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Babylon Baby, novelita/cuentazo

Eugenio Hopgood

Alejandro Carpio

Aquí todos hemos leído a Eugenio Hopgood Dávila, hayamos abierto las páginas de Babylon Baby o no, y dudo que él necesite introducción en este espacio. El libro que se presenta en estos días, sin embargo, es su primera obra de ficción. Está compuesto de una narración larga, titulada también “Babylon Baby”, que podríamos llamar cuento largo o novela corta; alguna gente se refiere a este género literario con la voz italiana “novella”, mientras que los aventurados utilizan el término “noveleta”, una de las palabras más feas del español, que traduce el inglés “long short story”. Se trata de una narración de extensión a caballo entre el cuento y la novela, a la que llamaré “novelita” estrictamente porque es corta o “cuentazo” por el hecho de que es un gran cuento. Además de este texto, el libro contiene nueve cuentos que Eugenio viene escribiendo desde las dos últimas décadas.

Siempre he considerado que reseñar y presentar libros de cuentos es una tarea difícil, porque describir brevemente un texto breve requiere mucho esfuerzo, pero aquí voy. La novelita/cuentazo que nos obsequia Hopgood Dávila y que comparte el título de la colección refiere la historia de unos soldados boricuas que reciben la orden de activación y se dirigen a Irak. La contraportada del libro comenta que el autor puertorriqueño Emilio “Díaz Valcárcel estaría orgulloso” de “Babylon Baby”. Ciertamente, aunque el punto de vista de la novelita/cuentazo diverge mucho del que maneja el autor de Figuraciones en el mes de marzo. Los lectores de Díaz Valcárcel recordarán la historia satírica del joven ponceño Cristeto Aguayo, intercalada en el mismo medio de su novela. Cristeto (una parodia de Rambo avant la lettre) se crio descuartizando lechones y, sin haber siquiera cumplido la edad requerida, se enlistó en las Fuerzas Armadas para poder matar seres humanos con impunidad en la Guerra de Vietnam. Esta sección de la novela de Díaz Valcárcel describe las andadas violentísimas de Cristeto con sobretonos carnavalescos, y subraya la fruición del personaje en el arte de picotear vietnamitas con disfrute profundo y fervor casi religioso.

El humor de Díaz Valcárcel llega a ser muy torcido; leemos que Cristeto “solía dedicarles, con su habitual desprendimiento e imparcialidad, múltiples elogios a los anónimos héroes que trabajan sin llegar a ver el producto de su sudor, como era el caso de los aviadores que, a gran distancia de su objetivo, arrojaban fósforo vivo, napalm, bombas de fragmentación y bombas de acción retardada sin que lograran ver cumplida su labor en lo referente al ‘factor humano’” (260).

En cambio, en su narración Eugenio se permite compadecerse de los soldados de origen puertorriqueño; al menos, hasta cierto punto. Aunque son miembros del ejército invasor, llegan a reconocerse en el pueblo invadido y leer su propia situación histórica en una geografía distante, al otro extremo del planeta. La educación vital por la que atraviesan es rápida y vehemente. No quisiera anticiparles giros de la trama y mucho menos al final, pero sí que la anagnórisis de los soldados boricuas se cristaliza a manera de pesadilla. Esto es, el narrador entreteje su historia con compasión, pero sin conceder una fácil impunidad. Los dobleces y juegos de espejo de la trama se posibilitan mediante el horror y el desmembramiento de manera tal que, aunque Eugenio esquiva la rabia satírica de Díaz Valcárcel, en la novelita/cuentazo se lleva a cabo una justicia poética no menos eficaz y no menos antiguerra que la que encontramos en las páginas dedicadas las crueles andanzas de Cristeto Aguayo.

