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Entrega a mano #7: “Desarticulaciones”, de Sylvia Molloy

 

Especial para En Rojo

Mientras el cuerpo continúa vivo y caminando, la memoria no necesariamente le acompaña. A esto se le podría llamar “desarticulación”, título con el que Sylvia Molloy nombra las diversas escenas habidas con su amiga escritora ML al ésta contraer la enfermedad de Alzheimer. El libro me lo entregó Sylvia Molloy en una de las lecturas que organizaba mi querido amigo Rubén Ríos en el Centro Rey Juan Carlos en Nueva York en NYU. Siempre Sylvia nos regaló su presencia, estuvo presente en mi lectura con el poeta puertorriqueño Pedro López Adorno y cuando leí con la poeta cubana Reina María Rodríguez. En la dedicatoria del libro figura esta frase: “Para Áurea, más escrituras del ‘yo’, con admiración y afecto”. Se desprende de esa hermosa dedicatoria otro regalo, esta vez de En breve cárcel, su gran novela de 1981 que también recorre la memoria (a veces “despedazada”) de dos mujeres. En las dedicatorias puede trazarse la trayectoria de la amistad. Sirven como recurso mnemotécnico para cifrar la presencia de alguien, esta vez, la maestra lejana que fue Sylvia Molloy, siempre atenta, que de vez en cuando hacía una aparición aquí o allá y se acercaba con recato gentil y delicado. La otra maestra, la cercana, Jean Franco, leería este libro con deleite. Sylvia ya fallecida, Jean “desaparecida” u oculta, aunque presente en la memoria de quienes la queremos. Esta breve reseña es un homenaje respetuoso a la persona que escribió dos libros espléndidos de reflexiones ensayísticas, Desarticulaciones (2010) y Vivir entre lenguas (2016) y dos novelas inolvidables (En breve cárcel y El común olvido) además de toda su inteligente prosa crítica. En la dedicatoria del siempre estimulante libro Vivir entre lenguas se despide anticipadamente (diría hoy) expresando cariño (Sylvia falleció en el 2022 y ya no leerá mi escrito) y aludiendo a sus “balbuceos bi/trilingües”. Este comentario surge a posteriori, escindido del momento en que se expresó el cariño, pero no con menos intensidad y agradecimiento.  Eterna Cadencia es la casa editora y, en parte, la razón del movimiento de estas líneas. El nombre de la casa no es azaroso, y menos aún su función, que es grabar o imprimir lo que la memoria entrega: la escritura.

Sylvia Molloy se acerca discretamente a la desmemoria de su amiga de cuarenticinco años, remitiéndose a momentos compartidos en el pasado, nombrando a intermediarios presentes mientras se registra el proceso de la desmemoria, contando anécdotas que a la postre nadie controvertirá, porque “hablar con un desmemoriado es como hablar con un ciego y contarle lo que uno ve” y el otro no puede negar. Molloy recupera ese proceso de la borradura fragmentariamente, de forma análoga a la parsimonia de la desmemoria, quebrándose a lo largo del tiempo o a saltitos, porque de vez en cuando se rompen las expectativas en sus lapsos temporales. Estar es un verbo importante aquí, apenas se usa el ser. Este libro sobre la desmemoria de la otra no deja de ser un libro relacionado con su propia memoria, la memoria de quien observa, desdice, corrige y olvida. La desarticulación está ahí, pero también la articulación. No deja de ser esta una coyuntura que funciona como el ángel de la historia de Walter Benjamin: mientras se inclina hacia delante, mira hacia atrás. Esta variante estriba en que se trata de un cuerpo constituido por dos, una especie de ente simbiótico doblemente memorioso y a la vez doblemente desmemoriado que se apoya en un presente fugaz desde donde se recuerda.

