Especial para En Rojo
La guerra de Estados Unidos contra Irán está teniendo un costo económico en gastos militares y en pérdidas humanas de su personal castrense que ya le está pasando factura al presidente Donald Trump.
El gasto militar estimado de Estados Unidos, sin incluir el de Israel, en la «Operación Epic Fury» ha escalado rápidamente, alcanzando aproximadamente 3,700 millones de dólares en sus primeras 100 horas de combate activo, según analistas y centros de estudios. Esto excluye el costo económico al ciudadano estadounidense por el efecto inflacionario en los precios al combustible, que se refleja en los precios de los artículos de consumo y alimentos a causa del cierre del Estrecho de Ormuz.
Promediado el gasto militar diario, su estimado es de más de 890 millones de dólares. Un gasto militar que lo termina pagando el contribuyente estadounidense.
El despliegue previo en la movilización inicial al ataque (movimiento de barcos y activos regionales) tuvo un costo base de 630 millones de dólares. Tan sólo el primer día de la ofensiva aérea y naval supuso un gasto de 779 millones de dólares.
Mantener un grupo de ataque de portaaviones cuesta aproximadamente 6.5 millones de dólares diarios; con dos grupos desplegados, el costo sube a 13 millones.En las misiones aéreas, las salidas de cazas (F-18, F-35, etc.) y bombardeos iniciales sumaron unos 271 millones de dólares en horas de vuelo y mantenimiento.
El uso intensivo de interceptores de misiles (como los Patriot o SM-6) es uno de los factores que más eleva el presupuesto debido al alto costo por unidad. Expertos fiscales de la Universidad de Pensilvania estiman que un conflicto de 60 días podría costar entre 40,000 y 95,000 millones de dólares, dependiendo de si se envían tropas terrestres.
Hay hasta el momento un límite presupuestario para este conflicto bélico. El Pentágono cuenta con un presupuesto de defensa para el año fiscal 2026 de aproximadamente 839 mil millones de dólares, dentro del cual se están absorbiendo estos gastos extraordinarios por ahora.
En término del costo de vidas de su personal militar, la cifra es mucho mayor de la que se ha admitido y reconocido hasta el momento. Podrían ser ya cientos el número de bajas habidas. Es lo que aseguran las autoridades iraníes.
La contratación de la firma Joint Technology Solution por el Pentágono retrata que la magnitud del problema con el número de bajas de efectivos militares estadounidenses es mayor al reconocido. La empresa ha sido contrariada para recibir, inventariar, clasificar, fotografiar, procesar y hacer entrega a familiares más cercanos de los objetos y pertenencias personales de personal militar caído o herido gravemente en combate. Si las bajas y heridos fueran tan pocas como Estados Unidos admite, no hubiera necesidad de la contratación de esa empresa.
Es lógico pensar que los efectivos castrenses estadounidenses caídos y heridos gravemente son muchos más de lo reconocido hasta ahora, tomando en consideración los ataques efectivos con misiles y drones por parte de Irán a bases militares en Bahréin, Kuwait, Qatar, Jordania y Emiratos Árabes Unidos. En el caso de la base militar estadounidense en Irak, el ataque fue hecho por la guerra proxy que sustenta Irán en ese país.
La respuesta bélica de Irán ha sido más efectiva y prolongada de lo esperado por Estados Unidos e Israel con misiles y drones de bajo coste para saturar los sistemas de defensa aérea. Sus ataques de precisión no únicamente han sido efectivos, destruyendo y causando daños significativos a bases militares de Estados Unidos, sino con la destrucción de radares estratégicos estadounidenses en la región.
Irán, estremecida con la pérdida de quien fuera su máximo líder, el Ayatollah Alí Jamenei, y otros miembros importantes de su cúpula militar durante el primer bombardeo de Estados Unidos e Israel, y que sigue siendo objeto de intensos y destructivos ataques aéreos, no ha sido todavía derrotada ni subyugada, como tampoco su gobierno descabezado. Está burlando la llamada Cúpula de Hierro y los demás sistemas de defensa aérea de Israel, el principal aliado de Estados Unidos en la región, y país que llevó a la nación estadounidense a esta guerra. Su capital, Tel Aviv, y otras de sus importantes ciudades han sufrido una gran destrucción, y blancos clave de sus instituciones de defensa e inteligencia política y militar han sido devastados.
El presidente estadounidense Donald Trump y el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, están quedando muy mal parados políticamente en medio de este conflicto bélico que se ha prolongado más de lo esperado por ellos.



