Claro de poesía- Como un ala de murciélago apoyado en la brisa
Especial para En Rojo
En el ciento diez aniversario del natalicio del poeta dominicano Pedro Mir (1913-2000), conviene volver a su obra y recordar su grandeza. La obra de Mir está entre las más altas creaciones de la poesía en nuestra lengua. De manera inexplicable, Mir suele ser el gran ausente en las antologías históricas de poesía latinoamericana. Fuera de la República Dominicana, su obra solo ha sido debidamente justipreciada en Puerto Rico, Cuba y México. Activo en la década del treinta con una poesía de marcado acento social, Mir se exilia en Cuba en 1947 por su abierta oposición a Trujillo. En 1949 publica su poema más memorable “Hay un país en el mundo”, un canto desgarrador contra la secuela de la primera invasión de Estados Unidos al territorio dominicano en 1916, y lo que ello implicó para la vida del dominicano de a pie. Mucho antes que Fanon, y desde la poesía, Mir abordó las paradojas de la descolonización y el neocolonialismo en el contexto del Caribe, subrayando particularmente el paso de formas precapitalistas de agricultura, como las tierras comuneras, a una agricultura industrial. Por si fuera poco, en su obra, esta aguda crítica al capitalismo a la norteamericana viene aparejada de un lenguaje poético incomparable.
Hay un país en el mundo
Hay
un país en el mundo
colocado
en el mismo trayecto del sol,
Oriundo de la noche.
Colocado
en un inverosímil archipiélago
de azúcar y de alcohol.
Sencillamente liviano,
como un ala de murciélago
apoyado en la brisa.
Sencillamente claro,
como el rastro del beso en las solteras antiguas
o el día en los tejados.
Sencillamente
Frutal. Fluvial. Y material. Y sin embargo
sencillamente tórrido y pateado
como una adolescente en las caderas.
Sencillamente triste y oprimido.
Sinceramente agreste y despoblado.
En verdad.
Con tres millones
suma de la vida
y entre tanto
cuatro cordilleras cardinales
y una inmensa bahía y otra inmensa bahía,
tres penínsulas con islas adyacentes
y un asombro de ríos verticales
y tierra bajo los árboles y tierra
bajo los ríos y en la falda del monte
y al pie de la colina y detrás del horizonte
y tierra desde el cantío de los gallos
y tierra bajo el galope de los caballos
y tierra sobre el día, bajo el mapa, alrededor
y debajo de todas las huellas y en medio el amor.
Entonces
es lo que he declarado.
Hay
un país en el mundo
sencillamente agreste y despoblado.
Algún amor creerá
que en este fluvial país en que la tierra brota,
y se derrama y cruje como una vena rota,
donde el día tiene su triunfo verdadero,
irán los campesinos con asombro y apero
a cultivar
cantando
su franja propietaria.
Este amor
quebrará su inocencia solitaria.
Pero no.
Y creerá
que en medio de esta tierra recrecida,
donde quiera, donde ruedan montañas por los valles
como frescas monedas azules, donde duerme
un bosque en cada flor y en cada flor de la vida,
irán los campesinos por la loma dormida
a gozar
forcejeando
con su propia cosecha.
Este amor
doblará su luminosa flecha.
Pero no.
Y creerá
que donde el viento asalta el íntimo terrón
y lo convierte en tropas de cumbres y praderas,
donde cada colina parece un corazón,
en cada campesino irán las primaveras
cantando
entre los surcos
su propiedad.
Este amor
alcanzará su floreciente edad.
Pero no.
Hay
un país en el mundo
donde un campesino breve
seco y agrio
muere y muerde
descalzo
su polvo derruido,
y la tierra no alcanza para bronca muerte.
¡Oídlo bien! No alcanza para quedar dormido.
En un país pequeño y agredido. Sencillamente triste,
triste y torvo, triste y acre. Ya lo dije
sencillamente triste y oprimido.
