Inicio Blog Página 191

Los 55 de las fiestas de la calle San Sebastián

Cabezudos en la San Sebastián. Fotos Naiara Cabezas

 

La fiesta folclórica integró sus asiduas comparsas, marchas y procesiones

En Rojo

 La calle rugía más que en otros años. Quizás era el lustro que separa este 2025 del cierre pandémico, o tal vez fue el furor que aún lastra el álbum nuevo de Bad Bunny. A lo mejor no hubo una razón, pero casi un millón de personas afluyeron, entre jueves a domingo, a la isleta del Viejo San Juan. Más de 910,000 individuos que, entre tapones y espectáculos, poblaron la ciudad histórica durante las quincuagésimo quintas Fiestas de la Calle San Sebastián.

Desde horas tempranas del jueves, el tránsito hacia el islote estaba regulado por la Policía. Flotas de motoras, patrullas blindadas y guardias pertrechados demarcaban, en los dos flancos del Puente Dos Hermanos, cuáles carriles servían para qué. Algunos eran para el flujo regular y otro para las guaguas especiales que provenían de Sagrado Corazón y el estadio Hiram Bithorn. Contrario a los vehículos, los peatones peregrinaron ajenos al régimen de los semáforos, bajo un sol vespertino que teñía de naranja y sosiego a la concurrida llegada.

A las 5 de la tarde, cuando aún los visitantes emprendían sus travesías para llegar, el Municipio de San Juan acomodó una tarima justo al inicio de la calle epónima. Entre el sudor, la humedad, las risas, los codazos y los coros, el martirizado San Sebastián “subió” por los adoquines azuláceos del Viejo San Juan. Antes de comenzar la inicial, el Municipio de San Juan reconoció las aportaciones culturales de doña Rafael Balladares. Fenecida hace más de 13 años, Balladares trascendió como la gestora cultural que revivió las “SanSe”.
“Una mujer católica y educadora… promotora incansable del quehacer cultural de Puerto Rico. Su dedicación, junto a Ricardo Alegría, Antonio Maldonado y otros vecinos, transformó esta festividad que comenzó como un evento de comunidad; es la gran fiesta sanjuanera que conocemos hoy. Cinco décadas después, las fiestas de San Sebastián son la celebración cultural más grande y significativa de nuestra isla”, expresó el padre Benjamín “Benji” Pérez.

Para Miguel Romero Lugo, alcalde novoprogresista de la capital, estas fiestas dan espacio para celebrar la música folclórica, las tradiciones boricuas y “sencillamente la puertorriqueñidad”.  En ese sentido, el mandatario municipal loó las figuras de Jasmine Camacho-Quinn, medallista de oro en las olimpiadas del 2020; José Vega Santana, el “Payaso Remi”; y Luis Lozada Cruz, mejor conocido como Vico C.

Poco después, comenzó la procesión. En su estaca elevada, la escultura del san Sebastián avistó a todos los visitantes que, desde las aceras acordonadas, lanzaban silbidos, clamores y vítores. En el fondo se oían el rumor de bombas y plenas como Temporal, Mañana por la mañana y, como un himno recién estrenado, Café con ron, de Bad Bunny.

Al escabullirse de los tramos más angostos, el aporreado san Sebastián ya hacía su llegada a donde intersectan las calles del Cristo y San Sebastián. A solo pasos de la catedral y del busto de Juan Ponce de León, en este “cruce” se dio la mayor contradicción. Aquí, como advirtió don Pedro, se vivió en plena guerra. Chocaban, como un contraste ideológico, los emblemas de Puerto Rico con las publicidades excesivas de rones, cócteles, hoteles y restaurantes. Chocaban, también, los ayes criollos con los esquius mi foráneos.

Acompañado por los Reyes Magos, unas infanterías simbólicas, zanqueros, pleneros y todo el furor de un pueblo aglutinado, el San Sebastián arribó a la Iglesia de San José. Entre inciensos y los vítores, la procesión anual culminó encarando el ocaso.

“Lo más que gusta es ver a tanta gente. Me encanta venir aquí todos los años con quien sea que me acompañe y ver a la gente. Me revive”, contó Rosa, cuyo apellido se perdió entre el clamor de las personas.

Oferta artística

 En la Plaza del Quinto Centenario, que queda a pasos de la Iglesia histórica, el festejo de cuatro días comenzó justo después del desfile católico. Más abajo del tótem, Plena Libre deleitó al público con los ritmos autóctonos de los cueros, metales y los coros aguzados. Sobre el mismo escenario, La India estremeció a los bailadores con su timbre estratosférico y sus músicos sonoros.

