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Una alfombra roja de mantengo corporativo impulsa los transgénicos en Puerto Rico

Eliván Martínez Mercado | Centro de Periodismo Investigativo

Nadie consultó a los vecinos del municipio de Juana Díaz, ni siquiera al alcalde Ramón Hernández, si las semilleras multinacionales podían adueñarse de una tercera parte de sus mejores tierras agrícolas, convertirlas en laboratorio transgénico y recibir exenciones contributivas a costa de ingresar menos a las arcas del pueblo. “Aquí un carrito de hot dog paga más patentes que Monsanto, que gana millones”, denunció Hernández.

Frente a la plaza del pueblo, la tienda Pepe’s vende carteras, estolas y trajes, y desembolsó $2,421 en patentes municipales en el año fiscal 2017. Eso es más de lo que pagó Monsanto, que sólo aportó $1,826 a pesar de informar un volumen de venta de $22.6 millones sólo en Juana Díaz, según la alcaldía. La empresa está en la lista de las 500 corporaciones más ricas del mundo que publica la revista Fortune. Si el gobierno no le hubiera otorgado tasas contributivas especiales a la multinacional, ésta habría pagado casi medio millón de dólares al municipio en cinco años, como corresponde a cualquier negocio con un volumen de ventas similar.

Durante la década de la crisis fiscal en Puerto Rico, cuando la Isla se convirtió en el primer centro de experimentos con semillas transgénicas, el gobierno regaló a estas multinacionales más de $526 millones. Estos beneficios incluyen descuentos en las patentes de Juana Díaz e irrigación para las fincas a precios reducidos, así como tasas contributivas preferenciales, exenciones, incentivos industriales, subsidios salariales y agua gratis de los acuíferos del sur. Así lo reveló el Centro de Periodismo Investigativo (CPI) tras solicitar y analizar informes del Departamento de Hacienda, la Administración para el Desarrollo de Empresas Agropecuarias, la Compañía de Fomento Industrial y el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales. Los números no incluyen el costo fiscal por reducción de patentes en todos los municipios en los que operan semilleras como Illinois Crop Improvement Association, Syngenta Seeds, Dow AgroSciences, Bayer CropScience, Dupont-Pioneer, AgReliant Genetics, Mycogen Seeds y RiceTec.

¿Valió la pena dar esos incentivos? ¿Ingresaron a cambio más contribuciones al País? El gobierno dio a las empresas 16 veces más de lo que éstas aportaron al fisco.

Las multinacionales de biotecnología acogidas a exenciones contributivas de agricultores bona fide sólo devolvieron a Puerto Rico $413,829 en impuestos entre 2005 y 2014, según el Departamento de Hacienda, que hizo disponibles los números más recientes. Entre las semilleras se encuentra 3rd Millenium Genetics, que se diferencia de las demás por ser la única fundada en la Isla, y por haber apoyado en el procesamiento de semillas de un proyecto gubernamental para el cultivo de arroz.

Un grupo de semilleras no identificadas por el Departamento de Hacienda se acogió a contribuciones especiales de las leyes 135 de 1997 y 73 de 2008, por lo que aportaron unos $31.4 millones en la misma década. Estos decretos resultaron más efectivos que las exenciones de agricultores bona fide para ingresar dinero a las arcas públicas, confirmó Edwin Ríos, secretario auxiliar para Asuntos Económicos y Financieros en la agencia gubernamental.

Las siete corporaciones de la Asociación de la Industria de Biotecnología Agrícola de Puerto Rico (PRABIA) crearon 3,385 empleos directos en el pasado año fiscal, según Beatriz Carrión, directora ejecutiva de la entidad. Sin embargo, las semilleras recibieron durante la crisis más de $37.2 millones de parte de la Administración para el Desarrollo de Empresas Agropecuarias para subsidiar el salario de sus empleados. La agencia gubernamental les devuelve $2.72 de dólares por cada hora de trabajo que pagaron a sus obreros no diestros.

Frank Terhorst, Principal Ejecutivo Global de Semillas de Bayer, defendió las operaciones de la multinacional como una oportunidad de traer conocimiento a Puerto Rico sobre gestión empresarial agrícola. “No sólo creamos trabajo e inversiones, sino que ayudamos a la comunidad a desarrollar sus destrezas para la producción local”, dijo en septiembre de 2016, luego de inaugurar instalaciones de la multinacional en Guánica y Sabana Grande, donde anunció sobre 25 empleos. “Veo una situación en la que ganamos ambas partes cuando traemos la tecnología más avanzada. Hay una oportunidad de aprendizaje. Creo que la agricultura de Puerto Rico se beneficiaría de eso”, apuntó.

