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De las tribus perdidas de Israel a la biblioteca indígena: las piedras del Padre Nazario

Giancarlo Vázquez López / En Rojo

“Negar la capacidad de los indígenas es desvirtuar nuestra capacidad en el presente porque ese es el único periodo de nuestra historia donde, salvando las distancias, hemos sido independientes y autosuficientes. Un periodo peligroso para la mentalidad colonial”. 

Así lo manifestó el arqueólogo Reniel Rodríguez Ramos, en una entrevista especial para EN ROJO sobre la investigación más reciente en torno a las piedras obtenidas por el Padre José María Nazario y Cancel en el municipio de Guayanilla a finales del siglo XIX, y que según se ha dicho constituyen una biblioteca indígena. 

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La primera vez que escuché sobre estas piedras cursaba mi segundo año en la Universidad de Puerto Rico (UPR) en el recinto de Utuado, dónde Rodríguez Ramos es profesor de sociología y antropología. 

Sin embargo, hace algunos meses, me tropecé con un artículo en las redes que, más o menos, tergiversaba la historia hasta ahora conocida sobre las piedras, dando a entender forzosamente que el arqueólogo daba por hecho el planteamiento original del Padre Nazario quien creía que las piedras estaban asociadas a las tribus perdidas de Israel. 

En cambio, el profesor aclaró que su investigación consiste en evaluar esa hipótesis como cualquier otra posibilidad que pueda existir respecto al sistema de escritura. 

“Mi respuesta fue que no, yo lo que quiero es evaluar ¿Cómo y cuándo se hicieron las piedras? ¿Qué lenguaje esta expresado en en ellas para tratar de entender que es lo que representan? Si en efecto terminan representando un contacto que tiene que ver con las tribus perdidas de Israel, perfecto, yo no tengo problema con hacer ese planteamiento, pero para poder llegar ahí yo necesito mucha información”, explicó Rodríguez. 

“De igual forma si sale otra cosa y esto tiene que ver con otro tipo de escritura de los indígenas de las Americas, inventada acá o relacionada con algún otro tipo de escritura que se dio en el viejo mundo igual, mi trabajo esta abierto a cualquier tipo de interpretación que se base en los datos que genere la investigación. No tiene una agenda de demostrar que una cosa o la otra está asociada con las tribus perdidas de Israel”, continuó. 

Ante la ausencia de un epigrafista que analice la escritura en las piedras, Rodríguez, ha tratado de ver los símbolos y compararlos con otros sistemas de escritura para ver sus parecidos. 

El arqueólogo, explicó que lo más cercano a la escritura en las piedras es la escritura líbico-bereber perteneciente a la región noroeste de África, y otras variantes de lo que se conoce como escritura paleoibéricas que se encuentran en diferentes partes de la península ibérica (principalmente al sur) e Islas Canarias. “Es lo más cercano que yo he visto pero eso todavía depende de la confirmación de un experto en escritura antigua”. 

A diferencia de la escritura cuneiforme (mucho más antigua) estos son sistemas más estructurados de escritura, silabarios o “alfabetaicos”, donde cada símbolo representa una sílaba o una letra; sistemas que en su mayoría derivan de la escritura fenicia y son variantes regionales. 

“La investigación se enmarca dentro de un estudio que incluye elementos de archivo sobre el contexto histórico donde se dio la aparición de las piedras y todos los personajes asociados con esta historia… para tratar de ver que se conocía, que información se difuminó en ese momento sobre las piedras”

Algunos estudiosos de las piedras fueron, desde diversas perspectivas, el escritor Manuel Zeno Gandía, Mariano Abril, Cayetano Coll y Toste, Salvador Brau y José Julián Acosta; el arqueólogo Jesse Walter Fewks, Pinart, Samuel Lothrop y Barry Fell -ambos de la Universidad de Harvard- y Martin Bernstein quienes dudaron de la teoría del Padre Nazario. También, instituciones como el Museo del Hombre, en París, y el Smithsonian. 

