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Será Otra Cosa: La casa de los iguales

Facade of an old house with vintage suitcases near the door - rendering

Especial para En Rojo 

     Aunque con escepticismo, llegó temprano el día convenido. Antes de presentarse a los demás, pasó por la oficina de coordinación para someter el documento de legitimidad que validaría su entrada. Mientras esperaba por la primera evaluación, pensaba en que a pesar de que nunca se le había dado bien eso de pertenecer, por alguna extraña razón la invitación a aquella casa le hacía sentirse bien, como si le acogieran desinteresadamente por primera vez. Esperaba no arrepentirse. Solo tendría que hacer su parte del trabajo, que era estar allí los días acordados. Allí todo se hacía a partes iguales.

         El resultado de la primera evaluación fue favorable, aunque sujeto a una mínima condición: debía reorganizar un poco mejor la información provista, de manera tal que no quedaran dudas de que si ya no lo era, al menos en algún momento y con su ayuda, podía llegar a ser como los demás. Una vez resuelto esto, quedaría confirmada su verdadera legitimidad, cosa que eventualmente logró, pues pudo cumplir con la condición impuesta. Ahora debía someter varias veces más el documento revisado hasta conseguir la llave maestra de la casa. Estas otras evaluaciones, mayormente irían orientadas hacia la identificación de tecnicismos, que por mínimos que pudieran ser, harían la diferencia al momento de valorar el grado de igualdad que compartían.

          La perfección se apreciaba allí grandemente, era lo que perseguían, y para alcanzarla, el requisito principal era saber acogerse a las reglas de la casa. Lo malo es que no le habían dicho con claridad cuáles eran. De la segunda evaluación resultó la solicitud de un cambio de nombre, o más bien una corrección. El nombre debía también ajustarse a las reglas, entre las cuales no parecía estar aquella de escribir el nombre exactamente como aparece en tu certificado de nacimiento, sino que se trataba de otras, las que imponía la casa para cumplir con el requisito de que todos fuesen iguales.

  Ya sin muchos más trámites, al final del día fue legitimada definitivamente su estadía, y oficialmente le dieron la bienvenida. Todo iba bien. A decir verdad, su vida seguía siendo la misma dentro que fuera. Le gustaba disfrutar de la igualdad por la que velaba la casa y al mismo tiempo poder vivir en libertad. Apreciaba poder expresarse desde su ser íntegro, sin la necesidad de sacrificar los rasgos más característicos y constitutivos de su identidad personal, como sí solía suceder a razón de la tiranía democrática de los iguales de afuera.

 Seguía así teniendo sus propias ideas y defendiendo el derecho a la individualidad. También mantenía su repelillo hacia los discursos buen-rollistas, y cada vez que podía se expresaba en contra de la felicidad obligada y de las esperanzas que parecían forjadas fuera del presente en que se vivía. Pero allí en la casa todo fluía bien. Se vivía acostumbradamente guardando las formas. Todo era muy aséptico.

