El mismo Benito, 31 funciones después

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Imagen de la funciónn #30. Foto Alina Luciano

 

De los doce meses del año, siete suman 31 días, cuatro solo tienen 30, y uno va y viene en años bisiestos. Hay, por consecuencia, meses que se sienten muy largos y otros que, en cambio, uno quisiera que duraran más. Como diciembre, que atina con sus 31 días de festividad; o noviembre, con sus escuetos 30 que no dan para tanto pavo y festejo.

Pero Bad Bunny, que hace lo que le da la gana desde que inició su carrera musical, encontró la forma de alargar un mes– o sea, 31 días– en un plazo de tres: julio, agosto y septiembre. Y como buen mes festivo al que no le rinden los días, al que le falta uno más para cerrar mejor, el Conejo Malo decidió extender su residencia artística, No me quiero ir de aquí, hasta colmar su calendario de espectáculos sin precedentes.

Para quienes no pudieron acudir al llamado, el equipo de producción del reguetonero organizó una colaboración con Amazon Music para transmitir la última función del concierto a través de Amazon Prime. Minutos antes de comenzar, aparecen anuncios de la empresa multinacional y sus trabajos caritativos en todo el globo. Justo antes de transmitir el concierto, un anuncio de Calvin Klein modeló a Benito Antonio Martínez Ocasio en calzoncillos, preguntando do you have your Calvins on? Y luego, el momento esperado.

“Dedicado a todos los Puertorriqueños y Puertorriqueñas en el Mundo Entero”, leían todas las pantallas durante los segundos que preludian el espectáculo. Como en todas las funciones, dos jóvenes iniciaban la noche rebuscando una cámara y unas percusiones extraviadas. Las encuentran, se alegran y todo se torna en una gran fiesta típica con aires de perreo intenso.

Y por excelentes que fueran las cámaras que filmaron el evento, que sobrevolaban las cabezas de los asistentes, ninguna lograba recoger el fragor de la noche, aquellos coros unísonos que bramaban ALAMBRE PúA, KETU TeCRé, La Santa, El Apagón, Weltita y otros conocidos éxitos del Conejo de Almirante. El primer invitado, Dei V, apareció en el techo de la casita rosada para cantar Veldá. Los segundos, Jowell y Randy junto a Ñengo Flow, revivieron la nostalgia de Hey Mister, Guayeteo, Perreo intenso y algunas colaboraciones con Bad Bunny como Safaera.

Foto de la función #30 por Alina Luciano

La transmisión tuvo, por así decir, dos ventajas. La primera: cada persona sintonizada pudo apreciar el cortometraje de Jacobo Morales y Concho con mayor atención y calidad de sonido. Así, el efecto nostálgico pudo alcanzar a más personas. La segunda: las muecas, los dejos, los errores y los pasos de los intérpretes cobraron, en ciertas tomas, aires cinematográficos. Como la cifra que vistió Ñengo Flow como recordatorio de las 4,645 personas que, ocho años antes en ese mismo día, perecieron a causa del huracán María.

La noche estaba llena de exhortaciones como “Debí tirar más fotos es eso: disfrutar el momento. Y a veces, irónicamente, pa’ eso, debemos olvidarnos de tomar más fotos, o grabar… Yo quisiera que, en este momento, todo el que se atreva guarde su teléfono… Yo le invito a que viva este momento, esta noche que no se va a volver a repetir”.

La ñapa de la residencia continuó con Los Pleneros de la Cresta y temas como Ábreme paso y el éxito del año Café con ron. Al rato, cuando Bad Bunny desapareció, los pleneros mantuvieron el ánimo hasta que, desde la otra tarima, el Conejo salió uniformado de jíbaro junto a Los Sobrinos, quienes tocaron Baile inolvidable, Callaíta en salsa y, más al final, Lo que le pasó a Hawái.

Antes del coro culminante de Yo soy de P FKN R, la noche sorprendió a los oyentes con la visita de Marc Anthony y el éxito– cuasihimno– Preciosa. Y desde allí, desde una de dos tarimas auspiciadas por Amazon, T-Mobile y Coca-Cola, ambos artistas cantaron del fiero cantío del indio bravío y los hijos de la libertad que llaman preciosa a su patria.

Al final, al igual que durante todo el evento, Benito agradeció a cada una de las personas que han seguido su carrera, y juró que los éxitos no afectan ni cambian a aquel joven que nunca se habría ido de aquí. Luego de 31 funciones– un mes dividido en tres de puro perreo–, Benito juraba ser el mismo frente a cada una de las personas que lo siguieron durante esta residencia artística, primera y única de esta índole en el país.

 

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