La fuerza de la resistencia

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El Departamento de la Reserva del Ejército de Estados Unidos en Puerto Rico realizó este miércoles, 7 de enero de 2026, una demostración de fuerza a gran escala con vehículos y gran cantidad de personal militar uniformado, en un aparente simulacro de lo que sería una movilización de «emergencia» de sus fuerzas estacionadas en nuestro país. El anuncio de los ejercicios militares fue hecho por el Teniente Coronel a cargo de la Reserva del Ejército estadounidense en Puerto Rico y El Caribe, y ampliamente divulgado por los medios de prensa.

Aunque el portavoz militar hizo énfasis en que dicho despliegue no está relacionado al ataque armado de Estados Unidos contra Venezuela, que culminó con el secuestro del presidente constitucional de dicho país, Nicolás Maduro y su esposa y compañera, Cilia Flores, está claro que lo que dijo no es cierto.

Primero, porque desde hace cerca de dos meses, Puerto Rico y las aguas del Caribe han sido ocupados y tomados por los ejércitos de Mar,Tierra y Aire del imperio estadounidense, en una ocupación nunca vista desde los tiempos de la Guerra Fría, cuando en pleno fragor de las hostilidades con la entonces  Unión Soviética las fuerzas armadas y de inteligencia imperiales campeaban por su respeto en nuestra región, y quitaban y ponían gobiernos a su antojo, extendiendo masivamente la persecución y represión hacia quienes consideraban obstáculos o enemigos de sus objetivos.

Fueron tiempos terribles aquellos, y muchas vidas fueron segadas  y destruidas por los crímenes de Estados Unidos. Pero, los imperios son los imperios: fuertes, atropellantes, crueles y rapaces, y arrasan todo a su paso. Solo que de antaño, y aunque parezca contradictorio, las peores acciones y traiciones trataban de ocultarse, de encubrirse. Se justificaban tras una alegada  «superioridad moral» o tras supuestas amenazas o provocaciones reales o fabricadas.

Pero ahora el imperio estadounidense se ha despojado totalmente de la careta. Es explayado, ostentoso, amenazante, descarado. Tiene el obvio objetivo de intimidar, crear caos, «shock» y un terror paralizante que detenga la respuesta defensiva rápida y quiebre la resistencia de quienes se interpongan en su camino.

Abiertamente se dirige a regresar a la era de la «superpotencia única», con todo el poderío que confiere una superioridad tecnológica y militar sin paralelos en esta parte del mundo.

El imperio estadounidense bajo Donald Trump ha adoptado una misión aún más expansiva que la de sus predecesores, y por tanto, más peligrosa: poner bajo su dominio a todo el hemisferio occidental, lo cual  es ruta de colisión con las convenciones, acuerdos y negociaciones dadas entre países y naciones, desde la segunda mitad del siglo veinte hasta nuestros días.

Los motivos son los mismos de siempre: acceso, apropiación y control de las riquezas y recursos de otros países para garantizar su hegemonía sobre cualquier otra nación del planeta. En el presente, hegemonía es sostener la primacía monetaria, y poseer y controlar las principales fuentes geo estratégicas de esta era: petróleo, gas y metales raros, materias primas esenciales para la producción de energía, y para el desarrollo y expansión de las industrias de defensa (armamentos) y la tecnología (incluyendo la inteligencia artificial)

La supuesta excusa de proteger a la población estadounidense de la escoria del narcotráfico y la adicción a estupefacientes es solo eso. Una excusa barata y falaz. Ya se confirmó lo que anticipamos en CLARIDAD: que no existe el llamado Cartel de los Soles que supuestamente dirigía el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, lo que desmonta el andamiaje de mentiras sobre el supuesto trasiego de drogas de Venezuela hacia Estados Unidos.

Pero la intervención armada y las exigencias sobre  Venezuela y su gobierno legítimo no son ni serán un hecho aislado. También se ha difamado y amenazado al presidente de Colombia,  la presidenta de México, y a los gobiernos de Cuba y Canadá, todas naciones soberanas de largo historial y logros, y se lanzan sobre Groenlandia, un territorio autónomo del reino de Dinamarca, que está en la mira para ser obtenido y ocupado  por Estados Unidos. Eso sería consumar una traición imperial a otro estado miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte ( OTAN), el supuesto «pacto defensivo» entre Europa y Estados Unidos, creado con el objetivo de mantener a raya a la entonces Unión Soviética, y ahora a Rusia y China.

Desde la conferencia de prensa sobre el ataque armado a Venezuela aún resuenan las palabras cínicas de Donald  Trump que resumen su visión de la política exterior y del poder de su país:  «Nosotros (Estados Unidos) estamos en el negocio de tener a nuestro alrededor países que son viables y exitosos, y donde se le permite al petróleo fluir libremente.»

Un mensaje similar, pero aún más burdo, fue expresado en entrevista con la cadena televisiva CNN, por el subjefe de personal de Casa Blanca y asesor principal del presidente Trump en política exterior, Stephen Miller, que así resumió los objetivos geopolíticos de Washington: «Vivimos en un mundo en el cual se puede hablar todo lo que se quiera sobre las lindezas debidas en asuntos internacionales, pero vivimos en el mundo real…que es gobernado con fortaleza, y mediante la fuerza y el poder. Esas son las leyes de hierro del mundo. Nosotros (Estados Unidos) somos una superpotencia, y bajo el presidente Trump, nos vamos a conducir como una superpotencia.» Y añadió: «Estados Unidos es la gran superpotencia de la OTAN. Y para que Estados Unidos pueda asegurar la región del Ártico, y defender a la OTAN y sus intereses, obviamente Groenlandia tiene que ser parte de Estados Unidos.»

Más claro no canta un gallo. Del Ártico a la Patagonia se extiende la ambición de dominio del imperio estadounidense. El Hemisferio Occidental completo es su objetivo. Y todos los países en ese recorrido, sus cielos y sus mares son fichas del tablero. Pero la ley de la Física es inexorable: la resistencia es lo único que puede detener la fuerza. Y la resistencia en todas sus formas ha sido siempre el arma ganadora de nuestros pueblos para burlar la fuerza bruta de un Imperio que quiere mantenernos sometidos y al margen de nuestra propia historia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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