Todo el sector de biotecnología agrícola invirtió $96 millones en su negocio en Puerto Rico en el año fiscal 2015, según una encuesta del Instituto de Estadísticas, lo que demuestra la estabilidad de las semilleras en medio de la crisis. La empresa Syngenta Seeds arrancó el 2017 con una inversión de $6 millones para mejorar sus instalaciones en Salinas y Juana Díaz.

El Departamento de Agricultura no ha hecho un estudio que analice los beneficios de esas inversiones versus el costo de las semilleras para un país que rodó por el barranco de una crisis fiscal, y chocó con el impago a sus bonistas y pensionados.

La Junta de Control Fiscal, impuesta por EE.UU. para que Puerto Rico pague su deuda, ahora le ordena al gobierno de la Isla establecer medidas de austeridad. El País no tiene dinero ni para costear el plan de salud gubernamental que asegura a 1.4 millones de ciudadanos. Se acrecienta hacia la metrópoli el éxodo más grande desde la Gran Depresión. La Universidad de Puerto Rico enfrenta la posibilidad de recortes de $300 millones de su presupuesto. El Departamento de Hacienda entregó el reintegro de los contribuyentes fuera de plazo durante dos años consecutivos.

El gobernador de Puerto Rico, Ricardo Rosselló, dijo en su primer mensaje ante la legislatura que revisará los incentivos “obsoletos” que no representaran un retorno de inversión. No accedió, sin embargo, a una entrevista con el CPI para discutir el mantengo corporativo a estas multinacionales.

Hasta la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE), corporación pública que tampoco ha podido cumplir con los pagos a sus bonistas y acaba de subir la tarifa a los abonados para conseguir el dinero que no tiene, ofrece tasas preferenciales a siete semilleras. Encargada de suministrar el agua de los antiguos canales de riego agrícola, cobra desde $2 por cada acre-pie (325,900 galones) a estas empresas, cuando al resto de los clientes industriales les factura entre $163 y $325 por el mismo volumen. Así, el costo fiscal de ese subsidio a las semilleras fue más de $6.3 millones entre 2006 y 2015, según información suministrada por la AEE.

Bona fide, buena fe. El término latino refiere a un principio del derecho que reconoce la honradez o veracidad de un asunto. El Departamento de Agricultura, que certifica a las empresas como agricultores bona fide para que puedan acogerse a exenciones, envió a Juana Díaz las certificaciones de Monsanto y de Illinois Crop Improvement Association. El alcalde Ramón Hernández las había solicitado en 2016, cuestionando que las empresas cumplieran con los requisitos para tener ese privilegio. En la sala de reuniones de la alcaldía, Hernández puso sobre una mesa una copia de la Ley de Incentivos Agrícolas de Puerto Rico, que otorga este incentivo a quienes trabajan la tierra. Estaba señalado, con un marcador amarillo, el Artículo 2-A-(b): que indica que los bona fide han sembrado, cosechado y vendido el producto agrícola. El Artículo 3 (b) (1) indica que el negocio incentivado es para la producción de alimentos para seres humanos y animales, algo que no hacen las semilleras, que exportan los transgénicos para desarrollos subsiguientes fuera de la Isla. Existe, además, una opinión del Departamento de Justicia que establece que estas empresas no se dedican a la agricultura, porque llevan a cabo investigación y desarrollo. Al no ser agricultores, el Gobierno les permite controlar más del límite constitucional de 500 acres de tierra.

El alcalde denunció entonces que, al dominar gran parte de las fincas agrícolas, las semilleras afectan la capacidad de Juana Díaz para producir una economía local del tomate, cebolla, mangó, plátano o cualquier otro alimento. “¿Y en una emergencia, qué vamos a comer?”

