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Un recorrido por Roosevelt Roads

CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

 

¿Se puede confiar en lo que dice la Marina de Guerra de Estados Unidos? En días recientes el Departamento de la Marina ofreció un recorrido guiado por los lugares que, según indicó, aún son objeto de limpieza de la actividad naval de Puerto Rico (NAPR, siglas en inglés) en la antigua base de Roosevelt Roads en Ceiba.

El recorrido formó parte del monitoreo de cumplimiento y otras actividades de investigación en los sitios, es decir, las localidades y edificios utilizados para propósitos militares en diversos momentos y en sus diversas manifestaciones por casi 60 años, dijo la marina. La base naval  Roosevelt Roads fue instalada en la década del 40 del siglo pasado y cerró operaciones en el 2004.

Alrededor de la 1:30 de la tarde de un jueves de mucho sol y calor, en la entrada principal de la antigua base abordamos la guagua que nos llevaría a los lugares a observar. El grupo estuvo conformado en su mayoría por miembros de la Marina, de la Guardia Costanera y de la Autoridad para el Redesarrollo Local de Roosevelt Roads y la coordinadora del Programa de Limpieza de NAPR, Jamie Butler, quien dirigió el recorrido.

Al entrar a la antigua base, hoy impresiona su abundante vegetación,  los lugares en claro abandono después de 20 años de su cierre, edificios en ruina, entradas cerradas con letreros de peligro (Danger), muy pocas aves surcando el cielo y ni un lagartijo en los suelos.

La primera parada fue en el Área de Operaciones en la Isla de Cabra. Sí, una pequeña isla al extremo oeste de la base, a la cual se llega por un puente que, mirándolo bien, no está en muy buenas condiciones. Desde este lugar se observa de manera diáfana la Isla Nena. La Isla de Cabra, de unas cuatro cuerdas de extensión, está cerrada al público porque se habían detectado indicadores de contaminación con metales pesados y explosivos  Desde sus tres plataformas de concreto se  lanzaban drones de cohetes de despegue asistido.

Según lo informado, y de acuerdo con la Investigación Reguladas por Ley de Conservación y Recuperación de Recursos (RCRA) que se completó el pasado mes de julio, se concluyó que el lugar no guarda contaminantes potenciales de preocupación, no representa un riesgo inaceptable para los suelos, las aguas subterráneas, las aguas superficiales ni los sedimentos.

Fotos Christian Moisés Rosado/Especial para CLARIDAD

De ahí pasamos al antiguo vertedero de la base, el cual operó desde el 1985 hasta el 2006. Se informó que este sitio se considera limpio, con una disposición estimada de 810,00 yardas cúbicas (650,000 toneladas) de residuos –basura–, que incluye materiales no peligrosos de diversas fuentes, municipales, de construcción e industriales. Incluso se han encontrado casquillos de municiones, pero se alega que ninguno representa riesgos a la salud y que allí no se depositaron materiales tóxicos.

La verdad es que por encima su gran extensión de 117 cuerdas, se ve de lo más verdecita. Esta localidad le fue transferida a la ARLRR en el 2022, y aunque se supone que la Marina debe mantener un monitoreo de aguas subterráneas y de gases de vertedero por un periodo de 30 años, el titular es el responsable de mantener en condiciones el vertedero.

La tercera parada, el antiguo edificio de la planta eléctrica, fue uno de los puntos más interesantes, por su peligrosidad, al cual no se nos permitió bajar. La estructura, con un área de unas 0.72 cuerdas, fue construida en hormigón con paredes de aproximadamente dos a tres pies de espesor y operó desde  principios de la década de 1940  hasta 1949. Entre  1956 y 1964 se usó para el almacenaje y mantenimiento de transformadores eléctricos, lo que incluía drenar el aceite de esos equipos, de manera directa en los terrenos cercanos al edificio. El interior del edificio aún contiene desperdicios físicos y químicos peligrosos.

Otro lugar al que no se nos permitió bajar fue el segundo edificio de la antigua planta eléctrica, el cual operó también de 1940 a 1949. Localizado en un área de una extensión de 15.24 cuerdas, incluye dos tanques antiguos de almacenamiento subterráneo (UST, por sus siglas en inglés) de 50,000 galones, construidos en hormigón reforzado, túneles de entrada y descarga de agua de enfriamiento y sedimentos y aguas superficiales inmediatamente adyacentes a la ensenada de la bahía de Puerca.