Durante todas las fiestas, el Cuartel de Ballajá contó con la exposición usual de artesanos. Animados por la música de Riestra y los Bohiques, Majestad Negra y otras agrupaciones, los visitantes quedaban encandilados. Pulseras, collares y cuadros enormes de molinos y Quijote orlaban los corredores improvisados de este espacio cuadrado. Era como un charco de gente que, por falta de una entrada adecuada, se filtraba a cuenta de gotas gruesas por el cuartel.

El hacinamiento de Ballajá dio cátedra al consumismo exterior. Restaurantes, boutiques y joyerías de franquicias extranjeras turbaban sus ventas ante el imán novedoso de las artesanías locales.

Las Fiestas contaron con múltiples presentaciones en los puntos habituales de la isleta: la Barandilla, el Quinto Centenario, la Plaza Colón y la Plaza de Armas. Desde Vico C, Carlos Vives, Manny Manuel hasta Willie Rosario, el festejo no escatimó en la oferta musical. En un momento dado, se rumoró la llegada de Bad Bunny junto al Gran Combo, una sorpresa que no se dio.

Olga Tañón en su presentación en las fiestas de la calle San Sebastián. Foto Naiara Cabezas

Tras las presentaciones de Andy Montañez, Plenéalo y El Gran Combo, la merenguera Olga Tañón cantó sus palos clásicos para la fruición de los últimos espectadores de las 55ma Fiestas de la Calle San Sebastián. Cuando la noche se cernió sobre la isleta, la calle aún rugía. Cada quien regresaba por el modo de transportación en que llegó, despoblando al Viejo San Juan de este impetuoso festejo que, todos los años, da punto final a la temporada navideña del país.

Un adiós a Eduardo “Chirimbillo” Cánovas, el cineasta y amigo de tantos años

En el orden acostumbrado: Eduardo, María Cristina, Kino García y Oscar Colón. Foto suministrada por la autora.

 

 

En Rojo

Siempre nos suele suceder: el anuncio de una enfermedad inesperada; las noticias de que responde bien al tratamiento, aunque la quimioterapia parece hacerle + daño que la misma enfermedad; lenta recuperación; la decisión de en qué circunstancias se puede o no seguir “viviendo”. La muerte anunciada nos sigue sorprendiendo. Eduardo Cánovas, conocido en el mundo del cine Super 8 como Chirimbillo, apagó su cámara el ll de enero, natalicio de Eugenio María de Hostos. Aunque hacía tiempo que muchos de los integrantes del grupo original, Taller de cine la Red, no nos veíamos, pudimos circular la noticia y acordar escribir algunos de nuestros recuerdos de esa década de 1980 donde hacer cine estuvo a la mano de todxs al poder manejar la cámara Súper 8 y establecer, casi sin proponerlo, una red de apoyo e intercambio de cine a través de América Latina, Estados Unidos y Europa. En 1982 se celebró el 1er Encuentro de Cine Super 8mm que contó con la visita activa, por los talleres y charlas que ofreció, del realizador venezolano Germán Carreño. A través de esta década en que el Taller de Cine La red auspició estos encuentros nacionales e internacionales se integraron + superochistas y continuaron las visitas y participación de los integrantes en multiplicidad de foros. Mi labor fue de cronista: participé como audiencia (y a veces en las preparaciones tras la pantalla) al reseñar cada uno de estos eventos para la página de cine de En Rojo/CLARIDAD. También participé como comentarista en el panel que organizó la Profesora Isabel Arredondo (estudiosa del cine Super 8mm) en la convención del Latin American Studies Association (LASA) celebrada en Puerto Rico en 2015 y donde formaron el panel Chirimbillo, Poli Marichal, Kino García y Carlos Malavé. Dos libros de la autoría de Joaquín (Kino) García son indispensables para conocer los logros del cine Super 8mm aquí en Puerto Rico: Cine puertorriqueño: filmografía, fuentes y referencias (Cuadernos del Ateneo, 1997) e Historia del cine puertorriqueño: (1900-1999) Un siglo de cine en Puerto Rico (2000, revisión 2014). Componen el recordatorio: Poli Marichal, Waldo Sánchez, Kino García, Marién Barreto, Oscar Colón, Lowell Fiet.

