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No tienen amigos

Los imperios no tienen amigos, tienen intereses.

John Foster Dulles

Secretario de Estado de EUA

Hace unos días un amigo anexionista me dijo con cierta extrañeza: “Que mal se han portado con nosotros los “americanos” en esta crisis”. A lo que le riposté que ellos nunca se han portado bien con nosotros. El maltrato que se pierde en la memoria colectiva comienza con la invasión misma al lanzar un ataque militar contra nuestro pueblo y derrocar el gobierno constituído por votación mayoritaria en unas elecciones celebradas apenas unos cuatro meses antes.

Al derrocamiento le siguió un gobierno militar de dos años durante el cual nos devaluaron la moneda nuestra en un 40% frente al dólar, robándonos una buena parte de nuestra riqueza.

Cuando se cambia a un gobierno civil por la aprobación de la Ley Foraker, el Congreso tenía varias opciones para definir la relación de Estados Unidos con Puerto Rico. El Congreso escogió la peor para nosotros: el coloniaje.

De inmediato comenzó una invasión del capital yanqui imponiendo una agricultura de monocultivo de caña, acaparando grandes extensiones de tierra, creando latifundios y despojando de sus tierras y trapiches a los puertorriqueños y españoles residentes.

Al despojo económico le siguió una agresión cultural imponiendo el inglés como vehículo de enseñanza pública en lo que constituyó una campaña de americanización dirigida a socavar nuestras raíces culturales.

Sumemos a lo anterior la imposición en 1917 de la ciudadanía americana en contra de la voluntad mayoritaria del pueblo puertorriqueño. Esta es la ciudadanía que han usado para llevarnos a sus guerras con el enorme saldo de muertos y discapacitados producto del servicio militar.

En la década del treinta, a los 32 años de la invasión el hambre y la miseria arropaban a la mayoría del país. Ante la protesta y confrontación con el poder colonial nos impusieron nuevamente a los militares enviando al general Blanton Winship y al coronel Ellisha Riggs para gobernar el país con resultados como la masacre de Río Piedras y de Ponce.

Por años nos ocuparon miles de acres de nuestras tierras cultivables para fines militares, siendo los bombardeos de Vieques y Culebra los abusos mayores del militarismo.

En el 1940, luego de cuarenta y dos años de dominio colonial USA el ingreso per cápita era $122 y el desempleo real rondaba en un 50%.

A fines de los años cuarenta, Washington le encomendó a Luis Muñoz Marín el trabajo sucio de la persecución y encarcelamiento de los independentistas. Se aprobó entonces la Ley de la Mordaza para condenar a Albizu y los nacionalistas. Vivimos en la Mordaza diez años.

Durante el dominio colonial nos han llevado a dos guerras mundiales más dos conflictos sangrientos como Corea y Vietnam. Miles de puertorriqueños muertos y discapacitados es el saldo de ese servicio militar.

Nos arruinaron la agricultura, sus megatiendas enterraron el comercio puertorriqueño y lo poco que teníamos en la industria desapareció.

Nunca se nos ha permitido una economía propia que responda a nuestros intereses. Siempre se nos ha mantenido en la dependencia. Cuando hemos querido proteger nuestros productos e intereses económicos los tribunales federales nos aplican sus leyes y la cláusula del comercio interestatal de su constitución derogando nuestra legislación protectora. El caso más reciente fue la derogación de la quiebra criolla por inconstitucional de acuerdo al tribunal de Boston dejándonos sin protección frente a los buitres acreedores.

Hoy el 45% de nuestras familias dependen de los cupones para alimentarse. La mitad de los aptos para trabajar no trabajan, creando un desempleo oficial de 12% y real de 30%.

A los 119 años de dominio yanqui el país está en quiebra. La lista de los abusos es larga, pero el acondicionamiento a que nos han sometido hace que una mayoría de nuestro pueblo no reconozca la dimensión del maltrato.

El desconocimiento de la realidad lleva a esta mayoría a pensar como el invasor quiere que piense. Que los de abajo hagan suyas las ideas de los de arriba es la mejor y más cómoda forma de ejercer el dominio colonial.

