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En el deporte «casi» siempre ganan los mejores

Aunque en el deporte ”casi” siempre ganan los mejores, es precisamente ese “casi” lo que le da razón de ser a la competencia, pues abre los espacios para que equipos y aun atletas individuales de menos talento puedan derrotar a los que sobre el papel lucen superiores.

De lo contrario, las competencias no se celebrarían y simplemente se declararían ganador@s a los que salieran con las mejores evaluaciones, especialmente ahora en que han proliferado complicadas fórmulas matemáticas, que permiten ser más precisos a la hora de evaluar lo ocurrido anteriormente, para así poder proyectar resultados por delante.

En ocasiones hay eventos en los que se presentan detalles intangibles que generan resultados poco probables, como ocurrió con la tenista boricua Mónica Puig, a quien no se la ganaba nadie en los Juegos Olímpicos de Río, aunque no había base científica o analítica para pronosticarlo.

En un torneo largo de un deporte colectivo, (Grandes Ligas de 162 juegos y NBA de 82), probablemente hubiera sido dificilísimo que Puerto Rico hubiera quedado subcampeón y menos aun, con mejor marca (7-1) que el titular (6-2). Sin embargo, en un certamen como el Clásico de Béisbol, en el que participan 16 equipos divididos en cuatro grupos, luego de dos rondas se efectúa un juego semifinal de “muerte súbita”, que incluso permite situaciones en las que equipos con peores marcas superen a otros. Recordemos que Puerto Rico quedó segundo en el 2013 con cuatro derrotas (5-4), al perder con Dominicana (8-0) en el final. Irónicamente, Japón tuvo que conformarse con el tercero, a pesar de haber quedado con 5-2 y Cuba quinto con 4-2.

Los veteranos y guías de la escuadra fueron el receptor Yadier Molina (34), el bateador designado Carlos Beltrán (39) y el jardinero izquierdo Angel Pagán (35), quien sigo sin explicarme las razones por las que se mantiene sin trabajo para la temporada de Grandes ligas que está por comenzar.

Yadier pareció compenetrar muy bien con el juego refrescante del intermedista Javier Báez (24), el campo corto Francisco Lindor (23) y el antesalista Carlos Correa (22), que son alma, vida y corazón del equipo y que nos permiten mirar con certero optimismo nuestro futuro. Además, ellos le inyectaron a nuestro juego alegría y confianza, sin caer en faltas de respeto a los rivales o al deporte.

De la diáspora reclutamos a T. J. Rivera (28), a quien no le tembló el pulso a la hora de defender la inicial, que no es su posición. Eddie Rosario (26), poseedor de un cañón por brazo fue nuestro jardinero derecho, mientras Reymond Fuentes (26) y Kike Hernández (25) hicieron lo propio en el central.

Por fin tenemos brazos

jóvenes a la vez

Nuestra mayor debilidad colectiva en las últimas décadas ha sido el cuerpo monticular y ahora apenas comenzamos a acariciar una generación de tiradores de talento y futuro prometedor. Sin embargo, los dueños de equipos de las Mayores sabotearon la consolidación del grupo. Aquí hay que recordar y reconocer que en ese aspecto del juego no tenemos la calidad y mucho menos la profundidad de Estados Unidos y Dominicana y posiblemente Japón.

Por ejemplo, a nuestro cerrador Edwin Díaz, de apenas 22 años, pero con una recta de cien millas, Seattle no le permitió lanzar en la primera ronda, en la próxima lo limitó a una entrada y hubo que rogarle para que le permitieran estar disponible para otra en el juego final. A José Berríos (22), Minnesota también lo limitó y el trato de Tampa Bay a José de León (24) le ganó la descripción de “descaro” por parte del dirigente Rodríguez.

Para poder salir adelante, tuvimos que recurrir a Seth Lugo, otro componente de la diáspora, que con 27 tuvo un bautismo de fuego más que destacado con los Mets, como relleno ante el montón de lesiones de sus tiradores de cabecera. El espigado derecho de 27 venció al trabuco de Venezuela en nuestro debut y luego al no menos poderoso de Estados Unidos, contra el que también abrió el final.

#Los Rubios

No se sabe a ciencia cierta (o no se ha dicho) quién fue el jugador de Puerto Rico que concibió la idea –cual encendido de bombilla amarilla de 120 watts en la estampa de un cómic– de que todos se pintaran los cabellos de rubio durante el Clásico Mundial de Béisbol, naciendo así lo que convirtió en marca ritual unificadora y símbolo del equipo boricua.