También, se está realizando el estudio propio de los artefactos, el análisis de cada pieza y viendo que tipo de marcas son representadas, esto para entender que tipo de escritura era. 

Rodríguez enfatizó en que la investigación se está haciendo con el apoyo del municipio de Guayanilla, el Ateneo Puertorriqueño y la Universidad de Puerto Rico en Utuado. 

Ante esto destacó la importancia del recinto de Utuado en términos arqueológicos pues el mismo esta construido sobre un yacimiento indígena, lo que hace del lugar un sitio idóneo para proyectar investigaciones arqueológicas de todo tipo. También, que así como en todos los recintos de la UPR, en Utuado se están haciendo investigaciones importantes que son parte del capital que genera la universidad. 

“Esta investigación demuestra el rol protagónico de la UPR, en este caso la UPR de Utuado, en la producción del conocimiento sobre nuestros ancestros indígenas”, dijo. 

Comentó que próximamente estará realizando estudios de campo tratando de identificar la posible existencia de esa escritura en otros contextos, como por ejemplo, en el arte rupestre, petroglifos, pictografías, imágenes pintadas en las cuevas que tengan elementos similares a los de las piedras y que permitan ver si independientemente de las piedras este tipo de escritura se da en contextos contemporáneos, o sea, de la misma antigüedad de las piedras que según los fechados de radiocarbono van entre los 900 a. C. Y 900 d. C.

“Ese tipo de sistema de representación, lo que se ve en las marcas de las piedras, es uno bien diferente al tipo de arte rupestre tradicional que se encuentra en la Isla y por eso es tan llamativo. Es un sistema lineal de códigos sobre líneas de registro, líneas que le dan sentido en términos fonológicos a cada uno de los símbolos como en nuestra escritura, escribes y verbalizas. Cada letra tiene un significado por la secuencia donde está puesta. El valor fonético que se le asigna a cada una de esas marcas va depender de como se estructuró ese sistema. Porque en definitiva parece que lo que hay representado en las piedras es un sistema de escritura”.

Los enigmas como este se resuelven con la ciencia y el estudio. Con paciencia, sin prisa, sin pausa. Eso es lo que hace nuestro entrevistado.

Los superchicos del Espacio

El espacio sideral obsede a ciertos hombres, la Luna y Marte les fascinan. 

Si creemos en la mitología griega, y si no creemos también, tal vez fue culpa de Endimión por enamorarse de Selene. (Aunque ella no se quedó atrás.) Desde el enamoramiento de aquel pastor, la Humanidad masculina ha estado fascinada con la Luna. Es cierto que el enamorado solo quería ver y recibir a su amada de vez en cuando, pero después de él algunos hombres han querido llegar hasta ella y hasta poseerla. El olímpico supermacho (o superchico) Zeus no ha desaparecido del todo de ciertas psiquis. 

(Aquí conviene recordar, por si acaso, el otro relato mitológico, el de Ícaro que imprudentemente voló tan alto que Helios, el Sol (hermano de Selene) precipitó su caída quemándole las alas.)

Sí. Deberá la Humanidad viajar a la Luna y a Marte pero no por necesidad sino por libertad, no como loca opción al exterminio de la especie, sino como cumplimiento de un anhelo del espíritu. Para ello, antes, la Humanidad deberá superar toda desigualdad e injusticia y alcanzar una vida plena aquí haciéndose dueña y señora de su planeta, de sus recursos y de sus propios sueños.

 Es claro que la Luna obsede a unos hombres más que a otros. Por lo mismo, no terminamos de acostumbrarnos a ciertos ejemplares que combinan con gran destreza sus fantasías con el arte de maximizar su caudal o la nutrición de su ego y de paso cultivar su imagen de visionarios. Son fundadores de grandes compañías, como patriarcas de tribus, y algunos hasta se creen salvadores. Demás está decirlo, figuran entre los especímenes más ricos del planeta.

Les presento, pues, a los cuatro superchicos del Espacio: Elon Musk, Yusaku Maezawa, Jeff Bezos y Richard Branson. (¿Cuatro, como los hermanos Marx?) 