La literatura puertorriqueña ha novelado un tanto sobre soldados boricuas que luchan en el ejército estadounidense y son “héroes de otra patria”: desde el citado Díaz Valcárcel hasta el maestro José Luis González (sobre todo en Mambrú se fue a la guerra), y más recientemente Jaime Marzán Ramos y Raquel Otheguy. Aunque le sugiero encarecidamente a Eugenio que deje el texto tal como está, lo invito a que nos regale otra narración de este tipo más adelante, sobre todo si pretende continuar con su vocación por este tipo de prosa inteligente y colorida. Esperemos, eso sí, y roguémosle a la Virgen, que no nos novele la incursión de soldados oriundos de Coamo y San Sebastián en la guerra terminal que se está cociendo entre potencias atómicas, como habrán sospechado ustedes si leen el periódico a diario.

Debo decir que me quedé con las ganas de seguir leyendo “Babylon Baby”, que rebasa por poco las 50 hojas de esta edición de Secta de los Perros. Lo digo a manera de elogio. En ocasiones, la soberbia y la lujuria —dos pecados capitales— confabulan para que los narradores nos abrumen con páginas innecesarias, incluso los buenos narradores. La queja no es solo mía; Borges les recriminó a los maestros del realismo ruso que le dedicaran tanto espacio a tramas que se podían resolver en narraciones breves. Cuando uno se propone ponerse al día con la literatura puertorriqueña se topa con el mismo fenómeno: novelas de 400 y 500 páginas (a veces en varios tomos) a las que se le pudo cortar, como mínimo, la mitad; si la instrucción de Borges le aplica a Dostoievski, puede aplicársele también —y sin descrédito— a un autor de la isla borincana. En su novelita/cuentazo “Babylon Baby”, no obstante, Eugenio obró de forma opuesta.

Las otras pesadillas que incluye este libro consideran la responsabilidad individual ante un crimen, la forzosa y atroz seducción de las femme fatales, la claustrofobia ineludible de los ascensores, las malditas, malditas drogas que tantas estupideces nos ponen a hacer y la peor pesadilla de todas: el espantoso deseo del cuerpo maternal que enloqueció a Sigmund Freud y que llamamos, en su honor, “edipal”.

El texto que le da título a la colección me sorprendió por el detalle con el que el autor forjó los colores específicos de la topografía isleña y la iraquí. Ese mismo cuidado puede apreciarse en los diálogos de este y demás textos, incluso los que están en boca de personajes «cacos»; importante decir además que cuando la fantasía literaria le permite (incluso le requiere) a Eugenio jugar con las palabras, no cae en sarcasmos fáciles, típicos de la insoportable comedia popular puertorriqueña.

Quiero advertirles, por consiguiente, que el título del cuento “Sharineshka la voladora” no debería predisponernos a leer una burla de la sociedad boricua contemporánea en donde existe ese tipo de nombre imposible, sino todo lo contrario: Sharineshka es una pieza triste (la única triste del libro, en mi opinión), pero va redactada con la delicadeza inverosímil y formidable que se puede encontrar en el animé japonés más dulce, como el de Miyazaki. Consideremos este pasaje que describe cómo Sharineshka la voladora detiene su acrobacia por los aires brevemente: “En un instante ya se encontraba encima de la copa de un árbol de aguacate o de un palo de limón, luego se posaba suavemente, como si aterrizara una pluma, sobre la acera, el duro concreto que pisaban los demás con sus pasos pesados y cansados” (161). De manera casi imperceptible, el narrador supo contraponer imágenes de ligereza con imágenes de pesadez. Sugieren ligereza los términos instante, encima, copa de árbol, palo de limón, posarse, suavemente, aterrizar y pluma; demandan leerse con pesadez los términos acera, duro, concreto, pisar, pasos pesados y cansados. Escogí este ejemplo un poco al azar para comentar el esmero con que se propuso fabular Eugenio, pero este cuidado estilístico (quizás heredero del maestro Cortázar) puede encontrarse a lo largo de los textos de Babylon Baby.

