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Discurso contra el colonialismo

Al pueblo independentista

“Los colonizados saben que poseen una ventaja sobre los colonialistas. Saben que sus amos provisionales mienten. Y, por lo tanto, que sus amos son débiles”, asevera el poeta martiniquense Aimée Cesaire al comienzo de su texto Discurso sobre el colonialismo. No cabe duda de la certidumbre de esta afirmación. Desde la lógica colonial el que detenta el poder, la parte hegemónica, controla el territorio y a sus sujetos, pero si bien esto es cierto, paradógicamente, los colonizados se adueñan de las propias herramientas de sus amos para lograr apropiaciones que les permitan la. sobrevivencia

La Universidad de Puerto Rico es un ejemplo de ello. Creada por el imperio en el 1903, la Universidad “nació chiquita”, apuntan Silvia Álvarez Curvelo y Carmen Raffucci, concebida por un modelo colonial que urgía el desarrollo de maestros y técnicos agrícolas, algo lejos de los sueños criollos, para así construir una modernidad que continuaba de forma más sofisticada la iniciada durante el renacimiento desde su lado más oscuro (The Darker Side of Reinassance diría Walter Mignolo). Los puertorriqueños nos apropiamos de ella poco a poco venciendo los años de la Guerra Fría y los desfiles militares, haciéndola centro de luchas nacionales, y logrando la entrada a las aulas de temáticas puertorriqueñas y caribeñas, así como de discursos educativos fundados en saberes liberadores y prácticas pedagógicas más inclusivas. De aquí que la universidad deviniera en la más importante fuerza motriz de la cultura del país y de su economía a pesar de sus alas recortadas por una red legal que le impide salir por completo del cerco de la colonialidad, término que acuñara el sociólogo peruano Aníbal Quijano.

Howard Zinn en su libro A People’s History of the United States, plantea que existen dos Estados Unidos: el de los emigrantes, el tolerante ante las diferencias, el que celebra la diversidad, y el Estados Unidos bélico que le arrebató las tierras a México y que, añadimos, cultiva prácticas genocidas contra Irak y suple armas para la carrera armamentista. La barbarie europea, comenta el martiniquense Cesaire en su central ensayo, es solo superada por la estadounidense, lo que sigue siendo cierto. Desde el 1898 los puertorriqueños estamos intervenidos por una nación que lleva las riendas del llamado capitalismo del desastre en el planeta.

Hace ya casi dos años los Estados Unidos nombró a una Junta de Control Fiscal que ha convertido al poder en una auténtica dictadura. La Junta no es la gesta filantrópica que algunos esperaban. Se trata de modernos piratas, “Pirates of the Caribbean”, que buscan oro y comercio, como los globalizadores del planeta y, como nos recuerda Cesaire visionariamente, forman parte de los que persiguen “extender la competencia de sus economías antagónicas a escala mundial” como se ha hecho en la globalización de los mercados. El imperio volvió con todas sus fuerzas a cobrar una deuda de 73 billones que tan siquiera ha sido auditada y que tiene todos los visos de ser en gran medida fraudulenta.

El despojo de la tierra:

de San Ciriaco al huracán María

Los depredadores están aquí. Llegaron inicialmente en sus naves alborozados por el encuentro con la tierra y bautizaron a la primera isla como San Salvador. Era el año 1492 cuando arriban a la posteriormente nombrada zona caribeña. En realidad la nueva camada había llegado antes que el huracán María. Ya en una columna de Foundation for Puerto Rico se anunció a los nuevos moradores que no son otros que los voraces inversionistas que buscan ocupar nuestras tierras. Desprotegidas legalmente tanto las agrícolas como las que componen parte de las reservas naturales, los puertorriqueños se encuentran acorralados ante el despojo de una Junta que pretende regir el destino del país, una Junta que viola los derechos humanos y constitucionales de este pueblo caribeño, como lo son el derecho al empleo, a la seguridad social, lo que comprende los mecanismos para asegurar la subsistencia mediante una agricultura sustentable basada en la diversidad agroecológica que garantice la seguridad alimentaria y la nutrición. El colonialismo impuesto por el mercado global y la banca pretenden privatizar la infraestructura de la Isla y sacarle partido a todo lo que pueda abonar al pago de una deuda que ha sido creada por conflictos de intereses, denuncia que ha hecho en repetidas ocasiones el Centro de Periodismo Investigativo.

Los huracanes, lamentablemente, han sido incentivos para los que se aprovechan de la ruina de los otros. A fines del siglo XIX, a un año de la llegada de las tropas estadounidenses, el ciclón San Ciriaco mató a más de tres mil personas, destruyó haciendas y perjudicó especialmente a los pequeños agricultores. Muchos huyeron del país, yéndose a vivir a Hawaii. El historiador Stuart Schwartz advirtió que por ello se vendieron las tierras puertorriqueñas logrando imponer el monocultivo de la caña que ya para el 1912 estaba solidificado.

El huracán María de 2017 devastó el ochenta por ciento de las cosechas según publicara el New York Times el 25 de septiembre de ese año. La esperanza del repunte de la economía agrícola se fue a pique y hasta el ganado se perdió. Las leyes de cabotaje estrechan aún más el círculo colonial. Las medidas neoliberales se recrudecen como lo demuestra el pretendido asalto al retiro de miles de puertorriqueños.

La tierra debe ser protegida legalmente. Bajo la Ley PROMESA los miembros de la Junta se encuentran autorizados a vender terrenos públicos para el pago de la deuda. Solo 89,110 cuerdas se encuentran protegidas en la actualidad, de acuerdo con el Servicio Federal de Conservación de los Recursos Naturales, de un total de 720,000 cuerdas arables necesarias para la autonomía alimentaria.