 Cumplían a cabalidad con no mostrarse diferentes entre sí. Las emociones eran neutras no fuera que un tono elevado, una risa o una lágrima demás resultase en una incomodidad para los demás; y el trato, era siempre cordial, aunque distante, como si en el fondo no creyeran realmente ser tan iguales. Sin embargo, esto que en un principio lo vio como algo ideal, poco a poco fue pareciéndole cada vez más raro, sobre todo cuando comenzó a recibir mensajes confusos de la casa. Como el día que guardó la ropa en la gaveta en que hasta entonces lo había hecho y cuando se dio la vuelta para salir del cuarto, la ropa, como por arte de magia, salió expulsada hacia el suelo. Lo mismo sucedió al tratar con las otras dos gavetas. Tuvo que volver a guardarla en la maleta en que la trajo. Luego, al otro día, le cambiaron de cuarto cinco veces hasta que quedó durmiendo en el último cuarto de la casa, cerca de la puerta de salida y lejos de los demás. A partir de ese día, cuando se sentaban a la mesa no pasaban cinco minutos cuando ya le habían movido de sitio en más de tres ocasiones como si jugaran a la sillita, dejando siempre, por extraña razón, una silla vacía de por medio. Una silla en la que nadie nunca durante aquel tiempo había conseguido sentarse, pero líbrennos de creer que evitaban la proximidad entre sí, sino que ese espacio, como enfáticamente dejaron claro, les resultaba muy incómodo. Así, poco a poco, lo que a su llegada le había parecido afabilidad, comenzó a tornarse hostil e inhóspito. La llave maestra, un día le dejaba abrir una puerta y al otro día no. Igualmente, un día le regalaban una sonrisa y al otro ni le devolvían el saludo. Entonces, intentó ir armario por armario buscando algún manual de instrucciones o las reglas de la casa para saber en qué había fallado. Ya empezaba a sospechar que no era tan igual como para pertenecer a aquel lugar. Hacía poco había percibido unas miradas de reproche cuando se peinó con la raya al medio en lugar de optar por alguno de los dos extremos, que era lo usual, y también cuando agarró el vaso azul en lugar del amarillo; no fueron capaces de considerar que no era traición aquello sino daltonismo. Así entendió que esos actos le indefinían aún mucho más y alimentaban mucho más las sospechas y los prejuicios de la casa. Los demás, por lo visto no harían nada para ayudarle como se suponía. Quizá su asepsia, en lugar de virtud era una limitación. Es que ni siquiera le ayudaron a recuperar el papel de las reglas cuando por fin las encontró y se le escaparon al viento. Desde ayer ve asomarse debajo del mueble grande de la sala, el papel gastado. Se agacha y mete la mano, lo toca con la punta de los dedos, pero no logra sacarlo; barre debajo del mueble, siente como lo arrastra hacia afuera con la escoba, pero nada, no sale y nadie le ayuda. Dejó de insistir y decidió buscar alguna otra copia, pues debería haber la cantidad exacta ya que lo justo sería al menos una por cabeza, porque dicen que lo que es igual no es ventaja. Buscó en la cocina, en los gabinetes y hasta dentro de la nevera, no fuera que quisieran preservar allí una copia fría de las pétreas reglas de la casa. Pero tampoco. En el último intento de búsqueda, que respondió a la curiosidad por ver lo que a lo lejos parecía ser un pedacito de papel pegado al dintel de la puerta, se sube al zapatero de la entrada y pierde el balance, cayendo sobre la puerta que se abre y se cierra con fuerza tras él quedando así, de una vez y por todas, afuera. Por alguna otra extraña razón, su maleta ya estaba en el patio.

En Reserva: Cuento de amor y mierda

María del Mar Rosa Rodríguez

Especial para En Rojo

 

Y le pedimos al amor (…)

 que nos dé un pedazo de vida verdadera.

No le pedimos la felicidad, ni el reposo,

 sino un instante, sólo un instante, de vida plena,

 en la que se fundan los contrarios,

 vida y muerte,

tiempo y eternidad,

pacten.

–Octavio Paz, La dialéctica de la soledad

 

El tío exiliado vuelve a la isla a pasar tiempo con las crías de su hermana. Es un día hermoso y soleado, el tío va a la playa con su sobrina y sobrino, se los disfruta, es un día lleno de plenitud y todo olía a mierda.

Horas antes, el tío llega con prisa, tocando bocina para irnos a la playa. Empezamos a montar cosas como en una carrera contra el reloj, como si la playa se fuera a esfumar. Hay algo particular de ese ajoro de montar palitas, juguetes, inflables, protector solar, toallas, bultos, sombrillas y las tantísimas cosas que llevan los adultos a la playa. No lo entiendo, pero siento la prisa en mis dedos. Entramos y salimos de la casa varias veces a buscar “esa última cosa” que se nos quedó.

Brujo tuerce su cuerpo de 160 libras y caga su desayuno justo al lado del carro del tío. Es grande. Todo lo que hace es grande. Hay que aceptarle el gesto porque su cuerpo le pesa y le cuesta hacer sus necesidades barranco abajo, y también, porque Brujo sabe muy bien que no va a la playa y quería darnos una despedida digna de sus sentimientos. Algo para llevarnos y pensar en él.

Miraba a una mariposa verde. Me obsesionan las mariposas y cómo mueven sus alitas. Creo que es una siproeta stelenes, conocida como camuflada verde o malaquita. Se posa en el carro del tío, yo la sigo y ella vuelve a volar, se posa en la neverita que tenía mitad medallas y mitad juguitos. Agarré un juguito y me senté en la parte de atrás porque sentí que ya debíamos irnos. No sabemos si fue el convencimiento de que teníamos todo lo que necesitábamos o simplemente el cansancio de entrar y salir de la casa tantas veces, pero arrancamos. Hasta que dos calles más abajo, mamá dice preocupada:

– Aquí apesta a mierda. Alguien pisó la mierda. Nadie se mueva que hay que mirar los zapatos.

Yo no entiendo bien lo que está pasando y justo cuando iba a preguntar:

– ¿Cuánto falta para llegar a la playa?, mamá pega otro grito:

– Vira de nuevo pa casa, que hay que resolver esto ya. Mírense los zapatos y díganme ¿quién pisó la mierda?