Jugando con el ser y el estar, en un momento determinado brota la antigua ironía de su ex amante, quien la llama quizás por despecho “Molloy”, lo que la hace pensar que “todavía en algún recoveco de su mente no soy ausente, estoy”. Arriba ahí con esa frase a la cúspide de un trayecto anterior en que alude a un amigo que no sabe español y confunde los verbos “ser” y estar”. Este señala que Sylvia “es ausente”. El pasaje rápido sobre verbos que remiten a la ontología y a la localidad, además de la superposición de dos personas en el error del otro sirve para subrayar la tendencia del texto a fundir a la testigo de la memoria con la desmemoriante. Molloy se ayuda de la desmemoria de la otra para estimular la propia, y en cierta medida disfruta su lugar de observadora en ese proceso del irse paulatinamente. Pero no nos equivoquemos, porque ambas se deslizan por el tiempo que se olvida mientras una asume observarlo voluntariamente y la otra sin voluntad afirma respecto a su salud que siempre ha sido sana. Hay un pasaje inquietante: “Me pregunto si la pérdida de la memoria de ML tiene algo que ver con el exacerbamiento arbitrario de la mía. Si de algún modo estoy compensando, probándome a mí misma que mi memoria recuerda, recuerda aun cuando yo no quiero recordar. Me pregunto también si a ML no le habrá pasado lo mismo, si habrá padecido también este derroche de memoria, esta contaminación de presente y pasado, antes de empezar a perderla”.

El ser también se halla en los deícticos, principalmente cuando se trata de personas que viven fuera; en parte, el fuera de la memoria es un afuera del cuerpo. Los emigrantes memoriosos siempre dicen “aquí” al aludir a su patria cuando se hallan fuera de ella. Ahora mismo mi aquí es Puerto Rico, reposa en este teclado desde donde al elevar los ojos veo un patio lleno de trinitarias malvas. No hay lugar sin tiempo, sin el aquí en que ocurrieron los hechos. La escritura es un lugar. Entonces, así como apenas inicia el libro y Molloy se pregunta “¿Cómo dice yo el que no recuerda?”, así también pregunta “¿Dónde es aquí para ella? (¿O para mí?)” Y este paréntesis resulta crucial porque este libro, lo que quiere decirnos, titubeante, como la memoria intermitente, es que el yo es un nosotros y cuando alguien se pierde en su memoria o en su ausencia conjura a aquéllos a quien amó a seguirle pues la memoria es común, así como es común el olvido (título de su segunda novela). La comunalidad radica en el tiempo presente de lo que está entre nosotros en la medida en que lo convocamos. Este libro, pues, convoca una lucha de dos, un polemos que no se resuelve identificando dos actores o actrices, en este caso. Las luchas, las dificultades, aparecen en sueños, como en el segmento “Volver” en el que la personaje (su amiga) metida como en la neblina de aquella novela de María Luisa Bombal, envuelta también en un halo de nostalgia, intenta regresar a su país para reanudarse y comenzar mejor. En un país como la Argentina, sometido a la violencia de una dictadura por tantos años, el regreso (que Molloy le confiere además a la posibilidad del regreso de ella misma) halla la frase perfecta para aludir a ese momento político: “Porque solo el olvido total permite el regreso impune; de algún modo ella ya ha vuelto”. Es decir, solo la ceguera absoluta que procura el olvido te permite recomenzar.  El otro lado de la moneda en esta aserción es que aquéllos que recuerdan demasiado nunca pueden volver.

Hay un deslizamiento en los cuerpos que se disimulan cuando enferman, se sustraen de la vista como en retirada. Una los ve, a esos cuerpos, como esfumándose en el horizonte. Es un conflicto en lucha con los afectos que perduran, cuando el cuerpo ya no está y, sin embargo, la memoria fugaz o sorpresiva aparece. Entonces, esos cuerpos se perfilan sobre el horizonte y brillan intermitentemente. Algo así como las viñetas de Molloy en el proceso en que observa a su amiga deslizándose hacia la sombra. En una ocasión, la autora sugiere que perder la memoria no necesariamente coincide con perder la razón, especialmente si se conserva una gramática correcta, la posibilidad de traducir perfectamente o de referir en un espacio de tiempo limitado aquello que otro refiere. Despojada de melodramatismo continúa esta voz (el libro conserva la oralidad de un diálogo en voz alta) informando sobre la travesía de alguien que se va yendo, y en quien “se acrecienta ese aire de no persona”. Quien permanece queda liberada de la falta de memoria de la otra e incluso podría contradecir lo que la otra dice. En un momento afirma que su capacidad para aceptar lo que le dicen es la misma que la de un ciego cuando alguien le describe el paisaje: lo imagina y lo acepta. Entonces se reitera la tensión que atraviesa el libro y lo que nos dice quien relata revela lo que la otra olvida, así como lo que la otra prefiere recordar de esta, y que sucede ahora como entre comillas. Es una zona gris donde ambas se alimentan mutuamente del “común olvido”, pero también ambas se liberan de lo que las une como protagonistas de una historia memorable, o desmemoriada adrede. Interesante el verbo “liberar” que utiliza Molloy. ¿Decidimos en algún momento olvidar? ¿Ocurre ello voluntariamente?  ¿Pertenece la memoria exclusivamente a alguien como si fuera un secreto individual? “No quedan testigos de una parte de mi vida, la que su memoria se ha llevado consigo”. Pienso que el libro de Molloy apunta a la reciprocidad del irse yendo, al proceso de observación que realiza quien queda, a la muerte mutua de dos que fueron.