Puertorriqueñ@s o residuos de la era global

Si la teórica jamaiquina Sylvia Winter se pregunta que es ser negro yo me pregunto desde este archipiélago del Caribe que significa ser puertorriqueño. Es ser nómada, deambulante, vivir en el riesgo de la ciudad infame, del no lugar, de la ciudad obscena; estar en la incertidumbre de perder el trabajo y de vivir con las sombras, a veces de la muerte, acechándote. Es vivir en una narcoisla en la que las masacres son parte de la vida cotidiana, así como los adolescentes que poseen armas. Seremos residuos, palabra que tomo de Zygmunt Bauman, como ya lo son muchos. Parecidos a los palestinos no nos rodea un muro de piedra sino el siniestro hecho de que el 85 por ciento de la comida es importada y llega a nuestros colmados gracias al flete marítimo de los Estados Unidos. La literatura de la Isla ya hace tiempo ha cambiado los espacios tropicales por la sordidez de las calles. Tal vez sea Francisco Font uno de los autores que mejor ha presentado la misma en su libro La belleza bruta.

La lucha es también global

La visita de la activista canadiense Naomi Klein convocada por el colectivo universitario PAReS y su trabajo solidario constituye un rayo de esperanza. Las iniciativas comunitarias que han surgido a lo largo de la isla, muchas de las cuales se reunieron con esta destacada militante global, constituyen una forma de organizarse y de resistir mediante un liderato horizontal las presiones a que están sujetas y que “la batalla por el paraíso” turístico que planifican los inversores dé paso a un paraíso realmente comunitario.

El trabajo de diplomacia y de denuncia internacional realizado por compañeros y compañeras con pasión necesita ser apoyado e incrementado. Las plataformas sociales son parte indispensable de esta lucha que es un discurso contra el colonialismo y una gesta económica por la sobrevivencia.

Betances sigue en la calle

La figura de Betances sigue latiendo en los numerosos murales que resisten por medios gráficos la cultura de los billboards, de la banca y del colonialismo rampante. No se trata de crear falsos héroes de una genealogía nacionalista. Entendemos el porqué del mural de Betances en la pared del café/pub El Boricua en medio del pueblo. El viejo maravilloso se ganó el apelativo. No solo fue un gran médico, higienista y abolicionista sino un estratega político que lo mismo curaba enfermos, que escribía ficciones y que no dudaba en hacer alianzas que condujeran a la liberación de Puerto Rico y a la de Cuba. Tal vez el mejor tributo que podemos darle a estos dos caribeños, Cesaire y él, sea el gesto de la unidad de todos los independentistas. Los que todavía recordamos la sangre derramada de Filiberto Ojeda Ríos lo reclamamos. Que suene la trompeta.

Pedro Salinas en Santurce II

En carta del quince de septiembre del cuarenta y tres a su amigo y gran poeta Jorge Guillén, Pedro Salinas describía su llegada a la isla de Puerto Rico: “Tenemos dos habitaciones amplias, sencillas pero cómodas, en el barrio llamado el Condado, que es el mejor de aquí. No se ve el mar desde nuestra casa; se oye por las noches porque está cerca, a unos doscientos metros. Así que voy como el borracho a la taberna de la esquina, dos o tres veces al día, a echarme mi vista al mar, o mi trago de ojos.” Más adelante, Salinas añade: “Me divierte mucho irme por las mañanas a callejear, a ver las tiendas y a sumirme en ese tráfico, un tanto desordenado, pintoresco y alborotado. Se entra en unos portalillos, donde se beben refrescos del país, que sólo con los nombres satisfacen al más sediento: ajonjolí, tamarindo, guanábana, guarapo de caña. Y el caso es que son deliciosos.” En carta del seis de noviembre, describe en detalle la fascinación que sentía por su nueva circunstancia insular: “¿Es posible que esto sea noviembre? Sol radiante, calor fuerte en el centro del día, calorcillo por las noches; un barrunto de fresco a la madrugada; y todos los árboles en plenitud de verdor, y muchos con flor. Indumentaria sumarísima, mangas de camisa constantes en casa; una sábana, por las noches, y sobra. Estoy encantado. Y la belleza natural se intensifica. El otoño aquí se nota por unas mareas altas que llaman ‘las mareas de los muertos’; el mar ha llegado a un grado tal de hermosura que yo me paso la mañana mirándolo. Y el nuberío se colora en esta estación con más variedad y profundidad que en verano. Casi casi, más que el paisaje lo hermoso en Puerto Rico es el celaje. Y lástima que no haya modo de traducir el seascape. Paisaje marino incomparable, éste. Hay a poca distancia de la playa muchos arrecifes, esparcidos. De modo que en cuanto se mueve un poco de viento rompen las olas, y se puebla todo el mar de espumas, que corren, saltan y dan una sensación de circo natural, y de alegría marina pasmosa. En fin, estoy encantado. Nosotros no vemos el mar desde la casa, ése es mi torcedor, pero me han dado una autorización para ir a un club, a dos minutos de aquí, que está a la orilla misma del mar, y en el que no hay nadie hasta las cinco de la tarde. Me llevo mis libros y papeles, preparo las clases, escribo alguna cosilla menor, y contemplo a mi adorado. Primera consecuencia: un poema sobre el mar, llamado: “El contemplado”, que se escribiría si Dios quiere, y del que no hay hasta ahora más que tres renglones.”

