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Peligroso el junte de bonistas

CLARIDAD

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La Comisión Ciudadana por la Auditoría del Crédito Público (CCACP) denunció y advirtió que la alianza táctica de los acreedores de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE), destruye la posibilidad de un acuerdo justo en el pago de la deuda de la AEE.

En semanas recientes, se dio a conocer que el grupo de acreedores liderados por Black Rock, la firma de inversores más grande del mundo, se retiró del “acuerdo de cooperación” con la Junta de Control Fiscal (JCF) sobre el plan de ajuste de deuda (PAD). Con el cambio de postura, precisó la Comisión, la mayoría de las aseguradoras se convierten en un solo bloque que representa al 90 % de los acreedores, entre los cuales figuran Golden Tree —que lideraba el grupo opositor en todo el proceso—, Syncora y Asssured, el grupo ad hoc original de los bonistas de la AEE, y, de manera significativa, al bloque institucional asesorado por el bufete Paul Weiss, que incluye a BlackRock, Nuveen, Franklin Advisers, Bay Capital Management, Taconic Capital Advisors y Whitebox Advisors LLC.

Según denunció Jiménez Lizardi, en un “nuevo acuerdo de colaboración” el grupo se comprometió a actuar como un frente único, compartir información legal, mantener confidencialidad, coordinar demandas y no romper filas sin autorización.

A pregunta de CLARIDAD sobre el cambio de postura del grupo liderado por BlackRock, Jiménez Lizardi señaló que el giro responde al desmantelamiento de la Junta por los despidos del presidente Trump, y no dudó en anticipar que el presidente nombre una junta que vaya en línea con el pedido de los bonistas.

Eso implica que ahora solo hay un grupo de bonistas que representa el 90 % de todos los bonos. “En el pasado, estaba dividido casi 50 a 50, lo que provocaba una negociación real. Ahora, el poder que tienen, con la probabilidad de salir con un reclamo enorme, pueden ganar casi la totalidad de lo que están pidiendo, que son $8 mil millones. En el valor de los bonos e intereses sería $12 billones”. Puntualizó que esa ha sido la línea del grupo que lidera Golden Tree.

“Reclaman que tienen derecho a un pago total, cosa que sería nefasto para el pueblo porque implica aumentar la tarifa para pagar y utilizar fondos que son para la reparación de la red”, añadió.

El asesor legal de la Comisión Ciudadana fue enfático en expresar que en términos de hecho, por más que los bonistas quieran, no hay el dinero para pagar lo que están exigiendo, algo que se ha podido documentar, reafirmó.

En entrevista por separado, el economista José Alameda, quien también es miembro de la Comisión, coincidió respecto a la incapacidad de la AEE para pagar la deuda. Explicó que el problema real de la AEE es que desde hace tiempo perdió parte de los ingresos que la mantenía. El primero de ellos, la desindustrialización del país; luego, con la salida de las empresas 936, farmacéuticas y el complejo petroleoquímico en Peñuelas, para el cual se construyeron las plantas en el sur. Ese tipo de empresas tenía un alto consumo de energía. Comentó que contrario a la impresión general, los consumidores domésticos no eran los que mantenían a la AEE. Añadió que otro factor ha sido la emigración; por lo tanto, menos abonados; la nueva tecnología, como la energía solar, y otra serie de factores que comenzaron a minar los ingresos de la AEE.

“La proyección que se hacía con estas empresas que se iban era que cada vez más iba a ser bien difícil para la AEE porque por el tamaño que había adquirido ya no se podía mantener, porque toda la economía de Puerto Rico, como siempre he dicho, se había achicado. De hecho, si se ve el índice del Banco de Desarrollo, tenemos hoy el mismo nivel de economía que lo que se tenía hace 20 años atrás; es decir, nuestra estructura de producción se ha reducido 20 años”.

El profesor Alameda coincidió con la apreciación de que con ese cuadro conocido fue un error la privatización de la empresa pública. No obstante, compartió que con los estudios que se hicieron sobre la privatización, la expectativa era que la empresa privada iba a añadir más eficiencia al servicio público e iba a ser más rentable socialmente producir en el sector privado, pero siempre iba a tener un regulador del Estado que serviría para mirar los desvíos de la empresa privada y los excesos para aumentar su volumen de ganancia.

“Pero en Puerto Rico lo que se hizo no fue que pasamos a una privatización a través de una alianza público privada, sino a un mal contrato. Se supone que la empresa privada la lleve a expelerse y el regulador vele y corrija. Aquí esa no es una alianza público privada, es un contrato leonino, donde la empresa está por encima de lo que era la AEE”, manifestó.

Alameda, quien ha participado como perito en el proceso de la quiebra de la AEE, recalcó que ahora con la alianza de los bonistas, por más que ellos quieren cobrar, por lo que se ve en el panorama, no hay manera de sacar el dinero, por la sencilla razón de que se debilitaron las bases reales de una empresa pública eficiente. Porque cuando se hizo el contrato con LUMA se le pasaron las funciones que tenía de presupuesto, las instalaciones y otras funciones que debieron estar en manos de la AEE, lo que debilitó su base estructural. La gente se está moviendo a otras alternativas, por lo que se está cobrando. Señaló que quienes dejaron la gran deuda fueron los políticos que negociaron los bonos, lo que ha debilitado las bases de una empresa sólida y que ahora no se pueda pagar.

“De imponerse las exigencias de los bonistas, se secuestra el futuro energético y económico del país por décadas. Los aumentos en la factura serían insostenibles en más de un 30 % por 30 a 40 años, provocando aumentos en el costo de vida y el cierre de negocios. A su vez, se perpetúa un servicio inestable y costoso, porque se podría desviar fondos que deberían destinarse a reconstruir y modernizar el sistema eléctrico para asegurar el pago a los bonistas. No hay dinero para pagarle a los bonistas sin poner en jaque la reconstrucción y la vida digna en este país”.

El músculo militar del Pentágono se proyecta en el Caribe y el Atlántico Sur

Con la precisión conceptual que lo caracteriza, el destacado internacionalista argentino Roberto Russell ha descrito que las relaciones entre los Estados Unidos y América Latina —entre el centro y la periferia— se encuentran atravesadas por dos dinámicas: la de las “periferias turbulentas” [1] y la de las “periferias penetradas”.

En su investigación [2], Russell analiza la evolución de los intereses de defensa y seguridad de los Estados Unidos en América Latina desde principios del siglo XXI, enfocándose en dos periferias: la “América Latina del Norte extendida” (compuesta por México, América Central, el Caribe, Colombia y Venezuela) y la “América Latina del Sur reducida” (que comprende a los países de América del Sur, con la excepción de Colombia y Venezuela).

A la primera (la América Latina del Norte extendida), le aplica la caracterización de “periferia turbulenta”, cuya dinámica —inestabilidad interna, expansión del crimen organizado y resistencia a Washington en algunas de las naciones que la componen— es un motor determinante de los intereses de seguridad de los Estados Unidos. Puesto de otro modo, lo que allí sucede es visto por Washington prácticamente como un asunto de homeland security.

Por su parte, la segunda periferia (la América del Sur reducida) es considerada como “penetrada”, dada la incipiente proyección de los intereses estratégicos de la República Popular China, lo que ha llevado a Washington a incluir cada vez más, especialmente desde la década de 2010, a los países del Cono Sur en su radar de defensa y seguridad.

Con este telón de fondo conceptual, podemos pasar revista a lo que hemos presenciado durante las últimas dos semanas, con la Casa Blanca gestionando —a través de su diplomacia coercitiva y su músculo militar— las dinámicas de sendas periferias. En este marco, el Comando Sur se alista para encabezar una nueva acción militar contra la “turbulenta” Venezuela; y profundiza sus políticas “antisépticas” para contrarrestar la “penetración china” en el Cono Sur.

