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Será Otra Cosa-En dónde vive el peligro

Especial para En Rojo

“Fatal Shooting in Toronto’s Greektown on Saturday”

“Es una ciudad muy segura, la gente ni le pone pestillo a la puerta del frente.”

Siempre me pregunté de donde me viene la facilidad del enojo. La sangre que hierve, la gana de dar palos, todo esto en conflicto con mi yo pacifista que se avergüenza de tales instintos. No tengo recelos ni resentimientos en la conciencia, pero el cuerpo piensa sus propias cosas.  Por años practiqué artes marciales para sacarme el deseo de violencia de los huesos.  Volvía a casa de una práctica fuerte, sudorosa, muerta de cansancio, pero con las manos abiertas y el corazón alegre. Un día en un taller de un arte llamado Bai Ji Chuan, al que se describe como el Taichi para guardaespaldas, el maestro nos enseñó a caminar hacia un puñetazo, desviando el golpe con un movimiento suelto del brazo, casi como un gesto de baile moderno.  Me llenó de felicidad descubrir que se puede caminar hacia el peligro de un puño amenazador y estar protegido.  De repente me asaltaron las dudas, ¿Por qué tengo miedo de un puñetazo, si a mí nadie nunca me ha dado uno? Nunca me peleé con nadie, a menos que cuentes dos empujones que nos dimos la vecinita del frente y yo a los nueve años, y un par de zarpazos que intercambié con mi hermana menor, fuera de la mirada vigilante de Mamá, que en mi casa no se permitían peleas.

Es como decía Ortega y Gasset: es que yo soy yo, y mi circunstancia. Creciendo cuándo y dónde me crié, la circunstancia era la cercanía al peligro.

Cuando tenía dos años, me tropecé gateando con la cocinera que hervía paños en una lata en la cocina de campo de mi abuela. El agua me cayó hirviendo, y me cuentan que fueron quemaduras de tercer grado. No recuerdo el dolor, solo que Mami y Mamacele casi lloraban.

Cuando tenía tres años, Papá nos montó a todos en su Hillman verde botella y nos llevó a ver los tanques de los Americanos en el Parque Independencia, para que fuéramos testigos de la invasión del sesenta y cinco. Ese fue mi primer recuerdo visual de Santo Domingo. Años más tarde, Juanita, la cocinara de casa me contaría que en los barrios de intramuros las muchachas se escondían para que no las violaran los soldados.  En la revista Reader’s Digest, que yo leía ávidamente en el ático de la casa del abuelo, en una de las historias de propaganda de guerra el narrador decía que los soldados americanos eran honorables y que nunca cometían actos de violación. Cuando se lo conté a Juanita, me miró con pena y me dijo, eso dirán, pues aquí sí que lo hicieron.

Cuando tenía cinco años, Bandido, nuestro perro guardián empujó la puerta con el hocico y salió ladrando a la marquesina. Yo salí a pararlo para que no mordiera a la persona que venía.  Cuando lo agarré, vi que el extraño era un muchacho joven que nos apuntaba a mí y al perro con un revólver. Era la primera vez que veía un arma de cerca.  El muchacho se dio cuenta de que era una niña, murmuró algo, avergonzado, y se dio la vuelta corriendo.  Percibí que ese muchacho tenía miedo, pero no entendí por qué:  él tenía una pistola grande, como la del llanero solitario. Cuando se lo fui a contar a Mamá, para que me explicara, vi cómo se aterrorizaba, y descubrí yo el miedo.

Cuando tenía seis años, y empezaba a leer, leía en los periódicos de la tarde cómo el día anterior habían asesinado a ciertos individuos de izquierda, y que el presidente Balaguer declaraba que se trataba de actos violentos llevados a cabo por sectores ingobernables.

A los ocho años leí que habían matado a Amin Abel, miembro del Movimiento Popular Dominicano. Sabía que había sido ingeniero y antiguo estudiante de Papá en la universidad, y que lo andaban buscando «los sicarios del gobierno». Pero no sabía qué era un sicario.  Todavía no estoy completamente segura de qué significa esa palabra. Solo sabía que Papá lo admiraba y estaba apesadumbrado y que se preguntaba si hubiera podido hacer algo para ayudarlo a esconderse.

Cuando tenía diez años, me enteré de que Mami tenía su propia pistola escondida en su cuarto.  Y que además, la pistola tenía nombre: Juanita, porque era negra como la cocinera que me contaba cuentos. Mamá sabía tirar bien. Tenía buen ojo y mejor pulso, y nunca fallaba un tiro cuando los primos practicaban tiro en la playa.  Se reía del asombro de los muchachos (¿Cómo es posible que una mujer tenga tal puntería?) y les decía que eso provenía de sus antepasados piratas, los Leroux.  Sabía también que, si hacía falta, Mamá, una mujer bella, que siempre ha parecido algo salido de una película de Grace Kelly, sería perfectamente capaz de usar su arma. Fue solo años más tarde que aprendí cuán capaz podía ser.

