto.

***

Transcurre un rato más y alguien enciende la televisión otra vez. Escucho al esposo de la mujer que apareció agradecer a todos: a los medios, a las agencias, al país… Al escucharlo, quiero borrar cada palabra que he escrito en esta columna. ¿Para qué indignarse si el esposo está agradecido de ese trato mediático? Me confundo. La prensa no tiene la culpa. La competencia entre medios hace casi imposible la tarea de hacer buen periodismo en este país y en todos los demás. Y aquí, como en todos los demás, el periodismo es difícil, pero se ejerce, y se ejerce bastante bien. Los periodistas de mi país son, en general, profesionales comprometidos y serios. El poder lo ejercen otros y cada periodista responde a ello; no tienen otra alternativa.

El esposo tiene razón y debe agradecer. Claro que debe hacerlo. Su esposa apareció viva. Las agencias trabajaron adecuadamente, dentro de las circunstancias, y ella está bien, dentro de todos los escenarios que pudieron ocurrir.

Me acerco a la televisión otra vez. La cámara se acerca a una periodista y luego enfoca en el esposo de la mujer. La reportera formula una pregunta más: “Entonces, ¿diría que esta historia tuvo un final feliz?”. “Por supuesto que sí”, responde el hombre con emoción en la voz.

¿Final feliz? Pero ¿qué clase de pregunta es esa? Pobre mujer, si ahora es que todo empieza: tratamiento, ayudas, terapias… (La indignación ahora es coraje). Ni el periodismo ni la vida son cuentos de hadas.

 

 

El romance de una noche en Vienna: Reseña de Before Sunrise

 

 

Especial para En Rojo

 Bold Lover, never, never canst thou kiss,

Though winning near the goal yet, do not grieve;

She cannot fade, though thou hast not thy bliss,

For ever wilt thou love, and she be fair!

John Keats, “Ode on a Grecian Urn” (1819)

 

Me considero un romántico empedernido. No tengo cura. De hecho, cada San Valentín inspira diferentes reacciones románticas en mí. Estas reacciones han fluctuado entre el romanticismo barato de flores con regalos cuando había novia al romanticismo Sturm und Drang de un joven Werther que llora borracho por su soledad frente al Estudiante escuchando la música de José José. Rechacé ese día de corazones rosados con flores y perritos de peluches porque es precisamente una excusa capitalista para consumir. Todos los sabemos. Convivo hace más de quince años con la mujer más chula, retante y maravillosa del mundo. San Valentín no ha representado nada para nosotros, aunque algunos años ha servido de excusa para hacer una salida a un restaurante bueno (no siempre se puede) y darnos unas copas. Somos felices el uno con el otro y no necesitamos que el Cupido de Walgreens nos lo recuerde. Nuestra relación es compleja y ha enfrentado sus retos. Con todos los tropezones, nos miramos a los ojos y ambos regresamos a aquel viernes, 8 de agosto de 2003, en que nos reencontramos en el Refugio. Esa noche hablamos de nuestros planes de viaje, las tesis de maestría en el Departamento de Inglés y lo que esperábamos del futuro, entre muchos otros temas. Bastante atrevida, ella me buscaba la mirada. Inseguro de nacimiento, yo bajaba la vista porque no creía lo que me estaba pasando. Al despedirnos, ella me besó en los labios. Aunque yo tenía alguito de experiencia, me derretí cuando sus labios mordieron juguetonamente los míos. Ese día lo supe. Pasaría el resto de mi vida junto a Edna. Es obvio que no se lo dije. Para muchos es descabellado pensar de esa manera por un primer beso. Pero todavía busco el tenue sabor a parcha que sentí aquella noche en su boca. Se los digo, romanticón hasta morir. Como esta semana es San Valentín, hoy reseño una de mis películas románticas favoritas, Before Sunrise (dir. Richard Linklater, EEUU y Austria, 1995).

Aunque Before Sunrise es la primera parte de una trilogía sólida que incluye Before Sunset (dir. Richard Linklater, EEUU y Francia, 2004) y Before Midnight (dir. Richard Linklater, EEUU y Grecia, 2013), la primera siempre será la más bella para mí. Esta película emana un romance que no solo enamora a cualquiera, sino que también tiene referencias constantes al cine. Before Sunrise se concentra en una conversación entre Céline (Julie Delpy) y Jesse (Ethan Hawke), que recuerda a la naturalidad y energía del intercambio entre Wallace y Andre en My Dinner with Andre (dir. Louis Malle, EEUU, 1981). Céline y Jesse se conocen en un tren en Europa, cuya genealogía visual se remonta al impredecible mundo de los trenes en The Lady Vanishes (dir. Alfred Hitchcock, Reino Unido, 1938) y Murder on the Orient Express (dir. Sidney Lumet, Reino Unido, 1974). A pesar de que Céline iba a París, Jesse la convence de bajarse en Vienna, la ciudad donde Harry Lime (Orson Welles) se esconde de la ley en The Third Man (dir. Carol Reed, Reindo Unido, 1949). Jesse invita a Céline a caminar toda la noche por esa ciudad de ensueño porque en la mañana tomará un vuelo de regreso a los Estados Unidos. Ese deambular por una Europa de parques y puentes, de personajes raros y miradas fugaces entre enamorados revive la aventura romántica de A Little Romance (dir. George Roy Hill, Francia y EEUU, 1979). El director y libretista, Richard Linklater, usa esa ciudad tan llena de cultura clásica y de destellos de historia del cine como el escenario donde Céline y Jesse conversarán hasta el amanecer.

La sinergía del grupo creativo que incluye a Linklater, Kim Krizan, que escribió el libreto junto al director, Hawke y Delpy se nota en la naturalidad y la espontaneidad tan palpable de los intercambios entre Céline y Jesse. Las conversaciones ponen en duda la separación entre los personajes y los actores. De hecho, uno de los momentos más bellos se lleva a cabo cuando Céline y Jesse entran a una cabina para escuchar “Come Here” de Kath Bloom. Ella se sienta al lado de él en un espacio muy pequeño. La cámara nos permite observar un juego de miradas que se encuentran y se evaden con la timidez de dos personas que no se conocen, pero que sienten una bella afinidad. La sutileza de la cámara de Lee Daniel, el cinematógrafo con el que Linklater también ha colaborado en Dazed and Confused (1993) y Boyhood (2014), retrata cada gesto íntimo sin perder de vista la ambientación clásica que los rodea. Esa noche llega a su apasionado y esperado desenlace en la estación del tren, precisamente donde Céline y Jesse decidieron bajarse para caminar sin rumbo hasta el próximo día.

Saber que Before Sunrise es parte de una trilogía pone en evidencia cómo Céline y Jesse se reencontrarán. Esta película no tiene una trama que podría dañar un spoiler porque su fuerza se basa en los intercambios juguetones y conversaciones profundamente personales que tienen Céline y Jesse. Ese mundo que Linklater y Daniel retratan solo es único porque Céline y Jesse pasearon por allí. De hecho, la película termina con el amanecer en los diversos lugares en donde estuvo la pareja. Sentimos la ausencia de ese romance fugaz en una ciudad que se siente eterna por sus siglos de belleza arquitectónica e historia. Así como en el poema romántico “Ode on a Grecia Urn” de John Keats, la magia de Before Sunrise se resume en la angustia de un romance limitado a una noche, pero cuyo encanto perdurará por siempre.

Así como Céline y Jesse, camino de la mano de Edna desde la lenta muerte de un atardecer hasta esa mañana que nunca podrá separarnos.