Venezuela en foco

La administración Trump, a partir de una directiva secreta dirigida por el Presidente al Pentágono a principios de agosto, prevé el despliegue hasta el límite del mar territorial venezolano de tres destructores AEGIS [3], un submarino nuclear, aviones de reconocimiento P8 Poseidon y un barco de guerra equipado con misiles. La movilización también incluirá 4.000 marines. Esta acción, según ha trascendido, se llevará a cabo en los próximos días y se extenderá por varios meses, con el objetivo declarado de “enfrentar y derrotar a los carteles latinoamericanos de drogas” [4], a los que la administración estadounidense ha designado como “organizaciones terroristas internacionales”. La orden contempla el empleo del instrumento militar contra esos carteles “en territorio extranjero y en aguas territoriales”.

La Casa Blanca ha confirmado que está preparada para usar “todo su poder” con el fin de detener el tráfico de drogas hacia su territorio, del que ahora responsabiliza al Presidente venezolano Nicolás Maduro. La portavoz de Trump, Karoline Leavitt, sostuvo que su gobierno “no considera a Maduro como el Presidente legítimo de Venezuela”, sino como el “líder fugitivo de la organización terrorista Cartel de los Soles”. Asimismo, denuncia presuntas vinculaciones con la organización criminal “El Tren de Aragua”. Adicionalmente, Washington aumentó a 50 millones de dólares la recompensa por cualquier información que pudiera conducir a la captura de Maduro.

Ante esta situación, el Presidente brasileño Lula da Silva instruyó a sus Fuerzas Armadas a monitorear el rumbo de los buques militares estadounidenses. El objetivo es evaluar si estos movimientos pueden desatar un aumento de la migración a través de Roraima, un estado brasileño fronterizo con Venezuela. Otros países de la región también han reaccionado, con Colombia calificando de “error” una posible invasión; y México apelando a los principios de no intervención y autodeterminación, tan caros a su sólida tradición diplomática.

Un cartel con la recompensa por Maduro en la frontera de Colombia con Venezuela. Foto: Schneyder Mendoza.

El antecedente de 2019

En septiembre de 2019, durante el primer gobierno de Trump (2017-2021), la amenaza de una intervención militar en Venezuela ya había sido barajada, con el entonces asesor de Seguridad Nacional, John Bolton, como una de las figuras más prominentes de la movida. Legendario halcón de la política exterior norteamericana, Bolton se había pronunciado abiertamente por un “cambio de régimen” en Caracas.

Resultado del injerencismo de Washington, y de su papel tutelar sobre el sistema interamericano, en aquella ocasión se activó el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR). El 23 de septiembre de 2019, la Organización de los Estados Americanos (OEA), por medio de la resolución de su Consejo Permanente N° 1.137 (2.245/19) —y a petición del entonces presidente de la Asamblea Nacional venezolana, Juan Guaidó, autoproclamado “Presidente encargado”, una figura inverosímil aceptada por la OEA—, votó por poner en marcha el TIAR. Dicha jugada fue interpretada, en su momento, como un paso decisivo para legitimar una eventual acción militar multilateral contra el gobierno de Maduro.

Aquella estratagema, aunque generó un fraudulento marco legal regional para propiciar una intervención militar del Comando Sur, finalmente no culminó en una acción armada, quedando como un instrumento más de la diplomacia coercitiva de Washington sobre Caracas.

El papel de Caracas en la “primera periferia”

En la mirada de Russell, los Estados Unidos han trazado “fronteras anti-oposición” [5] en la América Latina del Norte extendida, apuntando a contrarrestar la oposición de países como Cuba y Venezuela. La capacidad de resistencia de estas naciones ha llevado a Washington a intervenir en ellas de manera indirecta, pero continua, apelando al financiamiento de fuerzas de oposición interna, operaciones de inteligencia, apoyo a gobiernos o coaliciones de países opuestos a esos proyectos políticos, y diversas sanciones diplomáticas y económicas.

La preocupación central de Washington con respecto a Caracas, como exhiben las declaraciones de la portavoz Leavitt, deriva de la relación que se le atribuye con el crimen transnacional. También inquietan, advierte Russell en su investigación, los vínculos estratégicos establecidos con Beijing y Moscú para sostenerse en el poder, lo que a su vez abriría las puertas a una mayor proyección de estas dos potencias en la primera periferia.

Finalmente, es útil recordar el peso que ha tenido el Caribe sudamericano en el largo historial de intervenciones militares estadounidenses. Como se desarrolla en la citada pesquisa, del centenar de intervenciones realizadas entre fines del siglo XVIII y el presente, solo una decena tuvo lugar en América del Sur, si se exceptúa a Colombia y Venezuela. Por su parte, estos dos países dan cuenta de 11 de las 91 intervenciones restantes de los Estados Unidos en América Latina [6].

El Cono Sur y la Argentina en foco

El Comando Sur de los Estados Unidos desempeña un papel central en la estrategia de seguridad regional de Washington en América del Sur, situación que quedó a las claras durante la reciente visita del almirante Alvin Holsey a la Argentina. Entre el 19 y el 21 de agosto, Holsey participó en la Conferencia Sudamericana de Defensa (SOUTHDEC) en Buenos Aires, su segundo viaje al país en el año, donde su principal mensaje fue una alerta sobre la creciente influencia de China en la región.

Desde la perspectiva de Holsey, China busca “exportar su modelo autoritario”, “extraer recursos” y establecer “infraestructura de doble uso” que podría “proyectar poder, interrumpir el comercio y desafiar la soberanía” de las naciones e incluso la neutralidad de la Antártida. El jefe del Comando Sur, junto con otros funcionarios como Roosevelt Ditlevson, subsecretario de Defensa para Asuntos Hemisféricos, hizo un llamado a la “acción colectiva” y a una mayor cooperación militar para enfrentar estas “amenazas híbridas”. Ditlevson, por su parte, afirmó: “Las empresas chinas capturan tierra, capturan infraestructura crítica y sectores estratégicos como la energía y las comunicaciones. China controla la inteligencia militar y las instalaciones espaciales en todo este hemisferio y amenaza puntos de acceso marítimo críticos”.

Las afirmaciones de los funcionarios estadounidenses no hacen más que ratificar la preocupación por la “penetración” china en la subregión, lo que hemos retratado en una nota previa, en la que reprodujimos fragmentos del testimonio de Holsey ante el Comité de Servicios Armados del Senado de los Estados Unidos el 13 de febrero de 2025. En aquella comparecencia, el aviador naval con asiento en Miami dejó muy en claro, además, que la Argentina viene haciendo los deberes esperados:

  • “La Argentina está trabajando para establecer un centro regional de intercambio de información y cooperación para combatir las drogas”.
  • “El año pasado, nuestra asistencia desempeñó un papel fundamental en la adquisición argentina de 24 aviones F-16 a Dinamarca, con la aprobación de un paquete de mantenimiento de 941 millones de dólares por parte de Estados Unidos. Esta inversión (…) resultó esencial para evitar que China se integrara aún más en el aparato militar de un socio clave”.

En el último caso, se refería al éxito de Holsey, y de su antecesora Laura Richardson, en frustrar la adquisición por parte de la Argentina de los aviones de combate multirrol de origen chino-pakistaní JF-17 Thunder Block, los que constituían la mejor opción a los efectos de eludir el veto británico —apoyado por Washington— para la compra de repuestos y armamento para las Fuerzas Armadas argentinas. Hasta el neoliberalismo de López Murphy, en la voz de su candidato a senador Juan Paleo, ha expresado el error que significó subordinarse a Washington y comprar los Lockheed Martin F-16.

Ante este panorama, la colaboración militar con el Pentágono se intensifica a través de ejercicios como el Atlantic Dagger 2026, programado para febrero del próximo año, que implicará operaciones complejas de fuerzas especiales en el cada vez más estratégico Atlántico Sur, incluyendo ejercitaciones de interceptación marítima en la isla de los Estados (Tierra del Fuego). También se destaca la participación argentina en Fuerzas Comando 2025 en El Salvador, una competencia impulsada por el Comando de Operaciones Especiales Sur (SOCSOUTH) —la unidad de élite del Comando Sur encargada de planificar y ejecutar misiones especiales en la región—; y la firma de un memorando de entendimiento para fortalecer la cooperación bilateral en operaciones especiales.