En el plebiscito que se acerca tal vez podremos confirmar cuanto despertar ha habido después de los cantazos recibidos con las últimas PROMESAS.

Poco antes de su muerte y presenciando la apertura de relaciones de Cuba y Estados Unidos, Fidel Castro les dijo a los cubanos: “No nos olvidemos del mucho daño que nos han hecho”.

Nosotros podríamos decir lo mismo.

Betances gracias a Ojeda y Estrade

Existe y existirá un debate sobre cuándo cuajó la nacionalidad puertorriqueña, surgiendo un pueblo diferenciado y consciente de sus particularidades en una isla donde antes se juntaba una aglomeración de gente. Algunos ubican ese acontecimiento en el siglo 19, otros en el 18 y hay, inclusio, quienes van un poco más atrás. Es lógico que persista el debate porque al tratarse de un fenómeno histórico que, como todos, se va configurando según camina la sociedad, es imposible consensuar una fecha para el comienzo.

En lo que hay más consenso es en cuándo nació la “patria puertorriqueña”. Las patrias nacen como consecuencia de la nacionalidad, pero se manifiestan cuando la surge la lucha para hacerla valer, para que se reconozca. Nuestro poeta Luis Lloréns Torres dijo que Simón Bolívar “no nació hijo de patria alguna / sino que muchas patrias nacieron hijas del” porque el gran latinoamericano, con su lucha, se dedicó a crear patrias allí donde ya había nacionalidades más o menos definidas. La patria, por tanto, nace de la lucha que se genera para que una nacionalidad pueda crecer libre de injerencias externas.

De ahí que podamos afirmar con mayor certeza que la patria puertorriqueña nació a mediados del siglo 19, cuando comenzó la lucha para que se reconociera la existencia separada de la nacionalidad que ya había cuajado. Antes hubo expresiones aisladas, pero fue a mitad de aquel siglo que se estructuró la organización que culminaría en el levantamiento armado que el 23 de septiembre de 1868 reclamó nuestra independencia del imperio español.

En el centro de aquella lucha, en su concepción y organización, hubo una figura que sobresalió sobre todos los que participaron en ella: Ramón Emeterio Betances. El médico caborrojeño, que había tenido sus primeras confrontaciones con el régimen colonial español por sus gestiones como abolicionista, le aportó corazón y cerebro a la lucha que convirtió nuestra nacionalidad en patria. Por eso es muy justo que la paternidad de esa nueva patria caribeña se haya singularizado en la persona de Betances. Aquel a quien la lucha lo condenó a vivir desterrado del país que ayudaba a crear, merece mejor que nadie ese reconocimiento de paternidad. Sin duda alguna es el “padre de la patria puertorriqueña”.

Betances murió en 1898, sabiendo que la patria fundada había sido ocupada por otra potencia que, a diferencia de la española (aquella que nunca pudo dar lo que no tenía), reclamaba ser una “república democrática”. El “desterrado de París” conocía muy bien a los nuevos invasores y, contrario a algunos de sus compatriotas, no se impresionó por la proclama que hizo el jefe de las tropas, Nelson Miles, anunciando que nos traía libertades. Desde su lecho de enfermo nos dio su última lección: “No quiero colonia ni con España ni con Estados Unidos, qué hacen los puertorriqueños que no se rebelan. “

Esta evocación de Betances viene al caso ahora porque estamos en abril y el pasado día 8 fue su natalicio. (Nació en Cabo Rojo hace 190 años.) Pocos recordaron la fecha porque la inmensa mayoría de sus compatriotas ahora vivimos agobiados por una persistente crisis económica en cuya base está, precisamente, la realidad colonial que denunció el caborrojeño. Casi todos los que analizan la realidad actual y se atreven a decir las conclusiones que brotan de ella, señalan que el coloniaje, expresado en una patente ausencia de poderes políticos, nos llevó a la postración económica y, más importante aún, nos impide salir de ella. El más reciente portavoz de esa conclusión fue el Premio Nobel de economía Joseph Stiglitz durante su reciente conferencia magistral dictada en San Juan. Pero hasta ahora, los puertorriqueños no han escuchado el llamado de Betances a rebelarse lanzado en 1898. De ahí la crisis.