El tío no puede bregar mucho con las instrucciones de mamá e insiste en que se va a detener a resolverlo allí. Mamá insiste en volver a la casa y tío se rinde. Yo cierro la boca y no pregunto nada. Por mí, no había cosa que resolver, yo soy sensorial y para mí, los olores son selectivos. Tío y papá iban al frente y tenían otro olor que no era el que le preocupaba a mamá, era un olor lleno de carcajadas. Mi hermanita, no para de decir “ca-ca-ca-ca.” ¡Ay, cuándo esta niña aprenderá palabras más complejas! Es tan repetitiva con sus sílabas (si maestra nos diera las palabras de mi hermana para la división de sílabas, las tareas serían tan fáciles). Mientras pensaba en las sílabas de mi hermana, mi mamá me agarra el zapato y encuentra la mierda. Yo, ahí, apagué mis oídos. En momentos como esos se me pierden las palabras y todos son ruidos selectivos. Me hablan, mi mente no puede procesar los sonidos y los suelta todos a la vez. Mientras, papá me quitaba los zapatos, mamá me agarra y saca del carro. Me lleva a la manguera. Me mojan los pies. No me gusta tener los pies mojados y grito muy fuerte, no sé lo que grito, pero mamá avanza, papá trae la toalla y tío trae los “crocs” limpios. Me secan, todos me abrazan y sus apretones me van anclando las palabras nuevamente.

Nos montamos en el carro y salimos por segunda vez a la playa. Ponen música, yo pido que la suban, me gusta lo estruendoso. Llevábamos rato guiando. Iba a preguntar: ¿Cuándo llegamos a la playa? Pero justo ahí, mamá baja la música y dice:

– Aquí todavía huele a mierda.

Tío le responde:

– Deja las manías que tienes el olor pegado a la nariz, voy a echar gasolina, bájate un rato y verás que se te va el olor.

Mi hermanita vuelve a repetir las mismas sílabas: ca-ca-ca-ca. Nadie le hace caso, pero a mí, me perturba mucho su repetitividad. Tío sabe mucho y si él dice que los olores se pegan a la nariz, pues debe ser cierto. Por eso él también entiende que las palabras, a veces, corren lejos de mí.

Mamá va y compra unos dulces en la gasolinera y un arbolito violeta de olor. Lo guinda en el espejito del carro, lo cual me molesta porque no llego y no lo puedo tocar y necesito tocarlo. Entonces mamá va al asiento de atrás me da un dulce y un besito, (me encanta cuando mezcla azúcar con amor). Luego va y le da un dulce y un besito a mi hermanita, ya estábamos listos para continuar hacia la playa cuando dice:

– “Ay no, no, no, la nena no tiene pañal, se cagó y no tiene pañal.” Mi hermanita se había quitado el pañal y luego decidió imitar a Brujo. Solo pensé que Lara tenía el orden de las cosas mal, primero se hace caca y después se quita uno el pañal. Empezó un caos en la gasolinera, sacaron el asiento, limpiaban con ansiedad hasta los cinturones de la sillita de bebé, la alfombra, el piso del carro, el cristal, todo tenía mierda. Tío cargaba a la bebé mal, con el culito al aire y todo embarrado sin saber qué hacer, ahora pedía instrucciones de mamá, pero a mamá parece que le pasó como a mí y se le perdieron las palabras porque solo decía:

– No, no, ay fo, no no no. ¡Es que la maternidad y la mierda son inseparables, puñeta!

Tío seguía pidiendo instrucciones y papá le decía: “tú no sueltes a la nena, no la sueltes,” mientras seguía limpiado. A tío le dolían los brazos de aguantar a mi hermanita en el aire. Mamá lloraba, papá estaba ansioso porque cuando mamá llora, papá se pierde.

Ante todo ese escenario, a mí me entró la risa, me entró por la nariz con los olores. No podía parar de reírme. Las palabras se me fueron volando otra vez y la mariposa verde (la siproeta stelenes) voló con mi risa y se posó en el culito cagao de la bebé, y los “ca-ca-ca” se hicieron carcajadas. Voló hasta la boca de tío y dejándole un poquito de mierda en el labio, le contagió, también la risa.  Luego se posó en la esquinita del ojo de papá y encontró la risa. Después voló hasta el pelo de mamá y le dejó unos rayitos marrones que le devolvieron la calma. Entonces mamá se detiene, me mira a los ojos, nos mira a todos y se une a la marea de carcajadas. Fue un instante de vida plena donde pactaron el amor y la mierda.

