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LA EDUCACIóN EN BETANCES

Hay una carta de Betances, fechada en Puerto Plata, el 25 de mayo de 1875, y dirgida a A C. A Fraser, cuyo tema explícito es la Educación. Betances comienza excusándose no poder cumplir con la invitación que Fraser le hiciera a “una fiesta de la escuela”. Y enseguida pasa a felicitarlo por esta ‘fiesta’. “No puedo menos que felicitar esta población, al encontrar establecida en ella una de las prácticas más antiguas, y aun subsistente en la libre Inglaterra”.1 En esta población, Puerto Plata, se celebra, pues, una fiesta de la escuela, y Betances felicita a esta población por esa iniciativa. Señala que es una práctica antigua de Inglaterra, y una práctica que todavía subsiste. Al mencionar a este país lo adjetiva “la libre Inglaterra”; el adjetivo “libre” es lo primero que nos llama la atención. En efecto, Betances, luchador incansable por la independencia y la libertad de Puerto Rico, Cuba, Haití y la República Dominicana, siente la necesidad de destacar el hecho de que Inglaterra es una nación “libre”. Así que tenemos dos cualidades notables que Betances señala sobre Inglaterra, el hecho de ser una nación libre y el hecho de haber instituido y mantenido una tradición de festejar la escuela, de hacer una “ fiesta de la escuela”. 

Ahora bien, ¿por qué Betances manifiesta este entusiasmo por la idea de celebrar una “fiesta de la escuela”? Es lo que nos explica inmediatamente después de la felicitación. “Es, en efecto, una fiesta de escuela, un hecho interesante no solo para los niños, sino también para los hombres, las familias; pues en ella se solemniza uno de los actos más honrosos de la humanidad: la educación de la infancia”. (IX: 620) En esta festividad escolar participa una comunidad y refleja amplia y profundamente un interés universal de la Humanidad. La comunidad a que se refiere es la comunidad asociada a la gran tarea educativa: los niños, sus padres, su familia. Esta fiesta no es solo para los niños es para la comunidad que está implicada en la educación de la infancia. Y de momento Betances da un salto cualitativo en su discurso epistolar y salta de una comunidad local a la Humanidad entera. La escuela de Puerto Plata rememora una práctica de la libre Inglaterra, y esa práctica educativa que une dos comunidades la dominicana y la inglesa, lleva Betances al principio fundamental válido no solo localmente, sino universalmente, un principio establecido por la Humanidad. Un principio establecido por la Humanidad y que honra a la Humanidad. Se trata del principio de educación de la infancia. Betances sabe, pues, remontarse de una circuntancia local hasta el principio universal que ilumina la importancia del hecho, su valor para el conjunto de la Humanidad. Pero Betances no se queda ahí, nos va a explicar por qué considera que ese hecho de una comunidad local tiene valor no solo como un hecho local, sino como realidad de la cual la Humanidad se ha hecho cargo y que precisamente por ello la honra. Betances sigue ubicándonos en la escuela y en el maestro que es quien nos trae ese beneficio honroso para la Humanidad. “Bajo los modestos auspicios del benéfico maestro comienza esta educación; y desde luego toma la escuela ese carácter de respetabilidad que nos obliga, durante toda la vida, a tributarle un homenaje incansable de gratitud”. (62) La educación de la infancia prosigue en la escuela por obra y gracia del maestro. Betances lo califica de “benéfico maestro”; es decir, de un ser humano que trae un bien a la comunidad y a la Humanidad; el maestro aporta un beneficio que honra a todos quienes participamos de ella y que honra a la Humanidad que creó esa institución. La comunidad de la escuela está formada por los niños, los maestros, las maestras y las familias que se ocupan de la educación de sus hijos. Ese beneficio del maestro y de la escuela es tan grande, tan importante que a ellos les debemos eterna gratitud. Betances señala como “carácter” de la escuela y del maestro “la respetabilidad”. Es decir, tanto el maestro como la escuela merecen nuestro más alto respeto. Ese respeto que merecen los maestros y la Escuela es tan importante que genera un deber, una obligación. El respeto a los educadores y a la institución que los acoge genera el deber de gratitud. Betances agrega que esa obligación de gratitud debe durar “toda la vida”. Es tan grande el beneficio de la educación que siempre debemos estar agradecidos con quienes desde la infancia nos iniciaron en la formación humana. Veremos que al final de la carta, Betances rinde homenaje de gratitud y admiración a los grandes maestros de la humanidad como Sócrates, Bolívar, Cristo, Washington. 

“Es que la escuela es el principio de la iniciación a
la vida modesta y laboriosa; es la base sólida del
vasto recinto en que se desarrolla con seguridad
una sociedad libre e ilustrada”.