La evocación de Betances es pertinente, además, porque el pasado 7 de abril se presentó en San Juan la edición definitiva de las obras completas del patriota. Todo lo que nos dejó escrito está ahora recogido en diez tomos gracias a la labor permanente de Félix Ojeda Reyes y Paul Estrade, quienes han dedicado décadas a estudiar la obra y a rastrear cada escrito de quien Félix Ojeda llamó “el desterrado de París”. Por más aplausos que le dediquemos a este dúo de historiadores nunca serán suficientes para reconocer esa labor meticulosa y altamente productiva que han desplegado a lo largo de, al menos, cuatro décadas.

Antes de escribir este artículo le envié un mensaje de texto a Félix con la siguiente pregunta: ¿fue Albizu quien primero se refirió a Betances como padre de la patria? Su contestación fue la siguiente: “No. Mucho antes estuvo Lola (Rodríguez de Tió) pero debemos adjudicar el adjetivo a un pueblo agradecido, el nuestro.” Ese pueblo también debiera agradecer el enorme trabajo del boricua Ojeda y del francés Estrade. Gracias a ellos conocemos mejor al médico que dedicó su vida a fundarnos la patria.

No hay legitimación activa para cobrar la deuda ilegal

Desde hace 56 años, el derecho vigente en Puerto Rico, es que un acto ilegal, no genera derecho. Esa realidad jurídica, vigente hoy, desmiente lo dicho por el morador de la Fortaleza, que manifestó que era inocuo (no usó esos términos) editar la deuda, porque, comoquiera, los acreedores de deuda ilegal, podían demandar. Los periodistas, que no son abogados, no supieron hacer las preguntas que se caían de la mata.

¿La pregunta debió haber sido, “y qué si demandan”?

Si se hubiese culminado la auditoría de la deuda, que ya llevaba dos etapas, de tres que tenía, se hubiese concluido, que había una serie de deudas (emisiones de bono) ilegales. Si se hubiese terminado la tercera fase que faltaba, que es la etapa de auditoría forense, la cual es la que establece, más allá de duda, quiénes fueron los delincuentes responsables, en ambos lados de la ecuación, de la debacle, que pagaremos los que no creamos la misma; no estaríamos en la encrucijada en que estamos. También se establecería, cuáles son las ilegales, cuáles son legales y cuáles dudosas.

Si se establecía forensemente, cuáles son ilegales, antes de que empiecen los litigios, estos casos no serían meramente, unos sencillos de cobro. Actualmente, todos los acreedores, legales e ilegales, tienen legitimación activa para demandar, y lo peor, hay una dimensión dual.

Primero, sin auditarse la deuda, la misma se presume legal para todos los efectos; y lo segundo, además del hecho de que todos pueden demandar, y tienen legitimación activa para hacerlo; los casos se convierten en una mera acción de cobro de deuda, que, al presumirse legal, la única controversia es cuánto se prestó, y cuánto se pagó; y punto. El peso de la prueba, en cuanto a la única controversia, estaría en la espalda del Estado, para probar lo que pagó. Y ni eso es ya controversia, pues el Estado públicamente, ha admitido, que no la ha pagado.

No es como dice Ignacio Rivera (Fuego Cruzado), que en el caso de cobro se puede hacer descubrimiento para ver si fue legal o no. La deuda, se presume legal, sin auditoría previa que establezca lo contrario. Y esos pleitos no serían para determinar la legalidad de la deuda, ni para hacer auditoría, dentro de un caso de cobro de dinero. La única controversia en un caso de cobro, establecido que hubo una emisión de bono, es si se pagó o no, y hay que traer los recibos, o evidencia de pago. Y los tiene que traer el Estado.

La música sería otra, si se termina la auditoría ya empezada, que iba a comenzar su tercera, última, necesaria, y fundamental, tercera etapa.

