¿Qué aprendimos los marxistas de la Semana Santa y viceversa?

 

 

Fernando Arce

Aprendí de la Semana Santa varias cosas. Lo primero, a sentir miedo. Luego, a aprender relatos sobre la salvación como un sacrificio. No tiene por qué ser así para todos los que se criaron en ambientes católicos o de otras denominaciones cristianas.

Digamos que hay algunos pasajes centrales:

Mateo 26:26-28**: «Y mientras comían, tomó Jesús el pan; y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.»

Juan 3:16: «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.»

Lucas 23:33-34: «Y cuando llegaron al lugar llamado de la Calavera, allí le crucificaron, y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.»

Mateo 28:5-6: «Pero el ángel respondió y dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado, como dijo.»

Isaías 53:5: «Mas él herido fue por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.»

Estas son apenas cinco citas que reflejan y resumen los eventos clave de la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Ahora bien, ¿cómo esto puede ser pertinente para el no creyente? Más aún, ¿cómo esto puede ser relevante para un marxista?

A fin de cuentas, el marxismo es una filosofía. ¿No es eso el materialismo dialéctico? Ahí están las obras de Engels: Anti Dühring y Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemanay  Razón y revolución  que sirvieron para que un católico cultural como yo,  clarificara la posición filosófica del marxismo con relación a la religión.

Ya sabemos. Desde una perspectiva marxista, la religión es a menudo vista como «el opio del pueblo», una herramienta que puede ser utilizada para justificar la opresión y desviar la atención de las luchas sociales y económicas. Para un marxista, la Semana Santa podría representar la perpetuación de valores que le restan validez a la acción revolucionaria.

Sin embargo, a partir de la crítica a la religión, un estudioso del marxismo podría analizar la Semana Santa como un fenómeno cultural que refleja las dinámicas de clase y poder en la sociedad. La forma en que se celebra puede revelar desigualdades sociales y la resistencia de las comunidades.

Por otro lado, también puede ser vista como un momento de reflexión sobre el sufrimiento y la resistencia. Los relatos de sacrificio y redención pueden resonar con luchas sociales y políticas, sirviendo como una metáfora para la lucha de clases y la búsqueda de justicia.

En algunos contextos, las celebraciones religiosas pueden estar ligadas a movimientos políticos y sociales. Un marxista podría estudiar cómo la Semana Santa se utiliza en discursos políticos, tanto para movilizar a las masas como para mantener el status quo. Así que, más que un momento para lanzar diatribas, la Semana Santa puede ser objeto de análisis crítico, cultural y político destacando la complejidad de las relaciones entre religión, poder y lucha social.

 

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