Solo sabemos que todo comenzó en un chat de los jugadores de Puerto Rico mientras entrenaban en Arizona. Se cuenta que uno de los jóvenes peloteros lanzó la pregunta al grupo sobre qué podían hacer para fomentar la unidad entre el grupo, algo que fuera original. “Vamos a pintarnos el pelo de rubio”, dijo el jugador, misteriosamente nunca identificado, en su espontáneo bombillazo, como si lanzara otra recta para calentar el brazo en el bullpen, solo que esta alcanzó 110 mph y dejó la trocha del receptor botando humo.

Varios de los jugadores acogieron la idea con entusiasmo y al otro día aparecieron las primeras cabezas rubias, como hongos que brotan en el pasto tras un aguacero. Otros, inicialmente no tan emocionados o francamente escépticos con el asunto de la rubiez, fueron floreciendo poco a poco una vez iniciado el torneo, como girasoles de campo o enredadera de canarios, a medida que Puerto Rico ganaba sus primeros desafíos hasta que todo el equipo, incluyendo la mayor parte del personal técnico, lucía algún tono arrubiado, desde el claro casi platinado hasta el rústico “amarillo pollito”

Hasta los que llevan cabeza rapada como Carlos Beltrán y el coach Carlos Delgado se tiñeron sus barbas y chivas mientras que el dirigente Edwin Rodríguez quedó exento y excusado debido a su probada efectividad de 0.00 en pelo cranial y facial. Igor González, otra de las exestrellas del cuerpo técnico se fue en huelga de tinte –parece que fue el único entre los que visten de uniforme– pero por suerte su desentono apenas fue notable debido a la prudencia y el disimulo que permiten las gorras y el ámbito de su misión que lo mantenía casi todo el tiempo encuevado en el dugout.

Lo que comenzó en el chat fue llevado a referéndum democrático en el clubhouse donde la mayoría peloteril alzó solemnemente las manos en apoyo a la moción y así nacía oficialmente el ahora afamado #Teamrubio, también conocido como “Los Rubios”, #Losnuestros y a quienes algunos también llamaron los “BorinCanos”.

La fiebre de los rubios tiene un contenido simbólico según han comentado los propios jugarores, como el lanzador José Berríos, quien ha dicho que el color representaba el oro que aspiraban a conquistar en el torneo. El propio Berríos y Carlos Correa, (que inicialmente estaba entre los tímidos) el capitán Yadier entre otros, han señalado el propósito del teñido colectivo como parte de la diversión, aquello de pasarla bien, eso que da sentido a la palabra “juego” que usamos para caracterizar un deporte como el béisbol y un partido en particular que todo Boricua conoce como “un juego de pelota”. Sí, se goza pero se sufre, como dice el adagio revertido.

Otro objetivo importante, el más que se menciona probablemente por todos los jugadores, es el de unir al equipo e incluso crear la fiebre que ayudaría a unir al pueblo en torno a ellos.

Y tiene perfecto sentido porque todo el mundo sabe que el deporte es a la vez guerra y fiesta, ritual de danza y combate y tanto en una faceta como la otra los participantes tienden a marcarse, a pintarse, lucir distintivos y banderas y colores que reflejan identidad, apoyo, cohesión de grupo y distinción del rival. Así que por qué no el cabello pintado de oro, como guanín de cacique taíno que se lleva sobre la cabeza en vez de en el pecho.

Hay otro elemento que se ha mantenido silente, por debajo del radar, pero llegó a resonar en conversaciones en los estadios, entre el dougout y el clubhouse y el terreno de juego: la suerte, el amuleto. Y ahí entramos de lleno en una dimensión fundamental de la cultura béisbolera que es la cábala, hija ritual de la magia y la superstición, y pariente de las fiestas y guerras primitivas.

Es posible que las creencias religiosas de algunos en el equipo, que ven con malos ojos todo lo que suene a mal de ojo, brujería y superstición hayan llevado a la prudencia en cuanto a manifestar abiertamente que además de unidad, de oro ganador y de vacilón y juego también había amuleto y ritual de suerte en el pelirrubioso asunto.