Esa etapa es la que, forensemente, con prueba pericial de dicha auditoría, se establece, la ilegalidad de deudas. Igualito que se establece de qué arma salió el tiro que nos mata a todos; o donde se establece que las huellas del sospechoso que empuñaron esas armas, especialmente gobernadores anteriores, y sus asesores financieros, buitres, funcionarios de casas de corretajes, de bancos, asesores, etc.

Hay un solo tipo de deuda que no necesariamente necesita auditoría forense. Es la famosa creación eufemística, de Pedro Roselló padre, llamada la deuda extra constitucional. NO EXISTE TAL COSA COMO DEUDA EXTRA CONSTITUCIONAL. Puede existir deuda constitucional, o deuda anticonstitucional. La segunda, es la ilegal, pues viola la Constitución. Para ella no hace falta necesariamente, auditoría forense, aunque ayuda. Con las dos auditorías ya celebradas basta para mostrar la ilegalidad de esa deuda. Pero la auditoría forense de esa deuda haría inexpugnable su ilegalidad. Ya se sabe quién haló el gatillo, y quienes lo han seguido halando. Las huellas están por doquier.

Por eso es que los tenedores de bonos, los bufetes que los representan, los miembros de la Junta que emitieron deuda ilegal, y cobraron para sus bancos, hasta un billón en comisiones, y otros asesores no quieren la auditoría.

Y, lo aparentemente raro, es que este gobierno tampoco la quiera, y esté haciendo lo posible porque no se haga. Primero eliminó ilegalmente la junta creada por Alejandro García Padilla, cuando había completado dos etapas de la auditoría, y rendido dos informes devastadores.

Se va a tratar de evitar, por todos los medios, dilatar, que la Comisión actúe y termine su trabajo. Ya se ha anunciado que se va a apelar al Tribunal Apelativo y, de ser necesario, al TSPR, lo que tomará meses en adjudicarse finalmente, y llegará y pasará mayo; que es cuando los bonistas pueden demandar, con una deuda que se presume legal.

Así tendrían legitimación activa para demandar, y el ELA, IRIA A CORTE DESNUDO, SIN DEFENSA OPONIBLE.

Que distinto sería, si se hubiese hecho la auditoría, y se hubiese determinado qué parte de la deuda es ilegal Y CUAL NO. Quedaría destruída la presunción de legalidad de la deuda; y, ya, la música jurídica, en un pleito, o pleitos de cobro, sería otra. Los buitres, de las deudas ilegales, no podrían demandar.

Los “acreedores” de deudas ilegales, no podrían ir a los tribunales, a reclamar, ni principal ni intereses. Eso es así bajo nuestro sistema de derecho. (SERRA v. SALESIAN SOCIETY 84 DPR 322 (1961))

Sería lo mismo que si un tirador de droga, tratara de demandar a un comprador que no le pagó un millón de dólares en droga, que le fió a otro; y trate de cobrar principal e intereses AL DEUDOR. Igual sería el caso del prestamista ilegal e igual que el caso del que asesina por dinero, y demanda al que lo contrató, porque no le han pagado por el muerto. El Tribunal no le puede reconocer interés válido para demandar; es decir, no tiene legitimación activa para demandar. (SERRA v. SALESIAN SOCIETY 84 DPR 322 (1961)) El casito, ya no es de cobro donde solo hay que establecer cuánto presté y no me pagan.

Peor aún. Las deudas de bonos de hace treinta años emitidas a ese mismo término, que, de hecho, ya se pagaron 1.8 veces por lo menos, pagando solo intereses; no solo, no se podrían cobrar, sino que los que tendríamos causa de acción, y además legitimación activa (autoridad para demandar) somos nosotros; para que nos devuelvan el 180 por ciento de los intereses cobrados ilegalmente. O sea, nos tienen que devolver 1.8 veces lo que nos prestaron y no recobrar nada.

¿Cómo es que por algún misterio no divino, se hará todo lo posible por el gobierno, para encubrir delincuentes internos y externos que “gobernaron” esta ínsula, y que prestaron, y asesoraron ilegalmente?

