Mientras Puerto Rico celebraba a Bad Bunny entre el Grammy y el Super Bowl, el país colapsaba con la precisión de un medio tiempo perfectamente ensayado. Sin agua potable, con un ambientalista asesinado y absuelto su agresor, con la universidad pública secuestrada y las playas listas para privatizarse. No fue una mala semana: fue una radiografía. El espectáculo cumplió su función histórica: hacer show mientras se llevan lo que es del país. Fue el medio tiempo perfecto del Pan y circo, versión streaming, cortesía del PNP.
Entre el Grammy y el Super-Bowl: el medio tiempo perfecto
Todo esto ocurrió en la misma semana en que Bad Bunny ganó un Grammy y el país se prepara para verlo como figura central del Super Bowl. Mientras el país celebraba, el colapso avanzaba. No es culpa de Benito; es la función del espectáculo maripilesco de la Jenniffer González y su partido. El brillo distrae, anestesia, suspende la indignación. La JGo, y la legislatura con su Pan y circo en versión streaming: conciertos, hoteles, promesas de grandeza, mientras el país aprende a vivir sin agua, sin justicia y sin futuro compartido.
Agua en Puerto Rico: un derecho convertido en lujo
En Puerto Rico, el agua potable ya no es un derecho: es un privilegio intermitente. Hace unos meses, la rotura del Superacueducto dejó a sectores enteros de San Juan, Bayamón, Carolina y Guaynabo secos durante días, confirmando lo que muchos sospechaban: esta crisis no es accidental, es estructural. Años de negligencia, impunidad administrativa y abandono deliberado convirtieron la infraestructura en una ruina predecible. Que la principal planta de filtración operara desde 2020 con cuatro filtros menos no es un error técnico, es una decisión política sostenida en el tiempo y, por ello, esta semana colapsó.
La respuesta del gobierno fue una coreografía conocida: comunicados confusos, promesas huecas y ningún plan real. Mientras la gente hace fila por un “chorrito” de agua, la gobernadora prefirió crear comités y nombrar coordinadores reciclados del PNP. El mensaje fue diáfano: la sed del país no amerita responsabilidad, solo manejo de imagen. El agua pasó de ser un bien común a un lujo administrado desde la incompetencia.
Justicia en entredicho: el caso Viqueira
La absolución del acusado por el asesinato del biólogo y ambientalista Roberto Viqueira Ríos confirmó que en Puerto Rico la justicia también se raciona. Viqueira fue asesinado tras años de denunciar daños ambientales; el tribunal resolvió que el problema no fue el crimen, sino que la víctima “se tomó la justicia por mano propia”. El fallo absolvió al acusado y culpabilizó simbólicamente al asesinado. Para el juez Ángel Llavona Folguerz, Eduardo Meléndez Velázquez asesinó a Viqueira en defensa propia.
El streaming de la escena fue brutal. La viuda reclamando que nadie la escuchó; el juez dictando sentencia como quien cierra un trámite.
El mensaje fue devastador. En Puerto Rico, ni siquiera una vida dedicada al bien común merece justicia plena. Cuando el sistema normaliza la impunidad, no hay equidad posible, sólo desafección y miedo.
Universidad tomada por la política
La Universidad de Puerto Rico tampoco escapó al colapso de la semana. La presidencia de Zayira Jordán Conde, cuestionada desde su nombramiento, acumuló críticas por improvisación, falta de rumbo y desconexión total con la comunidad universitaria. Estudiantes y docentes lo dijeron sin rodeos: la universidad está paralizada.
La Junta de Gobierno intentó destituirla y falló por un voto. Lejos de leer la señal, el poder cerró filas. Jenniffer González nombró a Vanessa Santo Domingo —figura de confianza del PNP— para reforzar el control político de la Junta. Autonomía universitaria, mérito académico y diálogo quedaron fuera del salón. La UPR, históricamente motor de movilidad social, fue reducida a ficha partidista y a tener que tragarse la incompetencia, incapacidad e ineptitud de Jordán Conde.
Desarrollo a toda costa: turismo y ambiente en conflicto
Sin agua, sin justicia y con la universidad intervenida, el gobierno decidió apostar por lo de siempre: cemento y espectáculo. El proyecto del Hard Rock Hotel & Casino fue vendido como “desarrollo”, aunque consume agua que no existe y se levanta sobre costas ya vulnerables. A la vez, otros megaproyectos resurgen en Cabo Rojo y la costa sur, amenazando manglares, yacimientos y ecosistemas frágiles.
Para completar el cuadro, el PNP coquetea con redefinir legalmente la “playa” para achicar lo público y agrandar lo privado. En Puerto Rico, legalizar la ilegalidad, le llaman modernización. El desarrollo se persigue “a toda costa”, literalmente, expulsando la justicia ambiental del debate.
El abismo ya no es metáfora
El patrón es claro: mala gestión, control partidista y desprecio por lo que nos pertenece. Un país tropical sin agua; un ambientalista asesinado sin justicia; una universidad capturada; unas playas entregadas.
La justicia como equidad quedó fuera del proyecto de gobierno.
Lo que sigue es peligroso: normalizar el colapso. Pero también es el punto de quiebre. O se reorganiza la indignación en acción colectiva, o el “medio tiempo” se convierte en el acto final de un país administrado para pocos y agotado para todos. La pregunta ya no es si estamos en crisis. La pregunta es cuánto tiempo más aceptaremos vivir con el país aplaudiendo el espectáculo mientras nos quitan lo que es de todos. Porque todo medio tiempo termina. Y lo que viene después no siempre es un final feliz.