Porque no solo es ritual el acto casero o de salón de estilismo de someterse al tinte, como el jocoso vídeo a cámara rápida que posteó la esposa de Angel Pagán, Melody, mientras pintaba el cabello a nuestro primer bate y al lanzador Orlando Román. El gesto ritual se ejecutaba –todo el mundo lo vio- cuando se hacía un logro sobre el terreno como batear de hit, al llegar a la base el jugador, lo primero que hacía era levantarse la gorra y frotarse los mágicos pelos rubios, confirmando así la eficacia de la cábala dorada, amarrando en complicidad al equipo alegre y contagiando así a los fanáticos y nuevos adeptos boricuas. En el partido contra el Reino de los Países Bajos se pudo ver cuando uno de los rubios alcanzó la primera base mediante incogible y olvidó el ritual por lo que un par de sus compañeros le gritaban y le hacían señas desde el dogout para que se levantara la gorra y se frotara la moña rubia, de atrás hacia delante, como era el gesto acuñado.

Pero esto de las supersticiones y cábalas es, como dicen, en broma y en serio. En la pelota se habla de maldiciones, como la de la cabra en Chicago –que le costó 71 años a los Cubs sin llegar a la Serie Mundial por no haber dejado entrar al parque una noche de campeonato a un asiduo fanático que solía ir con su inseparable cabra, provocando que este lanzara la terrible maldición; también la del Bambino que persiguió a Boston por décadas por haber vendido al gran Babe Ruth a los Yankees.

Así como en el fútbol africano abundan los hechiceros especializados en el deporte por acá suelen encomendarle sus equipos presumiblemente al mismo dios, poniendo a la deidad en un complicado dilema de favorecer a un equipo sobre otro cuando ambos le suplican por la misma gracia y solo uno puede ganar. De estos fervores conozco antecedentes porque sé la historia de una Elena Dávila (¡mi santa madre!) que junto a otras mujeres fanáticas a toda prueba de los Cangrejeros del Santurce, le colgaron personalmente al cuello una especie de escapulario de La Milagrosa al cuarto bate y rey de los toleteros invernales y las Ligas Negras, Willard Brown, y a otros integrantes del legendario “Escuadrón del Pánico” cuando partían hacia La Habana en 1953 rumbo a la conquista de la Serie del Caribe.

En la Pelota se sabe de mil cábalas, entre ellas las individuales, de jugadores que no pisan la línea de foul cuando entran al terreno, otros que entran literalmente siempre con el pie derecho al terreno, o la colectiva de virarse todos las gorras al revés para atraer la suerte. Se dice que Roger Clemens, por ejemplo, tocaba la imagen en la placa de Babe Ruth en el parque Fenway como quien le toca la barriguita a una estatuilla de Buda, el lanzador del Detroit, Mark “El Pájaro” Fydrich en los 70 remeneaba el terreno de la Lomita de lanzar con sus manos, como niño que juega con tierra, y con absoluta convicción animista le hablaba a la bola antes de lanzarla, algo que en una circunstancia distinta le hubiera valido un referido psiquiátrico. También se ha dicho que la moda de dejarse cabellos largos y frondosos bigotes, también a principios de los 70 cuando ello todavía era una estética ajena y excepcional en el béisbol de Grandes Ligas, era una cábala de los Atléticos de Oakland, que ganaron tres campeonatos con el asunto. En ese sentido, el gesto de los Rubios, parece tener antecedentes en ese caso de peludos y bigotudos.

Los caribeños arrubiados también marcaron otra de las muchas diferencias culturales que fueron objeto de discusión durante el torneo, particularmente entre los jugadores y fans del equipo de Estados Unidos y los caribeños, incluyendo boricuas, dominicanos y curazaeños que juegan como Holanda, o el Reino de los Países Bajos. El lucimiento, las celebraciones, la alegría y bravado sin inhibiciones de los caribeños, contrastaba la sosera, la inexpresividad estoica, excepto por algún gesto o grito de guerra cavernícola, de la mayoría de los jugadores estadounidenses.

Además, en la estética béisbolista, particularmente la de las Grandes Ligas, no suele figurar el tinte de cabello como elemento, ni el exceso de anillos faciales, ni despliegue prolífico de tatuajes (aunque los tengan no se notan por los uniformes) como sí ocurre constantemente en el mundo del baloncesto. En la pelota, sobre todo entre los estadounidenses, existen en estos tiempos los jugadores clásicos clean cut de siempre, los que llevan barbas tipo hipster y una buena representación de peludos y barbudos, que saltan a la vista, no como anarquistas o hippies sino como sujetos campestres, que cuando no tienen un bate en la mano cargan una escopeta de caza por algún bosque o que bien pudieron haber sido mediocres cantantes de música country. Los mulatos caribeños boricuas con pelos pintados de rubio, festivos y escandalosos, también eran una afrenta a ese mundo de estética varonil y de géneros muy estrictamente definidos en donde teñirse de rubio es un reto al sentido de masculinidad de muchos.