Insisto: no hay burla, sino ternura, en el trato de los solados boricuas en Irak, así como no hay burla en la selección del nombre de la niña voladora que se posa sobre un palo de limón. Tampoco hay intención burlona en la recreación de quien ha venido a ser el estereotipo por excelencia que nuestra contemporaneidad ha escogido para representar nuestra cotidianeidad. Ya parece obvio que nuestra literatura (incluyo el teatro y el sketch de televisión) reconoce en “el caco puertorriqueño” una clave de identidad nacional que en otra ocasión identificó en el cocolo y que, en un principio, intentó ver en el campesino. En los cuentos “Amigo de qué” y “La vecina”, concretamente, los personajes pertenecen a lo que en otras sociedades se describe como “el bajo mundo” y que aquí en la isla nos resulta tan familiar que reconocemos simplemente como “el mundo de todo el mundo”. El narrador no parece haberse propuesto contarnos relatos realistas, nitty gritty, de la sociedad urbana puertorriqueña (todo lo contrario: diría que todos estos cuentos son, a su manera, fantásticos); las coordenadas espacio-temporales, no obstante, y la lengua que hablan los personajes son tan reconocibles como las conversaciones que suelen tener los muchachos y muchachas en esta calle que tenemos aquí al frente y que alguna gente —tengo entendido—insiste en llamar Ponce de León.

Así, por más misterio, horror y fantasía, advertimos el contorno de una realidad que es nuestra. En la mayoría de los cuentos la escena transcurre en la ciudad capital, con alusiones específicas a Miramar, Santurce y el Viejo San Juan. Por ejemplo, en “La ofensa”, el cuento de ambientación más bohemia, se nos narra el insulto racista que lanzó un colorao borracho en las inmediaciones y cercanías del bar sanjuanero Aquí Se Puede, al que asisten “buscando sexo, adrenalina, ron, cocaína, buscando despejarse y despojarse de las penurias y el hastío de la vida diaria” una gama de tecatos, alcohólicos, bailadores de salsa e imprudentes de la vida. Otro colorao (esta vez no borracho, sino arrebatao con LSD) llega a volar más alto que Sharineshka, no sin antes deambular frente a Perpetuo Socorro, bajar por la Miramar y cruzar la Baldorioty. Reconocibles también (pero igual de viajosos y no menos imbuidos en la fantasía que el resto de los personajes) son José Esteves, Margarita Aponte y Yolanda Vélez Arcelay, quienes tienen una suerte de cameo en el texto (Vélez Arcelay también aparece en la novela más reciente de Pedro Cabiya porque, si de retratar la realidad puertorriqueña en clave fantástica se trata, sería imperdonable ignorar a esta periodista). José Esteves, Margarita Aponte y Yolanda Vélez Arcelay aquí reportan la realidad dentro de un sueño, o desde otra realidad que cruza por encima de la nuestra; una especie de consuelo que recibe otro de los pobres protagonistas de estas pesadillas que escribió Eugenio a lo largo de los años. José Esteves, Margarita Aponte y Yolanda Vélez Arcelay, debo añadir, son algunos de los forjadores de eso que llamamos “la realidad puertorriqueña” y que se genera delante de las cámaras de Wapa y Telemundo; quizás por eso sean los personajes perfectos para recordarnos que la única realidad garantizada, no solo para los borincanos, es nuestra propia muerte, que puede pillarnos en el sitio más inesperado, como le sucede al pobre protagonista de este cuento claustrofóbico.

Finalmente, quisiera comentar que este pulseo entre lo onírico y lo cotidiano me tocó de cierta forma que aún no entiendo. En más de una ocasión la vida y las desdichas me han ubicado en situaciones de un extremo peligro, de un peligro específico y concreto que pude reconocer en uno de los cuentos de Babylon Baby. Hay cierto tipo de belleza extraña (que en ocasiones no reconocemos como belleza de forma inmediata), hay cierto tipo de seducción atroz, de la que he escapado con vida por pura suerte o protección de algún ser astral. Me niego a dar detalles de estas vivencias íntimas de mi vida y me niego todavía más a contar detalles de este cuento en específico, pero anuncio que se trata de una variación muy específica del arquetipo de la femme fatal de las películas de Humphrey Bogart, solo que de matiz borincano; una variación muy reconocible y boricua, enloquecedora y poderosa, de la cual conviene huir en todo momento por razones que el tiempo se encarga de aclarar. Este tipo de carnada mortal y tentadora viene de todos los géneros, colores y sabores, pero el resultado de caer en sus garras siempre es el mismo. Cuando lean “La vecina” entenderán a lo que me refiero.

