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La noche más salvaje

Hacía fresco. ¿Por qué no salen ya? Caro y yo estábamos ansiosas. Nos reíamos envidiosas pensando en las suertudas que estaban ahora mismo en el backstage, sentadas sobre las faldas del cantante y sus músicos, besándose, frotándose y fumándose un porrito. Me da igual, yo solo quiero conocerlo.

¿Qué hacía yo en aquella plaza esperando por un cantante? Idiota. Vete a tu casa con tu hijo.

A lo lejos vi a Wilson. Esperaba a su novia, una de las suertudas. El pobre… Digo pobre porque se notaba nervioso. No paraba de caminar en los mismos tres metros cuadrados, soltándose y amarrándose su pelo rizo a cada rato. Caro lo conocía más que yo. Es un ecuatoriano lindo, estudiante graduado de geografía y bueno para el baile, que se siente muy cómodo entre guiris postadolescentes como su novia y siempre apesta a sobaco. Es simpático y buen conversador, aunque casi nunca me saluda cuando nos vemos de día.

Por fin salieron. Divisé el pantalón blanco del cantante escoltado por una nube de chicas bellas. Todas son más bellas cuando no eres tú una de las afortunadas. Agarré a Caro por el brazo, nos paramos por fin de la piedra fría donde esperábamos, y caminamos tímidamente hacia él. Nos presentó el mánager, un madrileño fanfarrón que desde el principio dejó claro que lo que quería era engrupirse a Caro. El cantante nos dio dos besos y un abrazo luego de soltar a las dos bellezas que servían de muletas, una de ellas la novia de Wilson, una rubia alta, muy esbelta y linda de cara, aunque forrada de pequeños granos rosados. Intercambiamos dos o tres frases amables y nos dimos por satisfechas.

Los músicos se fueron montando en una van negra con los cristales tintados y, tras ellos, dos de las chicas que andaban con la novia de Wilson.  Wilson había desaparecido. Su novia y el cantante también.

El mánager nos invitó a ir con ellos al hotel. A pesar de las reticencias de Caro, nos montamos en la van. Las mías me las guardé, no fuera que, al pronunciarlas, conjurara en mi contra.

***

La tarde del concierto había quedado con un amigo fotógrafo de mi ex. Jorge siempre me pareció interesante. Cuando salíamos con él, me gustaba más que mi novio. Algo había en su expresión, la melancolía auténtica del que siente demasiado el mundo, su belleza y sus injusticias, que me atraía. Cada cierto tiempo encontraba una excusa para contactarlo, aunque esta vez fue él quien me escribió.

Su caravana estaba estacionada cerca del río. Hacía mucho viento, la condición ideal para el vestido corto y vaporoso que me había puesto. Nos abrazamos cuando nos vimos y pasamos dentro de la caravana. Su mundo feliz se reducía a un cajón sobre ruedas. No necesitaba más, decía, si mi patio está adonde quiera que pueda llegar con este cacharro. Comimos algún potaje de alubias Litoral mientras hablamos de la vida, de nuestras relaciones, de cómo se había reencontrado con un antiguo amor que, casi veinte años después se había convertido en su compañera de viaje y caravana. Ella tenía un hijo adolescente. Él lamenta no haber podido tener uno.

-¿Cuántos tiene el tuyo?

-Tres -le contesté.

Jorge estaba dispuesto a ser padre con alguien que quisiera darle un hijo. Su compañera no lo haría; apenas comenzaba a vivir (otra vez), a disfrutar de un divorcio maduro y de un novio de cincuentipocos sin más ataduras que sus depresiones y la hipoteca de un chalé. Los hijos no se dan. Yo no te voy a dar un hijo, pensé proyectándome en un túnel imposible al que ni loca quería entrar. Por suerte, el tono grave de la conversación se distendió cuando lo interrumpí porque me estaba orinando. El baño estaba adentro de la caravana y me daba vergüenza hacerlo ahí, aunque – reconozco- me excitaba pensar que me escuchaba y me imaginaba sin pantis. Cuando salí, él estaba esperándome afuera, con la cámara en el hombro, como si nada.

– ¿Me acompañas a la catedral? que tengo que subir al campanario a hacer unas fotos.

Fingida o no, su indiferencia confirmó lo que ya intuía.

Caminamos. Yo unos pasos por delante para que pudiera apreciar mejor lo que se perdía, mis piernas, mis muslos y, si el viento ayudaba, mis nalgas. En la catedral, subí las escaleras empinadas y estrechas frente a él. Y como cuando era pequeña y me decían que, para conseguir algo, tienes que pensarlo bien fuerte, yo pensé muchas veces, una vez por escalón diría, que, por favor, dios mío, meta las manos debajo de mi falda.

Parece que no fue suficiente.