Así pues, a medida en que Puerto Rico y los Rubios iban batiendo a los distintos rivales sin perder un solo partido, con impresionantes demostraciones cada noche, los puertorriqueños, particularmente los varones, comenzaron a pintarse los cabellos rubios en números que aumentaban día por día; como si fuera un guión del realismo mágico, el contagio era exponencial, se reportaba escasez de tintes de cabello en farmacias y salones, aparecían ofertas y baratillos, quizás algunos recordaban a Dennis Rodman con su afro teñido pero pocos recordaban que Roberto Roena había sido pionero en esa jugada bien a principios de los 70; venían a la mente los raperos de los 90 como el difunto Mexicano y el productor Niko Canadá también antecedentes de pelos arrubiados, pero ahora era todo el equipo y miles, literalmente miles de boricuas, sobre todo aunque no exclusivamente jóvenes (ver al editor de estas páginas Elliott Castro, quien lo hizo a nivel de promesa –otra vertiente de la cultura mágica beisbolista y deportiva en general) y los rubios crecían y se multiplicaban por todo Puerto Rico y su diáspora multiplicado aún más por las imágenes en ‘selfies’ y memes por todas las redes y medios posibles, en combinación con las gorras y camisas peloterioles rojas en el supermercado, en las plazas, restaurantes, en las calles y aceras y guaguas y talleres de mecánica y sobre todo en barberías y llovieron las polémicas cuando chicos escolares fueron suspendidos en algunas escuelas por violar reglamentos, recibiendo algunos amnistías como la decretada por la rubia alcaldesa de San Juan, Carmen Yulín Cruz a varios alumnos municipales; todo en nombre de la fiebre béisbolera, del orgullo ante las hazañas de nuestro equipo invicto venciendo a gigantes como Estados Unidos, República Dominicana, Holanda hasta que llegó el momento en que los Rubios parecieron invencibles y el Pueblo creyó y los pensó imbatibles y veíamos el oro acercarse, en sueños, el oro de Mónica, el oro recordado y ansiado por cada cabeza entintada de rubio.

Pero entonces operó la magia inversa, se había cumplido el número mágico del 7-0 en partidos invictos, el medio hijo de la diáspora herido en su orgullo por mentadas de madre, bajo la bandera y armamento de la fuerza imperial que enfrentábamos, y con el emblema patrio tatuado en el brazo cual antídoto maléfico silenció las armas Boricuas como si alguien, además del brujo en la loma, hubiera lanzado un hechizo que rompió el ánimo y la magia de la tropa nacional.

Ciertos analistas especializados en los aspectos esotéricos del béisbol señalaron como elemento fundamental para que se haya quebrado el hechizo ganador de los Boricuas ls sorpresiva aparición en Los Angeles del gobernador Ricardo Rosselló con su cabello pintado de rubio y una gorrita roja del equipo. Cuando vieron eso los brujos Boricuas y caribeños en general supieron que la (mala) suerte estaba echada, el maleficio consumado y no había nada que buscar. El círculo dorado se quebraba ante el imprudente gesto del gobernante colonial, figura polarizante y politizadora, infiltrado en la representación de Los Rubios. Salazón absoluta. Mal agüero sin duda. Por tanto, pasó lo que tenía que pasar. El 7-0 perfecto se convirtió en un 7-1 fatal y final mediante un rotundo 8-0, con el que terminó el nefasto partido y murieron los rubios (y con ellos nosotros) en la orilla luego de mucho y bien nadar. Los números. La Cábala.

Y así luego de un merecido recibimiento de héroes, luego de sacudirnos el pasme de la muerte deportiva, Puerto Rico pasa la página hacia pasajes más escabrosos y luchas más retantes que las de la Pelota, con una satisfacción de haber gozado grandes victorias y una espinita de frustración por la severa derrota al final, pero en balance alentadora, en balance nos da fuerzas para las luchas que nos ocupan y se avecinan, y a pesar de que algunos comenzaron a buscar modos de quitarse los pelos rubios, (Rosselló II se lo eliminó de una sola lavada) seguimos viendo todos los días, por todos lados a los rubios pintados, como memorabilia ambulante en carne y hueso de la fiebre del Clásico Mundial de 2017. Vistos de cierta forma tal vez, como zombis mordidos y marcados sobrevivientes de una batalla perdida pero también como guerreros inspirados y festivos dispuestos a luchar hasta lograr la victoria.