Hay que imaginar a Salinas sentado ante una mesa, entre papeles, plumas y pisapapeles, salvando del viento lo que puede. A media intemperie, en pleno mediodía, fija los ojos en la hoja o el mar, en la ondulante lámina blanca o en la sinuosa superficie de las olas volviéndose espuma. Al mirarlos mira lo que por ser transparente ya no se ve: el incesante cambio. De espaldas a la ciudad de San Juan, en la ardiente canícula, impávido retarda el visaje en las voluminosas aguas que se vuelven burbujas. Las mira crecer y encaracolarse hasta romperse. El obstinado rigor de esa mirada que recuerda “El cementerio marino” de Paul Valéry o “Muerte sin fin” de José Gorostiza, llegará a objetivarse poco a poco en el poema extenso “El contemplado”. El tema inicial de dicho poema encabeza las catorce variaciones que lo completan.

De mirarte tanto y tanto,

del horizonte a la arena,

despacio,

del caracol al celaje,

brillo a brillo, pasmo a pasmo,

te he dado nombre; los ojos

te lo encontraron, mirándote.

Por las noches,

soñando que te miraba,

al abrigo de los párpados

maduró, sin yo saberlo,

este nombre tan redondo

que hoy me descendió a los labios.

Y lo dicen asombrados

de lo tarde que lo dicen.

¡Si era fatal el llamártelo!

¡Si antes de la voz, ya estaba

en el silencio tan claro!

¡Si tu has sido para mí,

desde el día

que mis ojos te estrenaron,

el contemplado, el constante

Contemplado.

Las voluminosa correspondencia que Pedro Salinas dirigiera a Jorge Guillén en la mejor ventana al proceso vital e intelectual que dio paso a la escritura de magnífico poema “El contemplado”. La prosa epistolar tenía gran importancia para Salinas como fuente de autoconocimiento. En un ensayo titulado “Defensa de la carta misiva”, también escrito en Puerto Rico, Salinas señalaba que “el estado de ánimo del escribiente, los sentimientos que por modo más o menos confuso se sentía latir dentro, se le dibujan, al paso de los trazos de la letra. El primer beneficio, la primera claridad de una carta, es para el que la escribe, y él es el primer enterado de lo que quiere decir por ser él el primero a quién se lo dice. Surge de entre los renglones su propio reflejo, el doble inequívoco de un momento de su vida interior. Todo el que escribe debe verse inclinado –Narciso involuntario– sobre una superficie en la que se ve, antes que a otra cosa, a sí mismo. Por eso, cuando no nos gusta el semblante allí duplicado, la hacemos pedazos, es decir, rompemos la carta.” En efecto, la correspondencia que Salinas dirige a Guillén tiene casi la constancia de un diario íntimo en el que el escribiente va consignando su mirada como auto-reconocimiento. El doce de enero del cuarenta y cuatro, Salinas le comentaba a Guillén: “Me gusta esto cada día más, continúo mis sesiones diarias de observación marina. Lo del mar sí que es a ratos excesivo, de hermosura. Algunas mañanas vuelvo a casa con una especie de alelamiento, por el espectáculo. Y ahora, esta luna de enero está resultando, también, de primera. Me asusta la idea de tener que volver a los fríos y los calores sin gracia ni compasión de Baltimore.” Cuatro meses más tarde, el primero de abril del cuarenta y cuatro, añade Salinas: “Todas las mañanas trabajo un rato, por lo menos una hora, en mi azotea frente al mar. Resultado: la serie que titulo ‘El contemplado’ consta ya de 13 poesías.” La creciente productividad y el bienestar iban acompañados de una captación incesante del paisaje: “Puerto Rico –dice Salinas–, invariablemente hermoso. Increíble la fidelidad de este clima a sus hermosuras. Ni sombra de frío, sol, luz constante, verdor en todo. Jardín en medio del horror mundial.” Dicho bienestar se quebraba sin embargo en los últimos meses que pasara el poeta en la isla, según su propio testimonio del 10 de mayo del cuarenta y seis: “El encanto del Trópico, si no se me ha roto, está malamente agrietado. Yo creo que desde que tomé la resolución de marcharme, los dioses del lugar, ofendidos, han desencadenado sobre mí todo género de achaques y alifafes, o dolamas, como dicen por esta tierra. Llevo dos meses desastrosos, yo que había pasado dos años y medio de bienestar.” En julio del cuarenta y seis, ya de vuelta a su cátedra en Baltimore, Salinas hace balance de su experiencia puertorriqueña: “Me siento muy pesimista sobre la situación de esta nación… y de las demás. Y cada día se me aparecen esos años de Puerto Rico, como una vacación seguida, sin interrupción, donde todas las cosas desagradables llegaban atenuadas. Por eso has notado, tan certera y cariñosamente, el gusto con que escribí esos poemas. Sí, es verdad. Nunca escribí tan sin prisa, tan volviendo al poema y dándole vueltas, tan complacido. Y es porque tenía allí delante el objeto del poema, inalterable y variado, a mi disposición, mañana tras mañana.”

La vida estaba en otra parte

(Este texto inédito sirvió como presentación al libro Elizam Escobar: Obra poética 1980–2016 el 24 de mayo de 2017, día en que el artista cumplió 69 años).

Quiero empezar con un reconocimiento de algo vital en las celebraciones de esta noche. En septiembre, Elizam Escobar cumplirá 18 años de libertad material.

Elizam ha vivido 72% de su vida fuera de la cárcel. Así que hoy no solo celebramos su cumpleaños #69 (Y si un cumpleaños había que celebrarle a Elizam era el 69!!!!) (Quiero decir en honor a su trabajo erótico formal, antológico. O sea, en sus obras y en la poesía y eso, no sean malpensados… ustedes son terribles).