 

 

 

Carnaval en Lazarim y Podence: Las máscaras ibéricas pre-cristianas (II)

Foto suministrada por el autor

 

N.E.

A pesar de que este ensayo debió publicarse antes (ya publicamos el #3) la serie puede leerse sin problemas de secuencia. Pedimos disculpas a nuestro compañero por el error. 

 

Especial para En Rojo

Este ensayo coincide con mi propio proceso de tallar máscaras de madera. Me encuentro terminando una máscara de caoba (viequense), que por su color rojizo y textura es mi madera preferida. Es más pesada que cedro, por ejemplo, que llega a Puerto Rico ya curada. Las gubias entran a cedro como si fuera mantequilla, pero por ser cuadrada y curada, la madera ha perdido mucho de su relación al árbol y su corteza y nudos. Los talladores en Portugal trabajan maderas rubias – me parece una variedad de fresno o abedul—similar en color a péndula, pero menos fibrosa y más consistente y liviana que caoba.

Siempre intento visitar a talleres para ver los materiales y técnicas de los artesanos. En Lazarim (distrito de Viseu), pude ver cómo, diferente a la práctica mía de dividir el tronco de madera en dos mitades o caras, los talladores trabajan el tronco redondo entero y así tallan todo –hasta los cuernos largos—de la misma pieza.

Mientras yo trabajo el diseño de la cara a la misma vez que tallo la cavidad de atrás para la cara –una práctica que me permite alterar mi diseño en el proceso de tallar–, en Lazarim tallan todas las facciones antes de crear el espacio para la cara dentro del tronco. La diferencia: mientras tallo máscara por máscara, las máscaras de los talladores portugueses son variaciones de una tradición que se ha desarrollado a través de siglos.

En diciembre de 2018 viajé a la aldea de Vila Boa de Ousilhão para entrevistar al artesano Tozé Vale. No estaba en ese momento, y el viaje allá en febrero-marzo de 2022 me ofrecería otra oportunidad. En 2018, pasé tiempo en el Centro Cultural de la pequeña ciudad de Vinhais (muy cerca a Ousilhão en el distrito de Brangança) donde no celebran fiestas durante la época navideña. La gran fiesta de Vinhais es el día de los diablos, y al descubrir eso, sabía que tendríamos que regresar a la región durante la época de carnaval si yo iba a entender bien el ciclo de las fiestas enmascaradas.

Por eso, esta segunda parte del ensayo enfoca en el Carnaval del 27 de febrero al 2 de marzo de 2022. También regresamos al pie forzado de la investigación de las fiestas y máscaras ibéricas: ¿existe una relación –una genética cultural– entre los Vejigantes de Puerto Rico y los Caretos de Portugal y España?

Por razones de COVID, pospuse mi regreso a Portugal hasta febrero-marzo de 2022. Por suerte, tuve una invitación –también pospuesta por la pandemia—para dar una charla sobre las Fiestas de Santiago Apóstol de Loíza en la Fundación Eugenio Granell de Santiago de Compostela. Así junté los dos proyectos. Utilizando Santiago de Compostela como punto de entrada y salida, también pasé los cuatro días de carnaval 2022 en los pueblos portugueses de Lazarim (distrito de Viseu) y Podence (distrito de Bragança).

Todavía en Puerto Rico, descubrí que la disponibilidad de hospedaje en Vinhais era limitada, mientras el pueblo de Chaves –a 20 kilómetros de distancia y por eso más cerca a Galicia—, como centro turístico, ofrecía más variedad de alojamiento y quedaba mejor ubicado para viajar al sur y al oeste.

Lazarim

Por eso, el domingo, 27 de febrero, nos encontrábamos en carreteras estrechas y serpentinas subiendo al pueblo medieval de Lazarim (Lamego, Viseu), población de menos de 700, para el desfile de Caretos de las 3:00 pm. Llegamos temprano, lo que nos dio la oportunidad de explorar el pueblo, examinar la muestra de más de veinte máscaras de un solo tallador, ver el trabajo de otros artesanos de máscaras y visitar el Centro Interpretativo de la Máscara Ibérica de Lazarim (CIMI).

Esta estructura contemporánea está integrada en la arquitectura y las fundaciones antiguas del pueblo. Su primer piso sirve de espacio de recepción y museo histórico-cultural de Lazarim y sus costumbres. También hay una muestra del proceso de tallar máscaras. El segundo piso luce una exposición de máscaras y vestuarios de Lazarim del último siglo, pero ya insertados en el contexto de la diversidad de las fiestas enmascaradas ibéricas. Parte de esto se puede ver en el Internet, pero el impacto de ver el espacio en persona casi iguala lo que íbamos a experimentar en la calle inmediatamente después de salir del museo.