 

POLI MARICHAL:

Eduardo Cánovas, también conocido como Silvestre Chrimbillo, nombre que utilizaba
en la autoría de muchos de sus cortos de corte político en el formato súper 8 mm, falleció este 11 de enero de 2015. Esta muerte me tomó por sorpresa. La última vez que lo ví fue en el sentido velatorio de otro querido cineasta y profesor de comunicaciones, Carlos Malavé en 2023.
En enero de 1982, Eduardo Cánovas, Quino García, Carlos Malavé y Waldo Sánchez fundaron el Taller de Cine La Red, Inc., el primer colectivo de cine en pequeño formato en Puerto Rico que se dedicó a utilizar el medio para protestar nuestra condición colonial, para rescatar eventos en nuestra historia nacional y para promover el amor por el cine independiente y experimental.
Yo me uní al grupo el verano de ese año, justo después de terminar una maestría en cine de Mass Art en Boston. Para mí, que ya estaba incursionando en el cine experimental súper 8, encontrar un grupo de cineastas que también utilizaba ese pequeño formato fue alentador. Eduardo era, por mucho, el motor fundamental del taller. Su pasión por el cine era contagiosa y su generosidad y solidaridad solidificaron el espíritu de colaboración de sus miembros. Muchas de las reuniones del grupo eran en su casa, en donde teníamos largas y amenas tertulias y podíamos ver proyectadas nuestras películas en proceso y recibir crítica constructiva. Eduardo también llevaba años participando en festivales internacionales de cine súper 8 y fue a través de su empuje que todos los miembros empezamos a participar activamente en ellos. Esos primeros años de los ’80 fueron muy fructíferos para el Taller de Cine la Red. Trabajando juntos conseguimos organizar varias muestras internacionales de cine súper 8 mm en San Juan y en Ponce. Esto se logró al solicitar exitosamente fondos del National Endowment for the Arts. También dimos talleres de cine súper 8 en la comunidad del Barrio Esperanza de Vieques y participamos en muestras del grupo en el Festival Internacional de Bruselas, en el festival de UNICA (Union of Cinema) en Graz, Austria, en la muestra de cine experimental en Exit Art Gallery en NYC, en el Festival Internacional de cine súper 8mm en Caracas, Venezuela, y en muchos otros. Eduardo siempre estuvo al timón del grupo y, aún después que el Taller de Cine La Red se disolvió, a finales de los ’80, y que el súper 8mm fue desplazado por el video, él siguió haciendo cortos explorando la problemática de la colonia. Eduardo fue un verdadero amante del cine independiente y de su patria. Sus cortos experimentales demostraban una verdadera preocupación con el impacto del capitalismo y del sistema colonial en Puerto Rico. Al igual que Carlos Malavé fue un firme creyente en el poder del arte cinematográfico independiente y contestatario. Eduardo Cánovas ya no está entre nosotros pero es imperativo resaltar su vida y también conservar su obra en cine súper 8mm y en video, cuyo valor histórico es invaluable.

 

WALDO SANCHEZ:

Cuarenta y cinco años de haber conocido a Eduardo Cánovas en los inicios del Taller de Cine la Red, los festivales de cine Super 8 y las actividades de conferencias y talleres fue una grata experiencia que jamás olvidaré. Conocí a Eduardo – Chirimbillo – Cánovas recién graduado de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras de la Facultad de Artes Liberales y Comunicación Pública. Para 1981, Eduardo era bombero, activista y director de cine. Conocí a la escritora y crítica de cine María Cristina Rodríguez y eventualmente a Joaquín «Kino» García. Más adelante se unieron Carlos Malavé, Poli Marichal y Mariem Barreto. El grupo siguió creciendo con la llegada Aixa Méndez y Jeanette González. También formaron parte del grupo los cineastas Oscar Colón y Waldo Sánchez. José Artemio Torres dio el apoyo inicial para formar el colectivo. Con sede en San Juan, el grupo estuvo activo durante seis años y organizó Encuentros (1982-1987), festivales sin competencia. Eduardo fundó el Taller de Cine La Red, y él era un firme defensor de la soberanía puertorriqueña, y se encontró en oposición a las ideas pro-estatidad del gobierno de la isla. Esto no le ayudó y dificultó al grupo encontrar apoyo financiero y lo obligó a buscar fondos financieros en otros lugares. Cánovas conectó por primera vez al Taller de Cine La Red con la Federación Súper 8 en 1981, cuando se reunió con el entonces presidente de la Federación, Richard Clark, en una visita al festival Súper 8 de la Ciudad de México. Clark apoyó iniciativas y colaboraciones con cineastas de otros países. Esta conexión está documentada en los primeros cuatro catálogos de festivales puertorriqueños, que incluyen las Federaciones.