La literatura puertorriqueña recibe con beneplácito la obra literaria de Eugenio Hopgood Dávila. Estos cuentos (y el cuentazo) les agregan sofisticación a nuestras letras. Espero muy sinceramente que ustedes disfruten este libro tanto como yo y que Eugenio nos regale dos o tres más.

Eugenio Hopgood Dávila. Babylon Baby. La Secta de los Perros, 2023. 188 pp.

*Esta es la presentación del profesor Carpio realizada el sábado 14 de octubre en la Librería Mágica.

María Civico en Ponce

Foto suministrada

El sábado 7 de octubre de 2023, el patio interior del Centro Cultural Carmen Sola de Pereira de Ponce (calle Cristina 70) sirvió de escenario a la presentación del libro María Civico:  modista de conciencias, publicado este año por los caborrojeños Dr. Luis A. Ramírez Padilla y Margarita M. Asencio López.  El acto fue auspiciado por el Ateneo de Ponce, la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico y el Comité Pro Edificio María Civico, María Civico nació en Cabo Rojo en 1860 y murió en Mayagüez en 1928.  Sus primeros 16 años de vida fue víctima de la esclavitud, pero sus destrezas en la costura, sumadas a sus valores personales, la hicieron superar la pobreza y el discrimen para convertirse en una modista de renombre en la región de Mayagüez.  Aunque no hubo hijos en su matrimonio con el líder obrero Luis Soler, ambos criaron nueve huérfanos de la familia, que se convirtieron en hombres y mujeres de bien.

La presentación estuvo a cargo de la coautora del libro y el Dr. José Escabí Pérez, nieto de uno de los hijos de crianza de María, relató varias anécdotas familiares.  El acto terminó con la participación del Dr. Arnaldo Carrasquillo Jiménez, quien declamó varios poemas de Luis Palés Matos, Fortunato Vizcarrondo y otros poetas negristas.

Erase una vez/Once Upon a Time, esta vez en el Caribe

 

En Rojo

Director y guionista: Ray Figueroa; cinematógrafo: Willie Berríos; Editor: Gabriel Coss; música: Omar Silva; elenco: Héctor Aníbal, Essined Aponte, Linda y Sofía Aguayo, Leonardo Castro, José Eugenio Hernández, Modesto Lacén, Robert García Cooper, Jeffrey Holsman, Kisha Tikina Burgos, Néstor Rodulfo, Fele Martínez, Dolores Pedro, Israel Lugo, Julio Ramos

El primer “Once upon a time…” del que tengo ficha fílmica es de 1968—en este caso lo ubica en “in the West”, protagonizado por Henry Fonda—del genio creativo y atrevido de Sergio Leone que nos trajo al Clint Eastwood de The Good, the Bad and the Ugly (1966), For a Few Dollars More (1965) y A Fistful of Dollars (1964), los ya legendarios Spaghetti Westerns. En su segundo filme con este título, Once Upon a Time in America del 1984, Leone retoma la trama ubicada en un tiempo de abuso y anarquía de un antihéroe a quien hieren casi hasta morir para recomponerse e igualar las fuerzas opositoras y enfrentarse en una última batalla, ahora protagonizado por Robert DeNiro. No importa si la idea original es de Akira Kurosawa en Yojimbo de 1961, Leone lo transforma a la época que crea en la pantalla para resaltar que la bondad ni la confianza tienen cabida en este mundo. A fin de cuenta, cada miembro de esta sociedad defiende sus propios intereses y le importa muy poco el resto del grupo o comunidad. Sus intentos de salvar a otros, siempre terminan en leves o profundas, enemistades, remordimientos y venganza. Siempre hay un sentido de entereza en el protagonista que no le permite desligarse del todo de las injusticias que cometen los que ejercen el poder.