Subí a la plaza entre la iglesia y la escuela donde estaban reuniéndose los Caretos y los músicos para empezar este primer desfile. (El segundo y más grande se llevaría a cabo el martes –entrudo/mardi gras– de carnaval, pero ya habíamos hecho planes para pasar ese día en el pueblo de Podence, Macedo de Cavaleiros, Bragança.) Me parece que me perdí muy poco, porque fue mejor apreciar y fotografiar la variedad, detalle, precisión y poder plástico-visceral de estas máscaras de madera no pintadas sin la masificación mayor del público. Hubo espectadores más que suficiente y los Caretos hicieron todos sus actos burlones de intervenir, fastidiar y engraciarse con ellos. El desfile bajó por la calle que pasa al lado del CIMI con sus quioscos de máscaras, pastelería y otros productos típicos y artesanía para llegar al espacio más bajo del pueblo para seguir festejando hasta el anochecer.

Estas máscaras representan reyes y reinas, animales domésticos y silvestres, diablitos con cuernos y hasta culebras e innumerables variaciones de bocas, lenguas y narices extendidas. La plasticidad de la talla de máscaras es mayor que la que yo había documentado en diciembre de 2018 en el pueblo de Ousilhão. Aunque la producción de Lazarim es menos gótica, todavía muestra una afinidad a las gargólicas máscaras Krampus de Italia y Austria y especialmente a máscaras rústicas que yo había visto anteriormente en Budapest.

Hay máscaras de mujeres, y existe un mayor número de mujeres vestidas y desfilando como Caretos. También hubo Locas –hombres trasvestidos como mujeres— en Lazarim similares a las Locas de Loíza en Puerto Rico.

Los vestuarios de Lazarim también siguen otras luces. Tienden a ser monocromáticos –natural, rojo y negro son dominantes– hechos de tela de arpillera como base o de rafia y otras fibras como cáñamo y cañas. Por eso la apariencia es algo más silvestre y bestial, más como hombres (y mujeres) salvajes en vez de diablos como tal. Tampoco utilizan las capuchas definidas tan características de las máscaras invernales que había visto anteriormente en Varge y Ousilhão (Bragança) en 2018. En Lazarim la elaboración de cuernos y otras extensiones de las máscaras tienden a hacer el vestuario alrededor de la cara aparecer como el cabello del Careto hecho del mismo material del resto del vestuario.

Este uso de materiales naturales también tiene correspondencia en vestuarios caribeños como el camuflaje natural del cimarrón de Jamaica y las hojas de plátano de vestuarios en Haití, pero no de los mamelucos multi-colorados de los Vejigantes de Loíza y Ponce.

Podence

La UNESCO declaró el Carnaval de Podence (Macedo de Cavaleiros, Bragança) Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad el 12 de diciembre de 2019. De menos de 300 habitantes, todo el pueblo parece dedicado a un aspecto u otro de la actividad. Al llegar, se nota inmediatamente la excepcional integración de fiesta y comunidad. El estacionamiento es amplio, bien ordenado y gratis. A 100 metros de ello, en la entrada del pueblo, hay un centro cultural-café-restaurante-taller-tienda de artefactos. Subiendo al centro del pueblo, un parque de recreo y festividades celebra los Caretos con estatuas icónicas y el Careto gigante que quemarán por la noche para terminar el martes de carnaval.

Por un lado de la calle principal hay un mercado de tiendas, quioscos y restaurantes y casi cada negocio del pueblo está dedicado a comidas, productos típicos y artesanía local. Murales de los Caretos están pintados en las paredes desde el mercado abajo hasta la iglesia que queda varias cuadras más arriba en el pueblo. A la izquierda al otro lado de la calle del mercado, se encuentra la “Casa do Careto”, un museo de un piso establecido en 2009 con varias salas de exposición dedicadas a los Caretos y su historia.

Es la fiesta mejor organizada de las que experimenté en Portugal. El estilo comunitario y su poder funcionar simultáneamente con participación local y regional comparte mucho con la aun mayor poblada Fiesta de la Virgen del Carmen de Paucartambo, Cusco, Perú, que experimenté en 2002. En este caso, con toda la masificación del público hubo dos elementos esenciales: observaron fielmente y sin protesta alguna los protocolos de COVID y excepto nosotros, parecía que todos los participantes y espectadores, locales y turistas, eran portugueses.

El carnaval de Podence refleja las características de la mayoría de las otras fiestas invernales pre-cristianas ibéricas: el desfile por el pueblo, la careta grande usada por los Caretos, los músicos tocando gaita, tambor y bombo, los vestuarios estilo mameluco con capuchas del mismo material, las anchas correas de cuero con cencerros, palos de caminar, el fuego comunal que termina las festividades y las máscaras.

