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En memoria de: Elliott, José y Genaro

Para Edwin, Zacha, Hermes, Natalia, Javier y los demás que están trabajando duro por relatar el deporte puertorriqueño

La idea era escribir la tercera parte de la mini serie sobre el deporte universitario, sobre todo ahora que se acercan las Justas Atléticas Interuniversitarias que este año se le dedican a mi padre Elliott Castro Tirado. Pero con el fallecimiento de José Franco (Fufi) Santori Coll pensé que sería apropiado escribir algo sobre él, pero más que sobre su persona, hablar sobre la figura deportiva que se nos fue junto a Papi y Tuto en apenas diez meses. Hace unos días el periodista de El Nuevo Día Esteban Pagán Rivera comentaba en su columna Prórroga, bajo el título “Nos toca coger la batuta por nuestro deporte”, que con la pérdida de Fufi se sumaba este año a la del ex Presidente del Comité Olímpico de Puerto Rico, Héctor Cardona, la del ex Secretario general de FIBA Américas, Genaro “Tuto” Marchand y los periodistas deportivos Elliott Castro Tirado y Joaquín Matienzo Roussett. Mencionaba él que todos formaban parte de una generación dorada del deporte puertorriqueño cuyo denominador común fue defender la soberanía deportiva y el deporte en general, no sólo como parte esencial de nuestra participación independiente en la comunidad internacional, sino como actividad importante para el desarrollo de nuestro país. Al autor le preocupa que con el vacío dejado por estos grandes patriotas y deportistas, sumado a la crisis económica de la Isla, el deporte vaya siendo desplazado, dejado sin fondos y restándole importancia a su función nacional e internacional. Honestamente después de leer esto he pensado mucho en este tema, que es algo a lo que ya le iba dando vueltas desde el fallecimiento de Papi: la idea del legado de estas personas que lucharon tanto por el deporte en nuestro país, por la defensa de la soberanía deportiva y sobre qué hacer para mantener este trabajo y actualizarlo con la nueva realidad del país.

Una de las muchas cosas buenas que heredé de mi Padre es su optimismo y a pesar de los recortes del gobierno al Comité Olímpico de Puerto Rico (COPUR), y de todo lo que ha afectado el Huracán María, me gustaría ver el vaso medio lleno y pensar que se está haciendo mucho por el deporte en la Isla y por mantener una digna representación internacional. El trabajo de Sara Rosario en el COPUR es impresionante, teniendo en cuenta la crisis presupuestaria y su batalla por mantener la representación y que sea de excelencia, merece un gran reconocimiento. Los atletas y federativos mantienen una lucha férrea por defender la soberanía deportiva puertorriqueña y todo indica que aún con la amenaza anexionista, el pueblo puertorriqueño valora muchísimo la representación en eventos deportivos internacionales. Fue en este aspecto que Fufi, Tuto y mi Padre, cada uno desde su trinchera, contribuyeron más. Papi y Fufi fueron de los pocos puertorriqueños que asistieron a los Juegos Olímpicos de Moscú en 1980, retando el boicot impuesto por el presidente estadounidense Jimmy Carter y apoyado por el entonces gobernador de Puerto Rico Carlos Romero Barceló. Fufi no sólo fue un defensor de la soberanía deportiva puertorriqueña (además de la soberanía política, ya que siempre fue abiertamente independentista), sino que la representó en la práctica siendo jugador por la selección de Puerto Rico, dirigente y luego viajando a Moscú. Hasta el final, desde sus escritos resaltó la importancia de defenderla y luchar por ella, cada vez que veía que se atentaba contra ella.

Estas tres grandes figuras del deporte puertorriqueño nos demuestran que, a pesar de que usualmente los atletas son los protagonistas en el deporte, hay mucho espacio para trabajar por el deporte tras bastidores y así lo muestran las biografías de estos tres puertorriqueños. Viendo el excelente documental Nuyorican Basket, a pesar de que sin duda los protagonistas son los doce jugadores que nos representaron en los Juegos Panamericanos del 1979 en San Juan, Elliott, Fufi y Tuto son el hilo conductor detrás de la historia. Sus entrevistas son las que van narrando, junto con las de los jugadores y las visuales tan emocionantes, esta historia de nuestra identidad híbrida, donde la diáspora tiene un rol tan importante. También vemos el triunfo y la amenaza de nuestra soberanía deportiva. Podemos ver cómo triunfa en cuanto a que Romero Barceló no logró imponer su deseo de que se izara la bandera estadounidense junto a la puertorriqueña. Pero también vemos cómo el gobierno intervino para que los jugadores de baloncesto no fueran a Moscú y participaran así del boicot y cómo los atletas ven este episodio ahora desde la distancia.