En esta instalación se almacenó el combustible Bunker C (Fuel Oil Num. 6) en  los UST. Estos túneles subterráneos se usaban para transferir agua de enfriamiento hacia y desde la planta eléctrica. La Marina afirma que “sospecha que las actividades históricas”, dentro del edificio han impactado el suelo, las aguas subterráneas, las aguas superficiales y los sedimentos. Ambos edificios de las plantas eléctricas, como sus alrededores exhiben abandono.

Aunque estaban entre los lugares a visitar, por motivos de tiempo, no se pudo observar el vertedero en el área noreste de la base, el cual ocupa 52 cuerdas: 27 cuerdas en tierras altas y 25 cuerdas en humedales. Tampoco el edificio utilizado para el almacenamiento y mantenimiento de pequeñas embarcaciones, ubicado en un área de unas  4.04 cuerdas.

Debido a lo abundante de la vegetación, otro lugar que no se pudo observar fue la antigua área de almacenamiento de combustible de Tow Way, construida en el 1957. El área de 25.35 cuerdas se utilizó para almacenar combustible diesel marino; combustible para aviones JP-5, que son aviones militares que operan en portaviones, y el combustible Bunker C. De acuerdo con la Marina, durante su cierre en el 1996 se retiraron dos tanques de acero de 10,000 galones y se excavaron 329 toneladas de tierra contaminada, que se trató mediante biorremediación y se desechó como residuo no regulado.  Se supone que se continúe con el monitoreo a largo plazo de las aguas subterráneas para evaluar los contaminantes. En el 2004 se terminaron las operaciones de remoción de combustible, incluido su almacenamiento y distribución.

Así llegamos al Área de Mantenimiento y Suministro de Combustible para vehículos, la cual estuvo en uso hasta entrada la década de 1980. Aquí hay tres edificios: uno construido en 1958, que se usó como taller de mantenimiento de electrónica, y los otros dos construidos en el 1996, que se usaron como almacén del Club de Moral (Morale Club), para bienestar y para recreación. De estos últimos tres usos no hay rastros. El lugar está clasificado como “unidad de gestión de residuos sólidos” (SWMU, siglas en inglés), debido a los  numerosos derrames y fugas de combustible, aceites, lubricantes y materiales peligrosos. Aunque no se podía entrar, desde fuera se pudo observar la basura dentro de uno de los edificios principales. La Marina señaló como logro que entre junio del 2024 y este verano de 2025 se realizó la planificación del trabajo, los permisos y el muestreo de campo para respaldar las medidas correctivas finales, que incluyen la eliminación del suelo y los sedimentos contaminados y el relleno para restaurar el sitio. Los edificios ubican en un predio de 10,006 cuerdas.

Con una hermosa vista hacia el mar, se encuentra el antiguo Sitio de Disposición del Crematorio, de una extensión de 121.642 cuerdas. Se presume que el lugar estuvo en operaciones desde la década de 1940 hasta el 1960.Como parte del trabajo de limpieza de ese lugar, entre el 2014 y 2024 se completaron las investigaciones para delinear el área de disposición de desechos, determinar los tipos de escombros en la superficie y el subsuelo, evaluar las características hidráulicas del sitio, el potencial de contaminación de las aguas subterráneas y evaluar si existen riesgos potenciales inaceptables para la salud humana y el medio ambiente. Se supone que una vez finalice ese trabajo, el área le sea transferida a la Autoridad para el Redesarrollo de Roosevelt Roads. Volvemos a la pregunta de inicio ¿se puede confiar en la Marina de Guerra de Estados Unidos? El tiempo dirá.

Incertidumbre ante expropiaciones en Cayey

 

CLARIDAD

 

La administración municipal ha sido contradictoria en sus posturas

 

Desde que el alcalde de Cayey, Rolando Ortiz Velázquez, propuso construir un Parque Urbano al término de un siglo, la comunidad Carrasquillo —ubicada en la zona donde se pretende erigir el espacio público– vive con la constante preocupación de ser expropiada, como sucedió en 2012 con decenas de casas de Carrasquillo, que ahora lucen como un terreno baldío incluido en los planes.