No obstante, las variaciones son críticas: los vestuarios están tejidos de hilos de lana (muy similar a los vestuarios de la fiesta San Estefan de Ousilhão (que describí hace varias semanas en Parte I de este ensayo) que da textura, fibra, peso y densidad al mameluco y el cuerpo del Careto. En este caso los colores y tonos son casi uniformes; los vestuarios de todos los Caretos son rojo, verde y amarillo. Aunque aparecen en la bandera de Portugal, son colores que también asociamos con Etiopía, Rastafari, el Caribe y la africanía en general.

La exposición de máscaras antiguas en la “Casa do Careto” incluyen ejemplos de máscaras de madera, corcho, metal y cuerno. En la práctica contemporánea, las máscaras de Podence están divididas entre las de lata fina (como las de Varge en Parte I) y las de cuero grueso, y no es siempre fácil distinguir entre ellas. Cubren solamente la cara, y la forma de la nariz se ajusta a la cara del actor sin exagerarla. Casi sin variación sus colores son rojo, negro, marrón y aunque menos, cuero natural, y el contraste con la capucha pelúa de hilos de rojo, verde y amarillo es impactante.

En Lazarim, las máscaras talladas parecen tener vidas propias, pero en Podence, la efectividad del personaje resulta de la inseparabilidad de máscaras, vestuarios y sus variaciones repetidas a través de los más de cien Caretos corriendo, jugando, burlando y fastidiando en la calle y el parque.

Por un lado, como figura plástica-agarradora, el Careto de Lazarim, con su máscara individualizada y vestuario fibroso es el personaje más complejo y teatral de las fiestas invernales –que yo vi– de Portugal. Por el otro, la mise en scène del pueblo entero de Podence, los Caretos como personajes completos de cara-cuerpo, máscara-vestuario y la procesión orquestada y coreografiada de la plaza de la iglesia a través de la calle principal y entrando y bailando alrededor del Careto enorme que más tarde quemarían, es la imagen visceral más profundamente grabada en mi memoria del Carnaval de máscaras ibéricas de 2022.

Tuve dos metas específicas al regresar a Portugal en 2022. Primero, experimentar el Carnaval y el Día de los Diablos en la bella ciudad de Vinhais. Segundo, conocer a Tozé Vale, el tallador de máscaras que vive en Vila Boa de Ousilhão, que es muy cerca a Vinhais. Fallé en ambos intentos.

El Día del Diablo se celebra el miércoles de ceniza, pero este año esa celebración, por razones de COVID en 2021, se cambió al 5 de marzo, el sábado después del miércoles de ceniza que no me permitía asistir. Por segunda vez pasé por Vila Boa y por segunda vez hablé con familiares del artesano Vale que tampoco estaba presente en esta ocasión.

Pero sí me comuniqué con otros talladores y artesanos de máscaras y también descubrí un nuevo acercamiento a la exploración de la genética cultural del Vejigante de Puerto Rico. Pero eso requiere una tercera y última parte de este ensayo.

 

¿Y todo el furor de Picando alante?: Más que merecido

En Rojo

El equipo de la producción fílmica Picando alante puede sentirse satisfecho de la cobertura que ha recibido tanto de críticos de cine como del público en general. Escribo tardíamente porque vivir en Vieques no me permite navegar o volar con frecuencia para cubrir lo nuevo en la pantalla grande. Así que no fue hasta la semana pasada que pude ver esta producción puertorriqueña, un miércoles en la tarde con ¾ partes de la sala llena después de estar dos meses en cartelera. Y es que, desde la primera escena, la fotografía, escenografía, actores que llenan la pantalla con sus gestos, voz y movimiento y los temas del hoy en nuestra sociedad captan la atención de lxs espectadorxs y así la mantienen a través de la hora y 47 minutos de duración. Se comienza con esa nueva sociedad que nos venden después del desastre económico de nuestra isla, para luego detenerse en la historia fragmentada de lo que hace la falta de dinero, recursos disponibles y la necesidad de “resolver” y “bregar” para subsistir como seres íntegros dispuestos al sacrificio y riesgo por los seres cercanos.