A continuación, la carta de Betances explica los efectos beneficiosos que la educación trae para todos. “Es que la escuela es el principio de la iniciación a la vida modesta y laboriosa; es la base sólida del vasto recinto en que se desarrolla con seguridad una sociedad libre e ilustrada”. (62) La escuela nos inicia en la vida y en el trabajo; no en cualquier vida, sino en una vida sencilla, modesta pero laboriosa. Y a continuación el discurso betancino alza vuelo y se remonta a las alturas de sus más nobles y elevadas aspiraciones como ser humano, como pensador libre y, sobre todo, como líder de una nación que él y su pueblo aspira a ser una república democrática. La educación es necesaria para establecer una sociedad libre. Y con ello nos invita a evocar los principios del “ser humano libre” que bien enuncia en los “diez mandamientos del hombre libre”. El ser humano nace libre y somos iguales precisamente en cuanto nacemos libres. Ningún ser humano puede ser esclavo, porque todos nacemos libres e iguales. De modo que lo único que se corresponde con la connaturalidad de la libertad y la igualdad del ser humano es formar una sociedad libre. Dado esa connaturalidad de la libertad y la igualdad se sigue que no es posible aceptar el hecho de que exista la esclavitud, por eso el primero de “los mandamientos de los hombres libres” es la abolición de la esclavitud. Y la educación tiene esa sublime finalidad, guiarnos hacia una sociedad libre. Una sociedad libre, como explica enseguida, es una sociedad democrática. Notemos que junto a “sociedad libre” Betances agrega, “ilustrada”: sociedad libre e ilustrada. No cabe duda alguna del hecho de que Betances se formó en los valores de la revolución francesa que eran los ideales de la ilustración. La ilustración programa una sociedad que se emancipa de los moldes feudales cuya ideología era el catolicismo medieval. No en vano en los “mandamientos de los hombres libres” figura la libertad de cultos como uno de esos derechos de que debe gozar el ser humano libre. La sociedad democrática a que aspira Betances y a la cual la educación debe iniciarnos como finalidad suprema es una sociedad que goza de todos los derechos y todas las libertades. Betances enumera entre las libertades: la libertad de palabra, la libertad de cultos y la libertad de comercio.Y enuncia los siguientes derechos: derecho de votar todos los impuestos, derecho de reunión, derecho a portar armas, derecho a elegir nuestras autoridades. 

La sociedad ilustrada fomenta una sociedad donde la inteligencia, el pensamiento y la palabra gocen de libertad. En efecto, “la escuela es el primer rayo de luz que brilla sobre nuestra inteligencia, es la lámpara de Diógenes que busca el hombre, encuentra el niño, le guía y le hace hombre”. (62) Como se sabe la ilustración son “las luces”, las luces de la razón, como dice Betances, las luces de la inteligencia. Bolívar y su maestro Simón Rodríguez, siguiendo también los ideales de la Ilustración, hablaban de “luces y virtudes”. Betances habla de las “virtudes republicanas”, es decir, de las virtudes propias de una sociedad que se organiza en forma de república democrática. Es interesante notar que Betances no recurre solo a las luces modernas de la ilustración, sino que se remonta a las luces de la educación griega y, en específico, al filósofo cínico, Diógenes. La luz de Diógenes era solo una lámpara con la que buscaba “un hombre”. Pero Betances amplía la significación de la lámpara de Diógenes para llevar luz al niño; es la luz que puede y debe iluminar el camino que todos hemos de seguir desde la infancia hasta la adultez. Pero Betances no solo menciona al griego Diógenes, alude al mundo helénico al decir: “De la Grecia libre a la América Libre (63). Libre es el adjetivo que domina en el discurso betancino para referirse a la Educación en los países independientes y democráticos, y para ponerlos de paradigma de la nueva educación en los países antillanos que van en busca de su liberación nacional. 

La educación, continúa la carta de Betances, “es la salvación del pueblo, porque es la institución eminentemente democrática”. (63) La educación para una sociedad libre es lo mismo que la educación para una sociedad democrática. Democrática es una sociedad en que el “pueblo” se gobierna o por sí mismo o por medio de sus representantes. En una sociedad democrática la educación debe poder llegar hasta el pueblo. Nada hay tan favorable a las dictaduras y tiranías como la ignorancia. Betances lo afirma de modo explícito. El encuentro educacional “tiene la fortuna de no atemorizar gobierno alguno, si no es a los gobiernos tiránicos; y por este motivo debemos de precipitarnos, nuestros países, a levantar escollos por todos lados”. (63) La educación favorece la democracia y es un obstáculo contra la tiranía; por todos los rincones de los países es necesario crear escuelas porque ellas constituyen un ejercicio democrático y una muralla contra las tiranías. Donde haya al menos tres familias allí debe crearse una escuela. Muestra fehaciente de la contribución de la educación a la democracia es la ya mencionada Inglaterra y, agrega: “La escuela es la cuna donde se meció el Coloso Norteamericano, honra de Inglaterra, mientras la ignorancia tendía sobre nosotros el velo oscuro del Sistema colonial, verguenza de la España”. (63) Betances contrapone el colonialismo español hegemónico en Nuestra América que esparce la ignorancia como un velo que la cubre a diferencia de los pueblos y las naciones democráticas que promueven la educación y preparan al pueblo para participar en la vida pública. Hay, pues, un sistema oposicional en el discurso betancino: democracias vs. colonialismo; educación para la libertad vs. colonialismo de las mentes mediante la ignorancia. 

