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Crucigrama: Isabel Garma

Horizontales

1. País latinoamericano donde nació Garma el 22 de marzo de 1940.

7. Túpac _______; José Gabriel Condorcanqui; dirigió la rebelión peruana contra España.

8. Isla griega.

9. Licor antillano.

10. Eslabón.

12. _______ Garma; escritora e historiadora y activista feminista. Autora de Cuentos de muerte y resurrección; El pueblo de los seres taciturnos; Poesía del caminante; y, El hoyito del perraje.

16. Universidad de San _______; Garma fundó allí el Instituto de Investigaciones Históricas, Antropológicas y Arqueológicas.

19. Conozco.

20. Garantízala.

23. Afirmación.

24. Esclavo.

26. Preso.

27. Detestar.

29. Voz para arrullar.

30. Isabel _______; seudónimo literario de Norma Rosa García Maineri. La educadora y escritora falleció el 14 de junio de 1998.

31. Mago de cuento infantil.

32. De esta manera.

33. Autillo.

34. Agarradera.

35. Miembro de la cámara de los lores en Gran Bretaña.

39. Interjección de desdén.

42. Olfatearme.

44. Nación.

46. Use.

50. Enjabonar.

52. Fabrique.

53. Nota musical.

54. Existe.

55. Diez en romanos.

Verticales

1. Gancho de hierro, pl.

2. Bóvido.

3. Reúnele.

4. Aproxima.

5. Artículo.

6. Pasados por la sierra.

11. Norma _______ García Maineri; autora de Marginalia, mujer y poesía.

12. Diosa egipcia.

13. Pradería.

14. Pronombre demostrativo.

15. Cuentos de _______ y resurrección; libro de Garma.

17. Prefijo griego que significa distinto, de otro.

18. Título que se daba a los reyes en algunos países.

21. Playa.

22. Obtuso.

25. Rezaré.

28. Alzaba.

35. _______ del caminante; libro de Garma.

36. Contracción.

37. Introdúzcale.

38. Sacaré la humedad.

40. Anno Domini.

41. El _______ del perraje; libro de Garma.

43. Marginalia, _______ y poesía; obra de Garma.

45. El pueblo de los _______ taciturnos; cuento de Garma.

47. Se dirigía.

48. El _______ estepario; novela de H. Hesse.

49. Diosa marina griega.

51. Santa _______ de Bogotá; capital de Colombia.

La joya de la corona de Marvel: Black Panther

El universo cinematográfico de Marvel ha resucitado personajes algo olvidados en los comics, un renacer que como lector de literatura gráfica me fascina. Black Panther (EEUU, 2018), dirigida y escrita por Ryan Coogler, también nos trae un personaje algo olvidado, pero que requiere más atención por cómo toca el tema de la representación de raza en la cultura popular. El personaje fue creado en el 1966 por Stan Lee y Jack Kirby, dos artistas cuyas invenciones incluyen a los Fantastic Four y los X-Men. Lee y Kirby construyeron un personaje que estereotipa de muchas maneras al superhéroe negro, una limitación que se puede ver en el título de la primera serie dedicada a Black Panther, Jungle Action (escrita por Don McGregor, 1972-1976). El título refleja el salvajismo animal y la violencia que se asocia con personajes negros y que vemos en películas como Sweet Sweetback’s Baadasssss Song (dir. Melvin Van Peebles, EEUU, 1971) y el género del blaxploitation. Es importante notar que la película de Van Peebles no construye un estereotipo, sino un héroe negro mítico perseguido por una sociedad blanca que lo considera una amenaza. Por otro lado, Black Panther pierde potencia al representar una aristocracia de la “selva” sin ningún vínculo a las realidades sociales que enfrenta la comunidad afroamericana. Desde finales de los 1990 hasta el presente, escritores como Christopher Priest, Reginald Hudlin, Ta-Nehisi Coates y Roxanne Gay expandieron el mundo de Wakanda en los comics impulsando a Black Panther a la política internacional y cuestionando los problemas de la monarquía. El personaje pasa de ser una figura unidimensional que de vez en cuando apoyaba a los Avengers, al sabio monarca que usa su extenso conocimiento de la ciencia para velar por el ficticio país africano de Wakanda y comunidades predominantemente negras como Harlem.