Frente a la desmesura y la lógica pro-consular del gobierno de Trump —que ha expresado sin ambages su secretario de Defensa, Peter Hegseth, cuando refirió a la región como su “patio trasero”—, Beijing ha respondido con la cordura de una diplomacia profesional: “China expresa su fuerte descontento y categórico rechazo a los ataques maliciosos propagados en las últimas horas por el jefe del Comando Sur de Estados Unidos y otros funcionarios de ese país (…) Ignoran la aspiración de los países de la región por la paz, el desarrollo y la estabilidad; y promueven el juego de suma cero propio de la mentalidad de la Guerra Fría (…) Estados Unidos considera a América Latina y el Caribe su ‘patio trasero’, recurriendo con frecuencia a la imposición arbitraria de aranceles, deportaciones violentas, despliegue de tropas, vigilancia y espionaje. ¿Cuál de estas medidas no constituye una interferencia en el comercio y un desafío directo a la soberanía nacional de los países de la región?”

El Cono Sur en la “segunda periferia”

Los Estados Unidos perciben al Cono Sur de América Latina, que incluye a la Argentina, Brasil y Chile, como una “periferia penetrada”. Este concepto denota, según Russell, la presencia no deseada y creciente de un actor rival extra-regional y el fuerte impacto de esa presencia en un área históricamente subordinada al predominio estadounidense.

A diferencia de la “América Latina del Norte extendida”, donde las “periferias turbulentas” (inestabilidad interna, crimen organizado, oposición a Washington) son el principal motor de interés de seguridad para la Casa Blanca, la inclusión del Cono Sur en el radar de defensa y seguridad estadounidense se debe principalmente a la dinámica de penetración extra-regional de Beijing. Esta preocupación se instaló como factor central para Washington a partir de la segunda mitad del decenio de 2010, coincidiendo con el deslizamiento de la relación sino-norteamericana hacia una rivalidad sistémica [7].

Puesto de otro modo: si bien la presencia de China en la primera década del siglo XXI generaba inquietud, Washington la consideraba mayormente impulsada por intereses económicos y energéticos. A partir de 2017, esta percepción mutó sensiblemente, pasando Washington a calificar a la República Popular como un “Estado competidor que busca erosionar la seguridad y prosperidad de Estados Unidos”.

Al finalizar el primer gobierno de Trump, el general Mark A. Milley, jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, al poner en funciones a la ex comandante del Comando Sur, la generala Laura Richardson, puso las cosas negro sobre blanco: “Este hemisferio nos pertenece a nosotros y a nadie más, y estamos hombro contra hombro en esta causa común para proteger a nuestro hemisferio de cualquier amenaza internacional”.

Estas instrucciones del general Milley son una verdad revelada para los “colaboradores periféricos” de la Cancillería y el ministerio de Defensa del gobierno argentino a cargo del otro Milei, el experto argentino en “crecimiento económico con o sin dinero”.

Dos siglos (y un poco más) igual

El intervencionismo de los Estados Unidos en la región desde fines del siglo XVIII –inicialmente desplegado en México, América Central y el Caribe y luego proyectado al resto del continente– no ha dejado nunca de ser un rasgo estructural de la política exterior de Washington, si bien en ciertas etapas (aquellas que coinciden con lo que Paul Kennedy llamó “sobreextensión imperial”) ha perdido preeminencia y centralidad.

Ni siquiera los países más australes se han visto exentos de esta larga tradición injerencista. Así lo prueba el ataque a la Argentina en 1831, cuando el USS Lexington, una goleta de guerra estadounidense, atacó y destruyó las instalaciones argentinas en Puerto Soledad, previo a la usurpación colonial de Gran Bretaña en 1833. Ya en el siglo XX, cabe recordar el papel que los Estados Unidos desempeñaron en el golpe militar que depuso al Presidente brasileño João Goulart en 1964, una operación (Brother Sam) en la que jugaron un papel relevante la CIA y el apoyo logístico del Pentágono. Por su parte, Chile experimentó el intervencionismo norteamericano desde los tiempos de su guerra civil (1891), pero sin dudas la memoria colectiva ha quedado fijada en el rol clave de Washington —tal como lo reflejan los registros desclasificados de las conversaciones entre Nixon y su consejero de Seguridad Nacional, Henry Kissinger— en el derrocamiento del Presidente socialista Salvador Allende en 1973.

La actual proyección simultánea del músculo militar del Pentágono sobre el Caribe sudamericano y sobre el Atlántico Sur, que hemos intentado reflejar en este artículo, se da en un contexto en el que el gobierno de Trump promueve un renovado abordaje geopolítico que, mientras resetea por completo la globalización económico-financiera, combina retracción global [8] con un fuerte intervencionismo regional. Nada nuevo bajo el sol.

Parafraseando al gran León (al de Cañada Cosquín, no al gatito mimoso de la Suizo-Argentina): “Soberbia y mentiras / Medallas de oro y plata / Contra esperanza / [Dos] siglos igual / En esta parte de la tierra”.

El autor es doctor en Ciencias Sociales (UBA) y profesor de Relaciones Internacionales (UBA-UNSAM-UNQ-UTDT).
Notas:
[1] El concepto es una adaptación del término “fronteras turbulentas” de Galbraith, John S. 1960. “The ‘Turbulent Frontier’ as a Factor in British Expansion”. Comparative Studies in Society and History, vol. 2, nº 2: 150-168.
[2] Se trata de una línea de trabajo desarrollada desde los tempranos 2000, que tuvo en el Proyecto MEI-Ford “Crisis del Estado, Gobernabilidad Internacional y Seguridad” (coordinado por Mónica Hirst en la UTDT a partir de 2005) un apoyo fundamental. El autor de esta nota fue becario de investigación en dicho proyecto; y escribió su tesis de maestría bajo la supervisión de Roberto Russell. Los conceptos centrales que recoge esta nota se encuentran desplegados en dos textos de Russell (en coautoría con Fabián Calle): “Estados Unidos y América Latina: fuentes periféricas de la expansión del poder estadounidense” (2009); y “Periferias turbulentas y penetradas: su papel en la expansión de los intereses de seguridad de Estados Unidos en América Latina (2022).
[3] Se trata de un sistema de combate naval integrado desarrollado por la División de Misiles y Radares de la RCA Corporation, actualmente producido por Lockheed Martin.
[4] La Francia de Macron, alineada como nunca a Washington, replica —con lo que le queda de reflejo imperial— las políticas de Trump en el archipiélago de Guadalupe, su territorio de ultramar en el Caribe, desplegando dos brigadas náuticas en la lucha contra el narcotráfico.
[5] Según la descripción de Russell: “La frontera antioposición se erige para hacer frente a la resistencia de un Estado hostil que integra el área de influencia del centro con el propósito de aislarlo o combatirlo y, en última instancia, de producir un cambio de régimen que sea favorable a los intereses de seguridad metropolitanos” (Russell y Calle. 2022. Op. cit., p. 171).
[6] Ibídem, p. 172.
[7] Ibídem, p. 181.
[8] Acciones militares preventivas como las del pasado 21 de junio en las instalaciones nucleares de Fordo, Natanz e Isfahan (Irán) nos obligan a relativizar el más extendido empleo del término “aislacionismo”.