De acuerdo con José Carlos Rivera Santiago, excandidato a la alcaldía de Cayey por el Movimiento Victoria Ciudadana (MVC), aún existe la duda respecto al futuro del resto de la comunidad Carrasquillo. Y aunque Ortiz Velázquez ha negado públicamente que no se expropiará a aquellas personas que no interesan vender, el Municipio mantiene las ordenanzas que dan paso a la adquisición de estos terrenos.

“Esta ordenanza municipal le permite al Municipio adquirir todos los terrenos necesarios para la construcción del Parque Urbano, y cabe destacar que en los planos del Parque Urbano se establece que se estaría haciendo dentro de los terrenos de la comunidad Carrasquillo. Así que el alcalde dice una cosa, pero la ejecutoria es otra”, aseguró Rivera Santiago.

Del mismo modo, el militante del MVC recordó que, en marzo pasado, los residentes de Carrasquillo recibieron una carta del ayuntamiento que esbozaba “la intención del Municipio de comprar estas propiedades”. En el Artículo 3 la Ordenanza 34-2023-24, el Municipio “se autoriza a adquirir dichas propiedades mediante cualquier medio legal” para el desarrollo del Parque Urbano.

“Visité personalmente la comunidad y, en la sala de su hogar, se lo expliqué a don Miguel Rivera Luna. A él y a todo vecino que lo solicitó, les entregamos una carta oficial certificando que no se expropiará su residencia. La prensa también ha sido informada en múltiples entrevistas: no habrá expropiaciones”, declaró Ortiz Velázquez en una columna de opinión publicada en el periódico La Cordillera.

No obstante, tanto Rivera Santiago como integrantes de la comunidad Carrasquillo advierten sobre la ambigüedad mostrada por el Municipio.

“Insistimos en que el alcalde, de una vez y por todas, ponga la palabra en la acción. Porque es muy fácil decir ‘no voy a expropiar’; pero yo emplazo a Rolando Ortiz Velázquez y a la legislatura municipal, particularmente la delegación del Partido Popular Democrático (PPD), a que expida una ordenanza municipal donde ponga explícitamente que no estarán expropiando a la comunidad Carrasquillo”, reclamó el excandidato.

Abierta al diálogo, la comunidad Carrasquillo ha intentado contactar al Municipio de Cayey para encontrar una solución concertada al problema, pero el alcalde ha sido quien más “trabas” ha puesto en el proceso, según Rivera Santiago. De hecho, Ortiz Velázquez publicó, el miércoles pasado, una columna en la que acusa a Rivera Santiago de desasosegar a Carrasquillo, promover falsas alegaciones y afirma que el Municipio no expropiará a nadie.

“Cerca del Colegio La Merced se han estado celebrando expropiaciones, incluso en otras áreas del casco urbano del pueblo, para la creación de estacionamientos. Así que la normativa que se ha estado haciendo, a nivel municipal, de expropiar personas ya es uso y costumbre de la administración actual”, agregó Rivera Santiago.

Para comprobar estos proyectos, basta con dar una vuelta por el pueblo de Cayey. Entre edificios coloniales que asoman su mampostería, de pronto, surgen lotes atestados de carros y negocios pequeños. Es, cuenta Rivera Santiago, parte de un desarrollo que responde al capital de quienes no viven en Cayey.

Como parte de los esfuerzos para frenar el impacto de esta construcción, Rivera Santiago sometió la Resolución del Senado 156, acogida por Eliezer Molina Pérez, que busca investigar las expropiaciones que se den en Carrasquillo. La resolución fue aprobada el 27 de mayo y contó con la oposición de la delegación del PPD, encabezada por Luis Javier Hernández.

“Para que vean que la llamada refundación del Partido Popular Democrático trae consigo el desplazamiento de 50 familias de Cayey. Todos los cayeyanos y cayeyanas están viendo la verdadera cara del Partido Popular, que solo busca adueñarse de terrenos para construir parques”, comentó el también periodista.

El saldo: una comunidad preocupada

 A raíz del estado mental que observó la Administración de Servicios de Salud Mental y Contra la Adicción en dos visitas a la comunidad Carrasquillo, la agencia pública se comprometió con regresar para brindar apoyo emocional a sus residentes. A juicio de don Miguel Rivera Luna, quien ha vivido toda su vida en este sector, la postura ambivalente del Municipio es la causa de esta ansiedad.

