Sobre el llamado » conflicto» entre Estados Unidos y Venezuela, sobran las teorías y abundan las especulaciones, mientras deliberadamente se siembran, desde distintos frentes, la mentira, la confusión y el miedo por las consecuencias que tal conflicto pueda suscitar para toda la región del Caribe y América Latina.
No es un secreto que la administración del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quiere revertir la historia de nuestros países y volver a los tiempos en que América Latina y el Caribe eran el patio trasero del gran Imperio del Norte. Añoran la época de las repúblicas bananeras, los gobiernos títeres, las dictaduras sangrientas y los pueblos empobrecidos, atrasados y dependientes, donde arrollaban a todos a su paso, y ponían y quitaban líderes y gobiernos a su antojo, de acuerdo a sus intereses del momento.
Con el crecimiento y expansión del capital, Estados Unidos siguió abriendo más frentes de conquista – Medio Oriente, África, Asia- y por varias décadas América Latina y el Caribe se les salieron del foco.
Hoy, derrotados en todos los escenarios de sus más recientes aventura bélicas, como las guerras de Iraq y Afganistán, y habiendo perdido toda fuerza moral como partícipes y sostenedores de las guerras en Gaza y Ucrania, desde el Washington de Donald Trump vuelven sus ojos nuevamente hacia nuestra región, y reinventan y manipulan las narrativas y motivos para justificar nuevas intervenciones que abran camino y mercados al complejo militar, industrial y financiero estadounidense en los países de América Latina y el Caribe. ¿ Y qué mejor excusa que reciclar con nuevo impulso la decaída Guerra contra las Drogas, una rémora del gobierno de Richard Nixon en 1971 que ha sido otro de los grandes fracasos en los que Estados Unidos se ha embarcado en los pasados 50 años?
Esto es lo que hacen hoy en torno a Venezuela, con la complicidad de los grandes medios de prensa de Estados Unidos y el mundo -todos adictos al poder y al capital de Estados Unidos- que les sirven de megáfono para la siembra de desinformación, falsedades y miedo.
La verdad que se esconde detrás de la histeria mediática es mucho más sencilla y pavorosa que todo el estruendo de cargueros, portaaviones y ejercicios tipo » Star Wars» qué encandilan a los noticiarios.
Sobre el tráfico de drogas ilegales desde Venezuela a Estados Unidos, un informe de la DEA, que es la agencia del gobierno de Estados Unidos encargada de combatir el trasiego y entrada de drogas al país afirma que Venezuela no figura en las listas de países productores de drogas ni con negocio a gran escala de tráfico de drogas. Dice también que entre los grupos asociados al tráfico de drogas no figura el llamado Cartel de los Soles, que supuestamente – según la » inteligencia» americana- comanda el presidente venezolano, Nicolás Maduro.
Por otro lado, no se ha hecho pública la evidencia de droga incautada en las embarcaciones atacadas por la milicia estadounidense en aguas cercanas a Venezuela, ni se han provisto señas de identidad ni detalles de los más de 100 fallecidos en dichos ataques.El gobierno de Trinidad/Tobago sí reclamó la muerte un pescador de su país en una de las embarcaciones.
En cuanto al supuesto apoyo a la movilización militar de Estados Unidos entre los países del Caribe, la información publicada apunta a que solo dos gobiernos del Caribe – República Dominicana y Trinidad/Tobago- han aceptado cooperar en la operación contra Venezuela. No es cierto tampoco que los puertorriqueños apoyan la remilitarizacion de Puerto Rico en función de los intereses de Estados Unidos en nuestra región. Una cosa es el apoyo dado por el gobierno colonial y otra es el sentir del pueblo que se opone a los ejercicios militares en su suelo y costas.
Hay otras verdades de las que nadie habla. Como por ejemplo, que es difícil de tragarse el cuento de la guerra contra el narcotráfico, cuando Trump acaba de indultar a un ex presidente de Honduras convicto junto a su hermano por conspirar para transportar 400 kilos de cocaína hacia Estados Unidos. Otra verdad irrefutable es que entra más droga de otros mercados a Estados Unidos que cualquier cantidad que pueda llegar desde Venezuela.
Otra mentira es que Trump cerró por su autoridad el espacio aéreo de Venezuela. Eso es solo una táctica de miedo, porque cada país soberano tiene el control y el poder exclusivo sobre su espacio aéreo, y para demostrarlo, justo antes del cierre de este editorial, Estados Unidos solicitó permiso y Venezuela autorizó el arribo a un aeropuerto de dicho país de un avión con migrantes nacionales de Venezuela deportados desde Estados Unidos.
Además, no es un secreto que Estados Unidos siempre ha perseguido controlar las inmensas reservas petroleras de Venezuela. Que quiere acceso también a los abundantes yacimientos de oro en suelo venezolano, y otros metales raros que son parte del patrimonio de la República Bolivariana.
Por último, tampoco es un secreto que Venezuela, junto a Nicaragua y Cuba, son los últimos obstáculos que tiene el gobierno de Estados Unidos a su afán expansionista y de control de los países de nuestra América, como por ejemplo de la táctica de intervenir en las elecciones de internas para imponer su voluntad, como lo hizo Trump en Argentina el mes pasado, y en Honduras este pasado domingo.
Como piedras en un zapato, Venezuela, Nicaragua y Cuba le incomodan, y por tanto son objetos de la furia e intransigencia del señor imperial que hoy habita la Casa Blanca por voluntad de más del 50 por ciento de los votantes de su país.
Como ya hemos afirmado antes, el imperialismo es un camaleón que cambia de ropaje en cada generación. Ayer fueron «las armas de destrucción masiva», hoy es » el narcotráfico». Mañana será otra fabricación porque, como los camaleones, los imperios viven del engaño.