Adoptemos la idea de Edric Vivoni, y vamos a crear de inmediato un Tribunal del PUEBLO (Tipo Bertrand Russell) para evaluar la prueba sobre las deudas de bonos, llegar a conclusiones, y celebrar juicio a los sospechosos; y de ser hallados culpables, se nos autorice, para entregarlos, encadenados al pueblo, para que fije la pena, y ejecute la sentencia en el HIRAM BITHORN. Claro, la entrada sería gratis.

Señores de la Junta de Gobierno del Colegio de Abogados, deben crear ese tribunal de inmediato, y nombren sus jueces, abogados de defensa de los imputados y fiscales alguaciles y secretarias e investigadores y personal necesario. Conozco abogados honorables, que trabajarían gratis.

Finalmente, si la mitad de la deuda es ilegal, con el 180 por ciento, que el pueblo puede recobrar de pago de intereses, pagados ilegalmente, se salda el resto de la deuda. Ayúdenme en esto por favor.

El autor es abogado.

Los “Happy Colonials”

“No puede haber términos medios entre la esclavitud y la libertad” Segundo Ruiz Belvis.

Mediante la aprobación de la ley 7 de 2017, se ha programado la celebración de un plebiscito que tendrá lugar el 11 de junio de 2017. Los electores tendrán la oportunidad de votar por dos opciones: estadidad o libre asociación /independencia. El Estado Libre Asociado (ELA) fue dejado fuera de las alternativas, por cuanto ha quedado meridianamente claro para el país, que dicha fórmula de estatus no es otra cosa que la colonia pura y dura: el territorio sometido a los poderes plenarios del Congreso de los Estados Unidos. Esta realidad siempre fue denunciada por el independentismo, desde que el gobierno federal, junto al gobierno del Partido Popular Democrático (PPD) de entonces, liderado por Luis Muñoz Marín, fraguó el disfrazar la colonia con el nombre de Estado Libre Asociado (ELA), para hacer creer al pueblo puertorriqueño y a la comunidad internacional, que habíamos alcanzado niveles de gobierno propio. Sesenta y cuatro años más tarde, ese mismo gobierno federal, por conducto de sus tres ramas de gobierno constitucional, declaró abiertamente y sin ambages, que el ELA no es nada de eso y que aun cuando en 1952 se aprobó una Constitución, la relación de subordinación política entre Puerto Rico y los Estados Unidos, quedó inalterada.

Mucho tiempo ha transcurrido desde entonces, pero muy poco se ha adelantado, debido a la indiferencia y desdén mostrados por el gobierno de los Estados Unidos ante la situación colonial en que se mantiene a nuestro país, que se ha caracterizado por la explotación de nuestros recursos para beneficio de la potencia dominadora. Los partidos mayoritarios se han turnado en el poder y han entretenido al pueblo con la prolongación de la relación colonial, que ha resultado muy conveniente a sus intereses. Al día de hoy, el exorbitante endeudamiento en que se ha sumido al gobierno, resulta huérfano pues unos y otros se culpan por la crisis fiscal, mientras se pretende que el pueblo pague las consecuencias. Los anexionistas recurren al discurso acostumbrado: todo se resolverá con la estadidad y ha aprobado la celebración de un plebiscito que fue diseñado, indiscutiblemente, para obtener una mayoría artificial a favor de la anexión. Por su parte, el liderato del PPD, insiste en su postura inmovilista y fantasean con la teoría del ELA desarrollado, el ELA mejorado, el ELA culminado, y otros calificativos desconocidos en la historia de la política estadounidense. Su postura ignora los acontecimientos acaecidos en el año 2016 y que han desenmascarado la farsa del ELA. Ante ese hecho inusitado, que representó la destrucción del ELA como proyecto político, muchos independentistas, que históricamente hemos rechazado la participación en plebiscitos, así como un gran número de libre-asociacionistas, incluyendo militantes del PPD, hemos optado por aprovechar la coyuntura para encaminar el proceso hacia la descolonización del país, defendiendo la alternativa de la soberanía y llevando a cabo un proceso educativo para adelantar ese objetivo.