Ya arriba era como estar en otra dimensión. Desde allí podía sobrevolar, como una bandada de estorninos, los pensamientos, los deseos, los deberes, mi propia existencia… Me sentía serena, ajena a aquel mundo de abajo. El cielo parecía cercano y los caminantes, alguna cosa insignificante, polvo sobre una foto antigua. El tiempo quedó suspendido durante aquella media hora que recorrí en silencio el techo de la catedral y acaricié y me apoyé en su arquitectura reconfortante, tibia y rugosa como una matrona gorda de pueblo. ¿Cómo no subí antes? Jorge andaba por ahí haciendo fotos desde cada esquina. A veces me las hacía a mí. Detesto que los que saben me hagan fotos. No sé posar, siempre salgo con papada y con un ojo mirando al carajo. La facultad de filología, otro edificio viejo, se ve desde la catedral. En aquella coyuntura vital de proyectos nuevos como mi hijo, y otros sin terminar como la tesis, aquel armatroste románico, severo y grandilocuente, me increpaba con su dedo largo: “¿y tú qué piensas hacer con tu vida?”

¿Hay que hacer “algo” con la vida? Y entiendes la tristeza del que, a pesar de sus propósitos, siente un profundo desarraigo y solo ve en la muerte la única salida.

Jorge no me hacía caso. No como yo quería. Estaba más distante todavía de lo que había estado en la caravana. Ahí al menos me rozaba las rodillas con las suyas en la mesita, y me miraba con ojos de lechuza cada vez que yo hablaba. En ese punto, lo único que deseaba era volver a mi casa, a la que está en el Barrio del Oeste, a quince minutos andando desde el centro. A la que está al otro lado del océano, la casa de siempre.

Finalmente salimos de la catedral. Frente a la entrada lateral, se despidió de mí frío, marcando con sus manos sobre mis hombros la distancia del culpable.

-Carmen me espera -y sonrió nervioso.

-Vale sí, qué bueno verte… -le contesté apurada, como si de la velocidad dependiera que el bochorno que padecía desapareciera. Le di dos besos, me volví sin esperar nada y me fui por el camino opuesto.

Cuando volví a casa, me puse a doblar la ropa que había lavado por la mañana. Aproveché también para organizar unas fotocopias. Me tiré en el sofá y dormí hasta que Caro me llamó.

***

Subimos a la habitación de los músicos. El cantante tenía la suya. El mánager nos advirtió que se tardaría un poco. Está “ocupado” -nos dijo- y guiñó un ojo.

Ridículo…

Los músicos son unos niños. Sin sus instrumentos son como héroes sin su capa.  Tan pronto entraron, se quitaron los zapatos y se tiraron en la cama. Uno de ellos se sentó al lado de una de las amigas de la novia de Wilson (la otra salió de la habitación y nunca volvió). Él le acariciaba su pelo negro largo y lacio; ella estaba tiesa, con una sonrisa tonta y sus manos sobre su falda como una niña buena. Y yo que hace una hora pedía a gritos que me esnuaran…

Yo estaba sentada en la cama también, frente al espejo, esperando no sé qué cosa extraordinaria en una habitación con tres músicos casi adolescentes que ni nos hablaban. Su mayor interés en ese momento era mostrarse videos de youtube, hablar de música y comerse el bocata.  El mánager, un cuarentón pasable, intentaba sin éxito camelarse a Caro, que fumaba como un carretero en la ventana de la habitación por no saber qué otra cosa hacer. De mi cantante y de la novia de Wilson, ni rastro.

¿Qué mierda hago yo aquí?

Casi una hora después, se abrió la puerta de la habitación. Entró mi cantante en su pantalón blanco apretado. Era real, tan real como la novia belga de Wilson que entraba detrás de él. Lo habían hecho. Obvio. Se veían cómodos y satisfechos.

La observaba tratando de ocultar mis celos. Se sentó en el suelo, frente a mí. Me reconoció. Alguna vez nos habían presentado. Hablamos sobre nuestras familias, la de su parte española y de la mía argentina, recuerdo. Me cayó bien. El cantante se sentó a mi lado, en la orilla de la cama. Nuestra conversación no le importaba. Compartimos una bolsa suya de chocolates con maní.

-Son mis favoritos -le dije mirándolo intensamente, con la intención pueril -e inútil a esas alturas- de que nuestras almas conectaran.

-Ujum -me contestó con la boca llena, haciendo un ruido desagradable al masticar.

La habitación era una cápsula de humo. Los músicos estaban en su mundo; no paraban de ver videos. El cantante no dijo grandes cosas, solo se sentó en una silla y se tomó una botella de agua. Se veía cansado, totalmente desinteresado en lo que ocurría a su alrededor con excepción de la novia de Wilson, con quien de vez en cuando intercambiaba miradas y risitas cómplices.