Elon Musk (1971), que fundó Tesla Motors, también es el fundador de la compañía SpaceX. Le ha dado con salvar la Humanidad, o esa es la excusa. ¿Su propuesta? la emigración espacial. Ha dicho: “Tarde o temprano, tendremos que expandir la vida más allá de esta bola verde y azul –o extinguirnos”. Quiere establecer una colonia humana en Marte en 2040. Fue asesor de Trump, pero renunció cuando EEUU se retiró del Tratado de París sobre el cambio climático. Ha dicho que es socialista, suponemos que a su manera. De niño era algo reservado. Además de su interés mesiánico, también le interesa el negocio del Espacio. Su empresa realizará un viaje turístico alrededor de la Luna en 2023.

Yusaku Maezawa (1975) será el primer pasajero del viaje de SpaceX alrededor de la Luna. Maezawa es un empresario de la moda y coleccionista de arte que empezó a hacer fortuna vendiendo discos. De joven le gustaba jugar con la patineta. Hace poco compró un obra de Basquiat por más de 100 millones de dólares. El japonés, a su vez, invitará artistas para que lo acompañen en su travesía y creen arte en el que plasmen su experiencia sideral. Él asegura que serán “obras maestras”.

Lo podemos ver en internet con su proyecto “dearmoon” y sus palabras inspiradoras: “Escojo ir a la Luna, con artistas. ¿Qué verán? ¿Qué sentirán? ¿Y qué crearán?” Y añade preguntándose -retóricamente, supongo- “qué clase de pintura habría hecho Picasso si hubiera podido ver de cerca la Luna” o “qué clase de canciones hubiera compuesto John Lennon si hubiera visto la curvatura de la Tierra”. 

Simpáticas preguntas imposibles de contestar. Uno no sabe qué pensar. Afirma García Márquez que le bastó recordar cómo su abuela le contaba los relatos de aparecidos para encontrar el tono del narrador de Cien años de soledad.De Picasso sabemos que el encuentro con el arte africano le señaló un nuevo rumbo pues le enseñó a mirar de otro modo. (Tal vez África para el malagueño era otro planeta.) Vaya usted a saber. A lo mejor, después de darle la vuelta a la Luna, los compañeros de viaje de Yusaku se quedan en blanco sin que se les ocurra nada. 

Jeff Bezos (1964), fundador de Amazon y, según los expertos, el hombre más rico del mundo, también tiene su compañía de transporte aeroespacial, Blue Origin. También dice que quiere salvar la Humanidad. ¿Original, no? A los 18 años dijo que quería “construir hoteles espaciales, parques de diversiones y colonias para 2 o 3 millones de personas”. En la página de Blue Origin leemos su misión: “construir un camino al espacio para que nuestros hijos puedan construir el futuro”. Uno se pregunta, ¿los hijos de quiénes? Su visión, según lo cita Los Angeles Times en 2016 es de “millones de personas viviendo y trabajando en el espacio”. Una de sus citas célebres reza: “Es necesario anticipar un cierto grado de fracaso”, palabras con luz que en estas aventuras espaciales esperemos que no olvide. Tiene varios contratos con la NASA. 

El “viejito” testosterónico del grupo es Richard Branson (1950). Comenzó a amasar fortuna con la venta de discos piratas y fundó la compañía Virgin Records. (Otra vez los discos, el círculo que se repite.) Cultiva la imagen de deportista. Ha hecho cosas como cruzar el Canal de la Mancha en una nave anfibia con el único propósito de batir el récord e intentar infructuosamente darle la vuelta al mundo en un globo. Aunque parece un vaquero medio jipitón, (antes se hubiera dicho “groovy”), le gusta también la pompa: la reina de Inglaterra lo ordenó caballero, y él aceptó muy gustoso. Es dueño de Necker, una de las Islas Vírgenes, (dicen que para evadir impuestos) y posee negocios de bienes raíces en islas vecinas. Como ya debemos esperar, también tiene su compañía aeroespacial, Virgin Galactic, cuyo nombre, casi como un amuleto de buena suerte, recuerda el comienzo de la riqueza del fundador. La compañía también quiere realizar viajes turísticos al espacio. Por un viajecito de 90 minutos Virgin Galactic cobra 250,000 dólares. No está mal. Su autobiografíaa se titula: Losing My Virginity: How I’ve Survived, Had Fun and Made a Fortune Doing Business My Way. Se cree simpático.