Convocar y recopilar como procesos: el caso de El archivo en fragmentos: voces, cartografías, bricolaje en la escritura de Marta Aponte Alsina

 

 

En este sitio y en este mundo en que el que vivimos, somos principalmente los espectadores forzados de un genocidio. Atadas las manos y censurada la boca para evitar que nos expresemos, es preciso deshacerse de las imposiciones del “qué dirán” y de las instituciones que modelan a su manera qué es lo ético o qué es la diversidad y demostrarles que quienes las dirigen forman parte sustancial del mismo tramado genocida, auxiliado por gendarmes y paisanos resentidos y cobardes, ejércitos asesinos y poblaciones ladronas. Este es el genocidio que observamos en Gaza en este momento preciso junto con la secuela de violaciones a la libre expresión en las mal llamadas instituciones universitarias, todas vendidas al mejor postor de ayer y de hoy: gente innombrable como Trump, Netanyahu y sus secuaces, los presidentes y decanos de las universidades, los tribunales, las juntas administrativas y la secuela de agencias y sub-agencias federales que apoyan el despojo y la mentira. Entre otras acciones necesarias, es urgente escribir, testificar, continuar denunciando el crimen, la violación de derechos, los traidores que se mueven al amparo de las instituciones y, principalmente, el genocidio. La escritura es una acción que compartimos con los lectores en ánimo de con-mover. Pocas veces puede hacer lo que realmente quisiera. El ánimo de este volumen fue dar cuenta de una escritura que mueve a hacer, a criticar, a asumir responsabilidades. Con el volumen también rendimos cuenta de nuestro reconocimiento a la escritora Marta Aponte Alsina como una de nuestras narradoras más apegadas y fervorosas a la otra historia y a los relatos que comprometen nuestra vida como caribeños puertorriqueños. Mi homenaje particular consistió en recopilar este libro para ella y los futuros lectores y lectoras. Dada la acción de quienes colaboraron en el volumen y la mía propia como editora y prologuista, todos los demás discursos y panegíricos que se acostumbran en estos eventos sobran. Me consta que a Marta, sobria como es, los excesos le desagradan.

La idea surgió al comienzo del año 2024, y a mediados de junio del mismo año enviaba las primeras invitaciones a los colaboradores del volumen que celebramos hoy: El archivo en fragmentos: voces, cartografías, bricolaje en la escritura de Marta Aponte Alsina. Mientras observaba el acopio noté espacios abiertos que era preciso colmar por lo que, a mi segunda invitación, otra oleada de colaboradores se sumó con presteza al esfuerzo colectivo. Ya desde entonces tenía muy clara la diversidad de voces, estilos y escritos que deseaba congregar, una proliferación de textos que modulara y sostuviera el balance entre unos y otros hacedores en la empresa lectriz en torno a los temas que surgieran y los que ya se advertían dados los escritos previos que había congregado. Las lecturas iniciales de un texto encaminan la crítica por unas vertientes y me interesaba seguir el cauce que trazaban esas huellas y las bifurcaciones y transformaciones que estampara el tiempo a medida que el hacer crítico descubriera otros lugares, pasiones e intereses. De ahí la inclusión de varios ensayos ya publicados previamente. Deseaba dar cuenta de una cronología de las reacciones a su obra, desde aquellos primeros escritos hasta los más recientes, por lo que el volumen cuenta con ensayos y reseñas tan tempranos como los de Luce López Baralt y Manuel Clavell, que me parecen fundamentales respecto a lo que expresan sobre el estado de la narrativa puertorriqueña en ese momento, así como los temas y la forma en que se abordaban, y, más adelante, sobre textos que acompañaron el estallido causado por piezas como La muerte feliz de William Carlos Williams, Sexto Sueño y PR 3: Aguirre, además de una secuela de escritos recientes relacionados con el empuje prolífico de los últimos tres años. También deseaba pensar en un homenaje multifacético a Marta, que no solo es escritora y amante de animales y plantas, –y de ahí la inclusión de tres ensayos críticos que abordan la relación entre las ciencias botánicas y la narrativa,– sino que ella es también una presencia que disfruta injertar la disonancia en el fértil terreno del diariamente asediado archipiélago en que vivimos. Quizás por eso se produce una cierta satisfecha soledad y/o cautelosa distancia de la autora dentro del medio intelectual puertorriqueño; por ese desplante característico de ella frente al poder y quienes lo representan, por su distancia sagaz frente a las academias, por no ostentar una posición desde la cual validarse en el espacio de las instituciones universitarias, como también ocurrió con el poeta Juan Antonio Corretjer.  Marta no es ni carismática ni complaciente ni se pliega con facilidad a las necesidades del orden establecido. Más bien, es espinosa cuando cuenta anécdotas y cáustica cuando se incomoda, pero no por eso deja de ser generosa, cariñosa y tierna cuando se presenta la ocasión. Por eso, aparte de la sección ensayística donde hay también homenajes híbridos de Vanessa Vilches y Carlos Fonseca, intenté que la sección testimonial diera una medida de su carácter y del aprecio del que goza entre narradores que hoy rondan los cincuenta o cuarenta años, y que éstos presenten un retrato bastante preciso de quien fue y continúa siendo la autora. Las excepciones a ese cortejo generacional son el excelente testimonio de quien fuera su compañero en el Programa de Honor de la Universidad de Puerto Rico, el conocido narrador Edgardo Rodríguez Juliá y de la narradora y poeta Lourdes Vázquez, quien figuró en la antología de narradoras puertorriqueñas editada por la excelente profesora ya fallecida, María Solá, en la que Marta no figura. Me refiero a Aquí cuentan las mujeres. Muestra y estudio de cinco narradoras puertorriqueñas, publicada por Ediciones Huracán en 1990, cuatro años antes de que Aponte publicara su primera novela, Angélica furiosa.

Todo archivo es un laberinto en abismo, y como editora y compiladora de este volumen diseñé un archivo que me satisface. Se toma la ruta que preferimos sin saber con precisión qué revelará ni a dónde nos conduce, tan solo orientados por la intuición y cierta experiencia con las superficies rugosas, enrevesadas, traicioneras. El propósito de este laberinto no es salir, sino internarse en sus profundidades, conocer sus desvíos, desconocer sus rutas o quizás toparse con el minotauro que se halla en cada curva. El diálogo que entablan entre sí los textos de los colaboradores con el fundamento textual de Aponte genera aquí un pensar sobre varios temas: lo que serían las voces de un exiliado como lo fue William Carlos Williams y su madre y los lenguajes que desde esa suerte de “literatura menor” ambos gestaron avant la lettre, las cartografías que generó y continúa generando el colonialismo, la expropiación y exilio de sus habitantes y bienes, las fantasías barrocas, alienígenas y religiosas, narcóticas y góticas, las aventuras de la demencia y la discapacidad. El mundo vegetal, omnipresente en esta obra, así como el extenso y variadísimo paisaje donde la autora ha querido cifrar lo que constituye el más amplio archipiélago caribeño es notorio aquí. Me refiero al nombrado por Glissant y que se extiende desde la Isla Margarita en conversación con las costas venezolanas, pasa por el Caribe hispano y angloparlante, bordea el Atlántico Norte y discurre francofónicamente desde Haití y La Tortuga hacia Guadalupe y Martinica para regresar en un gran arco hasta Trinidad, formulando así un viaje a la inversa y en restaurativo ciclo continuo. Esa corriente o vertientes marítimas que se formulan en el viaje son una verdadera provocación y es necesario “marearlas” con maestría porque son las aguas que braman en torno a las islas que como una narradora empedernida, Marta aspira a conquistar. Por ese laberinto en abismo que pienso es todo archivo y, en este caso, el que yo misma construyo, me gustó tanto la propuesta visual que me envió Lissette cuando considerábamos cuál sería la portada, ambas fotos de Marta. En una, la llanura abierta destacando en tonos claros y texturas granuladas una arena surcada de huellas que fragmentan el territorio; y en la otra, lo que ya he llamado el laberinto en abismo, en diferentes colores, texturas y tonos, escarpado y desafiante. Pero, para regresar a la cronología de este montaje, quiero apuntalar que en mayo de 2025, exactamente en un año y medio, teníamos libro, y era necesario presentarlo para culminar el homenaje. Deseo agradecer a Marta Aponte, en primer lugar, por una obra extensa, compleja y variada; a las editoras Lissette Rolón Collazo y Beatriz Llenín Figueroa por su disposición inmediata a hacer de mi propuesta esta realidad en Editora Educación Emergente, a todas y todos los colaboradores que se aprestaron a confirmar su participación y cumplir con los “deadlines”. En este caso, la expresión inglesa me parece más precisa que la hispana, la fecha límite. La muerte acarrea mayores fatalidades que el límite. En mi caso, terminé mi prólogo “La poiesis de la desposesión” fuera de lugar y en un lugar liminar, un umbral desde donde todo es productivo, justo a fines de diciembre, justo después del 27 de noviembre, cuando llegaba mi segunda nieta, la fecha límite, íntima y familiar, por lo que la otra persona a quien dedico mi volumen es a mi hija Dafne Almar, quien dio a luz a Clara.

