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Poesia de Eddie Ortiz González

Poses

Por dos años (de 1966 a 1968)

Yukio Mishima

posa como San Sebastián

para el lente de Kishin Shinoyama.

En Abril de 1969,

la revista Esquire

publica en su portada

una foto de Muhammad Ali,

posando como San Sebastián

para el lente de Carl Fisher.

 

El 25 de noviembre de 1970,

Mishima lidera una toma de cuartel militar

en pos de un golpe de estado

que resulta fallido.

Horas más tarde,

y luego de una arenga

que no surte el efecto esperado,

Yukio comete seppuku.

Morita, el kaishaku designado por Mishima,

falta a la tradición

al fallar la decapitación en tres intentos.

Uno de los golpistas, de nombre Kogu,

restituye el honor ritual

con las cabezas de Mishima y Morita.

 

En Diciembre de 1970,

Ali regresa al cuadrilátero

luego de tres años de suspensión

al declararse

objetor por conciencia

cuando fue enlistado para Vietnam.

Una pelea en la que Alí resulta favorito,

se convierte en una batalla campal

que dura los quince rounds.

Expertos del boxeo concuerdan

que la pelea contra Bonavena

no sólo ha sido una de las más duras

que enfrentara Alí,

sino que marca el comienzo

de un largo y lento declive

de su salud y carrera como boxeador.

Esa noche Alí no era la sombra

del boxeador que fue

antes de la suspensión.

A partir del cuarto round

depende de sus reflejos

y de recostarse sobre las cuerdas del ring

para compensar la falta de piernas,

pero no puede evitar recibir

una cantidad desproporcionada

de golpes a la cabeza

y al cuerpo

por parte del argentino.

En el décimoquinto round

Oscar Bonavena

recibe un gancho de izquierda

a la quijada

justo cuando su derecha

sale en pos de Alí.

Ese knock-out fue seguido por otros dos.

El árbitro detiene la pelea.

Alí gana por knockout técnico.

 

La próxima pelea de Alí

contra Joe Frazier

se convierte en su primera derrota.

Oscar Bonavena

muere de un disparo al pecho

el 22 de mayo de 1976.

La tarde de aquel otoño de 1970,

Mishima la repasa

visitando imágenes de sí mismo:

el adolescente anémico

que esconde sus escritos del padre,

la infancia con la abuela Nitsuko,

tan pronta a los accesos de furia.

El joven que responde

al llamado del ejército,

pero no es admitido

por su constitución enfermiza.

El escritor consagrado,

obseso con el cultivo de su físico,

con el ideario de un espíritu imperial japonés

a ultranza.

El entusiasta del boxeo.

 

El tercer sablazo que lanza Morita,

termina como los anteriores,

en el hombro de Mishima.

El bramido de Kogu

cuando arrebata la espada de las manos

de Morita

palidece a la velocidad

con la que el kaishaku

decide su muerte sin hacer caso

a los ruegos de Mishima

de que siguiera con vida.

De rodillas, Mishima ofrece

su cuello al filo que ahora Kogu levanta.

Esta vez la imagen del San Sebastián

de Guido Remis acude ante Mishima.

La eyaculación que sufre

al verla por primera vez,

las lecciones de box, kendo, pesas

el imperativo de esculpir

el propio cuerpo a la usanza del

soldado romano condenado

por confesar su fe cristiana,

las sesiones de fotos

donde Mishima se obsede

en reproducir en su cuerpo

la belleza agónica de flechas

que lo atraviesan.

Esta vez la mano de Kogu no falla,

así como seis años después

una bala calibre .030 se abre paso

a través del corazón de Bonavena.

Alí y Mishima, tan próximos,

nunca se conocieron.

Bonavena fue el único boxeador

al que, en vida, Alí recordara

como el más grande.

 

Kogu sacude de la espada

la sangre de Mishima.

