CLARIDAD
El sistema de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA) opera con una obsolescencia que afecta, hace décadas, a sus consumidores, como sucede ahora en San Juan. El andamiaje de distribución y transmisión luce casi igual al de 1983, sin corregir sus roturas o salideros, explicó el ex vicepresidente de la Junta de Planificación Félix Aponte Ortiz.
Los fallos de la infraestructura redundan en una pérdida aproximada del 50 % del agua que viaja por las tuberías, de acuerdo con el planificador. Por eso, agregó, las bajas en el agua transmitida también provocan reducciones en la presión que reciben los abonados. Aponte Ortiz comparó el estado de la estructura al de un sistema cardiovascular.
“Si uno tuviera una hemorragia en una vena, técnicamente la presión arterial se va a alterar. Y cuando uno tiene una hemorragia significativa, uno tiene que ir de emergencia a un cirujano cardiovascular para que repare… Esto es un sistema que hace tiempo requería un proceso de reemplazo estructural de ese aparato físico”, expresó el experto a CLARIDAD.
De ejemplo, mencionó el Superacueducto de la Costa Norte que transmite agua potable de Arecibo hacia la zona metropolitana. El proyecto, que le costó $585 millones al Estado, transporta el servicio cuales venas, arterias y capilares por el Lago Caonillas, en Utuado, luego Jayuya, Arecibo, y eventualmente Bayamón, donde se bombea hacia la capital. Empero, advirtió el experto, este “caudal” de agua del norte agravaría el problema de las roturas.
“Así ocurrió. Pronto llegó el Superacueducto a la zona metropolitana y las pérdidas físicas aumentaron. De paso, derrotó el supuesto objetivo de traer una oferta de agua adicional de 80 millones de galones diarios para atender cualquier sequía extrema. No era que suplantaba la oferta existente, sino que añadía una oferta y le daba un sistema de seguridad”, recordó.
Como exintegrante de la Junta de Planificación desde 2014 hasta 2020, Aponte Ortiz describió la inversión del tubo como un error, puesto que solo cargó más al sistema sin resolver los fallos existentes. Con relación a la política pública estatal, entiende que la AAA no está administrada por un “programa de reemplazo” sino por uno de “respuestas a roturas”.
“Se rompe un tubo y se sale de inmediato a reparar el tramo averiado, pero no se reemplaza la tubería”, aseveró.
Además, Aponte Ortiz añadió que estas bajas en el sistema de transmisión se suman a las que ocurren cuando la AAA toma agua cruda de las represas y las filtra en sus diversas plantas. Pero la pérdida económica, elaboró, se da cuando la agencia pierde el agua que ya potabiliza.
Problemas que superan la infraestructura
El planificador compartió que hay un aspecto de la gerencia de la AAA que “no tiene competencia profesional para administrar”. Recordando la situación del verano pasado, cuando la gobernadora designó a Carlos Pesquera coordinador especial de la AAA en medio de las averías que enfrentaba la zona metro, destacó que quedó evidenciada la “poca destreza” para abrir y cerrar válvulas de tuberías.
“Manejar esas válvulas, que son procesos manuales, físicos, requiere una destreza de que se abre una válvula y hay que cerrar parcialmente otra. No se pueden abrir las válvulas sin un razonamiento técnico, sin un entendimiento de la física mecánica que está ahí. Esa experiencia no está en la nueva gerencia de la Autoridad y va a tomar tiempo desarrollarla”, aseguró. Aponte Ortiz reparó, en cambio, que la región metropolitana estaba bajo la supervisión de un experimentado ingeniero: Roberto Martínez.
Por otro lado, resaltó la dependencia de la AAA con el sistema eléctrico. De acuerdo con Aponte Ortiz, las frecuentes interrupciones en el servicio energético comprometen los sistemas de bombeo. Con un apagón súbito, suceden los llamados “golpes de arietes” que presionan más las cañerías, rompiéndolas. El experto entiende que las averías en el servicio de agua pueden deberse a los continuos apagones eléctricos.
“Si hay más roturas cuando se bombean volúmenes grandes de agua, el punto más distante de bombeo va a tener dificultad con la presión para elevarse en la topografía, algunos metros sobre el nivel del mar. También en los edificios, a niveles de segundo piso en adelante, a menos que el edificio tenga su propio sistema de bombeo”, continuó.
El también profesor de la Universidad de Puerto Rico (UPR) indicó que la zona metropolitana, particularmente San Juan, se beneficia de tener agua almacenada en tanques elevados. De esa manera, un poco como los inodoros, la gravedad descarga el agua y la hace llegar adonde haga falta. Cuando hay averías eléctricas, estos tanques son clave para mover el agua de forma sustituta al bombeo.
“Inclusive, el proceso de desinfección del agua se completa en los tanques porque el agua, estando quieta, pasa por el proceso y luego sigue al punto de consumo. Los tanques no son cisternas que se tienen aparte para abrirse cuando no hay agua. Están integrados al sistema. En las noches, cuando hay menos demanda de agua, los sistemas podrían operar con el agua de los tanques y ahorrar energía eléctrica en la facturación”, dijo Aponte Ortiz vía telefónica.
Ninguna de estas consideraciones están contempladas por la administración de la AAA, arguyó el profesor.
Respecto al reciente nombramiento del ingeniero José Rivera Ortiz como director ejecutivo de la región metropolitana, admitió no conocer el trasfondo profesional del designado. Reconoció, no obstante, una politización que ha permeado en la gerencia de todas las agencias del gobierno, incluido Acueductos, y que se lucran de la gestión pública y de sus fondos.
“Doy el ejemplo de Doriel Pagán. Antes de ser presidenta (de la AAA), ella dirigió la región norte y trabajó desde todas las cosas básicas. Conocía la Autoridad, conocía el sistema y sus requerimientos de tratamientos… Cuando hablamos de rigor, conocimiento y experiencia, hace falta más que un ingeniero que sepa abrir y cerrar válvulas. Es entender el sistema y el servicio que se da. Yo siento una gran carencia de eso”, puntualizó Aponte Ortiz.
Las críticas del planificador coinciden, en parte, con las denuncias que hiciera la Unión Independiente Auténtica (UIA) con relación al nuevo plan de clasificación y retribución. Desde dos perspectivas distintas, ambos frentes advirtieron sobre un manejo que privilegia al individuo sobre la experiencia. Para el sindicato de los trabajadores de la AAA, la agencia no tenía intención de negociar.
“Tenemos la obligación de levantar la voz con firmeza, porque ya basta de menospreciar el trabajo de los empleados de la UIA, quienes sostienen las operaciones de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados. No estamos hablando de puestos cualquiera. Hablamos de trabajadores que enfrentan riesgos reales, que responden a emergencias y trabajan a cualquier hora, que cargan sobre sus hombros la responsabilidad de que el pueblo reciba un servicio esencial”, expresaron por escrito.
Los obreros declararon un paro de 24 horas que propició, la semana pasada, un diálogo para discutir la compensación de ciertos días y el plan en cuestión. Al cierre de esta edición, el presidente de la UIA, José Cajigas Romero, no respondió los acercamientos de este periódico.