A los trece, leí en primera plana que habían ejecutado a Caamaño, militar que pasó a guerrillero, y que lo atraparon en las azules y secas lomas de Azua. También asesinaron ese año a Orlando Martínez, el mejor periodista del país. Había dicho que el gobierno lo iba a mandar a matar por un artículo muy crítico que escribió, titulado “¿Por qué no, Dr. Balaguer?”. Y así fue. Lo esperaron a la salida de la universidad y lo acribillaron. El año anterior habían matado a Mamá Tingo, la líder campesina.

Ese año también entablé amistad con una muchacha chilena de mi edad que había llegado al país con sus padres, refugiados después del golpe de Allende. Me contó de las infamias del estadio y de la muerte de Víctor Jara.  Más adelante, mi amigo Charlie me pasaría solapadamente una copia del libro negro de Chile, donde comprobaría en testimonios fotográficos aquello que me contó esa niña.

A los catorce años descubrí que me había convertido en un pedazo de carne, y que muchos hombres—muchos, pero no todos—se habían convertido en perros merodeando por la carnicería.  Recordé agradecida las lecciones de Juanita, de cómo una muchacha necesita saber defenderse.

Por esos años, me enojé porque a mi hermano, a mi misma edad, lo dejaban salir de noche solo, y a mí no. Protesté que eso era discriminación.  Papá me contestó que mi hermano sabía defenderse bien y, si yo aprendía igual de bien, no habría que ponerme trabas. Yo había abandonado la clase de Karate mientras que mi hermano que había perseverado, acabando por buscarse el mejor maestro de Kung Fu de la ciudad.  Papá me insistió en que me cuidara, pero como quiera acordaron él y Mami darme llave de la casa.

En las décadas siguientes, solo viví peligro real cuatro veces. No es mucho. Una vez por cada once años, en promedio. En cada una de esas ocasiones logré poner distancia entre yo y la situación. Aprendí a defenderme, como Papá me había rogado, pero nunca tuve que poner en práctica lo aprendido.

Cuando cumplí sesenta y uno escuche una canción de Alexia Chellum y por fin entendí lo que me habían dicho ya muchas veces en el estudio del zen: que el antídoto para el miedo es respirar. Chellum es británica de raíces chipriotas y mauricianas. Sublime poeta de la música, canta versos que invocan fuerzas secretas que debilitan las aprensiones.“Abundance is everywhere”, susurra en voz baja, casi canción de cuna.  La canción habla de la abundancia que nos rodea. La abundancia que hay en el verde y en el azul, en las abejas, en la brisa, en el sudor que dejamos en la cama, en los amigos y en la risa. Y nos exhorta a inhalar y exhalar toda esa abundancia.

So look around and feel it everywhere
It’s with the people and the love you get to share
Breathe it in
Breathe it out
Breathe it in
Breathe it out

 

“La noche que volvimos a ser gente”: diez años de travesía.

Foto suministrada

 

 

Especial para En Rojo

El sábado 29 y el domingo 30 de julio, el actor Carlos Esteban Fonseca, en una producción de la compañía En-Pareja-2, celebrará “la última parada” del monólogo “La noche que volvimos a ser gente”, basado en el cuento de José Luis González. El conocido cuento, narrado en primera persona, trata sobre un trabajador puertorriqueño en Nueva York que intenta regresar a su apartamento para ver a su esposa dar luz, en el medio de un apagón que sorprendió a la población y paralizó la ciudad. Posteriormente, el cuento fue adaptado al teatro en formato de monólogo por Miguelángel Suárez.

Para unirnos a la celebración de estos “10 años de travesía”, En Rojo conversó con Carlos Esteban sobre la obra, su relación con ella y lo que ha representado esta puesta en escena en su carrera en estos últimos años. 

En Rojo: ¿Cómo llegaste a hacer la puesta en escena de este monólogo? 

Carlos Esteban Fonseca: Hace 41 años, coincidí con Miguelángel Suárez en La Tea (Calle Sol 280, en el Viejo San Juan. Allí, Miguel presentó “La noche que volvimos a ser gente”, y yo cantaba. Ese fue mi primer encuentro con la pieza. Con los años, Miguelángel y yo desarrollamos una relación de familia. Cuando Miguel decide a irse a janguear por el universo, yo heredé la pieza, que fue algo que habíamos conversado y acordado. Hice un compromiso con él. Sin embargo, el proceso de hacer la puesta en escena no fue de inmediato. Yo pensaba, “¿cuándo será el momento propicio?”. Era una pieza muy importante, y era el caballo de pelea de Miguelángel, por lo que yo le tenía mucho respeto. Pero Quique Benet, que sabía del acuerdo que hicimos, me empujó y me dijo: “tienes que meterle mano, tenemos ese compromiso con Miguel”, y nos lanzamos.