Hablando en serio. Reconozco y agradezco a Yolanda haber tenido la visión y el empeño para celebrar esta actividad que no es más que un pretexto para celebrar la vida de un gran amigo al que siempre le vamos a quedar debiendo, de un intelectual y artista único, irrepetible, en nuestro país y, por supuesto, de uno de nuestros grandes patriotas; una de las personas que más ha ofrendado a la lucha dura y centenaria de la independencia de Puerto Rico.

Así que, si venimos a ver, lo que hoy celebramos son los años de vida y de libertad que, entre todos, le hemos podido robar al colonialismo, a nuestra propia destrucción, a toda la represión y los intentos de invisibilización de nuestro derecho a ser libres, a una lucha muy desigual que a veces ha sido sangre y a veces ha sido dejar una pequeña fuente con la corriente mínima para que permanezca viva.

Hoy celebramos el tiempo de Elizam, el que hemos vivido con él en estos 18 años tan intensos y fructíferos (en los que además hemos gozado muchísimo), los que pronto serán 19 y por fin sobrepasarán los años de prisión.

No sé si ustedes saben que, desde 2001 y al menos hasta hace 3 ó 4 años atrás, Elizam soñaba todas las noches de su vida con la prisión. No eran necesariamente sueños tortuosos. Después de todo, siempre eran distintos tipos de cárceles. “Nena, en algunas venden Medallas y todo”, me explicaba él hace unos años atrás. “En otras, hay unas mujeres bellísimas, unas fiestas tremendas”.

Esto no me pareció para nada extraño pues desde la primera entrevista que le hice, un mes después de haber salido de la cárcel, siempre noté en él una pequeñísima, casi imperceptible nostalgia, no exactamente de la prisión sino de algo que tal vez solo ocurriría allí.

Por eso no me sorprende leer en este libro que hoy nos convoca, ‘Elizam Escobar: Obra poética 1980–2016’, particularmente en el poemario ‘Sobrelibertá: poemas del siglo XXI’ un poema que dice:

Echo de menos la ausencia

el encierro, la vida mental

echo de menos las vueltas

en círculo

las cartas, la espera eterna (p. 234)

Siempre ha habido quien dice que nuestros presos salen de la cárcel pequeña para unirse a nosotros en la gran cárcel. Yo nunca vi a Puerto Rico como una gran cárcel a pesar de que, por supuesto, sabía exactamente a qué se referían y sé que hoy día no estamos nada apartados de esa metáfora. Pero como dice Elizam, son cárceles muy distintas. En una puedes comprar Medallas, ver gente bellísima, subir un monte, leer un libro en la playa, visitar a tu familia, ir a un piquete (aunque creo que eso de piquetear ya es ilegal aquí. Es posible que vayamos todos presos en el próximo piquete que se nos ocurra hacer).

Es cierto que Elizam carga siempre con su cárcel. Pero su prisión, en efecto, es distinta. Es un estado de profusión mental que detona todo un universo creador. Porque Elizam ya es, más que un artista, un universo: político, plástico, poético, literario, amatorio, psíquico, crítico, filosófico, un universo de la libertad, con todo y sus prisiones a cuestas.

De hecho, no es por ponerme grandilocuente pero todavía no he podido dar con ningún otro preso político o luchador independentista en nuestra historia que reúna todas las capacidades creativas de Elizam. Hemos tenido presos y presas políticas, líderes de la independencia, que han sido poetas, escritores o escritoras, filósofos, hemos tenido místicas y místicos, espiritistas. Otros han sido artistas plásticos. Pero no he dado con ninguno que haya sido todo eso y, sobre todo, con la dimensión simbólica de Elizam Escobar quien, sin duda, es de los talentos plásticos y literarios más exclusivos que ha dado el Puerto Rico de finales del siglo XX y del XXI.

En esta extraordinaria compilación poética editada y también curada por José Ramón Meléndes (porque contiene unos elementos plásticos que son los que terminan las obras, construyendo toda una exposición en el libro) hay 36 años de trabajo poético, incluyendo unos primeros ejercicios en los que se siente un poeta en ciernes en el duro proceso de romper su cascarón. Y sin embargo, sorprendentemente rápido, creo que gracias a la honesta y reveladora curaduría del Che, esos poemas primerizos se convierten en poemas muy sofisticados. En mi humilde opinión, el primer golpe de fuego que una recibe en este libro es el segundo poema, Ángel Rodríguez Cristóbal: Inmolado, dedicado al militante de la Liga Socialista que sabemos fue asesinado en una cárcel de Tallahassee en 1979, cuando cumplía tiempo por desobediencia civil en Vieques. Los carceleros mintieron vilmente diciendo que había cometido suicidio. Para honra de nuestro movimiento de liberación, ese asesinato fue debidamente vengado por uno de nuestros grupos armados. El poema de Elizam asume la voz de nuestro inmolado desde la muerte misma.

(Como no encontraron nada

Destruyeron mis fundamentales trozos

Del amor, del apego al amor, compañera

Sus ojos preñados de malicia

Descargaron la pus cobarde

Que les nace como su yo–infectado)

Creo que por todo esto, sumado al reciente acontecimiento de nuestra victoria en la excarcelación de Oscar López Rivera, decidí limitarme a hablarles un poco sobre dos asuntos aquí hoy, cosa de no torturarlos demasiado: la cárcel como telón de fondo y la poética del sueño de Elizam Escobar.

Elizam y la cárcel

La vida estaba en otra parte. Eso Elizam lo supo desde el día mismo en que entró a la cárcel. No es entonces extraño que haya recurrido a la vida simbólica que el arte posibilita para que le creciera vida a la anti–vida de la cárcel. Pero Elizam siempre dice que no recurrió al arte como terapia.