¿Qué le digo? Pues decidí que nada. No sabía qué decirle que no sonara estúpido o forzado.  Lo había googleado tanto ya que sentía (injustamente) que no tenía nada más que saber de él. Concluí que me gustaba más en lo videos.

Desde donde yo estaba, ahora sentada en el lado derecho de la cama, veía por la ventana abierta los tejados de los edificios viejos del centro. El cielo de las tres de la madrugada estaba magnífico, negro carbón y lleno de estrellas.

-¿Nos vamos? -le dije a Caro bajito cuando me pidió rescate con la mirada.

La noche no pare más.

Nos despedimos de todos. El mánager trató de convencer a Caro de que se quedara. Muchas gracias, encantada, adiós, au revoir a los músicos franceses y nos fuimos del hotel.

Luego de pelar hasta las cortinas de la habitación, de reírnos de nuestra sosera nerviosa y de los polvos de ese día que nunca fueron, nos despedimos frente a la casa de Caro. Me dio las gracias por la aventura. La abracé.

De camino a la mía vi a Wilson, solo, fumando sentado en las escalinatas de la Pontificia. Me miró inquisitivo y me saludó con la mano. Le respondí el saludo de lejos.

Cuando llegué, me di un baño y saqué la ropa pasada a humo al balcón. Mi ex, que dormía en el sofá (le tocaba cuidar al nene ese día) se despertó.

– ¿Cómo lo pasaron? -preguntó, convencido de que tuve la noche más salvaje.

– Lo pasamos bien -le contesté sin ánimo de aclarar nada, y me fui a dormir con mi hijo.

Pocos días después, Jorge me envió una de las fotos que me tomó en la catedral. Salgo sonriendo.

Parezco feliz.

Samuel Lind Hernández: Obrero del Arte:  Genio de la creación artística

 

Al hablar del arte y la pintura en el Puerto Rico contemporáneo significa adentrarnos en el arte de nuestro propio tiempo. Nuestro arte se manifiesta en el tiempo presente respondiendo a la conciencia social del artista y a su visión del mundo que le rodea. El arte es parte fundamental e inherente de lo humano, de nuestra cultura y de nuestra evolución como pueblo, con característica particulares que nos definen y distinguen de otros pueblos.

Visitar “El taller de Samuel Lind en Medianía Alta en Loíza es una experiencia trascendental, única y distinta en cada visita que realizas. Su Taller es una galería de personajes, mujeres dignas, estampas, fiestas, paisajes de dolor y alegría, serigrafías de Santiago Apóstol, de la Familia Ayala, Tite Curet Alonso, entre otros. Terminas envolviéndote en tertulias, planes y sueños, que a veces parecen tuyos, pero es la energía que Samuel trasmite, que te lleva allí, a ese mundo.

Nos dice en su página de Facebook: “Esos espacios que el Arte se procura son dimensiones que provocan esa necesidad de crear. Es la Luz de los palmares que se proyectan en pinceladas y trazos pictóricos. Todo es un acto donde uno es criatura que crea. Esa energía que solo el Arte en su propio lenguaje sabe proyectarse. El Obrero en su limitación, como instrumento de la Naturaleza, se redime, se encuentra y le da sentido al Ser y Servir”

 Samuel Lind Hernández ha sido uno de esos artistas, que como sucede en muchas disciplinas, son reconocidos fuera del País antes de ser reconocido por sus propios compatriotas. Samuel Lind es una persona humilde e introvertida que ha logrado encontrar en el Arte el medio para manifestar todo eso que lleva en el alma, que lleva dentro y necesita manifestar, muchas veces contagioso. Se describe asimismo como “un Obrero” con humildad que utiliza el arte como un medio de afirmación, manifestación y comunicación en varias dimensiones. Y así, son algunas de sus obras, en varias dimensiones.

En su página en las redes sociales encontramos que

“Fue él quien entre otras tareas diseñó la bandera del pueblo de Loíza. “Pincelar a Loíza es como si de la pintura que subyace de su historia fuéramos nosotros los pintados. Como si esa tierra y sus gentes nos devolvieran a todos los rostros de la historia que ocultamos en máscaras desmemoriadas”.