Dada la importancia que tiene el baloncesto en nuestra Isla, y al Tuto haber sido una figura central en la segunda parte del siglo pasado y la primera parte de éste, lo convierte en una de las figuras principales en el deporte puertorriqueño. Además de que trascendió más allá del baloncesto, ya que tuvo roles importantes en el Comité Olímpico. Su importancia también es que tuvo puestos muy importantes en la FIBA y así ayudó a poner a Puerto Rico en el mapa internacional federativo.

Y Elliott, desde aquí, en estas páginas deportivas por cuatro décadas, aunque escribió sobre muchísimos temas, la defensa de la soberanía deportiva fue una constante en su carrera periodística, en sus escritos y en sus actos. Recuerdo que frecuentemente daba charlas en escuelas y universidades sobre este tema que tanto le apasionaba. Casi recitaba la historia y desarrollo de nuestra soberanía deportiva, de cómo desfilamos con el escudo del cordero, cómo se bajó una bandera y se subió otra cuando se aprobó la Constitución del Estado Libre Asociado en el 1952, cómo fue amenazada por el gobierno de Romero, por el boicot, etc. Es un tema que él veía central para nuestra identidad y que como independentista veía que había que defenderlo con todo. Pero más allá de esto que era particular de nuestra peculiar situación política con Estados Unidos, creía genuinamente en el deporte como valor en sí mismo, no sólo por el bien que hacía al cuerpo y alma de quien lo practicaba, sino por el bien común que traía a la sociedad. Creía en el deporte como motor de cambio social, para promover mayor equidad económica, racial, de género, en fin, crear un mejor país.

Ahora recordando a Papi, Tuto y Fufi, pienso que eran grandes humanistas también. Alguien comentaba que Fufi era un renacentista de nuestra época, ya que también tocaba la guitarra, escribía poemas, jugaba ajedrez. Y así también eran Tuto y Papi, grandes conversadores, cuyos temas no se limitaban al deporte; música, literatura, política, geografía y el denominador común, hablar sobre el valor de la amistad, y más aún, practicarla cada día, eran una constante. Por eso, para honrar y recordar a Elliott, Genaro y José, pienso en todos y todas las que están haciendo patria a través del deporte hoy día y a quienes dedico este escrito. Sobre todo los muchachos y muchachas, muchos discípulos de estos grandes, quienes relatan el deporte en condiciones muy desfavorables y lo hacen porque creen en él y su importancia. Esteban, creo que hay futuro, aunque hay mucho trabajo por hacer y no debemos bajar la guardia.

Ayuda, Institucionalidad y Desarrollo

Los planes fiscales que ha sometido el gobierno de Puerto Rico a la Junta de Supervisión (Control) Fiscal –ya van varias versiones– tienen un denominador común que los define: por un lado, parten de la premisa de una gran munificencia de parte del gobierno federal de Estados Unidos a la hora de repartir fondos; por otro lado, se montan en la prédica de la austeridad, sobre todo en lo que toca a las áreas de educación y salud así como en las asignaciones a la Universidad de Puerto Rico y a los municipios.

A partir de tal denominador común se hace una apuesta de crecimiento económico que parece nutrirse de dos exageraciones, aunque en direcciones opuestas. La primera sobreestima el efecto multiplicador positivo de los fondos que pudieran recibirse –cuya cuantía siempre está en entredicho– tanto de préstamos o ayudas del gobierno federal como de pagos de reclamaciones de parte de aseguradoras privadas. El alto contenido de importaciones del gasto en Puerto Rico, junto al enorme flujo de pagos a factores externos, constituyen escapes que atenúan el impacto de dichos fondos. La segunda exageración es la subestimación del efecto multiplicador negativo de la austeridad. Para colmo, a la luz de la experiencia, los recortes presupuestarios afectan más al buen gasto que al malgasto.

La premisa en torno a la largueza del gobierno federal se asocia con un profundo vicio sembrado en la cultura política puertorriqueña: adicción a la ayuda. En la instancia de la austeridad no está ausente la influencia del llamado neoliberalismo con su constante condena de lo público y no menos constante bendición de lo privado. Esta doctrina domina tanto en el Ggobierno de Puerto Rico como en la Junta Federal de Supervisión (Control) Fiscal.

Quizás lo más pernicioso de todo es la adicción a la ayuda junto a la ausencia de planes que abran vías al desarrollo. La ayuda eficaz a un país es la que se diseña para hacerla innecesaria. Para ello es imperativo el desarrollo.