Morita se arrodilla,

descubre el torso, saca una daga

y sin encomienda alguna

corta y apuñala el abdomen.

Kogu remata con un corte al cuello.

Con una inclinación discreta,

el kaishaku limpia la otra sangre de la espada,

la envaina, y en silencio

contempla los cuerpos tendidos

en medio de un charco de sangre.

Recoge las cabezas del suelo.

Una de ellas lleva una bandana

con el sol naciente en la frente.

Es la cabeza de Himitake Hiraoka,

conocida también

como la cabeza que soportara

el hermoso cuerpo de Yukio Mishima.

 

— e.s. ortiz-gonzález

 

Hato Rey, 23 de enero/14 de julio de 2021

 

El parque del Condado o cómo se destruye un patrimonio colectivo

 

La agenda oficial de despojo contra nuestro patrimonio colectivo sigue su paso inexorable. En componendas secretas de turbia motivación, especuladores privados y personeros del gobierno colonial se ponen de acuerdo para aprovecharse, para lucro y ventaja personal, del patrimonio que es propiedad de nuestro pueblo.

El más reciente ejemplo de esta práctica corrupta es el caso del parquecito del Condado, un área verde en la esquina de la calle Krug y avenida Ashford, transformada súbitamente en lote baldío para la construcción. Años atrás, el pequeño pedazo de terreno había sido convertido en un oasis verde por la propia comunidad. Dos enormes árboles le daban sombra. Unos improvisados bancos le permitían al caminante la oportunidad de un descanso. Una modesta tarja servía como homenaje a una de las pioneras luchadoras por el patrimonio verde y los derechos humanos en nuestro país, Ana Roque de Duprey, líder del movimiento que logró el derecho al voto para las mujeres puertorriqueñas. La esquina era un espacio verde y refrescante en medio de esa congestionada zona.

Sin que nadie fuera advertido, un buen día reciente el parquecito dejó de serlo. Los árboles fueron criminalmente envenenados, los bancos removidos  y el terreno cercado y hecho polvo.

La protesta de los vecinos alertó a los medios de prensa y, poco a poco, se han ido conociendo los detalles de cómo y porqué el parque desapareció. En su columna de esta edición, el compañero  Manuel de J. González hace el recuento del nebuloso proceso que culminó con la venta del predio donde ubicaba el parque a un desarrollador privado, por parte del Departamento de Transportación y Obras Públicas (DTOP).

A la luz de lo revelado en medios de prensa, la madeja de intereses creados detrás de este asunto es tan compleja que llega hasta la misma cúpula del gobierno de Puerto Rico. Pese a las muchas interrogantes, nadie hasta este momento ha explicado porqué el DTOP se apropió para sí e inscribió a su nombre un área verde de dominio público pequeña, y según el entonces secretario de la agencia, de poca utilidad y significancia, para venderla a un desarrollador privado, que justamente necesitaba ese pedazo de terreno para añadirlo a un predio contiguo sobre el cual se propone construir un edificio de apartamentos de lujo en dicha privilegiada zona costera. Más aún, el predio fue vendido por un precio muy inferior a las comparables de la zona, por lo cual la venta no reportó beneficios económicos importantes para el Gobierno. O sea, que el gobierno vendió un apreciado bien comunal natural solo para beneficiar a un sembrador de cemento.

Ninguna autoridad ha negado tampoco la información publicada de que el arquitecto proponente del edificio por el cual se destruyó el parque, es un familiar político de la hermana y principal asesora del gobernador Pedro Pierluisi. Esto nada más debería ser razón suficiente para que el Gobernador autorice la divulgación pública de toda la información relativa a este asunto. Por el contrario, el Gobernador insiste en que la venta del predio es irreversible y no ofrece explicaciones por su temeraria actitud.