Para cuando llegamos al siglo XXI, los “Once Upon a Time” se vuelven más violentos entre carcajadas y pocas seriedades. El Once Upon a Time in Mexico de Robert Rodriguez de 2003 con Antonio Banderas como protagonista, se puede clasificar como comedia de acción como su El Mariachi de 1992, con muy poco del sentido de las consecuencias emocionales de la traición e injusticia infligidas al protagonista. En la más reciente versión de Once Upon a Time—esta vez en Hollywood—de Quentin Tarantino de 2019, la época recreada o aludida es muy específicamente 1969 y el asesinato de Sharon Tate. En este caso, se dan pequeñas escenas de todo lo que estaba pasando en esa época alrededor de las productoras de cine de Hollywood, pero sentido de reivindicación no lo hay, algo esencial en las anteriores. Este año, un director y escritor puertorriqueño decide presentar su “Once Upon a Time…” remitiéndose a Kurosawa y Leone, señalando una época turbulenta, el enfrentamiento a enemigos creados o imaginados, la venganza como acción personal para retomar el respeto perdido y la posibilidad de crear algo distinto y mejor que logra plenamente.

Su director, guionista y autor, Ray Figueroa, escoge para el desarrollo de su historia, una época turbulenta específica: la[s] huelga[s] cañera[s] de la década de 1930 en Puerto Rico. Saber esto añade al trasfondo socioeconómico, pero no es imprescindible para entender los dilemas de los personajes principales. Encarnación (Héctor Aníbal) es un cortador de caña que sobresale por su fuerza, destreza, liderato y valentía al enfrentarse a las fuerzas represoras que impiden que los trabajadores declaren una huelga. Los dueños de la tierra siempre tendrán sus rompehuelgas y la protección de la policía estatal. Encarnación y los demás trabajadores (varias mujeres también trabajan los campos) saben que las victorias son efímeras y peligrosas y que su lucha siempre será a largo plazo. Tañón, Escalera, Balbino, Felo y los demás al servicio del “americano”, Mr. Walker, Sr., defienden al que les paga, aunque saben que traicionan a alguien que mejor representa su propia pobreza. Pura (Essined Aponte) tiene su propio pasado de ser una hija oprimida por un padre que no acepta la ruina económica de su propia clase. Por Encarnación, al parecer, estar tan alejado de esta realidad, Pura descubre su humanidad y accede a formar una nueva familia con él. Las otras dos mujeres centrales son Luisa (Kisha Tikina Burgos), la cuidadora de viejos, jóvenes y niña que tiene su propia historia que rehúsa cambiar y Rosa (Dolores Pedro) la trabajadora que observa, ayuda y resuelve sin darse a conocer. Los Walkers, padre e hijo, representan a los nuevos dueños de la colonia que se han creído el sueño económico de la isla sin entender la historia de su población. Mr. Beekman (Modesto Lacén), quien supuestamente pertenece al grupo opresor como fiel servidor/mayordomo de los Walkers, podría tener su propia historia como caribeño negro, descendiente de esclavos y ahora al servicio de probablemente un antiguo descendiente de esclavistas.

Este es el Caribe que nos presenta Ray Figueroa con un presente armonioso que se rompe con ‘flashbacks’ en blanco y negro de esa huelga cañera donde tantos murieron, fueron heridos o mutilados. Pero siempre quedan los recuerdos y las anécdotas de quién era Encarnación y también de su peligrosidad ahora que saben que sigue vivo. Con una cámara deslumbrante, de movimiento preciso, de tomas a distancia y cercana, seguimos el camino de Encarnación y su hija, Patria, en busca de la esposa y madre que le han secuestrado. Los paisajes que recorren son pedazos de vivencias como el baquiné diseñado por el cuadro de Francisco Oller. Aquí el director nos enlaza con los “Once Upon a Time” de Kurosawa y Leone (incluyendo los ‘spaghetti westerns’) al tener un protagonista taciturno que dirige toda su energía a un solo propósito: rescatar a su familia y matar a todos los que interfieran con este propósito. Se enfrentará con cualquiera, no importa si es un grupo o individuos más capaces. Utilizará el machete, como el samurái su espada, con todo lo que implica estos desafíos a muerte. Con una coreografía y tempo tan precisos, el filme recoge la peligrosidad del encuentro, la muerte lenta que va hilvanando historias, lxs sobrevivientes con un futuro incierto y la muerte como un paso hacia lo desconocido.