La ayuda, usada con eficiencia y moderación, puede ser un extraordinario catalizador para facilitar la reconstrucción de la infraestructura e iniciar la recuperación económica. La necesidad de la misma es obvia después de un azote como el del huracán María. No obstante, si domina la politiquería y la desproporción se transforma en fragua de problemas. En una reciente contribución al campo del desarrollo económico ( Justin Yifu Lin y Célestin Monga, Beating The Odds, Princeton University Press, 2017 ) se plantean las dificultades que confronta la política pública cuando priva el síndrome de la adicción a la ayuda.

Los autores no estaban pensando en Puerto Rico cuando hicieron la extensa lista de dificultades provocadas por la adicción a la ayuda; pero las coincidencias son tantas que parecería que estaban retratándolo. Entre otras dificultades destacan las siguientes: incertidumbre con relación a la inversión pública y privada, inseguridad en las proyecciones económicas a mediano y largo plazo, propensión del sector privado a requerir o esperar alguna “señal” de los donantes antes de comprometerse con actividades económicas, dominio extremo de instancias externas en la articulación e implementación de la política pública, inefectividad de las agencias gubernamentales cuyas agendas quedan determinadas por reglas externamente definidas, reducción del papel del gobierno tanto en su gestión directa como reguladora y distorsión de las expectativas de los ciudadanos ya que las políticas públicas no son legitimadas por ellos sino orientadas a satisfacer a una serie de actores no electos del exterior.

A tales dificultades se suma el debilitamiento del sistema fiscal. La adicción a la ayuda reduce el incentivo a generar ingresos tributarios de fuentes locales, máxime si por décadas la política económica se ha circunscrito a la atracción de inversión directa externa en función de exenciones de impuestos.

Ni la ayuda pasajera, ni la que alimenta la dependencia, ni la que se exagera, ni la austeridad fiscal, ni el menoscabo de derechos laborales ni la improvisación con un sistema contributivo disfuncional constituyen fuerzas automáticas generadoras de crecimiento económico, mucho menos de desarrollo. De hecho, son lesivas si se traducen en una psicología de indefensión y en debilidad del gobierno en la prestación de servicios básicos. La inherente inseguridad de la dependencia y la claudicación del sector público no son buen terreno para la inversión y la actividad económica.

Todo esto refleja pobreza y franco deterioro institucional, mucho más grave que el enredo de la deuda y que el desastre infraestructural. El andamiaje institucional incluye al sistema político, a la relación entre el espacio público y privado, a la gestión gubernamental, al estado de derecho, a la administración de la justicia, al funcionamiento de los mercados, al marco regulatorio, a las normas laborales, al orden público, al régimen fiscal, a las políticas de desarrollo, a los instrumentos para realizarlas, a la valoración de la salud y de la educación, al sentido ético… Cuando este andamiaje está torcido, cuando se confunde su diseño con su desmantelamiento, el desarrollo se torna escurridizo y se hace más difícil producir bienes y más fácil sucumbir ante los males.

No son pocos los ejemplos. Pregúntese el lector por qué no ha arrancado el puerto de trasbordo con sus “empresas de valor añadido”. ¿No le parece que la “jalda” se ha hecho más empinada por las leyes de cabotaje y el sistema aduanero estadounidense así como por la carencia del poder para realizar tratados comerciales? ¿Por qué el turismo de Puerto Rico no está enlazado al turismo más amplio de los vecinos del Caribe? ¿Por qué se carece de una agricultura moderna vinculada a una industria de procesamiento de alimentos que se nutra tanto de producción local como de importaciones? Por otro lado, ¿por qué el trasiego de drogas es un negocio floreciente y por qué las ayudas y contratos están empantanadas en el lodazal del populismo, la jaibería y la corrupción? Sobran ejemplos de una y otra índole. Falta institucionalidad. Está ausente el desarrollo.

El tutor fiscal nos enseña a contar

Como si fuéramos estudiantes de aritmética de primer grado, el presidente de la Junta de Control Fiscal (JCF), José Carrión III, un empresario multimillonario que ahora funge de tutor fiscal de nuestro pueblo, nos enseña a contar desde una columna publicada el pasado lunes en un diario de San Juan. Pretende convencernos de que la única alternativa para salvar el “retiro” de cientos de miles de empleados públicos pensionados y activos, es recortar en un 10% las pensiones de los maestros y demás retirados del gobierno central y en un 17% las de los pensionados de la Universidad de Puerto Rico (UPR). Después de todo, el quid del asunto es que 2+2 son 4, y nunca podrán ser 6, según la sentencia brutal de Mr. Carrión III.

