En Rojo
Leo Duelo y utopía. Poemas para Federico, de María Teresa Machado. Lo publica la editorial Isla Negra en su colección Filo de Juego, que recuerda a aquel proyecto de poetas jóvenes universitarios de hace algunos años. Machado era entonces, quizás, la más joven de aquel grupo muy diverso. Apenas hacía públicos sus poemas. Es apenas en 2017 cuando publica su primer poemario, Grano de sal. Este que leo es su segundo.
Ya desde el título se asoma un entrelazarse de formas profundas por la aparente contradicción entre el “duelo” y la “utopía”. El libro está dedicado a Federico García Lorca y abre con un poema del enorme poeta español : El poeta dice la verdad. ¿Qué verdad nos va a versar María Teresa? Quizás que aunque proceso de duelo implica una pérdida también puede abrir la puerta a una utopía personal o colectiva, donde se busca un futuro más satisfactorio y significativo.
Lagrimaceremos
pero nos consolarán la brisa y las sílabas de las últimas palabras.
Las letras recuperadas formadas de tiempo y de aliento
nos permitirán celebrar
todo lo que queda por decir.
¿Utopía como esperanza? Sí. Además, tanto el duelo como la utopía pueden ser parte de narrativas y modos de poetizar colectivos. Un poemario que honre esas pérdidas (García Lorca como paradigma), promoviendo el cambio social y la sanación a través de la solidaridad, es un texto necesario. Y hay en este poemario versos que reflejan un compromiso con la emoción conmovedora:
Presiento el derrumbe de los cimientos de las catedrales
Y me conmuevo ante el dolor de los cuerpos
Que fueron testigos del fuego que consumió
La biblioteca de Alejandría.
Quisiera poblar cada esqueleto con sueños y homenajes
Y cumplir póstumamente el deseo del beso y la caricia.
Casi como aquel poema que Miguel Hernández le dedicara a Ramón Sijé, justo en aquel crepitar de la historia que también se tragó a Federico.
Todo el poemario se ve atravesado por la música. Digamos aquí, la música como vínculo, sanación, consuelo. Vínculo amoroso y enlace de una comunidad. Música como ritual y activación. Desde el bolero a Vivaldi, a Carmina Burana. Nos dice que Una guitarra es la cintura del mundo entre tanto el yo poético muestra lo más íntimo de esa “biografía” amorosa que se va construyendo siempre con un fondo musical. Es esa intimidad la que resuena aquí como una herramienta poderosa para procesar el duelo y renovar la utopía. Al terminar de leer este libro se tiene la sensación de que hay esperanza. El amor es un refresco en el desierto de lo real. Dejo este poema de María Teresa Machado para solaz de los lectores.
Tus partituras sobre la mesa
Llegaste a mí
Y en un segundo
Extendiste todas tus partituras en la mesa:
La música que te inspiré cuando me viste,
La música que creaste para otro
Que aún no te ha pagado,
La música que ofrendas voluntariamente
A un asilo de ancianos,
La música que improvisan en el metro
Camino a tu trabajo, porque sí
O para acompañar a un colega
Que pide unas monedas
Con acordes hambrientos,
La música que has compuesto en los últimos cinco años
Inspirándote en los cuentos sufíes,
La música que asumes por encargo
En pos de la promesa adulterada
Del dinero que te permitirá
Llegar a fin de mes.
La música para una película
Que te devolvió por un instante
La utopía de vivir de lo que eres:
Un músico que respira melodías en todo lo que hace,
Una persona que camina recogiendo las notas quebradas
Que otros dejan sin leer en el camino,
Un deambulante que e duele la rabia al ver cómo se extiende
Este pentagrama pandémico de notas cadavéricas
Que borra la inscripción de los huesos y las memorias.
Pero tú, mi sufriente músico de bolsillos agujereados por los que cabe el mundo,
Eres, a la vez, fuente de notas sincopadas
Que me hacen cosquillas en los labios. Y todo por ello,
Quiero caminar contigo la gruta del trino de los canarios
Que cantan emplumados su propio son a pesar de tanta oscuridad.
Hubiera preferido no haberte conocido
Si ello hubiera podido evitar las calles vacías.
Pero soy un pentagrama blanco y sediento
Y tú eres más cierto que todos los géneros musicales.
Nombra la melodía de esta brisa que me lleva al aliento
De todo lo que eres.
Tu partitura recuerda a mi corazón
Que las combinaciones musicales son infinitas.
En medio de este caos de urnas vacías y ataúdes sin despedidas
Mi mirada quiere abrazarte en un adagio.
Y mi cuerpo es una sinfonía total para quererte.
(María Teresa Machado, Duelo y utopía)