Describir a Samuel Lind y su obra artística no es fácil. Nydia (Artista puertorriqueña en la Diáspora, radicada en Illinois) nos señala lo siguiente a la pregunta de qué piensa de la obra o trabajos de Samuel:

“En el arte, especialmente en la pintura, el color es la base de un buen diseño. En la obra de Samuel Lind el color está lleno de movimiento. En su obra los colores primarios, secundarios y terciarios se unen para contar la historia donde un pueblo es representado en color. El uso de los colores primarios refleja el color intenso de la cultura de Puerto Rico y el Caribe. Los colores secundarios se entrelazan en el verdor de la vegetación hasta el colorido en los vestidos de nuestra gente y sus prácticas culturales. La gente representada en su obra tiene las huellas de la cultura que a pesar de los duros tiempos es una cultura alegre y llena de color. Desde el blanco de los vestidos de bomba hasta el rojo intenso de nuestros Flamboyanes, Samuel nos hace sentir emociones que solo en nuestra tierra conocemos. Mi color preferido en su obra es el uso del color azul. El cielo, el mar en sus paisajes es un mensaje de calma y tranquilidad. En una de sus obras titulada Esperanza de vida, el azul es casi una vista del futuro, donde la juventud, representada por un niño, parece caminar hacia el azul infinito del agua rodeado como en un abraso del verde prevaleciente en nuestra Isla”. (Nydia Mercado Adorno)

Cuando le pregunté a Samuel si él llegara a su taller no siendo Samuel Lind, sino desde afuera, o si el pudiera observar su trabajo como un extraño, que el encontraría en su taller. El Maestro se describe así mismo de la siguiente manera:

“Yo me encontraría con este individuo, en su claustro, en su taller, “curándose” con unas obras donde el ilustra la naturaleza donde se nutre. Esa necesidad creadora que el provoca, porque es una provocación, uno se tiene que llenar con un entusiasmo con ganas tan fuerte que tiene que sacarlo, de un barrio donde no había alternativas, pero el llego a tocar personas con su obra, él es un humilde obrero, con algo que Dios le dio, como le da a toda persona y trato de no detenerse”.

Hablar con el maestro Lind es un viaje transcendental en el tiempo, la cultura y de aprendizaje, mucho aprendizaje. Nos señala:

 “Dios nos dio la vida y lo que nos rodea, nos da la habilidad de crear belleza, de restaurar la vida, de transmitir un sentimiento. Una conexión entre cielo y tierra. Una ventana que se abre hacia lo divino, un puente hacia la contemplación, que honra a la naturaleza. Una energía intuitiva que me mueve a pintar. Simple y complejo a la vez, en sus funciones, por su lógica y claridad de pensamiento en la inspiración, que lo hace practico. Alimento para el espíritu. Objeto de conexión para estimular la imaginación y abrasar a los sentidos, Adquiriendo la vida, salvando el alma. Todo se resume a lo universal del Ser… — AMOR Y BELLEZA — Desde un principio que encontré en la expresión artística un medio poderoso de comunicar ideas, ya para mí el pintar o modelar la materia o grabar se convirtió en mi vocación”.
“Con amor sensibilidad y trabajo, me entregó a una producción artística. Una necesidad creativa. Entrar a ese mundo del lienzo, las dimensiones de la escultura, o el color vivo del grabado. Magnificar lo que para mí tiene importancia, mi gente mi comunidad la Diosa Madre Naturaleza”.

Estas expresiones de don Samuel Lind, el genio, el artista, el ser humano, el obrero nos trasladan a entender su obra. No soy experto en arte, pero luego de compartir con él en varias ocasiones y luego de horas de conversaciones extensas he logrado compenétrame en parte de su psiquis como artista, su humildad y sencillez y su grandeza en el Arte y artista del lienzo, el gravado, la escultura o cualquier manifestación artística que decide utilizar para expresar sus sentimientos.

Su infancia y niñez ayudan a forjar este genio del arte

Samuel y sus hermanos con su madre Felícita. Foto suministrada

Nace en Loíza y sus padres fueron Ismael Lind y Felícita Hernández. Se crio con su mamá y al cruzar la calle de su casa está la residencia de la Familia Ayala. De una familia bien grande tuvo 6 hermanos, de los cuales Samuel es el único que actualmente está en Loiza.

 

Su interés por el arte y la pintura y lo gráfico comienza desde niño al ver las caras de la gente, los animales y la naturaleza. Comienza desde temprana edad a dibujar todo lo que podía. Nos señala:

“Uno de mis hermanos que estuvo en el ejército en la guerra de Vietnam me trajo de Alemania un estuche de arte de dibujar y con el comencé, más o menos en la Escuela Intermedia, a hacer mis primeros trabajos artísticos en Oleo”.

Samuel y Pastora madre de los Ayala

Para él sus comienzos en el arte fue una “misión auto-impuesta”, una satisfacción y búsqueda personal ya que era bien introvertido el arte lo llevo a “encontrarse” y poder expresar lo que llevaba por dentro,

“el arte fue mi salvación, vengo de una familia humilde y encontré en el arte el decir algo. Una vez recibían lo que yo hacía me podían entender”.