Como si nuestro pueblo no lo supiera, el tutorial de Carrión III comienza explicando cómo por décadas se ha sacado dinero que luego no se repone de los planes de retiro públicos en Puerto Rico, y como esta práctica nefasta ha terminado por desangrar los mismos. El momento ha llegado, dice, de detener la sangría tomando medidas drásticas. El problema con las medidas drásticas de Carrión III es que van dirigidas a quienes menos las merecen. El remedio que propone es peor que la enfermedad terminal que padecen los sistemas de retiro, y de materializarse, habrá decenas de miles de pobres más en Puerto Rico, pensionados y pensionadas que ya hacen malabares para subsistir y pagar puntualmente lo que les corresponde con sus menguadas pensiones. En su inmensa mayoría, estas son personas que, ya por su edad o su estado de salud, no pueden trabajar ni reponer el ingreso perdido.

Tomemos el ejemplo al azar de una familia de retirados: ella, pensionada de la Universidad de Puerto Rico; su esposo, un pensionado de una agencia del gobierno central, y la hija de ambos que vive junto a ellos, pensionada del Departamento de Educación. Supongamos que entre la pensión de la UPR y el Seguro Social, la pensionada recibe $2,500 mensuales. Entre ambos ingresos, el esposo recibe $1,500, y la hija $1,200 de su pensión de maestra, sin Seguro Social. Un ingreso familiar total de $5,200 mensuales que se reduciría de golpe en $695 mensuales, aplicando el 17% de recorte a la pensión de la UPR y el 10% de recorte a las otras dos pensiones. Esto representaría una reducción anual de $8,340 en el ingreso de esta familia de retirados. Dramático, ¿verdad?

Otro caso: una pareja de maestros retirados que reciban $1,500 al mes cada uno, tendrían, luego del recorte de 10%, una reducción mensual de $300 entre los dos; $1,800 menos cada año. De ahí, los que viven alquilados o no han saldado sus hipotecas, pagan la casa, la luz, el agua, el teléfono, los alimentos, el mantenimiento de la vivienda y los seguros, los deducibles de visitas a médicos y medicinas, y la transportación, entre otros gastos esenciales. Esto no incluye gastos por emergencias, hospitalizaciones o incidentales, o de cuidados especializados de salud, si padecen de condiciones crónicas o están incapacitados.

Sin duda, habrá situaciones aún peores. Con el plan de Carrión III y la JCF, muchos miles de pensionados serán empujados a la más absoluta indigencia, precisamente en el momento de mayor debilidad de las agencias con que cuenta el Estado para asistirlos. Quedarán, entonces, a la merced de la caridad de familiares, vecinos, o de las instituciones sin fines de lucro que se dedican a atender estas situaciones.

Pero las penurias de los pensionados no forman parte de la cartilla de Carrión III. Él quiere convencernos de que no hay otra alternativa. Para hacerlo, recita como un mantra el listín de irresponsabilidades, malas decisiones y peores manejos, politiquería y pillaje que ocurrió por décadas y que “quebró” los sistemas de pensiones y trajo a nuestro país hasta este callejón sin salida. Colocándose al margen de dichos sucesos, su tutorial no propone medidas que afecten a los perpetradores del despojo. No habla de investigar, ni de sancionar, ni siquiera de resarcir al País con la satisfacción de ver los nombres de los responsables de esta debacle ventilados públicamente, escritos en letras rojas en una lista de infames.

En la aritmética de Carrión III, hay que hacer “borrón y cuenta nueva” con el pasado. No hay propuesta concreta para que las instituciones financieras que traficaron con los activos de los planes de pensiones, y con los llamados bonos de Puerto Rico, no lo vuelvan a hacer. Nada, para que los conglomerados financieros extranjeros que se han lucrado y ahora fungen de asesores, no puedan regresar con sus malas prácticas. Nada, para que los políticos y funcionarios de gobierno se ajusten el cinturón de los gastos, y dejen de conspirar para mantener a sus allegados con los haberes de todos. No hace mención de que el Gobierno de Estados Unidos- que ostenta el poder absoluto sobre Puerto Rico- asuma alguna responsabilidad porque sus líderes se cruzaron de brazos mientras se estafaba a su colonia, permitiendo que las cosas llegaran hasta aquí.

Nada de eso figura en el tutorial de Carrión III. Tampoco habla de limitar los gastos exagerados de la Junta que preside y que paga nuestro pueblo, ni los salarios exorbitantes de sus principales funcionarios, ni las facturas extravagantes de sus contratistas; ni los conflictos de interés entre varios de sus integrantes.

Sobre nada de eso nos educa el tutor. Su curso de aritmética es para los que no lo necesitan, porque llevan años machacando números para poder aspirar a vivir con dignidad en un país que cada vez se lo permite menos. Carrión III insiste en hablar del sacrificio que tienen que hacer los que ya lo están haciendo. Se expresa así porque lo cree así. Él sabe, por experiencia propia, que es inútil hablar de hacer sacrificio a los que les sobra, porque no conocen el significado del concepto.