Hay el maestro humilde, sencillo trabajador en la obra pedagógica; pero hay también los grandes maestros de la Humanidad, los sabios. “La escuela es el refugio y la potencia del sabio y los espíritus más elevados se ennoblecen con el título humilde de maestros”. (63) En la Grecia libre vivió y enseñó un gran maestro, Sócrates; maestro que va por las calles y foros de Atenas y que dialoga con jóvenes y adultos. “Maestro fue Sócrates y el Cristo le llamaron maestro”. (53) Betances nos muestra paradigmas educativos de naciones diferentes del mundo, Jesús en Israel, Sócrates y Diógenes en Grecia, y, en otro plano de maestría Bolívar en Nuestra América y Washington en el coloso del Norte. ¿Cuál es ese otro plano de la educación? Lo explicita el mismo Betances al decir: “Bolívar y Washington han sido nuestros maestros en la escuela de la independencia y de la libertad”. (63) Veíamos al inicio de esta carta que analizamos, que Betances da un salto cualitativo desde la comunidad dominicana en el pueblo de Puerto Plata hasta la universalidad de la Humanidad; lo mismo sucede en este pasaje recién citado: salta de la labor educativa del humilde maestro de escuela en cada rincón de los países hasta los maestros de la humanidad que aún desde algún cronotopo determinado logra alzar vuelo para inspirar a muchísimos otros pueblos y seres humanos individuales. Dos grupos diferentes menciona Betances en estos maestros de la Humanidad. Los sabios como tales: Sócrates, Diógenes, Jesús. Este primer grupo tiene importancia educativa universal. El segundo grupo de maestros que menciona Betances tiene una significación política explícita, pues son “nuestros maestros en la independencia y en la libertad”. Y lo dice con toda justeza. Washington fue un gran líder en la independencia de Estados Unidos con respecto a Inglaterra. Bolívar fue el paradigma más citado por Betances como líder de la independecia de cinco naciones latinoamericanas. Al igual que Hostos, Betances dedica páginas sublimes al Libertador, como lo hace también con Alejandro Petión de Haití, Martí de Cuba y Máximo Gómez y Luperón de la República Dominicana. Pero la referencia a una educación para la soberanía no termina ahí; Betances extrae las consecuencias de su análisis de los grandes maestros de la educación al hacer valer sus valoraciones para los países de las Antillas aún en busca de su liberación nacional. “Tener escuelas es ser dignos de esa libertad y de esa independencia, propagar escuelas en las Antillas es salvar a las Antillas”. (63) No es suficiente el elogio de los maestros universales sea por su sabiduría sea por su obra en pro de la soberanía de los pueblos; no basta el elogio, es necesario pasar del elogio a la acción educativa que fomente una educación para la libertad; es necesario pasar del paradigma a su realización en la praxis pedagógica. Claro, no es suficiente sembrar escuelas, Don Pedro Albizu Campos, en la línea paradigmática betancina se pregunta: “Al Sistema educativo hay que formularle algunas preguntas ¿para qué educamos a la niñez puertorriqueña? Para que sean hombres de conciencia libres o esclavos coloniales? No basta sembrar escuelas por doquier. La escuela lo mismo puede servir para construir que para destruir”. 2

La carta de Betances concluye diciendo: “Honra pues a los hijos de la nación que recorre los mares, bandera desplegada, llevando luz por el mundo entero; a la grande a la noble civilización madre Inglaterra. Felicitémonos de imitarla, y del seno del mar Caribe podrá salir algún día la Patria Antillana digna de la portentosa Albión”. (63) Recordemos que Betances se está dirigiendo al inglés que organiza la “fiesta de la escuela” y que es el motivo concreto de la carta. En realidad podemos considerer esta carta de Betances como su verdadero manifiesto educativo. Felicitando al organizador de la “fiesta de la escuela”, Betances aprovecha la oportunidad para delinear con mano maestro sus principios eductaivos: educación para una sociedad libre y democrática que contribuya de descolonizar las mentes de los niños y los jóvenes y que nos guíe por el camino de la liberación nacional. Todos los paradigmas educativos que Betances evoca son los de sociedades libres y democráticas y modelos de seres humanos que se han comprometido con la sabiduría universal y la soberanía de los pueblos. 

NOTAS

1 Ramón Emeterio Betances, Obras completas, San Juan, Zoomideal, 2017, vol. X, p. 62. (Edición a cargo de Félix Ojeda Reyes  y Paul Estrade). 

2 Pedro Albizu Campos, Obras, I, Río Piedras, Editorial Jalope, 1975, p. 157. 

Enternecedora canción que grita

Son días aciagos, según los describe la cantautora Zoraida Santiago, en que se debe cantar con sentido de urgencia, pero con más amor que nunca.

Así lo afirma en la semblanza que presenta su producción “Algo más que rabia”, acabadita de llegar a la Clari Tienda.

Para Zoraida, cuyo lanzamiento más reciente fue el concepto conmemorativo del centenario de Julia de Burgos, el disco “Algo más que rabia” es como un ‘retrato fragmentado’ en que recrea “las injusticias, las frustraciones, las tristezas y el exilio, pero también las alegrías, los reclamos, la fuerza, la belleza y la esperanza”.

Fue un proceso catártico, no hay duda. “La verdad que sí. Fue en el verano. Trabajo en la Universidad y se convirtió en una catarsis. Empezaron a salir canciones porque hay tantas cosas pasando; tanta rabia y tanta gente haciendo cosas. Fue como trabajar distintos temas, pero a través de una coherencia con el momento en que estamos viviendo”.

