Estados Unidos quiere retomar el Sur

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CLARIDAD

 El doctor en geopolítica Carlos Severino discutió las recientes tensiones libradas en la región

Hace unos días, el 24 de noviembre, el jefe del Estado Mayor de los Estados Unidos (EE. UU.), Dan Caine, visitó Puerto Rico y otros países de la región caribeña en medio de la tirantez que experimenta con Venezuela. Como consecuencia, portaaviones estadounidenses rondan las aguas limítrofes, equipos aéreos y marítimos rehabilitan las bases militares de la zona y un despliegue del poder militar ocupa todo el espacio posible.

El Gobierno de los EE. UU. justifica esta presencia por un supuesto régimen narcotraficante que opera desde Venezuela, bajo el mando de Nicolás Maduro. La postura ha desembocado en la explosión de una decena de embarcaciones que, según la explicación oficial, corresponde a la mitigación del narcotráfico.

No obstante, para el experto en Geografía y exrector del recinto de Río Piedras, Dr. Carlos Severino Valdés, la historia de esta tensión requiere un hilo conductor más amplio.

“La verdad es que el Caribe siempre ha sido un área de mucho interés geoestratégico para los Estados Unidos, por lo menos desde finales del siglo XIX. Luego de eso, ha tenido distintos vaivenes, distintas manifestaciones. Recordamos muy bien los trabajos de un geoestratega importante de la seguridad nacional de los Estados Unidos, (Nicholas) Spykman… al Caribe Spykman le llamó ‘el Mediterráneo americano’”, explicó.

 

Y como el Mediterráneo, agregó, el Caribe comparte varios rasgos geopolíticos comunes. El exrector del primer centro docente del país lo describió como “una gigante bahía” que conecta Suramérica y Norteamérica. El académico también reparó en que durante la época de Spykman, el siglo XIX, se implementó la conocida Doctrina Monroe, que mantuvo la intervención estadounidense en la política latinoamericana.

 

“La visión hegemónica de los Estados Unidos en el hemisferio americano, desde los Estados Unidos hasta el sur, siempre ha sido muy importante, y el corazón de ese dominio ha sido, precisamente, el Caribe… Lo que estamos viendo es una reedición de la importancia del Caribe”, comentó.

 

Asimismo, opinó que el operativo Lanza del Sur — anunciado el 14 de noviembre por el secretario de Guerra, Pete Hegseth— supone una declaración “no muy abierta” con la intención de que los EE. UU. pueda influir nuevamente en las políticas del continente. El Caribe, en ese sentido, sería “la punta de la lanza”.

 

“Creo que está dirigido fundamentalmente a frenar el avance grande que han tenido, en la región suramericana y el Caribe, tanto China y Rusia. Está dirigido a volver a afirmar que esa región le pertenece a Estados Unidos, como lo habían dicho tanto tiempo atrás. Claro, esto plantea unos problemas”, salvó el geógrafo.

 

El primer problema radica en que China ha logrado cimentar relaciones sólidas e inversiones cuantiosas en América Latina. La confluencia de todos estos intereses, a su juicio, desluce la narrativa de que los EE. UU. quiera derrocar un narcorégimen en Venezuela.

 

“Esa narrativa no es creíble. Tiene muchas fisuras, tiene muchas fracturas, porque el discurso del narcotráfico ha estado presente por años, y ha sido totalmente de guerra contra el narcotráfico, y ha sido infructuoso. Particularmente en Colombia, que ha sido el corazón de la producción y la exportación de cocaína, (los EE. UU.) tiene siete, ocho, nueve bases militares allí. Con eso no ha logrado lastimar el mercado de drogas en los Estados Unidos”, aclaró..

 

De acuerdo con el diario digital antioqueño Nación Paisa, en Colombia no existen bases militares oficiales de los Estados Unidos. No obstante, el país norteño sostiene una amplia presencia que incluye “asesoramiento, entrenamiento, mantenimiento de equipos, labores de inteligencia y apoyo logístico en operaciones antinarcóticos” en siete bases que, para algunas personas, llevan el apodo de “cuasibase”, según la página del medio.

 

Por otro lado, Severino Valdés lamentó los ataques “desgraciados” en contra de lanchas que navegaban por el mar Caribe. Estas faltas de soluciones relacionadas con el narcotráfico le confirman que “Lanza del Sur busca reposicionar los Estados Unidos en América Latina” y, además, acercar el país al petróleo venezolano. Aun así, el descarta una ofensiva militar estadounidense.

 

“No tengo dudas de que una acción militar, como un desembarco o un intento de invasión     —que dicho sea de paso, Estados Unidos no hace una en la región desde hace más de 40 años— tendría la posibilidad de alterar políticamente la región. Creo que en Colombia y Venezuela no es descabellado pensar que se podrían recrear nuevamente las fuerzas armadas que desisten… Estoy hablando de las guerrillas”, compartió el exdirector de la Facultad de Ciencias Sociales.

Tanto en Venezuela como en Colombia pudieran surgir grupos armados que se atrincheren y formen una edición nueva de la lucha armada. Esta idea, aunque especulativa, tampoco resulta “descabellada” para el doctor Valdés, que considera que los cambios políticos del siglo complican aún más la idea de una intervención en América del Sur.

El académico explicó que, en ese sentido, “Estados Unidos tiene un grupo de apoyo histórico en la región, que el epicentro ha sido Colombia en las últimas décadas. Colombia, bajo Petro, ha ido convirtiéndose en una piedra en el zapato. Otro país que también tenía una relación estrecha con los Estados Unidos antes de la revolución ciudadana era Ecuador, donde había una base militar en la isla de Manta”.

Entre otros países históricamente alineados con los intereses de EE. UU., destacó a Paraguay, Bolivia, Perú y la Guyana, país que actualmente tiene una disputa territorial con Venezuela. De hecho, este recordó la postura pública de la general Laura Richardson, antigua comandante del Comando Sur, quien declaraba que “Estados Unidos tenía intención de reposicionarse en América Latina”.

Posibles desenlaces ante la presencia militar

Para el Dr. Severino Valdés, cada día que pasa sin que los EE. UU. emprenda un operativo o algún desembarco en el territorio venezolano disminuye la posibilidad de que realmente suceda. Primero, aseguró, porque la milicia estadounidense no tiene la fuerza para incursionar por tierra en Venezuela, a pesar de guardar una ventaja aérea y marítima.

“Estados Unidos necesitaría, cuando menos, 150,000 efectivos para que haya esa invasión. Hablo de soldados, de infantes de Marina que puedan hacer el desembarco. Y la cantidad de acumulación de fuerza correspondiente a eso no es de las características de los barcos que están allí… Allí no están los barcos anfibios que realmente se usan allí”.

Por eso, la tensión pudiera acabar en un ataque “quirúrgico” que impacte pistas aéreas ilegales, centros logísticos o fábricas de drogas que sostengan la narrativa de la guerra contra el régimen narcotraficante. Empero, Severino estima más probable que el Gobierno de los EE. UU. entre, por presiones ciudadanas e internas del Estado, a sentarse a negociar con el Gobierno de Nicolás Maduro.

 

 

 

 

 

 

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