En mi prólogo destaco varias instancias que quieren ser políticas y éticas: 1) la poiesis colectiva que puede armarse entre los puertorriqueños de aquí, allá y entre medio para formar “los ejércitos del presente que apalabren una estrategia permanente y futura” (cito de mi prólogo) realizada a partir de nuestros propios recursos, 2) el establecimiento de Lectura del Parque Central de Bayamón como urtext de la escritura de Marta Aponte, una escritura donde el bricolaje fundamenta la sobrevivencia gozosa de todo lo que puede hacerse en medio del desastre, 3) la pertinencia que tiene en nuestro tiempo una poética documental, que es evidente tanto en la obra de Aponte, como en la de la poeta Muriel Rukeyser y la narradora Cristina Rivera Garza, entre otros tales como Diamela Eltit, Ernesto Cardenal, Roque Dalton, Anacristina Rossi y Lina Meruane, a quienes he trabajado recurrentemente. Los nombres del colectivo de colaboradores figuran en el índice y en la invitación de la presentación para que no se olviden. Quiero repetirlos en esta ocasión: Marta Aponte y Julio Ramos en la entrevista que abre el volumen, y, en los artículos, Malena Rodríguez Castro, Beatriz Llenín Figueroa, María Mercedes Carrión, Luce López-Baralt, Dafne Almar Duchesne Sotomayor, Ivette López Jiménez, Carlos Fonseca, Nayra Ramírez, Christopher Powers Guimond, Vicente Quevedo Bonilla y Vanessa Vilches Norat. En la sección de reseñas se hallan Juan Carlos Quiñones, Margarita Pintado, Manuel Clavell y Eugenio Santiago Valentín. En la sección de testimonios figura una plétora de escritores: iniciamos con Edgardo Rodríguez Juliá y continuamos con Juan Carlos Quiñones, Lourdes Vázquez, Lissette Rolón Collazo, Carlos Vázquez Cruz, Francisco Font, Rafael Acevedo y Marithelma Costa. Sin esa pluralidad no habría volumen; sin esa voluntad de ejercitarse en comunidad para lograr un resultado, tampoco. Finalmente, quiero agradecer al profesor César A. Salgado, que sufrió los efectos del “deadline” y a quien había invitado originalmente a participar con un trabajo sobre lo gótico en Aponte y Tapia, y que se integra ahora dada su solvencia intelectual como un digno presentador de este.  Fueron cuatro los trabajos que lamentablemente quedaron fuera por una u otra razón y que hubiera querido incluir: el ya mencionado de Salgado, el texto de Natalia Rivera sobre las ruminaciones de Gabriel Marte en Sobre mi cadáver junto con el tema del espiritismo, la demencia y la “disability” del cual es experta, el de María del Carmen Torres sobre la bruja caribeña y las yerbateras en Angélica furiosa, la primera y única novela no discutida en el volumen y que forma parte de la tesis doctoral de Torres, y el de Luis Othoniel Rosa sobre la extrañeza gótico-barroca en la obra de Aponte que hubiera entrado en diálogo con el de Salgado, Powers, Torres y Rivera. Espero que pronto sean publicados estos trabajos. Finalmente, muchísimas gracias a la Fundación Humanidades Puerto Rico y a su directora, Sonya Canetti, por facilitarnos tan generosamente este espacio hermoso y cómodo y gracias a ustedes por su solidaridad y por decir ‘presente’ en este acto.

14 de agosto de 2025, versión revisada, en Humanidades Puerto Rico, Ballajá, VSJ.

De Aquí Nadie Nos Saca: arte en resistencia

 

En Rojo

El papel que juegan los artistas y organizadores culturales en la sociedad ha evolucionado.  En muchas ocasiones se han convertido en catalizadores de cambio social y activismo. A través de su trabajo no solo crean obras de arte o eventos culturales, sino que estos abordan y cuestionan problemáticas sociales, políticas y ambientales. Esto está bastante claro en el contexto de la residencia de Bad Bunny en el Choliseo.

Por supuesto, esto no es nuevo. El arte ha sido históricamente una herramienta poderosa para la protesta y la denuncia. Desde las pinturas de Diego Rivera, que reflejan la lucha de los trabajadores en México, hasta las instalaciones de Doris Salcedo o las performances de Ana Mendieta, los artistas utilizan su plataforma para visibilizar miradas críticas. Estas obras no solo provocan reflexión, sino que también movilizan a las comunidades a actuar. El arte se convierte en un vehículo para la transformación social, permitiendo a las personas conectar racional y emocionalmente con las causas que defienden.

Los organizadores culturales desempeñan un papel crucial en la creación de conciencia sobre temas sociales. A través de festivales, exposiciones y actividades comunitarias, logran reunir a diversas audiencias y promover diálogos sobre cuestiones como la desigualdad, la discriminación y el medio ambiente.
Por eso es tan importante la creación de espacios donde se celebran las identidades diversas, desde las comunidades LGBTQ+, organizaciones por la transformación de la sociedad, hasta las culturas indígenas que han tratado de ser silenciadas en América Latina.

Para nosotros -en Puerto Rico- inmersos en un proceso acelerado de aburguesamiento -gentrificación- y de explotación sin límites de tierra y agua, el compromiso de los artistas con el activismo social se extiende al medio ambiente. Muchos crean obras que abordan la crisis climática o las políticas de exenciones contributivas para extranjeros que son modos de asentamiento colonial. Estos proyectos comunitarios no solo generan un sentido de pertenencia, sino que también empoderan a los individuos a tomar un papel activo en la mejora de su entorno. Al involucrar a la comunidad en el proceso creativo, se fomenta un sentido de agencia y responsabilidad colectiva.

Si usted quiere un ejemplo vivo al que puede asistir tiene que ir a la exposición de arte multimedia, ¡De AQuÍ NADie NoS SAcA!, en la galería La Quince, en el contexto de la residencia artística de Bad Bunny son más de una treintena de artistas y organizadores culturales reunidos en el mismo espacio. La Quince, es un proyecto de solidaridad cultural en colaboración entre AgitArte y  Mijente, en la #960 Avenida Ponce de León, en Santurce.

Al entrar a La Quince estás en la residencia artística del maestro barbero Juan Pablo Vizcaíno Cortijo. De manera fluida, pasas a la exhibición de arte. La Quince es además un lugar de trabajo en el que los visitantes puedan apoyar directamente a las artistas y organizaciones que participan en la exposición.

Como ya hemos dicho, la exposición, De AQuÍ NADie NoS SAcA, está inspirada en la residencia de Bad Bunny en PeERRe, No Me Quiero Ir De Aquí. Esta es una exposición articulada desde la resistencia, arte que se produce desde el interior de los movimientos sociales. Tuve el privilegio de hablar brevemente con Aliana Bigio y Jorge Díaz (Cano Cangrejo), de Mijente y AgitArte, respectivamente. Ambos estén claros. Es posible la comodificación del arte, es decir, que el arte se convieta en un objeto de consumo. Así, la capacidad de resistencia se vería comprometida convirtiéndose en un producto más. Sin embargo, la exposición muestra el arte que sale de las comunidades y de las organizaciones, no se trata de productos artísticos desde afuera, siguiendo los intereses del capital.