El objetivo de ofrecer beneficios para empresas extranjeras es crear una ventaja competitiva; atraer inversión para una industria que no existe en el país o que de lo contrario se quedarían en localidades extranjeras que ofrecen mejores condiciones para este sector empresarial. La Asociación de la Industria de Biotecnología Agrícola de Puerto Rico sostiene que esos incentivos son importantes para asegurar la permanencia de las corporaciones que representa. Pero Puerto Rico ya tiene la gran ventaja competitiva independiente a los incentivos, atractiva para cualquier semillera: una temperatura anual promedio de 27 ? (80 ?) en el sur de la Isla, que permite llevar a cabo hasta cuatro cosechas cada año del maíz y la soya, cuando en EE.UU. continental sólo pueden hacer dos.

“Los incentivos son la salsa”, explicó Ed Baumgartner, en cuyo resumé destacan 21 años de experiencia en Dow AgroSciences y la creación de la empresa 3rd Millennium Genetics en Santa Isabel. “Las semilleras en realidad vienen por el índice de calor, que es lo más importante. Nos permite cosechar maíz en 90 días, más rápido que en Hawaii, donde toma unos 100, y que en Estados Unidos continental, donde toma unos 150 días. Se necesitan unos diez años para desarrollar un nuevo producto de las semilleras. Puerto Rico les permite recortar el proceso de investigación a la mitad”.

En ningún otro estado o territorio de Estados Unidos, el país más liberal en materia de cultivos modificados genéticamente y agroquímicos asociados a esos cultivos, se puede encontrar esa ventaja competitiva natural que ofrece Puerto Rico. Además, los envíos de semillas hacia América del Norte son más rápidos y menos costosos que los de Hawaii, el principal competidor del Estado Libre Asociado en experimentos transgénicos. En efecto, ocho semilleras extranjeras ya se habían establecido en Puerto Rico entre 1983 y 2003, antes de que fuera creada la Ley de Promoción y Desarrollo de Empresas de Biotecnología Agrícola de 2009. El estatuto instaura una política pública para poner la mayor cantidad de incentivos posibles en manos de la semilleras, para que Puerto Rico “se convierta en meca del desarrollo y establecimiento de la industria del conocimiento en la rama de la agricultura”, indica el texto. La medida no exige ninguna rendición de cuentas ni auditoría a las semilleras. Uno de los autores fue el representante Carlos Johnny Méndez, quien ahora preside la Cámara de Representantes, mientras que lo firmó el senador Thomas Rivera Schatz, actual presidente senatorial, cuando ocupaba la misma posición en 2009.

“¿Para qué entonces tender una alfombra roja multimillonaria de incentivos, si ya las empresas hubieran venido de otra manera? ¿Por qué entregar la casa de antemano?”, cuestionó Deepak Lamba Nieves, director de investigación del Centro para una Nueva Economía, organización independiente que investiga y analiza asuntos de política pública en la Isla. “La lógica corporativa es que Puerto Rico tiene que hacer todo lo posible para proteger esos empleos. Eso es una lógica de rehén. Si estamos anclando el modelo económico en empresas que nos amenazan con irse a la menor provocación, pues eso no es un contexto para salir de crisis. Las exenciones y los incentivos son importantes para competir con otros países, pero es un mecanismo dentro de un plan de desarrollo económico, y en Puerto Rico los incentivos se han convertido en la norma en lugar de excepción”.

El economista agrícola Parimal Choudhury, profesor retirado de la Universidad de Puerto Rico, ha sido consultor durante 50 años en temas de agricultura en la Isla, y entiende que no es buen negocio que los experimentos incentivados con fondos públicos no resuelvan problemas de los cultivos puertorriqueños, que las corporaciones usen las mejores tierras para experimentos en lugar de producir comida y que devuelvan menos a las arcas de lo que reciben. “Tenemos que subsidiar a las empresas locales que producen comida en vez de dar subsidios a la biotecnología agrícola”, opinó Choudhury. “Cuando el 80% de la comida de los puertorriqueños viene de afuera del País, tenemos un problema. Siempre hemos dado subsidios, pero no están enfocados en incentivar la producción ni en resultados”.

El alcalde Ramón Hernández considera una “jaibería” estos incentivos. “No estamos en contra de ninguna empresa. Pero es injusto que paguen tan poco. Los municipios no participamos al momento en que el gobierno central nos otorga decretos”, continuó. Se refería a cómo los tratos contributivos preferenciales afectan la capacidad de recaudación municipal y no se traducen en la creación de riqueza local. Y reclama que el Departamento de Agricultura evalúe la calidad de los empleos creados por estas corporaciones, que en su mayoría son temporales. “El dinero de las semilleras no se queda aquí, se va a la matriz fuera de Puerto Rico. Así es imposible que el país eche pa’ lante”.

