Este primer año de la segunda presidencia de Donald Trump y el Partido Republicano en Estados Unidos, y de la Gobernación de Jenniffer González y el Partido Nuevo Progresista ( PNP) en Puerto Rico será recordado como una terrible pesadilla por millones de personas allá y aquí. Tanto en Estados Unidos como en Puerto Rico, la decisión del electorado de concentrar la gobernanza en uno solo de los partidos ha traído consecuencias funestas para amplios sectores de ambas poblaciones.
En Estados Unidos, el gobierno de Trump ha trastocado la gobernanza como un maremoto desdibuja las costas y playas del entorno que impacta. Trastoque de agencias, como el Departamento de Educación o FEMA, recortes significativos de empleados en el Gobierno Federal, reducción de fondos para programas de bienestar social, y la persecución selectiva de grupos e individuos que son considerados «enemigos» de la actual administración o del movimiento Make America Great Again ( MAGA), son solo los más notables hacia lo interno, además de la implantación arbitraria de un sistema de tarifas comerciales que ha virado patas arriba la economía y disparado la inflación y el costo de vida de la familia estadounidense promedio .
La ofensiva cuasi militar en las fronteras y una política dirigida a la expulsión y deportación de minorías no blancas de Estados Unidos, está teniendo terribles consecuencias en la persecución étnica y la separación forzada de familias y comunidades, lo cual la convierte en -quizás- la política más cruel e inhumana del gobierno de Donald Trump.
Por eso, la noticia publicada esta semana sobre el gran crecimiento económico de Estados Unidos durante este año, esconde lo más importante: que ha sido un año estelar para los grandes millonarios, amigos y donantes de Trump, principalmente los conglomerados de la tecnología, las comunicaciones y el comercio, y también para las industrias del gas natural, el petróleo y los armamentos, y para Wall Street y los grandes bancos e instituciones financieras. Del otro lado de la moneda, ha sido una pesadilla para los millones de estadounidenses que viven de mes a mes porque, aún teniendo dos o tres trabajos, no pueden con el alza en el costo de bienes básicos como vivienda, servicios médicos, transporte y alimentos, entre otros. Es también una pesadilla cruel en extremo para los millones de inmigrantes, que trabajan de sol a sol, y aún viven en ese país, con el miedo a ser deportados en cualquier momento y bajo cualquier pretexto.
En política exterior, el desastre está a la vista. Gaza y toda Palestina siguen masacradas impunemente por el sionismo impenitente. Ucrania está hecha pedazos. Se han abierto frentes de guerra en Nigeria e Irán, y ha » resucitado» el espectro del llamado Estado Islámico ( ISIS), que pretende justificar cualquier posible amenaza o intervención de la milicia de Estados Unidos en países y territorios de mayoría Islámica.
A nuestra región de América Latina y el Caribe, la administración Trump le vuelve a recordar su condición de patio trasero imperial, re adoptando sin pudor la intervencionista «doctrina Monroe», que no es otra cosa que una «patente de corsario» para el saqueo de recursos y la extracción de riquezas de nuestros países por el imperialismo estadounidense. Del resultado del actual conflicto con Venezuela dependerá si los gobiernos de nuestra región sucumben a los chantajes y amenazas de EstadosUnidos, o se defienden y resisten.
En Puerto Rico, nuestro pueblo vive también bajo el asedio de la gobernanza unilateral de la cepa más recalcitrante, servil y colonizada del anexionismo colonial boricua, hoy en control del PNP y de la gobernanza, como si Puerto Rico fuese su finca privada y los derechos y reclamos de las minorías y otros sectores discriminados y marginados, fuesen basura que se tira a un zafacón. Ese ha sido el clima de este primer año del cuatrienio de gobierno de Jenniffer González y el PNP, donde nuestro país ha retrocedido en derechos y conquistas que ya se pensaban superados. Las mujeres han perdido poder sobre sus derechos reproductivos y los inmigrantes han sufrido la traición de la colaboración de este gobierno con las políticas antiinmigrante de la administración Trump. La transparencia en la gestión pública ha recibido varios golpes, no solo porque se legisló para obstruir marcadamente los reclamos de información sobre la gestión gubernamental, sino también por intentar «normalizar» la toma de decisiones en cuartos oscuros, y contraria a la opinión de expertos y de las comunidades afectadas, sobre proyectos que conllevan destrucción de recursos naturales y edificados, violación de reglamentos y políticas públicas, sustitución poblacional y desplazamiento.
Como colonia supeditada al Congreso y al Presidente de Estados Unidos, se ha remilitarizado nuestro archipiélago, colocando a Puerto Rico nuevamente en medio de un conflicto armado del que no somos ni queremos ser parte. También se nos ha impuesto desde el Congreso la intervención asfixiante de una Junta de Control Fiscal, nombrada para organizar la restructuración de nuestra deuda pública, y convertida, junto a asesores y contratistas, en un parásito «chupa sangre» de nuestro pueblo. Si a eso se le añaden el desgaste de las figuras políticas del bipartidismo colonial, la inercia y pobre ejecución en la gestión gubernamental, la incontrolable crisis energética, el asalto al código electoral, y la brecha enorme que se observa entre los reclamos del pueblo y la claque que gobierna para sí misma, tenemos el cuadro tétrico de un Imperio y su colonia que provocan pesadillas.
Pero el pueblo puertorriqueño es un hueso difícil de roer. Acostumbrado a vencer con su resistencia y perseverancia, lo mejor de ese pueblo sigue adelante, labrando su propio camino y un futuro distinto para esta Patria de todos y todas.
Los signos se ven por todas partes. En la música que se disfruta y se baila. En los libros que se escriben en español, nuestro idioma común. En la expresión auténtica del carácter y la sensibilidad boricua en toda nuestra creación artística y cultural. En las pequeñas victorias, cuando los nuestros trascienden y la Patria se expone al mundo y el mundo a nosotros. En el rechazo frontal que sondeo tras sondeo de opinión pública confrontan los políticos que, desde este gobierno de embuste, dicen representar a nuestro pueblo. Estos y muchos otros signos similares son la zapata sobre la cual construir la nueva fuerza social que se necesita para darle un vuelco a nuestra historia. Con esa confianza, desde CLARIDAD deseamos a toda nuestra gente un Año Nuevo feliz y lleno de energía, un alegre Día de Reyes y un propósito firme de buscar el cauce común que nos conduzca de la pesadilla a la esperanza.
¡Muchas Felicidades !