He comentado aquí la importancia de los lugares para la memoria. Quiero añadir además la diferencia entre los vocablos usados por Molloy: “desconexión” e “interrupción” justamente al principio y al final del libro, la dedicatoria del texto a quien todavía está. Y regreso nuevamente al mismo sitio: “Al hablar con ella me siento -o me sentía- conectada con un pasado no del todo ilusorio. Y con un lugar: el de antes. Ahora me encuentro hablando en un vacío: ya no hay casa, no hay antes, solo cámara de ecos.” Es esa casa la que decide abandonar finalmente la ensayista en el último segmento, “Interrupción”, para concluir precisamente en ese punto, el interrumpido por tantas cosas: el ser, el estar, el aquí, o el “casi”. Quizá porque abandonar la casa es abandonar el libro o su escritura. Quizá porque concluir con “casi” la conforta de la culpa que es todo abandono pues a quien se va la grabó quien escribe de otra forma en una urna, aunque no griega. La casa memoriosa que construye Molloy a lo largo de esta serie de ensayos breves revela ser el libro con el que le rindió homenaje a su memoria: “Siento que dejar este relato es dejarla, que al no registrar más mis encuentros le estoy negando algo, una continuidad de la que solo yo, en esas visitas, puedo dar fe”. Recuerdo, a propósito, El eco de mi madre, de Tamara Kamenszain, bello libro donde se elabora un duelo parecido, con una madre internándose en la sombra. Lo único es que allí puntea en quienes leemos el sonido del poema que, a diferencia de la frase tajante, deja un rastro sensible de otra naturaleza. Ahí habría que indagar entonces en las matrices generadoras de la forma, en los matices mismos de la palabra cuando dice o cuando canta.

 

La autora  es poeta, ensayista y profesora. Ha antologado la poesía puertorriqueña en dos colecciones publicadas en La Habana y Caracas y la obra de las poetas puertorriqueñas de la promoción del 70 en su antología De lengua, razón y cuerpo. Ha obtenido múltiples premios nacionales e internacionales por su obra poética y crítica.

 

 

 

Argentina 1985: Recordar para nunca repetir

 

En Rojo

 

Director: Santiago Mitre; guionistas: Mariano Linás, Martín Mauregui y Santiago Mitre; cinematógrafo: Javier Juliá; elenco: Ricardo Darín, Peter Lanzani, Claudia Paredes, Claudio Da Passano, Gabriel Fernández, Alejandra Flechner, Carlos Portaluppi, Alejo García Pintos, Norman Briski, Héctor Díaz, Guillermo Jacubowicz, Susana Pampín, Santiago Armas Estevarena, Gina Mastronicola