Sus primeras experiencia y contactos con el arte ocurren en su adolescencia. Es en la escuela, en los grados intermedios que comenzó sus actividades en el arte:

“Ya desde escuela intermedia Ms. Rosa (mi maestra de arte en Intermedia) me traía pinturas (tempera), y yo mezclaba pinturas con claras de huevo lo que permitía expresarme. Me sentaba en al parque a observar personas, me cogían miedo porque yo estaba dibujando. El tema principal era Loiza y la gente de Loíza, sus paisajes. La gente los recibía con sentido de pertenencia. La naturaleza y el espacio que me rodeaba era lo que me inspiraba, era lo primordial”.

Hablar de Samuel Lind es hablar de la Familia Ayala. Él nos dice

“La historia de los Ayala y la mía es la misma ya que yo nací en una casa de madera frente a ellos, tu cruzabas la calle y estabas en su casa, Yo me crie en la casa de los Ayala prácticamente”.

 

Y añade a su conexión con los Ayala:

“Raquel y Celia Ayala fueron bien importantes en mi desarrollo como persona, fueron clave. Castor Ayala(Padre) fue mi primer jefe. Él tenía toda una industria del Coco en Colobo. Él le dio trabajo a medio Medianía. Toda la comunidad trabajo para Castor en la industria del coco y todo el arte que venia del coco”. “Un día yo cruce la calle con un cuadro y él se pone las manos en la cabeza (él era el “santiguador del barrio, él tenía una cuestión espiritual, Castor padre) y me dice” Samito tú vas a ser artista, tus cuadros van a estar en museos y galerías, (imagínate yo un niño) no como yo que pinto para bares, tus cuadros van a ser de galerías”.

Ese evento donde Don Castor le señala a Samuel que su trabajo iba a llegar a galerías fue una premonición, Samuel era un niño, adolecente y se emocionó con esas palabras que fueron “proféticas”.

 

Hermanos Ayala y Samuel

 

El pintor y artista Rafael Tufiño tenía un taller en un lugar llamado “El Brujo” en la Playa de Loiza y tenía un Porfolio de gravados de las Fiestas de Loiza que influenciaron a Samuel en su juventud.

 

Su adultez y desarrollo como artista gráfico.

Se graduó de la escuela de Artes plásticas y era baterista en la Universidad de Puerto Rico. Daba clases de música en algunas Iglesias y en algunos lugares, ya que tocaba varios instrumentos, está función lo ayudaban económicamente a costear sus estudios y proveerse económicamente.

Ya en la escuela de Artes Plásticas su trabajo comienza a ser difundido fuera de Loiza y a impactar a figuras prominentes que le ayudaran a que el país lo conociera. Uno de los incentivos más grandes que tuvo es que personas sobresalientes en las artes y la cultura como don Ricardo Alegría y Tite Curret Alonso comenzaron a admirar su trabajo y hubo una amistad y mutua admiración y eso le ofrecía el respaldo necesario para seguir adelante ya que yo ni salía de Loiza. Tite Curret Alonso se convirtió en su mentor.

En esa etapa de su carrera su arte se dirige a poder ver y visualizar, lo lleva a imágenes de la naturaleza, de gentes de pueblo que luego se plasman en lo grafico o en el óleo.

“Cuando pinto yo siento África, yo siento los santos sobre mi”

A la pregunta de porque no salía mucho de Loiza y de su pueblo señala:

“Loiza ahora es más abierto, pero antes fue más hermético y se veía como ese pueblo de raíces africanas que tenía esas fiestas extrañas, una expresión que es de ellos y tenían sus habitantes una forma particular de hablar, con una espiritualidad en la comida, en el baile, en todo lo que hacen. En Canovanas había un sitio donde se bailaba y los Loiceños iban punta en blanco a bailar.”

De las expresiones artísticas la pintura para él es la principal. (pintura al óleo,) la más fascinante.

“Yo expresarme en un espacio de dos dimensiones, crear esa tercera dimensión es lo más fascinante e ir a una y cuarta dimensión. Hay dimensiones en el que no están ahí. El arte es una forma de ver las cosas como tú las quieres ver y resaltar lo que tú quieres ver. Hay dimensiones del espacio que no están ahí. Mi propuesta es pictórica. Cuando pinto un palmar me voy en un viaje”.