Lo hicimos hace diez años, en el Centro de Bellas Artes de Santurce.

¿Dijiste que Miguelángel hacía el monólogo… y tú cantabas? 

Eran dos eventos apartes. Lourdes Jiménez y yo teníamos un dúo, y hacíamos un show cantando. La historia realmente es más larga… En realidad, a nosotros nos dieron un show ese fin de semana, a Lourdes y a mí, en la Tea. Nos lo dio Abelardo Ceide, que era el dueño de La Tea. Miguelángel estaba haciendo la película Stir Crazy en Estados Unidos, con Gene Wilder y Richard Pryor – la película más taquillera del año, imagínate. Miguelángel era co-protagonista. Abelardo me llama un día a decirme: “Mira, ese fin de semana me lo había separado Miguelángel Suárez, y yo se los di a ustedes porque ¡yo pensaba que Miguelángel no iba a venir desde Hollywood a hacer un monólogo a La Tea, en Puerto Rico! Pero llegó, y yo no me atrevo decírselo”. Lourdes Jiménez, que tenía más pantalones que yo, dijo “yo hablo con él”. Ya habíamos hecho publicidad para el evento, así que teníamos que ver qué se iba hacer. Y Miguelángel, con toda tranquilidad, nos dijo: “¿hay algún problema con que ustedes canten, yo haga el monólogo, y nos dividimos la taquilla?”. Eso nos dio la oportunidad de presentarnos en un mismo espacio con un primer actor, acabado de llegar de Hollywood, y yo siendo un muchachito – tendría 22 años, como mucho.

Siempre que hago el monólogo, se lo dedico a Miguel. Miguel fue quien sacó el cuento y lo puso a la disposición del teatro.

¿Tu puesta en escena del monólogo se hace, también, partiendo de la versión de Miguelángel Suárez?

Yo hago una versión muy distinta a la que hacía Miguel. Primero, porque, por razones obvias, Miguel como mentor nunca me hubiera permitido que yo lo imitara; tendría yo que hacer mi propia versión, y así lo hice. Miguel tenía una capacidad extraordinaria de comunicación, y hacía el monólogo quieto, con una cerveza en la mano. Yo hago todos los caminos de todo lo que sucede en la obra – estoy en mi trabajo, salgo de mi trabajo, bajo las escaleras, voy al subway, el subway se detiene… Yo hago una versión, no narrativa, sino vivida. El guión, por otro lado, sigue siendo el mismo. Lo único, que Miguel improvisaba en algunos lugares. Yo me remito al libreto, y son muy pocas cosas que yo le añado.

El cuento “La noche que volvimos a ser gente” es tremendamente popular y muy conocido, porque se asigna mucho en escuelas y universidades. Entiendo que parte del proyecto tuyo, no sé si el de Miguelángel, era visitar distintos espacios. 

Yo he hecho ya por lo menos 80 funciones de esa obra, en Puerto Rico, en escuelas y universidades, en Florida, en Nueva York. Te puedo decir que he estado en el Centro de Bellas Artes en Santurce, el Teatro Victoria Espinosa, en alrededor de 10 teatros municipales en Puerto Rico, en innumerables escuelas, universidades. De hecho, he hecho la obra para escuelas desde debajo de un árbol, en una escuela pequeña, hasta con 600 estudiantes – desde 5to grado hasta 4to año – en una cancha de baloncesto.

El cambio de escenario y de público, ¿transforma la obra, o la manera en que el personaje desarrolla su monólogo?  

Se mantiene la misma esencia. Hoy yo le escribí a Quique Benet lo siguiente. Quique diseñó unas luces que, siendo esta obra que trata sobre un apagón, pues tienen un valor adicional. Y, cuando yo la hago para estudiantes, y me veo obligado a hacerlo con luz general, sigo los patrones como si estuviera usando el diseño de luz de Quique y el diseño de dirección que hizo Carlos Miranda.

Claro, Carlos Miranda dirigió la obra hace 10 años, a tres lados, y yo he tenido que poner la obra a la disposición del lugar donde estamos. He tenido que ir encontrando cómo manejarla en los distintos lugares, pero siempre encuentro cómo llevarme más o menos por el mismo patrón de movimientos, cambiando solo lo que me veo obligado a cambiar por el espacio.

Foto suministrada

En estos 10 años, ¿has transformado la manera en que desarrollas este monólogo? 

Mira, uno va creciendo y va obteniendo otros valores. El personaje de la obra es bien simpático. Al principio, a mí me gustaba que dijera sus líneas bastante rápido, que quisiera contar el cuento con premura. Con el tiempo, he ido dándole valor a ciertos momentos, y hago un trabajo más pausado, con más momentos de silencio. El trabajo ha ido ganando teatralidad con mi experiencia como actor y con la experiencia propia de presentar la obra.