Ayotzinapa en mí o la versión de los testigos

La semana pasada En Rojo mostró imágenes, escrituras de luz que pretenden ser escrituras de los hechos. La propuesta era mostrar como las fotografías forman parte de una estrategia documental. Frente a la construcción de narrativas oficiales (como los “hechos alternativos” a los que se refiere la administración Trump, p.e.) se construyen, como necesidad, otros modos de narrar y presentar hechos.

Hace poco menos de tres años, entre el 26 de septiembre y la madrugada del 27 de septiembre de 2014, se persiguió y atacó a un grupo de estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa. El resultado fue que 9 personas murieron, 27 resultaron heridos y 43 estudiantes desaparecieron.

Cinco semanas después la Procuradoría General de la República anunció en una conferencia de prensa que los estudiantes fueron o habrían sido asesinados después de que policías de los municipios de Iguala y Cocula los entregaran al grupo criminal “Guerreros Unidos”, vinculados al alcalde de Iguala, José Luis Abarca. Sus cadáveres fueron quemados, después se depositaron los restos en bolsas y fueron arrojados en un río. Los padres, militares y amigos de los estudiantes rechazaron el informe por carecer de base científica. Periodistas e investigadores independientes desafiaron esa versión oficial. Un cineasta puertorriqueño, Tito Román, se encontraba en México cuando se inician las protestas exigiendo esclarecer esa masacre. Estaba allí para realizar un documental sobre el boxeador Jeyver Cintrón, que competía en los Juegos Centroamericanos. Atyotzinapa lo marcó y decidió presentar una mirada disidente.

El documental, Ayotzinapa en mí, se estrenó en la Cinemateca Nacional de México, el 24 de septiembre de 2016. En enero llegó brevemente a los cines corporativos de San Juan. De ahí la pieza se ha movido por la isla y en festivales. Por ejemplo, el seis de abril se presentará en el Recinto Universitario de Mayagüez.

A mi parecer este es el mejor documental que haya realizado un cineasta puertorriqueño. Aparte de una invitación a verlo, cosa que pueden hacer por línea, quise hacer algunas preguntas a Tito Román Rivera, quien a pesar de encontrarse editando su más reciente trabajo, tomó de su tiempo para contestarlas.

1. Los soviéticos, en la primera década de la revolución, proponen un método (factografía) para referirse a una escritura de los hechos sin generalizaciones como parte de una herramienta política. Salvando las distancias, ¿consideras que hacer documentales puede convertirse (o es) una herramienta política?

2. ¿Cómo un cineasta (documentalista) equilibra el contenido, la presentación de hechos, con un afán estético? ¿Qué debe dominar?

3. De Betances a Ayotzinapa hay años de trabajo. ¿Qué cosas provee la experiencia a un realizador?

4. ¿Qué te parece la situación actual de la “industria de cine nacional” con los recortes anunciados en créditos o apoyo institucional?

1. El cine es una herramienta política utilizada por los países más poderosos para controlar y establecer formas de pensamiento. Hollywood es una forma de dominación sobre las poblaciones de Estados Unidos y sobre el Mundo. A través de sus películas se establecen modas, pensamientos y se promueven estilos de vida. La distracción es una forma de dominación y el cine de espectáculo estadounidense es eso. Por ende nosotros, los pueblos oprimidos por esa dominación económica tenemos que desarrollar nuestras propias historias. El cine puede ser un gesto solidario. Eso aprendí en la Escuela Internacional de Cine y TV en Cuba, y esa es una agenda pendiente del cine latinoamericano. Nuestro cine usualmente presenta las historias de resistencia y nos hemos caracterizado regionalmente por ser y hacer el cine de corte político por excelencia.

