Hay que erradicar el abuso contra la niñez

 

CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

Las agresiones sexuales contra menores es una conducta más frecuente de lo que las personas creen,  lo que sucede es que no se habla debido a la estigmatización que provoca ante el hecho de que en la mayoría de los casos los agresores son familiares como hermanastros, padrastros, padres biológicos, tíos y primos. Son familiares inmediatos.

“No podemos perder de perspectiva que, en el caso de los menores, son personas que se han ganado su confianza. De alguna manera u otra se acercan, ganan su confianza y luego entonces es que viene la agresión”, describe Lisdel Flores, directora de Casa Ruth, organización que ofrece albergue a mujeres sobrevivientes de violencia doméstica y mantiene el programa Equipo de Respuesta Ante la Agresión Sexual (ERAAS), que ofrece atención a menores de edad.

Como evidencia de la situación, indicó que en el 2021 en ERAAS atendieron  alrededor de 102 participantes.  Ahora en el 2022,  el 73 % de los casos atendidos son menores de 6 a 17 años, tanto niñas como niños.

“Cuando se habla de un menor, hay una familia, y  si se ve en un contexto del hogar, si fue el padre y yo, madre, no sabía, tienes unos sentimientos  de culpa,  te preguntas dónde yo estaba, qué paso. En el caso de que la madre sepa, va a tapar la negligencia”, expone Flores sobre la reacción, ya sea de la madre o persona cuidadora del menor, al descubrirse la situación.  Agregó que también está el estigma de la sociedad. Puso por ejemplo el caso recién divulgado de la menor de 13 años abusada y embarazada por su padrastro. En ese sentido, comentó que esa  niña  dejó de llamarse por su nombre y ahora donde quiera que alguien la vea, se va a referir a lo sucedido, por lo que perdió su identidad.

“Los familiares, en un contexto normal, se avergüenza porque es un tema del cual no se habla. Hay mucho estigma. No solo está la vergüenza, están los sentimientos de culpa y, ciertamente, la persona está manejando un sinfín de emociones dentro de ese contexto familiar, que no permite que se alleguen a recibir servicios”.

Añadió que la  mayoría de las querellas por abuso sexual que hay en la Policía son de menores. Flores observó que en comunidades donde hay muchas familias emparentados los casos de incesto son más frecuentes de lo que se habla y no se contabilizan porque no se habla. “Me choca pensar que al 2022, con tantos servicios disponibles, no se puede apalabrar porque no enseñamos o educamos a nuestros hijos a decir cuándo está recibiendo una conducta que les incomoda. Esto es algo que se debe sentar a hablar con los hijos, y hay familias que simplemente no lo hablan y esperan que lo haga la escuela, y hay escuelas que ni siquiera lo están tocando”.

Por ejemplo, expuso que un menor que hace bullying en la escuela, suelen encajonarlo como un problema de conducta,  pero los menores no nacen con conducta de  bullying. Hay que ver qué está sucediendo en el hogar. Y su conducta,  probablemente, es  algo que ese menor está gritando necesito ayuda y la única manera que  puede expresarlo es haciendo alguna conducta que llame la atención.  No se sabe cuántos de esos menores han sido tocados.

“Es bien complejo, no estamos avanzando con el tema y ni tan siquiera lo estamos atendiendo de la manera adecuada. Ni una respuesta articulada desde el gobierno para atenderlo; ni del gobierno, ni de la comunidad”.

El programa ERRAS ofrece servicios  psicológicos, consejería y acompañamiento, tanto al menor como a los padres o encargados cuidadores. Dependiendo de la etapa en que esté el proceso legal, si es que hay, se atiende. Flores explicó que han tenido casos de menores que han sido víctimas que ya han pasado el proceso legal, pero no se atendió la parte emocional. En el caso de aquellos que están en una etapa temprana, es decir, en pleno proceso de investigación, de citas con fiscalía, todo el entorno legal se trabaja con el menor y los cuidadores directos del menor.

Observó que a veces se olvida que el cuidador es importante dentro del proceso, ya que este  necesita entender y manejar sus  propias emociones a la vez que los cambios emocionales del niño o niña abusado. Ya sea la madre, el padre, cuidador, la persona a cargo del menor tiene que desarrollar mecanismos de apoyo de cómo ayudar al menor.

La directora de Casa Ruth lamentó que la mayoría de los casos de abuso sexual no llegan a convicción. “Son horribles”  porque el proceso es demasiado de duro tanto para el menor como para los cuidadores, o padres o madres que están enfrentando el proceso. “Es muy fuerte, a veces en medio del proceso se preguntan si sigo con esto o me dedico a trabajar  la parte emocional del menor y me olvido del agresor”. En esa parte,  la experiencia del programa es que en su mayoría, cuando han sido  los padres que acuden en busca de servicio, no abandonan el tratamiento.

Flores exhortó a las víctimas de violencia doméstica o agresión sexual a que busquen ayuda.  “Siempre es mejor pasar estos procesos acompañados que solos”.  Indicó que tanto en Casa Ruth como en otras organizaciones no gubernamentales hay la disponibilidad de servicios y la  sensibilidad para atender a las víctimas.

“Es muy importante educar, no solo a través del sistema educativo, sino todo el sistema. No hay forma de trabajar esto si no es a través de la educación y prevención”.

 

 

 

Artículo anteriorLa niñez con discapacidad funcional merece una mejor atención
Artículo siguienteEl desplazamiento poblacional en Puerto Rico, tema del próximo Conversatorio de CLARIDAD