Este caso sigue el perturbador patrón de otros, como el del Condominio Sol y Playa de Rincón, o la escandalosa invasión de residencias privadas en la Reserva Federal de Bahía de Jobos en Salinas, o tantos otros proyectos nebulosos, donde ha habido manifiesta complicidad entre intereses privados y funcionarios gubernamentales para la enajenación de bienes públicos estratégicos en las zonas costeras y otros terrenos de alto valor ecológico.

El pueblo puertorriqueño no puede ignorar ni permitir estos crímenes ambientales. En ellos, le va la integridad y la vida misma al único patrimonio natural que tenemos para construir la nación puertorriqueña a la que aspiramos.

 

 

Claro de poesía:Quién hace tanta bulla

 

Especial para En Rojo

A cien años de su publicación en Lima, Trilce sigue atizando la imaginación lectora como hito ineludible en la historia de la poesía. César Vallejo lo escribió estando preso en la ciudad de Trujillo, y esa condición está en la médula de setenta y siete textos agónicos que parecen haber sido escritos para nuestro tiempo. Ese detalle refrenda su carácter de clásico.

Los poemas de Trilce dan cuenta de un mundo en crisis. Este desequilibrio se ve figurado en los motivos de la casa en ruinas y la familia desgajada. Para el hablante de Trilce el hogar deshecho es una contingencia tan dolorosa como fecunda. La casa ahora vacía activa la floración de esa nomenclatura íntima propia de la voz vallejiana. Es en el llamado que nadie escucha donde esa voz cifra las agrimensuras del afecto, la nostalgia por un tiempo en el que todo estaba en su sitio.

Para la María Zambrano de Persona y democracia, solo en momentos de crisis puede definirse un horizonte que pueda materializar la esperanza. La crisis del sujeto en Trilce no parece llamar a expectativas, mas su empeño asegura la indispensable redención por la palabra.

I

 

Quién hace tanta bulla y ni deja

Testar las islas que van quedando.

Un poco más de consideración

en cuanto será tarde, temprano,

y se aquilatará mejor

el guano, la simple calabrina tesórea

que brinda sin querer,

en el insular corazón,

salobre alcatraz, a cada hialóidea grupada.

 

Un poco más de consideración,

y el mantillo líquido, seis de la tarde

DE LOS MÁS SOBERBIOS BEMOLES.

 

Y la península párase

por la espalda, abozaleada, impertérrita

en la línea mortal del equilibrio.

III

 

Las personas mayores

¿a qué hora volverán?

Da las seis el ciego Santiago,

y ya está muy oscuro.

 

Madre dijo que no demoraría.

Aguedita, Nativa, Miguel,

cuidado con ir por ahí, por donde

acaban de pasar gangueando sus memorias

dobladoras penas,

hacia el silencioso corral, y por donde

las gallinas que se están acostando todavía,

se han espantado tanto.

Mejor estemos aquí no más.

Madre dijo que no demoraría.

 

Ya no tengamos pena. Vamos viendo

los barcos ¡el mío es más bonito de todos!

con los cuales jugamos todo el santo día,

sin pelearnos, como debe de ser:

han quedado en el pozo de agua, listos,

fletados de dulces para mañana.

 

Aguardemos así, obedientes y sin más

remedio, la vuelta, el desagravio

de los mayores siempre delanteros

dejándonos en casa a los pequeños,

como si también nosotros no pudiésemos partir.

 

Aguedita, Nativa, Miguel?

Llamo, busco al tanteo en la oscuridad.

No me vayan a haber dejado solo,

y el único recluso sea yo.

XVIII

Oh las cuatro paredes de la celda.

Ah las cuatro paredes albicantes

que sin remedio dan al mismo número.

 

Criadero de nervios, mala brecha,

por sus cuatro rincones cómo arranca

las diarias aherrojadas extremidades.

 

Amorosa llavera de innumerables llaves,

si estuvieras aquí, si vieras hasta

qué hora son cuatro estas paredes.

Contra ellas seríamos contigo, los dos,

más dos que nunca. Y ni lloraras,

di, libertadora!