Este hermoso e impactante proyecto de Santiago Mitre es un homenaje a la memoria, la resistencia y el sentido de justicia. “Nunca más”, “Prohibido olvidar” “La memoria no se borra”, “La historia siempre en nuestras vidas” “Ley de la memoria histórica”, “Museo de la memoria y los derechos humanos” son frases y lugares que intentan preservar la memoria de tantos crímenes cometidos contra la humanidad. Tenemos la esperanza de que, si esa memoria sigue viva, no se repetirán los mismos o parecidos errores del pasado. Puede haber comenzado con la vivencia de un/a individuo/a para luego extenderlo a una familia, vecindario y comunidad. Pueden ser memorias borrosas y lejanas, pero el trauma nunca se olvida, aunque se intente esconderlo para no reabrir la herida. Esto es lo que el fiscal Julio César Strassera le pide a Luis Moreno Ocampo, asistente recién nombrado y a su joven equipo en la oficina de la fiscalía que tiene la encomienda de hacer lo que nunca antes se ha logrado: juzgar en una corte pública a las cabezas militares que idearon y llevaron a cabo el Proceso de Reorganización Nacional, mejor conocido como “El Proceso” de 1976 a 1983.

En Argentina 1985 no hay héroes, pero sí personas con convicciones que creen en que la ley aplica a todxs. Eso sí, sin evidencia no se puede acusar a nadie y el equipo de Strassera no va a hacer lo que las juntas militares hicieron: secuestrar a miles de personas sin acusarlos de ningún delito, excepto creer en ideas diferentes y pertenecer a grupos o partidos que los militares consideraban una amenaza a su estabilidad política. La mera sospecha de esto era suficiente para que un grupo militar o paramilitar armado tumbara la puerta de tu casa, en las noches preferentemente, y lx llevaran a un lugar indefinido y nunca se volvieran a ver. Todavía se desconoce el número de desaparecidos que ronda en los 30,000. Por eso las historias de lxs testigxs en los juicios siempre terminan ¿dónde está mi hijo o hija, marido, hermano, hermana? Pregunta que hasta el día de hoy no han podido contestar los verdugos con uniforme militar. Antes de comenzar los juicios, se da el trabajo más difícil: buscar evidencia a través de todo el país de que “El Proceso” fue un plan ideado por los militares para acabar con los que ellos consideraban “los enemigos del país”. El filme dramatiza esta etapa de la investigación al lanzar a su joven equipo a través de ciudades y poblados donde se habían denunciado desapariciones. Como es natural, al principio hubo suspicacia de las razones que estos chicos desconocidos querían entrevistarlos, pero pronto le brindaron la evidencia que necesitaban. Lograron pruebas contundentes e imparciales para corroborar lo ocurrido. En los cinco meses que duró el juicio de nueve oficiales acusados—incluidos Jorge Rafael Videla y Emilio Eduardo Massera—de crímenes de lesa humanidad, tortura, secuestro, asesinato y desaparición, la fiscalía presentó más de 800 testigos. El filme escoge presentar fragmentos de cuatro de ellos y uno, el de Adriana Calvo de Laborde, en diferentes etapas, para presentar cada detalle de su secuestro. El silencio en la corte y aquí en la sala de cine atestiguan el impacto de su testimonio.

El filme balancea la gravedad del juicio de las juntas con la vida familiar y amistades (Ruso, Somi, Bruzzo) del “loco” Strassera como lo conocían sus amigos por los arranques que tenía y su manera de enfrentar los desafíos de la Fiscalía. Su esposa, Sylvia, que lo conoce tan bien, se las canta como son cada vez que su indecisión florece y lo critica abiertamente por integrar su paranoia a su propia casa. Su hijo de 12 años, Javier, se convierte en su socio para conseguir información de su hermana o de los jueces en su receso. Las entrevistas a los candidatos para integrar el equipo de Strassera es una joya de buen humor. El resultado del juicio, aunque se logró lo impensable, no era lo que esperaban Strassera y su equipo, pero, aún así, fue una decisión nunca esperada: cadena perpetua para Videla y Massera; Roberto Viola 17 años de cárcel, Lambruschini 8 y Agosti 4 y medio; los otros cuatro absueltos. Este juicio abrió las puertas para otros enjuiciamientos a pesar de la Ley de Auto-inmunidad de abril de 1983 decretado por la última Junta (derogada por Raúl Alfonsín tan pronto juró como presidente), dos nuevas leyes de amnistía en 1987 (aprobadas por el Congreso que crímenes cometidos tenían fecha de expiración y cero acusaciones a rangos menores de coronel) y los perdones presidenciales, que incluía a Videla, del presidente Carlos Menem (1989-1999). Sí, se logró que la Corte Suprema derogara las leyes de amnistía en 2005 y que en 2010 se llevara a juicio nuevamente a Videla y 10 otros oficiales por 35 actos de apropiación de menores donde son encontrados culpables.