2. El cine es tan libre como el resto de las artes. Un autor puede ir por el camino de la narrativa clásica o puede tomar la ruta experimental. En mi caso he trabajado la narrativa clásica. Por el momento he seleccionado temas de importancia política y he decicido presentar temas muy serios combinados con la presencia musical y la poesía spoken. En la mesa de edición uno va tanteando el ritmo de una película y se van hilvanando los mensajes que se quieren llevar. El trabajo de mesa sobre el guión de montaje es el punto de partida. Ese proceso te permite armar el muñeco de forma clara en tu cabeza y luego te da la flexibilidad de mover bloques narrativos de un lado a otro con seguridad. Creo que al editar estoy escribiendo un libro con capítulos interconectados que te llevan en un arco narrativo.

3. La experiencia es una herramienta adicional, es obvio que el tiempo ayuda, uno comete menos errores y recorre caminos de forma más inmediata. Ya vas evitando perder el tiempo en gestiones que no te van a rendir frutos. Entonces sí, la experiencia es algo que se adquiere con el esfuerzo y realmente es un recurso valioso, te permite trabajar con mayor seguridad. Además, te atreves a más, te vuelves algo ambicioso pues cuando uno se atreve siempre hay posibilidad de triunfo, aunque uno pierda siempre se gana y la experiencia siempre es ganancia.

4. Realmente es indignante la situación por la cual atraviesa nuestra nación actualmente. Da asco ver cómo la legislatura contrata a corruptos para mantenerlos a flote y por otro lado recortan los presupuestos que ayudan a las producciones de nuestro cine nacional que tanto aportan al pensamiento colectivo. Nos recortan el presupuesto para pagar una deuda ilegal. Estoy cansado del coloniaje, de la explotación económica en que vivimos, de que nos esten asfixiando a todxs los que somos la fuerza productiva. Nuestros proyectos de cine documental ayudan a la economía del país, los trabajos de mis colegas ayudan a darle empleo a otras personas, pero el gobierno colonial capitalista no entiende la importancia del cine como herramienta de desarrollo educativo, social, cultural y económico. El llamado que hago a mis colegas es a seguir produciendo a como dé lugar. Aunque tengamos que hacer películas con muy bajo presupuesto tenemos que hacerlas, de lo contrario sigue muriendo el país, no podemos dejar que eso ocurra. Esa experiencia va a permitirnos otras formas de pensar el cine y de hacer el cine. Convoco al pueblo a apoyar todas nuestras presentaciones y a consumir aun más nuestro cine; tenemos que mirarnos, pensarnos y explicarnos.

Jaresko: ¿Por qué llegó al Caribe?

Si tuviéramos acceso al dosier que la inteligencia rusa tiene sobre Natalie Ann (no Natalia, por favor) Jaresko tal vez pudiéramos saber por qué esta mujer “de clase mundial” –la frase es de José Carrión– ha terminado saltando desde la gélida y muy estratégica Ucrania hasta este pequeño “país olvidado” del ardiente Caribe. Porque aunque un sueldo de $600 mil anuales (más vivienda, transportación, gastos y un largo etcétera) pudiera ser razón suficiente para nadar hasta nuestra ribera, el nuevo trabajo de Jaresko suena a un bajón de rango para alguien que hace apenas un año se proclamó candidata al puesto de primera ministra de Ucrania.

El dosier ruso sobre Jaresko debe ser gordo porque para ellos, desde los tiempos de Catalina la Grande, Ucrania es un país clave por su capacidad agrícola y por su ubicación geográfica entre Rusia y Europa. En sus últimas dos grandes confrontaciones bélicas con países europeos, las guerras de Napoleón y Hitler, Ucrania fue un teatro de gran importancia. Tras la llegada al poder de Vladimir Putin en 1999 y ante su determinación por restituir la “grandeza de Rusia”, Ucrania, que rescató su independencia en 1991, volvió convertirse en frontera de conflicto entre los rusos y el “Occidente” que lidera Estados Unidos. Como sabemos, en los últimos cinco años el conflicto dejó de ser “frío” transformándose en una guerra no declarada por el control del estratégico país.

El posible gran volumen del dosier ruso también responde a que Jaresko ha jugado un papel relativamente importante en el esfuerzo de Estados Unidos dirigido a controlar el gobierno de Ucrania. Esta hija de inmigrantes ucranianos, nacida en Illinois, se formó en buenas universidades de su país y desde muy temprano se vinculó al servicio diplomático o de inteligencia estadounidense o a ambos. En 1992, cuando tenía 27 años, fue enviada a Ucrania como “jefa de asuntos económicos” de la embajada de Estados Unidos en la nueva nación independiente. Su origen étnico, el conocimiento desde la cuna del idioma ucraniano y su buena formación académica la equipaban muy bien para la tarea asignada desde Washington.