Por otro lado, Jorge, a quien conozco hace años como Cano Cangrejo, formidable teatrero y DJ, menciona con la energía de un entusiasta, que aunque hay una estética de la resistencia ninguna parte de esta muestra eclipsa el contenido crítico. Aliana, cuya presencia en las redes con clips de análisis de la realidad desde la perspectiva feminista, menciona que el arte puede convertirse en una forma performativa que atrae la atención de quienes no han desarrollado un compromiso con las causas que se representan de modo que puede ser un punto de partida hacia esa toma de conciencia.

De nuestra conversación -en la que participo como oyente porque vine a escuchar y a ver- concluyo que hay una exploración de como el deseo y la subjetividad influyen en la experiencia del arte. El domingo que estuve allí el espacio estaba repleto. Percibí miradas atentas y admiración a cada una de las piezas. Para mí, esto supone un cambio en la forma en la que las personas se relacionan con sus deseos y con sus modos de mirar el mundo. La muestra refleja la riqueza de la relación entre arte y resistencia. La verdadera subversión, que resulta de cambiar el modo en el que miramos las cosas, requiere de un enfoque crítico y consciente sobre las dinámicas de poder que influyen en la producción y recepción del arte. En este espacio de La Quince hay un laboratorio sobre eso.

En el ensayo curatorial de la muestra, Jorell Meléndez Badillo, profesor de historia de la Universidad de Wisconsin afirma: “El colonialismo y el capitalismo no están en crisis, sino que estos son la crisis. Las artistas, activistas y colectivos que reúnen su arte en esta exhibición han sido cruciales en articular alternativas a estas crisis. Su trabajo y compromiso ha estado centrado en la lucha por permanecer—permanecer en nuestras playas, en nuestras comunidades, en nuestras diásporas”.

La muestra abre al público, libre de costo, de miércoles a domingo, de 2:00 p.m. a 8:00 p.m., en La Galería La Quince, localizada en la avenida Juan Ponce de León, frente al Conservatorio de Música de Puerto Rico, en Miramar, Santurce. Es una experiencia gratificante. Les aseguro que es como tomarse una bebida energizante.

Algunos de los participantes de la exposición son:

AgitArte | Papel Machete

Amigxs del M.A.R.

Barrileras del 8M

BEMBA PR

CAM-JI LARES

Carla Joan

Carmelo Sobrino

Castor

Centro para la Reconstrucción del Hábitat

Colectivo Moriviví

Colmena Cimarrona

Comedores Sociales de Puerto Rico

Comuna Caribe

Juan Pablo Vízcaino Cortijo & dey hernández vázquez

EspicyNipples & Filmes CASA

Movimiento Anansé Inc. / Revista étnica

Gabo Ramos

Gustavo Castrodad

Isamar Abreu & Javier Maldonado-O’Farrell

Jorell Meléndez Badillo

Jornada Se Acabaron Las Promesas

Kilómetro 0

Steven Rivera López / Taller La Central

Colectiva Feminista en Construcción

La Serigráfica

Laura Colón Noriega

Malcolm Ferrer

Matrilíneo

Nitzayra Leonor

República 21 Media

Mary Anne Hopgood, portavoz de Santurce NO Se Vende

Sylvia Hernández

Garvin Sierra Vega

Taller Malaquita

Tropiwhat

Rosenda Álvarez Fano

Las personas interesadas en participar deben registrarse en el siguiente enlace:https://secure.everyaction.com/qo8PCyvxiEy-f4S3ozAVHg2, o seguir a AgitArte en las redes sociales.

Participantes: “De Aquí Nadie Nos Saca”

Curatoría y diseño: AgitArte (dey hernández vázquez)

Organizaciones + artistas participantes:

AgitArte | Papel Machete

Amigxs del M.A.R.

Barrileras del 8M

BEMBA PR

CAM-JI LARES

Carla Joan

Carmelo Sobrino

Castor

Centro para la Reconstrucción del Hábitat

Colectivo Moriviví

Colmena Cimarrona

Comedores Sociales de Puerto Rico

Comuna Caribe

Juan Pablo Vízcaino Cortijo & dey hernández vázquez

EspicyNipples & Filmes CASA

Movimiento Anansé Inc. / Revista étnica

Gabo Ramos

Gustavo Castrodad

Isamar Abreu & Javier Maldonado-O’Farrell

Jorell Meléndez Badillo

Jornada Se Acabaron Las Promesas

Kilómetro 0

Steven Rivera López / Taller La Central

Colectiva Feminista en Construcción

La Serigráfica

Laura Colón Noriega

Malcolm Ferrer

Matrilíneo

Nitzayra Leonor

República 21 Media

Mary Anne Hopgood, portavoz de Santurce NO Se Vende

Sylvia Hernández

Garvin Sierra Vega

Taller Malaquita

Tropiwhat

Rosenda Álvarez Fano

 

 

 

Michał Rusinek Wisława Szymborska, o la filosofía sin notas a pie de página

 

 

Wisława Szymborska fue una poeta, ensayista y traductora polaca, ganadora del Premio Nobel de Literatura en 1996. Nació en Kórnik, en el centro-oeste de Polonia, pero vivió principalmente en Cracovia hasta el final de su vida. En Polonia y en Italia, los libros de Szymborska han alcanzado ventas que compiten con las de destacados autores de prosa, si bien escribió en un poema, «Niektórzy lubią poezję» («A algunos les gusta la poesía»), que «quizás» a dos de cada mil personas les gusta la poesía. Sus poemas fueron traducidos a más de cuarenta idiomas. Szymborska recibió el Premio Nobel de Literatura en 1996 «por su poesía que, con precisión irónica, permite que el contexto histórico y biológico salga a la luz en fragmentos de la realidad humana».

Como Wisława Szymborska es considerada una poeta-filósofa (no sólo por la Academia Sueca), la pregunta sobre los fundamentos de esa naturaleza filosófica está más que justificada. Yo, sin embargo, dejo que respondan los filósofos con inclinación hacia las belles lettres. En su lugar, intentaré sugerir algunos caminos para animarles a investigar la filosofía en la poesía de Szymborska.

En primer lugar, sugeriría echar un vistazo a Świat ze wszystkich stron świata del profesor Stanisław Balbus, un libro cuyo título se traduce literalmente como «El mundo desde todos los lados del mundo«. Su autor afirma que Szymborska está impregnada de la filosofía de Leibniz. Tomando en cuenta su sugerencia, es bueno saber que, después de leerlo, la propia Szymborska se volvió hacia el autor y le dijo: “Stanisław, ¡pero si yo nunca he leído a Leibniz!”. Su exclamación no pone en entredicho la validez de la afirmación de Balbus, ya que, en primer lugar, se sabe que una obra literaria generalmente solo adquiere significado en el acto de la lectura y, como Balbus observó y demostró la similitud del pensamiento de Szymborska con el de Leibniz, tales similitudes existen independientemente de lo que la poeta lea o no. En segundo lugar, y más importante, y esa es la afirmación que quiero hacer en mi conferencia, Szymborska fue una filósofa, por así decirlo, “sin notas a pie de página”, es decir, quizás no tanto una filósofa sino una sabia, una pensadora, que desarrolló su propia filosofía sin ninguna aspiración a hacer referencias a textos filosóficos o apoyarse en la autoridad de sus escritores.