Esto último sonó muy serio para una historia donde lxs espectadorxs van de una sonrisa, a una carcajada, a un miedito que esto no parece tener salvación, a pensar que quizá todo salga bien, aunque solo sea por el momento. Su escena inicial es al estilo de una presentación TED o una reunión de futuros jóvenes inversionistas en un Puerto Rico desconocido para la mayoría de su población. Marysol (Marisé Alvarez) despliega gran seguridad cuando asiste a la orientación para el nuevo negocio de Cannabis Medicinal. Ya tiene experiencia en su siembra en escala menor y llevarlo al nivel de negocio lucrativo no parece tan difícil. Pero la realidad le llega como un cubo de agua cuando intenta pedir un préstamo para la inversión inicial. ¿Dónde están los colaterales que le garantiza al banco que su dinero será pagado con altos intereses? ¿Qué alternativas existen? ¿Quién puede prestarle dinero suficiente para comenzar su negocio sin pedirle intereses exorbitantes que nunca podrá pagar? Las amistades pueden apoyarla emocionalmente, pero no monetariamente. Momento de compartir su frustración con su familia.

Y aquí empiezan los enredos que componen tantos niveles de la sociedad puertorriqueña que bien podría ser la colombiana, dominicana, brasileña, india, etc. Somos esa familia de clase media (con múltiples definiciones) que tiene una casa de urbanización donde criaron a sus hijxs, donde todo escasea menos cariño y un plato de comida. El o los autos subsisten con arreglos caseros o vecinales, la hipoteca sigue vigente o renovada después de 25 años, las apuestas y la lotería y sus múltiples versiones siguen siendo la posibilidad de cambiar su suerte y los escapes del alcohol y la fumaera son parte de la parte social de ese diario vivir. Dentro de esa manera de subsistir y gozar la vida, decir la verdad, confrontar a otros miembros de la familia o amistades, y desconocidos puede traer roces y peleas abiertamente confrontacionales. Así que Marysol puede proponer un plan para que este nuevo negocio sea exitoso, pero cada miembro lo interpreta a su modo. Milagros (Cristina Soler), la madre, lo ve como una manera de unir a su familia y cree poder resolver cualquier fricción con Elegido (René Monclova), el padre, que de lo menos que sabe es de finanzas y que insiste en proyectar su imagen de “jefe de familia” aunque no pueda conservar un empleo ni proveer más allá de lo mínimo para su familia. Roli (Mikephillippe Oliveros), el hijo con grillete electrónico recluido en la casa de los padres en busca de la probatoria después de estar en la cárcel donde casi pierde la vida (todo esto comentado como algo natural, nada fuera de lo común), apenas puede aportar a alguna decisión familiar. Wanda (Lourdes Quiñones), la hermana menor, se ve obligada a vivir con sus padres porque no tiene manera de ser independiente, aunque se inventa múltiples negocios para tener todo lo que desea y de paso ahorrar para su futuro, el que sea. A esto se añade los vecinos curiosos cuando las garatas familiares se dan fuera de la casa, el autodesignado amigo de la familia, en este caso el policía Tebo (Luis Gonzaga), que no sale de la casa y se mete en cualquier conversación, aunque no le atañe y los amigos cuestionables de Elegido.

Y entonces están las “asociaciones anónimas” (Vivian/Lucienne Hernández y Wichi/Juan Pablo Díaz), esas a las que unx acude para conseguir dinero rápido con la promesa de un buen dividendo y un saldo rápido. Como todxs sabemos, este sueño es como sacarse la lotería y hacerse millonario de un día para otro. Otro cuadro que presenta la historia es la vigilancia y redadas de las unidades especiales de “la ley y el orden”, mientras el resto del país se sumerge en las balaceras en negocios o sitios públicos, los feminicidios, los crímenes sin aparentes autores y la violencia imparable dentro de las cárceles, como el reciente caso de Shannei I. Colón Ponce. Y, aunque parezca imposible de hacer, Picando alante presenta—con una seriedad risible—este cuadro de la sociedad puertorriqueña en el que todxs convivimos y sobrevivimos.

Si Teatro Breve es un colectivo teatral donde cada integrante, cada pedazo de historia, cada lugar (interior o exterior) forma parte de la presentación final (nunca final porque cada función se ajusta a su público), Picando alante es un filme excepcional precisamente porque cada uno de sus integrantes (director/Israel Lugo, escritores y guionistas/Mikephillippe Oliveros y Luis R. Trelles, cinematógrafo/Santiago Benet Mari, compositores/Eduardo Cabra y José David Pérez, editor/Andrei Nemcik, diseñadorxs, vestuario, maquillaje, sonido, etc) es parte de un filme donde nada sobre ni nada falta. Cada actor/a penetra su papel y lo transforma para que Picando alante quede grabado en la memoria del público y podamos recordar cada una de las maromas que estos personajes hacen para sobrevivir en este Puerto Rico que tanto amamos y que tanto nos reta.