 

Ah las paredes de la celda.

De ellas me duele entretanto, más

las dos largas que tienen esta noche

algo de madres que ya muertas

llevan por bromurados declives,

a un niño de la mano cada una.

 

Y sólo yo me voy quedando,

con la diestra, que hace por ambas manos,

en alto, en busca de terciario brazo

que ha de pupilar, entre mi dónde y mi cuándo,

esta mayoría inválida de hombre.

 

Trilce (1922)

Será Otra Cosa: Universitaria sin rejas

Ilka Ivelyss Cruz Rosario

Columnista invitada

Discurso pronunciado por Ilka Ivelyss Cruz Rosario, Magna cum laude, en el Ágape de Reconocimiento a la primera clase graduanda del Programa de Estudios Universitarios para personas confinadas de la Universidad de Puerto Rico. Facultad de Estudios Generales, Universidad de Puerto Rico, Recinto Río Piedras, 1 ero de junio de 2022.

I. Muy buenos días. Me uno a los saludos protocolares.

Para mí es un honor dirigirme a ustedes hoy.

II. Alegría

¡Ha sido largo el viaje! ¡Lograr este bachillerato no ha sido un proceso fácil! ¡Hemos llorado, hemos gritado y hemos resistido! ¡Hemos pasado por sufrimientos y dolores que  para ustedes son difíciles de imaginar! ¡Pero estamos aquí hoy, haciendo historia! ¡Nosotras estamos haciendo historia! ¡Y estamos de fiesta con este reconocimiento de nuestros logros y nuestra graduación de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras! ¡Somos doce discípulos los que honramos hoy a nuestra alma máter!

III. Mi historia

Cuando entré a la institución carcelaria en el 2010 no tenía ninguna esperanza. Recuerdo las palabras de la sociopenal cuando me aclaró, con su jerga carcelaria que no tenía derecho “ni a cama bajita”.  Pero todo cambió una tarde del año 2014… durante mi hora de recreación, la Oficial envió a la compañera Coraly Campos, a preguntar celda por celda, quién tenía cuarto año. Le pregunté para qué quería saber y ella me contestó, con tono sarcástico, “y que pa estudiar en la universidad”. Esa idea se quedó rondando en mi cabeza hasta que una tarde me entrevistaron para pertenecer al Plan Piloto de Estudios Universitarios. Siempre recordaré ese día, cuando la Dra. Edna Benítez Laborde, Coordinadora de este programa, junto a un grupo de profesores, nos orientó de qué se trataba y nos brindó una ilusión que jamás pensé que tendría.

Me entusiasmé porque se hacía realidad un sueño roto que albergaba desde los dieciocho años de estudiar en la Universidad de Puerto Rico. Y ahora se haría realidad tras las rejas. El día que inicié mis estudios, comenzó una batalla en mi mente, no sé si era una voz desde adentro o desde afuera que preguntaba: ¿tendrás la capacidad para estudiar? ¿crees que lo puedes lograr? ¿y a esta edad? ¿y en estas condiciones? ¿tienes el calibre? Pero decidí ignorar esas dudas, me aferré a mis estudios con pasión, como mi tesoro personal. Tomé este plan piloto como un reto a mí misma para superarme. Rompiendo todos los estereotipos que había aprendido del mal del patriarcado: que debía estar subordinada, maltratada y que no tenía valía alguna, y comencé a cultivar mi voz interior genuina, sana y real.

Recuerdo que la primera clase que tomé fue Ciencias Sociales, organizada e impartida por alrededor de doce profesores. Al principio estaba bien perdida, no se me hacía fácil expresarme. Fuimos de Freud a la industrialización de Puerto Rico, Manos a la Obra, la pobreza de nuestro país, la misoginia, la nieve que trajo la alcadesa Felisa Rincón, la naturaleza y la ecología. Me cuestioné porqué en el ambiente en el que vivía no me había percatado de todo lo que estaba sucediendo a mi alrededor. No tanto los eventos o las fechas especiales, sino cómo yo me conectaba con las historias de precariedad en mi isla. Ahí fue que pude concebirme como parte de la sociedad. Mi pensamiento crítico surgió y me di cuenta que, aún estando tras las rejas, podía hacer algo para ayudarme a mí misma y a las demás compañeras.