El Centro Internacional de Cine de Super 8 también fue un gran patrocinador del Taller de Cine La Red que, junto con las iniciativas de Cánovas consiguió la ayuda de la Fundación Brodsky y Treadway, solicitó una subvención del Fondo Nacional para las Artes de los Estados Unidos. El catálogo del festival del Taller de Cine La Red de 1986 muestra la asociación entre el Taller de Cine La Red, el Centro de Cine de Super 8 y la Beca de Artes Estadounidenses. El apoyo de estas organizaciones ayudó a los Encuentros a expandir las actividades ofrecidas para incluir talleres y debates. Una vez en la red de la Federación, los miembros de Cine La Red pudieron exhibir sus películas internacionalmente. Poli Marichal mostró sus animaciones junto con los documentales activistas de Eduardo Cánovas en competencias internacionales. Las películas de Marichal ganaron premios en Bruselas, Montreal y Caracas. Personalmente, tuve la oportunidad en el año 85 de viajar a Barcelona, España a presentar una muestra de nuestros trabajos de cine Super 8. Allí se presentó el documental “El Cetí” realizado con la ayuda de una profesora de biología de la Universidad Interamericana de Arecibo. El documental obtuvo una nominación especial. Todo este esfuerzo gracias a la ayuda y gestiones realizadas por Eduardo. Independientemente de las dificultades financieras que enfrentaba el Taller de Cine La Red, este esfuerzo, ayudado en gran medida por la red de otras comunidades de Super 8, permitió a los cineastas puertorriqueños la oportunidad de expresar su arte y validar su trabajo a nivel nacional e internacional.

KINO GARCIA:

Chirimbillo, como se identificaba Eduardo Cánovas, fue un pionero del cine super-8 en serio, mas allá de un medio casero. Creo que destacan sus filmes experimentales. Pero lo recuerdo sobre todo como una persona generosa. El posibilitó, con su donativo, que el documental »Betances: Destierro y libertad» que hice en 2015, se completara. Le ofrecí que apareciera como Productor Asociado y me dijo que no quería crédito, por lo que simplemente aparece un agradecimiento a Chirimbillo, su nombre de batalla. Entiendo que además dio talleres en video y que en cierta manera se mantuvo activo, luego de que abandonara el super-8 por sentirse «fundido». Además, los formatos de video y video digital posibilitaron nuevos modos de producción y el pequeño formato de cine cayó en desuso.

MARIEN BARRETO:

Mucho antes de que existieran internet y las redes existió en Puerto Rico el Taller de Cine La Red, un junte afortunado de jóvenes cineastas empeñados en hacer cine en formato Super 8.

Allí conocimos (mi compañero Carlos Malavé y yo) a Eduardo Cánovas, el “Chirimbillo”. En el grupo aportaba su trabajo y recursos para los proyectos de todos y otros eventos del taller, incluyendo la celebración del primer Festival Internacional de Cine Super 8 en Puerto Rico donde acudieron cineastas de Europa y Latinoamérica (hecho sin emails, ni WhatsApp ni Facebook…). Su motivación y entusiasmo eran contagiosos. Sus documentales siempre se enfocaban en combatir los abusos e injusticias de esta colonia: el asesinato de Adolfina Villanueva por la policía, el desahucio de Villa Sin Miedo, los asesinatos terroristas contra independentistas, la lucha de Vieques…

Comprometido, tenaz, generoso y solidario…Así era Eduardo Cánovas, “Chirimbillo”.

OSCAR COLON:

Conocí a Eduardo en la isla de Mona, donde filmaba un documental de las cuevas. Allí lo vi por 1era vez y desarrollamos una amistad que nos llevó + tarde a la organización de varios festivales de cine Super 8mm en Puerto Rico, cine alternativo y de vanguardia. Mucho + tarde coincidíamos en Cuba en el Festival Internacional del Cine Pobre de Gibara, con el cual tenía conexiones muy fuertes por sus producciones muy parecidas a lo que había sido nuestros encuentros de Cine la Red. Siempre estuvo en la lucha por los derechos de los desamparados como el caso de Adolfina Villanueva.