Para Zoraida, cuyo lanzamiento más reciente fue el concepto conmemorativo del centenario de Julia de Burgos, el disco “Algo más que rabia” es como un ‘retrato fragmentado’ en que recrea “las injusticias, las frustraciones, las tristezas y el exilio, pero también las alegrías, los reclamos, la fuerza, la belleza y la esperanza”.

Así, la secuencia no es fortuita. Cada canción prologa y complementa la siguiente, resultando la audición comparable con la contemplación de un cuadro o ‘collage’ de imágenes fragmentadas, representadas en “Algo más”, “Trabajador del mar”, “Quiero más”, “Sin fecha de regreso”, “Ríos de gente”, “Canto de la locura XIX”, “Semilla”, “Aire”, “Coplas”, “Toda la vida es música” y “Elijo la esperanza”.

“Preocupan el País, el Planeta y lo que está pasando. No hay una canción que no esté conectada con la otra. El exilio está conectado con la situación que vivimos con la agricultura, que está en crisis profunda. Más que nunca la gente tiene desesperanza; se van, no encuentran trabajo y los que nos quedamos nos quedamos con preocupación porque no sabemos lo que a va a suceder en el País”, explica Zoraida.

La rabia; el descontento, el enfado y la irritabilidad son emociones inevitables en Zoraida, cantautora cuyo verbo comprometió con la causa de la Nación desde su incursión en la canción.

“La situación de falta de poderes que tenemos nos provoca rabia. Decimos que vivimos en una democracia, pero no es así porque tenemos gente que no elegimos que toma decisiones por nosotros. Hace falta más que rabia, sino hacer cosas, si queremos un mundo diferente debe ser desde la base; desde la tierra, la gente, los niños”.

De un matiz más esperanzador, la cantautora y profesora universitaria optó por cultivar el terreno fértil de la niñez con la enternecedora intervención de su nieta Aire Benet en la simpática composición “Aire”, con visos de canción infantil.

“Es mi nieta y tiene 9 años. Estuvo en todo el proceso de creación del disco y de repente me dijo: ‘dame el micrófono que quiero cantar’ y la integré a la producción. Fue una cuestión orgánica que salió de ella. Aire adoptó la canción y la hizo suya de una manera bien bonita. A nuestros niños tenemos que dejarle un mundo en el que sean felices y reciban las herramientas porque lo que les espera no es fácil en un mundo bastante convulso”, dijo Zoraida al subrayar que la música y la poesía son recursos de fortalecimiento y emancipación del espíritu.

“Todo lo que tenga que ver con las maneras de pensar en un mundo más feliz, como la tierra, proteger las semillas… Quisiera que todos los niños tuvieran esa oportunidad”, reitera Zoraida, que junto a su esposo Quique Benet atesora una finca en San Germán en la que cosechan café, cúrcuma, plátanos y guineos.

Aparte de sus composiciones, como brújula en su carrera como cantautora Zoraida suele musicalizar la poesía de los grandes poetas de Puerto Rico. En su nueva entrega, la sorpresa discográfica más grata del umbral de 2019, presenta los textos “Trabajador del mar” de Isabel Freire de Matos y “Canto de la locura XIX” de Francisco Matos Paoli.

“La carrera de muchos cantores la guían los poetas porque nos enseñan cómo usar la palabra y cómo decir cosas que tengan fuerza poética que muevan y conmuevan. Hay veces que uno se encuentra una poesía que dice lo que uno quisiera decir y eso me pasó con esos dos poemas”, sostuvo Zoraida al mencionar la frase favorita de la obra de Matos Paoli: ‘Hace falta volver a la inocencia, crear de la nada, sostenerse en un hilo, volcar en los ocasos, los puños encendidos’.

El tema de la emigración, en semanas en que una descomunal y doliente masa humana se ha trasladado de Centroamérica a la frontera de México y Estados Unidos, es abordado con sentimiento en “Ríos de gente”.

“Habla sobre la desigualdad; sobre la migración y la falta de comprensión sobre lo que significa emigrar. La historia los ha dejado en la pobreza, gracias a la explotación de los países del norte, que empobrecen a los países del sur. Las migraciones son consecuencia de eso”.

Una de las canciones más reveladoras es “Toda la vida es música”, que describe como una obra autobiográfica. La experiencia de Lares, durante los albores de su adolescencia, fue decisiva en el desarrollo de su sensibilidad musical y política.

“Lo que quiero decir es que en todos los momentos la vida es música. La lluvia que cae sobre el techo de metal; los niños jugando… Eso es música y cómo la música cuando se nace nos ayuda a vivir en el mundo, mediante las nanas y los juegos infantiles. Para mí 1968, la celebración del centenario del Grito de Lares, lo recuerdo como un hito en mi vida: estaba en tercer año de escuela superior pero fui con mis papás a Lares. Fue un paso grande para entender lo que era mi patria y mi país”, reveló Zoraida al añadir que posteriormente fue en Nueva York donde forjó su identidad musical al descubrir la obra de Violeta Parra, Víctor Jara y los poetas latinoamericanos.

“Entonces decidí que esta es la música que deseo hacer”.

Así como en la carátula el ‘collage’ de su hermana Coqui Santiago captura la esencia temática del disco, musicalmente su hermano Tato Santiago tradujo su gama de emociones en un discurso musical ecléctico, en que convergen el rock, el bolero, la trova, la rumba, la balada y hasta un poco de jazz.