De paso, hay un dato muy curioso en el mencionado escrito de prensa. Carrión lo firma con su nombre de pila, pero omite los “tres palitos” (III) que utiliza siempre y que son el símbolo de su privilegiada condición. Les invito a reflexionar por qué lo hizo.

Huracanes dejan al descubierto décadas de negligencia gubernamental en preparación para el cambio climático en el Caribe (1ra.parte)

Por Freeman Rogers, Omaya Sosa Pascual y Emmanuel Estrada López

Centro de Periodismo Investigativo

Dinelle Henley siente temor por su natal Cane Garden Bay, una de las playas más emblemáticas y prístinas del Caribe.

Al igual que gran parte de las Islas Vírgenes Británicas (BVI por sus siglas en inglés), el popular pueblo costero fue devastado por vientos, olas e inundaciones cuando el ojo del huracán Irma pasó directamente sobre el territorio el 6 de septiembre.

Ochenta millas náuticas al oeste, Alexis Correa se siente igual. Aunque Dinelle y Alexis no se conocen, hablan idiomas diferentes y sus gobiernos no tienen ninguna relación, Correa también ha visto de primera mano lo que la furia de un huracán de categoría 4 es capaz de hacer a una isla pequeña y vulnerable. Cuando el 20 de septiembre el huracán María devastó a Puerto Rico con sus vientos de 155 millas por hora, voló techos, estructuras, puentes y carreteras en toda la isla.

Pero Correa ha estado viendo un preludio de esta destrucción en su comunidad durante más de una década. El mar primero se llevó el centro comunal y cultural de su barrio Parcelas Suárez en el municipio de Loíza. Luego, el huracán María se llevó la cancha de baloncesto y el parque. Los lugares eran una parte integral de esta comunidad una de las más afectadas por la pobreza, la delincuencia, la discriminación y la limitada movilidad social en Puerto Rico. Su destrucción ha dejado a los residentes prácticamente sin opciones.

“Aquí nos reuníamos la Junta Comunitaria y los residentes, pero también celebrábamos las bodas, y los quinceañeros”, dijo Correa mientras miraba las ruinas del edificio, que también servía como guardería antes de que cerrara en 2002 debido al daño causado por la erosión. “Nos movimos a la cancha de baloncesto en el parque. Pero el huracán María la destrozó y ya no tenemos un lugar donde todos podamos encontrarnos. Dependemos de comunidades hermanas, pero no todos los residentes pueden llegar”, agregó.

En Santa Cruz, el agricultor orgánico Luca Gasperi está igualmente angustiado, pero no sorprendido. Él cree que las tormentas consecutivas de septiembre que azotaron a las Islas Vírgenes Estadounidenses (USVI por sus siglas en inglés) fueron consistentes con otros patrones climáticos que había estado notando por años.

“Todo es más intenso”, dijo mientras su esposa, Christina, vendía vegetales un sábado por la tarde en la finca de 40 acres que operan en las tierras de los padres de él.

Luego enumeró las evidencias: una sequía prolongada en el 2015, unas lluvias cada vez más pesadas y, por primera vez en más de una década, de repente, no puede cultivar brócoli. Otro huracán, agregó, podría ser la gota que colme la copa.

“Para nosotros es preocupante, si sucede de nuevo …”, dijo, mientras su voz se apagaba. “La forma en que las tormentas de este año se fortalecieron tan rápido es el asunto”.

Henley, Correa y Gasperi culpan al cambio climático acelerado por el calentamiento global, y a la inacción de sus gobiernos la gravedad de las pérdidas de sus islas, y están preocupados de que el océano y los eventos climáticos extremos como Irma y María continúen exponiendo la fragilidad de sus infraestructuras así como las defectuosas prácticas de construcción que persisten en estos territorios.

Según una investigación regional el Centro de Periodismo Investigativo (CPI) y media docena de medios de comunicación del Caribe, sus historias son un retrato de cómo el cambio climático no solo erosiona las costas de estos territorios y otras islas del Caribe, sino que además destruye la vida comunitaria y la actividad económica, a plena vista, sin que los gobiernos tomen acción para proteger a los ciudadanos.

Los expertos concurren. Ramón Bueno, coautor de uno de los pocos estudios existentes sobre cambio climático en el Caribe, dijo que hay consenso en la comunidad científica en que el aire más caliente en la atmósfera, causado por el calentamiento global, transporta más humedad, la cual, a su vez, aumenta el nivel del mar y provoca tormentas más fuertes, con más lluvia y peores marejadas. Estas fueron algunas de las conclusiones del informe más reciente del Panel Intergubernamental de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés), titulado 5to Informe de Evaluación (AR5), publicado en Noviembre 2014. El IPCC, donde colaboran más de 2,000 científicos de 195 países socios, es la principal fuente mundial de información científica sobre el cambio climático y sus efectos.