“Esto no es un movimiento político, esto es un movimiento ciudadano. Esto es un grito por los derechos que tenemos a un hogar propio. Esto es una injusticia que no tiene nombre… Nosotros hicimos una vigía frente a la alcaldía y la vicepresidenta de la legislatura municipal prometió llamarme. Eso fue el jueves pasado y todavía no se han contactado con nosotros”, elaboró el vecino de Carrasquillo.

Durante estos pasados meses, el reclamo principal de Carrasquillo ha sido la revocación de la ordenanza municipal, idea que Ortiz Velázquez rechazó porque “puede venir otro alcalde y activarla de nuevo”.

“Yo le dije, ‘pues nosotros hacemos lo mismo. Seguimos ejerciendo presión’. Pero él mismo (el alcalde) se contradice. Dice que nos oponemos a la idea del Parque Urbano, pero sigue incluyendo a Carrasquillo y a la barriada San Thomas. No hay duda de que él va a seguir con este proyecto”, continuó Rivera Luna.

Por detrás de las casas de Carrasquillo, un arroyo manso corre sobre guijarros. Es un cuerpo de agua escueto, flaco, y se escurre bajo la sombra de flamboyanes, bambúas y papayas. Cuando llueve, parece más un río pequeño y pasadizo entre dos charcos. Para la administración de Cayey, es el entorno perfecto para enclavar un tablado acompañado de comercios. La idea de este paseo lineal, propuesta originalmente por los propios vecinos de Carrasquillo, ahora se integra, sin las casas, al concepto completo del Parque Urbano.

“Nosotros hemos seguido moviendo y ejerciendo presión. Quizás por eso es que él nos ha dejado en el limbo; pero esto es matar a uno a cuchillo e’palo. Es realmente un atropello. Sabemos los planes del alcalde, sabemos dónde va ubicado el Parque Urbano, y el sigue diciendo que esto no va”, prosiguió el vecino de Carrasquillo.

Asimismo, tanto Rivera Santiago como Rivera Luna denunciaron la aprobación del presupuesto municipal, que aparentemente incluye una partida de $900,000 para las fiestas patronales —que fueron este fin de semana pasado— y otros $300,000 para la Policía Municipal.

“Lo más interesante es la posición de él (el alcalde), de seguir diciendo que esto es un movimiento político, cuando aquí no hay político ninguno. Tiene convencido al pueblo con las fiestas de jueves, viernes, sábado y domingo, con la bachata esta. Los tiene dormidos, los tiene entretenidos en algo cuando, por el otro lado, nos estamos quedando sin pueblo”, concluyó Rivera Luna.

 

 

 

 

 

 

«Cada municipio es particular; yo voy a proteger al mío.»

 

Entrevista a Julia Nazario Fuentes, alcaldesa de Loíza

CLARIDAD

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“Yo quiero que haya desarrollo para mi pueblo, pero tiene que ser muy sustentable y que no nos quiten recursos que los ciudadanos necesitan, como agua, luz”.

La alcaldesa de Loíza, Julia Nazario Fuentes, se mantiene  firme en su rechazo a que en su municipio se construyan megaproyectos turístico-residenciales, los que, no duda, desplazarán a los loicieños. Hace unas semanas, Nazario Fuentes hizo declaraciones públicas de que su Municipio no endosaba ningún proyecto relacionado con la compra de las fincas Los Restauradores, sobre el Río Grande de Loíza y la finca Veremundo Quiñones, frente a la calle Las gardenias y la Hacienda Grande.

En entrevista con CLARIDAD, la primera ejecutiva reveló que hace dos años recibió la visita de un grupo integrado por dos abogados, unos inversionistas puertorriqueños y una persona de origen hindú, quienes le dijeron que la persona que había comprado las fincas era un cardiólogo de Nueva York, pero no le dieron nombre. Al momento de la entrevista la alcaldesa no pudo facilitar los nombres de los visitantes.

De acuerdo con lo que le presentó el grupo, los proyectos son para millonarios. De hecho, los representantes le dejaron copia del concepto de lo proyectado, los cuales CLARIDAD pudo examinar. Las representaciones están identificadas como Ocean Option PR 203 y, Loíza 57-O. Los proyectos, según las ilustraciones, serían Loíza Country Side Estates, de ocho edificios, farmacias, escuelas, hospitales, restaurante, casino, un supermercado, un hotel, un club, una plaza y un hospital; toda una ciudad. El Loíza Ocean y Loíza River Side City, este último de 127 villas.