En la película, T’Challa (Chadwick Boseman) es el rey de Wakanda y sus responsabilidades también incluyen asumir el rol de protector sagrado de su gente por los poderes que adquiere de una flor que crece en el reino. Esta fuerza mágica se combina con una armadura tecnológica hecha de vibranium, el mineral que solo se puede encontrar en Wakanda y que es altamente resistente. Aunque T’Challa es venerado, alimentando el mito del noble patriarca, las mujeres ocupan lugares de poder en esta sociedad africana. Entre ellas están la hermana de T’Challa, Shuri (Letitia Wright), que es una de las mentes más privilegiadas del universo de Marvel; Romonda (Angela Bassett), la madre de T’Challa, que sirve como reina madre; y Okoye (Danai Gurira), la líder de Dora Milaje, un grupo de guerreras que velan por la seguridad del trono. La película logra construir con mucho detalle un Wakanda muy próspero que combina elementos visuales asociados a las civilizaciones antiguas africanas con tecnologías modernas. La cinematografía de Rachel Morrison, la música de Ludwig Göransson y el diseño de vestuario a cargo de Ruth E. Carter le dan unos toques únicos a la fantástica nación africana que continuó desarrollándose a pesar de los siglos de colonización y opresión europea. Pero ahora enfrentan una amenaza interna, el terrible Erik Killmonger (Michael B. Jordan), uno de los villanos más desarrollados del universo cinematográfico de Marvel. Su desafío a la corona y a Black Panther tienen una justificación clara, pero su falla trágica es la ira, debilidad que lo lleva a su derrota. Sin dañar el final, todos sabemos que Killmonger perderá tanto por su rol de antagonista como por haber atentado contra el orden reinante de Wakanda.

La maravilla del personaje de Killmonger está en cómo éste se ha cegado por una ira colectiva contra Wakanda, Black Panther y todos los siglos de opresión contra la negritud, juntando así la fantasía con la realidad histórica occidental. Este último punto es el que lleva a Killmonger a sobresalir no sólo por la magistral actuación de Jordan, sino también por lo que representa. Como película, Black Panther desafía el universo cinematográfico de Marvel marcado por la blancura de sus superhéroes. La película no es una obra revolucionaria con un impacto similar al de Do the Right Thing (dir. Spike Lee, EEUU, 1989), que explora las complicadas interacciones dentro de una comunidad racialmente diversa en Brooklyn. Black Panther, tanto como todas las demás películas de Marvel, desarrolla una historia situada en un ambiente político muy similar al nuestro. Los personajes enfrentan organizaciones terroristas, corrupción gubernamental, y las consecuencias de conflictos bélicos, entre otras. Sin embargo, no es nuestra realidad y como consecuencia este universo ficticio pierde ambigüedad, un detalle que se hace evidente en la claridad con la que podemos diferenciar entre un villano y un héroe. Hay complicaciones en estas relaciones y un buen escritor sabe problematizar estos roles, como se hizo en Captain America: Civil War (dir. Anthony Russo y Joe Russo, EEUU, 2016), donde Tony Stark (Iron Man) y Steve Rogers (Captain America) chocan por sus diferencias en cuanto a su percepción del Winter Soldier. En Black Panther, Coogler ha creado un Killmonger que es para mí el mayor triunfo de esta película. Este personaje subraya la indiferencia de Wakanda ante los problemas del mundo exterior y lo absurdo de su monarquía. En manos de Ta-Nehisi Coates, que ha estado escribiendo el cómic de Black Panther desde el 2016, el reino africano confronta su mayor crisis, una revolución de mujeres dirigida por la líder de Dora Milaje que fue sentenciada a muerte por Romonda por asesinar a un líder que disfrutaba de violar las mujeres de su tribu. Tengo la esperanza de que Coogler, que cuestionó el abuso del poder y el racismo de la policía en su película Fruitvale Station (EEUU, 2013), examinará más a fondo estos dilemas en las secuelas de Black Panther. Pero por el momento, Coogler nos ha dado el primer capítulo de una historia más extensa que para mí ha sido la película más importante del universo de Marvel.