No es eso solamente.
Faltan hombres
para tanta tierra. Es decir, faltan hombres
que desnuden la virgen cordillera y la hagan madre
después de unas canciones.
Madre de la hortaliza.
Madre del pan. Madre del lienzo y del techo.
Madre solícita y nocturna junto al lecho.
Faltan hombres que arrodillen los árboles y entonces
los alcen contra el sol y la distancia.
Contra las leyes de la gravedad.
Y les saquen reposo, rebeldía y claridad.
Y los hombres que se acuesten con la arcilla
y la dejen parida de paredes.
Y los hombres
que descifren los dioses de los ríos
y los suban temblando entre las redes.
Y hombres en la costa y en los fríos
desfiladeros
y en toda desolación.
Es decir, faltan hombres.
Y falta una canción.
Procedente del fondo de la noche
vengo a hablar de un país.
Precisamente
pobre de población.
Pero
no es eso solamente.
Natural de la noche soy producto de un viaje.
Dadme tiempo
coraje
para hacer la canción.
(fragmento)
Las animaciones multiversales de Spider-Man: Across the Spiderverse
Especial para En Rojo
Desde el comienzo declaro que Spider-Man: Across the Spiderverse (dirs. Joaquim Dos Santos, Kemp Powers y Justin K. Thompson; EEUU; 2023) es una de las mejores películas de este año. Tengo tanto que decir, que una reseña no me da. Para mí, esta serie animada de Spider-Man, que comenzó con Spider-Man: Into the Spiderverse (dirs. Bob Persichetti, Peter Ramsey y Rodney Rothman; EEUU; 2018), es un regreso a uno de los textos fundamentales de mi infancia y adolescencia.
Ya era lector de la literatura de comics cuando tenía alrededor de 10 años a finales de la década de los 70. Acostumbraba a ir a puestos de revistas donde buceaba los comics de Spider-Man. Esto se debía en gran parte a que Peter Parker, identidad secreta de Spider-Man, habita la frontera entre dos mundos. En el primero, Peter lucha con sus problemas en la escuela, obligaciones de adolescente y las preocupaciones de su entorno familiar. En el segundo, Spider-Man es el superhéroe que lucha contra terribles villanos como Green Goblin y Dr. Octopus. Peter Parker no es un Batman/Bruce Wayne, cuya orfandad lo lleva a asumir un exterior frío y retraído rodeado de una fortuna interminable. Parker es un joven huérfano que nadie nota como alguien especial y que sobrevive su precaria situación económica guisando como fotógrafo en el periódico el Daily Bugle.
Cada escritor y/o director le da su propio giro al personaje y a su origen, pero hay un evento canónico para Peter Parker: la pérdida de un ser querido. En el cine, el Peter Parker de Tobey Maguire en la primera trilogía de Spider-Man (2002, 2004 y 2007), dirigida por Sam Raimi, pierde a su tío Ben (Cliff Robertson) y luego a su mejor amigo, Harry Osborn (James Franco). En la problemática serie de películas The Amazing Spider-Man (2012 y 2014), Parker (Andrew Garfield) pierde a su tío (Martin Sheen) y a su adorada Gwen Stacy (Emma Stone). En la última trilogía del personaje para el universo cinematográfico de Marvel, Spider-Man (Tom Holland) pierde a su mentor, Tony Stark/Iron Man (Robert Downey Jr.) y a su Tía May (Marisa Tomei). Este Spider-Man es uno de los más sufridos ya que, al final de la tercera película, Spider-Man: No Way Home (dir. Jon Watts, EEUU, 2021), Dr. Strange (Benedict Cumberbatch) hace un hechizo para que la novia de Parker, MJ (Zendaya) y su mejor amigo Ned (Jacob Batalon) lo olviden por completo. La visión ética de Peter Parker/Spider-Man se define por la aceptación de que su gran poder siempre vendrá acompañado de grandes sacrificios y terribles pérdidas.
