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Petro, el camino de la esperanza para cambiar un país desigual y violento

 

Por Camilo Reginfo Marín

En Colombia renació la esperanza, tras siete décadas de conflicto armado y 30 de neoliberalismo y dependencia de Estados Unidos, con la elección del centroizquierdista Gustavo Petro como próximo presidente.

Se abre la posibilidad de un gobierno que proponga cambiar el statu quo conservador, desigual y sistémicamente violento.

Por primera vez en su historia republicana, Colombia tendrá un presidente de izquierda y una vicepresidenta, Francia Márquez, afrodescendiente y feminista. A pesar del miedo y los mitos que durante décadas mantuvieron la barrera entre Petro y la Casa de Nariño, su discurso de cambio y justicia social se impuso sobre la publicitaria bandera anticorrupción del millonario  Rodolfo Hernández, admirador de Hitler y Donald Trump.

Gustavo Petro, de 62 años, senador y exguerrillero, se impuso en la segunda vuelta electoral con un discurso de cambio y la promesa de transformar un país dividido y en crisis, dejando atrás el odio e impulsando una política del amor, sin dejar de lado el capitalismo. El Pacto Histórico conquistó la presidencia con la mayor participación electoral de este siglo: 58 por ciento de los 39 millones habilitados para votar acudieron a las urnas.

Se trata de una victoria histórica para la sociedad colombiana, para América Latina y para todos los que anhelan dejar atrás la larga noche neoliberal y construir un mundo más justo, basado en la solidaridad y en la paz. Petro será el primer mandatario de la nación caribeña emanado del progresismo, un hito que logró enfrentando no sólo a su rival en la segunda vuelta, sino a toda la oligarquía que durante siglos mantuvo asfixiado al país y cerró cualquier posibilidad de cambio por canales democráticos.

La permanente corrupción, el sabotaje oficial al proceso de paz, el intento de imponer medidas lesivas a la economía de las mayorías en medio de la pandemia, así como la brutal represión desatada por el gobierno de Duque para tratar de apagar el descontento que dejó decenas de muertos y centenares de heridos y desaparecidos, llevó a un despertar de las conciencias que cristalizó en las urnas.

Quienes votaron por la esperanza, lo hicieron para poner fin a un ininterrumpido dominio de unas élites caracterizadas por su indiferencia ante las necesidades sociales, su sumisión a los designios de Washington, los salvajes niveles de violencia que están dispuestas a alcanzar para imponer sus intereses y su manipulación de los temores de las clases medias para cerrar el camino a cualquier alternativa ya no socialista o revolucionaria, sino mínimamente justa y apegada a los derechos humanos.

La derecha no ha dudado en recurrir a la mentira, la suplantación de la democracia por el poder del dinero, la criminalización de la disidencia, e incluso el asesinato de líderes sindicales, campesinos, indígenas y ambientalistas para mantenerse en el poder, sigue activa.

Si bien las encuestas manipuladas por el establishment y sus repetidoras de los medios hegemónicos vaticinaron un ajustado triunfo de Rodolfo Hernández y otras mediciones indicaron que el voto “finish” sería el escenario más posible y más difícil para esta elección presidencial, los números estuvieron a favor del senador de la Colombia Humana.

Se trata de un resultado que expresa el repudio a la derecha en su conjunto, no solo a la uribista, que se expresó ya en la primera vuelta. Rodolfo Hernández intentó mostrarse como un outsider, también fue visto como parte de esa derecha rancia colombiana. La victoria de Petro corta una larga etapa en un país donde la derecha tradicional nunca ha perdido las riendas políticas, manteniendo históricamente su alineamiento con Estados Unidos y constituyendo uno de sus principales bastiones en la región.

El liberal Alejandro Gaviria, académico y ex precandidato lo explicó así: “Hay mucho malestar. Podría ser mejor tener una explosión controlada con Petro que dejar el volcán embotellado. El país está pidiendo un cambio”.

Petro predominó en toda la Costa Caribe, la Costa Pacífica y parte de la Amazonía (Putumayo, Amazonas, Vaupés y Guainía). Con respecto a los porcentajes en varias de las principales capitales del país, Gustavo Petro ganó en Barranquilla (64,16 %), Cartagena (67,46), Cali (63,76) y Bogotá (58,59). Mientras, el candidato de la derecha, Rodolfo Hernández, conquistó los votos de Medellín (62,55 %) y Bucaramanga (73,58).