Excelente oferta de documentales del 14 al 18 de marzo

En la 6ta Muestra de Cine Documental Latinoamericano, a celebrarse en la Casa Dominicana en Santurce, se presenta una serie de corto, medio y largometrajes por un variado grupo de realizadorxs tanto de Puerto Rico como Cuba, El Salvador, Panamá, Colombia, Honduras, Ecuador, Nicaragua y México. El gran atractivo de esta muestra no es solamente su variedad y pertinente temática si no también la oportunidad que nos brinda ver documentales (género muy difícil de ver en cine comercial con la excepción de los pocos escogidos por Caribbean Cinemas para sus salas de Fine Arts) y, más infrecuente aún, expresiones fílmicas de países centroamericanos. Además esta muestra tiene la ventaja de que algunos de los documentales irán de gira por varios pueblos de la isla y que el grupo irá preparado con el equipo necesario para proyectar en los cientos de “bolsillos” donde la noche domina todo. De los alrededor de quince documentales presentados y los documentales nacionales que “provienen de la convocatoria anual que realiza AdocPR y de una selección de películas realizadas por miembros de la Asociación”, trece son dirigidos o co–dirigidos por mujeres.

De los avances que pude ver de estos documentales tanto en su página (www.adocpr.org) como en Vimeo y YouTube destaco los cubanos Bailar con tu corazón de 2017, Fuera de escena de 2016, La bendita manía de contar y El árbol de 2015 y Taylín de 2010; de Honduras el largometraje Berta vive, ganadora de varios premios internacionales sobre la organizadora ambientalista, Berta Cáceres quien fuera asesinada el 2 de mayo de 2016 y que recién ahora se acusa al autor intelectual del asesinato ante las constantes denuncias de los grupos indígenas que han protestado y exigido justicia para Berta.

Los proyectos puertorriqueños tienen un espacio muy especial en la muestra —comenzando con el homenaje que se le rinde a Diego de la Texera, director del excelente documental de 1981, El Salvador: el pueblo vencerá— ya que son auspiciados o apoyados por AdocPR. Según su comunicado:

El sábado 17 de marzo a las 8PM se presenta Cantamos Décima, dirigida por Kique Cubero García, serie sobre la tradición de la décima cantada en Puerto Rico, en la que participan artistas como Roberto Silva, Lenny Jeannette Adorno, Ricardo Villanueva y Emma Colón Zayas. El domingo 18 se lanzará la plataforma colectiva La mirada compartida, una colección de cortometrajes para la página web de AdocPR que surge con la intención de ofrecer nuestra mirada a los sucesos y asuntos que vivimos como país, y como estímulo para dar continuidad a la producción nacional documental.

Dentro de las descripciones de los documentales puertorriqueños destaco Clubman13.3.13 de Lucía Castellano e Inés Mongíl quienes en 18 minutos nos llevan al Santurce de hace 60 años a través de los recuerdos de Antonio Navedo, vendedor de “ropa de caballero” de esa legendaria tienda.

La oferta de acción de principios de 2018

Aparte de los estrenos tardíos de 2017, el año comenzó con películas de acción imparable: Black Panther (que Juan Ramón Recondo reseña esta semana y que ha sido un éxito de taquilla casi histórico); Red Sparrow, Jennifer Lawrence al estilo de los filmes de heroínas y espías como Salt (Angelina Jolie de 2010), Hannah (Saoirse Ronan de 2011), Lucy (Scarlett Johansson de 2014) y Atomic Blonde (Charlize Theron de 2017); Death Wish, remake de la muy popular (cinco secuelas de 1974 a 1994) historia de crimen y vigilantes/ajusticiadores. Aunque de 2017, incluyo Hostiles, un western reflexivo e histórico que puede tener afinidad con The Last of the Mohicans (Michael Mann 1992 con Daniel Day-Lewis), Unforgiven (Clint Eastwood 1992) y Open Range (Kevin Costner 2003) pero que se separa de éstos por su acercamiento y estilo a temas tan difíciles y todavía debatidos.

HOSTILES

(director y guionista:Scott Cooper; autor: Donald E. Stewart; cinematógrafo: Masanobu Takayanagi; elenco: Christian Bale, Rosamund Pike, Rory Cochrane, Jonathan Majors, Wes Studi, Adam Beach, Xavier Horsechief, Q’orianka Kilcher, Tanaya Beatty, Jesse Plemons, Timothée Chalamet, Paul Anderson, Ben Foster)

La escena inicial es brutal por su violencia y su mirada de pionero blanco en territorio indígena conquistado a la fuerza por hombres en busca de tierras con el total apoyo del ejército. Pero esa realidad histórica de 1892 en este caso, no se amplía hasta mucho después de ver a una mujer, Rosalie Quaid, desamparada tras haber perdido a toda su familia y lo que una vez llamó hogar. Mientras tanto conocemos al capitán Joseph Blocker, famoso por arrebatarle las tierras a los indígenas a como diera lugar aún si conllevara el asesinato de familias enteras. Blocker y sus amigos en armas siguen buscando, encerrando y moviendo a “territorios reservados y controlados” a la población que queda de las diferentes tribus que en este caso son Apaches. En el fuerte ubicado en Nuevo México se le instruye en su última misión: trasladar a Yellow Hawk y su familia Cheyenne hasta Montana, su tierra original, como un gesto de apertura del gobierno hacia un hombre casi moribundo. Solamente cuando es amenazado con insubordinación, Blocker acepta escoltarlos ya que Yellow Hawk es uno de sus peores enemigos por haber causado la muerte de muchos de sus soldados.