En este curso obtuve la calificación de B. Descubrí y comprendí que tenía la capacidad para llevar mis estudios universitarios. Cuestioné las percepciones que tenían mis maestros de la escuela elemental de Nueva Jersey, siempre con sus armas en mano, la paleta de madera, la regla y la tinta roja, listas y preparadas para descalificarme y marcar su territorio de dominación… cuando al hablar español en el salón de clase, me regañaban diciéndome: “You are so stupid, we don’t speak Spanish here! Shut up!”. Esa experiencia, lamentablemente, se repitió cuando regresé a la isla y los maestros me      decían: “¡Qué disparatera! ¡Mija habla bien!”. En cambio, mi gran familia de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras me dio la bienvenida a un mundo sin jerarquías, nunca me señaló, nunca me prejuiciaron, nunca me dijeron que era disparatera o que “no sabía hablar”, me aceptaron tal y como soy.

He estudiado en la cárcel, con recursos limitados…  He seguido estudiando después de múltiples traslados (de la Escuela Industrial para mujeres en Vega Alta a Bayamón. Y más recientemente, de vuelta a Bayamón luego de que el Hogar Intermedio para Mujeres de Puerta de Tierra, el único programa de desvío que había para la población carcelaria de mujeres, se cerró por causa de la crisis económica.  Así que soy víctima de la austeridad, se van desvaneciendo poco a poco las oportunidades para personas como yo). Estudio con mi hijo mayor paciente de cáncer y privado de libertad, con otro hijo que sufrió COVID y actualmente está en tratamiento de diálisis y una hija que tiene 18 años recién cumplidos que espera a su mamá, los huracanes Irma y María, temblores, apagones, una cuarentena de COVID institucional y para completar, también he padecido el virus.

Hoy afirmo que no soy la misma mujer de hace años, la oportunidad que mi familia de la Universidad me dio, me ayudó a ser mejor madre, hija, hermana, sobrina, amiga y compañera.

Sigo adquiriendo conocimiento, pensando más allá del bachillerato.  A pesar de que he estado once años y medio en reclusión, nunca he permitido que dobleguen ni quebranten mi espíritu, ni que silencien mi voz.

Propongo, aseguro y confirmo con certeza que la educación universitaria es fundamental para que las personas encarceladas comiencen su rehabilitación. Entiendo que la concentración menor del Programa de Estudios de Mujer y Género debe ser un requisito para todo el estudiantado de la Universidad de Puerto Rico porque esta me ayudó a desarrollar mi pensamiento crítico y fue una herramienta esencial para escribir mi tesina, titulada: Lectura, escritura y liberación: narrativa personal académica sobre la experiencia universitaria en la cárcel.  Este trabajo académico y creativo me ofreció el espacio para dar cuenta cómo el Proyecto Universitario para personas privadas de libertad de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras me transformó y logró mi autorrealización      y liberación como mujer al permitirme estudiar la diversidad de teorías feministas.

Yo soy un ejemplo vivo de una intelectual que está situada en el rincón del olvido, detrás de los barrotes y que nadie ha querido escuchar. Gracias a la educación universitaria, específicamente los cursos de género, he tenido acceso a cuestionamientos epistemológicos feministas decoloniales que me han permitido desarrollar mi propio pensamiento, aportar al conocimiento, liberarme y sanar mi cuerpa. Insisto y recalco que hay que educar acerca de teorías de género en la Universidad, para mí ha sido esencial, tanto en mi vida como en mi trabajo académico.