Ahora, después de este corto viaje con los olímpicos chicos del espacio pongámonos algo graves para la reflexión y regresemos a Tierra con la mitología griega. 

Prometeo desafió el Olimpo y trajo el fuego a la Humanidad. Ese fuego es gesto libertario y solidario, símbolo de conocimiento. Por eso, Zeus, castigó a su portador poniéndole cadenas. ¿No es hora ya de que esa Humanidad libere a su benefactor y asuma ella la responsabilidad de su propio fuego, de su imaginación, de su ciencia y de su riqueza mediante el principio bien aplicado del bien común planetario (“de cada cual según su capacidad, a cada cual según sus necesidades”)? Sí. Deberá la Humanidad viajar a la Luna y a Marte pero no por necesidad sino por libertad, no como loca opción al exterminio de la especie, sino como cumplimiento de un anhelo del espíritu. Para ello, antes, la Humanidad deberá superar toda desigualdad e injusticia y alcanzar una vida plena aquí haciéndose dueña y señora de su planeta, de sus recursos y de sus propios sueños. Estos no deben estar usurpados por un puñado de chicos machos desorbitados, aspirantes a Zeus, representativos de la explotación y desigualdad planetarias. Deberá ser, pues, la Humanidad, a un tiempo, Endimión o enamorada Endimiona, prudente Ícaro o Ícara y desafiante Prometeo o Prometea. Disfrutando, así, de todo en toda la Tierra, la Humanidad entera podrá y deberá ser democráticamente lunática. 

Hemos aterrizado.

Breves de Kalman Barsy

EFICACIA O EXPRESIVIDAD

¿Qué valoramos más? Hasta la manera de ponerles nombres a las calles y avenidas dice algo sobre nosotros en cuanto a esta opción.

Los españoles, por ejemplo, pueblo muy dado a la vehemencia y gestualidad extremas, nombran sus calles como si de homenajes se tratara. Este criterio, que prima sobre toda otra consideración, vuelve locos a carteros y repartidores. Baste un solo ejemplo:

En Badalona, provincia de Barcelona, donde vivo, hay una callejuela estrecha que arranca desde la costa llamándose Sant Jaume. Dos intersecciones y apenas cien metros más allá se ensancha, llamándose ahora, más pomposamente, Sant Francesc D’Assis. Pero poco le dura la bienaventuranza a este nuevo santo. No bien se topa con la primera intersección, pasa a llamarse Carrer del Temple, culminando en el sobrio edificio de la iglesia de Santa María en mística fusión ascendente. Todo esto en un recorrido que no llega ni a un kilómetro.

Por contraste, en la ciudad de Nueva York prevalece el criterio de funcionalidad. La mayoría de las calles de Manhattan son numeradas, con la abreviatura del punto cardinal correspondiente a continuación del número: 113 W. por ejemplo. De este modo uno sabe mejor dónde se encuentra; no hace falta honrar a nadie poniéndole a la calle su nombre.

Los españoles, por ejemplo, pueblo muy dado a la vehemencia y gestualidad extremas, nombran sus calles como si de homenajes se tratara. Este criterio, que prima sobre toda otra consideración, vuelve locos a carteros y repartidores. Baste un solo ejemplo:

Un punto intermedio entre estas dos actitudes lo encontramos en la ciudad de Buenos Aires. Allí las calles llevan nombre propio pero –con algunas excepciones– siguen llamándose igual a lo largo de todo su recorrido. El famoso “ego argentino” tiene también en esto su peculiar expresión. Elegimos no cambiarle el nombre a la Rivadavia hasta la ciudad de Luján, a 77,3 km. de distancia, y nos jactamos de tener la avenida más larga del mundo.