El evento canónico de la pérdida es el dilema central de Spider-Man: Across the Spiderverse. En la primera de la serie, Spider-Man: Into the Spiderverse, Miles Morales (voz de Shameik Moore) es picado por la araña radioactiva. Esta versión le da un nuevo giro a la mitología del personaje. Tradicionalmente, Parker es un joven blanco y anglo. Sin embargo, Miles es afroboricua. De hecho, ese primer momento en que la mamá de Miles (voz de Luna Lauren Velez) lo llama “papa” con su acento latino siempre me emociona. Esta es la versión de Spider-Man que me hubiese gustado leer a mis 10 años. Aunque me crié en Puerto Rico hablando español y Miles se crió en Nueva York entre dos lenguas, encontrarse a uno mismo en la voz de un héroe tan icónico no hubiese tenido precio.
Miles debe colaborar con cuatro diferentes versiones de Spider-Man de otros universos para salvar nuestra realidad del terrible Kingpin (voz de Liev Schreiber). En esta historia, Gwen Stacy (voz de Hailee Steinfeld) es una de esas figuras arácnidas. Su recorte punk, su disfraz de capucha blanca y zapatillas de ballet, y sus movimientos armados de una gracia de bailarina hacen de Gwen una poderosa presencia en la historia. En la secuela, podemos ver con más profundidad el origen de Spider-Gwen, marcada por la pérdida de su mejor amigo, Peter Parker. En su universo, Parker nunca es picado por la araña radioactiva, pero es la canónica muerte que marcará a Gwen/Spider-Woman. El padre de Gwen, un oficial de la policía, desconoce la identidad secreta de su hija. Pero todo se complica ya que él piensa que Spider-Woman mató a Peter. Gwen logra escapar de su dura realidad al formar parte de un grupo de arácnidos de diferentes universos que protegen el multiverso. Su líder, Miguel O’Hara (voz de Oscar Isaac), es un poderoso Spider-Man del año 2099 que hará lo que sea necesario para preservar la armonía multiversal. De hecho, O’Hara está convencido que, si no protegen el canon de los arácnidos en los diferentes universos, la fibra del multiverso se verá amenazada. Para O’Hara, un evento clave es la muerte del padre de Miles Morales. El conflicto central de la película posiciona a Miles, que busca proteger a su familia del cumplimiento de la profecía, contra el testarudo O’Hara y su ejército interdimensional de arácnidos.
Spider-Man: Across the Spiderverse cuenta con una animación caóticamente bella que combina elementos tan diversos como el arte de comics, el graffiti, el steampunk, la estética punk británica de los 70, el expresionismo y la animación de televisión de los 80 y 90, entre muchos otros estilos. Cada universo tiene su propia estética. Por esto, mientras el Manhattan de Miles Morales es un retrato animado de nuestra realidad, el Mumbattan del Spider-Man indio, Pravitr Prabhakar (voz de Karan Soni), es una urbe de varios niveles con edificios que parecen tambalearse por la sobrepoblación. Por otro lado, el oscuro Manhattan de una realidad en que nunca existió Spider-Man contrasta con los sutiles colores de acuarela del Manhattan de Gwen Stacy. El mundo de Gwen Stacy tiene la particularidad de responder a sus estados anímicos, desligando un ambiente expresionista de su tradicional oscuridad. En una secuencia memorable, Gwen regresa a donde su padre para tener una conversación difícil sobre su identidad. Mientras hablan, los colores de acuarela se derriten a su alrededor, reflejando las lágrimas que Gwen y su padre llevan en su interior. No deja de maravillarme cómo una película animada de superhéroes toca temas tan profundos como la identidad racial y queer, manifiesta un comentario sobre el canon literario y sus rupturas, explora la animación de formas tan innovadoras y nunca deja de ser una emocionante aventura de Spider-Man. Les recomiendo que primero vean la anterior, Spider-Man: Into the Spiderverse, para que entiendan la historia. Luego, busquen la pantalla más grande que encuentren para que se pierdan en los universos de Spider-Man: Across the Spiderverse.