Argentina 1985 nos refiere a dos excelentes filmes que lograron la atención mundial por su exposición en festivales internacionales y nominaciones y premiaciones en Cannes, Berlín y los Oscar por Mejor Película Extranjera. Z de 1969 del director griego Konstantinos Costa-Gavras donde el procurador principal de una Junta militar acusada de perseguir y asesinar al líder de la oposición, Z, investiga y encuentra evidencia para culpar a esa misma Junta y La historia oficial de 1985 del argentino Luis Puenzo donde una mujer descubre de dónde viene su hija adoptiva. Este filme se comenzó a filmar en 1983 durante la transición de la dictadura a las elecciones y tuvo que suspenderse por las amenazas que recibieron. Pero en vez de hacerlo, siguieron filmando en espacios privados y por eso estuvo lista en 1985. Termino con dos referencias importantes: el libro El mito de la guerra sucia (Bs As 1984) del Centro de Estudios Legales y Sociales (disponible en PDF), grupo que aportó sus investigaciones y documentos para el juicio de las Juntas y el video de la ponencia de cierre de Julio César Strassera: https://youtu.be/i18FQPnsyPc. El filme esta dedicado a “la memoria de las víctimas del terrorismo de Estado”.

La tarea de la Reforma a ser siempre retomada

 

Especial para En Rojo

Las recientes elecciones en Brasil llamaron la atención de todo el mundo sobre la importancia del factor religioso en la campaña de los candidatos que se presentaban como candidatos de Dios y de las Iglesias. En algunas congregaciones, cualquiera que no votara de acuerdo con las indicaciones del cura o pastor quedaba mal visto. Mientras más de la mitad de la población brasileña votó por el presidente Lula, porque vio en la propuesta de su candidatura la reanudación de la democracia y una mayor atención a las categorías más empobrecidas del pueblo, católicos y evangélicos tradicionalistas pedian a Dios o a la Virgen que liberara a Brasil de la izquierda y de lo que llaman fantasmagóricamente de Comunismo. Dios debió sentirse como cuando, en una copa de fútbol, los jugadores de dos equipos rivales hacen promesa a Dios y piden la victoria a su equipo. Dios tiene que hacerse suportador de uno u otro equipo.

En la sociedad latinoamericana y caribeña, la injerencia de las Iglesias en las elecciones y la política no es algo nuevo. Esta vez, en Brasil, la novedad ha sido el uso y abuso de las redes sociales, así como el hecho de que algunos pastores pentecostales y sacerdotes católicos han utilizado noticias falsas y mentiras descaradas, sin ningún escrúpulo ético o religioso.

La alianza de muchos ministros y grupos eclesiásticos con la derecha violenta revela la atracción casi erótica de las jerarquías por el autoritarismo político y el sueño de recuperar el poder sobre la sociedad.

La Iglesia Católica llegó al nuestro continente abrazada a los colonizadores, en cuyas haciendas mantenían capellanes que legitimaban religiosamente la esclavización de negros e indios. Con muy pocas excepciones, obispos y los sacerdotes siempre apoyaron a los reyes y a los señores. En las primeras décadas del siglo XIX, cuando casi todos los países del continente ya eran independientes, el Papa seguía publicando bulas que obligaban a los católicos latinoamericanos a someterse a los reyes de España y Portugal.

En la segunda mitad del siglo XIX llegaron las iglesias evangélicas. Trajeron consigo una cultura típica del sur de Estados Unidos: racista, eslavócrata y partidaria de la supremacía blanca de perfil protestante.

Hasta mediados del siglo XX, era normal que los obispos católicos propusieran candidatos para que el pueblo votara y decían también en cuales candidatos los/las católicos/as no deberían votar. En los años 1960, varios países del continente vivían bajo dictaduras. Con algunas excepciones, las autoridades eclesiásticas apoyaron a los militares contra el fantasma del Comunismo, con los mismos argumentos que, aún hoy, muchos sacerdotes y pastores utilizan para apoyar a la extrema derecha. Nada nuevo bajo el sol. La única novedad es la feroz competencia entre grupos católicos tradicionalistas y comunidades pentecostales y evangélicas para ver quién puede reimplantar un régimen de cristiandad en Brasil y en el continente.