LOWELL FIET:

No conocí a Eduardo Cánovas a través del Taller de Cine La Red o en otra capacidad artística o profesional. Lo conocí más casualmente como un amigo de María Cristina quien visitaba la casa y era un conversador gregario sobre el cine, la política, Cuba y bicicletas, entre una multitud de otros temas. Me cayó muy bien y aún mejor porque compartimos el afán de correr bicicleta. Eduardo era una de las pocas personas suficientemente valiente para no tener un carro y lanzarse a las calles de San Juan utilizando su bici como transporte principal. Mi propia práctica de correr cada domingo por la mañana para evitar el tránsito peligroso de la semana parecía muy tímida al lado del gesto de Eduardo de moverse entre Río Piedras, Hato Rey, Santurce y San Juan en dos ruedas.

El gran valor de Eduardo fue su capacidad de hablar en múltiples registros sobre muchos temas y su radicalidad general en acercarse a cada tema. Vimos juntos varios documentales, especialmente los cubanos, pero verdaderamente no hablamos de cine, sino más generalmente sobre los temas de los filmes. Tenía mucha experiencia de viajar a La Habana y eso me ayudó cuando en julio de 2022 tuve un taller de máscaras en el Teatro Estudio Macumbá en Santiago de Cuba. Al momento, por un cambio de planes, descubrí que necesitaba hospedaje en La Habana yendo y regresando de Santiago. Eduardo de inmediato, me suplió el contacto de los amigos donde él se hospedaba y, conociéndole a él, yo recibí el mismo trato que siempre le dieron. Gracias y adiós hermano.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Elon Musk, la sociedad digitalizada y el espectro del autoritarismo

 

 

Juan Rubén Cuadrado Ortiz

Vivimos en una era donde la tecnología está moldeando no solo nuestras vidas, sino también las estructuras fundamentales de nuestras sociedades. Uno de los nombres más influyentes en este contexto es Elon Musk, un visionario que ha impulsado una transformación digital masiva a través de innovaciones que van desde vehículos eléctricos hasta redes satelitales para conectar al mundo. Sin embargo, detrás del genio empresarial y tecnológico que define a Musk, se encuentran preocupaciones inquietantes relacionadas con su influencia en la política, la promoción del fascismo y su posición ante valores democráticos y su conexión con figuras polémicas como el Presidente Donald Trump.

Recientemente, Musk se ha visto envuelto en controversias que van más allá de sus empresas. Un gesto ampliamente interpretado como el saludo nazi “Heil Hitler” ha encendido alarmas sobre los valores que podría estar normalizando en la esfera pública. Como asesor no oficial del expresidente Donald Trump, ahora una figura central en la carrera para ser el presidente número 47 de los Estados Unidos, Musk encarna la interacción peligrosa entre la tecnocracia y el autoritarismo. Este tipo de gestos, simbólicamente cargados de odio y discriminación, deben ser analizados no solo por lo que representan históricamente, sino también por lo que implican para nuestra sociedad global digitalizada.

La relación entre las plataformas tecnológicas y la polarización política es cada vez más evidente. Bajo el liderazgo de Musk, Twitter (ahora X) ha adoptado políticas y discursos que muchos consideran un retroceso en la lucha contra el odio y la desinformación. El problema no radica únicamente en los gestos individuales o en las opiniones, sino en la manera en que estas plataformas globales pueden amplificar valores antidemocráticos. ¿Qué ocurre cuando figuras con tanto poder e influencia coquetean con simbolismos fascistas y los colocan en el espacio público?

Más allá de Musk, lo preocupante es el contexto político en el que estas señales encuentran terreno fértil. La realidad de un regreso derechista de Donald Trump a la Casa Blanca plantea riesgos significativos de un retroceso democrático, especialmente cuando sus posturas autoritarias encuentran eco en sectores tecnológicos que deberían ser guardianes de la innovación y el progreso. La digitalización de la sociedad se convierte en un arma de doble filo: mientras nos ofrece avances insospechados, también abre la puerta a la manipulación masiva de la opinión pública.

Como ciudadanos globales, debemos reflexionar sobre los peligros que el autoritarismo y el fascismo representan para nuestras democracias en esta nueva era digital. El liderazgo tecnológico no debe estar separado de la responsabilidad social, y figuras como Musk tienen la obligación de promover valores que refuercen las libertades y los derechos fundamentales, no de debilitarlos con gestos o políticas divisorias.