Estas elecciones se realizaron tras los estallidos sociales de 2019 y del 2021 que enfrentaron al gobierno del ultraderechista Iván Duque y el régimen político. Una explosión social sin precedentes cercanos, en un país donde se fueron acumulando tensiones internas paralelas al deterioro de las condiciones de vida de millones de personas, acelerando todo un proceso que tuvo como resultado la irrupción del movimiento de masas que estremeció a toda Colombia.

El pueblo se ganó la oportunidad de la paz, del fin de las masacres, de avanzar en combatir la desigualdad y el hambre. El 7 de agosto marcará el inicio de una nueva oportunidad para un país que tanto la ha buscado. Y quizá por ello hubo júbilo en las calles de las ciudades y en las veredas de los pueblos. Júbilo y cierta tranquilidad, por el rápido reconocimiento del presidente saliente Iván Duque y también del contrincante en la segunda vuelta, el ultraderechista Rodolfo Hernández, quien escribió: “llamé a Gustavo para felicitarlo por el triunfo y ofrecerle mi apoyo para cumplir con las promesas de cambio por las que Colombia votó hoy”.

Sin dudas, la aceptación de la derrota disipó las posibilidades de un escenario de tensión. “Sí se pudo, sí se pudo”, coreó el estadio Movistar Arena ante la llegada del nuevo presidente y la nueva vicepresidenta. “Este día que indudablemente es histórico, es historia lo que estamos escribiendo en este momento, para Colombia, para América Latina, para el mundo, una historia nueva porque indudablemente aquí lo que ha ocurrido hoy con estos 11 millones de electores (…) es un cambio, un cambio real”, señaló Petro.

“El cambio significa la bienvenida a la esperanza, la posibilidad de abrir un futuro, el cambio significa abrir las oportunidades para todos y todas las colombianos y colombianas, que esa esperanza pueda llenar todos los rincones del territorio nacional, el cambio significa que llegó el gobierno de la esperanza”, afirmó.

“La paz es que la sociedad colombiana tenga oportunidades, es que alguien como yo pueda ser presidente, o alguien como Francia pueda ser vicepresidenta, la paz es que dejemos de matarnos los unos a los otros. Desde el gobierno que se iniciará el 7 de agosto comenzará la paz integral en Colombia, a partir del gran diálogo nacional entre la sociedad colombiana toda, y, en segundo lugar, a partir de lograr que las armas dejen de disparar”, dijo Petro.

“No es el momento de los odios. Este gobierno que va a iniciar el 7 de agosto es un gobierno de la vida. ¿En qué consiste un gobierno de la vida? Primero en la paz, segundo en la justicia social, tercero en la justicia ambiental, la paz como eje de un gobierno de la vida”, señaló, acompañado por su hija Sofía y su esposa Verónica Alcacer.

Y en seguida se refirió a Washington: “Creo que es el momento de sentarse con el gobierno de los Estados Unidos y hablar, dialogar, sobre lo que significa el hecho de que en todo el continente americano que compartimos, allá se emita como en casi ningún otro país gases de efecto invernadero, y aquí los asumimos, los absorbemos a partir de nuestra selva amazónica.”

Petro señaló que en el próximo gobierno nunca habrá persecución política, persecución jurídica: “habrá respeto y diálogo, es así como podremos construir el Gran Acuerdo Nacional, que ya se comenzó a construir entre 11 millones de colombianos y colombianas, pero tiene que ser con toda la sociedad colombiana”.

Y señaló que un Acuerdo Nacional es “para construir los máximos consensos para alcanzar las reformas que hagan que las personas tengan una vida mejor”, al referirse a las grandes transformaciones necesarias para Colombia, como la transición hacia las energías limpias, la justicia social, o la paz.

También anunció que restablecerá relaciones con Venezuela, rotas desde 2019, implementará el acuerdo de paz de 2016 con las extintas FARC y dialogará con el Ejército de Liberación Nacional, la última guerrilla reconocida en el país.

Dado el resultado de las elecciones legislativas de marzo de este año, Gustavo Petro tendrá que crear amplias coaliciones en ambas cámaras del Congreso para poder gobernar, estrechando alianzas con sectores más tradicionales.