Ahora necesitamos profetas y profetisas que recuerden a los interesados: Dios no ha firmado un contrato de exclusividad con nadie. A este nuevo tipo de doctores de la ley y sacerdotes de los nuevos templos, sean pentecostales o católicos, Jesús les repite lo que dijo a los antiguos fariseos: «En verdad os digo que los recaudadores de impuestos y las prostitutas entrarán en el reino de Dios antes que vosotros» (Mt 21,31).

El autor es brasileño, monje benedictino y ha escrito más de 40 libros.

 

Crucigrama- Delmira Agustini

Especial para En Rojo

Horizontales

1. Delmira Agustini _____; poeta modernista natural de Montevideo. Sus poemas fueron ensalzados por Rubén Darío.

5. Enrique _____ Reyes; exesposo de Agustini. La asesinó por no aceptar el divorcio.

7. En Turquía, persona con un cargo de importancia, especialmente militar, pl.

8. Juana de _____; declarada en 1803, símbolo nacional de Francia.

10 _____ Agustini Murtfeldt; autora de «El libro blanco (Frágil)», «Cantos de la mañana», «Los cálices vacíos», «El rosario de Eros» y «Los astros del abismo».

15. Astro.

18. Liso y blando al tacto.

19. Cloruro sódico.

21. Detrás.

23. 6 de _____ de 1914; asesinato de Agustini a manos de su exesposo Enrique Job Reyes.

25. El _____ blanco (Frágil); (1907) primer poemario de Agustini.

26. Todavía.

28. _____; ciudad portuaria chilena.

29. Símbolo del neón.

30. _____ inefable; poema de Agustini en su libro «Cantos de la mañana».

32. _____ vampiro; poema de Agustini en su libro «Cantos de la mañana».

33. Conozco.

34. _____ amores; poema de Agustini en su libro «El rosario de Eros».

35. 24 de _____ de 1886; nacimiento de Agustini.

36. Se atreve.

40. La _____; poema de Agustini en su libro «El libro blanco (Frágil)».

42. _____ dormías; poema de Agustini en su libro «Cantos de la mañana».

43. Divinidad egipcia.

46. Órgano de la visión.

47. Interjección.

48. Símbolo del osmio.

49. _____ misma fui mi ruta; poema de Julia de Burgos.

Verticales

1. Para tus _____; poema de Agustini en su libro «Los cálices vacíos».

2. Tumor benigno formado por tejido fibroso.

3. Silvia _____; novelista, cuentista, crítica literaria y catedrática uruguaya.

4. Sobre una _____ cándida; poema de Agustini en su libro «El rosario de Eros».

6. Delmira _____ Murtfeldt; autora de los poemas «Para tus manos», «Tú dormías», «Lo inefable», «Visión» y «Sobre una tumba cándida», entre otros.

9. Los _____ vacíos; (1913) poemario de Agustini.

11. Existe.

12. Eva _____; novela de Isabel Allende.

13. _____ Silén; autor de la novela «Las muñecas de la calle del Cristo».

14. Segunda nota musical.

16. Esfera celeste o terrestre, pl.

17. Hogar.

19. Punto cardinal.

20. Puso liso algo.

21. Símbolo del aluminio.

22. Sin compañía.

23. Halé.

24. Juego infantil hondureño.

27. _____; patria de Agustini.

31. Lengua provenzal.

32. Símbolo del erbio.

37. Abandonó.

38. El rosario de _____; poemario de Agustini publicado póstumamente en 1924.

39. _____ astros del abismo; poemario de Agustini publicado tras su muerte.

40. Del verbo ser.

41. Donde, poéticamente.

42. Tisana.

44. Carta de la baraja.

45. Cantos _____ la mañana; (1910) poemario de Agustini.

Basta de impunidad a la Policía

CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

El más reciente acto de feminicidio cometido por un miembro retirado de la Policía de Puerto Rico, subraya la importancia de que dicho cuerpo garantice mecanismos para la rendición de cuentas, plantea la organización Kilómetro Cero (Km 0).