Crucigrama Loreina Santos Silva

Especial para En Rojo

Horizontales

2. Loreina Santos _____; escritora y catedrática de literatura española, hispanoamericana y puertorriqueña en el Recinto Universitario de Mayagüez.
5. Cuidadora de niños.
7. Nave.
9. Impar.
10. _____: rimas para los niños puertorriqueños; (1990) libro de Santos.
11. Hombrera militar.
15. _____ de soledad; (l987) poemario de Santos.
19. De esta manera.
20. Mi _____; (l981) poemario de Santos.
21. Autoridad de Acueductos y Alcantarillados.
22. Vocero del _____; (l982) poemario de Santos.
24. Mugido.
26. Dominio de internet de Indonesia.
27. Taberna.
29. 18 de _____ de 1933; nacimiento de Santos.
32. _____ Santos Silva; dirigió los primeros tres congresos de Creación Femenina en el Mundo Hispánico y el Primer Congreso Internacional de Conflictos Culturales en la Literatura Contemporánea.
34. Inflexión de la voz y modo particular de decir algo.
35. Amor, amor, _____ veleta; (1990) poemario de Santos.
37. Personaje bíblico hijo de Isaac y de Rebeca y hermano de Jacob.
38. El reclamo de _____ rocas; (1997) poemario de Santos.
41. Licor antillano.
42. 14 de _____ de 2022; fallecimiento de Santos.
47. _____; octavo país más extenso de África.
48. Óxido de calcio.
49. _____ del alma mía; libro de Isabel Allende.
51. Nombre de la ‘m’.
52. Extraña.
53. Perro.
54. Dueñas.
55. Cuentos de _____; (2005) libro de Santos.

Verticales

1. Loreina _____ Silva; autora de «Cuentos para perturbar el alma», «Mi ría», «La bestia: crueldad mental y violencia doméstica», «Nanas de vanguardia», «Algunas de mis claves» y «Cuentos de alas», entre otras.
2. Repara o remedia algo.
3. Planta que huele a ajo y lo mismo la leche de las vacas que la comen.
4. Palpaba.
6. Pronombre personal.
8. Tipo de sangre.
11. _____ puñales; (1993) poemario de Santos.
12. Natural de Partia, región del Asia antigua, pl.
13. Nube grande, baja y grisácea.
14. Algunas de _____ claves; (1982) libro de Santos.
16. Poemas para la _____ ausente; (1995) libro de Santos.
17. Enojarse con muestras de cólera y enfado.
18. Estado en el noroeste venezolano.
23. Relación escrita de lo tratado o acordado en una junta.
25. Antigua ciudad de Mesopotamia.
26. Satélite de Júpiter descubierto por Galileo.
28. Anual.
30. Algún.
31. Símbolo del europio.
32. _____ panteonera; (2005) novela indigenista de Santos.
33. Existe.
36. Personaje bíblico del arca.
39. Dar noticia de algún hecho.
40. Cegó, deslumbró u ofuscó.
44. Ángel _____; escritor, crítico y editor uruguayo.
45. Helena _____; (2009) novela de Santos.
46. Cuentos para perturbar el _____; (2000) libro de Santos.
47. Este ojo que me _____; (1996) libro de memorias de Santos.
50. _____ bestia: crueldad mental y violencia doméstica; (2002) libro de Santos.