La sociedad digitalizada es nuestra creación, y, por lo tanto, somos responsables de definir cómo se utilizarán las herramientas que la conforman. Necesitamos líderes éticos y transparentes que nos guíen hacia el progreso inclusivo y equitativo, no hacia un pasado marcado por el odio y la opresión. Es tiempo de actuar para preservar y fortalecer nuestros valores democráticos antes de que sea demasiado tarde.

 

El autor es profesor de sociología y antropología social en la Universidad Interamericana de Puerto Rico, recinto de Fajardo.

 

 

 

 

Zehdyris -Sine loco et anno-

 

 

 

Jesús Delgado Burgos

 

“Cuando una idea secuestra el pensamiento no te detengas hasta no verla realizada”, Joshua.

 

En cierta ocasión, un amigo, caminando por uno de esos parajes de lo inusitado, que le permiten concentrarse en lo que piensa, encontró una libreta de apuntes a la orilla del camino. Por el estado en que se encontraba la libreta se imaginó que se le habría caído a alguien un poco antes.

Cuando se disponía a ver su contenido, una mujer de estatura promedio, mirada firme y caminar pausado, proyectando en su semblante cierto aire de preocupación se le acerca y pregunta –Caballero, con su permiso, perdone que le pregunte. ¿Esa libreta que acaba de abrir, por casualidad la encontró por aquí?- Al escuchar su respuesta en la afirmativa, cambió el semblante de la mujer y, dejando escapar una tenue sonrisa, le entregó la libreta extraviada.

Por la dirección en que ella venía, le permitió al amigo acompañarla un rato y dialogar con ella acerca de su escrito. En situaciones como esas, antes o después de las primeras palabras, lo primero que ocurre es la presentación de rigor. Al principio su nombre le pareció extraño pero cierta musicalidad en su fonética permitió que lo memorizara inmediatamente. Su nombre Ronoëlany. En la conversación, al preguntarle a qué se dedicaba le indicó que en sus ratos de ocio, además de escuchar música, trataba de escribir cuentos basados en leyendas que le narraba su abuela. Al escuchar lo dicho, surgió otra pregunta – ¿Y ahora, qué cuento escribe? Porque me imagino que alguno debe haber escrito en su libreta- Ella sonrío nuevamente, se mantuvo en silencio un rato y dijo –Lo que estoy escribiendo, me lo reservo pero, ¿Ha leído la historia de un cartógrafo que dibujaba mapas?- Su respuesta fue – No. ¿Porqué?- A lo que ella añadió – Es un cuento que publiqué recientemente? Acto seguido el poeta hizo la siguiente pregunta –¿Y de que trata, si se puede saber?- La escritora se quedó pensando un rato y dijo –Bueno se lo voy a leer, pero, si lo compra en algunas de las librerías de Río Piedras, puede estar seguro de que se lo voy a agradecer. Introdujo la mano en su cartera, sacó el libro de cuentos, comenzó a leerlo empezando por el título: Historia de un cartógrafo que dibujaba mapas de memoria que dirigían a todas partes sin llegar a ninguna -La comarca del Zedhirys, localizada en el paraje más arcano del Otimiac, es un lugar donde ocurren cosas impredecibles. Su nombre, originario del nitlá, significa “lugar bajo las estrellas”.

Otros estudiosos del origen de nombres extraños e inverosímiles, lo han definido como “el no lugar de la memoria y sus olvidos” Según narran historiadores, geógrafos, cartógrafos y poetas, sus límites territoriales resultaban impredecibles para viajeros ocasionales Algunos imaginaban que el punto más distante de la comarca estaba localizado al poniente de la última montaña que se divisaba a lo lejos.

Otros, la sitúan un poco más acá del ojo del agua del Zedhirys. La comarca ha sido visitada por amigos o extraños y narran las crónicas que bajo la sombra de su árbol más frondoso se congregan en diferentes épocas del años amigos y familiares, juglares, artistas, mandrágoras, bohemios y poetas. Tiene fama de ser lugar de conspiraciones bajo las estrellas, encuentros y desencuentros a la luz de la luna, degustación de manjares, libación del néctar de los dioses bajo la lluvia y otras tantas actividades rutinarias bajo el sol ardiente. Para arribar al lugar hay que recorrer varias leguas de camino, atravesar pendientes, praderas y montañas. Al llegar a la entrada principal de la provincia, el invitado de ocasión está obligado a repicar campanas, responder a la contraseña y resolver el enigma de la Regente Ameshira o el Ballestero Mayor que la resguarda y esquivar varias pendientes que, a manera de fosas, resguardan el patio interior antes de pasar frente al almacén donde se guardaban máquinas, pertrechos, herramientas aparejos y útiles de labranzas protegido por dos de sus tres lebreles que a la menor provocación ladran con tal furia y fuerza que sus alaridos pueden escucharse varias cuadras a la redonda.