Ante la noticia de que el presidente del Frente Unido de Policías organizados (FUPO), Diego Figueroa Torres, asesinara a Iraida Hornedo Camacho (con quien mantenía una relación sentimental) y luego se suicidara, la Prensa se ha dedicado a exaltar los supuestos méritos del teniente  retirado. Los hechos ocurrieron el fin de semana del 22 de octubre. En lo que va de año, según el Observatorio de Equidad de Género de Puerto Rico, 59 mujeres han sido asesinadas. De estos asesinatos, 14 se clasifican como feminicidios íntimos.

Kilómetro Cero destacó la importancia que reviste el que la Policía y sus líderes gremiales, como  parte central del sistema legal criminal que son, cuenten con mecanismos robustos y las salvaguardas necesarias de rendición de cuentas. De esta manera es que se puede garantizar que si un policía comete un abuso o un crimen, como lo es la violencia doméstica, no sea protegido por el sistema al que pertenece ni se le den ventajas por encima del resto de la ciudadanía.

Un aspecto relevante que trajo a la atención Km 0 es que en  el caso de la violencia doméstica u otras violencias de género, el entrenamiento policial puede reforzar las tácticas de maltrato. “La capacitación especializada en investigación, vigilancia y uso de la fuerza acentúan las dinámicas de control en policías agresores, haciéndoles más peligrosos. Algunos de los abusos más comunes registrados en casos en donde el agresor es integrante de un cuerpo de la Policía son aplicar estrategias de poder y control a sus relaciones íntimas, pues el abuso no solo podría ser físico, sino también podría implicar aislamiento, interrogatorios, vigilancia, fabricación de casos y/o uso de armas. Todo eso incide en lograr que los casos no lleguen a término.”, afirmó Mari Mari Narváez.

De acuerdo con el observatorio ciudadano, desde el año 2018, el propio equipo del exmonitor de la Policía, Arnaldo Claudio, sugirió que había un problema de impunidad entre oficiales que son agresores de sus parejas mujeres. En el año 2017, por ejemplo, de 99 querellas por violencia doméstica contra policías estatales, ninguno de los casos resultó en convicción, mientras que el 14 % de las denuncias de violencia doméstica en la población general resultan en condenas, según estableció en su informe.

Otro dato relevante señalado es que dado a  que los casos de feminicidios íntimos suelen tener un historial previo de violencia de género, en el año 2021 se presentaron 67 querellas de violencia de género contra policías. Esta cifra implica, en promedio, que en cada semana se presentaron una o dos querellas de violencia de género contra policías, solamente en la Uniformada estatal.

Para la directora ejecutiva de Km 0, Mari Mari Narváez,  en el caso del feminicidio-suicidio perpetrado por el líder gremial de los policías,  aunque este no era policía activo, es imperativo que se revele su expediente de querellas administrativas. Debido a que los feminicidios son la culminación de la violencia de género, esta  violencia doméstica puede abordarse a tiempo si la institución toma medidas de rendición de cuentas; garantiza que los delitos y abusos de los agentes policiales tengan consecuencias legales, disciplinarias y económicas; erradica la cultura de impunidad y asume su responsabilidad.

“Independientemente de si Iraida Hornedo Camacho había presentado o no una querella en contra de Diego Figueroa, lo verdaderamente revelador es el expediente completo de esta persona dentro de la Policía. Si la agencia, cuando pudo, no actuó para que su historial violento tuviera consecuencias, de nada vale hoy la supuesta ‘sensibilidad’ con que prometen manejar este caso. Sabemos que su paso por la Policía fue en un momento en que no había ni el más mínimo mecanismo de rendición de cuentas. El problema es que esta persona siguió asumiendo liderato dentro de la Policía, en la opinión y hasta en la política pública del país por vía del gremio que dirigió y, lamentablemente, hoy día, tras cientos de millones de dólares invertidos en una supuesta reforma, tampoco hay mecanismos confiables y efectivos para combatir la impunidad”.