Y he cambiado un par de palabras, que hace 10 años eran más conocidas para todos. Hay palabras que caen en desuso – esta obra trata sobre algo que ocurrió en 1965, pero el que la cuenta la está contando por ahí alrededor de los 70. He cambiado… No quiero contarla, pero he tenido que cambiar el número de años que menciona, porque se da una dinámica distinta con mi edad como actor y persona.

Cambié una frase, también. Hay un momento dado en el que se habla de algo en el cielo – no voy a decir qué, porque la daño – que es muy especial. En una escuela, una niña me preguntó: “¿y usted ha visto eso en el cielo?”. Me di cuenta que en la ciudad en Puerto Rico ya eso no se ve, por nuestra luminiscencia, o nuestro exceso de luz en la ciudad. Tuve que cambiar una palabra para que los estudiantes entendieran de qué estoy hablando.

Pero cambios tan simples como esos. Por lo demás, la obra sigue tal y como está escrita.

Esta versión que anunciamos para el 29 y el 30 de julio tiene como uno de sus subtítulos “última parada”. ¿Por qué “última parada”? 

Yo entiendo que el personaje no debe seguir envejeciendo. Entonces, no la quiero hacer por diez años más. Quiero hacer una última temporada, y que vengan nuevas generaciones a ocuparse de ese trabajo, que debe mantenerse vivo. Esa es la obra prístina de José Luis González, es una oda a la puertorriqueñidad, una muestra nostálgica del puertorriqueño de la época, y a la vez de la simpatía y el amor de ese puertorriqueño de la época, acabando de llegar a Nueva York, haciendo vida en la ciudad de Nueva York. Me parece que eso debe persistir, pero, además, los nombres de José Luis González y de Miguelángel Suárez también deben mantenerse en la memoria de nuestro pueblo.

Esta última parada se va a dar en Moneró Café, que es un espacio de teatro que han desarrollado. ¿Cúanta relevancia le añade este hecho a todo este proceso? 

Lo más importante, para mí, de hacer este cierre en Moneró es que le estamos devolviendo el monólogo al café-teatro, porque Miguel la montó para hacerla en La Tea, y la llevó por distintos café-teatros. La obra ha seguido creciendo y hemos podido hacerla en muchos lugares, pero el café-teatro le viene a perfección. Y el escenario de Moneró, que tiene 12 por 16, es lo suficientemente amplio como para hacer un híbrido entre el café-teatro y el teatro. Esa gracia la tiene ese espacio. Además, caben 240 personas, o sea, que podemos tener un público nutrido con la intimidad que merece la pieza.

Me imagino que habrá muchísimas personas diciéndote que continúes con el proyecto, pero ya eso es otra conversación… 

¡Ja! Este “cierre” en Moneró es la última temporada, no la última función… De aquí, ya me han llamado de Nueva York, ya he recibido llamadas de diferentes lugares donde quieren que se presente. Va a ser el cierre en Moneró, pero tendré que hacer alguna que otra función adicional para cumplir con los compromisos que me han ido llegando. Pero que el público pueda comprar la taquilla e ir a verla en Puerto Rico, pues esta es la oportunidad.

¿Algunas palabras finales para el público de En Rojo? 

Este es el trabajo que más yo quiero, al que más amor le tengo. Yo he hecho trabajos que, con mucha humildad, para mí son importantes y que les tengo cariño y grandes recuerdos. Pero “La noche que volvimos a ser gente”, primero, me llegó de parte de Miguelángel, que fue como un padre para mí, segundo, que me ha dado de comer por muchos años y, tercero, me ha permitido crecer como actor, porque es una pieza extraordinaria. Es de los trabajos más hermosos que he hecho.

Si hay algo más que tengo que añadir es que los invito a compartir conmigo un momento verdaderamente íntimo como actor, un momento especial para quien vaya a estar en escena haciéndolo.

Por otro lado, “La noche que volvimos a ser gente” es también una metáfora, porque ser gente de alguna manera, en la obra, significa ser como somos los puertorriqueños. Ese compromiso con la identidad nacional es algo que camina conmigo y que me hace seguir orgulloso. ¡Me emociono y todo, diciéndote esto!

 

 

Del plano celestial de A Matter of Life and Death al mundo de muñecas de Barbie

 

Especial para En Rojo

 

This is a story of two worlds, the one we know and another which exists only in the mind of a young airman whose life and imagination have been shaped violently by war.

-Michael Powell y Emeric Pressburger, epígrafe de A Matter of Life and Death

I want to do the imagining. I don’t want to be an idea.