Los inversionistas, denunció Nazario Fuentes, le dijeron que iban a hacer de Loíza un Singapur, a lo que ella les contestó que estaban equivocados y que un tipo de proyecto como ese no lo iba a endosar. “Le dijimos que creíamos más en proyectos ecológicos, en proyectos que no desplazaran a nuestra gente, proyectos de vivienda para nuestra gente que no tiene”. Al ser tan tajante, la reunión se dio por terminada y, aunque le dijeron que iban a modificar los proyectos, no ha tenido ningún otro contacto.

La alcaldesa de Loíza no tuvo reparos en denunciar que los inversionistas van a obtener los permisos de las agencias del Gobierno central para construir sus proyectos. En esa línea, censuró que el Estado no consulte a los alcaldes para otorgar créditos contributivos, en referencia a la Ley 2022 (Ley 60 de los créditos contributivos a los inversionistas extranjeros).

“Los inversionistas llegan y cuando llegan, ya tienen los acuerdos para no aportar nada al municipio. Hay una propaganda de que se van a crear empleos. ¿Cómo a un proyecto al que tú le das hospitales, farmacias, tiendas y lo encierras va a contribuir?  Además, le diste unos incentivos para no pagar ni por construcción ni por nada, ¿dices que va a fomentar la economía del pueblo? Esa gente que llega a estos lugares no tiene ningún interés de socializar con los loiceños ni con nadie que viva en Puerto Rico. Ellos vienen, llegan en avión y se van en avión. Yo quiero que haya desarrollo para mi pueblo, pero tiene que ser muy sustentable y que no nos quiten recursos que los ciudadanos necesitan, como agua, luz”, manifestó Nazario Fuentes.

La alcaldesa sostuvo que en los terrenos de La Hacienda Grande, donde hubo una vaquería, la cual ubica a la orilla del río Grande de Loíza, que es el lugar donde sería el mayor desarrollo, viven 21 familias de tercera generación, que trabajaban en la vaquería y otras tareas agrícolas. Contó que aunque las familias fueron al tribunal a reclamar su derecho a permanecer, perdieron el caso porque el dueño de las tierras, mientras vivió, se mantuvo en comunicación con la comunidad. Aunque dijo que todavía no han hablado de desplazamiento, vaticinó que ello sucederá cuando ya esté el proyecto. Expuso que el municipio trabaja con el Departamento de Obras Públicas para tratar de lograr construir una carretera que pueda expropiar parte de los terrenos y salvar la comunidad.

“Este no es el tipo de proyecto que quieren los loiceños ni su alcaldesa”.

 Al hacer esta afirmación la alcaldesa recordó que cuando se intentó el desarrollo de Costa Serena en Piñones el pueblo se levantó y no lo permitió.

Un ejemplo concreto del tipo de proyecto que favorece es el de una escuela hotelera ecológica en terrenos del Municipio. Indicó que lleva siete años trabajando en el desarrollo del proyecto con la Universidad Ana G. Méndez como el socio educativo.

Nazario Fuentes señaló que Loíza tiene problemas con el servicio de agua y electricidad, de erosión costera y que el 92 % de su territorio se inunda, por lo que necesita tener espacios para que la gente se quede. Ya es un reto la cantidad de alquileres a corto plazo que dictan un tipo de desarrollo más organizado. De hecho, actualmente están preparando una ordenanza municipal para reglamentar estos alquileres, los cuales calificó de estar al garete, por lo que hay que ponerles orden.  A algunos de estos que están dentro de las comunidades llega gente que no tiene ninguna consideración con la propia comunidad.

Mientras, la población de Loíza ha bajado de manera considerable. Cuando comenzó su primer término en el 2017, el pueblo tenía 30 mil habitantes y hoy tiene 23,400.  “Cualquier proyecto de este tipo implica que los locieños desaparezcamos”.  Agregó que Loíza tiene una población flotante que vive seis meses fuera y  regresa para las fiestas, los cuales pueden llegar hasta los 40 mil. “Somos un pueblo con mucha población adulta y de mediana edad, de menos nacimientos. La población escolar ha bajado de manera significativa, antes tenía 3 mil y pico de menores, hoy hay menos de tres mil y hay 7 escuelas públicas, una del municipio, Alianza Bilingüe; una alternativa, Nuestra Escuela, y un colegio privado”.