Aun cuando en este momento histórico y de manera cruda, se pone de manifiesto la relación colonial, mediante la humillante imposición de la Junta de Control Fiscal, el liderato más rancio del PPD nada contra la corriente y se enfrasca en la lucha por defender y mantener la existencia del territorio. Recurren a todo tipo de malabarismos para impedir que el país resuelva su más que centenario problema colonial con los Estados Unidos. La recientemente creada organización Resistencia Autonomista, cuyo nombre no es más que un eufemismo para la obstinación inmovilista, agrupa al sector más retrógrado dentro del PPD que reclama representar a la mayoría de ese partido que según ellos, se ha quedado sin representación en el plebiscito. Otros, sumidos en la negación más lastimosa, se aferran a la figura de Muñoz Marín, artífice del ELA, en un desesperado intento por darle respiración artificial al proyecto responsable de la debacle económica y moral que padece nuestro pueblo. En el afán desmedido de torpedear el plebiscito, han llegado al extremo de hacer causa común con sectores de la elite republicana en el Congreso estadounidense, algo que, en otros tiempos, hubiera resultado inconcebible. Otros habrán de votar NO, otros habrán de escribir ELA en la papeleta, otros la dañarán, otros pretenderán dejarla en blanco y otros se abstendrán de votar.  Este sinfín de posturas responde a la indefinición ideológica del PPD y alentada por su liderato.

En momentos en que nuestro país merece la más decidida lucha en contra de la perpetuación del colonialismo, resulta bochornoso que en este país, existan los que quieren mantener a nuestra patria esclava, aquellos a quienes Juan Manuel García Pasalacqua llamaba los Happy Colonials. No importa todos los subterfugios a los que recurran, pasarán a la historia como cómplices de la potencia que, por más de un siglo, nos sometió a la ignominia del colonialismo, explotándonos e impidiendo nuestro desarrollo y progreso como nación.

La autora es Presidenta del Movimiento Unión Soberanista(MUS)

Lecciones de las vistas

Los reportajes sobre las vistas que recientemente realizó la Junta de Control Fiscal tienen datos interesantes.

El presidente de la Junta, José Carrión, reconoció que el problema de fondo no es la deuda, sino el desarrollo económico. También reconoció que la Junta carece de poderes para estimularlo y que el Congreso no ha creado mecanismos para promoverlo. Según El Nuevo Día, Carrión recalcó “las limitadas funciones de este organismo… para salir de la crisis, sin que… [el Congreso] diera… otro mecansimo para estimular la economía”. Explicó que el alcance de la Junta se limita a los “ingresos, gastos, la deuda y el flujo de efectivo” del gobierno. Es decir, según Carrión, ni la Junta, ni el Congreso han tomado acción para facilitar el desarrollo económico, que es, precisamente, lo que Puerto Rico más necesita. Así reconoce la inutilidad de la Junta y de PROMESA para atender los problemas más apremiantes del país.

No solo se trata de inutilidad. Joaquín Villamil, uno de los deponentes en las vistas, predijo que la economía continuará decreciendo hasta el 2020 y que solo crecerá a partir de 2025. Añadamos el juicio de todos los economistas que se han pronunciado sobre esto: los recortes que la Junta pretende imponer, recogidos en el plan fiscal del gobierno, tendrán un efecto depresivo. Nada nuevo: ese ha sido invariablemente el efecto de las políticas de austeridad en países sobre-endeudados y con economías deprimidas. Es decir, la Junta no puede fomentar el desarrollo y sus medidas fiscales tienen un efecto destructivo en la economía. En fin, de las vistas celebradas por la Junta se desprende que ese organismo y PROMESA son una fórmula para el desastre.