Cuentan algunos de los que han visitado la comarca como invitados o por cuenta propia, que en el Zedhirys se levanta en su epicentro la posada principal, custodiada por una muralla infranqueable y una casilla en sus cuatro costados para repeler cualquier intento de conquista. Quien logra tener acceso, está obligado a vadear un talud a la izquierda de la posada, que en tiempos de lluvia, cualquier paso en falso arrastra al desprevenido más cuesta abajo que el Gotan de Ledrag, como en cierta ocasión sucedió con Adgami, que antes regresarla cuesta arriba, pasaron horas y horas de nunca acabar. Quien logre responder certeramente a la contraseña, resolver el enigma, franquear las pendientes y esquivar dos de sus tres perros guardianes, tiene acceso asegurado a la parte más codiciada de la comarca en tiempos de las festividades y torneos de la Cofradía de los Templarios de Todos los Días. En la plazoleta donde se celebran los torneos y festividades está enclavada la pieza más envidiada por los invitados. Se trata de un horno diseñado y construido por el maestro artesano del Gremio de los Albañiles del Otimiac, Angelus Virbonus. Uno de los parroquianos que ha visitado la comarca comenta que terminada la obra, Ameshira convocó a los tres mejores artesanos del Gremio de Enladrillados, Terminaciones, Cubrefaltas y Ramas Anexas para decorar la obra maestra postrera de Angelus, bajo lluvia, sol y sereno. En la precisión de su trabajo, los artesanos del enladrillado, terminaciones y cubre faltas pusieron tanto empeños y maestría en su labor que es considerada en los anales de maestros artesanos, escultores, arquitectos, grabadores en bajo y alto relieves, mosaiqueros, vitraleros y fogoneros, como una de las siete maravillas del Otimiac y ha sido recomendada para ser declarada a perpetuidad patrimonio de los habitantes en la comarca del Zedhirys. Ir a la comarca del Zedhirys no resulta nada de sencillo.

Aún aquellos que han tenido la oportunidad de visitarla en más de una ocasión extravían el camino. Se dice que uno de sus templarios visitantes tardó décadas, antes de memorizar la ruta exacta para poder llegar a la comarca sin que Odlanreb del Odnan, por instrucciones de Ameshira, saliera en su rescate. Pensando en esos extravíos de ruta, la Templaria Mayor de la Comarca del Zedhirys encomendó al cartógrafo, que dibujaba cartas de memoria que dirigían a todas partes sin llegar a ninguna, para que diseñara uno más perfecto que los mapas gugulianos utilizados en nuestros días por navegantes, viajeros y caminantes. Recibida la encomienda, el cartógrafo del no lugar pasó horas, días, semanas y meses estudiando coordenadas, puntos cardinales, vías de acceso, puntos de referencias, códigos, símbolos, claves y leyendas antes de dar inicio a la encomienda de Ameshira.

Para no cometer los mismos errores de cartógrafos antiguos, modernos y contemporáneos, asistió como oyente al Seminario de Lecturas sobre Retos y Paradigmas de la Cartografía en Tiempos de Crisis que ofrecía el profesor Yuliuz Entemur en el curso Geo2016 de la Facultad de Geografía en la Universidad Autónoma del Otimiac. Cuando ya se había empapado de los saberes ideográficos y símbolos utilizados por los cartógrafos más consagrados, visitó la colección de mapas, brújulas y astrolabios del Centro de Investigaciones Cartográficas de la Facultad de Geografía donde se le permitió estudiar con lujo de detalles el mapa más antiguo que existe de la ciudad del Nipur, que según historiadores, geográfos y cartógrafos fue diseñado durante el periodo de la dinastía casita entre los siglos XVI al XII a.C. Estudió con lujo de detalles dibujos y diagramas de los mapas de Anaximandro, del griego Piteas y los de Magallanes; analizó las cartas de navegación y crónicas de conquista, transcribió pasajes de los manuscritos originales de los viajes de Marco Polo, reflexionó sobre la cartografía del Dorado y dibujó mapas imaginarios de la Atlántida y la Odisea. Así fueron pasando los días, semanas y meses que nadie en la comarca sabía dónde se encontraba el cartógrafo ni daban con su paradero. Según rumores y noticias que llegan a la comarca, un día lo vieron caminar en dirección al poniente de la última montaña que se divisaba a lo lejos dejándose orientar por lo que parecía ser un mapa dibujado con símbolos extraños. Otros comentan que una noche, mientras miraba la estrella de los navegantes para actualizar el azimut de sus movimientos quedó atrapado entre las coordenadas y metáforas del lugar más exacto de lo inexacto y nunca más volvió a aparecer.-