“El arte puede ser una terapia, no tengo problema con eso. A los presos, el arte los ayuda a liberarse, a desahogarse. Pero para mí el arte no se puede limitar a una terapia porque el arte es algo que puede ser lo contrario, te puede joder la vida. Es una tensión. La guerra es la continuación de la política por otros medios. Y el arte para mí es la continuación de la vida por otros medios, los simbólicos. No está separado de la vida pero no es la vida”.

Lo más aceptable es pensar que la experiencia extrema de la cárcel no tiene muchas equivalencias o comparaciones posibles. Así que perdonen mi intento tal vez muy fallido pero se me ha ocurrido que –como la ceguera en escritores como Borges o la temática recurrente de la imposibilidad en la mejor poesía– la cárcel permite – o más bien acelera, provoca– un desplazamiento urgente, un traslado de lugar mental, una búsqueda perenne de aquella otra cosa que tú sabes existe, es posible, allá fuera. Y que es también tensión pura como dice Elizam. Pero tú sabes que es la vida, que es la creación, que es la angustia y la aflicción de la búsqueda de libertad.

Ese desplazamiento surge en, al menos, dos vertientes que han sido evidentes en la obra de Elizam, tanto plástica como poética: el beso del pensamiento, es decir, la vida mental; y el sueño como universo poético. Y cuando digo la vida mental –que la llamo el beso del pensamiento, como el otro libro de Elizam, el Antidiario de prisión: el beso del pensamiento, también editado por Che– eso incluye un universo afectivo realmente expansivo.

Como espectadora de la obra de Elizam, siempre he entendido su beso del pensamiento, no solo como el ejercicio intelectual que es sino también como un desdoblamiento de toda la ternura, del amor, del tacto que está materialmente ausente. Ante la ausencia cotidiana de lo afectivo, el pensamiento toma un lugar de lo emocional, un ámbito afectivo y carnal (carnal no de lo erótico, que también, pero aquí me refiero a la materialidad del cuerpo). Sería interesante compararlo con el misticismo, por ejemplo, o con la literatura de curas, monjas o de otros presos políticos históricos en circunstancias similares de enclaustramiento. Ya no solo los más evidentes por la proximidad y similitud como bien son Matos Paoli, Juan Antonio Corretjer y hasta Julia de Burgos si ampliamos un poco el concepto de cárcel al hospital, por ejemplo, o a la enfermedad o al malestar. Pero también a otros y otras mucho más viejos como Sor Juana, o como Dostoyevski, una de las grandes influencias de Elizam; como Miguel Hernández, Wilde, entre muchos otros.

La prisión a su vez es siempre –o casi siempre– una especie de telón de fondo en la obra de Elizam, sea 1982 o 2006. Pero ese telón me parece es bastante grueso en la plástica mientras que, en la poética, parece muchísimo más fino. Apenas una membrana casi transparente allá en el horizonte del libro. En su poesía, la cárcel es a Elizam como la imposibilidad a los poetas: un propulsor para explorar todo lo oculto que tiene la existencia.

En este mismo punto de la prisión como la imposibilidad, como el sueño, como la pesadilla, como el mal mismo, hay un desdoblamiento. Pienso, por ejemplo, en los autorretratos, que funcionan como los espejos. No solo repiten el yo sino que sus muecas, reacciones, miradas, también reflejan a los otros. O –más revelador aún– reflejan su soledad. La ausencia de una mirada que le sirva de interlocutora.

“Cuando tú eres tu propio personaje, hay una fuerza de la que no puedes escapar”, dice Elizam en una entrevista que le hizo la profesora Rosario Romero. “Eso quiere decir que uno tiene que sacar el conflicto, independientemente de si es conveniente o no. Y no es”.

Con los sueños, insistentemente trasplantados a la poética y a la plástica, pasó lo mismo. No lo digo yo. Lo dice él mismo en distintas entrevistas:

“En tres de las prisiones, Elizam pasó encerrado en su celda 22 horas diarias durante tres años”, dice Rosario. “El pensamiento y el sueño pasaron a ser esenciales, llegando a alcanzar la categoría de entelequia, un nivel de presencia/ ausencia con el que el prisionero establecía un diálogo constante. Despertarse, volver a dormir, escribir, volver a dormir, soñar, dibujar, volver a soñar. El oneirismo se hace patente en algunas de las pinturas de la muestra, especialmente en los autorretratos. Es en el sueño donde reside el sentido más auténtico del tiempo, cuando dejan de comunicarse el espacio exterior y el yo, cuando no hay medida objetiva y controlada a nivel racional. Es en el sueño donde aflora como única posibilidad la experiencia de las sensaciones, donde no se mide el tiempo, sino que se siente, donde lo pasado, presente y futuro se hacen indivisibles e inconmensurables”.

Constantemente me viene a la mente el filósofo griego que se arranca los ojos para poder pensar (Demócrito de Abdera).

Ustedes tal vez se pregunten por qué he mezclado la plástica con estos poemas. Pero tan pronto abran el libro comenzarán a ver por qué. Y es que este es un libro fronterizo. Una antología poética con poemas en prosa y ensayos versados: piezas cuyo género primordial no puedes siempre distinguir fácilmente. Pero además, es también un libro perfectamente complementario con la obra plástica de Elizam y no solo por la fina curaduría que mencioné. Es decir –y por supuesto Che Melendes después me corregirá, porque no he hablado con él, si Elizam me invitó la semana pasada a presentar este libro– pero esto no es un libro de poesía que Che ilustró con algunos dibujos y piezas de Elizam. No. Esta antología poética es la complementación prácticamente simultánea de una obra mayor, que es ese universo creador de Elizam Escobar que ya he mencionado. He ahí la grandeza de esta gesta editorial que sin duda nos impone también un requerimiento mayor. Yo no soy una experta en nada, mucho menos en arte y no quiero pontificar ni decirles lo que tienen que hacer. Pero con cierto convencimiento digo que no se puede hablar de la obra plástica de Elizam Escobar sin referirnos a esta antología poética, así como al extraordinario Antidiario de prisión: el beso del pensamiento. Si usted piensa que conoce la obra plástica de Elizam Escobar pero no ha leído sus libros, se está perdiendo, al menos, la mitad de la historia. De nuevo, no lo digo por decirlo.