“Tengo un grupo de músicos que me acompaña siempre, dirigido por Tato. Estaban ansiosos por producir y hacer algo nuevo. En dos días de grabaciones adelantamos las bases de las canciones. Es un disco hecho prácticamente en vivo. Quería hacerlo así y salió. Los arreglos, con la excepción de un par de números que Tato elaboró, ellos los crearon. Es muy parecido al trabajo de taller que caracteriza nuestra música. Es el resultado de las ideas y la creación de cada uno”.

El disco “Algo más que rabia” de la cantautora nacional Zoraida Santiago fue estrenado recientemente en El Candil en Ponce.

La producción, que desde ya perfila como una de las más sobresalientes del incipiente 2019, se consigue en la ClariTienda en Santa Rita, Río Piedras, en Casa Norberto en Plaza Las Américas y por Internet en Itunes y Cdbaby.

La era poshumana del capitalismo

Rafael Rodríguez Cruz

Cada vez es más común, en la filosofía progresista, el referirse al mundo capitalista moderno como la “era poshumana”. Esto, que a primera vista parece un contrasentido, intenta conceptualizar una contradicción real que merece estudiarse. La llegada de la era poshumana, término al cual quizás tendremos que acostumbrarnos, es buena y mala a la vez. Buena, porque significa la eliminación del factor humano en el proceso de trabajo, o sea, el arribo de la automatización plena; mala, porque aún prevalecen en casi todo nuestro planeta las relaciones sociales capitalistas y la cultura del egoísmo.

En el lado positivo, se trata del efecto de la cuarta revolución tecnológica (2008-2019), fundada en la combinación de la robótica con la inteligencia artificial, la informática, microtecnología, virtualización del dinero y la bioagricultura. Expresado en términos simples, esto quiere decir que el músculo y el cerebro humano intervienen cada vez menos en la creación directa de riqueza material. La noción antropológica del ser humano imperante desde que Marx escribió El capital, o sea, la de una especie animal que diseña y emplea instrumentos de trabajo con arreglo a un fin preconcebido, ha sido objetivamente subvertida por la aparición de sistemas combinados de robótica e inteligencia artificial, cuyo potencial de funcionamiento autónomo podría en menos de medio siglo superar al de la raza humana. Por ahí vienen máquinas que diseñarán y fabricarán máquinas que, a su vez, funcionarán autónomamente. Ya hay robots que colaboran de forma espontánea entre sí. Stephen Hawking, en su libro Brief Answers to the Big Questions, plantea que ni el concepto de vida, ni mucho menos el de inteligencia, son ya definitorios únicamente del universo humano. La evolución de la «vida» en el planeta Tierra está vinculada cada vez más a la informática en sus formas progresivamente autónomas. Tanto evoluciona hoy la vida biológica, como la vida electrónica. De hecho, los cambios en el ADN humano, e incluso las alteraciones fundamentales en la evolución biológica del planeta, toman decenas de miles de años; no ocurre así en la tecnología moderna, en la cual las modificaciones ocurren en asunto de meses. La humanidad ha entrado en competencia con las máquinas; aunque, hay que admitir, también avanzan los esfuerzos por desarrollar aplicaciones que fusionen la inteligencia biológica con la digital, mediante la comunicación directa entre el cerebro humano, las computadoras y los robots. Sería aquí, al menos inicialmente, un caso de dos formas de inteligencia independientes colaborando. Habrá, pues, que encontrar en el futuro una manera nueva de conceptualizar, con propósitos antropológicos, la esencia misma de la especie humana.

El problema, para la sobrevivencia del sistema capitalista, es que únicamente el trabajo vivo crea valor y, sin él, no hay ni explotación capitalista ni plusvalía. En los sectores de avanzada tecnología industrial, por ejemplo, el trabajo vivo ya casi no existe; no solo ha caído relativamente, sino también en términos absolutos. En la agricultura de los países avanzados, la ausencia de trabajadores directos es aún mayor. Surge así, ante nuestros ojos, y un poco aterradoramente, lo que el sociólogo español Andrés Piqueras llama “las sociedades de las personas sin valor”. El capital industrial, simplemente, no va a emplear una fuerza de trabajo que no cumple papel alguno en la creación de los valores de uso, base material del valor de cambio. Al capital industrial le deja de interesar la humanidad. Las consecuencias de lo anterior para la ideología moderna son inmensas. Si la gente no hace falta en el proceso productivo, se abre paso, de manera rampante, la completa deshumanización cultural en las sociedades capitalistas.