Diseño la caratula de un disco de Caribe Negro de Cachete Maldonado y muchos otros trabajos artísticos. Comenzó a hacer serigrafías a mediados de los años 70, he hizo serigrafías de muchas actividades en Puerto Rico. Muchos de sus serigrafías producidas en su taller no conservo copias de ellas. Hizo serigrafías de Tite Curret Alonso y de su Mamá. Realizo serigrafías para infinidad de actividades y proyectos. Fue su expresión más comercial, pero se ajustaba a lo que él pensaba, a lo que él hacía, se veía el corte de Samuel Lind en todas ellas.  Hay serigrafías que las hizo en los 80 y luego las volvió a rehacer en los 90 como “Tertulia Borincana”. De muchas de ellas solo conserva los bocetos. Todos los meses hacia una serigrafía. Nunca tuvo un espacio para hacer serigrafías. Las hacía en el tope de una mesa o en cualquier espacio de su taller. Fue el medio que encontró para hacer carteles de las Fiestas Patronales de Loiza. Eso le dio lugar para pintar controlando su espacio y su tiempo, ya que trabaja con calma debido a que el arte para él “es una experiencia espiritual”.

El mismo construyo su casa cuando contrajo matrimonio y ahora todo su hogar es su taller (yo diría taller/galería).  Él se crio entre carpinteros y aprendió el oficio desde joven. Trabaja mucho con jóvenes en su tiempo libre y en su taller. Tiene murales en Filadelfia, en Chicago y la última exposición se llamó: Portales”.  El tablado de Piñones, en el centro cultural es un trabajo en el piso de cerámica hecho por él.

El Hostos College reconoció este año a Doña Evelina Antonetty, una señora que le decían la madre del Bronx y a Samuel le asignaron a hacer una pintura, un Óleo de ella, La misma conmemorando sus 100 años de Dona Evelina.

“Me fascinó y yo casi no hago cosas así, pero ella me fascinó y acepte el reto. Yo hice una pintura documental de ella. Fue una defensora de los derechos de los Boricuas en NY. Estuve en 4 actividades distintas. La Diáspora para mí ha sido auspiciadora de mi trabajo desde el principio de mi carrera. Desde los 80 yo comencé a viajar ya que la diáspora reconoció mis trabajos.

En Japón hay una colección completa permanente de serigrafías de Samuel Lind, en “Kioto, en el museo de antropología.  Está en contacto con personas de Washington, DC que quieren hacer un museo latino y que sus trabajos sean parte del mismo. Después de María el distrito escolar de Washington publicó una serie de publicaciones de libros para las escuelas y el hizo algunas de las ilustraciones para esas publicaciones educativas.

En el 2013 el Monarca Yoruba del estado de Ogun, Nigeria, Adedeji Onagorua, visto Puerto Rico y fue llevado a Loiza.  El manifestó que si venía a Puerto Rico lo único que le interesaba era ver la cultura del pueblo de Loiza (El Nuevo Día, 12 noviembre, 2013). Samuel Lind le regalo una de sus pinturas que llevo con el de regreso a su país. Samuel nos manifestó que tiene coleccionistas de arte africanos que conservan trabajos suyos.

Esculturas de Samuel Lind

Las esculturas que ha trabajado mayormente han sido por contrato. En ellas esta Samuel Lind y su arte reflejado. Su trabajo en esta modalidad incluye una de Rafael Cepeda y su esposa, escultura en honor al manglar, Osain, Santo de la botánica yoruba, botánico africano (escultura que se encuentra en el museo de Caguas, en México y en Estados Unidos) entre otras de sus trabajos. Portales es una exhibición del artista en Filadelfia que recoge parte de su obra. José Ortiz pagan nos señala sobre esta obra (https://tallerpr.org/samuel-lind-portales/)

“Portales es la más reciente amplia exhibición del artista Samuel Lind, de los últimos años. La muestra recopila varias rutas de exploración dentro de la carrera cincuentenaria del artista, al igual que reúne importantes componentes de su obra, algunos de las cuales nunca antes han sido exhibidos en conjunto.

Como parte de la selección curatorial, el trabajo abarca varios temas dentro de la senda espiritual y de sanación del artista, tal y como las tradiciones de las religiones de la diáspora africana, la manifestación de sus raíces loiceñas, pero también, el producto de su imaginación. En su arte, el mangle de Loíza se hace palpable y objetos caseros, amuletos hechos a mano, deidades, y artículos obsequiados, forman parte del universo artístico de Samuel Lind.
La muestra contiene una robusta selección de la obra Seri gráfica que Samuel ha producido en las últimas 5 décadas y que responden a una pluralidad de tradiciones provenientes de Loíza Aldea, Puerto Rico.

Lind es un artista sumamente preocupado y comprometido con conservar, no solo las tradiciones afro-puertorriqueñas, sino también con la preservación del ambiente”.

Samuel Lind Hernández es un Obrero del Arte, un Genio de la creación artística puertorriqueña que no ha sido reconocido como se merece. Artista de excelencia en distintas expresiones artísticas. Dichas expresiones llevan su sentimiento “Loiceño” (Afro/Boricua- Afro/Antillano).  Samuel es un Afrodescendiente orgulloso de su herencia manifestada en sus creaciones artísticas. Reconozcamos a este Obrero del arte como uno de los grandes artistas de nuestro Puerto Rico Actual.