Este lento y difícil viaje incluye tanto a soldados conocidos como nuevos, un condenado a la horca por haber masacrado sin provocación a una familia indígena, Rosalie ya bastante recuperada emocionalmente, Yellow Hawk, su hijo Black Hawk, su hija Moon Deer, su nuera Elk Woman y su nieto Little Bear. Poco a poco las barreras de odio, sospechas y rencor irán debilitándose al igual que el grupo se reducirá a sólo tres al final. Hablarán entre sí—a veces con apenas susurros, pocas palabras o miradas y gestos—y saldrá a relucir el genocidio perpetrado contra la población originaria de estas tierras arrebatadas por un imperio en vías de establecerse como potencia hemisférica.

El tempo es pausado para darnos tiempo de absorber la barbarie perpetrada en estas hermosas tierras, el contraste de sus habitantes y el valor de la palabra perdón.

RED SPARROW

(director: Francis Lawrence; guionista: Justin Haythe; autor: Jason Mathews; cinematógrafo: Jo Willems; elenco: Jennifer Lawrence, Joel Edgerton, Matthias Schennaerts, Charlotte Rampling, Mary-Louis Parker, Joely Richardson, Ciarán Hinds, Bill Camp, Jeremy Irons, Thekia Reuten, Douglas Hodge, Kristof Konrad)

Aunque se colapsan momentos críticos en las relaciones entre Estados Unidos y Rusia (después de la desaparición de la URSS sí, pero bajo qué políticas internacionales, no sabemos) su encuadre es de paranoia por saber qué secretos sabe cada cual. Tanto la C.I.A. como la Inteligencia Rusa están al tanto de las tramas de cada uno y al saber su identidad pueden tramar el intercambio y engaño de información. Pero en este caso hay un espía escondido (mole) y el saber quién es se convierte en la misión principal de la recién entrenada “sparrow”, Dominika Egorova. A pesar de las objeciones de Matron (Charlotte Rampling), la directora de entrenamiento, por ella no ser ciegamente obediente y seguir las reglas al pie de la letra, su carácter—a veces incontrolable—e inteligencia y sus conexiones familiares la lanzan al medio de una de las misiones más importantes. El personaje de Dominika tiene muchas de las aracterísticas de Lisbeth Sander de The Girl with the Dragon Tattoo (2009 y 2011): siempre pasos adelantada a lo esperado por otros.

Ese objetivo estratégico es Nate Nash, el único que conoce al mole y que no revela su identidad ni a sus superiores ni a sus torturadores. Se supone que Dominika podrá seducirlo, lograr su confianza y conseguir el nombre de su contacto. Pero ella también tiene un punto débil: su enlace emocional con su madre Nina quien necesita cuidado especializado por su enfermedad degenerativa. Aunque actúa independientemente y engaña con igual facilidad a los que creen conocerla bien, es el bienestar de Nina lo que la guía a tomar decisiones críticas en su vida.

DEATH WISH

(director: Eli Roth; guionista: Joe Carnahan; autor: Brian Garfield; cinematógrafo: Rogier Stoffers; elenco: Bruce Willis, Vincent D’Onofrio, Elisabeth Shue, Camila Morrone, Dean Norris, Kimberly Elise, Beau Knapp, Len Cariou, Kirby Bliss Blanton)

Una de las críticas principales del Death Wish de 1974 fue su aparente endoso a la política de vigilante donde la persona afectada recurre a sus propios métodos para castigar a los culpables del delito que la policía no logra esclarecer. Después de la más reciente matanza en Parkland, Florida podemos debatir si este filme argumenta en contra o a favor de que cada individuo se arme para defender a los suyos y de paso evitar otros crímenes. Me parece que esta vez—contrario a 1974 donde hasta el protagonista/Charles Bronson tenía el endoso de los detectives—se le recuerda a los espectadores el peligro que conlleva este comportamiento. Esta vez Paul Kersey es un cirujano en la sala de emergencia y trauma en vez de contable en el libro y arquitecto en el filme original lo que ética y moralmente lo pone en una incertidumbre. Desde el comienzo se contrastan los espacios y las vivencias de jóvenes en los guetos de Chicago con la quietud y supuesta seguridad de los profesionales que viven en los suburbios.