Valga la aclaración, el impulso acelerado de las economías capitalistas avanzadas al desplazamiento relativo y absoluto del trabajo humano en la producción de mercancías no contradice el hecho de que desde hace más de tres décadas estamos en medio de una crisis económica de alcance mundial. De hecho, es precisamente el estancamiento severo de la economía mundial desde 2008 lo que ha llevado a las grandes industrias a invertir masivamente en nuevas tecnológicas robóticas, como un requisito para mantenerse competitivas. Piqueras insiste en que la izquierda no debería negar lo que ya es obvio: tecnológicamente, el capitalismo no ha dejado de ser una fuerza innovadora. La evolución de la industria de metales primarios en Estados Unidos es un buen ejemplo. Desde 1990 para acá se ha efectuado una caída de 42% en la empleomanía; pero, la producción, medida por su volumen, ha crecido. La explicación de todo esto es el alza increíble en la productividad del trabajo ligada al empleo de robots. En la industria automovilística, el impulso al desplazamiento de los trabajadores manuales es aún mayor. Se estima que para 2026 más del 50% de toda la producción automóviles en Estados Unidos estará robotizada. Lo mismo se vaticina para China y Japón. De hecho, la colaboración entre seres humanos en el taller de trabajo está siendo desplazada, particularmente en Asia, por la colaboración entre robots «inteligentes» que aprenden unos de otros y también de los seres humanos. Son “máquinas”, para usar un término quizás ya no políticamente correcto, que observan, captan y luego ejecutan operaciones previamente realizadas por trabajadores y trabajadoras de carne y hueso. El impulso a la robotización, nos dicen algunas revistas especializadas en el tema, es tan fuerte que ya ha comenzado a cobrar importancia en las plantas automotrices de México. Aunque todavía el porcentaje de robotización es de 10%, se espera que para 2025 alcance más del 30% de las operaciones. Somos testigos, pues, del advenimiento de un nuevo modo de producción, como afirma Slavoj Žižek en su libro Like a Thief in the Broad Daylight: Power in the Era of Post-Humanity.

Un poco hegelianamente, podemos decir que el capital también intuye que las premisas de su relativa estabilidad, como modo de producción dominante en el mercado mundial desde fines del siglo XVIII, ya no existen. El capitalismo completó fielmente lo que Marx llamaba su “misión histórica” de poner las bases materiales de un modo de producción superior a él mismo. Buena parte, sino la mayoría, de las transacciones financieras a nivel internacional, por ejemplo, ya no guarda la más mínima conexión con la creación real de valor; y con la generación de plusvalía, mucho menos. Hay quienes debaten, incluso, si a nivel mundial el trabajo excedente, o sea, la plusvalía, dejó de crecer en términos absolutos. Es un debate abstracto de filosofía, sí, pero cargado de mucha sociología interpretativa, como la contenida en los escritos de Rolando Astarita, Néstor Kohan y Andrés Piqueras, para mencionar tres de habla hispana. Más allá de lo abstracto del tema, el debate apunta a que lo que le queda al capital, además de las operaciones bancarias ficticias, es la explotación redoblada, salvaje podríamos decir, de aquellas regiones del Planeta en que aún se produce valor y plusvalía: el tercer mundo, algunas regiones marginales de los países desarrollados y las economías emergentes marcadas por salarios paupérrimos (Puerto Rico, Argentina, Brasil, India, Vietnam). Y en ellas, sí que la gente está desvalorizada, absoluta y relativamente.

La pérdida del carácter humano del proceso de trabajo es, pues, un fenómeno contradictorio. De un lado, abre la puerta a la posibilidad de superar el trabajo explotador y las sociedades de clases; del otro, despierta en el capital los apetitos más voraces, la expoliación del planeta y la completa pérdida de estimación de los seres humanos, es decir, la deshumanización política y cultural. El lado positivo es la aparición de un modo de producción objetivamente poshumano; el lado negativo, la sobrevivencia absurda de las relaciones sociales capitalistas, la avaricia y búsqueda de ganancias. Ni Cerbero, el can que en la mitología griega cuidaba las puertas del ultramundo Hades para que las almas en pena no escaparan, poseía la cualidad infernal y monstruosa del sistema capitalista en la era actual. Es un mundo de doble cara, escindido fatalmente como los personajes de Dick Tracy y Batman. De un lado, robots construyendo robots que pronto podrían, a juicio de Hawking, incluso dominar el mundo; del otro, seres humanos condenados a formas de trabajo semiesclavistas en las economías del Tercer Mundo.

Otro tema preocupante del cual se habla cada vez más en la filosofía es el de la deshumanización cultural ligada al uso generalizado de las nuevas tecnologías digitales. Franco Berardi, en su libro Fenomenología del fin: Sensibilidad y mutación conectiva, avanza la tesis espantosa de que la cultura cibernética ha inundado nuestras vidas a tal punto, que hemos mutado antropológicamente. La red cibernética, esa misma que nos ayuda a captar con exactitud los signos visibles, o sea, los datos fríos, tiene el efecto secundario y pernicioso de socavar nuestra habilidad para interpretar los signos ambiguos e indefinibles, que son los fundamentos mismos de la sensibilidad, del arte y de la capacidad de sentir el dolor ajeno. El resultado es la extinción del hombre o la mujer humanista. La era poshumana no es, para él, una etapa inherentemente progresista en la historia de la humanidad: «El actual desmantelamiento de la civilización moderna, la progresiva impotencia y la propagación de la violencia y la locura del fundamentalismo y el racismo no pueden comprenderse en su justa medida si no tenemos en cuenta la mutación antropológica que se ha producido en la sensibilidad y, por lo tanto, en la habilidad de percibir el cuerpo del otro como una extensión viva de mi propio cuerpo» (Berardi, 2017, p. 13). En adelante, para Berardi, no hace sentido hablar de una «esencia humana», ni en lo antropológico ni en lo filosófico. Estamos, según él, culturalmente deshumanizados. No es esta una proposición fácil de digerir; en especial ahora que, en teoría, podríamos dejar de trabajar. Digo, si es que antes no nos entramos a burrunazos con los robots…

Libros consultados:

1) Berardi, F. (2017). Fenomenología del fin: Sensibilidad y mutación conectiva. Buenos Aires: Caja Negra. 