Profesora, no missy
Especial para En Rojo
Su salón se encontraba en el tercer y último piso de aquella institución, al igual que todos los salones hogares de quienes cursábamos el undécimo grado. El primer día de clases, al entrar a su aula, íbamos en fila india, con los labios bien apretados para que no se nos fuera a escapar una palabra. Nos sentábamos derechos y evitábamos contacto visual directo. Ya nos habían advertido de la rigidez de misis Ojeda, que se imponía como estatua, corregía a bolígrafo, destilaba sangre sobre errores gramaticales y se despreocupaba si no pasabas la clase de español de nivel universitario que impartía.
La silueta grande y fuerte como rascacielos de misis Ojeda sobresalía tras un podio. Su primer discurso fue directo: “Soy profesora, no soy missy. Usted me trata con respeto y yo lo trataré como un adulto”. Para terminar, dio una última advertencia: “Insúltenme a mí, pero no a mi inteligencia”. Esa frase aún la llevo conmigo, más de once años luego de haberla escuchado por primera vez.
Profesora Ojeda era pausada, se quedaba a menudo en silencio y nunca sabías si tras la pausa enfurecería o se reiría sola. Tenía una atención al detalle envidiable. Fue la primera que notó que, tras mi silencio y cara de pocos amigos, lo que había era un desinterés general ante los cursos y la vida estudiantil, que después identificó como efecto de ser una niña con alma de vieja.
Un día me pidió que me quedara al terminar la clase. Sentí cosquilleo en la barriga, acompañado de un nudo en la garganta. Luego de una conversación sobre mis intereses, que pensé que sería un sermón, me mencionó a Pedro Albizu Campos, figura hasta ese momento desconocida por mí y clave en mi despertar personal e intelectual. Me recomendó leer la tesis doctoral de Miñi Seijo Bruno y, luego de esa recomendación y muchas otras, me di cuenta de que ella era una lectora ávida, quizá una de las personas más leídas que he conocido.
Tras muchas recomendaciones de lecturas que no se incluían en el programa de clases (que muchos dirán que eran demasiado densas, complicadas, además de tener origen cuestionable para un curso de escuela católica), se convirtió en mi primera crítica literaria. Aunque, por su nivel de exigencia, rara vez ella estaba complacida con el trabajo que hacíamos, me dejó entrever que mis escritos, si bien necesitaban trabajo, tenían potencial. Fue quien me recomendó para tomar Español AP en duodécimo grado y quien me apoyó en esa ilusión incipiente de ser escritora.
Años luego me enteré que profesora Ojeda dejó el magisterio al contraer una rara enfermedad y se fue a buscar tratamientos alternos para su padecimiento degenerativo, y que una de las razones para ello fue la falta de recursos económicos para tratarse. Murió hace apenas dos años, aún muy joven para su partida. Aunque profesora Ojeda era maestra, tenía maestría y estoy segura de que, si hubiese querido, habría tenido un trabajo mejor remunerado. Sin embargo, lo tenía claro, ella quería enseñar y, más que enseñar, quería que nos cuestionáramos. Fue así como formó muchas mentes.
No puedo evitar sentir nostalgia recordándole, y no solo a ella, sino a todos esos maestros y profesores claves que pasaron por mí. Aquellos que plantaron en mi subconsciente el deseo de sembrar cambio. Tras muchos años de reflexión estoy convencida de que la mejor manera de aportar y crear el cambio que tanto necesitamos como país se dará por medio de la academia. La educación es la siembra que se planta y la cosecha es el futuro.