Desde la primera escena la vida parece colgar de un hilo y asesinar por la razón que sea es algo esperado. Puede que, como dicen los detectives Raines y Jackson, con paciencia y tiempo se cometerá un error, alguien hablará de más y se encontrará a los culpables. Pero las estadísticas de los crímenes no resueltos cuentan otra historia. Vemos la desesperación e impotencia de Kersey al no poder hacer nada para encontrar a los culpables, lo fácil que se le hace comprar cualquier arma, corta o larga, y conseguir los permisos sin verificación de antecedentes, encontrar instrucciones para manejar un arma a través del Internet y disfrazarse en la noche (o de día) para detener los actos de delincuentes como los que le causaron tanto dolor. Frank Kersey, como su hermano (hermosamente interpretado por Vincent D’Onofrio de “Law & Order: Criminal Intent”), es la voz de la razón y equilibrio a pesar de ser el que siempre está endeudado y no tiene un trabajo fijo.

Bruce Willis—como lo hizo en su serie/secuela de Die Hard—le da a su personaje la veracidad y ambivalencia necesaria para no convertirse en héroe universal. Aunque la historia original se desarrolla en NY para al final trasladarse a Chicago, aquí es a la inversa con una escena similar para redondear y a la vez dejar abierto la posibilidad de otra secuela.

Resistir es crear. Resistir es transformar

Ése es el tema que reúne miles de personas de todo el mundo, venidas a Salvador, BA, para, desde ese martes, 13 de marzo, participar de más un Fórum Social Mundial. En ese momento, el mundo vive un retroceso social y político, como desde décadas, no se veía. En casi todos los continentes, se asiste a un aumento del racismo y de discriminaciones sociales que configuran una cruel violencia. En toda América Latina, vivimos tiempos oscuros, con graves retrocesos sociales y políticos en nuestras frágiles democracias. En Brasil, el poder ejecutivo, legislativo y judiciario se unen al servicio del Imperio y en contra del pueblo ya muy sufrido y, a cada día, despojado de sus derechos básicos. En ese contexto, la realización de ese Foro Social Mundial puede representar un grito profético de la sociedad civil que apunta nuevos horizontes de participación ciudadana y nuevos rumbos para la humanidad.

El proceso de los foros sociales fue iniciado en 2001. Los ricos del mundo hacían sus encuentros anuales en Davos, Suisa y declaraban el dogma del mercado como única salida para la sociedad internacional. Un secretario del gobierno de los EUA llegó a declarar: “La guerra en contra de la pobreza acabó. Los pobres han perdido”. Como respuesta a eso, representantes de diversas organizaciones sociales se han unido y han iniciado los foros sociales. Desde el inicio, la propuesta fue constituir un proceso descentralizado para favorecer la construcción de convergencias y favorecer la posibilidad de resistencias. El lema era “un otro mundo es posible”. Los primeros foros respiraban un aire de confianza y han llegado a reunir más de cien mil personas de todos los continentes. Era un verdadero encuentro de sociedad civil. En los años más recientes, el proceso pasó por un natural desgaste. Hasta hubo quien predijo el fin de ese proceso. Sea como sea, la realización de ese foro en Salvador revela una fuerza de resistencia y una esperanza nueva para la humanidad. En ese foro, están inscritos muchos grupos ligados a diversas religiones y a diferentes Iglesias cristianas. El papa Francisco propone una Iglesia en salida, eso es, a servicio de las grandes causas de la humanidad. Para quien es cristiano y sigue la fe bíblica, la esperanza no viene tanto de una análisis de la realidad. Ésa puede ser pesimista. Viene de la convicción de que el Espíritu está siempre presente y actuante en la historia. En estos días, estamos viviendo la preparación para la celebración anual de la Pascua. Esa fiesta recuerda la liberación de los oprimidos y la resurrección de Jesús, primicias de un mundo nuevo, en lo cual, como dice el evangelio: “Todo el universo verá la salvación” (Lc 3, 6).

El autor es monje benedictino y ha escrito más de 40 libros.