Petro deberá vencer la resistencia de sectores poderosos y de las fuerzas armadas, que deben juarle obediencias, pero que todavía le reprochan su pasado como guerrillero del Movimiento 19 de Abril, pese a que firmó la paz en 1990. Temen que sus reformas afecten la propiedad privada. En campaña, Petro se comprometió ante notario a no expropiar bienes, y más adelante aseguró que tampoco reformará la Constitución para quedarse en el poder.

En Colombia ha habido momentos en los que se ha buscado un cambio histórico desde abajo. El protagonista del más importante del siglo pasado fue Jorge Eliécer Gaitán, líder liberal social que impulsó la idea de enfrentar a las oligarquías liberales y conservadoras para hacer reformas sociales: Su movimiento logró ser mayoritario y se perfilaba como seguro presidente, pero fue asesinado el 9 de abril de 1948.

El 19 de abril de 1970, cuando la Alianza Nacional Popular ganó las elecciones presidenciales hubo fraude y se frustró otra oportunidad de cambio. De ahí surgió el Movimiento 19 de Abril, del cual años después fue integrante Gustavo Petro.

Desde ya, algunos analistas insisten en que Colombia debe verse en el espejo de Chile con la elección de Gabriel Boric, quien centró grandes expectativas de un pueblo y una juventud que había estado en las calles, pero en dos meses frustró las esperanzas de amplios sectores con sus acuerdos con el establishment, el régimen político y con los militares chilenos. Un recorrido fugaz para nada cambiar en la situación del pueblo de Chile lo que lo llevó a perder rápidamente 20 puntos de popularidad.

Petro deberá tener en cuenta que la lucha por la conquista de las demandas populares que dieron origen a la rebelión social continúa planteada y es en las calles. Sin el apoyo de los sectores populares no habrá solución a la cuestión de la tierra, a las grandes demandas de los pueblos originarios, de las comunidades afrodescendientes, al problema estructural de la vivienda, de la salud, educación.

Ni se satisfarán las demandas históricas de los trabajadores urbanos y rurales, ni el problema que azota a la juventud con la desocupación crónica, el hambre de millones, las masacres llevadas a cabo por unas Fuerzas Armadas asesinas y sus bandas paramilitares, los pagos oprobiosos de la deuda externa que ahorca de la mano del Fondo Monetario Internacional y del sometimiento a Washington. Recién comenzó el esperado camino de la esperanza.

Petro deberá vencer la resistencia de sectores poderosos y de las fuerzas armadas, que todavía le reprochan su pasado como guerrillero del Movimiento 19 de Abril, pese a que firmó la paz en 1990.

Reproducido de www.rebelion.org

El autor es Economista y docente universitario colombiano, analista asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

 

La imagen de Francia Márquez

Francia Márquez, vicepresidenta de Colombia

La versión original de esta nota fue publicada en Página/12 el 16 de abril de 2022. Así presentaba Sandra Russo a Márquez, hoy vicepresidenta electa de Colombia.

Por Sandra Russo

Márquez, vicepresidenta electa de Colombia

La amenazan las Aguilas Negras, uno de los tantos grupos paramilitares que hay en la sangrante Colombia, un país en el que los activistas afrodescendientes o ambientales luchan exponiéndolo todo, porque activar allí equivale a jugarse la vida literalmente. En lo que va del año asesinaron a 52.

La marcaron, a principios de este mes, como “objetivo militar”, ahora que Francia Márquez es vicepresidenta junto a Gustavo Petro, que la eligió para ocupar ese lugar que, dejó en claro al presentar la fórmula, no es el de “número uno y número dos” como suelen entenderse las presidencias y vicepresidencias en la política tradicional, sino “como uno y una”, dirigido claramente a la sinergia de fuerzas que se requiere vencer a la ultraderecha uribista.

La amenazan también desde los grandes medios, desde los que “denuncian” que uno de sus hijos “estudió en Cuba”. Eso la hizo reaccionar pidiendo protección legal a la Fiscalía General, haciendo al periodista que también habla de sus vínculos con la “dictadura narcochavista” responsable de lo que pueda ocurrirles a sus hijos, porque allí es donde pega el fascismo regional sobre todo a las mujeres que desafían la verdadera amenaza que pende sobre ellas: no ya en su propia carne, que está ofrecida al devenir de la violencia, sino en la vida de los hijos. La Fiscalía General guarda silencio hasta hoy.

