Comentarios en espiral y viceversa

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Las Lolitas, acrílico sobre lienzo, 6'x4' 2023

Especial para En Rojo

La esencia del oficio artístico se desborda de un estilo de vida en el que me encuentro sumergida. Así decoro, cocino, visto. Busco el balance del encuadre. Encuentro rigor en lo efímero. Voy diseñando, prestando atención a los patrones, a las texturas y a las infinitas aplicaciones de la paramnesia. Entonces paso a comentar lo experimentado. Vicio difícil de romper. A veces, el resultado de este particular proceso de recordar es dar a luz manifestaciones tangibles.

Dando un paseo por algunas muestras individuales o develaciones, arrojaré luz sobre el camino y la filosofía que acompaña un quehacer artístico que en mi caso, ha sido constante y sonante.

La preparación y la oportunidad se unieron, y entonces la suerte estuvo echada. Años de cuerpo de trabajo antes de esa primera muestra de pinturas que fue Tic tac toe me prepararon para el porvenir. Bajo la escalera del edificio 202 de la calle Cristo, unos amigos me ofrecieron la oportunidad de crear mi primer espacio de exhibición. Lo bauticé con el refrán Cada hormiga tiene su ira. Allí mostré joyería, esculturas y pinturas al unísono. La joyería artesanal, que por tantos años expuse en ferias fue parte del entrenamiento para la incursión en la disciplina escultórica. Allí, bajo la escalera, se dio un momento de intersección de manifestaciones. Ya luego fui dejando las prendas atrás, seducida por los pinceles y el papel maché. Este privilegio de poder controlar todo lo que exhibo fue retomado en el espacio colectivo 3Mujeres. Estos espacios privados y públicos se vuelven valiosos pues son fuente consistente de todo tipo de procesos de retroalimentación. Gracias a los adelantos en la tecnología digital puedo imprimir algunas piezas logrando que viajen a muchos hogares. A veces intervengo estas imágenes trasladándolas en espiral hacia otro lugar.

Ya para finales de los ochenta, estaba sumergida entre los gigantes que orquestaban las corrientes artísticas del viejo San Juan. De manera espontánea, esa ciudad repleta de seres extraordinarios se volvió maestra enmarcando el resto de mi trayectoria. Me declaro autodidacta pues escogí a quién amar y mirar con detenimiento hasta rendirle homenaje. Los viajes fueron, y siguen siendo, parte fundamental del aprendizaje. Todo, desde el punto de vista de ama de casa con personalidades múltiples que puedo ser yo. El proceso está en lo cotidiano. La obra deviene intento de poetizar la cotidianidad. Esto no es una exhibición, título que hace referencia al de la pipa de Magritte, es una muestra de retratos y autorretratos. En ella presenté la que eventualmente se convirtió en mi trabajo más popular, “La primera cena”. La imagen retrata a 13 amigas compartiendo cuentos y aperitivos, dentro de la composición robada a la última cena de DaVinci. La pintura surge del deseo de retratar a estas mujeres proponiendo otra versión de aquella imagen presente en tantos hogares. Una vez más, lo doméstico como clave fundamental en mi búsqueda estética.

   

A finales de los noventa, con el pie izquierdo casi metido en el milenio, se unirán a mis motivaciones la invocación, el recuerdo y el rezo. En “La sobremesa” recuerdo a mi tía favorita, a varias amigas y a artistas, unas vivas y otras no tanto, que influenciaron en la manera de verme en este plano existencial. Esas mujeres funden espejos donde me veo en contexto. Invoco. Recuerdo. Rezo. En Sombras, sombreros y libélulas entro de lleno a un mundo de símbolos que sirven de guía para construir historias, permitiendo la contemplación de las ideas. La muestra titulada El gusto es mío contestó la interrogante de cómo una artista sabe que una pieza ha sido completada. Es una cuestión de gusto. Allí se reunieron pintura y escultura marcando de manera cronológica, además, la llegada del conjunto escultórico Las sillas gatas de cinco patas a su residencia permanente en el Bastión de las Palmas del viejo San Juan. Acerca de la importancia de titular, añado que El gusto es mío implica que encuentro placer en el quehacer artístico, que hay un punto de vista personal detrás de lo que llamamos gusto, que el gato de la escultura se llama Mío porque él así lo dice y en últimas, porque para esas fechas se escuchaba mucho el álbum “El gusto es nuestro” en el taller. La música que me acompaña pasa a formar parte intrínseca de las ideas que recojo en la materia. Estas tonadas aparecen en más de una manera. Los títulos de las piezas se vuelven palabras que custodian las memorias.

Es vida lo que se observa y se comenta, en espiral. Comento utilizando los materiales que tengo a la mano. Papel, pegamentos, barro frío, alambres, piedras, madera, marcadores, cinta adhesiva, pigmentos, lienzo y tabletas facilitan las manifestaciones, sean figurativas, abstractas o híbridos que tan en boga están.

En la vertiente figurativa de mi trabajo, tomo iconos de la cultura popular, manos poderosas, imágenes que nos persiguen desde la niñez, reyes que se vuelven reinas. Tergiverso mitos visibilizándoles desde otra mirada. Transcribo porque quiero físicamente escribir. La caligrafía me acerca a mi madre y el producto que esta visitación provoca desemboca muchas veces en la abstracción, siendo un buen ejemplo “El mapa de las rutas fantasmas” donde transcribo textos que se vuelven parte de la imagen formando cuadras, sin intención de que sean legibles.

Hubo teatro en Las chicas del Tibiri Tabara, meditación en Veladas y desveladas, parodia en La isla de los encantos, simbolismo en Fenómenos silvestres, homenajes en Reflexiones, musicalidad en Me gustaría ser y no soy y poesía en Líricas. Tuve catarsis en Caricatura de un sueño, contenido en Transcripciones, retrospección en Rojo sin fondo y en Las abordadas, viajé por el espiral y viceversa.

El oficio me ha regalado un espacio para hacerle la guerra a la impotencia. Es un lugar de libertades, donde deposito mi voz y mi voto. En la medida que esta inmersión me aleja de una existencia común, surge la magia de lo cotidiano. Ordenamos el caos de manera particular y deviene estilo. Múltiples personajes pueblan la obra, participantes activos que son cómplices de la resolución. Si te sientes adentro, es porque tú también estuviste ahí.  No ha habido “Tregua”más que la pintada.

Partimos de un punto, damos la vuelta, la curva y aunque podríamos seguir indefinidamente, paramos y desandamos el espiral.

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