En Rojo
Este mes de marzo que siempre dedicamos a las forjadoras del pensamiento feminista y que celebramos los avances hacia la igualdad y la justicia—esos que a cada momento intentan arrebatarnos—revisitemos el personaje creado por Stieg Larsson (1954-2004) en sus tres famosas novelas y luego llevadas al cine como la trilogía sueca “The Millenium” y su versión estadounidense, The Girl with the Dragon Tattoo. ¿Y quién es Lisbeth Salander, este ser tan cautivante aún hoy después de la creación de su personaje en 2004 y del 2009 en cine? Es una joven—con un espíritu independiente—que ya en sus 20 ha pasado por los traumas de violencia familiar, abuso verbal y físico de su madre, violación y abuso sexual de su padre y luego de sus supuestos guardianes. Pero que también a su corta edad ha aprendido a manejar las redes para utilizarlas como armas de defensa y de ofensiva. Su colaboración con el periodista investigativo, Mikael Blomkvist, forjada en sus propios términos, es su liberación y humanización en este sistema social/legal/ cultural patriarcal. Incluyo una de mis reseñas de la trilogía sueca y otra de la versión en inglés del 2011. En Prime pueden ver el filme sueco como la serie “The Millenium”.
The Girl with the Dragon Tattoo (2009)
Director: Niels Arden Oplev; guionistas: Nicolaj Arce y Rasmus Heisterberg; autor: Stieg Larsson; cinematógrafos: Jens Fischer y Eric Kress; elenco: Michael Nyqvist, Noomi Rapace, Lena Endre, Peter Haber, Sven-Bertil Taube, Peter Andersson, Ingvar Hirdwall, Marika Lagercrantz, Björn Granath, Ewa Fröling, Michalis Koutsogiannakis.
Al igual que hice en mi reseña de Perfume (2006), admito no haber leído la novela de Stieg Larsson, aunque ambos libros han sido celebrados por críticos y lectores y por supuesto su comparación a su versión fílmica es inevitable. Tengo la ventaja de que todo es un misterio para mí y debo adentrarme al mundo de Mikael Blomkvist, un periodista investigativo que descubre toda una serie de conexiones en los negocios y vida de un poderoso financiero, pero cuya evidencia desaparece cuando se le piden pruebas para sostener su versión de los hechos. Se da un juicio por libelo que pierde y tiene que cumplir años de cárcel, aunque queda libre por seis meses para poner sus asuntos en orden. A pesar de haber salido culpable, lo buscan para aclarar una desaparición de hace cuarenta años, la sobrina preferida de un soltero millonario ahora en sus 80 que quiere saber la verdad y así morir tranquilo. ¿Y dónde está la joven con el tatuaje de dragón? Pues casi como una sombra–cubierta toda de negro, pelo negro, sombra negra–aparece una joven que apenas habla, nunca sonríe, parece odiar al mundo y no aguanta que nadie la restrinja. Es ella con su asombrosa capacidad de acceder a todo tipo de información en el ciberespacio la que investiga a Blomkvist para darle el “clearance” que necesita para ser contratado por Martin Vanger.
Esta primera conexión que Blomkvist desconoce dará paso a un encuentro de los dos que se convertirá en una asociación de trabajo investigativo para descubrir secretos de familia y un pasado histórico lleno de racismo, superioridad de las razas y misoginia. Fascinante. Es difícil conservar en un filme de dos horas y media de duración todas las tramas secundarias y detalles de un libro de más de mil páginas, pero, aunque no le dedica tanto espacio y tiempo, en el filme también se incluye las particularidades del sistema judicial y penal de Suecia, el sistema patriarcal de disciplina férrea (presente en todos los filmes de Ingmar Bergman) y el sadismo sexual brutal de los que creen estar por encima de la ley y su explotación de los marginados silenciados. El filme sin duda me ha motivado a leer ésta y las otras dos novelas de Stieg Larsson.
The Girl with the Dragon Tattoo (2011)
Director: David Fincher; guionista: Steven Zaillian; autor: Stieg Larsson; cinematógrafo: Jeff Cronenweth; elenco: Daniel Craig, Rooney Mara, Christopher Plummer, Stellan Skarsgard, Yorick van Wageningen, Steven Berkoff, Robin Wright, Joely Richardson, Geraldine James.
Solamente a Hollywood se le ocurre hacer una nueva versión fílmica tan cerca de la original sueca, que fue tan solo hace 2 años, especialmente riesgoso porque conserva la misma geografía, ese lugar distante que hay que explicar a un público norteamericano. Pero para asegurarse una buena taquilla utilizaron la popularidad de las traducciones de las novelas de Stieg Larsson, la violencia que comentan los lectores y espectadores de la versión original, el ambiente frío, desolado y misterioso de los campos invernales similares a los de Minnesota en Fargo, y la gran aceptación del público general de narrativas detectivescas. Añaden a esto la presencia cautivante de Daniel Craig y la lookalike con la magia del maquillaje de la Lisbeth Salander del libro y de Noomi Rapace del filme sueco.
Craig no es Michael Nyqvist (el ahora villano de Mission Impossible) pero es un buen Mikael Blomkvist por su cara ajada como alguien que ha recibido muchos golpes emocionales y físicos en su vida y que sigue adelante por sus convicciones. Rooney Mara es una Lisbeth aceptable pero no tiene el cuerpo tensor y los tatuajes que arropan y hasta protegen a la actriz sueca. Sí se le ha prestado mucha atención a los detalles de ambientación y la selección de los otros personajes que parecen sacados de las novelas de Larsson. Las historias individuales de los personajes se mantienen aparte al principio y al final, pero en el resto de la trama se entrecruzan, aunque ni Mikael y Lisbeth conocen la intimidad de su socio de trabajo. Conocen solamente lo que la prensa publica y lo que ambos encuentran navegando por la red, o en el caso de Lisbeth, hackeando/pirateando. Por eso la labor detectivesca se da a varios niveles: para la familia Vanger es la biografía de Henrik, para Mikael y Lisbeth la desaparición y posible asesinato de Harriet Vanger, para Mikael evidencia nueva y validada de los negocios de Hans-Erik Wennerström, para Lisbeth neutralizar (y si fuera posible castrar) cualquier amenaza física y conseguir independizarse económicamente para poder adueñarse de su espacio y cuidar de su persona, la de su madre y su anterior custodio.
No importa si es la versión sueca o estadounidense la violencia está presente en todo momento ya sea como amenaza o realizada. El título original del libro es precisamente Los hombres que odian a las mujeres porque la violencia se dirige a los que se perciben como objetos sexuales y propiedad ya sea del Estado o de la santificada familia. Mientras en el filme sueco Lisbeth es mucho más despegada emocionalmente, aquí se acerca más a la novela en un final que pone a prueba la aparente frialdad de la joven. En las escenas gráficas de violencia sexual, los suecos le llevan la delantera.