No obstante, esta mujer de 40 años que no viene de ninguna estructura política sino de la resistencia ambiental y feminista de la región del Cauca, la que más asesinatos registró, está sorprendiendo con su campaña, diseñada por ella misma y con elementos renovadores que encajan con su discurso. Ética y estética confluyen en ella, y ésa parece ser la llave para abrirse camino entre las campañas en su contra que llegan de todos lados. Imagen y contenido, fondo y forma se corresponden.

“Tomarse la imagen, ocupar lo visual: la apuesta estética de Francia Márquez” es un trabajo profundo y lleno de información y de conceptos que realizó Isabel Ramírez Botero, curadora, investigadora y profesora en la Facultad de Artes de Barranquilla. Allí analiza el camino elegido por Francia para darle potencia a su imagen, un camino que no se parece en nada al estilo clásico del asesor o el couch, sino que abreva en el universo de representación al que ella aspira.

No hay nombres en ese equipo que no provengan de los ámbitos en los que Francia se mueve, y esta campaña los ha hecho reconocidos en su país y más allá. Visibilizarse es el objetivo de todo candidato, pero Francia eligió hacerlo a través de los códigos de las barriadas populares: los muralistas que trabajan sobre las paredes de edificios descascarados en los lugares menos privilegiados de Colombia. El equipo es de Guache Street Art, cuya cabeza es Oscar González, que trabajó desde el año pasado y dio a conocer el pasado septiembre la primera pieza: “Soy porque somos” es el lema. Y ella aparece en un semiperfil desafiante, poderosa, el puño cerrado y adornado con pulseras tribales, el pelo negro recogido, mucho trabajo de luz sobre su cara.

Esa y otras piezas de su campaña Francia las ha presentado en público una por una, siempre dándole el crédito al muralista. Guache es un artista de vasta trayectoria y de clara consistencia política. Trabaja lo feminista, lo afro y lo indígena, a lo que suma casi siempre alusiones a la tierra y el maíz, con mensajes descoloniales. No lo llamó ella, él se acercó. Y el resultado es una campaña visual llena de color y fuerza, que vincula la imagen de Francia con el universo en el que él ya es reconocido: el que la vicepresidenta quiere representar.

El vestuario de Francia también concuerda con esa estrategia. Esteban Sinesterra Paz, de apenas 23 años, es quien le ha diseñado sus vestidos de colores muy fuertes, muy afro, que la destacan en cualquier fotografía grupal y también remiten al mundo afrodescendiente. Amarillos chillones y rojos fulgurantes son los colores que más se repiten, tal como en el vestuario personal de Francia, pero en diseños más llamativos. Muy lejos de los colores neutros y los trajecitos de candidatas del establishment, Francia refuerza su identidad haciendo estallar cada foto y opacando los trajes y los tailleurs que tiene al lado. Así como cita a sus ancestros para devolver un abrazo sanador a quien la agrede en apariciones o debates públicos, también anda con sus ancestros sobre su cuerpo, también muy lejos de las mujeres negras que en situaciones de colonialismo han buscado mimetizarse con el colonizador. Aquí hay orgullo y está quién es y de dónde viene.

Mientras la atacan y la persiguen, ella es un ejemplo de potencia y coherencia, que además utiliza las marcas de la segregación a su favor. Y es también una muestra de que la voluntad de poder es acompañada por una inteligencia que no ignora la contundencia de la imagen, pero se resiste a que la imagen comunique lo que es “clásico” en una vicepresidenta: se ha animado a tanto en su vida, que cómo no se le iba a animar al rojo más fuerte posible.

 

El “Live Boricua”de Garvin Sierra

Especial para En Rojo

 gortiz@claridadpuertorico.com

“¿Cómo es posible seguir viviendo a lo boricua cuando hacerlo supone contemplar la condición actual de los puertorriqueños escurriendo vergüenza por todas partes?”, pregunta el escritor puertorriqueño Carlos Vázquez Cruz en el opúsculo de la recién inaugurada exposición de Garvin Sierra en la Liga de Arte de San Juan.

Ante ese modo de estar en la brega, ahora más que nunca, este artista plástico con 25 años de trayectoria responde a ese cuestionamiento con arte. Bajo la premisa de que las censuras que pueda recibir su trabajo lo validan más, Garvin Sierra no puede quedarse callado, es más incisivo con su arte. Esto lo demuestra en “Vive a lo boricua”, como ha titulado su nueva exhibición en aras de apropiarse y tergiversar el “Live Boricua” de la campaña promocional que estrenó en mayo pasado Discover Puerto Rico y la Compañía de Turismo para atraer visitantes a la isla.