Loíza tiene cinco barrios que son: Medianía Alta, Medianía Baja, Barrio Pueblo; Torrecilla Baja, al que todo el mundo conoce como Piñones, y Barrio Canóvanas. Uno de los desarrollos que se contemplan estaría  en Torrecilla Baja, cruzando el puente,  que es la Hacienda Grande,  que colinda con el río Grande de Loíza.  Otro, dentro de la comunidad Medianía Baja, colindando con el río y con el mar. Y el tercero estaría más hacia Canóvanas, en terrenos agrícolas.

Villa Vaca

Fotos Christian Rosado/Especial para CLARIDAD

Así se conoce a la comunidad que queda dentro de los terrenos de la finca Hacienda Grande. Este medio pudo conversar con el matrimonio de María Delgado y Osvaldo Rivera, quienes llevan 42 años viviendo en esa comunidad, aunque fueron de los últimos que llegaron. Ambos trabajaron en la finca. Sobre el futuro de la finca dijeron que saben que la compraron, pero que no saben nada más. Nadie ha ido donde ellos a decirles nada, tampoco saben el tiempo que les darán si se tienen que ir.

Por su parte, Ángel Luis Hernández, de 68 años, quien ha vivido toda la vida en el lugar, contó que su padre llegó de Monacillo, en Río Piedras, a trabajar en esa finca.  Según dijo, la finca se ha vendido en tres ocasiones y expresó duda de que allí se pueda construir, por ser estos terrenos inundables, lo que ha hecho desistir de construir a anteriores compradores. Hernández confirmó que están trabajando la situación de la comunidad con la alcaldesa, aunque por el momento no saben nada de si hay caso en el tribunal. Sí es cierto lo que comentan algunos de que hay un documento que dice que los terrenos son de la comunidad, agregó.

En tanto, aunque la alcaldesa de Loíza ha hecho pública su postura de rechazar ese tipo de ‘desarrollo’  excluyente, a preguntas nuestras confirmó que ningún otro alcalde con una situación similar se le ha acercado.

“Cada municipio es particular; yo voy a proteger al mío. Sé que es un pueblo que se inunda el 92 % y tengo una erosión costera crasa. Los proyectos nos desplazarían totalmente, y yo tengo que velar por mi gente antes que por cualquier desarrollo que parecería económico. Pero esa gente se cierra y no aportan nada, así que cada municipio tiene que evaluar sus proyectos con su particularidad”.

 

 

No te vistas que no vas o la moda de estar desnudo

 

En Rojo

Yo uso ropa vieja y me pongo los mahones tres veces a la semana. Seco alguna ropa en el balcón. No es que soy descuidado. Es que hace calor y el planeta, tal como lo conocemos, va a joderse. Nosotros con él. Como ven, no se trata de una propuesta revolucionaria, pero ahora que lo pienso, ¿por qué no?

No compro una camisa hace años. No sé si sabían que la producción de ropa requiere grandes cantidades de agua, energía y materias primas. Para empezar, el “preciado líquido” es la vida. No el petróleo. Es el agua. Hasta escribí una novela sobre eso. O sea, se necesitan miles de litros de agua para cultivar el algodón de tu camisa. Tu flow y tu compra mensual de blusitas frescas agota recursos hídricos y afecta ecosistemas locales.

Si vas a protestar contra las injusticias y a perrear contra el mundo capitalista tienes que saber que la fabricación de textiles implica el uso de productos químicos tóxicos, que a menudo terminan en ríos y suelos, contaminando el agua y dañando la biodiversidad. Además, esos colorcitos bellos vienen de un proceso de teñido y tratamiento de telas que genera residuos más peligrosos que una chef PNP rompiendo platos.

Nunca he vestido a la moda. Primero por intuición. Luego por sentido común. Ahora porque no me importa casi nada. La moda rápida es pura cultura de consumo. La ropa se utiliza pocas veces y luego se desecha. Se podría hacer un Monte Everest de desechos textiles en vertederos, donde tardan años en degradarse. Tari Beroszi me dijo que si se dejara de fabricar ropa ahora mismo podríamos vestirnos durante cien años con lo que tenemos. Todos los habitantes del planeta. Yo le creo.