Gary Núñez, un golpe de Plena por una Patria Libre

Gary Núñez en el Festival de Apoyo a CLARIDAD.Foto Archivo CLARIDAD

 

Gary Núñez, quien acaba de partir de este mundo sin apenas darnos tiempo de asimilar la noticia de su fatal enfermedad, fue, sin dudas, un extraordinario músico puertorriqueño. Pocas carreras musicales en nuestro país han sido tan longevas y tan exitosamente sostenidas como la suya.

Desde que irrumpió en el género de la Nueva Canción con Moliendo Vidrio, en los años 70 del siglo pasado, hasta la continua vigencia de su agrupación Plena Libre por las últimas tres décadas  hasta nuestros días, Gary ha sido una presencia constante en la escena musical, recorriendo Puerto Rico y el mundo con esos ritmos vitales y candentes tan característicos de nuestra cultura.
Pero las notas vibrantes del músico no cuentan su historia completa. Gary Núnez fue un luchador incansable por la independencia de Puerto Rico, que convirtió su música en homenaje permanente a la Patria que amó y sintió con todo su corazón.
En CLARIDAD fuimos beneficiarios de su inquebrantable compromiso patriótico, con su presencia sempiterna y solidaria, junto a Plena Libre, en prácticamente todos nuestros Festivales durante las últimas décadas. Para CLARIDAD, Gary siempre dijo que sí, y Plena Libre encabezó la cartelera de muchas noches de alegría en la gran Tarima de nuestro Festival.
Hoy, ya no podemos decirle personalmente cuánto se lo agradecemos. Él sabía que había cariño, porque nuestros abrazos lo arropaban cada año, y siempre que nos encontrábamos por ahi. Por eso, siempre estuvo disponible y dispuesto, con su eterna sonrisa y desbordante vitalidad. Para nosotros, Gary fue siempre joven y siempre imprescindible, y nos hará mucha falta.
Junto a él, siempre estuvo con nosotros su familia, su compañera Valerie, sus hijos e hija LuisGa, Joel y Adriana y sus compañeros de Plena Libre, a quienes nos unimos en un apretado y solidario abrazo de gratitud y reconocimiento. Prometemos hacer lo que Gary le pidió a su pueblo: los panderos seguirán sonando.
Junta Directiva, Comité del Festival y Colectivo de Trabajo de CLARIDAD, Periódico de la Nación Puertorriqueña

 

 

COMUNIDADO DE VALERIE COX

“Queridos amigos y amigas. Con dolor en el alma mis hijos y yo les informamos el fallecimiento de mi Gary (Núñez) esta mañana. Gary falleció en nuestro hogar rodeado por nosotros, su familia, y recibiendo todo el amor que sembró a lo largo de su vida.

“Como él mismo les informó hace unos días, mi amado esposo padecía de cáncer pancreático, cuyo diagnóstico nos llegó hace unas semanas.

“Gary luchó cuanto pudo para sobrellevar la condición, y estoy segura que así lo hizo también para que nuestros hijos LuisGa, Joel y Adriana y yo nos afectáramos lo menos posible.

“Agradecemos al doctor Edgardo Vélez y a la doctora Maribel Tirado, así como al equipo médico del Centro Comprensivo de Cáncer, los cuidados que le dispensaron durante estas últimas semanas. Nuestra familia les estará eternamente agradecida, igual que a todos los amigos que nos han acompañado durante esta gran prueba.

“Por último, a los integrantes de Plena Libre, gracias por su amor y solidaridad. Una vez más demuestran que somos una familia extendida y querida, siempre unidos y solidarios. Como ustedes saben, el compromiso de Gary con la agrupación y nuestra música puertorriqueña fue inquebrantable. Nosotros continuaremos con ese legado, con todo el mismo amor y compromiso. Ese será nuestro homenaje a su imborrable legado. Los panderos seguirán sonando.

“A todo el pueblo que tanto lo amó le informamos que nuestro Gary será cremado y en los próximos días les invitaremos a un acto público de recordación y duelo.

“A mi nombre, el de mis hijos y Plena Libre, nuestro agradecimiento.

Valerie Cox”