 

 

Presentación del plato de Reyes 2023

Este próximo jueves el Dr. Fernando Cabanillas presentará el Plato de Reyes diseñado por  Oscar López Rivera. La presentación será en la librería Casa Norberto a las 7:00pm. La librería esta en el 3er. nivel en Plaza Las Américas

José Antonio López: Intérprete, compositor y luthier

 

Este próximo fin de semana la guitarra puertorriqueña está de celebración ante la salida del nuevo disco del virtuoso guitarrista puertorriqueño José Antonio López.

El concertista, también dedicado a la composición, asegura su aporte a la literatura guitarrística puertorriqueña con su nuevo disco titulado Bocetos:16 variaciones sobre Romance Anónimo.  Es el propio artista quién autodefine su grabación como un ciclo de variaciones en la cual mi imaginación recrea una serie de reflexiones, evocaciones o deconstrucciones sobre Romance anónimo, la composición más conocida del repertorio de la guitarra. Entre las variaciones escucharán el Romance anónimo al estilo de leyendas puertorriqueñas como Cheíto González, Tutti Umpierre, Arturo Somohano, Juan Sorroche, Iván Rijos y Ernesto Cordero. Pero también, en el carácter de los universales Francisco Tárrega, Mauro Giuiani, Isaac Albéniz, Héctor Villalobos o Antonio Lauro.

La producción, que estará disponible en todas las plataformas digitales a partir del 3 de diciembre, se acompaña de un manual impreso (audio guía) con apuntes musicológicos y partituras. Sin embargo, la versión impresa del disco comprenderá de una edición limitada para coleccionistas que estarán numerados y firmados por el compositor. Como complemento a este magno proyecto, el también musicólogo se trasladó a España a estudiar lutería en la principal escuela de construcción de la guitarra en Granada teniendo como resultado holístico, poder grabar e interpretar sus composiciones con una guitarra de concierto fabricada por él mismo.

El veterano guitarrista, además Catedrático de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Mayagüez,  dedica el presente proyecto al afamado artista plástico Antonio Martorell. Sobre este particular, el Dr. López afirma que todos los artistas puertorriqueños tenemos una deuda con Toño Martorell. Al dedicarle este disco comienzo a saldar la deuda de su estímulo. Es mi agradecimiento personal por haber sido un modelo en mi optimismo por el arte.

La presentación del disco se llevará a cabo el 3 de diciembre en la librería El Candil en Ponce y el domingo 4 de diciembre en el Museo de San Juan. Esta última presentación estará a cargo del Dr. Arturo Massol ante la presencia de Antonio Martorell. Ambas presentaciones serán a las 3:00 pm.

 

 

La lucha contra LUMA continua

 

CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

No fue la primera ni será la última. Las protestas del pueblo en contra del contrato privatizador de la transmisión y distribución de la energía eléctrica (T&D) de LUMA Energy (LE) continuaron este pasado fin de semana y continuarán después del 30 de noviembre.

Una vez más, este domingo 27 de noviembre, diversos grupos convocados por la coalición Todos Somos Pueblo volvieron a manifestarse. Esta vez, en una marcha desde la Plaza de Colón, en el Viejo San Juan hasta la Fortaleza, para exigir que el Gobierno cancele el contrato de LE. Mientras, el gobernador se ha mantenido en su postura de que  “después de este 30 de noviembre LUMA se queda”.

Antes de la salida de la marcha, cerca de las 2.30 de la tarde,  fueron varios los que se dirigieron a los presentes. Es menester reconocer que, como en la actividad del viacrucis del Pueblo, la mayoría de los asistentes éramos personas de edad mayor.

“No hay nadie que le haya dedicado más tiempo a defender a LUMA que el gobernador Pedro Pierluisi. LUMA tiene que irse, esto no termina hoy, comienza después del 30 de noviembre”, afirmó  el presidente de la Alianza de Jubilados de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE), Johnny Rodríguez, en referencia a la lucha por sacar a LUMA. El ahora jubilado celador IV, que con la privatización de la T&D fue sacado de la AEE y enviado como guardia de seguridad al Centro Médico, denunció que la llegada de LUMA ha costado vidas, sangre y suicidio, y que en abril “nos quedaremos sin pensión”.

Otros que se dirigieron a los presentes fueron la portavoz del grupo de jubilados de la sindical Educamos, Eva Ayala, quien no vaciló en llamar corrupto y pillo al gobernador. Por su parte, el senador del Movimiento Victoria Ciudadana (MVC), Rafael Bernabe, trajo a la atención que LUMA y el gobernador contaban con que “nos íbamos a cansar. Eso no es así, LUMA se va a tener que ir”. Anunció que además de salir del contrato de LUMA, las otras tareas pendientes son evitar la privatización de la generación; exigir una adecuada renegociación de la deuda de la AEE, la cual no ha sido auditada; crear una nueva entidad pública con participación ciudadana y asegurar la transición a la energía  renovable.