La directora ejecutiva de Kilómetro Cero recalcó que el manejo de los casos de violencia de género desde la Policía es un asunto urgente, y así lo saben las autoridades desde que se publicó una investigación del Departamento de Justicia de EE. UU. sobre la Policía de Puerto Rico. En aquel momento, uno de los más serios hallazgos era la forma como la Policía manejaba los casos de violencia doméstica y agresiones sexuales.

“Han pasado más de diez años desde la publicación de esa investigación y todavía tenemos una Policía machista, abusadora, patriarcal, que victimiza doblemente a las mujeres y protege sus delitos de violencia de género descansando sobre la certeza de que su poder no será trastocado.

No hay excusas. Hoy más que nunca hay que exigir trato digno, justo y confiable a las sobrevivientes de violencia de género; eficiencia en las investigaciones; rendición de cuentas; investigaciones administrativas y criminales independientes sobre toda conducta delictiva de parte de agentes a cargo de la seguridad pública; erradicación de la cultura de impunidad entre policías y supervisión estricta en la ejecución de políticas internas. La vida de miles de mujeres depende de ello todos los días”.

Lo que sucede a nivel social

Por otra parte, la analista del Observatorio de Equidad de Género, la doctora Debora  Upegui-Hernández, expuso que a nivel social, en el país, definitivamente, estamos en medio de una crisis de salud mental,  una crisis social, política y económica. “La gente está viviendo unas situaciones muy difíciles en su vida que generan niveles de estrés mucho mayores a los que estamos acostumbrados y eso se suma a situaciones con personas que puedan tener dificultades para manejar esos niveles de estrés, pues van haber detonantes que pueden generar este tipo de situaciones”.

La psicóloga social observó que al estar en una cultura machista, que avala que los hombres entienden que tienen control sobre la vida de las mujeres, vemos, por ejemplo, que una situación donde debería haber un suicidio, el hombre entiende que tiene el derecho de también tomar la vida de la persona de la que supuestamente entiende tenía el control y que debería responder positivamente a sus deseos.

“Creo que lo que no se está atendiendo a nivel social es las raíces de donde surgen estas situaciones, que son la iniquidad, la falta de acceso a servicios básicos. Estamos en medio después de un huracán, con gente que todavía está sin luz. Todas estas situaciones, aunque no se vivan personalmente, van generando niveles de ansiedad elevados”. La doctora recordó que incluso no hay servicios de salud accesibles ni  se están viendo acciones desde el gobierno para atenderla.

Agregó que la violencia machista y violencia en general que vive el país es  algo que va más allá de una educación con perspectiva de género. Para esta, la educación con perspectiva de género es un pilar necesario y que esa sería la primera parte del gobierno para atender el problema, porque eso ayudaría a evitar que las personas asuman una conducta machista y desarrollen  violencia contra las mujeres. Pero que también hace falta hablar de la cultura de paz y trabajarla; que la violencia no es la manera de resolver conflictos, por lo que debe haber un repudio social a situaciones de violencia.

La doctora Upegui-Hernández señaló que hace falta  generar estrategias desde el Gobierno y la sociedad civil para trabajar esa violencia comunitaria que estamos viendo, que no es solo resultado del individuo que lleva una actividad criminal, sino que hay circunstancias que llevan a una persona a involucrarse en una actividad criminal.

Limitar el acceso a las armas es un ejemplo de una acción concreta: “Facilitar la tenencia de armas es un error. Nosotros estamos caminando hacia esa flexibilización. Es un error porque estamos conectados  a Estados Unidos”. Indicó que se ha comprobado por la ONU y  otras organizaciones que una de las principales herramientas para prevenir la violencia es  limitar el acceso a las armas. Sin embargo, en estos momentos, el Senado de Puerto Rico contempla flexibilizar el acceso a las armas. Se ha comprobado que la tenencia de un arma aumenta la letalidad en cualquier conflicto. En el caso de los feminicidios,  más del 60 %  de los ocurridos el pasado año fue con armas de fuego, y ha habido  años en  que ese número subió  80 %.  Esto es algo diferente a lo que ocurre en los países latinoamericanos, en donde la  mayoría de los feminicidios ocurren por arma blanca u otro tipo de agresión.