“Mientras que puede ser que la frecuencia en el número de huracanes no cambie mucho, o incluso que disminuya algo en su total, lo que es cada vez más probable con el calentamiento es que una mayor proporción sean de ‘altas categorías’ — o sea que probablemente veamos más de los peores aunque en total no hayan más tormentas”, dijo Bueno. El científico trabajó en el Instituto Global de Desarrollo y Medio Ambiente de la Universidad de Tufts (GDEI, por sus siglas en inglés) y fue científico del Instituto Ambiental de Estocolmo y, además, desde 2013 ha sido un consultor independiente especializado en cambio climático.

“El problema es que, como el 2017 puso bien claro, unas pocas tormentas de Categoría 4 o 5 representan una muy seria amenaza a la sustentabilidad de las comunidades en las islas del Caribe; peor cuando el mismo sitio es ‘tocado’ por más de una. Tras María, una mera tormenta tropical, o huracán de Categoría 1, sería devastador”, agregó.

El Dr. Kerry Emanuel, profesor de ciencias atmosféricas en el Massachusetts Institute of Technology (MIT), donde actualmente está trabajando en dos estudios sobre el impacto de los huracanes en el Caribe, afirmó que hay consenso en dos efectos del cambio climático: primero, el nivel del mar está subiendo y, segundo, la cantidad de lluvia está aumentando. Puntualizó que ambos efectos están destinados a causar serios daños por inundaciones provocadas por huracanes en el Caribe.

En la ciudad costera de Rincón, en el noroeste de Puerto Rico, Julián Rodríguez sabía que en 10 años podrían pasar muchas cosas, pero no imaginaba que sus dos apartamentos familiares en la playa — una inversión de más de $400,000 — pudieran destruirse de la noche a la mañana. Durante el huracán María, el mar socavó los cimientos del Rincón Ocean Club II, un condominio de tres pisos junto a la playa y su sueño se convirtió, literalmente, en sal y agua.

“Si te soy honesto, me imaginaba que esto iba a pasar. Habí?a? visto que esto había pasado tres veces ya, con tormentas tropicales que pasaban por el sur de Puerto Rico; aunque no le dieran a la isla y en Rincón no cayera una gota de lluvia, la marejada llegaba y la verja del condominio terminaba en el mar. Cuando me dijeron que venía un huracán categoría 4, yo sabía la que había”, recordó.

Cuando su familia compró los dos apartamentos, Julián recuerda haber haber jugado en una playa arenosa de unos 30 pies de ancho. Nunca se le ocurrió que el mar acabaría tragándose el edificio, que tiene poco menos de 15 años. “Y muchos de los que tienen, o tenían, apartamento aquí todavía deben hipoteca. Uno compra esto pensando que de aquí a 30 o 40 años todavía lo va a tener”, dijo.

Hace 10 años Ramón Bueno y sus colegas en Tufts GDEI —Cornelia Herzfeld, Elizabeth A. Stanton y Frank Ackerman — vieron esto venir. En su estudio El Caribe y el Cambio Climático: Los costos de la inacción, realizado en el 2008, advirtieron que las dos docenas de naciones y territorios insulares del Caribe, con sus 40 millones de habitantes, eran particularmente vulnerables a los efectos del calentamiento global, aunque figuran entre los países que menos han contribuido a la emisión de los gases de efecto de invernadero que provocan el fenómeno.

Los investigadores analizaron escenarios optimistas y pesimistas, basados en los parámetros de estudio utilizados por el IPCC. y proyectaron pérdidas de $22 mil millones para el año 2050 — o el 10% del Producto Interno Bruto de la región, analizando los daños promedio por huracanes, pérdidas de turismo y daños a la infraestructura debido a los aumentos del nivel del mar provocados por huracanes, No obstante, las proyecciones individuales de pérdidas varían mucho de una isla a otra, con algunas en el rango del 40% y Haití en la parte superior con un 61%.

“A medida que los niveles del océano aumentan, las islas más pequeñas pueden desaparecer bajo las olas. A medida que las temperaturas aumentan y las tormentas se vuelven más severas, el turismo — el elemento vital de muchas economías caribeñas — se reducirá y, con ello, se reducirán también tanto los ingresos privados como los impuestos públicos que financian la educación, los servicios sociales y la infraestructura”, dijeron los científicos.

Ahora el impacto concreto del aumento del nivel del mar y de las temperaturas, y los fenómenos meteorológicos extremos no es una proyección futura, sino una dura realidad. La investigación regional de CPI documentó que ya están ocurriendo inundaciones continuas, desplazamientos de poblaciones, pérdida significativa de costas e impactos sobre negocios turísticos en lugares como Puerto Rico, BVI, USVI, Dominica, Panamá, República Dominicana y Haití.