Comer injera con Lucy y la reina de Saba

Lola Aponte Ramos / Especial para En Rojo

tras los rios de Etiopia…andan mensajeros veloces…

la nación de elevada estatura y tez brillante

..cuya tierra es surcada por ríos. Isaías 18;1-2

in Ethiopia the folk lie all naked in rivers

and waters men and women together

John de Mandeville Travels (año,1322)

En su guía de viajes, el turista medieval, John de Mandeville, nos asegura que Etiopía es tierra de enormes diamantes, ópalos y esmeraldas. Le conmueve que los habitantes mismos conserven las cualidades de las piedras preciosas. El indescifrable color de la piel, el cabello, la prestancia con que caminan, la manera en que la carcajada se anida en el silencio, descubriré yo muchos siglos más tarde. Teoriza el viajante de escritorio que los niños como el ópalo, nacen de un tono amarillo-dorado y sólo al crecer se vuelven negro-cuervo por lo que más bien parecen rojizos con destellos dorados y aun azules sobre la piel y el cabello. Hijos de Salomón, descendientes de Saba. Tanta belleza rayana en lo imaginado, se debe probablemente al clima de la región intenta explicar. Una parte de Etiopía es ardiente, y la otra de abundancia tal, que las cataratas se convierten en diamantes. Hay minas de sal blanquísima que reflejan el cielo. Arenas oscuras que recuerdan la noche. Rocas sulfúricas y lagos ardientes. Una tierra en que carencia y exceso son invocadas como equivalentes. Y su habitantes son el fruto estético de todo ello.

Mientras camino por el valle de sulfuro me digo Caminas por la paradoja. Más temprano habría descubierto, que aquí comes metáforas. Porque mi viaje inicial es hacia la tripa. Voy hacia el pan, injeera, descubierto en Chicago y desde entonces indispensable. Cuando lo comes, comes pasado. la imposibilidad que el tiempo posibilita: es agrio, casi insaboro; delgado. elástico y poroso. Receptáculo para los guisos, una especie de vajilla masticable. es pan para comer entre muchos, en familia, los vecinos, los amigos, los visitantes. pan que convoca sabores y textura, alegría y resonancia, dulce y salado.

..el proceso de crear esa crepa gigante que se llama pan, invoca el tiempo que pasa. Se deja levar por cuatro días. el teft va organizando cultivos bacterianos, granos minúsculos redondos que son incapaces de unirse, comienzan a romperse bajo el calor, un poco de agua, y paciencia. amasar dos veces al día. huele mal. . en mi cocina cuando lo hago lo resguardo, lo niego, lo borro. ahora sin embargo en Debark, se une a los otros olores y resulta en un aroma dulce, alrededor del cual las mujeres magníficas y sin par hacen bromas, se abrazan y se alimentan en la boca. Las hijas de la reina de Saba, que me observan con la generosidad que produce mirar desde la belleza inevitable. Ni siquiera soy una pregunta. Mi color de piel nos acerca, la torpeza rayana de mis movimientos, la fealdad de mi vestuario occidental las conmueve. Sobre ellas se escribió el Cantar de los cantares y me digo Salomón no era ningún pendejo.

… el ritual de alimentarse me vuelve a marcar como extranjera, lavarse las manos se hace en conjunto, la comida es precedida por un café servido en un vaso de porcelana profusamente decorado, es un café fuerte y casi espeso. trato de evitarlo. ( no tomo café, pero no puede decirse no a la comida.) voy devorando y me miran. cada bocado me hace más torpe, inadecuada, lejana. la mano equivocada el ritmo disonante, los bocados desproporcionados. la mesa es quizás uno de los espacios más culturales que existen, me consuelo cuando percibo que me tratan como a una infante maleducada, solo yo sigo comiendo, tengo gula, mientras los demás dejan elegantemente bocados de cada guiso. ah-meh-seh-gih-nah-lah-hyoon. me dicen.