La situación desmoralizante por la que atraviesan los educadores en Puerto Rico, además de ser lamentable, desalienta a todos esos educadores por vocación que se verán ante la disyuntiva de seguir su pasión o apostar por un trabajo mejor remunerado. Son muchas e imprescindibles las caras de profesora Ojeda. He intentado inmortalizar el legado de profesora Ojeda en unas necesarias y probablemente pocas palabras, que representan a todos los que han escogido el magisterio como misión de vida.
África invita a descolonizarnos
Especial para En Rojo
Para fomentar la solidaridad y recordarnos la fraternidad universal de todo ser humano, la Organización de Naciones Unidas consagró el 25 de mayo como «Día de África» y promovió actividades durante la última semana de mayo para despertar a la sociedad internacional sobre la difícil realidad en la cual vive la inmensa mayoría de nuestros hermanos y hermanas en África.
Se trata de un continente tres veces más grande que Europa. En él viven actualmente unos 930 millones de habitantes, la inmensa mayoría de los cuales se encuentran entre las personas más empobrecidas y sufridas del mundo. Mientras que en Europa y Norteamérica la edad media de vida supera los 80 años, en el continente africano se estima que la esperanza media de vida no va más allá de 20 años (Cf. Avvenire, 25/05/2023, editorial).
África está dividida en 52 países, a veces creados y fomentados por la ambición de países colonizadores europeos para mejor dominar a la población y apoderarse de las inmensas riquezas naturales del continente. Diamantes, oro, plata y metales preciosos proceden de las minas belgas y británicas situadas en la República Democrática del Congo y otros países centroafricanos. Gran parte del petróleo que explotan las grandes compañías norteamericanas procede de las costas de países africanos. Las organizaciones internacionales de derechos humanos denuncian las terribles condiciones de trabajo que amenazan la salud y la vida de hombres, mujeres y, a menudo, de adolescentes y niños en los bosques y sabanas de África. Se calcula que más del 90% de las maravillosas obras de arte y riquezas culturales de la historia africana han sido robadas y se encuentran en famosos museos de países europeos y del continente americano.
Los países subsaharianos son los más pobres y olvidados. En 2020, la deuda internacional del continente africano superaba los 700,000 millones de dólares. Sólo a China los países africanos intentan pagar una deuda inmensa, y China prefiere que no paguen y así poder invertir y sacar beneficios de los ferrocarriles y de las obras monumentales que hace en África de este a oeste y de norte a sur (Revista è Africa, octubre 2022, p. 4).
Desde hace años, la destrucción de bosques y de la naturaleza ha provocado gran sequía que ha devastado varios países de África. La guerra en Sudán dura ya más de diez años. La guerra civil en Etiopía es una tragedia que parece no tener fin. Se calcula que en los últimos 16 meses han muerto 500,000 personas de hambre, o como consecuencia directa de la violencia de la guerra en la región.
En un intento de unir a los países y defender sus intereses comunes, el 25 de mayo de 1963 se fundó en Abdis Abeba (Etiopía) la Organización para la Unidad Africana (OUA), que en 2002 se convirtió en la Unión Africana (UA). A pesar de su fragilidad, la unidad de los países africanos permite un proyecto político opuesto al colonialismo, que en cada época adopta nuevas expresiones pero se rehace con fuerza y con igual crueldad.
El pensamiento decolonial es importante tanto en el plano político como en el cultural, ya que trata de expresar el modo propio de vida de los pueblos africanos y de lo que hoy se denomina «Sur Global» de una forma libre de colonialismo e independiente.
En el pasado, algunas religiones y, especialmente, el cristianismo consideraban idólatras y primitivas las culturas tradicionales de los pueblos autóctonos. El hecho de haber legitimado conquistas y colonizaciones genera una deuda histórica con las religiones negras e indígenas. Sin embargo, en estos tiempos en que buscamos recuperar una relación amorosa con la Madre Tierra y con la naturaleza, los ritos y creencias de origen africano e indígena, pueden guiarnos en este camino de una espiritualidad que valora a la Vida y a la Ecología Integral.