La isla de Palominito, un conocido punto para navegantes y turistas en la costa este de Puerto Rico, casi ha desaparecido.

Los huracanes recientes incrementaron drásticamente la erosión costera y expusieron la fragilidad de la infraestructura y el impacto, que en cientos de casos resultó letal, para los ciudadanos de las islas que fueron más afectadas: Puerto Rico, BVI, USVI, Dominica, Barbuda y Saint Martin.

“Como región, ahora tenemos que mirar particularmente los eventos del año pasado y las proyecciones del futuro y concluir que esta es la nueva realidad para el Caribe y tenemos que protegernos”, dijo el Dr. Ulric Trotz, el subdirector y asesor científico para el Centro de Cambio Climático de la Comunidad del Caribe en Belice.

En medio de la devastación catastrófica que Irma provocó en las BVI, es fácil olvidar que otro desastre natural había azotado el territorio unas tres semanas antes.

Mientras los residentes se preparaban para el desfile anual del Festival de Emancipación en agosto, el cielo se oscureció y empezó a llover. Acto seguido, se canceló el desfile. Un puñado de compañías se presentaron de todos modos, bailando por la ciudad capital de Road Town, mientras caían truenos y llovía torrencialmente.

Durante las próximas 24 horas, cayeron unas 16 pulgadas en partes de la isla de Tortola. La ciudad capital y otras áreas se inundaron a un nivel sin precedentes.

Desde entonces, líderes han llamado al desastre “La inundación del siglo”. La directora del Departamento de Manejo de Desastres de las BVI, Sharleen Dabreo, indicó que desde el 2003, las inundaciones catastróficas llevan golpeando al territorio en un ciclo de siete años.

“No son sólo Irma y María. Es que tienes estos eventos de inundación provocados por estas depresiones [climáticas], que es algo que no tenías en el pasado”, dijo DaBreo y agregó: “Tiene que haber una mejor relación entre la comunidad científica y los elementos de planificación de desarrollo del gobierno”.

La profesora de geología y geógrafa de la Universidad de Puerto Rico, Maritza Barreto-Orta, quien ha realizado numerosos estudios sobre la erosión de las playas en Puerto Rico y la República Dominicana, concurre. En Puerto Rico encontró que, entre 1970 y 2010, el punto de medición más afectado, que se encuentra precisamente en Loíza, tuvo una pérdida neta de 70 metros. Desde 2011, en algunas áreas, el promedio de pérdida anual (de dos metros) ha aumentado a más de cuatro metros.

Una semana después de María, Barreto y su equipo visitaron el 75% de las 1,225 playas de Puerto Rico y documentaron visualmente la marcada erosión y aplanamiento provocada por el ciclón. El caso más grave fue encontrado en el sector La Boca en el municipio de Barceloneta, donde la playa se redujo de sus 60 metros (180 pies) a solo cuatro metros (12 pies). Actualmente la catedrática está solicitando fondos estatales y federales para actualizar su estudio ancla de erosión costera completo.

“Siento que hay una falta de confianza hacia la academia y eso es un problema grave porque el gobierno tiene que confiar en la información que generan los expertos y los científicos”, dijo. “Al mismo tiempo, la academia debe ir a vistas públicas y dejarse sentir, porque el conocimiento que generamos es importante para la política pública”.

La realidad virtual y la propiedad privada: Ready Player One

Si entendemos que la realidad virtual es un mundo tridimensional que imita casi a la perfección una realidad material, entonces es posible transcender la idea de que éste puede ser únicamente creado por computadoras. ¿Podríamos también llamar virtual aquella realidad creada en un espacio teatral donde el espectador interactuaría con otros seres? ¿Qué tal la realidad creada por un grupo de jugadores que guiados por un “dungeon master” enfrentan seres míticos que obstaculizan su misión? El espacio creativo en estos “role-playing games” es tan real como cualquier simulación computarizada. Todos los que coexisten en estos espacios participan en la creación de esta realidad. A diferencia de un texto literario, donde usualmente un solo autor construye el mundo a través de su uso particular del lenguaje para que el lector lo experimente, una realidad virtual está siendo creada constantemente por sus habitantes. De esta manera, un árbol es un signo que sólo se puede reconocer como tal si todos los que pueblan ese espacio están de acuerdo. Entonces, el espectador, tanto como el “dungeon master,” el director o escenógrafo, los actores profesionales, y los programadores de computadores, entre otros, colaboran para diseñar la forma que toman estas realidades.