Algunos de ustedes recordarán aquella Muestra Nacional en la que todos esperábamos con bastante curiosidad conocer la obra que presentaría Elizam. Cuando llegamos, en medio de la algarabía que se forma en esos eventos, los vinos, los recorridos guiados, las habladurías de medio mundo que se encuentra, Elizam nos sorprendió con aquella obra de gran formato que solo contenía una nube. ‘Nube’. Aquello no se sabía si era una tomadura de pelo, una travesura, una propuesta completamente seria y libre de ironía. Yo casi no me atrevía ni a preguntar. Elizam llevaba relativamente poco tiempo (un par de años) fuera de la cárcel y su primera obra al menos con la resonancia pública que dan esas muestras nacionales era una nube gigante, una nube gris, algo espesa, de hecho, según mi recuerdo. Como son las nubes, pues. ¿Qué cosa tan distinta entre la cárcel y la libertad podía proponer aquella nube? ¿No ven los presos, al menos, eso, nubes? ¿O había en aquella nube una especie de equivalencia entre esta cárcel y aquella? ¿Era un regaño o una travesura? ¿Un comentario despectivo sobre esta parte del mundo donde sí se suponía que se encontrara la vida? ¿Qué era aquello?

Yo al menos no había unido los puntos en aquel momento. Pero en este libro maravilloso comencé a hacerlo. Para ser una celebración, me he pasado demasiado del tiempo y he incumplido mi promesa de no torturarlos. Así que los voy a dejar conectando ustedes también los pasos perdidos de este poeta con un fragmento del poema Una nube:

Que no eres tú

cuando escribes que

no quieres ser tú

o te cansa todo o casi todo del ser

tú, que quisieras solo ser una nube

en tu cabeza de cielo y abismo

una nube perfecta que navega

y se para a pensar su ser algo

su pasear de océano en océano

de lluvia o en huracán del mar…

Pero las nubes no solo sufren de insomnio:

son el insomnio

son el pensar sin parar

una mano y una pluma que no paran

que no pueden parar

que vale ser una nube que no duerme

que se postra delante del océano

de los peces y los barcos que trabajan

de qué te vale que una nube te visite

y te habite como un caracol nocturno

noctámbulo, enrrollando y desenrollando.

Topografía: Ostos Ondelgraun

En el desempeño de sus labores, el Equipo de Limpieza de Topografía ha encontrado en una caja el siguiente texto. Al parecer, fue enviado de forma anónima por una persona o grupo (nunca se sabe) pero, por razones desconocidas, fue encajonado y olvidado. Como es norma, la Sección no necesariamente suscribe su contenido. Tal vez una parte sí. Tal vez una parte no. Está fechado entre los años 90 y 93. Pero es muy probable, por ciertas evidentes y recientes correcciones, que el personal de Limpieza se haya divertido haciéndole cambios. (Eso ocurre en ciertos colectivos.) Aunque se trata de un mamarracho sin pies ni cabeza con rimas dispersas, luego de acaloradas discusiones, decidimos publicarlo. Tal vez sea uno de los posibles signos de los tiempos. De su confuso discurso sacamos algo en claro: El sueño de Hostos debe seguir para que el pueblo, por encima de líderes o próceres, tome en sus manos el futuro y construya un mundo solidario con diversidad de identidades y prácticas. Respetamos la ortografía. (Volviendo al comienzo, reconocemos que el Equipo de Limpieza debe poner más empeño en el desempeño y encontrar las cosas en su tiempo. Aunque, tal vez, ya estén todos retirados. Como sea, no todo se le puede achacar a la falta de presupuesto.)

Ostos, aguanta,

no caigas de tu cama.

Sigue soñando la vida

a tu sonámbula gente.

Ostos, resiste,

mira que el suelo está frío

y deambulan artimañas

y galimatías,

rompecabezas del sentimiento

que morderán pies y glándulas.

Ostos, mi Ostocito,

aguántate, hermanito,

voy a traerte un osito

para que entibie tu sueño

o que ablande tu caída

a ese suelo duro y frío.

Vamos al bosque, Ostocito,

a cortar los arbolitos

para la gran quemazón

de sabores y colores

con masones y truhanes

ateos, anticlericales,

feministas, creyentes

con aguardiente y ecologistas,

sapiens transexuales

homos, lesbias,

héteros y variantes

no conformistas, corsarios

sin rosario espirituales

con tambores de mil claves

conjurando terrores

gentes de toda calaña,

¡hasta los trabajadores

con el mejor de los ismos!

y los que no lleguen

a tanto

y cobren de vez en cuando,

(¡Piedad, Señor, para mi pueblo!)

y todas las alimañas

que nos brinden buena suerte.

Jeñito, no te despiertes,

que tú,

aunque pintas blanco

y hasta de ojos azules,

es seguro

que me entiendes.

Mira qué profunda

la galería y sus tumbas.

Hay más de cien mil camas

con procerato en camillas

durmiendo abismos en coma,

durmiendo a pata estirada,

con la cabeza acosada

por cicatrices del ego,

ilusiones

de ideología

(¡ay qué algazara loca

y delirios de laberinto!).