No sorprende la posición del gobernador

 Los legisladores del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP), senadora María de Lourdes Santiago Negrón y el representante Dennis Márquez Lebrón,  también participaron en la manifestación. Al ser abordados por  CLARIDAD, destacaron que no es sorpresa la postura del gobernador de insistir en mantener el contrato de LE. “El  gobernador y los otros funcionarios de gobierno que han estado involucrados en la administración, o entre comillas, supervisión del contrato, todos han asumido la posición de defensores de LUMA y eso no va a cambiar. Por eso es importante manifestaciones como estas y que la gente haga saber que ellos no son los que nos representan. En su compromiso ciego con la privatización no va haber nada que los haga cambiar de parecer. Por eso es importante la meta de llegar al poder político. Ese contrato no hay quien lo cancele porque las dos partes, que es el gobierno y LUMA, están contentas. Y mientras esa situación persista, vamos a seguir esclavizados con el contrato”, declaró Santiago Negrón.

En tanto, Márquez Lebrón señaló a que hay que seguir insistiendo dado a que el gobernador —el PNP— tiene un amarre político con LUMA y todo lo que representa LUMA, “y por lo tanto, hay que seguir con manifestaciones, y nosotros, desde la Legislatura, fiscalizando y cuestionando. Ahora, la próxima etapa que ya está a punto de culminarse va a ser la generación; por lo tanto, otro capítulo más del asunto de la privatización de la energía eléctrica”.

Ambos legisladores comentaron de los esfuerzos del PIP para llevar a la Legislatura propuestas de la nueva AEE. “Eso es importante. Hablamos de que hay que erradicar la politización, de la transparencia. Pero es mucho más allá, es una nueva idea de cuál es la idea del Estado en tiempos de la crisis climática, cuál es la función del Estado como proveedor, garantizador del derecho humanos, que es la energía”, subrayó Márquez Lebrón.

Añadió que se facilitó una vista pública en la Comisión de Desarrollo Socioeconómico, que preside el representante independiente Luis Raúl Torres, en la que un grupo de profesores del recinto de Mayagüez de la UPR presentaron una propuesta de un nuevo modelo de corporación para el servicio de energía eléctrica. “Es una propuesta sensata, bajo un criterio del derecho humano; pero sobre todo, combina el aspecto científico con el aspecto social”.

Entre los que se dirigieron al público antes de la salida también estuvo el secretario general del PIP, licenciado Juan Dalmau Ramírez, quien resaltó la presencia del celador de línea, Jesús Ambert, también destituido de la AEE. “Son seres humanos los que trepan los postes, los que sacrifican sus vidas”, expresó.

En su turno, Ambert, celador IV con 21años de experiencia en la Técnica de Manatí, en tono muy sentido dijo que hoy trabaja en tareas de mantenimiento en la Autoridad de Edificios Públicos. “Queremos nuestros trabajos de vuelta”, afirmó. Y pidió al público “que nos acompañen en esta lucha, que es de todos”.

Ya frente a La Fortaleza, se dirigió a los presentes el presidente de la UTIER, Ángel Figueroa Jaramillo, quien habló sobre el desarrollo de la industria de la energía eléctrica en el país en los años 30 del siglo pasado cuando era una empresa privada, su transformación a entidad pública a la Autoridad de Fuentes Fluviales hasta la AEE y su desmantelamiento por la política neoliberal.

Como era de esperar, la presencia policiaca bloqueando el paso hacia La Fortaleza era prominente.

El portavoz de Todos Somos Pueblo, el Padre Pedro Ortiz, fue el último en tomar la palabra: “Que lo sepa todo el pueblo, que lo sepa el señor gobernador y los legisladores que no han tenido los pantalones de estar aquí con esta manifestación. Hoy ha habido un periodo de siembra para rescatar la patria, porque rescatando la patria vamos a rescatar la autoridad de energía eléctrica para el pueblo. Aquí no culmina la lucha contra LUMA y contra la junta dictatorial, que reiteramos son a los que le toca largarse del país. Como dice la canción: que se vayan ellos. Se lo reitero, hoy no terminamos la lucha. Lo que estamos haciendo es definitivamente confiando en nosotros. En el caso particular de los cristianos, confiar en Dios y celebrar que aquí hoy comienza otro capítulo de la lucha heroica por salvar el país. ¡Que viva Puerto Rico  libre, que viva Puerto Rico en la lucha por la dignidad”.