Crucigrama: Marcia Rivera Hernández

Especial para En Rojo

Horizontales

1. Marcia _____ Hernández; economista y socióloga puertorriqueña. Fue Secretaria Ejecutiva del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO). Fundadora y directora del Centro de Estudios de la Realidad Puertorriqueña (CEREP).

5. Puerto Rico: La reestructuración del _____ en la transición a la Independencia; publicación de Rivera de 1991.

8. _____ Latina en el nuevo contexto internacional; conferencia dada por Rivera en la Asamblea General de la Sociedad Latinoamericana de Estudios sobre América Latina y el Caribe, Universidad de Mendoza, Argentina, 1994.

9. Elecciones _____ 1968 en Puerto Rico; publicación de Rivera. CEREP, 1972.

10. _____ mirada desde el género: ajuste, integración y desarrollo en América Latina; ensayo de Rivera publicado en 1999.

12. _____ capital social movilizado contra la pobreza; ensayo de Rivera publicado por UNESCO/CLACSO, Buenos Aires 2007.

13. Decimonovena letra del alfabeto griego.

15. Antes de Cristo.

16. Conozco.

18. _____ y necesidades en el fortalecimiento de la sociedad civil uruguaya; libro de Rivera de 2010.

21. Tejiendo futuro, los caminos posibles del desarrollo _____; libro de Rivera publicado en el año 2000.

23. Que está sin armas.

27. _____ desafíos de la economía global desde una óptica de género; conferencia de Rivera en la Universidad del Congreso, Mendoza, Argentina, 1996.

29. Del verbo ser.

31. Impregna de ázoe.

32. El _____ de la esperanza; libro de Rivera de 2014.

36. Labrar la tierra.

37. Conjunto de herraduras, aseguradas con clavos, que se ponen a las bestias.

38. Luna de Júpiter.

39. 15 de _____ de 1947; nacimiento de Rivera en San Juan.

40. Afirmación.

41. Cólera.

43. Contraer matrimonio.

44. _____ Lydia Vega; escritora puertorriqueña.

47. Usted, abrev.

48. Segunda nota musical.

49. Cinco en números romanos.

50. Miguel Soler Roca – Educación, resistencia _____ esperanza; libro de 2014, editado y compilado por Rivera.

Verticales

1. ¿Puerto Rico, Puerto Pobre o Puerto de _____?; artículo de Rivera en 80grados, 2014.

2. Del verbo radiar.

3. Quise.

4. Producen algo nuevo.

5. Unidad monetaria de la Unión Europea, anterior al euro.

6. Curases.

7. Francisco _____; pintor puertorriqueño.

11. Símbolo del actinio.

12. Existe.

13. Adjetivo demostrativo.

14. Unidad de cuidados intensivos, siglas.

17. Puerto Rico: Vendaval en la _____ del encanto – desafíos para la recuperación de un colapso largamente previsto; ensayo de Rivera. Premio CLACSO Gérard Pierre Charles, 2014.

19. Se encamina.

20. La mujer y el trabajo asalariado _____ Puerto Rico; estudio de Rivera publicado en Cuadernos CEREP, 1980.

22. Instrumento agrícola de los taínos.

24. Prisionera.

25. _____ Rivera Hernández; autora de «Avances y necesidades en el fortalecimiento de la sociedad civil uruguaya», «Compartir el poder y el placer; de eso se trata», «La reestructuración del Estado en la transición a la Independencia» y «¿Puerto Rico, Puerto Pobre o Puerto de Ricos?».

26. _____: del desgarre a la construcción; ensayo de Rivera sobre una de nuestras hermanas Antillas, publicado en Claridad, 1991.

28. Marcia Rivera _____; destacó como consejera Especial del Director General de la UNESCO. Su labor y conocimientos la han llevado a trabajar con innumerables organizaciones nacionales e internacionales.

30. Compartir el poder y el placer; de eso se _____; libro de ensayos de Rivera publicado en 2016.

32. Maltrata, molesta a alguien.

33. Etnia que se distribuye en territorios de Bolivia, Perú y Chile.

34. Clara _____; seudónimo literario de María de las Mercedes Negrón.

35. Órgano de la vista en el ser humano, pl.

42. Fidel Castro _____; revolucionario cubano.

45. La saga novelesca de las promesas de reforma legislativa en Puerto _____; ensayo de Rivera publicado en Claridad, 2012.

46. El capital social movilizado contra la pobreza: la experiencia del Proyecto de Comunidades Especiales en Puerto _____; libro de Rivera y Bernardo Kliksberg, 2007.

47. Antigua ciudad de Mesopotamia.