Pero, ¿qué es “vivir a lo boricua”? Según oficiales del gobierno, vivir a lo boricua es disfrutar de una experiencia como ninguna otra, plagada de nuestro folclor y del “espíritu alegre, festivo, bondadoso y apasionado” que nos distingue. La campaña publicitaria busca que las personas que nos visitan “entiendan lo que realmente hace que Puerto Rico sea especial y se queden con ganas de más experiencias en Puerto Rico”.

Para Garvin Sierra, sin embargo, vivir a lo boricua en esta colonia es más bien “sobrevivir las locuras, las injusticias o las incongruencias del gobierno”. En la exhibición, que reúne 11 piezas que ha venido trabajando desde el 2017 hasta el presente, el artista realiza un comentario punzante sobre cómo se sobrevive en Puerto Rico al margen de la estampa caribeña que representan las campañas turísticas. Los estragos causados por el huracán María, las protestas del Verano del 2019, la Junta de Control Fiscal, la situación colonial, la corrupción gubernamental son algunos de los temas tratados por Garvin en la muestra, que incluye instalaciones, construcción en madera, impresión digital o textiles.

Las piezas presentes se montaron por primera vez para esta exhibición. Antes, únicamente estaban conceptualizadas en la mente del artista, por lo que él se ha convertido en espectador al mismo tiempo que el público visitante. Todas las piezas dialogan entre sí en el espacio de la Galería Delta de Picó en la Liga a partir de “Soy de una raza pura” (2020), obra que nutre todo lo que se refleja en la sala.

“Una pieza que atrae mucho es “Soy de una raza pura” […] para mí esa pieza, que está central, trata de incorporar un montón de situaciones que nos ocurren como país y como ciudadanos. Esa pieza es casi un popurrí (que, a modo de orden cronológico, mezcla elementos) desde la incongruencia del Estado Libre Asociado hasta las manifestaciones del 2019”, dijo Sierra en entrevista con EN ROJO. En esta instalación recrea el cuarto de un infante donde “duerme” en una cuna arropada con la bandera de Estados Unidos la Constitución de Puerto Rico escrita en inglés. Se incluyen, además, elementos decorativos como un móvil hecho con cacerolas y cucharones y una impresión del cuadro “Las hijas del gobernador don Ramón de Castro” (Campeche, 1797), esta vez ataviadas con la bandera estadounidense y posicionadas frente a un fondo de montañas con nieve. También se ven los ingredientes para preparar solución seattle y un biberón que contiene esta solución utilizada para aliviar el efecto de los gases lacrimógenos.

Según explica Garvin Sierra, la referencia del cuadro de Campeche tiene la intención de marcar “la imposición colonial y como nosotros como país estamos siendo invadidos”. Incluso se puede decir que hay alusiones a lo que estamos enfrentando actualmente con las leyes 20, 22 y 60.

“Dentro de mi propuesta yo trato de ser muy obvio, de presentar unos elementos súper sencillos y simples para que el espectador reaccione rápido y entienda de que se trata”. Tal es el caso de “La silla Eléctrica” (2020), otra instalación en madera, metal y cuero que ha llamado mucho la atención del público por ser una crítica contundente y mordaz al ELA y al estado del servicio energético del país. Destaca la inclusión de “Luma” (2021), una impresión digital que, cuando Sierra la publicó en las redes sociales en noviembre 2021, causó revuelo, provocó reacción de los medios masivos de comunicación y obligó a la compañía a emitir un comunicado para aclarar que no se trataba de una publicación oficial. Ese es el poder que tiene el arte.

Otros títulos en la muestra son: “Azul Fema” (2017), “Maqueta para el desarrollo de carreteras” (2022), “¡Y ya abren las compuertas y están en carrera…!” (2021) y “Camisa de fuerza” (2021).

“Vive a lo boricua” le ha permitido a Sierra profundizar en temas necesarios y urgentes que, por ajustarse a la dinámica de comunicación en las redes sociales, no puede tratar como desearía en los carteles digitales que crea bajo la etiqueta Taller Gráfico y que distribuye en la virtualidad. “La pandemia ha limitado unas cosas. El cartel que yo hago para las redes sociales es para poder expresar un sentimiento rápido”, aseguró.