A juzgar por el desempeño de Jaresko en Ucrania entre 1992 y 2016, todo indica que la carta jugada por Estados Unidos funcionó. De su trabajo como oficial de la embajada conocemos poco, pero una vez dejó esa función en la segunda parte de la década del ’90 comenzó a dirigir un fondo de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en inglés) creado con el propósito de influenciar la economía y la política ucraniana. Todos sabemos que la USAID ha sido un instrumento histórico, nacido de los tiempos de la Guerra Fría (1961), mediante el cual Estados Unidos trata de controlar o influenciar los gobiernos de otros países con ayudas económicas y prestaciones sociales.

Sobre el manejo que Jaresko (junto a su entonces marido) hizo del fondo hubo imputaciones de corrupción porque se autoasignó sumas millonarias a modo de “bonos”, muy superiores a su salario básico. Todo indica, sin embargo, que esas imputaciones no empañaron su imagen ni su función dentro de la política de Estados Unidos hacia Ucrania. En 2014, cuando en medio de una fuerte crisis económica las protestas populares (alimentadas por EEUU y por la Unión Europea) derribaron el gobierno que se inclinaba hacia los rusos, Jaresko emerge como ministra de finanzas del nuevo régimen. No fue la única ukranian american que formó parte de aquel gobierno (hubo otros también enviados desde América), pero en su caso tuvieron que hacerla ciudadana ucraniana a la carrera para que pudiera asumir el cargo.

Sobre el desempeño de Jaresko como ministra de finanzas se habló de forma hiperbólica, por parte de la Junta de Control Fiscal de Estados Unidos para Puerto Rico (JCF), pero los datos disponibles no apoyan la euforia. En primer lugar, apenas estuvo en el cargo un año y cuatro meses. Fue nombrada en diciembre de 2014 y abandonó el cargo en abril de 2016. Obviamente estamos ante un tiempo muy breve, mucho más cuando se trata de las finanzas y la economía de un país. En segundo lugar, el problema era mayormente económico –una inflación galopante y gran dependencia de la economía rusa– más que de manejo de finanzas, tarea asignada a Jaresko. La deuda pública de Ucrania en manos privadas era de $18 mil millones en 2014. (La de Puerto Rico es de $70 mil millones.) En tercer lugar, dada su importancia estratégica para Estados Unidos y la UE, los organismos económicos mundiales que estos controlan dirigieron enormes sumas de dinero hacia el país del este europeo. El Fondo Monetario Internacional (FMI) nada más asignó $40 mil millones en forma de préstamos y ayuda a Ucrania. Con esa avalancha de ayudas era lógico esperar que las finanzas públicas se enderezaran.

Tal parece que las aspiraciones de Estados Unidos con Jaresko (o el ego de la ministra) se dispararon durante el año y pico que estuvo en el gabinete ucraniano porque en marzo de 2016, ante un inminente cambio de primer ministro, ella se postuló públicamente para el cargo. Entonces dijo que Ukrania necesitaba un gobierno de tecnócratas y que ella se ofrecía para dirigirlo. Sus aspiraciones no llegaron muy lejos porque el hasta entonces presidente del Parlamento fue designado al cargo y éste procedió a dejar fuera de su gabinete a la diplomática (¿?) estadounidense.

Un año después de haber aspirado al más alto cargo político de Ucrania, Jaresko aparece en el lejano Caribe asumiendo la “humilde” función de directora ejecutiva del JCF. En esa nueva tarea no contará con los $40 mil millones del FMI que tuvo allá ni tampoco con las lisonjas que la diplomacia de Estados Unidos y la UE le dirigían cuando trabajaba en el este de Europa. A los pocos meses de ser nombrada ministra de finanzas, el 5 de marzo de 2015 la agencia Bloomberg publicó un panegírico con el título The american woman who stands between Putin and Ukrania. Entonces parándose frente al “enemigo” ganaba aplausos, que ahora escasearán porque no hay un opositor tan importante en el horizonte.

¿Acaso llegó hasta acá simplemente porque estaba desempleada? Como no tenemos acceso al dosier ruso no podemos contestar esa pregunta ahora. Pero algún día lo sabremos.