Mira qué mucho capitán

y qué menos marineros

y mucho menos cangrejeros

en esta villa de sueño,

en este hospital isleño

de ventanas mohosas.

Pero dime,

Capitán,

de la vía principal

que nos saca de la escuela

falsamente normal

y nos muestra el mejor cuadro

que podamos admirar

sin aspavientos ni enredos.

Dime,

Capitán,

cómo romper la Carreta

que da vueltas y da vueltas

sin llegar a un destino

que no sea desatino

ni motivo que lamentar.

Arreaguanta, mi Ostosito

no te caigas de la cama,

te sacaré un retratito

mientras te vas levantando.

¡Gritaré milagro Agro!

y montaré carpa de circo

con miles de bombillitas,

con millones de arbolitos,

para esa gran quemazón

donde no habrá más dolor

ni a quemarropa

ni a distancia

porque será nuestro el sueño

y Ostos no tendrá ningún dueño

en este dormitorio

donde no hay escapatoria,

donde no habrá más historias

de matrimonios ni corderos

que bailan al son que le toquen

rezándole al cencerro

(lambisqueros empresarios

de publicidad y tormentos).

Porque si juntamos

camillas

tendremos buen sueño

y hasta buena pesadilla,

tal vez indigestión,

que nos produzca nación

o algún distinto buen agüero

que suavice la espera

de otra mejor enfermera

ya que en esto no hay discrimen:

el Gran Doctor no llegó.

Habrá metido la pata

o habrá caído en La Charca

(de aquel doctor pechugón)

o comiendo muchas hojuelas

se habrá indigestado de espuelas

como tantos próceres

jinetes comelones

que a caballo venían

relamiéndose cantando

y contando el mismo botín:

“Aquí conmigo, aquí conmigo

que soy el más relamido”.

Espera, que voy al botiquín,

ay, aguanta mi hermanito

que pronto llega el verano

que traerá un mejor viento

y se secará toda la ropa

y la charca más enojosa;

y tu osito tendrá osa

para que haya buena moza

en la coja de las Antillas,

luz mayor y constelación.

Y así ampliaré

a todo color

el retrato que voy pintando,

y te levantarás coleando

y todavía dormido

a ordeñar el dormitorio

para que no se vuelva Velorio

y ordenando los augurios

se vuelva feliz jolgorio

o, por lo menos, laboratorio

aunque siempre desinquieto,

para poder progresar,

o estadio municipal

con camillas de botar

de tanta pieza mohosa.

Y aquí, mansos del mundo,

que serán miles de Ostos

-dense prisa para unirse-

acabo este auténtico pacto

soberano y cosmopolita,

(con grandes y rojas gotas

muy pero muy jacobinas).

con puentes entre las islas.

Iré a buscar marco barato,

pero genuino puertorriqueño,

y Ostos reparta sueño

en el retrato que he pintado.

Aunque lo haya desfigurado,

él me sabrá comprender.

Pues que comprar y vender

valen menos que un buen rato,

y yo siempre estoy de su lado.

(Que conste. Y componte.)

Con esto me pongo a salvo.

Ya no me puede retorcer

ningún patriota malsano.

Y siga Ostos soñando.

Y siga Ostos dormido.

Y murmure el bello durmiente

el mejor verso entre los dientes:

¡Poder de Dios,

si estoy roncando!

Los Boricuas en las Grandes Ligas… en el 2018

El otro día aprendí que la canción que se canta en la séptima entrada, “Take me Out to the Ball Game” había sido escrita en honor a una mujer que le pedía a su esposo que la llevara a un juego de béisbol. Lo leí en un artículo que decía lo poco que el béisbol, en este caso las Grandes Ligas (Major League Baseball), “quería a las mujeres”. Aunque ese es tema para otro escrito, y me suscribo totalmente al planteamiento, siempre tengo el recuerdo de mi abuela paterna, Beba (Yiya para los demás), sentada en el borde del sofá, a las tantas de la noche, hasta que terminara el último juego televisado de béisbol. Y la imagen es más específica aún, es ella con la sección que escribía José “Pepe” Crescioni en el periódico El Nuevo Día, titulada “Boricuas en Grandes Ligas”. Así, mi querida abuela, apasionada del béisbol, seguía las Grandes Ligas mirando con lupa a sus compatriotas de la mano de la guía diaria que ofrecía el gran Crescio. Y así, como mi Abuela, asumo que hay muchísimos boricuas en la Isla que siguen el béisbol de las Mayores para ver qué hacen los peloteros puertorriqueños. Aunque sería interesante hacer un estudio empírico para determinar las aficiones de los boricuas en la Isla a los equipos de Grandes Ligas, sin duda va variando de acuerdo a dónde estén jugando y destacándose los boricuas. Por ejemplo, mi padre, Yankee total, le tenía gran cariño a los Gigantes de San Francisco por su ídolo Orlando “Peruchín” Cepeda. Es notable la cantidad de personas en Puerto Rico que son aficionados de los Cardenales de San Luis por las hazañas del cátcher Yadier Molina, cuando en esa ciudad de Missouri no hay una diáspora puertorriqueña notable.

En las décadas que llevan puertorriqueños jugando en las Grandes Ligas, ha habido altas y bajas en su desempeño. De niña me encantaba ver a Roberto Alomar volando por los aires, o el poder ofensivo de Juan “Igor” González. Aún en los años en que no habían grandes estrellas puertorriqueñas en las Grandes Ligas, y esto se veía reflejado, por ejemplo, en una floja participación en las Series del Caribe, siempre los puertorriqueños en general siguen este campeonato porque el béisbol es un deporte que gusta mucho en nuestra Isla.