“Yo siempre voy a usar el arte para expresar un sentir y de cierta manera yo hago el arte primero para mí, para tener una satisfacción conmigo mismo, para sacarme cosas del sistema […] para sacar toda esta jodienda que vivimos como país”, acotó quien tiene calendarizadas exposiciones individuales y colaboraciones en colectivas para 2022 y 2023. Por ejemplo, en septiembre de 2022 en el Museo de Las Américas en el Cuartel de Ballajá, expondrá “una cantidad grande de carteles que he hecho desde 2016”.

Esta es la manera en que Garvin Sierra responde: aportando al cambio social un grano de arena para despertar a este país, para que la gente choque con la realidad y que sea capaz de argumentar sobre lo que está viviendo y de tener criterio. A esto lleva la exposición que permanecerá abierta al público en la Liga de Arte de San Juan hasta el próximo 15 de julio de 2022 en horario de martes a sábado de 9 de la mañana a 5 de la tarde.

 

Será otra cosa: Nuestros cuerpos, nuestras vidas, todavía

Foto suministrada por la autora

Especial para En Rojo

Cuando era niña tuve una etapa en la que quería ser ginecóloga. La cuestión me duró un tiempo porque recuerdo varias visitas de “trick or treat” vestida de scrub y con bata blanca. Me vivía el cuento con un estetoscopio de juguete que mami y papi, alimentando mi ilusión, me regalaron. Decía lo que todos los niños escuchan y repiten: quiero ser doctora para ayudar a las personas. Quiero ser ginecóloga para traer niños al mundo. Todos se lo creían hasta que llegué a la escuela y resultó que mi clase favorita era la de español. Nada que ver con ciencias, aunque participara en todas las ferias científicas. ¿Qué quieres ser cuando grande? No sé, doctora, o quizás maestra.

Durante ese tiempo, cuando me empeñaba en la bata blanca, nadie me explicó lo que implicaba ser ginecóloga. En mi familia no hay médicos, por lo que esa profesión se veía lejana y bastante inalcanzable. Mi mamá, secretaria de profesión, solo me decía que ayudaría a muchas mujeres a dar a luz, lo más bonito de esa profesión. Me emocionaba la idea de traer muchos niños al mundo y darles nalgaditas para que lloraran y supieran que ya no estaban en el vientre de su mamá. Todo un cuento de hadas sin dolores ni malos ratos. A parir se ha dicho.

Jugaba mucho con mi prima hermana a que nos enfermábamos y yo le ponía inyecciones para curarla. Sana curita sana a mi prima y a las barbies también. En uno de esos juegos se me ocurrió sentar todas las muñecas en fila para darles clase y ya no hubo vuelta atrás. La vida siguió, cambió y ya no tengo diez años, ni tampoco soy ginecóloga. Duró poco aquel empeño pues tan pronto descubrí lo bonito de los cuentos de mi mamá, empañé el sueño familiar de más de uno. Sin embargo, hace unos días comentaba con mis compañeras la necesidad de ginecólogas que más allá de traer bebés al mundo, estén dispuestas a honrar las decisiones de quienes decidan interrumpir sus embarazos.

Regresé a esa niña de diez años criada con la ilusión de traer niños al mundo. También me enfrenté a la tremenda cultura patriarcal que produce todos esos imaginarios. En aquel momento me habría horrorizado pensar que haría abortos como parte de mi práctica de ginecóloga. La realidad es que hay muchos y muchas que no los asumen por miedo o quizás por evitar comprometerse con otros discursos. Supongo que habrá quien no los haga por sus creencias religiosas. Todo se enmarca en una idea del aborto atravesada por imaginarios que nada tienen que ver con lo que es: un asunto de salud pública.

Mientras tenemos la conversación colectiva se me aprieta el pecho recordando la posibilidad de lo que pude haber sido. Tengo pocos arrepentimientos en la vida. Quizás este sea uno de esos pocos, pues los tiempos nos avisan que algo muy malo se avecina. Los vientos apuntan a la derecha y se nos escapan las posibilidades de vivir libres y dignamente. Ya no tengo diez años ni soy ginecóloga. Soy amiga. Soy hermana. Soy compañera.