Espero que la ventana que se abre con esta graduación sea un precedente para que continúen el Acuerdo Colaborativo entre el Departamento de Corrección y Rehabilitación y la Universidad de Puerto Rico, más allá del 2024, y se ofrezcan más oportunidades para que más compañeras se beneficien de la educación universitaria.  Que se rompan los estereotipos que la sociedad tiene de las mujeres confinadas, que sepan que cualquiera puede cometer un error y todas tenemos derecho a una educación legítima, libre de sexismo, que nos permita rehabilitarnos.  Si lo ha hecho con mis tres compañeras y conmigo, que seremos las primeras Jerezanas privadas de libertad graduadas de la Universidad de Puerto Rico desde su fundación en 1903, ¡que no logrará con las otras compañeras que se encuentran en la misma situación que yo!

Deseo seguir conquistando el mundo de saberes y conocimientos y entrar por la puerta ancha hacia la maestría. ¡Una vez Jerezana, siempre Jerezana!

Muchas gracias.

 

 

En Reserva: Muerto el Pollo

 

 

Especial para En Rojo

Sobre 50 billones de pollos son consumidos al año en el mundo. Sí, leíste bien. 50 billones. Para y respira, busca agua si es necesario. Correcto, unos 133 kilotones de carne, solo de pollo. Detente y absorbe ese número. Ni pavos, ni guineas, ni perdices. Solo pollo. Es agobiante, lo sé, realmente impensable la inmensa cantidad de recursos, trabajo y por supuesto muerte que contienen dichas cifras.

Una anécdota para suavizar el golpe:

Mi abuela materna, María Miranda, criaba sus propios pollos. No estoy hablando de una pollera de esas largas y metálicas de Aibonito. Digo que, en dos modestas jaulas que hicieron mi abuelo y mi madre con madera, tela metálica y retazos de zinc, dormía una veintena de gallinas y uno que otro gallo. En ocasiones algún pato, ganso o guinea pernoctó esperando la olla. Pero por lo regular, solo miembros de gallus gallus, dóciles descendientes de antiguas aves selváticas.

Tampoco pienses que estoy hablando de un idílico esparcimiento rural sobre el verdor de Utuado o Cayey. Los pollos los tenía en el patio de su casa en Santa Juanita, Bayamón. Entre la Avenida Laurel y a pasos del Blockbuster, un vestigio urbanizado de las costumbres de autosuficiencia que de niña aprendió creciendo en Orocovis.

El esfuerzo de atenderlos y alimentarlos ponía sobre la mesa carne y huevos en momentos en que el seguro social se hacía más finito de lo habitual, pero mantener aquellas jaulas en una casa de urbanización requería atención y limpieza diaria. Por esto, ya entrada en lo más alto de su vejez, dejó de criar y, un poco a manera de protesta, compraba las gallinas para sus caldos en La Mina de Oro, una carnicería, autodenominada “granja avícola”, donde siempre tenían cabros y guineas vivos listos para el cuchillo.

Lo siento, dije que sería una anécdota ligera, pero mentí. Te aseguro que este recuento de carnes parte de buenas memorias, aunque carga una atmósfera de siniestra crueldad.

En fin, admito que sentía mucho conflicto a la hora de comer sopa o fricasé hechos de criaturas con las que confraternizaba por largas horas en el patio. Incluso los de ‘la granja’ me costaba saborearlos por saberlos vivos. Algo de esos pollos, puestos en bolsas junto a sus pescuezos y menuderías, enunciaba la ausencia de vida, contrario a los pollos, llamémosles higienizados, que se ubican ordenados de acuerdo al tipo de presa en los congeladores del supermercado, removidos de picos y patas.

Si te sirve de algún consuelo, quiero que sepas que muchas veces lloré sobre el plato mientras comía.