Vamos a dejarnos de boberías. Vestirse, el vestido, andar desnudo, son términos antropológicos. Es más, los modos de vestirse -o desvertirse- está fuera de los procesos lineales con los que narramos el devenir histórico. Las formas en las que nos ponemos ropa no siguen una dirección determinada por factores, digamos, ambientales. Es decir, las “coberturas materiales concretas” del cuerpo humano hace mucho tiempo dejaron de responder a lógicas relacionadas con entornos naturales o necesidades prácticas. ,

Por eso existe un término más abstracto: “moda” que puede definirse por su lugar en el modo de producción capitalista. se define en términos económicos a través de su lugar central en el modo de producción capitalista. Algo debe haber dicho Levi Strauss. Digo, las estructuras sociales se manifiestan como sistemas de signos. En el contexto de la moda, un “vestido” puede considerarse un lenguaje que comunica status., identidad y pertenencia. El cacique usaba determinado tono de rojo achiote en su nagua de algodón, o tú tienes una cartería de Louis Vuitton. Los uniformes de los nazis eran diseñados por Hugo Boss. Pues, en estos ejemplos la moda actúa como un medio de diferenciación social, con estilos y “tendencias” que reflejan divisiones de clase y “rangos”. Si me apuran, diría que hay que decolonizar nuestro gusto y consumo de “moda”.

Y si esto está relacionado con los modos de producción y el trabajo asalariado, le añado que para que tengas en el closet esa docena de mahones, los kakis, las decenas de camisetas, y toda la vaina,  se ha generado una huella de carbono significativa. Desde la extracción de materias primas hasta la distribución, cada etapa contribuye a las emisiones de gases de efecto invernadero. Eso aunque viajes a pie o en bicicleta. Aunque le tires toda la culpa a las vacas lecheras.

Claro, no me extiendo en asuntos sobre las condiciones de trabajo en muchas fábricas de moda, con salarios bajos y condiciones inseguras. Me van a llamar comunista por defender la dignidad de los trabajadores. No es que me importe demasiado pero me da vergüenza ajena y no quiero tentar a nadie. La cuestión es que esto no solo afecta a las personas que salen en los documentales haciendo trajes de Miss Universe mientras viven en condiciones de pobreza, sino que también perpetúa prácticas insostenibles y poco éticas a nivel colectivo.

“¡Ah, pues uso poliéster!” ¡No, por favor no! La ropa sintética libera microfibras de plástico en cada lavado. Estas pequeñas partículas terminan en océanos y ríos, afectando la vida marina y, potencialmente, la cadena alimentaria. No quieras saber cuánto plástico flota en los océanos. Y en el agua que te tomas.

¿No hay salida, entonces? Doy unas ideas: ropa hecha de lino, cuyo cultivo requiere menos agua que el algodón. El bambú produce una fibra bastante buena. Imaginen, por otro lado, una fresca camisa confeccionada con cáñamo. Los tres materiales son biodegradables y las camisas alguna gente trataría de fumárselas. Sin embargo, yo voy más lejos, Propongo, para empezar, pasar más tiempo desnudos.

Será otra cosa-«Somos un fractal de espejos»

 

Especial para En Rjo

 

Mi abuelita, durante sus tiempos gloriosos, no era dulce. No es que fuera mala. No. Pero no era la típica abuelita sonriente de tímido moñito, siempre a la espera de los nietos para darles de comer. De todo el repertorio de palabras que pudiésemos buscar para describirla, a nadie se le ocurriría utilizar el término dulzura. Si alguien osara hacerlo, no seríamos pocos los que saltaríamos ante semejante desacralización de su figura. Digamos que, a mi abuela la definía con mayor precisión la palabra elegancia. De esos tiempos, conserva los anchos espejuelos que le enmarcan la firmeza en la mirada. Siguen también, iguales, las cejas finitas, marrones, instrumentos de represión ante conductas inaceptables. Ahora, sin embargo, se le asoma una sonrisa afable y resignada; la vida es lo que es, y punto. Atrás quedaron los tiempos de hidratar el rostro, utilizar las cremas de Estée Lauder, empolvarse la cara y pintarse los labios del color más rojo que encontrara. El polvo, el poco de labial, y el perfume quedaron solo para días especiales. El corte de pelo queda como tarea urgente cada vez que me agobia saber que se lo ha dejado un poco más largo de lo acostumbrado.