Tal vez la justicia reproductiva tenga otras caras, proponga otras maneras de estar en las que no solo se considere al médico y a la paciente. El aborto en todas sus circunstancias debería ser un ejercicio colectivo pues necesita de otras redes de apoyo para llevarse a cabo. Existen otras consideraciones en las que sería necesario trascender el análisis que presenta el caso Roe v. Wade enmarcado solo en el derecho a la intimidad de un proceso en el que urge un acompañamiento radical, un pensarse desde lo colectivo.

La primera vez que acompañé a una amiga a abortar fue urgente la compañía antes y después del proceso. Cuando llegamos a la clínica había un predicador afuera vociferando en una tumbacocos. Salva las dos vidas, decía. Un hombre, hablando de los úteros ajenos. No había mucho que hacer, pero sí sobraba espacio para estar. Supongo que al salir fue un alivio que alguien la estuviera esperando. Nunca hemos vuelto a hablar del asunto porque no quiso o porque no había nada qué decir. Sin embargo, el proceso médico en sí no representó tanto como el enfrentamiento al mundo antes y después de hacerlo. El juicio de las familias, de los amigos, del grupo de la iglesia, de la pareja, se juntan y no dan tregua. Entonces, aparecemos nosotras. Las amigas, las hermanas, las compañeras. Somos tan urgentes y necesarias como la defensa de nuestra autonomía y necesitamos asumirnos desde ahí. Ya Vanessa Vilches Norat nos recordaba en una de sus columnas que “las mujeres mayores debemos contar nuestras historias a las más jóvenes. Ellas deben saber que la vida y sus trampas se desafían […] Para algo deben servir las palabras”.

Visité a la niña de diez años y le dije que no tiene que ser ginecóloga. Que está bien ser otras cosas, estar de otras maneras. La mayoría de nosotras no lo somos, pero podemos ser amigas, hermanas, compañeras. Los tiempos y la derecha avisanProbablemente nos toque ser de todo un poco porque esta lucha parece no tener final cercano. Y, allá iremos alzando pañuelos verdes, sonando el estribillo de aborto libre, guardándonos los ovarios en cajas fuertes o escondiendo a nuestras hermanas cuando decidan por un aborto clandestino… o será otra cosa. Nadie sabe.

 

En Reserva: Cinco dólares de felicidad

Alexandra Rodríguez Burgos
Especial para En Rojo 

Hace poco leí un artículo que desmentía aquel viejo refrán que asegura que el dinero no compra la felicidad. “Tremendo descubrimiento”, pensaba con ironía mientras leía el reportaje. El artículo aludía a un estudio de la Universidad de Harvard en el que los encuestados admitían que les generaba alegría el gasto de dinero, ya sea gastarlo en otras personas o en ellos mismos. Los encuestadores fueron más allá al concluir que el desembolso no tenía que ser demasiado alto. Incluso, obtuvieron una cifra de cuánto debes gastar al día para ser feliz. Me sorprendió la cantidad: eran cinco dólares para ser exactos. ¿Cinco dólares para ser feliz? Vaya ganga. ¿No les parece?

Luego, pensé en un evento feliz relacionado con una cifra así. Transcurría el año 2006 y me invitaron a ver un colectivo de actores que llevaban algunas noches de domingo haciendo teatro en un pequeño local en Río Piedras. Pagué los cinco dólares que costaba la entrada, sin muchas expectativas. Mi mayor motivación era cerrar el fin de semana y pasar un buen rato entre amigos. Lo que se presentara en tarima sería intrascendente para mí o, al menos, eso creía. Para mi sorpresa, fue una noche divertida, de entremeses teatrales variados y salpicados con crítica social y, por qué no, de una irreverencia inusual que no estaba acostumbrada a ver en un escenario.

Los actores eran jóvenes, de mi edad o menores. Era evidente que le habían dedicado tiempo a componer música para cada paso de comedia, que se preocupaban por desarrollar una propuesta con un orden coherente (inicio, desarrollo y cierre) y que buscaban que los libretos desarrollaran y solucionaran conflictos reales. En fin, se notaba seriedad en el trabajo, a pesar del humor y la improvisación inevitable.