Aquí termina la historia de un cartógrafo que dibujaba mapas de memoria que dirigían a todas partes sin llegar a ninguna. Por mi parte no he vuelto a ver al amigo poeta. Mi interés por la ficción cartográfica me llevó a comprar el libro. Al abrirlo, para su sorpresa , encontré un mapa dibujado a mano y en su sus bordes, aparecía escrito con letra menuda -sine loco et año- y, a manera de advertencia para quien siguiera las coordenadas dibujadas en el mapa en el lado posterior del mapa la frase -entre un crepúsculo nocturno y otro vespertino, muchas de sus rutas en dirección a la utopías resultan inciertas.

 

2016

 

Religión y diversidad

Especial para En Rojo

 

Todas las religiones predican amor, compasión y misericordia. Sin embargo, muchas veces en la historia, las instituciones religiosas si hicieran instrumentos de fanatismo e intolerancia.  Otros caminos espirituales, como el Budismo, fundamentados  en la compasión universal y en la no violencia absoluta, en algunos momentos y lugares, han sido usados como pretexto para la intolerancia y persecuciones a disidentes. Infelizmente, en la historia, el Cristianismo ha sido la religión que más provocó guerras y persecuciones religiosas a otras tradiciones.

En Brasil,  si bien la Constitución Brasileña defiende la libertad de culto para todas las tradiciones religiosas, aún existen programas radiofónicos y de televisión que predican la intolerancia contra algunas tradiciones como por ejemplo las religiones afrodescendientes. Casi cada día, una comunidad religiosa afrodescendiente o casa de oración de un pueblo originario es invadida y atacada por cristianos fundamentalistas.

En enero de 2000, en Rio de Janeiro, una sacerdotisa del Candomblé sufrió un infarto y falleció, al ver su templo invadido por personas de una Iglesia neopentecostal, objetos sagrados de culto destruidos y su nombre puesto en un periódico en una noticia falsa. Para que hechos como esos no se repitan, en 2007, el presidente de la República firmo un decreto que hace del 21 de enero de cada año, el “Día nacional contra la intolerancia religiosa”.

Para acabar con la intolerancia cultural y religiosa, no basta una ley o decreto. Es necesario cambiar interiormente el proceso de la fe. Muchas confesiones religiosas aún confunden la verdad con una forma cultural de expresar la verdad. Por eso absolutizan sus dogmas y tienden a cerrarse en un autoritarismo fundamentalista. Así justifican conflictos y guerras en nombre de Dios. En 1965, uno de los más bellos documentos del Concilio Vaticano II, la declaración Nostra Aetate,  proclamaba el valor de las otras religiones e invitaba a los católicos a respetar la diversidad y al diálogo. También, el Consejo Mundial de Iglesias, que congrega más de 340 Iglesias evangélicas y ortodoxas, pidió a las Iglesias respeto y diálogo con todas las culturas y colaboración con otras tradiciones religiosas.

Actualmente, en el mundo, la diversidad religiosa es un hecho cultural que se impone en la humanidad, pero también una gracia divina y una bendición para todas las tradiciones. Así, ellas pueden enriquecerse recíprocamente. En estes tiempos en que la crisis ecológica pide soluciones urgentes y cambios fundamentales, las espiritualidades de los pueblos originarios y de las comunidades negras pueden ayudar mucho a rehacer una cultura de relación amorosa con la Madre Tierra, con el Agua y toda la naturaleza.

Todas las religiones están en camino y peregrinan en dirección a la verdad que es Dios. Para esta apertura pluralista y para el diálogo, vale lo que, en el siglo IV, San Agustín decía: “Dame alguien que ame y comprenderá lo que digo. Dame alguien que desee caminar por este desierto, que tenga sed y suspire por la fuente de la vida, muéstrame esa persona y ella me entenderá”.

El autor es monje benedictino y escritor.