La encarnación en lo artístico del nuevo Puerto Rico

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Reproducida de Democracy Now

 

Especial para En Rojo

Puerto Rico reorganiza con sus propias fuerzas endógenas un nuevo orden de su entropía política y sus concomitancias económicas que hoy lo abaten. Benito Antonio Martínez Ocasio (Bad Bunny) es, sin que él mismo lo sepa, parte del reordenamiento de la entropía en Puerto Rico.

Su presentación artística de un puertorriqueño, caribeño y latinoamericano en el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl en el Levi’s Stadium, en Santa Clara, California, es un hito histórico que coloca a Puerto Rico en una nueva dimensión. Redimensionar política, cultural y artísticamente a Puerto Rico desde Estados Unidos mediante un espectáculo de tal importancia es el aporte que ha hecho Bad Bunny a la reorganización de un nuevo orden que comienza a proyectarse de forma artística al mundo desde la entropía política, económica y social de Puerto Rico. Un nuevo orden, porque proyecta lo que es redimensionar la colonia de Puerto Rico y su diferenciación, étnica, idiomática y cultural frente al poder imperial de Estados Unidos desde su propia interioridad.

Esa transfiguración de Puerto Rico proyectada hoy artísticamente será mañana su nuevo orden político. De la entropía política de Puerto Rico va configurándose un nuevo orden que definirá su futuro. Porque la entropía siempre tiende a encontrar un equilibrio y una estabilidad dentro del caos que da forma al nuevo orden. Es lo que comienza a encontrar Puerto Rico dentro del nuevo Estados Unidos bajo la presidencia de Donald Trump.

Dentro de ese nuevo Estados Unidos reordenado distópicamente por Trump, Puerto Rico comienza a reposicionarse desde lo más íntimo de su espíritu con verdadera autenticidad en el Caribe y Latinoamérica, aunque persisten políticamente y mediante su sometimiento militar los rezagos y reminiscencias de su papel colonial en la región que siguen ensombreciendo su imagen.

El ya histórico rapero Martínez Ocasio abrió en el Super Bowl un espacio de luz que está disipando las sombras que han ensombrecido a Puerto Rico. Se alumbra un nuevo futuro para Puerto Rico. De un Puerto Rico auténtico que quedó plasmado para el mundo con el espectáculo de Bad Bunny en el medio tiempo del Super Bowl.

Así como la naturaleza y el cosmos buscan encontrar un orden desde la entropía, toda sociedad busca desde la entropía a través de la política encontrar, también, un orden. Y eso, precisamente, es a lo que apuntan los acontecimientos en Puerto Rico. Porque el fenómeno de Ban Bunny no debe verse como un caso aislado en Puerto Rico. Es parte de otras muchas incidencias concatenadas en la nación puertorriqueña últimamente.

Bad Bunny encarna en lo artístico al nuevo Puerto Rico. Ya a su tiempo Puerto Rico encontrará quien lo encarne políticamente. Lo que sí es un hecho es que la significación que hoy tiene para los puertorriqueños Bad Bunny representa la chispa de una transformación de la sociedad puertorriqueña que comienza a valorar y a apreciar la potenciación de sus capacidades. Que comienza a apreciar y a valorar sus potencialidades y de lo que es capaz cuando se lo propone y cuando los puertorriqueños tienen fe en sí mismos.

De adentro hacia afuera es el nuevo impulso de Puerto Rico.  Y no como la mentalidad colonialista había enseñado a los puertorriqueños a cómo aceptar el curso de las cosas bajo el complejo colonial de inferioridad, que había sido siempre de afuera hacia adentro. O sea, la sumisión de siempre esperar que lo exógeno conformara lo endógeno. Aceptar pasivamente la transculturación a través de una imposición abierta o subliminal de la cultura y costumbres anglosajonas provenientes de Estados Unidos y a aborrecer lo nuestro.

Ahora, para sorpresa de muchos, fue Puerto Rico el que se impuso en el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl anglosajón. La puertorriqueñidad abre sus capullos en flor en pleno Estados Unidos ante los ojos del mundo, pese a la oposición acérrima de Trump y de los ultranacionalistas del Make America Great Again (MAGA) que ven el espectáculo de Bad Bunny en el medio tiempo del Super Bowl como una ofensa de la hispanidad al hegemón estadounidense.

 

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