En Etiopía no podemos ser extranjeros; catequizo. Lucy (Dinkinesh) nos recibe siempre me digo. Cada vez que me levanto sobre mis patas traseras la reclamo. AL288-1 dice el catálogo del museo. Los Beatles, le contesto al calce y me alegra el silencio de esa sala que solo nos contiene a Lucy/ Dinkinesh y a mí. Sé que de incorporarse sobre las patas traseras nace la necesidad de la mirada. y de la traición al olfato, la palabra como epistemología y que es solo posible en estas tierras.Lucy/ Dinkinesh. Tu temblo,r le digo al fémur. Tu peso, le comento a la tibia. La distancia la multiplicada belleza explica a Lucy/Dinkinesh Solo aquí se vuelve imprescindible levantarse sobre las patas traseras ante lo sublime. Lucy: solo puedes ser aquí.

Los ojos, Lucy, los ojos, Dinkinesh, en su hambre de este paisaje rojo y desértico te hacen levantar buscar equilibrio sobre las caderas; la sal, Lucy; la sal obliga a tus manos a herramentarse .

Lucy/ Dinkinesh me hace pertenecer trato de convencerme; pero la turista siempre queda enmarcado al perímetro de la foto, leyendo el calce del museo. La turista busca pasado, busca paisaje y vuelve a ser Lucy. No puedo ser extranjera repito, aunque desconozco lengua y materia. La reina de Saba pulsará siempre en mi sangre Con esa mujer morena que el sol miró aprendí a calibrar mi cuerpo; a salir sin ser notada, estando mi casa sosegada. a conjurar a los guardias de Jerusalem, aprendí a ir al lecho prohibido.

Pero Lucy y la reina de Saba no acolchonan mí estadía, a mi no me pide el vaso de agua Salomón, no es mi tálamo el que se vuelve suyo. sus descendientes me sonríen la sonrisa grande, la cortesía y familiaridad exquisita parece acomodarme pero me marca como ex/cedente. Me toca la mejor silla no la silla, me corresponde el bocado más exquisito no el bocado que me haría comulgar con la cotidianidad. Me guían me cuidan, el extranjero es infante siempre. Yo gateo torpe, donde Lucy ya danza.

Factografía

Una fotografía es una escritura de luz. La factografía es la escritura de los hechos. Así que podríamos hablar de fotografías que forman parte de una estrategia documental utilizando ese segundo concepto.

El concepto es parte de la historia del arte soviético. En ruso, “faktografía” es una descripción de los hechos sin análisis ni generalización. Con esa intención se crea una red de relaciones entre escritura, cine y fotografía. Si nos atenemos a la historia nos referimos a una tendencia propagandística en los albores del proceso revolucionario soviético en el que se privilegia por supuesto lo político sobre lo estético.

En español recomiendo Factografía. Vanguardia y comunicación de masas de Víctor del Río (Abada. Madrid.2010). En ese libro se discute ese concepto como una fórmula de la vanguardia de izquierda en la que se intentaba producir arte como herramienta para transformar las conciencias.

El tema es pertinente. Puerto Rico atraviesa por su peor crisis en un siglo. La construcción de la verdad oficial (esos hechos alternativos a los que se refiere la asesora del presidente Trump (Kellyanne Conway) es pura manipulación de información e imágenes. Los medios tradicionales (corporativos) participan de esa trama –a veces burda– pero aparentemente muy efectiva.

Cabría preguntarse, ¿seremos capaces de crear, salvando las distancias, modos de presentar la realidad del proceso actual de resistencia desde una perspectiva objetiva o con una intención política que subvierta la manipulación mediática conservadora? ¿Todavía podemos creer en utopías políticas y estéticas en alianza? ¿Podemos presentar testimonios de lucha y resistencia “sin generalizaciones” o sin borrar (hacer invisibles) las propias contradicciones que surgen de todo proceso de resistencia?

Los medios de información hoy día nos permiten, paradójicamente, retomar y potenciar fórmulas tradicionales de contar historias. Transmitir en vivo desde el lugar de la acción es posible sin el filtro de la prensa corporativa. Lo nuevo es la accesibilidad instantánea de miles de posibles “espectadores” y, además, la potencial presencia de centenares de testigos con la tecnología disponible para registrar y difundir “los hechos”. En esta coyuntura hay que replantearse el papel que pueden desempeñar los artistas y los periodistas. Hay muchas paradojas éticas en el trabajo. ¿Cómo documentar la resistencia que se organiza y que suponemos aumentará como aumentan las medidas salvajes que impone la Junta y el gobierno títere de Ricky?