En las vistas también depuso la Comisionada Residente Jennifer González. Aquí pasamos de lo deprimente a lo patético. Según González, hasta ahora sus gestiones para aliviar la situación de Puerto Rico han sido fallidas. Le pide a la Junta que eleve sus reclamos al Congreso y señala que “No es lo mismo que lo digamos nosotros o el sector privado, que ustedes que son una criatura del Congreso”. Esta declaración no tiene desperdicio. González reconoce que a ella, representante electa del pueblo de Puerto Rico, no le hacen caso en el Congreso y que siete personas que nadie ha elegido tendrían más influencia. En lugar de hablarle al país para denunciar la irresponsabilidad del Congreso, su irrespeto por la democracia que dice defender, y para convocarlo a la resistencia, la Comisionada se reduce a pedirle a la Junta que haga lo que ella no ha podido hacer.

Estas declaraciones me recuerdan la Exposición de Motivos de la ley 51 (la ley del plebiscito). Uno se pregunta si los legisladores del PNP leen las leyes que aprueban. Una y otra vez los oigo culpando a la administración anterior de la crisis. Sin embargo, esa Exposición de Motivos dice algo distinto. El documento afirma: que el colonialismo es una relación de injusticia y desigualdad; que el Congreso ha actuado irresponsablemnente al perpetuarlo durante 119 años; que el colonialismo es la “médula”, el “problema estructural” de nuestra economía, cuya situación es resultado de las “políticas desventajosas” impuestas de manera “unilateral” y “desigual” por el Congreso; que el Congreso es, por tanto, corresponsable del descalabro económico actual.

Eso ya es bastante, pero el documento dice más. Sobre el tema de la deuda afirma: que su crecimiento es resultado de los límites económicos impuestos por el colonialismo; que el Congreso es, por tanto, corresponsable de la crisis de la deuda; que el Congreso no ha querido reconocerlo y pretende atribuirla a problemas internos en Puerto Rico exclusivamente; que PROMESA es, por tanto, una medida injusta, que recrudece las “condiciones coloniales” que son la raíz de la crisis; que las propuestas congresionales para el desarrollo son vagas e insuficientes; que la crisis se soluciona no recrudeciendo sino aboliendo el colonialismo.

De este razonamiento tan solo puede concluirse que es necesario organizar la resistencia activa contra PROMESA y la Junta. Pero esa no es la política de gobierno.

Como dije, la Comisionada le pidió a la Junta que le solicitara al Congreso lo que ella no había podido lograr. Añado que no ha podido y tampoco ha querido. Si quisiera, lo podría hacer: la fuerza para arrancar del Congreso y de la Junta lo que el país necesita existe. Estaba presente el día de las vistas: afuera, frente al edificio en la protesta contra la Junta. Y está presente en la indignación del país ante los recortes injustos y destructivos que la Junta pretende imponer. Si nuestros representantes electos movilizaran a ese pueblo, si en lugar de pedir ayuda a los siete virreyes le pidieran ayuda al país, su voz tendría la potencia que ahora no tiene. Esa voz diría que PROMESA no es marco para atender los problemas de Puerto Rico, que debe derogarse inmediatamente a la vez que se extiende la protección contra litigios por los acreedores, entre otras medidas. Pero el temor a esa movilización de la gente pesa más en la mente de nuestros gobernantes que su molestia con la inacción del Congreso o los límites de PROMESA. Esa movilización también amenazaría la reforma laboral que han impuesto y otros privilegios patronales y de clase en Puerto Rico: un pueblo movilizado es más difícil de maltratar. Precisamente porque se trata de un gobierno patronal, patalea contra la inacción del Congreso, se queja de alguna u otra acción de la Junta, pero muy pronto termina sometiéndose a sus dictados.

El pueblo trabajador tiene que hacer lo que el gobierno actual no es capaz de hacer, ni tampoco las organizaciones patronales que, carentes de proyecto propio, han abrazado a la Junta sin parpadear: defenderse a través de la movilización desde abajo. Tenemos ya un foco que debemos fortalecer: la huelga de los estudiantes de la UPR. Convirtamos cada recinto en un lugar de encuentro de la resistencia contra la Junta. Realicemos actividades en apoyo a los estudiantes. Trabajemos hacia un 1ro de mayo que cristalice el crecimiento de la resistencia. ¿Seremos capaces de hacerlo? Ese es el reto.