–Barbie

 

La increíble experiencia cinematográfica que es A Matter of Life and Death (Dirs. Michael Powell y Emeric Pressburger, Reino Unido, 1946), también conocida como Stairway to Heaven, comienza con una tragedia justo al final de la Segunda Guerra Mundial. Peter Carter (David Niven), un militar británico, pilotea un avión sumido en llamas. Su tripulación ha evacuado, su mejor amigo yace muerto y Carter no tiene paracaídas. Carter sabe que morirá. Por esto se comunica con la base, donde June (Kim Hunter), una joven militar estadounidense, entabla la última conversación que el piloto tendrá en vida. Él recita poesía, pide que lo despidan de su madre y hermanas, y coquetea con June. Aunque nunca se conocieron, ambos saben que se aman por el resto de una vida a minutos de culminar.

El mundo de Carter se acaba, pero uno nuevo, fruto de la imaginación del piloto, está por abrirse ante él. Ese mundo no tiene explicación y existe fuera de nuestra realidad. Carter podría reabrir sus ojos en otro mundo creado por Powell y Pressburger, donde un par de zapatillas rojas esclavizan a una mujer obligándola a bailar hasta la muerte en The Red Shoes (dir. Michael Powell y Emeric Pressburger, Reino Unido, 1948). Sin embargo, el más allá imaginado por Carter está poblado por los soldados que han muerto en nuestro plano. Es allí donde Carter tendrá que defender su derecho a regresar a la vida ante una corte celestial. Su única defensa es ese amor que nació en el piloto por la voz que lo abrazó unos minutos antes de estrellarse.

En una situación similar, aunque diferente, la Barbie original (Margot Robbie) altera su burbuja rosada al considerar la posibilidad de la muerte en la más reciente Barbie (dir. Greta Gerwig, EEUU y Reino Unido, 2023). Ya su vida de olas de cartón y de interminables fiestas se corrompió. Esto la lleva a un viaje a nuestra realidad donde descubrirá el significado real de la belleza y de la experiencia humana.

En una entrevista con Ben Mankiewicz, el crítico de Turner Classic Movies, Gerwig menciona joyas del cine como An American in Paris (dir. Vincente Minnelli, EEUU, 1951) y Las jóvenes de Rochefort (dir. Jacques Demy, Francia, 1968) como influencias directas para Barbie. Ella también menciona A Matter of Life and Death, con la que veo una conexión más directa por el viaje de sus protagonistas y la manera en que estos alteran sus entornos.

En Barbie, la muñeca rubia deja su mundo de plástico para resolver el misterio de lo que está experimentando. Ahora, con sus pies planos, distintos a sus tradicionales pies en punta, Barbie viaja junto a Ken (Ryan Gosling) a la sede de la compañía de juguetes Mattel para encontrar explicación a sus cambios. Allí se topa con una secretaria (America Ferrera) que no solo la acompañará, sino que la ayudará a entender la realidad de lo que es ser mujer en un mundo complicado y patriarcal.

Gerwig hace de Barbie una de las películas más divertidas y mejor pensadas de este año. Su trabajo en joyas como Lady Bird (EEUU, 2017) y Little Women (EEUU, 2019) demuestra su interés en las complejas relaciones entre mujeres de diferentes generaciones. Bajo su escritura y dirección, sus películas evitan un juicio simplista de sus personajes y enfatizan que lo que permanece al final es el amor. Personajes como Lady Bird y Jo March, ambos magistralmente actuados por Saoirse Ronan, son mujeres orgullosas y de una dignidad férrea. Ellas transitan mundos dominados por hombres necios que no reconocen el valor de sus voces femeninas. En Barbie, Gerwig redefine una muñeca que ha sido criticada por su imposible concepto de belleza y la torna en una mujer fuerte que enfrenta su propio destino. Lo más interesante es que la epifanía de Barbie nos invita a todos a considerar nuestras voces y nos empodera invitándonos a reconocer nuestro propio valor.

Tanto Barbie como A Matter of Life and Death crean mundos fantásticos. En Barbie, el colorido mundo de las Barbies y los Kens es la explosión de rosado más bella que he visto. El diseño de producción recreó lo que Gerwig llama “artificialidad auténtica” (authentic artificiality). Es un mundo claramente artificial que usa como base el nuestro. Reconocemos objetos cotidianos como autos, tazas de café, casas y árboles. Sin embargo, estas son partes de un mundo de muñecas. Las consideramos reales solo porque los personajes las reconocen. Es el mismo efecto que vemos en el teatro cuando un actor puede tornar un cepillo de inodoros en un cetro dorado tan solo porque el personaje lo identifica de esa manera. Al mismo tiempo, la cinematografía de Rodrigo Prieto, que también retrató Killers of the Flower Moon (dir. Martin Scorsese, EEUU, por salir en octubre del 2023), logra separar la fantasía colorida de la tierra de Barbie de los grises con toques rosados del aburrido mundo corporativo de Mattel.