Dejemos una muestra de imágenes sin comentar. Piense en ellas. Piense en cómo insertarse en la escritura de los hechos y en la escritura de la luz.

Será otra cosa: Escuela

La nieve que cayó en mi entorno norteño esta mañana es azúcar sobre el cereal de las hojas secas, y la imagen me transporta a otro paisaje, el de las cuatro escuelas públicas (en Luquillo, Ciales y Mayagüez) a las cuales asistí del primero al cuarto grado en Puerto Rico.

Sospecho que los puertorriqueños (al menos los de cierta edad) compartimos una experiencia estética de la escuela pública. Después de todo y según las estadísticas, la mayoría de nosotros(as) asistió y asiste a la escuela pública. Conocemos de cerca el look and feel particular que tenían esos edificios. Tomemos los colores, por ejemplo, tomados en casi todos los casos, y por algún motivo misterioso, de una paleta de tonos marrones y mostazas, un espectro que iba desde mierda oscura hasta mierda de bebé, y que se manifestaba en Luquillo, por ejemplo, en paredes color calabaza con acentos color ladrillo. O consideremos las texturas: las paredes nunca eran del todo lisas, tenían siempre pequeñas o grandes arrugas, burbujas y verrugas, producto de, no sé, ¿múltiples capas de pintura? ¿empañetado deficiente? ¿humedad? ¿todas las anteriores? En cualquier caso, la pintura estaba permanentemente descascarándose, y nosotras, en momentos de aburrimiento, ayudábamos a acelerar el proceso con nuestras uñas y dedos. Eran comunes también las grietas en las paredes, los techos y los pisos, los jardines abandonados o inexistentes, y el suelo frente a los salones, donde en la estación seca se acumulaba el polvo y en la de lluvia el fango.

Luego estaban las rutinas. En algunas de mis escuelas, como esa de Luquillo cuya imagen me ha traído la nieve hoy,operaba una medida infame,el “interlocking”, diseñada para poder atender dos tandas de niños en un mismo edificio. Así, nuestro día escolar duraba solo 4 horas, suficientes para tomar inglés, español, matemáticas, estudios sociales y quizás ciencias, pero no arte o música. En algunas había, dos veces en semana, un periodo llamado “educación física”, durante el cual jugábamos juegos de mesa dentro del salón hogar. En otras no había tal periodo, punto.

La materia prima con la que las “señoras del comedor” confeccionaban nuestra comida llegaba a la escuela en gigantescas cajas, sacos y latones con muchas libras de arroz blanco, habichuelas, vegetales, salchichas, leche y huevos en polvo, “jugos” rojos o anaranjados, tajadas de carne gris, corned beef, hot dogs, frutas en almíbar… Con una redecilla en la cabeza, un delantal en la cintura, y un cucharón en la mano, las señoras nos servían la comida en bandejas de metal con cinco espacios, como las de los presos y los soldados. Recuerdo sobre todo que en el almuerzo, toda la comida me olía igual: La carne olía a habichuelas tiernas, el arroz olía a habichuelas tiernas, la leche olía a habichuelas tiernas.

En principio, teníamos que comernos toda la comida (años más tarde, esa regla cambió a tres alimentos de cinco), pero algunas teníamos nuestras estrategias: yo, por ejemplo, metía las habichuelas tiernas dentro de la leche, me comía el arroz con habichuelas aguantando la respiración, y regalaba la carne gris o el hot dog sonrosado. Se me hacía fácil encontrar clientes: había niños allí que pasaban (pasan) realmente hambre y para quienes el almuerzo del comedor resultaba (resulta) esencial. Después aprovechaba cualquier distracción de las señoras, y botaba la leche con habichuelas tiernas en el zafacón.

El desayuno era mucho más sabroso. De hecho, tanto me acostumbré a algunos platos (huevos de embuste, jugos artificiales, farina y cereal azucarados) que años más tarde, cuando tuve acceso a versiones más sanas o reales de esos alimentos, tardé mucho tiempo en aceptarlas.