¿Quién entonces se puede declarar como el dueño de estos mundos virtuales cuando todos participan de su creación? La película Ready Player One (EEUU, 2018), dirigida por Steven Spielberg y basada en la novela de Ernest Cline (que también escribió el libreto junto a Zak Penn), trata de manera sumamente simplista estos temas. La historia manipula al espectador a aceptar sin cuestionamiento que sólo un hombre con complejo mesiánico, una corporación, o hasta un grupo de compañeros de lucha se adueñen del OASIS, el mundo donde cada habitante campea por su respeto.

Ready Player One se lleva a cabo en el 2045, una distopía futurista demasiado similar a la nuestra donde los de abajo continúan habitando lugares marginados mientras los de arriba venden su dignidad al mejor postor corporativo. Wade (Tye Sheridan) es un adolescente que escapa de su realidad opresiva a través de la tecnología. Entre una montaña de carros, el protagonista entra a su lugar secreto dentro de una camioneta abandonada. Allí esconde todo el equipo necesario para acceder al OASIS, un mundo virtual creado por el huraño Halliday (Mark Rylance). En el OASIS, cada persona asume una identidad alterna o avatar con el cual interactúa con otros habitantes de este mundo. Halliday ha pensado hasta en el más mínimo detalle al crear un espacio que continúa siendo expandido por todos los que lo cohabitan. Pero el OASIS queda sin dueño cuando Halliday muere. A lo Willie Wonka, que en la película Willie Wonka and the Chocolate Factory (dir. Mel Stuart, EEUU, 1971) decide poner en una competencia secreta a un grupo de niños para ver cuál merece ser el dueño de su fábrica de dulces, Halliday deja una serie de pistas dentro del mismo OASIS para que el primero que las resuelva herede su mundo virtual. Por su extenso conocimiento del OASIS, Wade se convierte en el líder de un grupo diverso de rebeldes que batallan por resolver los acertijos de Halliday. Su mayor antagonista es una corporación millonaria dirigida por Sorrento (Ben Mendelsohn), un gusano corporativo que cuenta con un ejército de empleados, mercenarios y la tecnología más avanzada de esa realidad.

El mayor logro de Ready Player One es precisamente el complejo y multidimensional mundo del OASIS que bombardea al espectador con constantes referencias a la cultural popular de los pasados cincuenta años. Spielberg hace del OASIS una explosión de presencia inigualable donde cohabitan avatares que van desde Chucky de la serie de horror de Child’s Play (EEUU, 1988-2017) y el gigante de acero de The Iron Giant (dir.Brad Bird, EEUU, 1999) hasta King Kong y Jack Torrance de The Shining (dir. Stanley Kubrick, EEUU, 1980), entre muchos otros. Se requieren varias visitas al cine para tratar de identificar el sinnúmero de referencias a películas como Back to the Future (dir. Robert Zemeckis, EEUU, 1988), Star Wars (dir. George Lucas, EEUU, 1977), Silent Running (dir. Douglas Trumbull, EEUU, 1972) y Gremlins (dir. Joe Dante, EEUU, 1984), entre muchísimas otras. Sin embargo, la maravilla de esta explosión masiva de referencias carece de una buena historia que sirva de hilo conductor.

El mundo exterior en el cual habita Wade nunca se desarrolla y la mayoría de los personajes se limitan a estereotipos unidimensionales sin ningún brillo. Inclusive, el mensaje central de la película, que es la amenaza de las corporaciones que luchan por regular espacios virtuales como el Internet para su propio lucro, se diluye ante el conflicto dramático que es la competencia por adueñarse del OASIS. Tal parece que considerar un mundo realmente libre es una atenta en contra de nuestra manera de vida. Por eso, Cline y Spielberg proponen en Ready Player One que unos dueños simpáticos siempre defenderán la libertad de ese mundo virtual, aunque el OASIS siga siendo en esencia una propiedad privada.

Hace exactamente treinta años, Who Framed Roger Rabbit (dir. Robert Zemeckis, EEUU, 1988) arguyó que Toontown, el caótico pueblo donde residen todos los dibujos animados con los que crecimos, sólo le puede pertenecer a sus habitantes. La película no sólo redefine con mucho color y comedia el claroscuro mundo del film noir, sino que también usa como símbolo de la avaricia capitalista a Judge Doom (Christopher Lloyd), uno de los villanos más memorables del cine estadounidense. El horror de la propiedad privada amenaza la inocencia y la libertad de Toontown. Sin embargo, en Ready Player One, el OASIS se convierte en un reino vacío desde el cual Spielberg nos recuerda que la cultura popular tiene dueño y que cada referencia visual le debe haber costado una millonada. Pero su inversión se justifica no por el logro de una buena película, sino por los millones que generará en taquillas alrededor del mundo.