PALABROTAS

Los humanos nos comunicamos mayormente mediante conjuntos de sonidos o garabatos sobre papel que denotan alguna cosa. A estos llamamos “palabras”. Esencialmente, se trata de artefactos inventados para transmitir alguna información. Pero éste no es su uso exclusivo. Las palabras tienen también una “carga emotiva” que se transmite, y en ocasiones interfiere o cancela su función informativa. 

Es el caso, entre otros, de las “palabrotas”. Proferirlas o padecerlas nos sitúa en el ámbito de la pura emoción, en desmedro de su significado semántico. Así, no necesito ser una persona casada para ofenderme si me gritan “¡cabrón/a!”, ni mi santa madre tuvo que haber ejercido la prostitución para que me llamen “hijo/a de puta” en medio de una trifulca. Es evidente que se trata de puros exabruptos, sin vocación informativa alguna.

Resulta gracioso cuando las palabrotas se vacían a tal punto de significado que comunidades enteras de hablantes ya lo han olvidado completamente. Es el caso de “carajo”, por ejemplo. Aún con el diccionario de la RAE en la mano, no lograba convencer a mis amigos en Puerto Rico de que la primera acepción es (cit.) “miembro viril” –y no unas islas de la costa de África ni la cofia del palo mayor en un velero. 

Lo mismo sucede por todos lados y en cualquier idioma. El uso y abuso de “fuck” en inglés ya está tan alejado de la cópula como nuestro “joder”, o el “merde” francés de la representación mental del excremento humano. Todo es cuestión de costumbre, por supuesto –que estos vaciamientos de significado toman su tiempo. Después de muchos años viviendo en España todavía me perturba oír en boca de alguna señora mayor, muy compuesta, la ubicua expresión “a tomar por culo”, dicha con el mayor candor, como si no aludiera al coito anal con violencia.

La fórmula infalible para que las palabrotas recobren su significado original es cambiarlos a un registro culto o traducirlos a otro idioma. Hagan la prueba y verán.

Del preferir decir de Falsa heladería

Vanessa Vilches Norat  /Especial para En Rojo

Ojalá fuera cierto que presentar un libro es otra forma de repetirlo, como asegura Michel Foucault1. Si así fuera, la tarea de comentar Falsa heladería de Mara Pastor, publicado por Ediciones Aguadulce (2018) no sería tan arriesgada. ¿Será porque la firma es una de las más constantes de la poesía contemporánea puertorriqueña?; voz original por ser a la vez tierna e indócil, cotidiana y sesuda, juguetona y letrada, divertida y política. Quien haya leído Poemas para fomentar el turismo (2012), sabe perfectamente de lo que hablo2. ¿Acaso el resquemor será miedo a desvirtuar el acontecimiento de su poesía, a falsear su tono, a deformar su propuesta? La faena de comentar este hermoso poemario parece tan osada como comerse una barquilla de helado de tamarindo bajo el caluroso sol veraniego de la Plaza Las Delicias de Ponce. De tener suerte, la memoria del sabor agridulce sobrepasará el recuerdo de las manos pegajosas. 

Si algo quisiera transmitir hoy es la alegría que me produjo la lectura de este texto. La alegría se desvanece, pensarán, como el helado en el calor o el espejismo de una falsa heladería. (Y no puedo imaginar mayor crueldad que una falsa heladería en una tarde de domingo ponceño.) Se equivocan, el placer que me provocó la pulsión vital de este libro en su plantarse en nuestro presente y proclamar futuro, en el tirar piedras con arrojo a los escaparates de falsas heladerías, perdura. 