Su segmento más retador era, quizá, la improvisación de una historia, a partir de la entrevista a una pareja del público. Sin tener experiencia en actuación, sé que improvisar es un ejercicio común en clases teatrales, pero no por ello debe subestimarse. Improvisar con sentido requiere agilidad mental, para enfrentarse a momentos inesperados; intuición para saber qué hará el compañero; talento, para hacer reír, pero, especialmente, debe desarrollarse complicidad entre los actores, para llevar a cabo un trabajo en equipo impecable, a partir de unas indicaciones clave.

Desde que vi aquella primera puesta en escena, me convertí en fanática del colectivo que se hacía llamar Teatro Breve. Pagar cinco dólares por el buen rato se convirtió en una inversión que deseé repetir cada noche de domingo. El atractivo mayor de la propuesta fue optar por un espectáculo sencillo, sin pretensiones. Su éxito se basaba en la autenticidad de sus miembros, en esa cotidianidad y cercanía con el público desde su primera puesta en escena.

Ese primer año, Teatro Breve creció, a mi juicio, aceleradamente. Lo que en un principio era un público de unas veinte personas, llegaron a ser cincuenta, sesenta, cien… Un día, los bomberos no les permitieron dejar pasar a nadie más. Por respeto al público, la producción consideró poner un televisor afuera y proyectar el espectáculo para todo el que se quisiera quedar.

Así Río Piedras se convertía en el lugar escogido para disfrutar un domingo por la noche. Era el sitio donde coincidía gente de todas las clases sociales. En Taller Cé me encontré con profesores de Periodismo, con familia y hasta con unos cuantos actores, deportistas y otros tantos famosos.

Al pasar el tiempo, el boleto tuvo que ajustarse. La entrada de cinco dólares aumentó a siete; luego, a diez. A pesar del cambio en tarifa, seguía siendo una inversión justa de felicidad. Las horas que pasabas riendo valía cada centavo que dejaras allí, en la comedia, en la deliciosa y bien descrita comida del chef Kaltrish, en las Medallas frías o en las papitas saladas de bolsa.

Teatro Breve pasó de ser un grupo de amigos que trabajaban para pagar sus cuentas a convertirse en una empresa registrada, con camisetas, vasos, sello, nuevos integrantes y una producción de altura. Pronto, necesitaron comprar otro acondicionador de aire y remodelar un poco el espacio, porque el local no daba para más. Taller Cé se les quedó pequeño, por lo que comenzaron a presentarse los jueves en Punto Fijo, en Bellas Artes. El público siguió apoyándolos desde Santurce, a pesar de que los más nostálgicos, como yo, pensamos que algo se perdió cuando salieron de aquel rincón en Río Piedras, pero mucho también se ganó.

Crecieron en confianza, en talento, en ambición… Llegaron proyectos y formatos nuevos, desarrollaron especiales, llegaron auspiciadores, se mudaron, administraron un bar, ¡compraron su propio teatro!, y nació Noche de Jevas, mi propuesta preferida, por el ingenio de todas sus integrantes y, además, por lo necesario que son los espacios en los que la mujer domine todos los ángulos.

Hoy, todos sus integrantes continúan desarrollándose en otras facetas —en drama, en series… y hasta en Hollywood—. Demuestran todos los días que —al lado y con Teatro Breve— pueden seguir desarrollándose como actores y profesionales de las artes. Juntos, llegaron al Choliseo, crearon Radio y Canal Breve, produjeron su propio programa de televisión y, finalmente, en 2022, se estrenaron en la pantalla grande: el cine.

Su llegada a este, el llamado séptimo arte, me llevó inevitablemente al pasado. Me recordó la frase aquella de Víctor Hugo en la que el poeta y dramaturgo aseguraba que la mayoría de las personas no carecían de fuerza, sino de constancia. Teatro Breve es muestra inequívoca de que el talento sin disciplina o sin perseverancia sirve de poco.

Luego de varias semanas en cartelera, anhelaba sacar el tiempo para ver esta nueva propuesta cinematográfica. Distinto de aquella primera vez en Río Piedras, hoy mis expectativas sí son altas.

En días pasados, por fin tuve un rato libre. Verifiqué la cartelera y me dirigí al cine. Pedí un boleto al empleado y esperé a que me cobrara el precio de un boleto regular. Con simpatía, me aclaró: “Son cinco dólares, joven. Hoy es Día de Damas”. Y así, como aquella noche de domingo en 2006, sonreí y saqué un billete de mi cartera para pagar. Cinco dólares sí pueden comprar felicidad. Lo siento por el refrán.

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