El auge en la calidad del béisbol boricua en los últimos años se puede medir de muchas maneras. Por ejemplo, los Criollos de Caguas han sido los últimos dos campeones de la Serie del Caribe (2017, 2018), luego de una sequía de diecisiete años, desde que aquel equipo de ensueño ganara en el 2000. En los recién concluidos Juegos Centroamericanos y del Caribe celebrados en Barranquilla, Colombia, Puerto Rico ganó la medalla de oro, liderados por el dirigente Juan “Igor” González. Y en los últimos dos Clásicos del Caribe, que es un “de facto” Mundial de Béisbol, Puerto Rico ha llegado sub campeón. Pero fue ese último subcampeonato, el del llamado “Team Rubio”, el que puso de relieve el momento glorioso que vivía nuestro béisbol. Por ejemplo, el “infield” incluía a Javier Báez, Carlos Correa y Francisco Lindor. El gerente general de ese equipo, y también el de los bicampeones Criollos de Caguas, era Alex Cora. En un periodo de tres años, estos cuatro nombres pasaron a ser noticia de primera plana en el béisbol estadounidense. Junto con el relevista Edwin “Sugar” Díaz, que también tuvo una temporada de ensueño, estos son los Boricuas de Grandes Ligas del 20181:

Francisco “Paquito” Lindor

Francisco Lindor se ha convertido en uno de los jugadores favoritos, no solo de los boricuas, sino de los aficionados y la prensa estadounidense que les encanta su manera de jugar, combinado con su alegría contagiosa. Los números de esta temporada son impresionantes y tuvo un gran rol en la gran campaña de los Indios de Cleveland.

158 juegos • 129 R (Co-líder de las Grandes Ligas) • 183 H  • 42 2B  • 2 3B  • 38 HR  • 92 RBI

70 BB  • 25 SB  • .277 AVG  • .976 FPCT

Javier Báez

El campocorto de 25 años tuvo una temporada de ensueño con los Cachorros de Chicago, con los cuales ya tiene una sortija de campeón. Sus números lo llevaron a ser considerado un fuerte candidato al premio de Jugador Más Valioso (MVP), aunque el auge del jardinero derecho de los Cerveceros de Milwaukee Christian Yelich en las últimas semanas de la temporada lo relegó un poco en las apuestas.

.290 AVG • 34 HR • 111 RBI • .326 OPB

Carlos Correa

Aunque esta temporada no ha estado bien debido a lesiones, el actual campeón de las Grandes Ligas sigue teniendo gran relevancia en los Astros de Houston, serios contendores a repetir su campeonato y Correa aún tiene un gran futuro. El Novato del Año del 2015, ya ha sido elegido al Juego de Estrellas y es una pieza clave de los Astros de Houston.

Edwin “Sugar” Díaz

El relevista de 24 años tuvo una temporada inolvidable, con varios records para su organización, los Marineros de Seattle, y entre los puertorriqueños. Cuando el 10 de agosto logró su salvamento 44, rompió el record de Roberto Hernández de más juegos salvados para un boricua en las Grandes Ligas. Apenas 14 días después, el 24 de agosto, con su salvamento 49, rompió el récord de juegos salvados de los Marineros de Seattle, que pertenecía al dominicano Fernando Rodney. Y al siguiente día se convirtió en el jugador más joven de la historia de las Grandes Ligas en salvar 50 juegos. Con sus 57 salvamentos fue el líder de las Mayores. Ya como cerrador de Puerto Rico en el Clásico de Béisbol de 2017 salvó dos juegos en la segunda ronda, contra la República Dominicana y contra Estados Unidos, y se anotó la victoria en el agónico partido que se fue a entradas extras contra Holanda.

73 apariciones • 57 salvamentos (líder de las Grandes Ligas) • 1.96 ERA  • 73.1 IP  • 17 BB

124 K

Alex Cora

El dirigente de las Medias Rojas de Boston en su debut en las Grandes Ligas rompió el record de victorias para una temporada del centenario equipo de Boston (108). Siendo apenas el segundo dirigente boricua de un equipo de las Grandes Ligas, también rompió el récord de victorias para un puertorriqueño dirigiendo en las Mayores. Hay atletas que son campeones con sus habilidades atléticas y otros que llegan lejos añadiendo una buena dos de inteligencia y trabajo organizativo, Cora parece ser uno de esos, ya que aunque tiene un anillo de campeón, precisamente con las Medias Rojas de Boston, se ha destacado muchísimo más en la faceta de gerente y ahora de dirigente. Como comentara previamente, en apenas dos años como Gerente General de los Criollos de Caguas, los llevó al bicampeonato nacional y posteriormente al de la Serie del Caribe. Igual, su trabajo en el equipo nacional en el Clásico de Béisbol en el 2017 fue impecable. Como técnico asistente de los Astros de Houston también ganó un anillo de campeón. Ahora, su debut en las Grandes Ligas no puede haber sido mejor, dirigiendo a una organización ganadora y exigente, como lo es Boston, y además rompiendo barreras al ser el primer no blanco en dirigir a este equipo que tardó en romper la barrera racial. Con el mejor récord de todas las Grandes Ligas, Cora llegó a la postemporada con ganas de añadir otra sortija.

Y así, esta camada de boricuas en las Grandes Ligas hacen noticia aquí y allá y vuelven a poner a Puerto Rico en el mapa del béisbol.

1Hubo otros puertorriqueños que tuvieron actuaciones notables, como los jugadores de los Gemelos de Minnesota Edwin Rosario y el que estuvo cerca del juego perfecto, José Berríos y el hijo del exaltado al Salón de la Fama  Iván Rodríguez, Dereck Rodríguez, lanzador de los Gigantes de San Francisco.