Compuesto de tres partes: “Los bustos de Martí”, “Paraíso perecedero” y “Deuda natal”, el poemario nos permite el gozo del desafío con un tono y una postura de escritura que trazan líneas de fuga a nuestro presente de laboratorio neoliberal, de fábrica de sujetos, territorios y paisajes endeudados. La poesía no es una categoría separada de la experiencia. Muy por el contrario, Pastor reclama lo posible dentro de la cotidianidad de quien se reconoce en su día a día, de quien sobrelleva un cuerpo (cuerpo mujer, a veces preñado) en un aquí (Puerto Rico) y en un ahora particular (la crisis fiscal). Ya en el salón de clases, ya en una fila esperando por combustible, ya en el litoral de Ponce, ya montada en una bici avistando pájaros -tanto tiñosas como pitirres- o frente a la pantalla del celular dando likes, esta voz poética femenina escruta el presente para darnos el saldo de un paisaje que subsiste a la explotación, de unos cuerpos que sobreviven la violencia y el expolio, y de un país que resiste la Deuda. 

Hay mucho de inquieta observadora en esta voz poética. El retorno al país natal que propone el libro, lo precede un recorrido por otros paisajes y cuerpos también contaminados y violentados que traducen la apropiación planetaria del capitalismo, según leemos en la primera parte, “Los bustos de Martí”. En Chacahua, México, en la Habana, Cuba o bien en un cine club en Londres, esa voz cosmopolita refiere otras formas de vida como la de la valerosa Beatriz Magadán, la de una guerrera mossi o la de Jason en una película de Béla Tarr. El capitalismo no tiene territorio propio, lo sabemos, se adueña del planeta hasta el infinito. Por eso el umbral del poemario son “todos los hermosos bustos de Martí” que, repartidos por el mundo, parlotean Martí”. Al reconocer que nuestro presente puertorriqueño no es exclusivo y al proponer un lenguaje vinculante con el resto del mundo, el poemario exhorta a superar el enajenante insularismo que nos hace avergonzarnos de nuestra condición colonial/endeudada. 

La vuelta a la deuda natal, que es al país de origen, en las últimas dos secciones del poemario “Paraíso perecedero” y “Deuda natal”, implica saberse arruinado solo por pertenecer a una geografía perdida. La ecuación inescapable del capitalismo neoliberal impone una economía del impuesto como técnica de poder. Su más importante dispositivo, como bien ha planteado Maurizio Lazzarato, es la fabricación del sujeto endeudado, quien lleva impreso en el cuerpo y en la mente la lógica de los acreedores3

La voz poética de Falsa heladería renuncia a la subjetividad endeudada. Ni avergonzada ni culpable, sabe bien que nunca contrajimos tal obligación. El poemario no es un canto melancólico ante la pérdida de todo lo que compone el país, es el ajuste de cuentas con ese presente de saqueo. Es el reconocimiento de que hay Otros posibles más allá de los enunciados por el mercado y las finanzas. ¿Qué es este bello libro sino una exteriorización de las relaciones de explotación bestiales del capitalismo tardío? ¿Qué es la palabra aquí sino una forma de resistir?

En “Rompeolas”, el yo poético, parada frente al litoral, expresa la dignidad de su arrojo:

Pero serás un poema

Sobre volver a un rompeolas,

Y sopesar los pedazos de la isla,

Sus metales pesados,

Los seres queridos que se van:

Pensar, desde otra orilla, en la sobrevivencia,

Y entre tanto aedes, en el amor.

Regreso para pisar esta tierra y caminar con las mujeres

Que vuelven a este rompeolas

A detener la marejada.

Ante la deuda, que se dice a pedacitos en una isla hecha cantos, habrá que hacer un registro de presencias. Frente al paraíso fiscal que se legisla, la voz poética propone un paraíso perecedero. Renombrarlo es denunciar el saqueo, es reapropiárselo sin recurrir al espejismo. El paraíso puertorriqueño ha sido intervenido por tantos siglos que el expolio se nombra desde la cotidianidad de los mosquitos del dengue y la contaminación ambiental. 