Su vida nunca fue fácil. Quedó huérfana a los cinco años. Su abuela, una señora que ya rondaba los 60 años, se hizo cargo de ella. Si bien se dedicó a cuidarla y nunca la abandonó, su infancia no fue común y corriente. Desde muy joven, no le quedó más remedio que crecer para, a pesar de ser una adolescente, convertirse en jefa de familia y encargarse del sustento de ambas. A veces, cuando hablo con ella, no puedo parar de contemplar su rostro y preguntarme, ¿a ella quién la acariciaba? ¿quién le ofrecía su hombro y le decía: llora aquí? ¿quién le hacía sentir que todo estaría bien? La respuesta la sé, los tiempos eran otros, las prioridades también. La falta de recursos le impidió lograr todo lo que pudo haber alcanzado. Desde que comprendí que todo lo que he tenido y he alcanzado es gracias a los caminos que abrieron las que estuvieron antes que yo, decidí ofrendarles los triunfos de las rutas que ellas me han permitido recorrer a mí. No en vano, incluso ahora que no es lo que llegó a ser, disfruta que le cuente cada uno de los eventos que celebramos como logros pues, para ella, es una suerte de justicia divina, un saber que lo que soñó para ella, se hizo realidad.

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El rostro de mi abuela siempre tuvo el ceño fruncido. Cuando le recordamos cómo en las fiestas familiares la rodeaba un aura de respeto casi reverencial, se sonríe con orgullo. Ver a mi abuela era sinónimo de “portarse bien”, no había otra conducta aceptable a su alrededor, y todo el mundo lo sabía; de hecho, todavía lo saben. Hoy en día, si algo queda muy claro es que la gente la respetaba y eso no es poca cosa. Era ella quien llevaba las cuentas de los gastos del hogar. También era la que organizaba los documentos importantes y quien, durante las fiestas de su clase graduada, se sentaba en la entrada del salón de actividades, en una mesita que preparaban especialmente para ella, con centro de mesa incluido, a cobrarle la entrada a todos los invitados; nunca se descuadró, aquellos que intentaron sentarse sin pagar, no lograron su cometido, fui testigo.

Las lágrimas no eran lo suyo, llorar no resolvía los problemas. Aun ahora que caerse se hace más frecuente, no la he visto llorar ni una sola vez. Permanece majestuosa, incluso en el piso, con huesos rotos o sangre, manteniendo la calma y dirigiendo a quien vaya a su auxilio como si no fuera ella la herida. La primera caída, a sus 81 años, fue devastadora para todos. La cantidad de sangre que salía de su cabeza y el visible hueso roto de su mano nos hizo perder la calma a todos, menos a ella. De camino al hospital me miró con firmeza y me pidió que le ajustara la mano, y yo le devolví la firmeza en la mirada con un rotundo “no”.  Ni siquiera en el hospital perdió la compostura. Solo le salió una lágrima, ya acostada en la camilla, mientras le tomaban puntos de sutura. Se limitó a apretar mi mano para decirme, casi en un susurro, “duele”.

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Siempre me han dicho que me parezco a ella. No hay día en que me digan que soy su vivo reflejo y no me emocione. Últimamente soy yo quien ve a mi mamá en ella y me enternece saber que las tres, aunque muy fieles a nuestras propias personalidades, somos un espejo de fractales. A veces, cuando me miro al espejo y contemplo mi rostro, es a ellas a quienes veo. A veces, cuando mi superstición le gana a la razón, me alegra saber que ella vive en mí, y que parte de mí es ella. Entonces la recuerdo acariciando mi pelo mientras descansaba mi cabeza en su falda y sobo a sobo me hacía sentir que todo estaría bien. Hoy soy yo la que desea haber estado durante su infancia acariciando su cabeza, haber tenido la oportunidad de decirle “tranquila, en el futuro llegaré y sé que estarás bien”.

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En estos días en que su mente no está donde solía estar y me cuenta que me vio sentada en su sofá, en horas en las que me consta que no estuve allí, o cuando la veo cantarle nanas al bisnieto que no está en su casa porque está con sus papás, la miro a los ojos, con el mayor de los amores, mientras ella comprende que algo no está bien y me sonríe como quien sabe que la vida pasa. Y yo, solo la abrazo, porque el amor vence todo temor, porque el futuro llegó, y sé que fundidas en ese abrazo todo estará bien.