Czesław Miłosz se interesó por el poema “Mała dziewczyna ściąga obrus” (“Una niña tira del mantel”) en cuanto Szymborska lo publicó. Antes de citarlo, permítanme contarles una breve historia sobre él. Mi esposa, después de dar a luz a nuestra hija Natalka y cuidarla durante el primer período de su infancia, volvió a trabajar. Yo usaba mis escasos momentos libres para trabajar en mi tesis doctoral; por lo general, escribía por la noche. Por la mañana, le daba de comer a Natalka y esperaba a que alguna de sus abuelas viniera a tomar el relevo. Un día, alrededor de las diez de la mañana, como de costumbre, Natalka estaba sentada a la mesa, enganchada en su silla alta, y yo le estaba dando un poco de papilla mientras tomaba mi café. Sonó el teléfono (y por “el teléfono” me refiero a la línea fija). Fui a otra habitación para contestar, lo cogí y me volví hacia Natalka, justo cuando ella empezaba a tirar del mantel. Un segundo después, todo lo que había en la mesa cayó al suelo. En lugar de decir “¿Sí?” u “¿Hola?”, grité algo inarticulado en el teléfono. Wisława (porque, por supuesto, era ella) preguntó qué había pasado. Le describí la situación, esperando oír al menos la más mínima expresión de compasión. De ninguna manera. No de una poeta. Lo que oí fue: “¿Sabe qué? Este es un buen tema para un poema”. Y colgó. Unos meses después me dieron un poema para transcribir. Parece que mi hija ya tiene un lugar en la historia de la literatura polaca.

Desde hace más de un año se está en este mundo,

y en este mundo no todo se ha examinado

y puesto bajo control.

 

Ahora se ensaya con las cosas

que no pueden moverse solas.

Hay que ayudarlas con eso,

correrlas, empujarlas,

cogerlas de un sitio y trasladarlas.

No todas quieren, por ejemplo, el armario,

la cómoda, la inflexible pared, la mesa.

Pero lo que es el mantel sobre la testaruda mesa

—si se agarra bien por los bordes—

sí muestra disposición al viaje.

Y sobre el mantel los vasos, los platitos,

la jarrita con leche, las cucharitas y el tazón

hasta tiemblan de las ganas.

Es realmente interesante ver

qué movimientos elegirán

cuando se tambaleen en el borde:

¿un paseo por el techo?

¿un vuelo alrededor de la lámpara?

¿un salto al alféizar de la ventana y de ahí al árbol?

 

El señor Newton no tiene aún nada que decir al respecto.

Que mire desde el cielo y agite los brazos.

 

Este ensayo tiene que hacerse.

Y se hará.

 

Sin embargo, la historia no acaba ahí. El poema fue enviado a Barbara Toruńczyk, redactora de la revista trimestral “Zeszyty Literackie” [“Cuadernos Literarios”], y se publicó en 2001, en el tercer número. Dos años después, cuando a la niña se le unió un niño, recibí una carta del redactor jefe: “Estimado señor, por favor trabaje más duro en las travesuras de su hijo. Cubriremos todos los daños, siempre y cuando (para Zeszyty Literackie) termine de la misma manera que el caso de la niña…”. Lamentablemente, el procedimiento nunca se repitió. Por supuesto, no fue porque mis hijos dejaran de destruir cosas, ni mucho menos.

Pero volvamos a Czesław Miłosz. En una cena que Szymborska organizó para un puñado de amigos, Miłosz dijo que el poema toca problemas filosóficos fundamentales a los que se enfrentaron Lev Shestov y luego Fiódor Dostoievski en Los hermanos Karamázov. Szymborska protestó diciendo que se trata de un poema sobre mi hija, es decir, una niña descubriendo la ley de la gravedad, e incluso me llamó como testigo para contar lo que sucedió esa mañana a las diez, cuando me telefoneó precisamente en el momento en que Natalka, de un año, quitó el mantel de la mesa. Miłosz lo descartó agitando su mano y más tarde desarrolló sus ideas interpretativas en un ensayo titulado “Szymborska y el Gran Inquisidor”, publicado en Dekada Literacka. Traducido al inglés, se convirtió en el tema de un seminario polaco-estadounidense organizado en Cracovia por la Universidad de Houston. “Es un poema conmovedor que Szymborska escribió sobre el asombro que cada uno de nosotros solía experimentar al descubrir la mecánica de este mundo. Este poema pertenece al reino de la inocencia, siempre apreciada. Sin embargo, en su esencia no es tan inocente. Porque, ¿qué significa descubrir la ley de la gravedad? No hay nada más extraño a los cuentos de hadas que esta ley. Deberíamos ser capaces de despegarnos del suelo, por ejemplo, levitando o saltando por una ventana y volando como la Margarita de Bulgákov para participar en la Noche de Walpurgis, o montándonos en una escoba como Harry Porter”.

Cuanto más lejos, más filosofía: Miłosz demuestra que el experimento de la niña se basa en las cuestiones fundamentales sobre el azar, la necesidad y la voluntad divina. La niña pronto aprenderá que “la ley de la gravedad también puede llamarse la ley de las cosas necesarias interconectadas en una cadena de causas y resultados”. Ahora entran en escena Kierkegaard, Shestov, Dostoievski, Blok y, finalmente, Simone Weil con su determinismo contenido en el concepto de la pesanteur, es decir, una gravedad de la que solo la gracia divina está exenta. “Este inocente poema”, concluye Miłosz, “oculta un abismo en el que se puede penetrar casi sin fin, un laberinto oscuro que, queramos o no, visitamos a lo largo de nuestra vida”. Bueno, ese es el derecho del intérprete. Y ese es también el afortunado destino de la literatura que el intérprete elige estudiar.

La actitud de Szymborska hacia la literatura, especialmente hacia la suya propia, era, digamos, modernista. Creo que nunca leyó el ensayo “La tradición y el talento individual” de T.S. Eliot, a quien, por cierto, apreciaba mucho como poeta. Sin embargo, al igual que Eliot, creía que el poeta no debe escribir sobre sí mismo y, si se inspira en un evento tomado de su propia biografía, cualquier rastro de ese hecho individual debe ser borrado. La muerte del dueño de un gato, su compañero de vida, Kornel Filipowicz, vale la pena mencionarlo en las cartas a los amigos, pero si encuentra expresión en un poema, se convierte automáticamente en una experiencia compartida y universal. Permítanme citar un fragmento de su poderoso poema “Un gato en un piso vacío”.

Morir, eso no se le hace a un gato.

Porque qué puede hacer un gato

en un piso vacío.

Trepar por las paredes.

Restregarse entre los muebles.

Parece que nada ha cambiado

y, sin embargo, ha cambiado.

Que nada se ha movido,

pero está descolocado.

Y por las noches la lámpara ya no se enciende.

 

[…]

 

Ya verá él cuando regrese,

ya verá cuando aparezca.

Se va a enterar

de que eso no se le puede hacer a un gato.

Irá hacia él

como si no quisiera,

despacito,

con las patas muy ofendidas.

Y nada de saltos ni maullidos al principio.

 

En una velada de autor en Tel Aviv, leyó el poema “Terrorysta, on patrzy” (Un terrorista, él observa):

La bomba explotará en el bar a las trece veinte.

Ahora apenas son las trece dieciséis.

Algunos todavía tendrán tiempo de entrar.

Otros de salir.

 

El terrorista ya se ha situado al otro lado de la calle.

Esta distancia lo protege de cualquier mal,

y además se ve como en el cine:

 

Una mujer con una cazadora amarilla, ella entra.

Un hombre con unas gafas oscuras, él sale,

Unos chicos con vaqueros, ellos hablan.

Trece diecisiete y cuatro segundos.

El más bajo tiene suerte y se sube a una moto

y el más alto entra.

Le preguntaron si un ataque terrorista en Israel le había dado el impulso para escribirlo. Su respuesta fue “también”. El gato podría ser un gato en el piso de cualquiera que muriera. El terrorista podría colocar la bomba en cualquier lugar. Las emociones en estos poemas no son las emociones del autor sino, como escribió T.S. Eliot, “emociones estructurales”, y eso significa universales. Anatol Roitman, profesor de mecánica de Novosibirsk, promotor de la literatura polaca en Siberia y traductor de poesía polaca, una vez le preguntó a Szymborska si el modelo para el héroe del poema “Spacer wskrzeszonego” (“El paseo del resucitado”) era el profesor Lev Landau, un físico brillante y premio Nobel que fue víctima de un grave accidente de coche: “El cerebro seriamente dañado tras un accidente / y hay que ver cuántas dificultades ha vencido: / izquierda derecha, claro oscuro, árbol hierba, duele comer. / ¿Dos más dos, profesor? / Dos, dice el profesor. / Mejor respuesta que las anteriores”. Szymborska asintió, aunque sin satisfacción. No le gustaba que los críticos utilizaran sus obras para practicar el biografismo y buscar hechos individuales que se encuentran detrás de sus poemas. No es así como deben leerse sus poemas, ya que ella se esforzó por otorgar una dimensión universal a esos hechos individuales.