A Matter of Life and Death tomó un acercamiento muy diferente. Nuestro mundo es retratado en los brillantes colores del tecnicolor y el plano celestial en blanco y negro. Las transiciones entre nuestro plano y el más allá me fascinaron. La fotografía de Jack Cardiff, que colaboró con Powell y Pressburger en las impresionantes The Red Shoes y Black Narcissus (Reino Unido, 1947), logra unos efectos que nos hacen notar las limitaciones del CGI (Computer-Generated Imagery). En un momento, la cámara se enfoca en una rosa, cuya transición entre los mundos la drena de color sin corte alguno.

Me consta que este fin de semana es sobre el fenómeno de Barbieheimer, dos maravillas que muchos insisten ver el mismo día. Lo entiendo porque Oppenheimer (dir. Christopher Nolan, EEUU y Reino Unido, 2023) es otra obra maestra. Pero los invito a considerar Barbie y A Matter of Life and Death como piezas que se complementan. En ambas, las miradas de los protagonistas que han tenido vivencias fantásticas nos invitan a reconsiderar nuestro entorno. Mientras en A Matter of Life and Death, Carter nos enamora de nuestra existencia en su defensa por su propia vida; en Barbie, la Barbie original nos empodera ya que todos somos bellos de nuestra propia manera y tenemos el poder para imaginar nuevos mundos.

Los invito a ver A Matter of Life and Death, que en los Estados Unidos fue exhibida con el título de Stairway to Heaven. Aunque es difícil encontrarla ya que por el momento no está en ninguna plataforma, pueden ver la edición de Criterion Collection completa en YouTube. Corran antes de que la quiten. Por otro lado, espero que las salas de cine que exhiben Barbie se llenen de niños y adultos de todas las edades para ver una de las películas más divertidas de este año con un potente mensaje feminista y de empoderamiento personal. Esta película demuestra que una muñeca creada a finales de los 50 sigue teniendo vigencia para los niños del siglo 21.

Crucigrama- Lucecita Benítez

Especial para En Rojo

Horizontales

1. _____; país caribeño donde Benítez participó en el Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes celebrado en 1978.

2. En las _____ del pueblo; concierto de Benítez presentado en 1975 en el Coliseo Roberto Clemente, retransmitido por radio y grabado en dos volúmenes.

7. Unicornio _____; canción de Silvio Rodríguez cantada por Benítez.

9. _____; ciudad natal de Benítez.

11. Organización de las Naciones Unidas, siglas.

12. Dios islámico.

13. Antes de Cristo.

14. _____; canción de Guillermo Venegas Lloveras interpretada por Benítez en el Primer Festival de la Canción Latina y con la cual ganó el primer premio.

15. Conozco.

16. Coció a la brasa.

17. Se atreve.

18. _____ dolor; uno de los primeros éxitos de Benítez.

23. Ingerí alimento.

26. Usted señor _____; (1988) éxito musical de Benítez.

27. _____ verdadera historia de Pedro Navaja; obra en la que actuó Benítez interpretando al personaje de «Miss Reinhold».

29. Jerga.

30. Otorgará.

31. _____ amor de mi vida; tema cantado por Benítez en su álbum «Lucecita Benítez: Le canta al amor».

32. Cuando la vida nos _____; canción compuesta por Benítez y estrenada en su compacto de 1994 «Horizontes de soledad».

33. Forma de pronombre.

34. Instrumento de labranza de los taínos.

36. Lucecita _____; cantante reconocida como La Voz Nacional de Puerto Rico y por su solidaridad patriótica.

41. Conjunción latina que significa ‘y’.

43. Personaje bíblico célebre por su paciencia.

44. _____ Esther Benítez Rosado; nombre de Lucecita Benítez, autora de «Cuando la vida nos marca».

45. Decimocuarta letra del alfabeto griego.

46. Soy de _____ raza pura; célebre grabación de Benítez.

47. Una canción por América _____ fronteras; concierto de Benítez junto a Mercedes Sosa.

48. Tercera nota musical.

49. Isla francesa en el archipiélago de Frioul.

50. _____-Manuel Miranda; autor de «A Forgotten Spot (Olvidado)», cantada por Benítez, PJ Sinsuela, De La Ghetto y otros, al cumplirse un año la tragedia del huracán María.

51. Canal para tomar el agua y conducirla a donde es aprovechada.

52. Hueso del antebrazo.

53. Salario.

56. Dativo o acusativo de pronombre.

57. En ajedrez, enroque corto.

58. Traigo un pueblo en mi _____; (1974) concierto de Benítez en el Coliseo Roberto Clemente. Fue la primera cantante de música popular en presentarse allí.

