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NaciÓN

Sabroso homenaje de la Filarmónica al Gran Combo

 

En Rojo

Tercera y última llamada. De todas partes, decenas de personas se ubican apresuradamente en lo que el telón devela un ejército de instrumentos. El maestro Isidro Infante manipula la banda como un titiritero con su marioneta. Violines, violonchelos, trombones, tubas, trompetas y toda suerte de percusiones despuntaron, sin reparos ni exordios, un medley que integró Un verano en Nueva York, Ojitos chinos y otros éxitos de los Mulatos del Sabor. Y la gente, a la suerte y el son de las butacas, respondía extasiada en una rumba contenida. Coreaban Brujería totalmente arrobados por los timbales y el cencerro. Había, en aquel deleite cantor, una añoranza por las voces de Andy Monañez, Charlie Aponte y Pellín Rodríguez. Y era apenas el comienzo.

Próxima a cumplir 75 años, la Orquesta Filarmónica Arturo Somohano rindió, el pasado 23 de mayo, un homenaje al Gran Combo de Puerto Rico con el evento “Jala Jala El Combo Filarmónico”. La agrupación interpretó una variedad de éxitos clásicos de la Universidad de la Salsa desde el Centro de Bellas Artes, en Santurce.

Tres jóvenes aparecieron, al inicio de El menú, con aires pizpiretos cuales cantantes del Combo. Eran los vocalistas de la Orquesta Otra Nota. Bailaban y saltaban como lagartijos embrujados por un hechizo fiestero, y vestían gabanes negros con camisas blancas que solapaban el cuello del traje. Les siguieron, al ritmo de Ojitos chinos, seis mujeres ataviadas con kimonos asiáticos, tacones y abanicos de mano. Despliegue de glamour a lo carátula de elepé, de promoción cocola.

Rivera Nieves iba y venía entre canciones con su vellonera y letrero. Foto Por Christian Medina Rosado/Esprcial para CLARIDAD

De pronto, acomodado en un colmado-cafetín improvisado, el periodista Jorge Rivera Nieves apareció para saludar a la audiencia. Le acompañaba, desde el kiosko, una vellonera que infundía ánimos de sport bar. En cierta advertencia que le hiciera a sus hijas, el decano del periodismo intentó tomar por suyas las letras de Vagabundo. No quería que pasaran por mares tan profundos como los pasó él, como los pasó él. Vagabundas que no. Pero el público oyente rio porque, en aquel cónclave de soneros, no había una lírica que pasara desapercibida.

En Timbalero, las bailarinas regresaron con baquetas fosforescentes en mano. El timbalero de la noche, durante el conocido solo de la pieza, dio rienda suelta a la pasión percusionista. Y era más timbal, sí sí, era más timbal. Eso decía el sonero.

Foto por Christian Medina Rosado/Especial para CLARIDAD

“Es interesante la grandeza del Gran Combo, unido a la imaginación de Rafael Ithier, que seleccionó una canción que pudiera unir el sentido del humor con la memoria popular, eso que llaman en la actualidad pop culture. Algo único en el mundo de la salsa hasta el presente. De los siguientes temas que vamos a disfrutar, hay uno de ellos que es ejemplo claro de lo que estamos diciendo… Ithier tomó prestada una composición de Ramito (Flor Morales Ramos) y de ahí nació un clásico. Si usted estaba en la lista, ponle el sello, que tenía el dudoso honor de ser feo. Con F mayúscula”, recordó Rivera Nieves.

De esa lista, los muchachos nombraron a Myrta Silva, Ruth Fernández, Tito Puente, Yayo El Indio, Daniel Santos, a Machito, a La Lupe, Ismael Miranda, Celia Cruz y muchos feos más. En el fondo, como filo de navaja, la orquesta tensaba las cuerdas de los violines y soplaba las boquillas de los metales en un diálogo diáfano de blancas y negras. Y venían, luego, Martín Quiñones, Galileo, Ralph Mercado, Rafael Cortijo, Odilio González, Eddie Palmieri y José Antonio Salamán. Ninguno se pudo librar del sello de los feos.

Los cantantes de Otra Nota se sentaron después en tres mecedoras para no hacer ná y cantar de no hacer ná. Para Hojas blancas, los cuatro monitores del espectáculo proyectaron las caras y los nombres de Pellín Rodríguez, Eddie Pérez, Papo Rosario, Willie Sotelo, Martín Quiñones, Edgardo Morales, Elías Lopés, Kito Vélez, Roberto Roena y Rafael Ithier. Todos integrantes del Combo cuyas empresas rumberas descansan allende el sonido.

La Filarmónica hace esta índole de homenajes a menudo. Lo ha hecho con Bad Bunny, Yandel y lo hará con Michael Jackson a principios de junio. En medio del espectáculo, Isidro Infante anunció la dedicatoria que le harán a la Guarachera Mayor, Celia Cruz, el próximo 15 de agosto.

Al rato, cuando despuntó Caballo pelotero, uno de los intérpretes llegó al escenario a caballito de palo. Y era el caballo ballo que jugaba béisbol y botaba la bola. Rivera Nieves iba y venía entre canciones con su vellonera y letrero. Anunciaba, entre otros asuntos, el modo reprochable en que Goyito Sabater quería a cierta mujer. Los cantantes relataban, por su parte, de los abuelitos gruñones y los suspiros de amores que componen la patria.

A las 10:51 de la noche, los músicos de la Orquesta Filarmónica recibieron una ovación de un minuto. Al filo de las 11:00, comenzó el Jala Jala. Las muchachas bailaban el Jala Jala, los muchachos bailaban el Jala Jala, Isidro Infante bailaba el Jala Jala, pero la audiencia tuvo que conformarse con la vistosa escena que cerró el evento. De ñapa, la Filarmónica adelantó la Navidad con La fiesta de Pilito y No hay cama pa’ tanta gente.