Ahora, sin duda alguna, el pollo de crianza de abuela era superior. Caos picado con la hachuela. Siempre le quedaba alguna pluma, pero igual, mucho mejor. Luego de troceado, abuela hervía todo lo que sobraba y hacía un caldo espeso, casi marrón, que arrancaba el tuétano de los huesos y licuaba las grasas al punto de destilar de estas los mejores aceites en los que mojar el pan. Era un sabor profundo, memorable, rico en aroma y textura. Apenas el rastro del ajo y la cebolla, un caldo fúnebre donde el pollo jugaba el rol protagónico. Sabor que hace años no consigo sin importar el título de orgánico o free range que acompañe el empaque, ni la cantidad de estrellas que confiera al restaurante la crítica local.

Pollo fresco del país, de las maravillas

En Puerto Rico, compañías como Tyson y Pilgrim dominan el mercado. El pollo producido por estas multinacionales es lo que se conoce, depende del contexto y quién traduce, como pollo parrillero, campero o de engorde; en inglés, “broiler chickens”. Decir que la vida de estos animales es breve raya en eufemismo. Entre las 6 a 8 semanas de nacidos, ya están listos para ser procesados y destinados al consumo.

En la rapidez que transcurre el engorde que constituye su tiempo vivo, los polluelos son sometidos a dietas estandarizadas que maximizan el crecimiento de sus cuerpos dentro de la cerrada ventana de tiempo que exige la producción industrial. Pilgrim, dueña de la procesadora local To-Ricos, explica en su página que su alimento consta de una mezcla patentada de maíz, harina de soja y otros granos, haciendo salvedad de que no usan hormonas de crecimiento de ningún tipo.

Así que nada, en lo que corren dos meses ha muerto el pollo.

Su carne será procesada utilizando una variedad de soluciones antimicrobianas que evitan la proliferación de viruses y bacterias. Dicho procedimiento podrá incluir bromuro, agua clorinada, ácido parasético, cloruro de cetilpiridinio (me cuesta pronunciarlo), clorato de sodio acidificado, en fin. La presencia de estos busca subsanar cualquier margen de error en los procesos industriales, de manera que las agencias reguladoras federales y estatales permiten el uso dosificado de estos productos – algunos de los que se conocen efectos adversos a la salud sea por exposición prolongada o al ser ingeridos en dosis mayores de las recomendadas – en favor de salvaguardar la salud pública.

No es solo los líquidos que se usan para higienizar las carnes y áreas de trabajo. Bajo los estándares del United States Department of Agriculture (USDA), los pollos pueden contener una cantidad ilimitada de agua salina. Sí, los pollos pueden ser inyectados con agua salina de manera ilimitada. ¿Suena extraño, no? Pues sí. Desde enero del 2016, cambios en las leyes eliminaron limitaciones sobre la cantidad de solución salina añadida a productos avícolas, siempre y cuando dicho porcentaje se dilucide en el empaque.

Si regularmente compra pollos congelados, de esos que vienen en bolsa, habrá notado que estos por lo regular contienen un 15% de solución salina inyectada. Si no lo sabe lamento que se entere ahora y de esta forma. No me tome la palabra, vaya a su nevera y coteje en la letra pequeña del empaque. Vaya y confirme, yo espero. A dicha práctica se le conoce como “plumping”: un relleno o engrosamiento en base a líquidos. Los productores argumentan que mejora el sabor y que mantiene la carne más jugosa. Eso lo dejo a su juicio y experiencia. La parte no subjetiva del asunto es que dicho contenido de agua y sal representa una porción del peso total de carne que usted como cliente paga y no recibe.

Visualicémoslo. Tomando los últimos datos disponibles de la División de Estadísticas Agrícolas del Departamento de Agricultura del Estado Libre Asociado de Puerto Rico, así con todos sus nombres y apellidos, para el 2017, último año del que tenemos datos accesibles, la producción local aportó 734 mil libras y se importaron 2.8 millones de libras adicionales para un total de 3.5 millones de libras “disponibles para consumo” en la isla, lo que ubica el consumo per cápita de pollo en un estimado de 105.75 libras por persona. Dudo que el cálculo removiera a los vegetarianos.