59. Negación.

60. Existe.

Verticales

1. Festival de _____; Benítez ha presentado su espectáculo en el festival del periódico de la Independencia.

2. Sombras o almas de los muertos.

3. Acción y efecto de ayunar.

4. Apócope de la palabra nada.

5. Cavidad del estómago de los rumiantes.

6. Marco Antonio _____; cantante y compositor mexicano.

8. _____ Benítez; recibió en 2017 el Grammy Latino por sus cinco décadas de trayectoria musical. En Argentina, ganó un Disco de Oro con su versión de «Fruta verde» en su compacto «Éxitos callejeros».

9. Rema.

10. Red.

13. Carta de la baraja.

19. Encargado de presidir la oración canónica musulmana.

20. Habitó.

21. Épocas.

22. Escogí.

23. Ruina bancaria.

24. Gigante que se alimentaba de carne humana.

25. _____; pueblo de Puerto Rico, cuna del escritor Enrique Laguerre.

28. Símbolo del aluminio.

29. Antes del mediodía.

35. _____; país donde se celebró en el Teatro Ferrocarrilero, el Primer Festival de la Canción Latina en el que Benítez obtuvo el primer premio con la canción «Génesis».

36. Lindo.

37. Árbol de la familia de las ebenáceas.

38. _____ Lopés; trompetista, arreglista y compositor puertorriqueño.

39. Especie de colibrí.

40. _____ callejeros; (1984) álbum musical de Benítez.

42. Género de enfermedades infecciosas, graves, con alta fiebre, delirio o postración.

43. 21 de _____ de 1942; nacimiento de Benítez.

47. Símbolo del escandio.

54. Río de Galicia.

55. Homenaje a Julia _____ Burgos y a Luis Palés Matos; recital de Benítez con Alberto Carrión.

45 años del asesinato en el Cerro Maravilla

CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

Los actos de conmemoración en el Cerro Maravilla, de los asesinatos de los jóvenes independentistas Carlos Soto Arriví y Arnaldo Darío Rosado, tienen el propósito de reafirmar que Puerto Rico siempre ha sido un país de lucha independentista por la cual muchas personas han ofrendado su vida, para educar a las presentes y futuras generaciones sobre la historia de lucha y resistencia que la colonia y el imperio han pretendido ocultar.

Juan Camacho, miembro de la Coordinadora de los Actos del Cerro de los Mártires, reafirma la pertinencia e importancia de la conmemoración de los hechos ocurridos el 25 de julio del 1978, en la cual los jóvenes Darío Rosado, y Soto Arriví fueron llevados entrampados por el agente encubierto de la Policía, Alejandro González Malavé para darles muerte con el argumento de que pretendían volar las torres de comunicación que hay en el lugar. El Cerro Maravilla es el cuarto pico más alto de Puerto Rico, 3,953 pies sobre el nivel del mar localizado en la frontera del barrio Anón entre Ponce y Jayuya.

Aun cuando esta conmemoración no inició hasta 1993,13 años después de los sucesos- a iniciativa del licenciado José Enrique Ayoroa Santaliz, los actos de recordación en el Cerro Maravilla se han acogido como uno de los más significativos del independentismo. “Desde el 1993 la Coordinadora ha sido consistente conmemorando el 25 de julio y aprovechamos para destacar en primera instancia un reconocimiento a hombres y mujeres que han dedicado su vida a la lucha por la independencia y en segundo lugar a traer a colación los mensajes políticos importantes del año que son un reflejo de la vigencia que tiene la conmemoración de estos actos”, expresa Camacho. Es por ello, describe, que esta conmemoración cada día se hace más vigente.

Este año los actos le serán dedicados a la activista y luchadora independentista Elena Rita Zengotita Ramos. “Rita es una luchadora por la libertad y los derechos humanos. Es una de las luchadoras que están por ahí, de bajo perfil sin mucho protagonismo, sin una presencia, pero los que estamos en esta lucha tenemos que reconocer toda la gestión que ella ha hecho por nuestros presos políticos desde los años del Comité Unitario Contra la Represión (CUCRE), el Comité Pro Derechos Humanos, haciendo un trabajo patriótico inmenso. Es de las que trabaja tras bastidores”.

Rita Zengotita activista pro derechos humanos. Foto Archivo CLARIDAD

Compartió que cuando le informó a Zengotita Ramos que la actividad le iba a ser dedicada, ésta rehuyó expresando el que hay ‘muchas personas que se lo merecen’. El le contestó que sí y que ella era una de ellas. También se reconocerá al militante Raúl ‘Ruli’ Laboy Abreu, otro de los imprescindibles tras bastidores, quien falleció en febrero de este año.