El retorno lo es también a una tradición poética caribeña e insular. Los referentes son trazos que la poeta busca en el diseño de sus líneas de fuga. Pastor comparte la conciencia de pertenecer a una geografía invadida y expropiada que leímos en el inventario furioso de Cuadernos del retorno al país natal, que Aimé Césaire escribió a su regreso a Martinica en 1939. Muy presente también está José María Lima con su discurso poético anticolonial de La sílaba en la piel (1982). Nada ha cambiado demasiado en esta historia imperial de siglos. Por eso, frente a los estados financieros, los recortes presupuestarios, aquí se conjuran los activos del presente y se apuesta por el porvenir. La correlación entre el acto de nombrar y el deseo de futuro sugiere liberarse de la sujeción de la deuda. No hay mayor temeridad que invocar el futuro, tiempo verbal en el que se escribe el último poema del libro “Deuda natal”:

Poco tendré

Casa alquilada tendré.

Deuda tendré.

Árbol diré,

Hoja diré.

Tornado diré.

Río diré.

Tormenta diré.

La epífora verbal, la repetición de los verbos diré, tendré, querré, seré, condensa la osadía del yo poético que desea en futuro.

Habría que ver el despliegue de todo un vocabulario financiero en este poemario que nos evoca las multiplicaciones de las oficinas del New York de García Lorca; el costo, la deuda, la cifra, la liquidación, el saldo, el excedente se acomodan en estos versos al lado de las playas, las enredaderas, los peces de luz, los ostiones y los islotes porque el paisaje, y cuanto tiene de humanidad, está intervenido por la transacción. También se vuelven obsesión las alusiones alimentarias en el libro, lleno de “deseos de maíz”, de “falsas heladerías” de harinas alergénicas e “intestinos futuros”, como si los versos temieran el hambre, como si la palabra fuera pan de maíz.

En Falsa heladería la escritura, reverso de la lectura, es línea de fuga. “En lo invisible del entrecortado” se sitúa la voz poética que nos incita constantemente a cambiar de paradigma: “hay que aprender a leer los matojos”, advierte en un verso. En otros expresa: “es tiempo/ de relanzarnos con un nuevo/sistema de radar”. Por eso se lee poesía en los comedores universitarios, el salón de clase empieza en el patio frente a un jardinero que canta rancheras y las palabras, “esas cajitas que contienen otras” se proponen como originales milpas que prometen nuevas significaciones. 

El yo poético descentra el ordenamiento capitalista, organizado a partir del hombre y la depredación del planeta, para proponer nuevas categorías. Y el cuerpo preñado, con toda su carga de futuro, es el signo que mejor desmadra la lógica del capital.

 En el poema “Apellidos sobre el cuerpo” la poeta propone “el preferir decir” de su acción poética. 

En 1837 William Montgomery

creyó ser el primero en descubrir

las glándulas areolares que pueblan

ahora mis pezones llenos de leche.

Desde entonces, les decimos

tubérculos de Montgomery.

prefiero decirle peca de azúcar,

oasis de leche, polen de girasol.

En esa prosa poética, Pastor sustituye los nombres imperialistas de la ciencia en uno de sus territorios favoritos: el cuerpo expectante. A los tubérculos de Montgomery, los llama “peca de azúcar, oasis de leche, polen de girasol”, a las contracciones de Braxton, prefiere nombrarlas “ensayo de alumbramiento, inundación repentina, volcán submarino”, el signo de Chadwick, se le antoja “berenjena que hace cosmos”. Renombrar es volver a parir el lenguaje. Con el preferir decir la poeta vacía los contenidos del mapa de invasiones que es la ciencia, desnaturaliza su motor depredador. Preferir decir es resarcir con nuevas imágenes lo nombrado. De aquí que el juego de palabras sea un tropo recurrente en el libro, pues invita a reinterpretar, a descolocar los sustantivos, a ensayar nuevas sintaxis de realidad. La sorpresa la detona la repetición desubicada del sustantivo en una nueva gramática que con su ingenio provoca humor.