2) Hawking, S. (2018). Brief Answers to the Big Questions. New York: Bantam Books. 

3) Kelly, K. (2016). The Inevitable: Understanding the 12 Technological Forces That Shape our Future. New York: Penguin Books. 

4) Piqueras, A. (2018). Las sociedades de las personas sin valor: Cuarta revolución industrial, des-substanciación Del capital, desvalorización generalizada. España: El Viejo Topo. 

5) Žižek, Slavoj. (2018). Like a Thief in the Broad Daylight: Power in the Era of Post-Humanity. United Kingdom: Penguin Random House. 

La novia de Sandro

Juan Forn

A los cuatro años, cuando Camila Sosa Villada era todavía Cristian Omar, aprendió a escribir su nombre completo, pero se negaba a hacer pis de parado. Su padre pasó del orgullo a la furia y le ofreció ahí mismo un panorama instantáneo de lo que tendría que enfrentar el resto de su vida: vergüenza, miedo, intolerancia, desprecio e incomprensión, si no se doblegaba al mandato paterno, al mandato cultural. La futura Camila no se doblegó precisamente y comenzaron los castigos, las horas encerrada en su cuarto, el extraordinario proceso que empezó a ocurrir ahí adentro. “Mi papá y mi mamá siempre supieron lo que hacía en ese encierro: escribir y vestirme de mujer. Eso los expulsó de mi mundo y a mí me salvó de su odio: mi romance conmigo misma, mi mujer prohibida”. Lo primero que conocí de Camila Sosa Villada fue una charla TEDx que dio en Córdoba, trece minutos extraordinarios que empezaban con un pronóstico brutal que le hizo su papá: “Un día van a venir a golpear esa puerta para avisarme que te encontraron muerta, tirada en una zanja”. Ese era el único destino posible para un varón que se vestía de mujer: prostituirse y terminar en una zanja. El resto de aquella charla de Camila era sobre las travestis de la legendaria zona roja del Parque Sarmiento, en Córdoba Capital, a las que fue a espiar una noche, muerta de miedo, recién llegada de su pueblo para estudiar periodismo en la universidad. Esas travestis que la vieron tan tiernita y vulnerable, que la adoptaron esa misma noche. Con ellas, dice Camila, “aprendí cuánto valía mi cuerpo y cuál era el precio que debía ponerle. Con ellas aprendí a defenderme y a mirar dos veces a una persona antes de emitir un juicio. Yo no estaría acá, hoy, si ellas no me hubieran defendido de policías y clientes de mierda. Estaría en una zanja, seguramente”.Cuando llegó de su pueblo a la capital a los dieciocho, Camila cursaba de día la facultad, trabajaba de noche en el Parque Sarmiento y escribía un blog llamado La novia de Sandro. Escribía a mano el blog, en la parte de atrás de los apuntes de la facultad, al llegar de madrugada a su cuarto de pensión, y después iba a un cyber y lo tipeaba. Un día descubrió los talleres de teatro que había en la universidad. Poco después abandonó Comunicación Social y se sumergió en la actuación. El día en que empezó su carrera como actriz borró entero el blog, para ocultar ese pasado.Permítanme volver un instante a los tiempos de Mina Clavero. Cuando tenía trece años, Cristian Omar escribió una historia de amor sobre su profesor de gimnasia. La escribió en femenino, se bautizó a sí misma Soledad y se la mostró a su única confidente en el mundo, una compañerita de grado, que por supuesto la traicionó y fue con los papeles a la dirección del colegio. El castigo fue un mes de encierro, y por supuesto la destrucción de la historia. Por esa misma época descubrió que su madre y su padre se escribían cartas donde se decían cosas que jamás se habrían dicho mirándose a los ojos. Las descubrió pero no pudo leerlas: su madre las quemó antes.Con aquel blog pasó exactamente lo contrario. Un fan anónimo lo había copiado, antes de que ella lo borrara. Y cuando Camila ya había tenido sus papeles consagratorios en la película Mía, la miniserie La viuda de Rafael y el unipersonal Carnes tolendas, se lo mandó por mail. Camila se sentó a leerlo y de golpe vio su pasado desde otra perspectiva, desde el otro lado del telescopio.“Cuando empecé a travestirme me daba vergüenza mi barba áspera, mi nariz torcida, mis dientes chuecos. Me daba vergüenza tener que hacerme tetas con las esquinas de un colchón. Me daba vergüenza mi falta de estudio, mi falta de mundo, mi torpeza para expresarme. Incluso mis virtudes me daban vergüenza, porque habían nacido de mis errores, de mis carencias”. Ahora, en cambio, lo que veía en los textos de ese blog era la actitud inquebrantable, revolucionaria, ejemplar, de esa hermandad de travestis mal miradas, mal queridas, mal tratadas, mal pagadas, mal juzgadas, mal habladas.Ese fue el origen de este libro, esa es la alquimia que ocurre en sus páginas: la transformación de la vergüenza, el miedo, la intolerancia, el desprecio y la incomprensión, en alta prosa. Porque Las malas es un relato de infancia y un rito de iniciación, un cuento de hadas y de terror, un retrato de grupo, un manifiesto político, una memoria explosiva, una visita guiada a la fulgurante imaginación de su autora y una crónica distinta de todas, que viene a polinizar la literatura. En su adn convergen las dos facetas del mundo trans que más repelen y aterran a la buena sociedad: la furia travesti y la fiesta de ser travesti. Y en su voz literaria conviven las tres partes de la santísima trinidad de Camila: la parte Marguerite Duras, la parte Wislawa Szymborska y la parte Carson Mc-Cullers. La apropiación de Lorca y Jean Cocteau que Camila hizo en el escenario vuelve a suceder en estas páginas con lo que supo mamar de la Duras, Wislawa y Carson, sin perder en ningún momento esa tonada cordobesa esencial que tiene. Para decirlo francamente, Las malas es esa clase de libro que, en cuanto terminamos de leer, queremos que lo lea el mundo entero.