Recuerdo el impacto y la tensión del día

“Sólo recuerdo el impacto y la tensión del día cuando se empieza a recibir la noticia y la atención del país a los pronunciamientos que se iban dando en la actividad donde estaba Romero y se le lleva la información de los asesinatos y declara héroes a los policías. Recuerdo que eran años en que vivíamos en un nivel de represión muy alto y asesinatos como el de Mari Pesquera”.

Es el recuerdo que nos comparte la compañera Rita Zengotita sobre ese 25 de julio del ’78. Ya para esa fecha era activista como participante de la Asociación Nacional de Trabajadores Sociales (ANTS), la cual pasó a presidir en el ’74. La ANTS fue fundada por la profesora Carmen Rivera de Alvarado junto a la líder nacionalista, también trabajadora social, Blanca Canales, quienes iniciaron una transformación de los lineamientos del trabajo social en Puerto Rico hacia unos lineamientos políticos muy claros de identificación de los oprimidos y la liberación del país, nos describe.

La compañera se expresa sobre la importancia y el significado que tiene conmemorar los hechos del Cerro Maravilla. “Me parece que tiene una importancia grandísima primero por lo estremecedor de los hechos, jóvenes de 18 años que fueron llevados allí para una ejecución y esos asesinatos, no son los primeros de masacre que se dan en el país, hay el asesinato de tantos compatriotas en la lucha. De manera que estos hechos de carácter represivo también reflejan la existencia de una lucha”.

En esa dirección reparó en que hay que tener claro que los años ’70 del siglo pasado en que se da esa represión tan intensa, también se dan unas luchas en su más alto nivel, la lucha sindical, los rescates de terrenos, en la Universidad de Puerto Rico, una lucha política, las feministas, ambientales, se amplía la presencia de los grupos clandestinos independentistas. “Entonces los años ’70 la presencia del Partido Nuevo Progresista en el poder crea todo un clima en el país de tensión y miedo de la existencia del independentismo como peligrosa, el gobierno y el FBI (Buró Federal de Investigaciones, siglas en inglés), con la colaboración de medios de comunicación. De manera que Maravilla es un momento de no olvidar y sí de recodar”.

Después de los sucesos de Maravilla se creó el CUCRE, el cual se une a la campaña por la excarcelación de los entonces Presos Nacionalistas, la cual describió fue una lucha bien intensa, en particular desde el 1974 en adelante. Zengotita recordó que el mismo día en que llegaron a Puerto Rico los cinco héroes nacionalistas, el 12 de septiembre del 1979, ella fue arrestada por el FBI junto a los compañeros Félix Avilés Ortiz y Jorge Delgado Ramos, por sospecha de robo a un camión de la Wells Fargo. A los cuatro años el gobierno tuvo que archivar el caso por falta de prueba. Señaló que incluso varios de los policías que participaron en Maravilla, aparecen como parte de los agentes que estuvieron involucrados en su caso.

Para la compañera Zengotita Ramos, con los asesinatos en Maravilla y su posterior esclarecimiento, se descubre el modus operandi de la Policía de Puerto Rico, se dio a conocer la existencia de una lista llamada lista negra donde aparecían los nombres de posibles personas independentistas contra los cuales la Policía iba a actuar físicamente. “Siempre dije que el descubrimiento de lo que sucedió en Maravilla nos salvó la vida de la muerte a muchos compañeros y compañeras”.

Aunque de primera intención al enterarse de que sería objeto de reconocimiento rehuyó por considerar que hay otras y otros compañeros de lucha merecedores de reconocimiento, poco a poco, expresa, se percató que los actos de Maravilla este año resaltan lo que ha sido la represión que ha sufrido el independentismo.

“En cierta medida siento ese compromiso con aquéllos y aquéllas que no sólo dieron su vida en el marco de las luchas que nos antecedieron, sino que dejaron su vida en lo que se llamó la Nueva Lucha y la que se sigue dando. En esa defensa que nosotros desde el CUCRE llevamos a favor de los perseguidos, asesinados, encarcelados, de todos los que sufrieron el impacto de la idea de que fue organizada y instada por el agente Malavé. Dentro de ese marco es que acepto y voy a Maravilla en un acto en honor a todos los que se han dedicado a luchar por la independencia de nuestro país desde diferentes trincheras y formas, hay quien aportó económicamente y nunca participó de una reunión, el que dio apoyo moral. A las familias que sufrieron también el impacto de la represión no es a mí, es a todos”.

Los actos de este 25 de julio se llevarán a cabo temprano en la mañana al pie de las cruces. Participarían como oradores Trabajadores (MST), Raúl Báez Sánchez de Utuado, miembro del Movimiento Socialista de Trabajadores (MST), el licenciado Adrián González Costa, del Partido Independentista Puertorriqueño, quien hablará sobre el desplazamiento de comunidades y el profesor analista político, Félix Córdova Iturregui, quien hablará sobre las políticas neoliberales y cómo estas nos han afectado en esta última década.