Ni pretendo argumentar que el total de esta producción es sometida al plumping, ni mucho menos que todos los productores inyectan el mismo porcentaje de solución (ni que usan el mismo tipo de líquido). Pero si nos dejamos guiar por esos números, significa que, potencialmente, hasta 529 mil libras del total de carne de pollo vendida en el país pudieran tratarse puramente de agua y sal. Aparentemente entre pollo al vapor y vapor de pollo no es largo el trecho.

El sabor del pollo que consumimos está a merced de inversionistas quienes exigen mayores recaudos. Las empresas justifican estas prácticas como exigencias para cumplir con la demanda. Y nada, lo que ya sabemos: entre la disposición del estado a mediar condiciones favorables para las empresas, sumado a la propaganda de escasez, los productores encuentran vía franca para crianzas, procesamientos y empacados que no proveen las mejores condiciones de desarrollo y que apenas cumplen con los parámetros mínimos de sanidad impuestos por las agencias reguladoras, cuyas guías y leyes particulares están fuertemente influenciadas, si no de claro escritas, por sus cabilderos.

Surgen más preguntas para las que no tengo respuesta. ¿Podríamos prescindir de ese medio millón de libras y todavía satisfacer la necesidad de la isla? ¿Pudiera la producción local ofrecer un producto de calidad sin que esto signifique un incremento en el costo de producción?¿Podré tener gallinas en mi apartamento sin que la junta administrativa  se entere y sin que me encariñe de ningún pollo que pase a ser mascota?

Hace poco aprendí que en los pueblos asturianos, el pitu de caleya o “pollo de camino”, es como llaman a los pollos cuya crianza se da en libertad. Estos se alimentan naturalmente de su actividad de escarbe con plantas, semillas, insectos y lombrices. Su sabor es diametralmente opuesto al de los pollos de crianza que hoy llenan y homogenizan con su palidez los supermercados. La carne es rojiza, la cadera es oscura, morada y densa, un sabor a nuez se hace presente en su grasa al sudar su cocción. Lo más cercano en años a aquellos pollos suburbanos que criaba abuela.

Y, por favor, no mal entienda: cualquier día de la semana me echo al cuerpo un pollito asado con batata, por gusto y preferencia. Pero tras el hambre y satisfecha la necesidad quedan siempre huesos y preguntas. ¿Qué comemos? ¿Cómo compara su calidad a la de antes? Será que cuando ya no estemos quienes queden a masticar pechugas no tengan otro recuerdo del pollo salvo como un insípido animal.

Fuentes:

This is how many animals we eat each year
https://www.weforum.org/agenda/2019/02/chart-of-the-day-this-is-how-many-animals-we-eat-each-year/
Projected poultry meat consumption worldwide from 2021 to 2030
https://www.statista.com/statistics/739951/poultry-meat-consumption-worldwide/
Worldwide egg consumption continues to grow beyond 2021 https://www.wattagnet.com/articles/44014-worldwide-egg-consumption-continues-to-grow-beyond-2021?v=preview
Raising Pilgrim’s Chickens
https://www.pilgrimsusa.com/our-chickens/

How old are chickens used for meat?

https://ask.usda.gov/s/article/How-old-are-chickens-used-for-meat

Evaluation of NaCl and KCl Salting Effects on Technological Properties of Pre- and Post-Rigor Chicken Breasts at Various Ionic Strengths

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC7353538/

Sodium chloride concentration affects yield, quality, and sensory acceptability of vacuum-tumbled marinated broiler breast fillets
https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0032579119396063
Tablas de Consumo de Alimentos
https://estadisticas.pr/en/inventario-de-estadisticas/tablas-de-consumo-de-alimentos