La vida travesti: un año de ellas equivale a siete años “normales”. En un mundo “normal”, en un mundo de mierda, Camila y sus hermanas no tendrían la menor chance de encontrarse otra vez. Pero acá, en Las malas, logra reunirlas a todas, en su más absoluto esplendor y estremecedora desnudez

“Yo quiero mostrar el cuerpo de una travesti desvestido, no el que se ve en la pornografía, para que se entienda hasta qué punto en mi existencia todo es una gran contradicción y convivencia”, le oí decir hace poco. Pero mi frase favorita de todas las suyas es: “¿Pensaron alguna vez que la poesía podía tener una forma tan concreta?”

En el final tremendo de aquella charla TEDx, Camila decía que había aceptado darla por una sola razón: la necesidad de pedir disculpas a aquella hermandad de travestis. Porque nunca las buscó, y no las vio nunca más cuando dejó la prostitución, años después, cuando volvió a leer aquel blog que creía borrado para siempre, ya era tarde para encontrarlas. La vida travesti: un año de ellas equivale a siete años “normales”. En un mundo “normal”, en un mundo de mierda, Camila y sus hermanas no tendrían la menor chance de encontrarse otra vez. Pero acá, en Las malas, logra reunirlas a todas, en su más absoluto esplendor y estremecedora desnudez, y cuando las tiene a todas abrazadas les dice: “¿Pensaron alguna vez que la poesía podía tener una forma tan concreta?”.

Prólogo de Las malas, que Tusquets distribuirá a partir de esta semana.El autor es escritor, traductor, periodista, jugaba fútbol hasta que sufrió una lesión en su juventud, además, sabemos que fundó el suplemento cultural Radar de Página 12 y que actualmente escribe cuando quiere y puede.

Reproducido de www.pagina12.com.ar

Crucigrama Juana de Ibarbourou

Horizontales

2. Juana Fernández _______; escritora uruguaya conocida como Juana de Ibarbourou. Autora de Las lenguas de diamante; Cántaro fresco; y, Raíz salvaje.

8. Símbolo del oxígeno.

9. Confías.

10. Regalas.

11. Desafía.

12. Reúne.

13. Tiempo vivido.

14. Óxido de calcio.

16. Alejandro _______; dramaturgo español.

18. Del verbo adobar.

20. Mineral brillante y exfoliable.

22. Romances del _______; (1955) poemario de Ibarbourou.

28. Ciudad de Colombia.

30. Metal precioso.

31. Negación.

32. Pasará la vista por lo escrito.

33. Dios egipcio.

34. Jarabe.

35. Ciudad de Japón.

38. _____; poemario de Ibarbourou.

39. La _______ de los vientos; (1930) poemario de Ibarbourou.

42. Hermana de uno de los padres de una persona.

43. Símbolo del talio.

45. Aderezo.

47. Contracción.

48. Título inglés de dignidad.

49. Presidiaria.

50. _______ de Ibarbourou; autora de Perdida; Romances del destino; y, Chico Carlo.

51. Siglas de Organización de Estados Americanos.

52. Estío.

53. Se atreve.

55. Del verbo aclamar.

56. Vasija ancha y redonda de cuello largo.

60. Ungieron.

61. Amarro.

62. Reverberación.

63. Catedral

64. Carraspeo.

65. Quinientos en romanos.

Verticales

1. Temor.

2. Asesinando.

3. Atrevida.

4. Amanecer.

5. Instruye.

6. Que sana.

7. Soáselo.

9. Cántaro _______; (1920) poemario de Ibarbourou.

15. _____; ciudad donde nació Ibarbourou el 8 de marzo de 1892.

17. Macizo del Sahara.

19. Cantina.

20. _____; ciudad donde murió Ibarbourou el 15 de julio de 1979.

21. Renta.

23. Nombre de consonante, pl.

24. Cesta grande.

25. Infusión.

26. Divinidad griega, mensajera alada de los dioses.

27. Ninguna cosa.

28. Chico _______; (1944) cuento de Ibarbourou.

29. Juana de _______; escribió cuentos y obras de teatro.

36. Fluido que nos rodea.

37. Raspar.

40. De hueso, fem.

41. Tailandia.

44. Las _______ de diamante; (1918) poemario de Ibarbourou.

46. Artículo femenino pl.

47. Secretos.

53. Salida del Sol.

54. Río suizo.

57. Preposición.

58. _______ salvaje; (1922) poemario de Ibarbourou.

59. Punto central de donde proviene algo.