Lo peor de todo eran los baños. El agua parecía irse constantemente, los inodoros parecían estar siempre tapados, los cerrojos siempre rotos. Nunca había papel. No exagero al decir “nunca”: Nunca había papel. Me pregunto si pensaban que los niños no nos limpiábamos, o si el papel sencillamente se acababa antes de que yo llegara al baño. Pronto aprendí a aguantar la sed para evitar tener que usar el baño de la escuela, lugar donde, después de todo, pululaban los bullies en busca de víctimas. Era fácil resignarse a la sed, porque por lo general las fuentes de agua tampoco funcionaban.

Algunas de las pistas para conocer el estado de las vacas de la metáfora (vacas flacas, vacas gordas), tanto el de la escuela como el de los hogares de otras estudiantes, eran pistas de papel: Según el presupuesto, forrábamos libros con el (más caro) papel pegajoso que llamábamos “contact paper”; con forros individuales “de tienda”; o con el papel de “estraza” que venía en rollo o podíamos obtener reciclando bolsas de colmado. Tomábamos dictados o quizzes (casi nadie, ni siquiera la maestra de español, los llamaba “pruebas cortas”) en blanquísmo papel “de argolla” con tres agujeritos; en “papel de libreta” arrancado con más o menos cuidado y cuya calidad dependía de la libreta del dueño; o, con mayor frecuencia, en el grisáceo papel rayado que se rompía cuando lo frotábamos con la goma de borrar, cuyas dimensiones lo hacían casi cuadrado, y que llamaban “papel escolar”.

Había momentos de belleza, o quizá más bien de poesía. El sol entrando por la ventana de un salón luminoso. El perfume de mi maestra de primer grado, Rosa, que acercaba mi pupitre a su escritorio y que me dejaba leer todo lo que yo quisiera. La farina mañanera, blanca y azucarada, que en casa no se compraba y que fue probablemente la comida más deliciosa que probé en esos grados primarios. La limpieza –tanta, tan reluciente, tan eficiente– del comedor después de nuestro hambriento y desordenado ataque, gracias a las señoras –enérgicas, decididas, imperturbables– que lavaban bandejas, trapeaban pisos, vaciaban zafacones y frotaban mesas. La alegría de algún maestro entusiasta. Las trenzas negras de la compañera de mesa que se sentaba a mi izquierda, las pecas rojas del compañero a mi derecha.

En el 2009 visité la escuela de uno de mis hijos, una típica escuela superior pública de pueblo. Los colores y estado de las paredes parecían haber cambiado para bien: ahora vi blanco, crema y verde. Pero los baños estaban tan tapados y tan desprovistos de papel como los que yo recordaba, y las fuentes de agua no funcionaban. La escuela tenía lo que ninguna de las mías: ¡una cancha! No tenía, por otra parte, maestro(a) de educación física. O tal vez sí había uno(a), pero nunca llevaba a los estudiantes a la cancha. En cualquier caso, la ausencia frecuente de cosas como arte y educación física no parecía haber cambiado demasiado.

Tampoco ha cambiado otro misterio, cuya respuesta me evade y atormenta desde la infancia: el enigma de los “olores objetables.” Entonces y ahora, cada tanto, rompían y rompen la rutina escolar cotidiana las asmas (“fatigas”), los vahídos y los desmayos causados por esos olores. Los síntomas se multiplicaban –nunca supe si por la expansión de la peste o el contagio social– y eventualmente redundaban en el desalojo urgente del plantel. El olor desaparecía al cabo de un día o dos. ¿De dónde salían los olores, concretamente? Algunas personas decían que de las paredes, otras que del suelo, otras que del pozo, aun otras que de las tuberías.

Han pasado un par de horas, y acá la nieve ya no es azúcar. Más tarde la ennegrecerán las pisadas, los automóviles, la tierra y la brea. Se ha derretido en algunas partes y allí, en esos pedazos, las hojas secas (húmedas ahora, deshechas) que nunca recogimos (puertorriqueños ignorantes, dirán los vecinos que en otoño rastrillaron su patio todos los sábados) me invitan a reconciliarme con estos y otros misterios, con esta y otras memorias.

Se crecen nuestros lanzadores

El área de mayor incertidumbre del equipo que nos representa en el Clásico Mundial de Béisbol, era el cuerpo monticular. Es lógico que así fuera por ser el aspecto del juego en que menos brillo han tenido los peloteros puertorriqueños en las últimas décadas, lo que se repite en este conjunto.