Dicho esto, no considero a Szymborska una poeta modernista. No era fácil hablar con ella sobre temas importantes, como la poesía o la filosofía. Convertía los intentos de tales conversaciones en broma. Sin embargo, cada vez que le sugerí que encuentro un hilo posmodernista en sus poemas, su risa parecía hacerse más fuerte. Creo que un filósofo podría observar con atención dos poemas: “Sroczość” (Urraquidad) de Miłosz y “Cebula” (“La cebolla”) de Szymborska. Miłosz escribe que cuando cruzaba bosques de robles, “Chirriaba una urraca y dije: urraquidad, / ¿Qué es la urraquidad? Nunca alcanzaré / El corazón de una urraca ni sus velludas fosas / Nasales en el pico ni su vuelo que se renueva / Cuando desciende, así que no la conoceré”. Incluso asume que, si la urraquidad no existe, entonces su naturaleza humana tampoco existe. En la disputa sobre los universales, esto coloca a Miłosz en el campo fenomenológico, creyendo en la existencia de seres intencionales. “La cebolla” de Szymborska, por otro lado, es antifenomenológica; no tiene esencia: “Ni siquiera tiene entrañas. / Es cebolla enteramente, / al más cebolloso grado. / Por fuera tan cebolluda, / cebollina de raíz, […] criatura muy bien lograda. / En una cebolla hay otra, / en la grande una pequeña / y así sucesivamente, / una tercera, una cuarta. / Una centrípeta fuga. / Un eco cantando a coro”. Los intentos de sondear la cebolla, de llegar a su esencia fenomenológica, de romper con el optimismo hermenéutico a través de las capas del significante hasta el núcleo del significado, resultan imposibles. Una cebolla es como un lenguaje, cuya decodificación o lectura nunca terminará: debajo de la palabra no hay ni una cosa, ni una idea, ni nada que podamos interpretar como esencia; solo hay otra palabra debajo. Y luego debajo, otra más, y otra más. Ad infinitum.

Hay otra pista esencial y posmoderna. El segundo libro de poesía de Szymborska después del Premio Nobel, Dwukropek (Dos puntos), se publicó en 2005. Es quizás su libro postnobel que más incita a la reflexión. Los dos puntos del título no son el título de un poema, sino la última palabra –y al mismo tiempo el último signo ortográfico– del último poema introspectivo del volumen titulado “Właściwie każdy wiersz” (“De hecho, cualquier poema”). Dice cómo se escriben los poemas y qué ingredientes mínimos requieren: “basta que al alcance de la mirada / el autor coloque unas montañas provisionales / y unos efímeros valles”. Este poema puede usarse para enseñar poéticas, normativas y descriptivas. Concluye de manera muy significativa: “que negro sobre blanco, […] / se planteen algunos interrogantes / y como respuesta, / en todo caso dos puntos:”. Éstos son los signos de puntuación de la poesía. El primero es el signo de la duda y la curiosidad. Es el que rige el diálogo; frases que por sí mismas no comunican, pero que animan a otros a hablar. El otro, que aparece en el título, es una clave importante para la poética de Szymborska, pues precede a su figura retórica favorita: el listado, es decir, la enumeración: “Miércoles, un alfabeto, pan […], una manzana roja”, “sillas y tristezas, / tijeras, violines, ternura, transistores, / diques, bromas, tazas”. Lo que es individual, accesible a nuestros sentidos, contable –y por eso mismo verdadero– puede ir después de los dos puntos. Su anterior volumen de poemas, Chwila (Instante), terminaba en el poema “Wszystko” (“Todo”). “Todo: / palabra impertinente y henchida de arrogancia. / Habría que escribirla entre comillas. / Aparenta que nada se le escapa, / que reúne, abraza, recoge y tiene. / Y en lugar de eso, / no es más que un jirón de caos”. El detalle es lo opuesto a todo.

Estos dos importantes poemas, que cierran los dos volúmenes sucesivos de poesía de Szymborska, incluyen dos figuras retóricas opuestas que también son filosóficas: la distributio y la enumeración. Usamos la primera cuando tenemos una visión, o al menos una ilusión de visión, de un todo cerrado, dentro del cual podemos numerar sus partes constituyentes, todas sin excepción. Esta figura expresa nuestra creencia en una perspectiva que permite verlo todo y enorgullecernos de esta capacidad. Es la figura de una obra monográfica, un discurso académico y un optimismo cognitivo que es francamente modernista. Por su parte, la enumeración es una figura del caos y de la duda posmodernista en la posibilidad de obtener conocimiento. En otras palabras, es una lista, una secuencia de objetos seleccionados arbitrariamente, una yuxtaposición particular. Su realización más descabellada en la literatura es la clasificación de los animales que Borges extrajo de una enciclopedia china (ficticia): tan atractiva como falsa promesa de distributio científica, reducida al absurdo porque no puede cumplirse: dividimos a los animales en… seguida de una numeración bizarra en lugar de una secuencia de categorías lógicamente interconectadas: “(a) pertenecientes al Emperador, (b) embalsamados, (c) amaestrados, (d) lechones, (e) sirenas, (f) fabulosos, (g) perros sueltos, (h) incluidos en esta clasificación, (i) que agitan como locos, (j) innumerables, (k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, (l) etcétera, (m) que acaban de romper el jarrón, (n) que de lejos parecen a las moscas”.

Szymborska parece sugerir que no tenemos derecho a utilizar la perspectiva de la distributio y ordenar el mundo de esa manera. La perspectiva que se nos ofrece es una que sólo permite la enumeración, la lista de lo individual. La poesía no es una enciclopedia que intente abarcar el mundo en su totalidad. La poesía abarca el mundo en la plenitud de sus detalles, siempre de forma selectiva, siempre fragmentaria, temporal y aleatoria. Por eso los dos puntos son el signo de puntuación de la poesía de Szymborska. Por eso también creo que Szymborska era una poeta posmodernista. Aunque, al decirlo, todavía puedo oírla reírse.

Se han escrito muchos libros sobre cuestiones filosóficas en la poesía de Szymborska. Ella siempre los hojeaba y los ponía en su estantería con respeto. Luego escribía notas de agradecimiento a sus autores. Una vez llegó una carta de Texas, de un bombero jubilado. Escribió que nunca había leído poesía («los bomberos rara vez leen poesía»), pero una vez había leído un fragmento de un poema suyo en el metro. Debió haber sido una campaña llamada «Poesía en movimiento». Había anotado el nombre de la autora (a decir verdad, un nombre impronunciable). Había ido a la librería y comprado su libro. Lo había leído y había decidido escribirle una sola oración: “Usted escribió lo que yo había estado pensando toda mi vida, pero no podía expresarlo”. Creo que esta oración fue más importante para ella que todos los libros y tesis que le dedicaron. Y esa oración prueba mi punto: que Szymborska escribió una versión poética de la filosofía sin notas a pie de página. Filosofía para no filósofos. Y esta es una de las razones por las que su poesía se hizo tan popular en todo el mundo.

 

Traducción de Pablo Figueroa

 

Notas:
  1. Los fragmentos de los poemas de Szymborska provienen de Poesía completa (Visor Libros, traducción de Gerardo Beltrán, Abel Murcia y Katarzyna Mołoniewicz).
  2. El fragmento del poema de Miłosz proviene de Tierra Inalcanzable (Galaxia Gutenberg, traducción de Xavier Farré).
  3. La cita de Borges fue tomada del ensayo “El idioma analítico de John Wilkins” (Obras Completas).