ÌFÉ original tributo a la Rumba

Recuerdo que tan pronto finalizó el primer concierto de ÌFÉ, celebrado hace algunos meses en el Viejo San Juan, tuve la necesidad de comunicarles a los músicos mi experiencia como espectadora. “Sentí esos cánticos en el corazón. Me transporté a mis raíces”, les expresé. Sinceramente, la atmósfera de sonido innovador que propone esta agrupación puertorriqueña es capaz de conectar a los receptores y receptoras con su propia espiritualidad.

Ese evento fue el inicio de una gira por varias ciudades de Europa y Estados Unidos, así como la motivación para continuar creando temas y formar un primer LP de nueve sencillos variados: Preludio (Ejiogbe), Bangah (Pico y pala), Yumavision Umbo (Come Down), House of Love (Ogbe Yekun), 3 Mujeres (Iború Iboya Ibosheshé), Prayer for Oduduwa (Para Merceditas), Higher Love y Yari Gemmini (Beyi La).

Bangah es el tema principal del disco. Basado en la interpretación que el director musical hace sobre el Orisha Ogún (dios de la guerra en la religión Yoruba), está descrito como “un grito de guerra para la libertad; una declaración musical de independencia; un sonido del machete, del rostro de la determinación y el rechazo al miedo en cualquier nivel personal”.

El pasado sábado 18, en el Shorty Castro en Santurce, ÌFÉ se presentó nuevamente ante un público que ya se ha ido convirtiendo en fanático de este grupo que funde diferentes ritmos afrocaribeños con el beat moderno electrónico y los ecos ancestrales de la religión Yoruba.

Hay algo que distingue este proyecto: es cadencia, conexión con lo ancestral, fuerza e innovación en cada arreglo musical. Sin duda, es la ejecutoria de los músicos: Rafael Maya (percusionista y fundador del grupo de bomba Desde Cero), Jhan Lee Aponte (percusionista e integrante del grupo Yuba Iré), Beto Torrens (percusionista e integrante de La Quilombera), Anthony Sierra y Yarimir Cabán “Mima”.

En 2015, la agrupación hizo su debut en la escena local independiente con el vídeo musical del tema 3 Mujeres. Y es que luego de haber colaborado con los proyectos musicales de Mima, Cultura Profética y Calma Carmona, el reconocido músico y productor estadounidense Mark Underwood – asentado en Puerto Rico desde finales de los ’90 – quiso formar su propio concepto musical. Lo denominó ÌFÉ porque esa palabra yoruba encierra la idea del proyecto.

“El nombre se refiere a la antigua ciudad Ilé Ifé, cuna de la religión Yoruba. ÌFÉ se traduce como “amor” y también “expansión”. Así que en una sola palabra tengo precisamente de dónde quería venir: ÌFÉ, a love supreme”, explicó Underwood. “Expansión” porque hay que abrir las fronteras, unir la música moderna con la estructura de la tradicional, “porque me encanta lo que la tecnología puede hacer hoy en día… Así que dije: voy a añadirle sensores electrónicos a los tambores”, continuó.

Tras iniciarse como sacerdote yoruba en Cuba y adoptar el nombre de Otura Mun, junto a los músicos antes mencionados, Underwood ha logrado llamar la atención de un sinnúmero de plataformas musicales importantes local e internacionalmente, las cuales han promocionado la nueva agrupación por diferentes medios digitales.

“Nunca diría que estoy tocando Rumba. Primero que nada, esa música tiene sus propias reglas y estructuras. La gente que la toca se lo toma muy, muy en serio. Lo que yo estoy haciendo es usar elementos del lenguaje de la Rumba. Por supuesto que le estoy rindiendo tributo a esa música – Mark estudió unos años el género para conocer la historia, las raíces –, pero no diría que es Rumba. Creo que lo que se escucha en el sonido es el marco musical de ese género, que es lo antiguo, pero expresado con un alfabeto distinto”, aclaró Underwood.

Esta nueva experiencia acústica de Mark Underwood, producto de la trayectoria afrocaribeña que emprendió en Puerto Rico cuando llegó a finales de los ’90 y que continuó en Cuba, lo ha llenado en términos espirituales y musicales.

Uno de los objetivos de ÌFÉ es transmitir mensajes de amor, esperanza, espiritualidad y transformación utilizando como fondo la mezcla de peculiares sonidos. Según comentó el director, con la música que hacen pretenden entablar un diálogo que trascienda las fronteras diaspóricas, los estereotipos raciales y religiosos, y que propicie la problematización de los sistemas de control que a gran escala nos manejan.

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