El historial de nuestros tiradores no podía compararse con el de nuestra defensa, nuestra velocidad, ni nuestra ofensiva. La situación se agravaba al repasar las alineaciones de nuestros rivales, particularmente Dominicana, Estados Unidos y Venezuela, que contaban con algunos de los mejores bateadores de las Grandes Ligas.

Sin embargo, al barrer los seis partidos de las primeras dos rondas y llegar invicto al juego semifinal, nuestro cuerpo monticular había realizado una extraordinaria labor, con efectividad combinada de 2.25 carreras limpias permitidas por cada nueve entradas lanzadas. En 52 entradas, nuestros rivales apenas habían anotado quince carreras, trece de ellas limpias.

Por el contrario, nuestros bates habían producido la friolera de 51 carreras, para promedio de 6.5 por juego.

El bautismo fue derrotar al Rey

Nuestro bautismo de fuego fue contra el poderoso trabuco de Venezuela, que además le dio la bola nada más y nada menos que a Félix Hernández. El chamo de treinta años, por algo apodado “El Rey”, ha sido ganador del premio Cy Young, dos veces líder de efectividad, así como de promedio de ganados y perdidos en la Liga Americana.

Nosotros respondimos con Seth Lugo, un joven procedente de la diáspora en Estados Unidos, que cuenta con 17 juegos de experiencia en las Mayores (5-2 y 2.67) con los Mets. El juego lo ganamos por nocaut, cuando teníamos ventaja de 11-0, tras siete entradas.

A Dominicana le ganamos con uno que va para China

Con una alineación intimidante, complementada por un grupo de probados lanzadores abridores y relevistas de primera, Dominicana fue a buscar revalidar su título de campeón.

A nosotros nos echaron a Carlos Martínez, un joven de 25, que en el 2016 tuvo marca de 16-9 y efectividad de 3.04, en San Luis, guiado por nuestro Yadier Molina como su receptor.

El responsable por Borinquen fue Orlando Román, un veterano de 38 años, que nunca ha estado en las Grandes Ligas y que desde el 2009 ha lanzado en México y Japón y pronto lo hará en China. Sí, en China hay una liga profesional de béisbol.

En la misma primera entrada los quisqueyanos abrieron colocando tres en bases sin outs … pero no anotaron. Puerto Rico ganó el encuentro tres carreras por una a pesar del desbalance de calidad de los abridores.

La culminación fue frente a Estados Unidos en un drama, que pudo haber sido producto de la fértil imaginación de uno de los escritores latinoamericanos del llamado “Realismo Mágico”.

Victoria surealista sobre EUA

Cinco estelares peloteros de Grandes Ligas nacieron en Estados Unidos, pero al menos uno de sus padres o de sus abuelos, lo hizo en Puerto Rico, lo que los convertía en elegibles para representar a los dos países. La decisión era única y exclusivamente de ellos.

El lanzador Jake Arrieta y el jardinero George Springer decidieron no participar en el Clásico, mientras el también tirador Marcus Stroman y el antesalista Nolan Arenado optaron por jugar por Estados Unidos. El también lanzador, Seth Lugo decidió por Puerto Rico.

Había un sexto, Mikal Givens, quien realizó una agresiva campaña para que le permitieran jugar por el equipo de la estrella solitaria, aunque no reunía ninguno de los requisitos, pues su vinculo con Borinquen fue con la persona que lo crió, que contrario a lo que siempre le dijo, no era puertorriqueño, por lo menos de nacimiento.

A Givens se le quitaron las ínfulas de boricua cuando Estados Unidos lo convocó.

De regreso al libreto casi surealista, Estados Unidos designó como su abridor a Stroman, mientras Edwin Rodríguez optó por Lugo.

Antes que Stroman pudiera sacar siquiera a uno, ya los boricuas le habían repartido seis líneas seguidas, buenas para cuatro carreras. El juego se apretó 4-3, pero un error o mejor dicho, horror de Arenado, nos permitió marcar dos anotaciones más, las que eventualmente resultaron decisivas.

Así que Stroman fue el perdedor, Arenado cometió el error que nos dio las carreras decisivas y por aquello de garantizar la culminación de la historia surealista, el lanzador en ese momento era Givens, los tres que nos menospreciaron por irse a jugar por Estados Unidos.

En esos triunfos, así como los otros tres de primera y segunda ronda, contamos con la eficiente gestión de nuestros relevistas y el manejo de los mismos por el responsable de esa área, Ricky Bones.

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