Y al fin, el ombligo. Coincido con Carina del Valle, prologuista del poemario, en que la maternidad, el hilo que conduce la vida al porvenir, desborda este libro. Aquí la preñez es metonimia de la función política del poemario. El deseo de maternidad, en un presente tan aciago para el país, se vuelve línea conductora de la portación de sentido, del hoy y del mañana. Sin proponer una mística de la maternidad, con la voz poética de Falsa heladería Mara Pastor disipa la antiquísima división entre “las que dan vida” y “los que dan el sentido”4. Desbanca así la noción del cuerpo femenino (maternal) como pura materialidad. El libro iguala dar vida a dar voz, sinónimos de poesía, dones que interrumpen la ley de la economía. Así en su poema “Homenaje al ombligo”, en abierto reconocimiento a la escritura de José María Lima y Ánjelamaría Dávila (1966), declara su impulso vital y poético como su mayor legado:

Origen de hormiguero

de la luz blanca que de mí

regresará a ti para enseñarnos

que un ombligo acaba 

cuando otro está

a punto de comenzar.

La herencia de Falsa heladería de Mara Pastor es animarnos a “la temporalidad de lo posible”5. Si “lo que cuenta es el arrojo”6, que los ombligos sean rutas, estelas, fugas, discurrir eterno. Ya lo dijo su Beatriz Magadán: “El miedo es no atreverse a hacer otra cosa”7

1 El orden del discurso, (Madrid: La piqueta, 1996).

2 (San Juan: La secta de los perros).

3 Gobernar a través de la deuda. Tecnologías de poder del capital neoliberal. Trad. Horacio Pons, (Buenos Aires: Amorrortu editores, 2015).

4 Julia Kristeva y Catherine Clémens, Lo femenino y lo sagrado. Trad. Maribel García, (Valencia: Ediciones Cátedra, 2000).

5 Lazzarato, 242.

6 “El arrojo”, Falsa heladería, 48

7 “Beatriz Magadán”, Falsa heladería, 29.

Crucigrama: Liliana Heker

Horizontales

2. Diez en romanos.

3. _______ Heker; escritora suramericana. Autora de La fiesta ajena; Acuario; Las peras del mal; y, Zona de clivaje.

10. Se dirigía.

11. Hogar.

12. Nota musical.

13. Recupere.

15. Símbolo del erbio.

17. Rasgará ligeramente el cutis.

18. Los bordes de lo _______; (1991) cuentos de Heker.

19. Soásala.

20. _______ de las Américas; premió a Heker en 1966 con mención única por su libro Los que vieron la zarza.

22. Símbolo del cesio.

23. Afirmación.

25. La mitad de un todo.

28. Ente.

30. Un resplandor que se apagó en el _______; (1977) tríptico de nouvelles de Heker.

34. _____; título de libro de cuentos de Heker.

35. Del verbo amasar.

36. Símbolo del neón.

37. Cuajo.

39. Negación.

40. Las peras del _______; (1982) libro de cuentos de Heker.

41. La _______ Julia y el escribidor; novela de Vargas Llosa.

42. Mango.

43. Patria de Heker.

47. Época.

49. Venir abajo.

51. Impar.

52. Habilidad.

54. _______ de clivaje; novela de Heker premiada en 1987.

55. Colina de Jerusalén.

Verticales

1. Liliana _______; fundó junto a Abelardo Castillo las revistas literarias El Escarabajo de Oro y El Ornitorrinco.

3. Moneda italiana.

4. Ibéricas.

5. Barniz, pl.

6. Municipio de Valencia.

7. Relatas.

8. Zona.

9. Los que vieron la _______; libro de cuentos de Heker.

12. Virtud teologal.

14. Juan de _______; conquistador de Nuevo México.

16. Ave americana parecida al avestruz.

21. Junta.

22. Repetir a coro.

24. Imantan.

25. Apócope de mamá.

26. Vierte.

27. _______ Fleming; escritor británico.

28. Desamarré.

29. Capital de Marruecos.

31. Utilizo.

32. Veinticuatro horas, pl.

33. Pronombre.

38. Departamento de Francia.

43. La fiesta _______; cuento de Heker.

44. Color rojo.

45. Hijo de Dédalo.

46. Buenos _______; ciudad donde nació Heker el 9 de febrero de 1943.

48. Voz para arrullar.

49. Negación castiza.

50. Y en latín.

53. Donde, poéticamente.